PENSAMIENTOS FILOSÓFICOS
Santiago Ubieto
Todos los hombres tienen
capacidad para dedicarse a la filosofía. La esencia de todos los hombres es la
misma.
Filosofía,
etimológicamente: amor a la sabiduría. Esto supone el sentimiento de gozo
profundo cuando el hombre llega, si es posible tal cosa, a ser en la sabiduría,
pues eso es el amor.
Los filósofos griegos
decían que la sabiduría es propia de la divinidad.
Dedicarse a la filosofía,
buscar la sabiduría para vivir desde el acercamiento a ella, pues la totalidad
de la misma es en la divinidad.
Sabiduría: conocimiento
profundo, completo. Sólo es posible en el amor.
El filósofo busca la
verdad del ser en cuanto ser. Es un proceso de acercamiento para vivir el
hombre en su esencia, para ser hombre.
Ser, ser hombre. Vivir
desde y en las “potencialidades divinas”
(B. Russell). El hombre, ser frágil e infinito.
Los filósofos suelen dar
primacía a una forma de razón. No es suficiente para acercarse a la sabiduría.
La razón está ahí, pero
es imprecisa, a veces vacilante y difusa. Depende de los puntos de vista
considerados. Depende de los pre-juicios.
Para Platón: “El razonamiento es el diálogo del alma
consigo misma, que el pensamiento es el resultado del razonamiento”
(Sofista).
El diálogo del alma
consigo misma es movimiento del alma y en el alma, sentimiento.
Algunos filósofos
profesionales no llegan a la gente y lo que han alcanzado no saben compartirlo.
Bergson dice que es debido a que les falta emoción, ésta es comunicativa. La
emoción es un estado de ánimo, del alma, que se expresa desde ella y comunica,
comparte, es sentimiento. No llegan porque su razonamiento es incompleto.
Algunos filósofos
profesionales, con un razonamiento lógico impecable desde sus puntos de
partida, desde sus pre-juicios, están inmersos en un mundo que todo lo
condiciona, por lo mismo, también su razonamiento, el diálogo de su alma. El
razonamiento no es puro, es decir, no está “libre y exento de toda mezcla de
otra cosa” (diccionario de
En algunos se vislumbra
soberbia intelectual.
Nuestro mundo, y nosotros
en él, es complejo, asombroso, tremendo, infinito,… necesitamos explicárnoslo y
a nosotros, a mí, en él. Al hacerlo olvidamos lo fundamental, al hombre en su
fragilidad y en su grandeza. No construimos un mundo para el hombre.
Más allá de mí, la
búsqueda del ser en cuanto ser no es posible.
Más allá de mí, en la
búsqueda del ser en cuanto ser, el mundo en el que soy. Mi esencia, mis
potencialidades son las mismas que poseen todos los hombres. Mi mundo es el de
todos los hombres. Mi ser es el mismo que el de cualquier otro hombre, entonces,
puedo acercarme al mundo entero.
Palabras anticuadas y
conceptos tergiversados hoy: ser, conciencia, libertad, alma, amor, fe
espíritu, razón,… Dios. Las hemos vaciado de su espíritu.
El idioma es una
construcción social, por eso cambiamos los significados de las palabras según
las corrientes sociales del momento.
El lenguaje ensancha o
constriñe el mundo. “Los límites del
lenguaje son los límites del mundo y los límites de mi lenguaje son los límites
de mi mundo”. (Wittgenstein). “El
lenguaje es un instrumento. Sus conceptos son instrumentos. Los conceptos nos
guían en las investigaciones: son la expresión de nuestros intereses y dirigen
nuestros intereses” (Wittgenstein).
El hombre en su esencia
también es un ser social.
Si la sociedad no
funciona bien es porque el hombre ha pervertido y viciado, en parte, su
esencia. La soberbia humana impregna todo nuestro mundo. Volver a la esencia
pura, al verdadero hombre es una de las misiones de la filosofía fuera de sus
reductos y de sus élites funcionariales.
El hombre no crea la
sustancia. Mi sustancia ha sido creada. El azar. Dios. Mi sustancia es
resultado del azar. Mi sustancia es divina.
Es más difícil demostrar,
con las formas al uso, la no existencia de Dios
que su existencia.
La forma de razonamiento
que empleamos no es suficiente para demostrar la existencia de Dios. Nuestro
razonamiento parte de pre-juicios.
