LIBERTAD Y
HOMBRE DE HOY
Santiago
Ubieto
Hoy, en algunas sociedades modernas, en
lenguaje más actual: postmodernas o, si se quiere, más allá de lo postmoderno,
en lo metapostmoderno, se manifiestan y evidencian actitudes confusas e
insatisfacciones profundas. Es como si el hombre estuviese desestructurado, más
que eso, es como si, tras su andar por el mundo durante siglos, el hombre
culminase no haber sido capaz de encontrar su razón de ser. Culmina ahora
porque es nuestro momento. Culmina en cada momento de cada generación de
hombres, en nuestro caso nuestro momento es hoy, es hasta donde hemos llegado y
es cuando nosotros vivimos.
Esto se percibe al observar nuestro, cada vez,
más convulso mundo que al mismo tiempo parece estar detenido y pretende,
incluso, casi ni tener historia. La historia que nuestro mundo cuenta, muchas
veces y en muchos lugares, la tergiversa, la reescribe, la reinventa y es la
que nos explica.
Podemos reflexionar y podemos meditar sobre
numerosos aspectos del hombre, pero hacerlo sobre la libertad que, suelen decir
los hombres, está en lo más alto de sus deseos profundos puede resultar, no sé
si clarificador, pero sí agitador de las aguas aparente y pretendidamente
tranquilas por las que creemos fluye nuestro estar.
Vamos a intentar considerar detenidamente, lo
que no significa extensamente, el tema propuesto y vamos a intentar aplicar con
atención el pensamiento al hombre de hoy y a su libertad, a nuestra libertad.
Dedicar un poco de tiempo a reflexionar sobre
la libertad y el hombre de hoy es una tarea ardua que no sé si seré capaz de
llevar por buen camino a un final, quizá a un principio, consistente.
El punto de partida de esta reflexión es la
consideración amplia de la libertad de cada uno, de nuestra libertad, de mi
libertad y de si nosotros, cada uno somos verdaderamente libres como individuos
y si las sociedades en que estamos y conformamos cada uno y entre todos son
libres, si propician el desarrollo de cada hombre en verdadera libertad o si
por el contrario nos constriñen y cercenan y hasta si, en ocasiones, muestran
tics totalitarios o fascistas.
Nosotros, la mayoría de los individuos del
Occidente desarrollado económicamente, solemos estar convencidos de que vivimos
en sociedades libres y somos hombres libres. Quizá debería ser suficiente
decir: hombres pues abarca todo. Decir hombres libres es adjetivar; la libertad
no es un adjetivo que como tal se refiere a alguna cualidad de la que uno puede
revestirse, que califica a un nombre, es una facultad inherente al hombre, a
todos y cada un de los hombres. Que la libertad esté clara y desarrollada en
nosotros es una cuestión distinta.
Libertad.
En esta primera consideración amplia de la
libertad, una aproximación a su sentido, de manera sencilla y breve, puede
permitirnos entenderla como: la posibilidad, la facultad que tiene el hombre de
actuar, también de no actuar y, además, siendo responsable de lo que hace y de
lo que no hace. Al decir facultad de no actuar debe entenderse que pudiendo
hacer algo, el hombre, no lo hace; la omisión entra en la libertad. No digo
debiendo hacer algo porque todavía no sabemos si el hombre que desea vivir en
libertad tiene la obligación de actuar pudiendo no hacerlo.
Vivir en libertad es distinto a vivir con
libertad. En libertad, en: como lugar o como tiempo durante el que se vive, es
consustancial al vivir del hombre, está en él; para vivir el hombre como tal
sólo puede hacerlo en libertad, cuando no es así algo importante falta en él. No con libertad,
así lo expresan algunos, con: un medio o un instrumento que, tal vez, no se
tiene y puede adquirirse para realizar algo, con libertad, con sería pues un
medio que puede adquirirse porque no se tiene, o no adquirirse, no sería
esencial al vivir completo del hombre. La libertan es una facultad innata,
dentro del hombre y como todas las facultades que se poseen puede estar
desarrollada o puede estar dormida o castrada.
Hay gente que suele entender por libertad algo
ambiguo y confuso, aunque diga lo contrario. Para muchos es un mero derecho
formal que nuestras sociedades especifican y limitan en numerosos aspectos de
nuestro actuar, nunca del no actuar y creen, esos muchos, que en los límites
establecidos por la ley se encuentra la libertad, no la consideran
consustancial al hombre, para ellos procede de la ley, de fuera del hombre, les
han dado la libertad. Muchos la entienden, más que algo propio de cada uno y
vital para ser, como un derecho más que les otorga la sociedad para la
expansión propia, individual, sin más, dejando en segundo plano a la sociedad
pues son las limitaciones formales, las leyes, las que se ocupan de ella.
Olvidan, esos muchos, que con unas u otras leyes todos estamos inmersos en la
sociedad seamos conscientes o no y estemos muy o nada identificados con nuestra
propia sociedad. Para muchos la responsabilidad social y ante la sociedad no se
piensa, no se plantea, no existe. Es algo bastante generalizado en el hombre
occidental de hoy.
Cuando se le pregunta a la gente, a cualquiera:
un camarero, un vendedor, un enseñante,... por la libertad, si se sienten
libres suelen contestar que sí, si se les pide que expliquen algo más no lo
tienen muy claro, las respuestas son diversas: no depender de nadie, hacer lo que
deseen, poder expresarse sin cortapisas,... machos asocian la libertad con
tener dinero, con tener poder pues permite, dicen, hacer lo que ellos quieran.
