REFLEXIONES SOBRE COSAS – I

                                                         Santiago Ubieto

 

Cosa es: “Todo lo que tiene entidad, ya sea corporal o espiritual, natural o artificial, real o abstracto” (Diccionario de la RAE)

 

La esencia de las cosas es lo permanente e inamovible de ellas.

Todas las cosas tienen una naturaleza, una esencia.

Yo, en tanto tengo entidad, tengo esencia y soy mi esencia.

Busco en nuestras cosas, en nuestros hechos, en nuestras construcciones sociales, en… lo permanente e inamovible.

Mi búsqueda empieza por lo más cercano a mí: yo.

 

De los misterios délficos: “Conócete a ti mismo y conocerás a Dios y al Universo”.

 

Mi esencia es en el Universo y es la misma pues yo soy parte del mismo y yo soy en el Universo.

Mi naturaleza, entonces, teniendo la misma sustancia del Universo, es una forma de la sustancia única.

La sustancia del Universo es una y adquiere las mil formas de vida, sonidos, colores,…que percibimos y también de las que no percibimos en este momento de nuestro andar pero que son.

Estas formas de vida, sonidos… no surgen por alguna clase de azar, son creaciones, construcciones continuas de la inteligencia y del impulso, sentimiento puro, del ser

 

No existe nada en el Universo que no tenga explicación, la conozcamos, nosotros los hombres, o no.

No debemos ignorar que cuando algo no lo sabemos explicar con los medios que nuestra sociedad occidental entiende por los únicos que validan o invalidan lo que sea, las causas las atribuimos al azar que es un forma de no admitir que hay causas no reconocidas ni aceptadas por quienes imponen esos medios sociales de la verdad imperantes, y consecuentemente son los únicos para muchos.

Cuando se habla de azar no está claro si se entiende que en él hay alguna inteligencia que pensamos nos trasciende o bien se supone que no, dado su significado.

¿El azar origina la vida?, ¿es vida?, ¿es inteligente? ¿Sabemos realmente qué es la vida?

Es difícil, para muchos, admitir que lo no inteligente origina lo inteligente, para otros, es un Inteligencia Suprema.

 

El hombre tiene capacidad para construir cuanto hay en su imaginación. Está dotado de un poder individual desconocido por muchos hombres.

Lo que hay en la mente del hombre existe realmente en el Universo que conocemos y en el que no conocemos conscientemente, Universo en el que nosotros estamos y somos.

Aunque el hombre está dotado de un inmenso poder, no tiene capacidad para crear la sustancia, pero sí de transformarla en lo que siente y piensa en su imaginación.

Esta sustancia del Universo, causa de todo lo perceptible, ya sea en el plano más denso o en el más espiritual, permite dar forma a mundos enteros con toda clase de vida creada, ¿por el azar o por Dios?, por lo tanto a mi mundo, a mi vida.

 

Mi vida, así lo puedo expresar en tanto tengo conciencia de mí, es en la Vida del Universo. Yo tengo conciencia de mí, siento, a partir de un momento y soy resultado del azar o del impulso y del pensamiento de alguien con sentimiento y con inteligencia que me trasciende y que para mí es la Suprema Inteligencia.

Esto no es aceptado por muchos, por un parte de quienes, en las sociedades occidentales, imponen formas y pretenden también el fondo en todo esto.

La pregunta puede ser: ¿Es racional aceptar el azar, lo fortuito en la creación de este Universo en el que somos y que desconocemos en gran parte?

La explicación, si se da una respuesta negativa, no sé si es compleja, pero la razón sabemos que es difusa.

El razonamiento, para que sea completo, ha de ser el de mi ser total, sin fisuras, sin dividir y separar razonamiento, sentimiento, emoción,… el ser es uno. Mi razonamiento lo quiero así para vivir en plenitud. Nadie puede vivir, sentir,… por otro. Si planteo de esta forma el razonamiento es porque al ser total, es el ser, es mi ser entero quien razona y esto me lleva a la necesidad de apartar condicionamientos de toda clase y así podrá ser ese razonamiento completo y total, vital, abstracto, libre y universal a partir de la armonía en mí, de mis sentimientos, de la pureza, que no debe entenderse en el sentido que nos la cuentan las diferentes religiones, de escuchar al corazón.