Con estas formas de
razonar aceptan la existencia de Dios quienes, antes de razonar, ya creen en
Dios. La no existencia de Dios es cierta para quienes, antes de razonar, no
creen en Dios.
La fe no es creer
irracionalmente, esto sucede cuando no se da el proceso del razonamiento, del
diálogo del alma consigo misma y se parte de ideas previas no cuestionadas. La
fe es, simplemente, entender y saber desde el alma. Es, pues, movimiento del
alma y en ella, sentimiento, pero también razonamiento desde el diálogo del
alma. Es diferente de la intuición.
Spinoza explica,
demuestra la existencia de Dios a priori (En el Tratado Breve).
Dios es.
Siendo la esencia de
todos los hombres la misma, el entendimiento desde el alma debe llegar a lo
mismo en los hombres. Así podemos construir el mundo para el hombre.
No es posible, si la fe
es lo dicho antes, creer o no creer en Dios. Una de las dos formas de entender
desde el alma está equivocada. Será necesario recurrir al hombre en lo que es y,
en ello, también al sentimiento puro.
El sentimiento es la
impresión que una cosa produce en el alma. El hombre siente y se percibe vivo.
Lo que se expresa de alguna manera es el estado de ánimo, del alma.
El sentimiento es un
movimiento del alma y en el alma. Se produce en ella como lugar y como modo.
El sentimiento puro es el
que no está mezclado con otras cosas. El que es libre y total, no condicionado
por algo ajeno al sentimiento en sí, el que corresponde al hombre completo y
consciente desde su esencia.
Puede decirse que es el
estado del alma desde la conciencia clara, limpia y total del hombre, del
hombre pleno en sus potencialidades e impulsa a vivir en la totalidad.
No debe olvidarse que el
hombre es tal en cuanto está en el mundo, en comunicación con el mundo, por
tanto sensible al mundo.
El sentimiento, como
movimiento que es, impulsa a la acción.
La acción la entiendo
como un proceso del alma y la actuación visible, tangible no es más que la
plasmación hacia el exterior de un movimiento previo del alma, este movimiento
procede del sentimiento y se percibe por el mismo.
No es la libertad en sí
lo que nos impulsa a actuar, es el sentimiento de libertad.
La libertad al consistir
en la capacidad del hombre para actuar o para no actuar cuando puede hacerlo,
con responsabilidad ante su actuación u omisión, está impulsada por el
sentimiento, por el movimiento del alma.
La libertad individual está
en la esencia del hombre. Hegel llega a decir que la libertad es una forma de
razón.
Sin hombres que vivan en
libertad no puede haber sociedades libres. Sin sociedades libres el hombre no
puede alcanzar su plena libertad. Sólo puede construirse una sociedad
verdaderamente libre a partir de hombres que vivan en libertad.
El fin de la libertad es
la plena realización del hombre desde su hacer, desde hacer cada uno lo suyo,
lo propio. Se alcanza cuando el quehacer de los hombres se dirige al bien
común.
La libertad social
necesita la verdadera justicia.
Más allá de la libertad,
pero únicamente viviendo en libertad, está el hombre total, desarrollado en
todas sus potencialidades, cada individuo y la sociedad, el hombre.
La justicia, condición
para una sociedad libre, se agota en sí misma, pero los límites de la libertad
no sabemos cuáles son.
La verdadera justicia es
la virtud social que realmente hace a los hombres iguales y, por lo mismo,
permite e impulsa la construcción de la libertad social.
El ser ahí, el ser con,…
no es eso. El ser en los otros.
Si en la esencia del
hombre está su ser social, sólo se puede ser hombre en lo Otro y en los otros.
Aparece la moral. La
bondad o maldad de las acciones humanas. Normas que indican y obligan, con
frecuencia procedentes del dios construido en cada momento, cambiante como los
momentos. Es un error.
Es tan sólo un asunto de
desamor y, desde eso, de abandonar lo propio de cada uno que es lo mismo en
todos y no tratar de vivir desde la verdadera esencia.
En todo ello la soberbia
como origen. Está en la naturaleza del hombre porque en su esencia está la
libertad, lo mismo que el amor,… todo cuanto es.
El hombre endiosado es el
que cree poder elevarse por sí a lo que entiende por divinidad, que sólo la
concibe como poder. Es el que en su enfermedad pretende estar por encima del
mismo poder y poseerlo por derecho propio para dominar a los hombres, a la
naturaleza y hasta al mismo universo que desconoce. También subyace el
sentimiento viciado.
