TIEMPO DE CONCIENCIA
Santiago Ubieto
"Así, pues, Adimanto - proseguí -, sólo nos queda un número muy pequeño de hombres que pueda entregarse dignamente al estudio de la filosofía. Quizá alguna naturaleza noble y bien educada que, aleccionada por el destierro y sin tener quien la corrompa, haya permanecido fiel a su natural filosófico,... Y posiblemente, algunos hombres de talento acudan también a la filosofía, apartándose justamente de su privativo oficio".
(Platón. La República, Libro VI)
"A continuación, el Espíritu le empuja al desierto, y permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás"
(Mc. 1, 12-13)
Desde fuera del sistema
Vengo de soledad. Es un lugar común. Como en cualquier otro lugar vive gente.
Soledad no tiene fronteras, ni límites, ni normas. El tiempo, allí, no se mide por la sucesión de horas, de minutos, de días o de noches; el tiempo, allí, se mide por estados de conciencia.
La conciencia no es más que una propiedad del espíritu humano, consiste en reconocerse en sus atributos esenciales y también en todas las modificaciones que el espíritu experimenta en sí mismo. La conciencia, además, es el conocimiento exacto y reflexivo de las cosas.
Al ser soledad un lugar habitado por gente y aunque carezca de fronteras y de leyes, los hombres que han vivido en él han averiguado que hay una norma, aunque no es obligatoria: la sinceridad. Es lo que da sentido al lugar y a sus gentes cuando la descubren, pues a nadie se le explica.
Soledad es lugar de arrepentimiento, de expiación, de purificación. El sentido que tiene purificación es el del significado exacto de la palabra: "quitar de una cosa lo que le es extraño, dejándola en el ser y perfección que debe tener según su calidad".
El individuo. El hombre.
Individuo: que no puede ser dividido.
Hombre: ser racional; para algunos : el ser; para los antiguos órficos: hijo de la tierra y del cielo estrellado.
Es quitar lo extraño, de quien no puede ser dividido, para ser hombre.
Las gentes que habitan en el lugar, muchos de ellos, lo dejan cuando parecen haber cumplido el tiempo de su estancia: los estados de conciencia necesarios para su purificación, para que su corazón se transforme.
En muchos lugares, en muchos países del mundo, la gente suele ser de cada uno de ellos, sentirse de ellos y tienen derechos. En soledad es algo diferente, tienen que aprender a ser.
En soledad, a nadie se le pregunta por sus títulos, por las cosas que posee, por su riqueza o por su pobreza, ni sobre qué engaños se sostiene su vida, a quién adora o qué dios tiene. A la gente se la considera por lo que es, por su ser.
Soledad no es un lugar para quedarse definitivamente, aunque hay gente que permanece en él durante mucho tiempo, durante muchos estados de conciencia; incluso en algunos casos hasta que mueren, hasta que su tiempo, sus estados de conciencia acaban. Esto es debido a que olvidan, no descubren o incumplen la regla del lugar: la sinceridad. Si eso ocurre, sus corazones no se transforman.
No sé por qué razón soledad es un nombre femenino, quizá porque la gente supone que es una tierra, aunque no habitada, o simplemente porque significa carencia de compañía. Es tierra, es carencia, pero sólo para quienes no conocen el lugar o para los que viviendo en él olvidan su norma, pues es un lugar habitado. La compañía: la conciencia. Los habitantes: hombres y mujeres para ser. El ser, de él hablan los filósofos, es un nombre masculino, tampoco conozco la razón. Tal vez porque soledad y ser son opuestos y desde allí, si se llega a ser, quien lo logra, puede unirse, fundirse con el mundo, diluirse en el mundo cuando se ha adquirido la propia conciencia, vivir una vida integrada, en la que no falta ninguna parte.
Transcurrido el tiempo de permanencia en soledad, la gente cuyo corazón se ha transformado tiene que marcharse y vivir en los países de gente con derechos, con atributos externos. Estos países tienen fronteras, límites, normas y leyes, idiomas distintos y muchísimos derechos individuales, en cada país diferentes. En esos otros países a los hombres que proceden de soledad, a veces, les resulta difícil ser, algunos olvidan la norma de soledad: la sinceridad, y vuelven a adquirir nuevos atributos externos, que no son de su conciencia, o recuperan los antiguos, de los que ya creían haberse desprendido. Si eso sucede, algunos vuelven a soledad, hasta que su corazón se transforma definitivamente.
No se sabe muy bien cuál es el camino que lleva a soledad.
Cuando se llega al lugar nadie enseña nada, nadie dice nada, todo es silencio, es la conciencia la que tiene que aparecer y, llena de inseguridad y de dudas, muestra unos atributos, explica otros, enseña acerca de lo que verdaderamente importa.