 

Pienso, luego existo es una elaboración de la mente que, de momento, voy a llamar racional. Antes de esa elaboración el primer movimiento completo es: siento y soy, soy porque me siento. El ser se expresa sintiendo, sintiéndose. Si digo pienso es porque siento tal cosa, siempre que siento pienso. No puedo expresar de mí, del mundo, decir algo que no siento, que no mueve mi alma. Siento, primero me siento a mí y siempre siento en mí.

El primer sentimiento es que yo soy, tengo conciencia de mí. Más adelante se verá algo del sentimiento.

 

Ser

Mi primera pregunta acerca de la esencia es sobre mí.

¿Qué “cosa” es mi esencia? ¿Qué “cosa” es mi ser?

Los filósofos hablan del ser.

El significado de la palabra ser puede explicar algo.

No debe olvidarse que el idioma es una construcción social surgida de la vida de los hombres para expresar lo que hay en ellos, lo que ven, lo que sienten, lo que conocen; es una forma de expresión, no la única, desde la vida que sale de dentro.

 

Ser en su forma sustantiva significa: “esencia o naturaleza”, también: “cualquier cosa creada, especialmente las dotadas de vida” y: “Ser Supremo. Dios”. Son definiciones del diccionario de la RAE.

Ser en su forma verbal es un verbo sustantivo que afirma del sujeto lo que significa el atributo.

Como verbo indica acción.

Yo soy expresa acción del yo que para mí es así en tanto pienso y siento, por lo tanto soy consciente de mi ser aun sin la elaboración de la acción de pensar, lo que no quiere decir que no piense, pero también y siempre: siento.

Yo soy no tiene atributo, afirmo la forma sustantiva de mí, es decir, mi esencia actúa en mí como el yo que soy, mi “Ser Supremo” actuando como yo, mi “Dios” actuando como yo.

Afirmo el sujeto en el ser y en Dios al mismo tiempo.

Esto lo entiendo a partir del significado de la palabra ser.

 

Me pregunto para tener plena conciencia y claridad de mi ser, de mi verdadera naturaleza, y si logro encontrar una respuesta clara, de vida ya no tendré necesidad de preguntarme nada más, sabré que soy y vivo en plenitud, la del ser.

Las respuestas muchas veces se intuyen, otras se tienen claras directamente, a veces se les da vueltas para tratar de explicarlo de otra forma, pero lo que importa es la respuesta viva y lo que esa percepción avanza, tal vez el mundo de las ideas, tal vez el: “Conócete a ti mismo…” anterior dé una respuesta directa.

Me pregunto, pero sé y necesito vivir que yo soy mi se y el Ser. La plenitud.

 

Filosofía.

El ser, mi ser es mucho más que una cuestión filosófica con diferentes proposiciones y resultados, entiendo que es algo vivo y real en mí, trasciende la filosofía aunque ésta puede ser un medio más para acercarnos al ser si el planteamiento, si la proposición, si la categoría es viva, es de acción al final.

La filosofía, que etimológicamente significa amor a la sabiduría, debe ser, según lo anterior, viva o no es y si se entiende así lleva imperiosamente a la acción, a la expansión, a darse a sí misma sin límites, sin restricciones – muchas veces la jerga de los profesionales de la filosofía ya es una limitación para muchos, hay otras limitaciones – porque la sabiduría, objeto del amor del filósofo, es un medio más del hombre para alcanzar su plenitud y, en ella, su fin.

No debe olvidarse que como amor que es, lleva en ella un sentimiento gozoso de unión, de expansión, de universalidad,… y, por lo mismo, de impulso, de acción desde la sabiduría.

Es, pues, sentimiento pleno que impulsa a la acción.

 

Sabiduría.

La sabiduría la entiendo como conocimiento profundo, completo en lo referente al hombre para hacer. También como el uso correcto de todo lo que se manifiesta y como el uso constructivo de todo conocimiento. Es ese conocimiento claro, limpio.