Una sociedad soberbia es
la que actúa, lo sepa o no, situándose por encima de todo desde el poder que
como sociedad cree que le corresponde por alguna clase de derecho exclusivo.
En este sentimiento se
dan la contradicción y la paradoja.
En la contradicción somos
sumisos y soberbios. La contradicción, desde lo que afirmamos y negamos al
mismo tiempo, nos destruye. Es lo que conlleva la antítesis cuando no somos
capaces de llegar a una síntesis liberadora.
La paradoja es que
creemos poseer el poder, con apariencia de verdadero, cuando nada hay más lejos
de nosotros y, frente a la opinión social, nos lleva al absurdo y, en él, al
caos.
Olvidamos que tenemos un
tiempo.
El tiempo es la duración
de algo. Es movimiento. Parece correr a saltos.
El tiempo de conciencia
es el de buscar el yo, el de reconocerse el espíritu en sus atributos
esenciales.
Tiempo para ser, el
tiempo infinito sin tiempo.
El tiempo infinito no
tiene fin, es el de la transformación hacia la totalidad.
El tiempo de la eternidad
es el tiempo del no tiempo.
El tiempo infinito es el
de los hombres, se une al tiempo eterno y acaba siendo el tiempo del ser. En él
el movimiento es de tal magnitud que se convierte en quietud.
La quietud del ser, que
es movimiento infinito, es posible porque procede del movimiento integrador e
integra también el espacio.
Queremos evitar el futuro
porque no sabemos ser hoy.
El tiempo de silencio es
infinito cuando llega al alma.
Sólo es posible tener
conciencia del tiempo a partir del silencio.
Sólo es posible tener
conciencia del yo a partir del silencio.
Tiempo: también es la
duración de lo que falta. Lo que nos falta somos nosotros, el yo. Nos falta lo
que omitimos.
El tiempo que falta para
alcanzar el yo, pero con un tiempo infinito que es un no tiempo en la quietud
del movimiento total.
¿Es posible el no tiempo
con conciencia del yo? El ser está en el límite, en el no tiempo, en la quietud
del movimiento total.
El no tiempo se produce
en un espacio que no es espacio.
La velocidad infinita en
un espacio es el tiempo cero.
La velocidad cero supone
un tiempo infinito dentro de un espacio.
El ser en la quietud del
movimiento infinito abole el espacio y el tiempo.
El tiempo del hombre es
el tiempo del ser, es la totalidad de cada uno en lo Otro y en los otros.
El tiempo total es tiempo
de amor.
Amor, sentimiento de
unión con lo amado, sentimiento de alegría profunda al ser uno un todo con lo
amado. Es vivo, sentimiento, movimiento en la propia vida y desde la vida en la
que somos.
Para la unión total se
necesita pureza, es decir, eliminar lo que enturbia, lo que es ajeno y extraño
en uno ante otro. Unión es conocimiento en y desde. Unión es formar, ser un
todo con.
El amor, sentimiento de
gozo profundo nos permite sabernos vivos en el amado.
El amor es ascendente.
El amor es expansivo,
debe ser universal y generador de vida, necesita co-crear para crecer en su
gozo.
El amor conlleva la
libertad total.
El tiempo de amor es el
tiempo de lo infinito.
La necesidad del hombre
desde el amor de unirse, de ser él y de ser uno con todos y en todos en el
sentimiento pleno sin límites, suspende el tiempo.
La belleza en sí (Platón)
en el amor. La belleza en sí impulsa al amor porque procede del mismo amor y
está en él.
Amor como unión, como
sentimiento, como movimiento del alma que impulsa a unirse con todo en la
plenitud del gozo. El todo sólo puede ser lo excelente.
Amor como lo que de la
vida asombrosa hay en la vida en la que somos y en la belleza pura, infinita
que es la vida.
La vida en su perfección,
alegría, belleza,…
La vida llena de
sentimiento, razón, imaginación,… amor que nos trasciende, nos une en todo lo
que somos todos y en el amor.
El amor, gozo en la unión
plena, está en el origen de la vida. Expansivo por su misma naturaleza hace
surgir las mil formas de la vida única, los millones de seres para el gozo
completo de esa vida y en ella.
Tal vez, frente a lo que
produce nuestra soberbia, el Universo sea simplemente una grandiosa obra de
amor y nosotros, los hombres de