En soledad hay peligros, son sutiles: el autoengaño, el desánimo, la ensoñación, la incomprensión, la soberbia, la desesperanza, la autocompasión,... todos; hay señales y algunas ayudas, también son sutiles: la oscuridad, la emoción, la reflexión, el corazón, la razón, el silencio, el vacío,... todas. Es necesario aprender a conocer tanto los peligros como las señales.
No está claro cuál es el camino de salida, se sabe tan solo que se sale sin nada, sin equipaje, sin certezas, sin dudas, la duda es todo, la duda es la seguridad, uno es sin barreras, frágil y fuerte, rico y pobre, indiferente y tierno, duro y compasivo, enamorado del amor. Se sale sin nada, sin atributos externos, solo con los atributos esenciales del ser, del espíritu.
No siempre es así, pero en ciertos aspectos, soledad puede pertenecer a un lugar mucho mayor y extendido por el mundo: sufrimiento. Éste es de muchas clases: dolor, daño físico, desdicha, castigo, tortura, miseria, enfermedad, esclavitud, opresión, etc., que a veces también es transformador, incluso hay gente que lo cree necesario. Solzhenitsyn cuenta que "las personas precisan el sufrimiento y la desdicha, pues obligan a concentrarse en la vida interna y elevan el espíritu". Le tocó vivir durante mucho tiempo en uno de los más enormes lugares de sufrimiento.
El fin que la Vida se propone al llevar a la gente a esos lugares posiblemente sea el de transformar sus corazones, el de la purificación, pues muchos, en la vida normal, no sabemos ser.
Reconocerse el espíritu humano en sus atributos esenciales, conocimiento exacto de las cosas, quitar lo extraño para ser.
El final, que es el principio, es uno: Amor. Abarca todo lo demás: razón, ser, esencia, otros, todo, eternidad, cuerpo, justicia, plenitud, hoy, estrellas, luz, vida, mundo, fusión, imaginación, libertad, integración, inteligencia,... Hombre. Dios. Amor.
Amor.
Aunque sea muy brevemente, algunas ideas de otros hombres pueden expresar ese final, de hombres cuyas vidas fueron coherentes y cuya obra y ejemplo siguen vigentes aunque en muchos casos se les ignore.
"Pues esta es justamente la manera correcta de acercarse a las cosas del amor o de ser conducido por otro: empezando por las cosas bellas de aquí... terminar en aquel conocimiento que es conocimiento no de otra cosa sino de aquella belleza absoluta, para que conozca al fin lo que es la belleza en sí", del "Banquete", de Platón.
Sobre el amor siempre se han dicho y escrito muchas cosas, pero los hombres, salvo unos pocos conocidos y otros pocos desconocidos, no hemos sido capaces de vivir en él, con él, para él, tal vez porque no sabemos qué es, quizá porque nos asusta, o porque es exigente y debe ser puro, es decir, "libre y exento de otra cosa", o porque es todos los demás. Leibniz lo explica de otra forma: "el que ama busca su satisfacción en la felicidad o perfección del objeto amado y sus acciones", del "Discurso de metafísica".
La mayor historia de amor, para seguirla, para vivir, está en el Evangelio; hoy está olvidado o desprestigiado y mal visto por la sociedad. La gente tiende a confundirlo con una religión, el cristianismo, con la religión imperante durante siglos en Occidente, origen de intransigencias, guerras, depredaciones, explotación, privilegios sociales, imposición de normas morales rígidas e irracionales, supersticiones, etc., también, es innegable, ha aportado algo; pero aquí no se trata de hacer un juicio a la religión, sino de recordar algo vivo que se utilizó como origen y fundamento para inventar una religión retorciendo y pervirtiendo eso vivo. Es el mayor mensaje de amor que hemos conocido los hombres, mensaje vivo de impulso a las vidas, cuyo sentido pleno está únicamente en el amor, es el amor.
La intelectualización del mensaje con una lógica estrecha lo ha pervertido. Spinoza, hombre sobre el que cayó una de las más estremecedoras y escalofriantes excomuniones en una sinagoga judía, dice respecto a las Escrituras, tras su explicación para un perfecto entendimiento, que en ellas, en toda la Biblia, tan solo hay un mensaje de justicia y amor, sencillo, comprensible por todos sin excepción, sin necesidad de intérpretes o intermediarios. Como no podía ser de otra forma es duro en cuanto a esa intelectualización: "...las personas... que han introducido en la religión tantas especulaciones filosóficas, que parece ser la Iglesia una academia y la religión una ciencia, o más bien una escuela de controversia... Luego, puesto que la obediencia a Dios solo consiste en el amor al prójimo", del "Tratado Teológico-político".