Lo correcto lo sé en mi corazón libre y limpio y por lo tanto en las consecuencias en mis actos. Si es así, también en mi razonamiento libre.

Sobre ese conocimiento pueden decirse bastantes cosas, pero al final toda acción de la clase que sea, todo pensamiento, etc. sabemos si es correcto o no antes de una explicación razonada desde el sentimiento puro.

Sentimiento.

El sentimiento es manifestación del espíritu, es movimiento del alma y en ella. Mi alma se mueve ante algo, entonces me entero de ese algo.

Es acción del ser, de alguna clase y cuando esa acción es distorsionada – el libre albedrío que tiene el hombre le permite actuar en una dirección u otra – a causa de las formas efímeras y vacuas, ya sea en su engaño de un pretendido dominio material, que es una clase de esclavitud, o ante la seducción de esas formas, que es otra clase de esclavitud.

El hombre lo que hace en estos casos es usar incorrectamente la libertad de que está dotado y que es sagrada desde el mismo instante en que tiene conciencia de su “condición de yo”.

En lo que entiendo que es la sabiduría decía antes que también es el uso correcto de todo lo que se manifiesta y que lo correcto o incorrecto lo muestran los actos que desde el corazón lo sabemos. En realidad es cuando el hombre se convierte en un ser de causa y no de efecto, cuando vive desde su verdadero ser.

 

Digresiones.

Mi primera pregunta es sobre mí. Según lo anterior mi esencia, mi vida no puede ser diferente a la del Universo en que soy.

Mi acercamiento a la filosofía lo concibo vital y total pues de otra forma mi razonamiento es incompleto. Se evidencia lo que puede llamarse la lógica del ser frente a la lógica exterior.

 

En tanto sabiduría, la filosofía se plantea el conocimiento en sí desde su naturaleza, desde su origen. Según lo anterior se puede pensar que todo el conocimiento está en mí, lo único que hago es descorrer el velo por medio de mi actitud, de mi ser en el mundo en armonía con esa sabiduría universal que hay en todo hombre.

Entonces, la filosofía en un primer paso da testimonio del mundo de las ideas y de las realidades de mi universo que es en el Universo y que conozco o puedo conocer directamente y se manifiesta en todo  en tanto soy consciente de mí ser. Mi razonamiento debe ser limpio, puro, abstracto, libre y universal desde su dirección hacia el amor a la sabiduría.

En un segundo paso la filosofía conduce, como amor que es, a la acción de vida, real de quien reflexiona para saber y actuar.

Acción.

La acción la entiendo como resultado de un proceso del alma y la actuación visible no es más que la plasmación en el exterior de ese movimiento del alma, que es sentimiento, que es impulso a la acción de la clase que sea y se percibe por el sentimiento.

 

Algo sobre influencias de la filosofía.

La filosofía, tal como suele percibirla la gente, no da respuestas claras y vitales en muchos casos, eso no significa que no haya influido en las sociedades y en muchos individuos a lo largo de la historia y esto aunque las sociedades como tales hayan ignorado y sigan ignorando, en parte, las propuestas de los profesionales de la filosofía, pero su ascendiente es claro en el devenir de las sociedades.

La influencia de las religiones estructuradas es más fácilmente perceptible en el devenir social, con independencia de la infinidad de interpretaciones y justificaciones o animadversiones irreflexivas. En diferentes aspectos sociales han marcado pautas, especialmente de comportamiento individual y social, y se siguen estableciendo en numerosos lugares y esto se ha dado en todas las épocas y sitios.

 

Mucha gente piensa que quienes se dedican profesionalmente a reflexionar y teorizar tienen respuestas a diversas cuestiones que, por las razones que sean, son de difícil comprensión para una parte de la sociedad, por lo menos eso se cree y aunque en principio su influencia  aparenta ser escasa y sus especulaciones son elaboradas, muchas veces, por la “lógica exterior” en que acostumbra a moverse la “filosofía oficial”, su incidencia en la sociedad es notable.

