REFLEXIONES SOBRE
COSAS – II
Santiago Ubieto
Decía antes, en la parte I, hablando de la palabra, que si el hombre, único como su voz, cree que es fruto del azar se siente solo en el Universo, y que si se sabe hijo de Dios, de naturaleza divina pero único como su voz, se siente pleno y unido vitalmente a toda la creación.
El hombre hace constantemente, en su ser está la acción y en ella construye, destruye,… según sea su andar, según su amor o su discordia y, en este caso, es como si una parte de la sociedad se perdiese en las formas que construye y no desease conocer, el hombre de esa parte de la sociedad, su propia naturaleza y vivir de acuerdo con ella.
En este nuestro caminar hacemos muchas cosas y omitimos otras, es nuestro privilegio desde la libertad que todos tenemos.
Surgen mil ideas, mil construcciones sociales, una de ellas es el idioma y en él, como elemento fundamental: la palabra que, retrotrayéndonos a mitos vivos, sugiere: creación, luz, razón, poder y también en su manifestación aparece la belleza.
Acerca de la belleza y el amor.
La belleza es
una manifestación del amor que lleva al hombre a amar. El diccionario de
Esta definición, aun siendo restrictiva, puede servir como punto de partida para reflexionar sobre la belleza buscando, en lo posible, un acercamiento a su naturaleza.
El amor, al ser el sentimiento gozoso cuando el hombre está unido a lo amado, en lo referente a la belleza no puede ser otra cosa que la unión feliz con la cosa bella como gozo del alma, pues eso es el amor.
Es sentimiento jubiloso y pleno ante la unión con lo bello, pero no puede ser de posesión ya que el amor lleva siempre a dar, nunca a poseer, lleva a la expansión jubilosa por el darse constante a sí mismo.
En el amor está la belleza, toda la belleza, ya que es una manifestación del amor.
La belleza es un atributo de las cosas que impulsa al hombre al sentimiento de unión gozosa con ellas.
Sabemos que una cosa es algo que tiene entidad de la clase que sea, tanto espiritual como corporal, tanto natural como artificial, tanto real como abstracta.
Para nosotros el soporte de lo bello es alguna cosa tangible o no, también la consecuencia de la belleza que es el amor. La belleza siempre lleva al deleite espiritual según la definición, pero pienso que no tiene el carácter de placer sensual, es lo que significa deleita, sino de alegría.
Una cosa que decimos que no es bella no lleva al amor, así es que habrá que ver qué cosa es bella y qué cosa no lo es.
Una vez amada la
cosa por su belleza lo que queda en nuestra memoria, en la memoria de nuestra
alma es la belleza en sí y, en cierto sentido, trasciende a la cosa.
Un ejemplo puede ser útil para avanzar en esta idea.
De la definición anterior se puede aceptar, sin necesidad de explicaciones, que la belleza se encuentra en el Universo, en la naturaleza, que es resultado de la platónica tarea productiva divina, también se encuentra en obras del hombre. De momento no se explican las diferencias que pueden ser reales o aparentes.
Puede pensarse o escucharse ahora con el sentido del oído o con el oído del pensamiento, del alma la música más bella que imaginarse pueda. En este caso el soporte de la cosa es irrelevante, la cosa es la música; tan solo escuchamos el sonido que es inmaterial en nuestra primera percepción; su belleza llena nuestro espíritu, nuestra alma, pero no somos capaces de describirla con palabras; nuestra alma se ha movido, el sentimiento la llena y nos unimos no al soporte de la música sino a la música de la que solo podemos decir que es música de gran belleza pues produce en nuestro espíritu gran alegría. Al final nos unimos felizmente a la belleza en sí.
Esta cosa es abstracta y la belleza también, lo único que queda en nosotros es el sentimiento pleno de amor.
Todo es incorpóreo pero el resultado es gozo, sentimiento que, no lo olvidemos, lleva a alguna clase de acción.
Lo belleza emerge de la cosa que sea como manifestación del amor.
Como en todo acto de amor hay amante y amado lo que supone la unión jubilosa de los dos.
La belleza es la amada que a su vez, en este caso, tiene que ser resultado del amor pues si no fuese así difícilmente podría infundir en nosotros alegría espiritual y no podríamos amar a la cosa que posee belleza.