Sobre esta intelectualización estéril, como siempre que se olvida el corazón, ha habido otras críticas durante los siglos, claras. Merece la pena recordar las de Erasmo, por ejemplo, en su "Elogio de la locura", es toda ella una crítica mordaz, y en lo que estoy explicando el capítulo LIII completo es demoledor.
Si me extiendo algo en esto es porque gran parte de nuestra cultura occidental procede de la Grecia clásica y del judaísmo y del cristianismo.
La poesía lo refleja de otra manera. Tal vez uno de los más sinceros y grandes de entre los poetas líricos, del amor, puede expresar todo esto con sus formas propias.
"Este saber no sabiendo
es de tan alto poder,
que los sabios arguyendo
jamás le pueden vencer;
que no llega su saber
a no entender entendiendo,
toda sciecia trascendiendo"
Son versos de San Juan de la Cruz, otro hombre torturado, vejado, vilipendiado,... por gente de su propia Iglesia.
Pienso que el amor nada tiene que ver con religión alguna tal como suelen estructurarse, la única religión que creo verdadera es el amor real, verdadero, único, sin adjetivos, en acción.
Acabo esta serie de citas de algunos autores recordando el final de "La religión del hombre" de R. Tagore: "...permítasenos tener fe al mismo tiempo en el testimonio de otros individuos que han sentido un amor profundo, que es el intenso sentimiento de unión con un Ser que en sí abarca todas aquellas cosas que son humanas en conocimiento, voluntad y acción. Y ese Ser es Dios, el cual no se reduce a un simple total de hecho, sino que es también la meta última, que radica mucho más allá de cuanto el pasado y el presente abarcan".
Cuando el corazón empieza su transformación también cambia la forma de ver, entender y vivir el mundo, la vida. Al salir de soledad y llegar de nuevo a un país cualquiera, porque el país no es importante, uno percibe otras cosas.
Cuando el saber está en el amor, surge del amor, que es donde creo se encuentra la verdadera sabiduría, las cosas de nuestro mundo, nuestro mundo entero, aparecen con otra dimensión, como dice el verso anterior de San Juan de la Cruz: "toda sciencia trascendiendo".
Allí está todo, no es que haya contradicción con lo que hacemos, es todo lo contrario, adquiere otro sentido y ofrece soluciones. Tomemos el pensamiento, la técnica, la ciencia, el arte, el vivir cotidiano de la gente en la sociedad.
Nuestra sociedad es compleja y confusa en su manera de funcionar, eso tiene varias causas, pero siempre el origen último es el hombre. Entre las causas están: el gran aumento de la población, los avances científicos y técnicos asociados y empleados por el sistema y la utilización que la sociedad hace de ellos, las nuevas ideas surgidas alrededor de esos avances y los cambios de valores y en nuestras vidas que todo eso origina, y todo ello dentro de un único sistema social y económico cuyo fundamento es la injusticia legalizada, es decir, con leyes concretas que la protegen y fomentan.
Los que se dedican profesionalmente a pensar, a hacer filosofía, a escribir, al arte, a la ciencia o a la técnica, en su mayoría lo hacen de acuerdo con esa complejidad social y según su situación personal, de ellos, en el mundo y estando totalmente inmersos en esa complejidad e integrados plenamente en el sistema. A veces resulta difícil entender lo que dicen, el lenguaje se complica, las explicaciones que pretenden son incompletas o confusas, la visión fragmentada, el análisis para salvar o fortalecer el sistema suele ser sesgado y parece tendencioso, con escasa libertad o valentía.
El sistema social y económico asociado a él, que hoy es único en todo el mundo, es tanto la causa como la consecuencia de los cambios, de los valores, de las ideas, de los ideales que de él se derivan, eso tiene la fuerza de imponerse por su propia dinámica en un mundo como el occidental en el que sus hombres, la sociedad, aceptan cuanto llega.
Se perciben insatisfacciones en el hombre occidental, percepción ratificada por datos sobre hechos, pero no sabemos encontrar soluciones a nuestros problemas, a veces parece que avancemos hacia una nada. El hombre occidental, que hoy dispone en conjunto de muchísimos más medios técnicos, económicos y humanos que en cualquier otra época, da la sensación de estar adormecido, anestesiado, cohibido, contenido ante las inmensas posibilidades que como hombres y como sociedad tenemos.
