Lo postmoderno en nosotros

Santiago Ubieto

 

Desde hace tiempo aparece en artículos, comentarios, libros,… la palabra postmodernidad, su significado se da por sobrentendido; sin embargo para mucha gente no está claro qué es.

 

Dados los medios de difusión instantánea que, en cierta forma superan el tiempo y el espacio, lo que sucede, las formas de andar en cualquier lugar del centro del sistema nos llegan inmediatamente, en otro sentido y en la postmodernidad, la sociedad también es de la inmediatez. Aunque nosotros estemos situados geográfica y mentalmente en la periferia de ese centro, lo que en él acontece nos influye, unas cosas más que otras, y empieza a condicionar y dirigir nuestras vidas, así, los llamados, por algunos, valores morales, cambiantes en la medida que lo hacen los avances técnicos, las estéticas, las modas y los modos de vivir, las corrientes de opinión, efímeras y banales, etc.

 

Siendo así, creo que puede ser de cierto interés, aunque no estoy seguro, ver algo de todo esto en distintos momentos.

 

El término fue acuñado hace algunos años por sociólogos y críticos norteamericanos. Algunos pensadores y describidores de la postmodernidad consideran como una alegoría, que anticipa lo que empieza a asomar, la novela de Philip Dick, de 1.968, cuyo título es: “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” llevada al cine por Ridley Scott en 1.982 con el título de “Blade Runner”. Lo que en dicha novela se insinúa es, entre otras muchas cosas, que frente a la era Moderna y su larga influencia, a la que se atribuye mayor racionalidad, tal vez por la Ilustración y el despertar de la ciencia moderna que han sido santo y seña de esa época, en el momento actual todo eso se rompe y el hombre occidental empieza a andar de otra forma a partir de una manera de concebirse y de vivirse algo desquiciada, aunque no lo asuma.

Aclaro que lo de racionalidad de la época Moderna es, en ciertos aspectos, una racionalidad peculiar. Si efectivamente el pensamiento de la época sentó las bases para un mayor avance social, así, la ciencia emergió con fuerza en numerosas dinámicas de la vida social o el inicio más o menos turbulento y forzado de las democracias, que tardaron siglos en irse estableciendo gradualmente, y eso en nuestro mundo occidental, también es una época cuya influencia, no la del pensamiento, supuso grandes brutalidades colectivas que llegan hasta nuestros días y continúan. Basta recordar la historia de los últimos siglos y, en ella, todas las desmesuras caracterizadas por la masificación, como corresponde al capitalismo industrial con la producción masiva y en serie, asentado en nuestra mentalidad y aplicado a las atrocidades masivas que hoy son, si cabe, más masivas y, además, silenciadas.

La postmodernidad se contrapone a lo anterior, a lo reciente, en parte, por tener planteamientos diferentes en la razón y en la irracionalidad sociales.

 

Los pensadores que han escrito sobre el tema dicen muchas cosas, normal al intentar aprehender y explicar una sociedad compleja y acelerada en el cambio, aunque no se conozca la dirección del mismo. Para aproximarnos a entender algo de nuestra sociedad, de lo que nos pasa y de lo que hacemos, puede servir algo de lo que parte Lyotard, dice en su obra “La condición postmoderna” que designa, la postmodernidad, el estado de la cultura tras las transformaciones que han afectado a las reglas de juego de la ciencia, de la literatura y de las artes a partir del siglo XIX y esas transformaciones se sitúan con relación a la crisis de los relatos y, con ello, se cuestiona la validez de las instituciones que están en la base de las relaciones sociales. En una simplificación podría decirse que “se tiene por postmoderna la incredulidad con respecto a los metarrelatos”, lo que significa que a los “decididores” de la sociedad sólo se les pide que sean operativos o que se vayan.

 

En realidad es una fuerte crisis social de lo anterior debida a diversos factores que llevan al hombre y a la sociedad a una situación de desconcierto y, sin saberlo el hombre actual, de huida, de irresponsabilidad, de vacío.

En cierta forma la razón que es “un reino vacilante, impreciso y oscuro” (Witehead), es como si se pervirtiese. Cuando sucede esto, se trastoca nuestro andar, el estado de las cosas, el orden natural y son sustituidos por otro orden que perturba, tergiversa la forma de entender y de actuar, y eso que va arraigando en la gente, en nuestras conductas, empieza a considerarse normal porque la sociedad lo asume así, y nadie se pregunta nada, a lo sumo se intenta que dentro del estado viciado de las cosas se vean menos, llegamos a la indiferencia vacía.

 

Al observar la sociedad, diferentes pensadores destacan en la misma: el hedonismo, el aislamiento, el egoísmo exacerbado, el vacío, …

 

La sociedad se atomiza, aparecen, de una u otra forma, lo que podrían llamarse microestados, la abundancia de derechos individuales sin contrapartida y frente al resto. En el fondo, sin saberlo nosotros cercenan las posibilidades de libertad real, ésta no la tenemos clara, no sabemos qué es ni para qué la queremos. Al mismo tiempo la sociedad de derechos es sumisa, pero la seducción de nuestro actual mundo, tras la revolución científico-técnica, nos atrapa, así, el brillo de las mercancías, el consumismo como fenómeno social masificado, acaba obnubilando la mente social. La libertad se reduce a elegir entre mercancías o a dominar a otros. Es como si un mundo se desvertebrase y cupiese todo cuanto las sociedades hacen racional o irracionalmente.

 

Y, sin embargo, creemos haber alcanzado grandes alturas en nuestra emancipación individual, para eso nos refugiamos en “lo nuestro”, lo hacemos exclusivo frente a los que decidimos son distintos y la cohesión social se va rompiendo. Nos une la “superpatria” de las mercancías y de sus marcas en la mundialización del sistema. Nos separa el resto.

 

Las causas de lo descrito y percibido por los que se dedican a intentar entender lo actual son complejas y las consecuencias, inmediatas y lejanas, no sabemos cuáles son.

A partir de este diagnóstico, descripción, percepción de nuestro mundo o como quiera llamarse, podemos empezare a reflexionar, es decir, razonar sobre esto.

 

Entre nosotros que vivimos en nuestra pequeña sociedad provinciana, en un lugar algo apartado de centro del que surgen las corrientes sociales que, en la mundialización del sistema, acaban llegando a todos los rincones, creo que tenemos, como pequeña sociedad, algunos de esos rasgos de la postmodernidad, se han ido imponiendo en nuestras conductas, no sé si superficial o profundamente.