Si la belleza conduce al amor es porque tiene su misma naturaleza, lo que hace que se unan por ser afines.
La cosa que es bella en sí, luego veremos si la belleza es objetivable, tiene muchos amantes y dado que lo que hay es amor, lo bello no puede inducir a la posesión de la cosa ya que sin amor no hay belleza y sabemos que el amor se desarrolla dando y creciendo por lo que lo bello, que es una manifestación de amor, se da y se expresa hacia muchos en tanto que es amor.
Si alguien posee la cosa que es bella, en el caso de que tal cosa pueda darse, esa belleza pierde sentido y el amor que hay tras su creación para expandirse es como si se encerrase, se limitase y, como en toda posesión, se constriñe su libertad, su impulso amoroso que se transforma, para su poseedor, en impulso de egoísmo, lo que acaba, de alguna manera, enfermando a su poseedor por muy satisfecho que pueda sentirse, pues daña a los amantes de esa cosa bella y que no pueden tener esa ambición de poseer sino, desde el amor, de compartir jubilosamente. Los amantes reales y los potenciales son los hombres en general y sin distinción.
Hay cosas que decimos que son bellas y de otras decimos que son feas; lo feo es, simplemente, lo que carece de belleza.
Así, considerando la belleza y la fealdad me pregunto cuál es su naturaleza.
¿Es objetivable la belleza de algo?, ¿puede establecerse un canon de belleza?, ¿tiene la belleza alguna clase de vida?
Ésta última pregunta me la hago al observar cosas, fenómenos, etc. Por ejemplo: la luz. La luz es fundamental para que haya distintas clases de vida como: la humana, la animal, la vegetal y otras más que no nos son familiares, por lo que es razonable suponer que la luz es alguna clase de vida, pues una cosa no viva difícilmente puede ser decisiva para generar una cosa viva; habrá que convenir que la luz es alguna clase de vida y además inteligente.
La belleza, que impulsa el sentimiento de amor y alegría espiritual, por lo tanto un movimiento del alma y en ella, sentimiento, seguramente es alguna clase de vida ya que no puede mover el sentimiento que, recordemos, nos hace saber vivos, lo que no tiene algo vivo que, en este caso, es puro: la belleza, salvo cuando el hombre está atrapado por las formas construidas sin ese sentimiento puro y eterno que es la belleza, aunque construidas también con sentimiento que, en este caso, es imperfecto y de discordia y no es eterno.
En esto aparece otra cuestión y es nuestra idea, nuestro concepto de lo que es la vida, probablemente bastante estrecho y limitado para lo que realmente es y para ser capaces de aceptar otras formas de vida, desconocidas para nosotros, pero que existen en el Universo.
La belleza nos hace amar a la cosa que la posee, su atributo es lo que nos hace amar a la cosa no la cosa en sí, el amor inicial a la cosa es superado por la unión gozosa con la belleza en sí, su atributo la trasciende, entonces se da el sentimiento pleno.
El amante y la amada se aman, ¿amamos la belleza porque al ser viva también nos ama de alguna manera y es otra forma de la manifestación del amor?
La belleza misma nos ama, es manifestación de amor, por lo que da y se da a sí misma sin limitación y de manera incesante, esto puede pensarse porque sabemos que la cosa bella tiene la cualidad de inducir el sentimiento de amor hacia ella.
Cuando la belleza aparece despierta el amor, sabemos que éste es un sentimiento puro de unión que percibimos y sentimos en nosotros ya que este sentimiento, como todos los sentimientos, mueve nuestra alma.
La belleza, que necesariamente lleva al amor, tiene que ser alguna clase de acción, como es todo sentimiento, por medio de la cual la belleza se une a nosotros y nos inunda.
Lo bello está ahí antes de mí, antes de nosotros y me impulsa a amarlo ya no por la cosa sino por la misma belleza y, entonces, entiendo desde mi alma lo que decía antes, que la belleza en sí es divina y la supongo permanente, eterna.
La belleza así
me lleva a Dios y en Él
Lo bello ya no es algo que veo, oigo, huelo,… captado por los sentidos, pasa a ser sentimiento de belleza pura que conoce mi alma y, como manifestación de amor, se convierte en sentimiento de amor puro, gozoso y pleno desde él, también me lleva a la libertad total. Desde esto la acción surge de todo sentimiento para algo, este algo solo puede ser el bien de todos que es el mío.