Las respuestas que dan a diversas cuestiones, en muchos casos, son meramente intelectuales, las vitales se consideran menos, en casos numerosos se ignoran o no se proponen. Esto sucede aun sin ser conscientes muchas veces esos profesionales de la filosofía.

Las respuestas llegan, en ocasiones, a partir de alguna clase de razonamiento aun sabiendo, como sabemos, que según cómo se estructura es difuso –no olvidemos que la razón, la forma de razonar, tal como solemos manejarla es difusa.

 

Y así sucede que la “filosofía oficial” aceptada es tantas filosofías como momentos, como sociedades, como lugares, como circunstancias, como sistemas políticos o sociales,… es la forma de la lógica exterior de cada momento, son las formas efímeras de cada instante, cambiantes como las épocas, como los avances materiales, técnicos, científicos, etc. pensando que el ser del hombre, cuando se plantea tal cuestión, cambia según cada “filosofía oficial” y no es así, aunque hay construcciones sociales que modifican la percepción en una parte de nuestra sociedad, me refiero a la occidental, y llegan a pensar los de esas sociedades que el hombre, su naturaleza cuando se plantea, ha cambiado.

Algunas de estas “filosofías” son descripciones más o menos farragosas que ignoran el alma, el espíritu. Se impone una nueva verdad oficial indiscutible, dicho de otra forma, se ha logrado que una parte de la sociedad sea verdaderamente dogmática, es incapaz de cuestionar esa su verdad, la que sea, la de cada momento, que acaba siendo una.

La influencia de la filosofía aparentemente es pequeña, pero no es así. La gente dedicada a la filosofía como profesión es poca, algunos de ellos son transmisores de sistemas filosóficos, de ideas ajenas,… y muy pocos son los que elaboran lo que sea, sin embargo determinadas ideas, construcciones de escuelas o corrientes filosóficas concretas, acaban calando en la sociedad de alguna manera, pero no como proposiciones filosóficas sino como propuestas de conductas, de visiones del hombre, de visiones sociales transmitidas de forma burda pero eficaz. Suelen darse formas dogmáticas defendidas por pensadores y filósofos que han alcanzado reconocimiento, renombre en sus ámbitos con algunos, muy pocos, que trascienden esos ámbitos reducidos. Además esa parte de la sociedad que acepta algo de todo esto no cuestiona sus aportaciones pues proceden de los “suyos”, el dogmatismo siempre.

De estos pocos las ideas han pasado lentamente a muchos en forma de eslóganes, titulares de revistas, de prensa, de programas de radio o de televisión,… sobrentendiendo o no lo que hay detrás. Esto se convierte en verdad oficial indiscutible y convierte a esas partes de la sociedad en dogmáticas y si tienen mayor capacidad propagandística por diversas razones, su verdad pasa a ser la oficial de una parte del poder político y represivo, ya desde los cambios de lenguaje y de los significados de las palabras, y aun si pierden poder político esa sigue siendo una verdad social que se impone, aun siendo minoritaria, ya que diversos estamentos se autoconsideran depositarios de esa verdad incuestionable, creen que son los únicos depositarios de la cultura y lo hacen creer a parte de la sociedad.

Todo esto, largo de explicar, tiene bastante que ver con cómo ha evolucionado el capitalismo y más si cabe de forma acelerada con el capitalismo industrial y de manera imparable con lo que algunos llaman la etapa postindustrial. También tiene que ver con cómo evolucionó en el casi siglo de poder del comunismo del que parte de su sustento práctico-ideológico ha llegado a la sociedad capitalista actual en anclajes que se reconocen en ese materialismo. Todo esto se amplifica desde la mundialización actual.

También puede vincularse con aspectos de otra clase de materialismo influyente en diversos ámbitos cuyos ideólogos, incluyo a algunos filósofos, construyen por medio de una ingeniería social exitosa, aun siendo sus constructores minoría, pero saben ser magníficos propagandistas y vociferantes con amplio eco.

Al final, en el momento actual una parte camina hacia alguna clase de nuevo totalitarismo que pretende imponerse a la sociedad actual..

Los ejemplos del mundo real son claros en todos los órdenes.