Si nos comparamos con otras épocas que ni aun siquiera son lejanas, los cambios han sido acelerados, poro como hombres, como sociedad, no hemos avanzado gran cosa ni en relación a épocas lejanas ni a las más próximas de cambios vertiginosos, en algunos puntos incluso hemos retrocedido. En estos últimos cien años, más fácilmente recordables, los hechos provocados por nosotros mismos han sido, en nuestro mundo occidental y a partir del mismo, aterradores; hemos provocado verdaderas calamidades y tragedias colectivas y masivas, sin embargo, no hemos aprendido nada, a lo sumo a sofisticar y refinar las formas de provocar calamidades mucho más masivas, pero silenciadas, en quienes no son de nuestro cada vez más estrecho mundo, que nosotros creemos sin límites. Pero los límites de nuestro mundo no son los que parecen deslumbrarnos procedentes de los asombrosos medios de difusión, de información, no de comunicación real, o tecnológicos, creados por el hombre, los límites son los de nuestro mundo vacío en lo individual, estructurados por la gran cantidad de derechos individuales sin contrapartida en la sociedad, de nuestra nada.
Hemos creado un mundo no para el hombre como tal, sino para las cosas, para las mercancías, para los roles que jugamos o creemos representar, y a lo sumo, un mundo para cada uno, exclusivo.
En nuestra Tierra, todos dependemos de todo y de todos, los ricos de los pobres, los pobres de los ricos, los negros de los blancos, los musulmanes de los infieles,... pero no lo vemos. Respiramos el mismo aire, tenemos los mismos mares, los mismos continentes, trabajamos y lo que tocan nuestras manos o sale de nuestra imaginación va al otro extremo del mundo, andamos por la misma tierra y todos tenemos una vida breve. Todos hemos recibido dones, de la Vida, diferentes, de manera que por separado no sirven para mucho, ni aun siquiera somos responsables y causantes de los dones que recibimos, distintos. Todos juntos forman la totalidad, lo completo, un mundo al que no le falta ni una sola de sus partes.
B. Russell decía hace cincuenta años que: "La verdadera felicidad de los seres humanos es posible sólo en aquellos que desarrollan al máximo sus potencialidades divinas. En el mundo actual, la felicidad debe estar mezclada con mucho dolor para tales hombres, ya que no pueden evitar un sufrimiento compasivo al contemplar los sufrimientos de otros", es del final de su obra "Sociedad humana: ética y política" que acaba así: "El futuro del hombre está en juego, y si hay bastantes hombres que se den cuenta de esto su futuro está asegurado. Los que van a resolver los problemas del mundo necesitarán valor, esperanza y amor. No sé si lo lograrán pero, a pesar de todo, estoy absolutamente convencido de que lo intentarán".
En estos pocos miles de años de los que tenemos noticia, ha habido algunos hombres que han levantado su voz, con su sola autoridad moral, la que da su vida, y con la lucidez que tienen aquellos cuya razón está en el amor; casi siempre su sociedad, con los más poderosos al frente, los depreció, condenó e incluso ejecutó. Su voz libre y poderosa sigue sonando con la fuerza que da el amor, que es el amor, pero nosotros, hoy y siempre, no les escuchamos y mucho menos comprometemos nuestras vidas, que es otro regalo que tenemos, con las de todos los demás. A lo sumo su legado se intelectualiza, se convierte en un elemento más de erudición, de mercancía cultural[1], en un bien de consumo. Con eso solemos apagar el mensaje, desvirtuarlo. Posiblemente porque nos da pánico que roce nuestras conciencias, pues podría exigir un cambio en nuestras actitudes, y eso que es peligroso, podría durante un momento crearnos cierto malestar.
No creo que a esos hombres les hubiese hecho mucha gracia esa utilización de su obra y de sus vidas.
Tal como funcionamos los hombres, hoy no se vislumbra solución a los gravísimos problemas de la inmensa mayoría de los hombres, mujeres, niños o ancianos que viven en nuestro mundo. Nuestro sistema social y económico conduce o cuando menos contribuye a esa situación. Es cierto que hay unos pocos hombres que seguramente sienten y viven un profundo amor hacia todos los hombres, empezando por los que decimos están desheredados pero que realmente hemos desheredado nosotros, y esos pocos hacen lo que pueden, pero la mayoría no hacemos gran cosa. Nuestra sociedad tiene todos los medios técnicos, económicos y humanos para evitar la descomunal injusticia que cada segundo va aumentando, pero no nos importa nada.
Tenemos la posibilidad de entendernos, de comunicarnos, de respetarnos, de ser verdaderamente libres y de convertir el amor en el verdadero origen de nuestra capacidad creadora.
No sé a qué es debida esta dureza de nuestros corazones.
Justicia.
Los hombres de occidente han discutido, escrito, hablado sobre el hombre, sobre lo justo, lo injusto, la guerra y la paz, el progreso, la ciencia, el arte,... pero jamás hemos sabido o querido encontrar soluciones, ni quienes detentan mayor poder, ni la sociedad como tal, cada individuo o los suficientes.