A la belleza pura solo se puede llegar desde el sentimiento puro.
Veo, oigo, huelo,… desde el alma, desde la conciencia de mi esencia divina.
La belleza me ama, es la amada y ahora también la amante y yo, el amante, soy el amado. Lo pienso y la siento como algo totalmente vivo y cuando conozco con el alma me inunda, me habla, me arrastra al ser una manifestación del amor.
La armonía de mis sentimientos me permite unirme plenamente a lo bello.
La belleza pura, atributo divino de las cosas no es la de muchas construcciones humanas vacías, no puede estar en lo efímero pues, siendo manifestación del amor puro, es como él: eterna.
Lo vacío se encuentra en numerosas construcciones humanas, pero las producidas desde la armonía de los sentimientos de los hombres trasciende esa vacuidad para ser permanentes como el amor y en él la belleza.
Antes preguntaba si la belleza es objetivable y si hay algún canon de belleza. Tal como se ha visto lo que pienso que es la belleza, no puede establecerse un canon , no solo de la belleza sino de las cosas bellas, ya que al ser una manifestación del amor en todo lo que es, lo único que puede aclarar si una cosa es bella es el amor que induce y el amor, como la belleza en él, no puede medirse, concretarse en formas, sonidos,… puesto que es una manifestación divina en sí y en el alma humana y los sentimientos difícilmente son cuantificables.
La belleza es un sentimiento vivo por lo que cada hombre la percibe, la siente acorde con sus propios sentimientos que son únicos en cada uno.
Lo bello está directamente en el Universo y en muchas construcciones humanas que también son del Universo, en este caso lo bello surge desde la imaginación creadora de los hombres y eso, siendo cada hombre único en el Universo, sale al mundo exterior y deja de tener dueño, su creador aporta lo bello al mismo Universo al que pertenece, en el que es, así, estas nuestras construcciones, sean de la clase que sean, pertenecen al Universo, aunque alguien, cuando tal cosa es posible, pretenda apoderarse de ellas.
También las construcciones que decimos feas están en el Universo, la energía que las ha hecho es la misma que la de la belleza, pero el impulso, el sentimiento creador, en este caso, está cargado de egoísmo, de discordia, es inarmónico y su recorrido es el mismo que dura la falta de armonía de la que proceden, luego nada.
Cómo llega a la mente de los hombres, a su imaginación la capacidad para construir la belleza es otra cuestión. En la parte I de las reflexiones decía que en el hombre, en su ser está todo el conocimiento, lo bello también forma parte del conocimiento, del mundo de las ideas y cuando se descorre el velo el mundo brilla en todo su esplendor, en él la belleza eterna.
También los hombres están condicionados por su época, por el momento en que viven y están en el mundo, en lo concerniente a sus construcciones de todas las clases, a las expresiones de las formas pasajeras, incluso de obras del espíritu de sus épocas porque en esos momentos se han dado los medios de expresión de ese momento, ni antes ni después; pero en estos casos las expresiones de las obras de esos hombres acaban trascendiendo sus épocas y quedan plasmadas para siempre en el acervo universal de la belleza. Ejemplos de esto los podemos encontrar en todo tiempo y lugar.
Todo esto no es más que el emerger de la belleza que está en el alma humana que hasta esos momentos parecía dormida, pero con las nuevas formas de los nuevos tiempos despierta y permanece.
La belleza no producida por el hombre está ahí para todos y llega a aquel cuyo espíritu vibra al mismo nivel que esa belleza, para ello el hombre ha de tener sus sentimientos armónicos pues la belleza también es armonía total.
En última instancia, en tanto el hombre se acerca y entra en lo bello su alma se aproxima a conocer, sentir y él vivir desde su naturaleza divina.
Cada uno ama la belleza y a cada uno le llega de acuerdo con lo que ha ido desarrollando sin importar ni cómo, ni cuándo, ni dónde, pero partiendo de que la esencia de todos los hombres es la misma al final será el hombre integrado totalmente.
Esta belleza
está ahí, pero alguien la ha imaginado y plasmado, alguien que nos trasciende y
que encarna
La belleza lleva al amor, a una de las muchas formas que tiene el amor de manifestarse, siendo así también conduce a alguna forma de acción que es consustancial al sentimiento.
