REFLEXIONES SOBRE COSAS – III

Santiago Ubieto

En el sistema social capitalista el hombre es considerado una simple mercancía, un objeto

Hombre-mercancía

La naturaleza del sistema capitalista es que la fuerza de trabajo se considera una mercancía que se compra y se vende en un mercado por un precio.

El fin de quienes dominan el sistema es tener el mayor poder posible.

El mercado es el lugar donde se compran y se venden mercancías.

Hay muchas clases de mercados: de petróleo, de fruta, de pescado, de acciones, de deuda, de futuros, de materias primas, ... de trabajo.

La mercancía fuerza de trabajo es necesaria para producir otras mercancías que también se venden en un mercado.

Los mercados, concebidos como lugar de compra y de venta de mercancías tienen una característica fundamental: la competencia, ésta se da entre quienes producen mercancías o son propietarios de las mismas con el fin de venderlas y ganar dinero.

Competencia: rivalidad, lucha, disputa, pugna, combate, enfrentamiento, riña,...

En el mercado de trabajo los oferentes de la mercancía son los trabajadores, cada uno compite con los demás: lucha, contiende, se enfrenta,... a los otros hombres para vender su propia mercancía: sus horas de trabajo, parte de su propia vida.

1

Los hombres no suelen pensar que su fuerza de trabajo, trozos de sus vidas, es una mercancía; no se sienten mercancías, pero el sistema les obliga a tener ese papel en la sociedad.

Muchos hombres se sienten explotados.

La organización social está determinada por la forma de producción capitalista, también por el materialismo inherente al sistema que se concreta en dinámicas sociales y en el rechazo a lo distinto.

La evolución del sistema ha llevado a una gran parte de los individuos de las sociedades más avanzadas económicamente a una especie de nihilismo, de hedonismo, de individualismo, de insolidaridad, de una aparente abulia activa, de ruptura social larvada sin causas claras... que trasluce insatisfacción profunda en una parte de las masas menos contenidas ante cualquier choque.

Asímismo la naturaleza del sistema lleva aparejada la injusticia global. Más acusada en los más desprotegidos tanto en sus miserias como en su trabajo-mercancía. Esto es aceptado por las sociedades cuyos miembros tienen mayores privilegios dado que esa injusticia les reporta abundancia de mercancías para su consumo y para su consumismo compulsivo, también les da ganancias económicas.

En esta injusticia totalmente vinculada a nuestro consumo de mercancías destacan la esclavitud real y la semiesclavitud para producir muchas de las mismas.

Se dan un sinfín de hechos parecidos a estos que a los individuos de los países con mayor renta individual, los del centro del sistema, aunque los conocen no les importan.

La sociedad tiende a justificar o a ignorar estos dislates, los considera un derecho dado lo que reportan a sus miembros. En definitiva, no son mas que otras mercancías.

2

Hay minorías que denuncian lo que piensan es injusticia del sistema, apenas son escuchadas aunque sí aceptadas como parte del mismo. Su influencia es nula.

La mala conciencia social se expresa, a veces, por medio de protestas más o menos violentas y minoritarias que evidencian, más que la injusticia, odio, rencor, resentimientos, reclamación de pretendidos derechos.

Una mayoría de los que conocen los dislates los ignora o, cuando salen a la luz, su visión es meramente pseudointelectual y fría. Huye a esa abulia activa en el hedonismo instalado en la sociedad.

Durante los últimos dos siglos y medio el desarrollo del capitalismo ha sido acelerado, alcanzando una serie de logros materiales, técnicos y aun sociales importantes. Desde hace unas décadas llegan a una gran parte de las sociedades del centro. Destaca, entre otros logros, lo que se ha dado en denominar estado del bienestar.

El sistema siempre ha sido injusto. Las insatisfacciones sociales se han atenuado en algunos momentos debido a mayor libertad y a mayor cantidad de bienes y servicios para el consumo de una gran parte de la sociedad. La abundancia de mercancías aumenta, pero ya no silencia cierto malestar social que es claro pero inconexo.