La pregunta será, entonces, si hay que buscar soluciones y ponerlas en práctica. Dicho de otra forma: ¿Debemos intentar solucionar (suponiendo que sea para nosotros un problema) la injusticia en que está basada nuestra sociedad?. Seguramente las respuestas a la pregunta son muy diversas, desde negar la injusticia porque no se percibe, con lo que todo sigue su evolución, hasta llegar a decir que sí pero sin hacer nada.
"Si el silencio obligado de los pocos que saben entre la masa ignorante y ciega es ya de por sí siniestro, resulta verdaderamente aterrador el espectáculo de una muchedumbre donde todos saben y se callan, donde cada uno lee la verdad en la mirada huidiza y aterrada de los demás". Eso dice T. Mann en "Doktor Faustus", referido a la sociedad alemana de la época nazi, pero que como obra alegórica puede describir lo que hay en el centro del sistema actual del Occidente desarrollado económicamente, de nuestra sociedad. Lo único que no encaja de la cita es lo último: "...donde cada uno lee la verdad... ", pues nuestros corazones se han inmunizado a todo sentimiento de culpa.
La cuestión no está en encontrar soluciones, pues las tenemos, a nuestra desazón en el vivir, la cuestión es si deseamos vivir de otra forma, con plenitud, y eso solo es posible si avanzamos todos.
Para algunos el hombre es ángel y bestia, en alguna medida la bestia sale cuando pervertimos nuestra razón y nuestra voluntad, lo que significa que somos capaces de tener una razón recta. En lo profundo de nuestra conciencia sabemos qué es lo recto, para eso todos tenemos alcance y capacidad.
Tal vez el hombre lleve en sí el germen del conocimiento entero. El socrático: "Conócete a ti mismo", tomado de la divisa délfica, lleva implícito el examen de uno mismo y de los demás, las relaciones de cada uno con los otros y al revés. La teoría platónica del conocimiento, aceptada por muchos, viene a decir que no adquirimos nuevos conocimientos sino que recuperamos lo que nos era conocido, la mente según Cudworth (citado por Chomsky en "Reflexiones sobre el lenguaje") tiene un "poder de cognición innato", despertado por los sentidos; las cosas nos son conocidas "por las ideas inteligibles emitidas por el entendimiento, esto es, por algo natural y propio de este" y entonces el conocimiento llega así a "conocer o comprender [...] activamente a comprender una cosa mediante los razonamientos de una razón abstracta, libre y universal".
Pero no basta con recuperar el conocimiento, con comprender las cosas "mediante los razonamientos de una razón abstracta, libre y universal", es necesario que eso sea traducido en acción acorde.
La inteligencia es la capacidad que tenemos de formarnos una idea clara de una cosa, para ello esa inteligencia tiene una serie de facultades, así: la razón que nos permite discurrir, la intuición que da la percepción clara e instantánea de una idea o una verdad sin el proceso del razona miento, la imaginación, la inspiración,... Descartes dice a este respecto en la Regla III de sus "Reglas para la dirección de la mente" que lo que permite llagar al conocimiento es la intuición y la deducción. De esto se deduce la capacidad que todos tenemos para acercarnos a esa "razón abstracta, libre y universal". Si eso llegase a ser algo asumido por la sociedad y ésta actuase en consecuencia, cada uno actuásemos así, habríamos dado un primer paso, pero la sociedad, nosotros, no tenemos esos intereses.
A los creyentes el Evangelio de san Juan se lo dice de otra forma: "La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo".
Cuando el hombre es capaz de pervertir esa razón, esa luz verdadera, las consecuencias son conocidas.
Antes decía que la perversión de la razón y de la voluntad hace que salga lo que llevamos de "bestia".
La razón es la facultad que hace discurrir el entendimiento, Platón dice en el "Sofista" que " el razonamiento es el diálogo del alma consigo misma, que el pensamiento es el resultado final del razonamiento"; la voluntad es lo que nos mueve a hacer o a no hacer algo. Cuando todo eso se pervierte, se vicia, se trastoca nuestro andar, el estado de las cosas, el orden natural y son sustituidos por otro orden que perturba, tergiversa la forma de entender y actuar, y eso va arraigando en la gente, en nuestras conductas, empieza a considerarse normal porque la sociedad lo asume así y nadie se pregunta nada y a lo sumo se intenta que dentro del estado viciado las cosas se vean menos, llegamos a la indiferencia vacía.
Lo injusto se convierte en ley y ésta es la que impera. La ley no es justa o injusta, es ley y eso basta. Lo máximo es la ley.