La belleza solo la puedo conocer desde mi alma que me lleva a conocer el Universo, en él está esa belleza y en ella el amor.
Si a la belleza la conozco en mi alma ésta necesariamente tiene que ser tan bella como la belleza en sí que, no lo olvidemos, es una manifestación del amor que es la causa de mi alma, por lo que en ella confluyen las diferentes manifestaciones del amor, entre ellas la belleza, y al final en el Amor que es la totalidad.
Si la belleza y el amor no fuesen afines no podría ser la primera una manifestación del segundo y la belleza no podría inducir a ser amada por sí misma.
Asociadas a la belleza hay otras cosas, una de ellas es la luz que puede entenderse de diversas formas, otra como una característica ajena a ella y a partir de lo que en lo humano puede llegar a ser burdo, es la vacuidad. Hay más cosas.
La luz como parte sustantiva de la belleza y lo vacío como forma que niega la eternidad de la misma belleza al caracterizarse por su falta de contenido.
Al final, la belleza no es más que una manifestación del amor, de su misma naturaleza y eterna como el amor.
Sobre el vacío.
La idea de vacuidad se ha insinuado aquí como una forma que niega la belleza y se caracteriza por su falta de contenido. Si niega la belleza también niega el amor.
Para hacer estas afirmaciones es necesario aclarar qué entiendo por vacío y, si se acepta, ver a donde nos lleva.
No se trata de profundizar en la vacuidad, que es más o menos laborioso, sino de enunciar algo que en otro momento puede tratarse más a fondo.
Lo vacuo, lo vacío es lo que no tiene nada, lo que no tiene contenido de lo que sea, aunque esto no significa que las cosas que entiendo vacías no tengan formas o entidad, como la tienen todas las cosas. Quizá habrá que entender por vacío lo que es efímero, engañoso y sin vocación de permanente.
Hay cosas que nos seducen, nos engañan y deseamos poseerlas por el mero hacho de aparentar ante otros, de creernos alguien ante los demás por medio de ellas o por el afán de tenerlas o por otras razones que asociamos a las cosas.
Un ejemplo puede servir para explicar esto. Consideremos el consumismo. De algunas de las explicaciones dadas en otro lugar pueden enumerarse unas pocas para tratar de acercarnos mínimamente a la idea de vacío.
Hay que tener
claro que el consumismo es un hecho social masificado en las sociedades
capitalistas desde hace unos años; su definición es: “actitud de consumo repetido e indiscriminado de bienes en general
materiales y no absolutamente necesarios”.
De las varias explicaciones dadas al consumismo y para lo que en este momento interesa, me centro en algunas de ellas: consumismo sacrificio y consumismo fiesta, donde se da una regresión al primitivismo de ciertas concepciones y prácticas religiosas; el consumismo como huída; como acción transformadora; aspectos del utilitarismo; ostentación social; poder.
De acuerdo con esas explicaciones del consumismo, dadas en otro lugar como ya se ha dicho, este hecho social muestra el vacío en diversos aspectos. Veamos esto aunque sin entrar en el fondo, ni casi en las formas.
Las mercancías son única y exclusivamente trabajo – en otros lugares lo he recordado y explicado – por lo tanto vida de la gente concretada y plasmada de una u otra forma en ellas, en las mercancías- aclaro que por mercancías debe entenderse lo que los economistas llaman bienes y servicios.
Esto tiene importancia porque lo específico del capitalismo es que la fuerza de trabajo se ha convertido en una mercancía que se compra y se vende como cualquier otra. En el sistema único que hay el consumo es fundamental y en lo que aquí se ve, dentro del sistema, en el consumismo masivo subyace el vacío.
De acuerdo con esto, el consumo desde el lado de quienes producen esas mercancías no es vacío ya que, aun sin saberlo, quien trabaja y produce pone un trozo de su vida real en todos y cada uno de los procesos de producción, sean sencillos o complejos y esto en cualquier escalón, forma o sector económico en los que se contribuye a transformar lo que la naturaleza nos ha regalado a todos los hombres sin excepción.
Tampoco debemos olvidar que en este lado, el de la producción, es donde se encuentran las relaciones sociales fundamentales dentro del sistema.