Tal vez los efectos perversos del sistema que se denuncian son las causas más superficiales de la insatisfacción y con ella de las protestas, a veces violentas, pero en el fondo, la naturaleza del capitalismo no la conocemos y sigue generando sufrimiento masivo y global en la mundialización del capitalismo en una única dirección.

No sé si ha habido esfuerzos serios para conocer con claridad la naturaleza del sistema y por qué las sociedades han construido este sistema económico y social que atrapa a los individuos y origina tanta insatisfacción e injusticia.

3

El sistema es una construcción social, de los hombres; nosotros a lo largo de los siglos lo hemos ido construyendo, está profundamente arraigado en la sociedad.

Podemos encontrar algunas explicaciones verosímiles, pero si no existe un impulso vital poderoso por parte de muchos difícilmente podremos mejorarlo o cambiarlo. Mientras seguimos con la intelectualización y con los lamentos.

En la historia conocida el hombre ha sido considerado un objeto que produce mercancías, por lo mismo sin alma, sin espíritu, si sentimientos aunque cada uno los tiene y expresa.

Esta valoración del hombre ha cambiado poco, se ha suavizado desde la forma de producción esclavista pasando por la feudal hasta llegar al capitalismo tal como es en la actualidad, con diferencias según el país y la clase de trabajo.

Las causas de la valoración social de la fuerza de trabajo son las mismas en todos los modos de producción.

Cambia la organización de las sociedades que está determinada por el modo de producción, hoy el capitalista, también por los continuos avances técnicos, mejoras sociales que no llegan a todos, por el aumento de la población y por el avance del materialismo.

El capitalismo recibe críticas y elogios, muchas de aquéllas con odio y éstas con loas. Las críticas suelen centrarse en las consecuencias sociales injustas.

Una de las críticas recurrentes en ciertas sociedades es a la propiedad privada de los factores básicos de la producción: tierra, trabajo y capital, según los economistas clásicos.

En el capitalismo los factores productivos son de propiedad privada. 4

En otras formas de producción, como la comunista, durante los años en que estuvo vigente en algunos países se eliminó la propiedad privada.

Hace unos cuantos siglos Platón en “Sofista” diferenciaba las tareas productivas divinas de las humanas. No es necesario reflexionar demasiado para entender qué significa y si es cierto lo que dice.

La tierra: minas, bosques, ríos, mares, tierras productivas, ondas hertzianas, ... no ha sido producida por el hombre sino que está ahí desde antes que él.

En algún momento de su andar surge la propiedad privada de la tierra que acaba siendo protegida por costumbres, normas de aceptación social y finalmente por leyes. El medio para conseguir los hombres su propiedad privada ha sido, a partir de algún momento, la fuerza bruta.

En el modo de producción esclavista la fuerza de trabajo era propiedad del dueño del esclavo.

Aristóteles ensalza la esclavitud en “Política” , llega a decir que el esclavo tiene la capacidad de entender pero no de razonar. La fuerza de trabajo del esclavo, su vida entera, es un objeto para producir.

También justifica la apropiación de otros bienes, además de los esclavos, como la tierra mediante la guerra, la violencia, la fuerza bruta.

Aristóteles, durante muchos años, ha tenido gran influencia en quienes se tenía por depositarios y transmisores de la verdad: los filósofos y los teólogos, que a su vez ajustaban la filosofía a los intereses de quienes detentaban el poder.

Las siguientes formas de producción suavizan la inicial, pero la consideración del trabajo siempre es la de un objeto sometido a mayor o menor atadura.

El capital: los elementos materiales como máquinas, naves, talleres,... está construido por lo mismo que cualquier otra mercancía: el trabajo y la tierra.

5

Desde el momento en que el hombre valora sobremanera lo de fuera de él: la riqueza, los objetos, las mercancías, la ostentación,... se identifica con ello, deja de ser él mismo desde dentro.

Para él saber cómo se produce todo lo de fuera que ansía no es lo más importante, quién y en qué condiciones lo produce todavía menos; lo fundamental es poseer, poco o mucho, pero poseer.

La propiedad privada ha arraigado de tal manera en las sociedades que quienes poseen riquezas son admirados, envidiados y venerados.