 

“Los retóricos y los eruditos silenciosos se han muerto sin haber podido ponerse de acuerdo acerca del ser y no ser. Ignorantes, hermanos, sigamos saboreando el zumo de la uva, y dejemos que esos grandes hombres se regalen las pasas”. Omar Khayam. Rubaiyat

 

Digresiones

En el lenguaje la palabra ser en alguno de sus significados, como se ha visto antes, tiene que ver con Dios. No debe olvidarse que el idioma es una construcción social muy especial, no sometida a dictados de los hombres, aunque siempre ha habido y sigue habiendo, con más fuerza si cabe, intentos para dominar esta institución que es el idioma y se consiguen notables logros por parte de quienes pretenden cambiar o consiguen cambiar el significado de una serie de palabras. Los ejemplos sabemos que son muy numerosos, pero es que además ese cambio tiene la virtud de ser el elemento represivo más fuerte de los que existen en las sociedades.

En cuanto a Dios que está en una de las acepciones de la palabra ser, no creo necesario discutir acerca de su existencia. Las demostraciones de su existencia por parte de muchos filósofos me parece algo peculiar, aunque es más peculiar que aquellos que niegan su existencia no la demuestran ni lo intentan, claro que es una tarea más compleja. Cuando se niega a Dios, como sucede, o se ignora no creen necesario demostrar nada pues es lo que se ha impuesto, Dios no existe, afirman, y no es necesario nada más, pero exigen lo contrario.

Las vías que llevan a la certeza de Dios son otras, rechazadas por muchos filósofos. Para ellos el creyente es inferior intelectualmente y también moralmente ya que su moral está trasnochada.

El camino es mucho más vivo, es la lógica del ser frente a la lógica formal de los filósofos reputados por la sociedad vociferante y dogmática.

 

Sobre la lógica del ser.

Si sabemos, entendemos y sentimos en nuestra alma, en nuestro verdadero ser – pienso que esto es la fe – con limpieza, con pureza, pues así es el alma, entonces el conocimiento, siendo totalmente racional, trasciende la razón y el conocimiento es el del ser que a su vez lo es en el Ser.

Si vivimos y actuamos desde esto lo hacemos desde la lógica del ser. Es la lógica del corazón y de la mente que, cuando no hay distorsiones desde el mundo de las cosas efímeras, es pensamiento puro, sentimiento puro, la acción plena, el hombre pleno. 

No es el pensamiento separado del sentimiento, es la acción en el hombre pleno.

 

Para expresar el concepto de ser en sus dos formas, verbo y sustantivo, utilizamos la palabra que, como expresión viva, es sujeto y acción.

En cierto modo el ser en la quietud – sujeto – del movimiento – verbo, acción – infinito integra ambas cosas, yo soy. Esto abole y trasciende el espacio y el tiempo.

El se, necesariamente en el ser, pues no se ha autogenerado a partir de nada, no se ha autocreado, lo es en el tiempo total infinito sin tiempo y lo es a partir de tener conciencia de su yoidad, así, es el tiempo del ser en el Ser, es el tiempo de amor.

 

Sobre la palabra.

He escrito la palabra ser. La palabra, de acuerdo con el diccionario de la RAE, es un: “Sonido o conjunto de sonidos articulados que expresan una idea”. Es el elemento clave de la lengua. Es sonido.

Hay algunos idiomas en los que la palabra también se escribe, pero en la mayoría de los varios miles de idiomas existentes, no.

La palabra es uno de los atributos del hombre que le permite expresar lo que sea de una forma determinada, aunque el hombre tiene otros modos de expresión, la palabra es el más generalizado en las distintas sociedades y el que requiere menos interpretaciones por parte del receptor. Hay otras formas de expresión que son más inconcretas y más subjetivas por parte del receptor, por tanto interpretables, salvo algún lenguaje especial como el matemático, que en sus ámbitos reducidos es universal..

Realmente es el lenguaje como “conjunto de sonidos articulados con que el hombre manifiesta lo que piensa y siente” el que permite una comunicación amplia.