En este lado del consumismo, el de la producción, lo que la gente aporta es su vida, esto no es vacío, pero hay confusión y los efectos de ello van en una dirección diferente a lo que podría derivarse de esta situación, no ya en el terreno social o económico sino en el individual, desde el ser de cada hombre. Aunque los procesos son colectivos, los actos son individuales y sentidos y vividos por cada hombre como tal. Esto es lo que no se tiene claro.
En el consumismo es donde se da una clase de vacío en diversos aspectos. Si se aceptan las explicaciones tan solo enumeradas sobre el consumismo puede entenderse algo del vacío esencial que se encuentra en el mismo.
Así, al hablar de la regresión al primitivismo de ciertas religiones que entre sus ritos tenían el sacrificio real de vidas humanas, se constata la irreflexión y la ignorancia de lo que se da en el hecho del consumismo, de la forma compulsiva del consumo de mercancías; este consumo se agota en la fiesta-sacrificio dejando un vacío vital en quienes están atrapados por este “juego”, que son una parte importante de nuestra sociedad, e impulsan al hombre seducido por el consumismo a seguir, a huir con ese vacío vital de forma indefinida y continua.
En algo es una manifestación más de lo que es la sociedad postmoderna; algunos autores hablan de la sociedad del vacío que recoge ciertos elementos que se empezaron a manifestar con el utilitarismo decimonónico, cuando ya había arrancado con fuerza la revolución industrial y con ella la producción de escala cada vez mayor de mercancías y su necesario e imprescindible consumo para el sistema. Esto forma parte inseparable del capitalismo moderno.
Otro aspecto que cito es el de la ostentación social y de poder logrados, para al ostentador, por medio del consumismo - no es necesario hablar sobre esto – se intuye fácilmente lo que hay de vacío en esto.
También hay una acción transformadora en el hecho de consumir, tanto en la naturaleza, no olvidemos qué son las mercancías, como en la producción y el consumo, en este caso el vacío se empieza a sentir por la destrucción de cosas, aunque realmente es una manera de transformar. Esta destrucción al consumir supone un abandono de las cosas, ya no sirven; el utilitarismo llega hasta esta destrucción, hasta el vacío, para evitarlo se sigue consumiendo y destruyendo y así se oculta esa intrascendencia aparente del consumo.
La pregunta que sugiere estoes: ¿qué hay tras la destrucción?
Siempre tras la destrucción hay odio sea éste consciente o inconsciente; recordemos las guerras o cualquier clase de enfrentamiento cruento o incruento. En el capitalismo el odio siempre ha existido de una u otra forma como en los diferentes niveles sociales, en las luchas sociales, etc. Este tema que me parece importante puede abordarse en otro momento.
Hemos visto un ejemplo de vacío social, que es un vacío vital, en muchos hombres. Pueden citarse otros ejemplos con otras maneras de manifestarse en nuestro mundo de las formas vacías.
Antes decía que la vacuidad niega la belleza y aunque algunas cosas que son vacías muestran una estética agradable, no tienen nada que ver con la belleza tal como aquí se ha visto. La belleza es eterna y esa estética de cosas es efímera.
Con un enfoque muy serio y profundo de la vacuidad apareció en el siglo II una corriente dentro del budismo encarnada por Nagarjuna y que supone una forma de vida exigente, no es posible citar en estas líneas nada de esa doctrina, pero sí que de la vida exigente a la que lleva esa vía puede quedar parecida a que al final queda la compasión, el amor, la paz en el hombre.
Nosotros, los occidentales, tenemos otras formas tanto religiosas que aunque muchos quieren negarlo están en el sustrato de nuestra sociedad occidental, como filosóficas, políticas, culturales, etc. pero el hombre es siempre el mismo en cualquier lugar o tiempo en que esté, su esencia es la misma.
Me he permitido reflexionar, muy somera y superficialmente, sobre el vacío con un ejemplo evidente en nuestro mundo, del que no se puede pasar a generalizar, pero hay mucho más que, tal vez, sea de cierto interés abordar ordenadamente y con cierta profundidad.
Quizá el hombre nunca ha aceptado lo aparente como definitivo, sin embargo, ahora, en una parte de nuestra sociedad vive como si lo que, para algunos, puede considerarse aparente sea para ellos lo real y definitivo.