En el último siglo y durante varias décadas quedó suprimida la propiedad privada en los países en que se impuso el totalitarismo comunista; cuando fracasó, que no fue por exigencias de justicia por los millones de hombres asesinados sino por no poder seguir el ritmo económico, que conllevaba el poder destructivo aumentado con la potente industria de guerra, de los países capitalistas dominantes, surgieron hombres vinculados a esos regímenes con grandes fortunas, como era normal, no hubo rechazo a esos hombres sino admiración.

Otra de las consecuencias de la consideración del hombre como hombre- mercancía es el oscurecimiento de impulsos vivos en él como el de lograr la libertad, ésta se acostumbra a entender como libertad de elegir mercancías, políticos que compiten y se ofrecen como mercancías, derechos otorgados por leyes o conductas prohibidas por leyes también, éstas regulan gran parte de la vida de los individuos, de su libertad.

Las sociedades son diferentes y diversas en: culturas, religiones, relaciones entre sus miembros, costumbres, instituciones,... en todas ellas el hombre es valorado como una mercancía para producir otras mercancías tangibles que satisfacen necesidades y proporcionan beneficios económicos a quien es comprador de la mercancía fuerza de trabajo, ésta, dependiendo de la sociedad en que esté es entendida y tratada de distintas maneras.

6

La mercancía trabajo es impersonal para la sociedad, sin embargo está llena de sentimientos. El hombre no es lo que su sociedad decide sino lo que cada uno se siente: el centro del mundo.

El materialismo hegemónico reduce todo a cosas, a objetos incluida la fuerza de trabajo que tiene sentimientos en cada individuo, distintos.

Hombre-objeto.

Muchos hombres se sienten desnortados, desorientados, es como si no supieran a dónde van, cuál es su propósito vital, cuál es su razón de ser.

De muchos se adueña el temor; necesitan que la sociedad resuelva sus problemas, sus angustias,... de forma mecánica.

La medicina contribuye a que el hombre sea tratado como un objeto. Algunos ejemplos generalizables pueden aclarar este hecho.

Los trasplantes de órganos, entre otros el de corazón, tenidos hoy por un gran avance en la medicina.

Hace 60 o 70 años se realizó el primer trasplante de corazón, fue en Sudáfrica entonces todavía existía el apartheid que dominaba la sociedad y otorgaba derechos únicamente a los blancos, es conocida su crueldad. La gente normal tenemos noticia de que allí se realizó el primer trasplante de corazón, nada más. Los métodos para conseguirlo nos son desconocidos.

En este momento los trasplantes de corazón son bastante frecuentes en numerosos países.

Para hacer un trasplante de corazón es necesario que alguien, con determinadas características como compatibilidad con quien lo va a recibir y otras, muera. Normalmente se dice que la muerte de quien se va a utilizar el corazón ha muerto en un accidente, hay otras causas.

7

Quien espera recibir un nuevo corazón necesita, espera y desea que alguna persona desconocida, perfectamente sana, muera.

Posiblemente el receptor del corazón no es totalmente consciente de que desea que alguien desconocido muera para comprar su corazón vivo. En cierta forma su deseo es un asesinato. Ese corazón le permitirá vivir un tiempo más, luego también morirá.

El pago del corazón puede ser privado o público por los servicios de sanidad pública.

En este negocio de los trasplantes es sabido que se asesina a personas, sobre todo niños, para extraer sus órganos y venderlos con el fin de ser trasplantados a quienes pueden pagar esos órganos.

La vida, en sentido real y literal, se compra con dinero.

Hay alguna empresa multinacional del aborto que al nasciturus, en su operativa, se le arrancan los órganos vivos como el corazón y otros para venderlos y utilizarlos en trasplantes y otros manejos.

El niño no se valora como tal, es un objeto que no nace con el fin de proporcionar piezas de recambio.

Todo esto es semejante a lo que ocurre con una máquina, un automóvil por ejemplo. Cuando se estropea alguna pieza del coche el mecánico la cambia por otra y funciona durante más tiempo.

A una persona cuando se le estropea el corazón se le cambia por otro y vive un tiempo más hasta que muere.

El hombre es tratado como una máquina y lo acepta.