Hablar requiere un aprendizaje que puede considerarse el natural de cada sitio en que se habla un idioma.

 

No vemos la palabra, es incorpórea, la decimos y la oímos.

Cuando la decimos la lanzamos al Universo como alguna clase de energía que produce una vibración determinada por parte del hablante. Lo que expresamos cada uno se incorpora al Universo pero ahora con energía transformada.

Cuando escuchamos el sonido, la palabra, viene del exterior a nosotros, una parte del Universo se incorpora a nosotros más aún si tal cosa es posible.

 

La palabra también tiene una capacidad limitada de expresión, aunque expresa lo que el hombre percibe por sus sentidos y algo de lo que siente, pues hay cosas del espíritu que no tienen palabras para expresarlas con exactitud ya que, por decirlo de alguna manera, no son del mundo material. No puede expresar la totalidad del mundo del hombre, pero la utilizamos, la palabra, para nombrar, reconocer, expresar, reprimir, etc. y siempre como una forma de energía viva.

 

En cada lugar, para expresar lo mismo hay distintas palabras con diferentes sonidos, así, en lo que ahora se está explicando en estas líneas: ser, yo soy puede decirse de varias formas y, cuando el idioma se escribe, también puede escribirse: yo soy, I am, je suis,…ego sum, esto en latín, lengua en desuso desde hace siglos pero origen de varios idiomas.

Lo importante para comunicar mediante la palabra es la voz, con distintas fonéticas para los diferentes idiomas, pero todas expresan la misma idea.

La idea, puede entenderse, es anterior a su expresión por medio de la palabra.

Las formas están ahí, son construcciones humanas pasajeras, lo efímero pasa y la palabra que lo expresa también.

Las formas construidas por los hombres cuando están seducidos por las mismas, no son sólo las cosas que percibimos por los sentidos, también son cosas más etéreas, así: las instituciones, el dominio de unos sobre otros, la política, el idioma, etc.

En el aprendizaje a hablar también interviene el oído. El aprendizaje es el mismo para todos aunque hablemos lenguas distintas y aprendamos diferentes sonidos y palabras para decir lo mismo, para expresar.

 

Sobre el lenguaje.

El idioma nos explica y sugiere todo lo concerniente al mundo de los sentidos, al mundo en general. Cuando se trascienden los sentidos el idioma no sabe explicar muchas de las cosas con que se encuentra la experiencia viva de quien corresponda, tan sólo puede expresar algo recurriendo a figuras retóricas y aun éstas son insuficientes para explicar este otro mundo que también forma parte del mundo real frente a la vacuidad del mundo de los sentidos.

 

El lenguaje, ya se ha dicho antes, es una construcción social, inicialmente es libre y sin condicionamientos espurios. Sin embargo en las nuevas construcciones sociales el lenguaje tiene gran importancia, se intenta ignorar parte del significado de las palabras, también se cambian los significados; esto está explicado con claridad desde hace años. El lenguaje como instrumento de estos intentos y realidades de ingeniería social es clave. No olvidemos que para imponer los totalitarismos la represión es fundamental y uno de los medios represivos más potentes, tal vez el más poderoso, es el lenguaje.

Siendo las instituciones construcciones de la mente humana, el lenguaje puede considerarse, de algún modo, una institución informal, pero como sucede con algunas instituciones, alguien trata de apropiarse, controlar y dirigirlas en lo posible. Con los medios actuales en la parte social que interesa - la educación, los medios de comunicación y difusión, etc. - se está logrando ese control en esa pugna por avanzar hacia un nuevo totalitarismo.

 

El lenguaje, entonces, en sentido contrario al recordado, es también un medio poderoso para avanzar en nuestro camino hacia la libertad.

En la libertad, se verá en otro momento, hay que diferenciar la libertad social de la libertad individual.

 

El creyente piensa que Dios le entiende cuado se dirige a El, una de las formas que tiene ese creyente de dirigirse a Dios es el idioma y, aunque hay miles de lenguas, el creyente sabe que su Dios le entiende en su propia lengua.

Esto sugiere las ideas de Babel y de Pentecostés.