La ley es la norma, la regla, el precepto que manda o prohibe, expresa de forma clara lo permitido y lo prohibido, se supone que de acuerdo con la justicia y para el bien de los gobernados.
Pero la justicia es distinta según las sociedades y en consecuencia la ley que de cada justicia dimana. Incluso la interpretación de la norma o los formalismos que castigan o evitan el castigo aunque uno no haya transgredido la ley. La ley se aplica según la situación social, es decir, económica del transgresor.
Una vez instalada la injusticia sigue imparable. La injusticia primera se produjo en algún momento. Justicia: "dar a cada uno lo que le pertenece", justicia divina: "atributo de Dios por el cual ordena todas las cosas en número, peso o medida. Ordinariamente se entiende por la divina disposición con que castiga o premia, según merece cada uno", esto para la Teología, que el diccionario define como: "Ciencia que trata de Dios y de sus atributos y perfecciones". Es confuso, imposible, casi de locos.
La justicia, difícil cuestión entre los hombres. Diferentes justicias en diferentes sociedades.
Para explicar la justicia Platón nos cuenta "La República" donde la justicia tiene que ver con el orden racional y es de la ciudad y también individual, es "hacer cada uno lo suyo" y Más adelante: "la idea del bien es el conocimiento más importante... proporciona utilidad y positiva ventaja tanto a la justicia como a las demás virtudes".
Leyes, códigos para impartir justicia, desde siempre.
Teorías sobre la justicia, tratados infinitos,...
Disparates en nombre de la justicia, disparates mayores en nombre de la justicia divina.
La verdadera justicia, dicen.
Seguramente los hombres tenemos una idea en nosotros condicionada por la sociedad y por nuestros intereses. La justicia de la ciudad y la justicia individual.
No es lo mismo sufrir uno la injusticia que ésta recaiga sobre otros; para nosotros es mucho más importante lo que uno cree la injusticia que sufre; posiblemente sea al revés, es más grave la que provocamos e infligimos. No lo vemos, pues es fundamento de nuestra sociedad.
Injusticia grande. Pequeña injusticia.
En el lugar del que vengo la justicia y la injusticia son diferentes a las distintas justicias e injusticias de los países y de los hombres cargados de atributos externos. el hombre es considerado por lo que es, por su ser, la justicia se aplica sin premios y sin castigos, "pues de todos los bienes que uno tiene, el alma es, si se exceptúan los dioses, el más divino que hay y ello porque es también lo más personal", en el libro V de "Las Leyes" de Platón.
En soledad la justicia está en que el corazón se transforme, en llegar al Amor que no es ni justo ni injusto, es donde se encuentra la justicia, pues "el que ama busca su satisfacción en la felicidad o perfección del objeto amado y sus acciones".
De momento la justicia no está en la sociedad, tan sólo en algunos hombres.
Justicia: "dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece". ¿Qué le pertenece a uno?. ¿Por qué?.
A uno le pertenece lo que le han regalado, la Vida, y esto no es por clase alguna de derecho. Nuestra vida, nada tenemos que ver con nosotros mismos antes de nuestro "pienso...", de nuestra conciencia de "yo", no ha estado en nosotros, en mí, vivir, nacer en un lugar cualquiera, de un color o de otro, rico o pobre, inteligente o cretino, hombre o mujer, sano o lisiado,... Los que creen en la reencarnación darán alguna explicación peculiar, pero incluso en este caso, el principio, el alma que se reencarna, no es ni creación del hombre, ni resultado de su voluntad. A este respecto, ya que he citado antes "La República", recuérdese la historia final, la de Er el Armenio.
Rousseau, en "El contrato social" lo explica de otra forma: "Toda justicia procede de Dios, Él es su única fuente... sin duda existe una justicia universal emanada de la sola razón, pero ésta, para ser admitida entre nosotros, debe ser recíproca", y al principio recuerda: "El hombre ha nacido libre, y sin embargo, vive en todas partes encadenado".
Nuestra idea de la justicia tiene bastante que ver con la moral, ésta se refiere a la bondad o malicia de las acciones del hombre, con la ética entendida como parte de la filosofía que se ocupa de la moral y de las obligaciones del hombre. La justicia de la sociedad, tanto su idea como su práctica, está condicionada por las creencias individuales con sus consecuencias morales, lo bueno y lo malo, y por la moral social, de cada sociedad. La diferencia entre la justicia individual y la social es clara.
Las creencias, sobre todo cuando se estructuran bajo la forma de una religión determinada que al aceptarla ayuda a no pensar, suponen obligaciones morales para los de esa religión, las que sean, diferentes según la religión, pues el dios que fabrica cada religión, al ser particular y exclusivo de cada una, tiene sus peculiaridades e impone distintas morales, justicias, e incluso opuestas a las de otras religiones, de otros dioses competidores. Son las distintas justicias divinas manifestadas por medio de sus intérpretes, sacerdotes, teólogos, jerarquías, etc. que llegan a las sociedades.