Otro ejemplo, también generalizable a la sociedad, es el del tratamiento de enfermedades, afecciones físicas y psíquicas.

8

En las sociedades con mayor renta individual un alto porcentaje de la población, en algunos países llega a la mitad, toma antidepresivos, ansiolíticos, ... drogas legales para paliar su malestar emocional, es decir, de forma mecánica, en este caso con la ayuda de la química, el malestar suele paliarse durante unas horas o unos días; lo que se atenúa son los efectos de los desquiciamientos emocionales. Como esas medicinas no consiguen eliminar las causas del malestar emocional quien lo padece se convierte en una especie de drogadependiente legal, con receta médica.

Otras clases de afecciones, por mínimas que sean también se tratan con medicinas.

Otro ejemplo de esta cosificación de los individuos de las sociedades es el de la eutanasia, esto no es generalizable a todas las sociedades, pero gradualmente va siendo aceptada como algo normal.

Es sabido que se aplica veladamente desde hace tiempo y que en algunos países hay corrientes de opinión que pretenden que la eutanasia se legalice; también hay propuestas para que a algunos individuos con ciertas enfermedades o las que la medicina decide que son incurables y otras disfunciones se les aplique la eutanasia.

La sociedad, parte de ella, reclama la muerte digna.

En una sociedad que busca el hedonismo el individuo se convierte en sujeto y objeto de placer de todas las clases siendo notable la búsqueda del placer sexual de mil formas.

El placer es una de las metas de muchos hombres de esta sociedad.

Al otorgarle al hombre el papel social de mercancía, de objeto, la sociedad le pone limitaciones para que dentro de ella alcance su libertad, ésta es única y exclusiva de cada individuo.

9

La rigidez que se impone mediante leyes que prohíben o que permiten lo que la sociedad desea, las corrientes de opinión que se convierten en verdades, los cambios de leguaje y, por lo mismo, de percepción del mundo llevan al dogmatismo en muchos individuos que aceptan lo que en cada momento se decide que es lo social y políticamente correcto.

Podemos buscar explicaciones acerca de cómo hemos llegado a este andar colectivo, más que explicaciones son interpretaciones que hacen distintas disciplinas como la historia, la mitología, la antropología, ciertas corrientes de la psicología, libros sagrados de las religiones, etc.

Las formas del pasado, muchas de ellas de hace miles de años, han cambiado pero en algunas manifestaciones sociales el fondo permanece.

Las sociedades, en su caminar, arrastran el fondo de lo no resuelto a lo largo de los siglos, de cualquier tiempo, lo repiten con otras formas hasta solucionarlo.

Las explicaciones que podamos encontrar y pensemos que son verosímiles pueden ayudarnos a entender el hoy, en ello a nosotros mismos, a saber por qué nuestra sociedad actúa de una manera determinada y nosotros, cada uno, también.

Si ese entendimiento no es meramente intelectual puede contribuir a que las respuestas encontradas nos conduzcan a actuar de otra manera si algunas cosas nos frenan y limitan y encontramos un andar vivo que nos impulse.

Cada uno de nosotros estamos en el mundo para algo, tal vez para muchos hombres no está claro.

La respuesta a la búsqueda es individual, saber quién es, qué es y hacia dónde va cada uno.

10

Hace varios miles de años ya se nos dieron respuestas, una de ellas estaba en el frontispicio del templo de Delfos, la inscripción acababa así: “...conócete a ti mismo y conocerás el Universo y a los Dioses” .

Hay otras formas y lugares de encontrar, como en Oriente, pero el fin es el mismo y la forma y el lugar están dentro de nosotros, en nuestro corazón.

El hombre deseoso de encontrar y vivir de acuerdo con lo hallado es el mismo en cualquier lugar, en cualquier tiempo y en la plenitud de lo que es también.

El hombre es en la Vida única.

Nuestra sociedad habla con ligereza de la vida, pocos desean saber qué es y en ella cuál es el propósito de cada uno, su verdadera razón de ser.

Todo esto puede parecer abstruso y recóndito, pero está al alcance de todos, de cada hombre, desde dentro y vive.