Babel lleva a la separatividad, hace que digamos lo mismo y no nos entendamos. ¿Es esto resultado del sentimiento de odio que destruye y separa?

La integración, la unión de Pentecostés hace que digamos y nos entendamos porque aquí se da el sentimiento de amor, la luz, la unión, un único idioma desde el amor y del amor.

El idioma es uno pero el sentimiento y, en consecuencia, los actos de la discordia, del odio rompen todo. No olvidemos que la acción es impulsada por el sentimiento; el de amor lleva a Pentecostés, el de odio a Babel, el idioma común, de amor, se rompe, el hombre se aísla, se separa de sus iguales, sus hermanos, porque es seducido por el mundo de las formas efímeras y vacuas, se centra en ellas y a las cosas las llama desde su separatividad, que si lo es en su vida aquí, el idioma forma parte de lo mismo, también lo acaba construyendo para adueñarse de las cosas y dejarse seducir por las formas, por la vacuidad.

Tal vez, como cuenta la Biblia, en el relato de este mito, como sucede con otros en otros lugares, esté la clave del por qué.

 

Esto puede hacernos entender un poco lo que sucede hoy en nuestro mundo donde se rescatan idiomas que por diversas razones  a lo largo de muchos años la sociedad, su propietaria, los abandonó y ahora los que se han adueñado del poder político tratan de volver a revitalizar, los intereses que hay tras esto son bastante siniestros.

 En la sociedad bienpensante se ha instalado la idea de que el idioma en sí es cultura y nadie se atreve a discrepar de esto, aunque la discrepancia esté llena de razón. Sabemos que las ideas son anteriores a la palabra, que son universales, que el Universo es el mismo para todos los hombres, que la naturaleza de todos los hombres es la misma y sus atributos también, en ellos la capacidad para entenderse sin barreras.

 

La necesidad de expresar, de comunicar, de unión es natural en el hombre. La expresión de una idea por medio de su propio sonido es la palabra.

Lo que acaba ensalzando Babel, se ha insinuado, es el sentimiento de odio, de discordia, de egoísmo. El de cualquier sociedad originada por Babel, mucos hombres, se apropian, o lo intentan, de algo que es del mundo de las formas humanas y lo protege, establece barreras, una de ellas, de enorme importancia, es el idioma. El profesional del poder político, al servicio de alguien, de un estamento que se considera a sí mismo superior en su sociedad, desea algo, lo que sea, cosas, todo y a quienes le dan cosas, sus vidas y establece un nuevo dominio con el idioma como medio y una nueva separación.

Antes de Babel y antes del “pecado original”, vuelvo a los mitos, en el Edén, en el Paraíso del mundo que fuese, mundo que pudo ser de continentes enteros, seguramente había un sola lengua.

 

Una idea sobre la naturaleza de la palabra.

La naturaleza de la palabra puede pensarse que es, en una primera aproximación, alguna clase de la energía vital, por llamar de alguna forma a eso que le da soporte y realidad, por lo tanto inteligente que, siendo un sonido articulado, permite que se exprese una idea.

En otro sentido, también entroncando con mitos y explicado en otro lugar, la palabra es creación, luz, razón, poder.

Por medio de la palabra también emergen las potencialidades del hombre desde su verdadero ser y que son manifestadas en el mundo

En lo que expresa de creación, razón, poder, luz está el sentimiento y lleva a la acción. Tras cada palabra pronunciada hay sentimiento.

 

Así, la naturaleza de la palabra puede pensarse que es energía vital que impulsa algo sentido y movida esa energía por el sentimiento.

La energía se manifiesta por medio del sonido, de la voz de cada hombre, de su vibración.

Todas las voces son diferentes, cada hombre es único, pero todos tenemos los mismos atributos, las mismas potencialidades teñidas con la individualidad divina única de cada hombre, con la vibración de la voz única de cada uno, con el tono propio..

 

El hombre único, como su voz, cree que es fruto del azar y se siente solo en el Universo.

El hombre, hijo de Dios, de naturaleza divina, único como su voz, se sabe y siente pleno y unido vitalmente a toda la creación.