Cuando Marx en "El Capital", al referirse a las mercancías habla de "sutilezas metafísicas y resabios teológicos" en la analogía que establece y lo sitúa en los nebulosos mundos de la conciencia religiosa, lo mismo puede considerarse en lo concerniente a la justicia. En nuestra sociedad occidental las formas religiosas cambian, pero en esos nebulosos mundos están, existe otro dios, otra moral, otra justicia. Me parece que E. Sábato en "Sobre héroes y tumbas" dice que el capitalismo es una religión laica, creo que no es así exactamente, en el centro del sistema es una religión de poder de muchas clases, y en general es una religión amoral, es la moral, en consecuencia la idea de justicia, que se deriva de la nueva religión, no diferencia el bien del mal ya que el bien es utilitarista entendido en su sentido más burdo, es cambiante. La justicia emanada del dios es utilitarista. Recordemos al dios: el capital, y cuál es su origen: trozos de vida de la gente en forma de trabajo, su moral: la amoralidad, su justicia: quitar a cada uno parte de lo que le corresponde o pertenece, recordemos a A. Smith en "La riqueza de las naciones: "Pero aquel estado primitivo, en que el trabajador gozaba de todo el producto de su propio trabajo, no podía permanecer después de introducida la propiedad de la tierra y la acumulación de fondos", y qué hacemos los individuos de la sociedad respecto a él: engordarlo y hacerlo poderoso.
Tiene algo que ver con el fetichismo y con el resto del cuerpo ideológico del sistema capitalista actual: utilitarismo, cientifismo, tecnicismo, consumismo, hedonismo, amoralidad, individualismo, etc, la postmodernidad.
No puedo extenderme ahora en estos temas, solo los recuerdo; tan sólo debe tenerse en cuenta que eso no es interpretación, es observación.
De diferentes planteamientos sobre la justicia, en el tiempo, no se puede tratar aquí, pero sí recordar que en general son posibilistas, acomodados a la sociedad, tratan de asentar el mundo en que se producen, o describirlo, pero rara vez mejorarlo o cambiarlo, lo mismo Aristóteles, que el célebre imperativo moral kantiano, Hobbes, o más recientemente Rawls. No hay apenas ideal de justicia, hay posibilismo del momento. Las excepciones son conocidas, antes he citado a Platón, hay otros.
Lo que pretendo señalar es que nuestro mundo occidental, quizá el mayor productor de obras y trabajos del intelecto en lo que a difusión se refiere, dominado por un sistema social particular, hace muy difícil que podamos tener una perspectiva, lenguaje, hábitos intelectuales,... distintos a los que imperan, de manera que la mayoría somos elementos del sistema y absorbidos por él. Rupturas claras en la historia, en las ideas en concreto, ha habido pocas, las rupturas con el sistema imperante escasas y sin éxito, pues no debe entenderse el sistema actual distinto a los anteriores, pues los valores y conductas de la sociedad son los mismos, a lo sumo más refinados en la actualidad.
¿Cómo va a plantearse una idea de justicia desde otro ángulo si esos hombres estudiosos, observadores, sinceros, incluso con buena voluntad no han podido salir ni mentalmente de su mundo?. Sabemos que nuestro sistema tiene su fundamento más sólido en la injusticia institucionalizada y legalizada, pero las propuestas rara vez consideran eso, así, una reciente, de Rawls, plantea como "el objetivo primario de la justicia: la estructuración de la sociedad", pero esa propuesta acepta sin crítica al fondo lo que hay, como las formas de propiedad privada de los medios de producción y la base de las instituciones sociales existentes, pero esa base es el refinamiento de la institución depredadora con todas sus variantes.
Quizá la injusticia primera surja del hábito depredador tan arraigado en la conducta de los hombres hasta haberse institucionalizado. El hombre es el único animal que roba, saquea, mata, viola, etc. a otros de su misma especie para obtener beneficios de alguna clase que no le son vitales, pues tiene la inteligencia para resolver sus problemas. La perversión de la razón y de la voluntad. A partir de esa institucionalización gran parte de la historia de las sociedades.
No hay justicia universal posible, lo recordaba Rousseau, si la razón universal es complicada, admitir, asumir y actuar a partir de algún valor moral universal aceptado y puesto en práctica es imposible. Ni los dioses verdaderos de cada religión se ponen de acuerdo, acaso el dios de Amor, pero los que tienen mayor éxito son dioses sin amor, vengativos, coléricos, acaparadores, crueles,...
Derecho a la vida de todos y cada uno, pero cada día asesino, yo, ciudadano del Occidente desarrollado económicamente, a miles de personas, esto no es figurado, es real. Es el sistema, me digo si me entero de algo, yo no puedo hacer nada, me desborda, son los políticos que no se ocupan, los grandes ricos, etc., es una pena que sucedan esas cosas. Y siguen muriendo. Los psicólogos, aunque referido a otra situación de no actuación de la sociedad ante un daño conocido, han denominado a eso: "dilución de la responsabilidad", todos somos responsables, ninguno somos capaces de hacer algo, pasan las cosas, la responsabilidad se diluye en el todo, en la nada. Todos somos responsables, dice A. Camus en "La caída": "Además, nosotros no podemos afirmar la inocencia de nadie, y sin embargo podemos afirmar con certeza la culpabilidad de todos. Todo hombre es testigo del crimen de todos los demás, esa es mi fe y mi esperanza", eso describe lo que hacemos.
Algunos debido a cierta "caridad", no justicia ni derecho, no mueren, tampoco permitimos que sus vidas tengan esperanza, a veces trabajan para nosotros y son tratados como simples esclavos, "no hay castigo más terrible que un trabajo inútil y sin esperanza" vuelve a decir Camus en "El mito de Sísifo". En el , no sé si, mejor o peor de los casos condenamos a millones a ser nuevos Sísifos. Son mis derechos.
Es la justicia, cientos de millones de sísifos, docenas de millones de pequeños esclavos, son más baratos y menos problemáticos que los mayores, dioses compitiendo en crueldad, pues las religiones con sus dioses compiten por la clientela, destrucción del ambiente, etc. todo por el beneficio necesario para engordar al dios verdadero.
La justicia. Descartemos el amor, el bien de la sociedad como norma individual y social, por imposibles en nuestro mundo. ¿Qué justicia queda?.
Luz
Tal vez alguien, ya sea por necesidad vital o llevado por la Vida de alguna forma, sale del sistema social dominante en nuestro mundo y eso le lleva a reflexionar con sinceridad entendiéndose y conociéndose más a sí mismo y también al mundo y a verlo desde fuera del sistema, por lo tanto con valores que surgen desde la libertad del individuo, diferentes a los imperantes en la sociedad; también supongo que ese alguien asume lo que llega a su conciencia y a su corazón libres, como algo natural, que también está en la verdadera naturaleza de los hombres. Luego, al volver al mundo, uno se da cuenta de que está en él pero ya no es del sistema. Quizá toda la gente capaz de salir del sistema desde su conciencia y vivir según ella, con su corazón transformado, algún día, todos juntos, lleguen a ser una masa crítica que pueda transformar el mundo igual que sus corazones.
Al escribir todo esto llegan a mi mente y a mi corazón imágenes y sentimientos opuestos, por una parte la inmensa mayoría de ese mundo vejado, olvidado por la mayoría de los que podemos hacer algo, ese sufrimiento, carencia de esperanza, lucha por inercia tal vez porque la vida es tan poderosa que incluso en las peores condiciones es capaz de regenerarse, y al mismo tiempo imagino un mundo que no se base en la injusticia, sin guerras, sin miserias, sin sufrimiento, en el que los hombres empiecen a sacar su inmenso potencial de imaginación, vida, justicia, amor,... un mundo lleno de luz. Dentro de lo muy improbable tal vez sea posible en el infinito, no sé ni dónde ni cuándo. Quizá por eso, a veces, en mis fabulaciones o tal vez huidas, pienso que las estrellas son nuevos mundos que hombres justos y llenos de amor, que tras haber sabido transformar sus corazones aquí, empiezan a construir en ese universo infinito en el que solo existe el tiempo de conciencia, el estado de conciencia permanente en que el espíritu humano vive en sus atributos esenciales, y al final tan solo la vida integrada, el hombre integrado, la totalidad de cada hombre y la totalidad de todos los hombres. Pero quizá esas estrellas son nuestra Tierra y acaso dentro de cien o de diez mil años, los hombres seamos capaces de construir otra humanidad, si antes no nos hemos destruido. Creo que como en las palabras anteriores de B. Russell, los hombres que lo intenten deben estar armados de "valor, esperanza y amor".
Tal vez frente a la ciencia o, a veces, pretendida ciencia que se impone, el Universo es simplemente una grandiosa obra de amor y nosotros los hombres de la Tierra, aunque no lo sepamos ni lo veamos, somos en ella.
[1] No puedo sino recordar algunos versos escritos por G. Celaya en 1.954, en su libro de poemas "Cantos Iberos", en "La poesía es un arma cargada de futuro":
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Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.
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Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra, son actos.