Rara vez las respuestas van mucho más lejos y cuando alguien dice algo más es
tan sólo de forma teórica o intelectual y en sus vidas distan mucho de buscar
la libertad que explican. La omisión nadie la considera, la responsabilidad
pocos y, en consecuencia, la sociedad tampoco las valora.
A partir del supuesto, tan sólo teórico y que
realmente es una sofistería entre nosotros, de sostener con seriedad que todos
los hombres somos iguales, que nadie tiene derecho alguno o privilegio sobre
otros hombres y nuestro necesario e inevitable vivir en sociedad, ésta suele
limitar la capacidad de actuación de los individuos poniendo límites
imprecisos, leyes diferentes según los lugares, que suelen conformar y
satisfacer a la gente.
No vamos a tratar aquí de los límites a la
libertad individual que establecen los estados, el poder oficial, lo que Stuart
Mill llama libertad social o civil y Berlin habla de libertad política, por no
citar a otros muchos importantes autores y tratadistas. Tampoco vamos a repasar
los más de doscientos significados de libertad que recuerda Berlin, tan sólo
vamos a meditar brevemente sobre la libertad y el hombre actual, el hombre de
Occidente, sobre todo el europeo, sobre nosotros y donde políticamente más se
ha desarrollado la idea de libertad como aspecto importante en la vida de los
individuos sociales, donde se han establecido numerosos derechos y leyes.
Se ha escrito mucho sobre la libertad, con
seriedad, rigor, profundidad,... por lo que resulta difícil aportar algo nuevo.
No pretendo que esta meditación sea otra cosa que una consideración sincera y
sin condicionamientos de aspectos de nuestra hoy, y eso hasta donde pueda
llegar en este momento. El tema es tan serio y profundo, pero sobre todo vital,
que es difícil abarcarlo en su totalidad y ni aun siquiera sé si en lo más
importante para algunos. Esto puede suponer discrepancias con otros y
posiblemente rebasar los límites de la socialmente satisfactorio, de corrientes
de opinión muchas veces ligeras y con poco contenido real, muchas veces simples
frases con fortuna, titulares llamativos y poco más.
La libertad es una facultad inherente a los
hombres, de cada uno por separado, individual, pero también es necesariamente
una facultad colectiva, de la sociedad. Ésta contribuye al desarrollo de las
potencialidades de los hombres cuando propicia la libertad y como sociedad vive
en libertad y en el caso contrario contribuye a reprimir y constreñir el
desarrollo de cada individuo y de la sociedad como tal cuando la organización
social es represiva en mayor o menor grado. Dada la actuación de los hombres y
de las sociedades éstas tienden a limitar legalmente la libertad de sus
miembros por numerosas razones. Las limitaciones siempre se establecen
arbitrariamente y dependen de lugares, países, épocas, culturas, etc.
Entre los tratadistas y pensadores hay
acuerdos sobre algunas de las
limitaciones que establecen los estados, también hay desacuerdos. Existen
numerosas explicaciones y teorías acerca de esta forma de actuar los estados,
realmente de quienes detentan el poder de los estados en cada momento, hombres
como los demás. Existen también teorías sobre cómo deberían actuar los estados,
los gobernantes, acerca de lo que deberían limitar y lo que no deberían
limitar, acerca de lo permitido y lo prohibido.
Es, sobre todo, a partir de Hobbes cuando se
explicitan la capacidad y el poder del estado sobre los individuos tras un
primer y único acuerdo entre ellos; anteriormente, con la idea más difusa del
estado, la actuación coercitiva se daba como norma y derecho de los gobernantes
de manera natural en ellos.
En las explicaciones y teorías actuales rara
vez se cuestiona el sistema social y económico existente, tal vez la excepción
son algunos pensadores marxistas.
No son únicamente los estados, por medio de los
gobernantes, quienes establecen limitaciones formales, leyes. Siendo preciso
debería decir que son los órganos legislativos quienes con independencia del
gobierno establecen las leyes, pero parte de Occidente ya sabemos cómo funciona
la independencia de los distintos órganos del estado. Las propias sociedades
suelen establecer otros límites a la actuación de los individuos no regulados
inicialmente de manera formal, son límites a los usos, a las conductas de sus
miembros, incluso dentro de un mismo estado distintas regiones y lugares
establecen sus propias pautas acerca de lo permitido y lo prohibido o de lo
obligatorio y exigido a los de esa región, aunque esté prohibido en otros
lugares del mismo país o aunque lleguen a ser contrarias a las normas y leyes
del propio país. Cuando tienen capacidad para ello o, aunque no la tengan,
según el país, se la toman y esas regiones convierten sus usos en ley de
obligatorio e inexcusable cumplimiento en ese territorio; aunque atenten contra
la libertad real de muchos individuos o de sectores importantes de la sociedad.
Recordemos los nacionalismos, verdaderos movimientos fascistas con frecuencia
según los rasgos que suelen aceptarse para definirlos[1], los religionismos sobre
todo en países teocráticos, los racismos, los problemas de los inmigrantes,
etc.
Otras facultades del hombre no se consideran
con esta trascendencia, pero al estar en juego la posibilidad de actuar de una
forma u otra y las consecuencias de esa actuación, la importancia y el riesgo
para la sociedad y para determinados intereses particulares hegemónicos en esa
sociedad es clara. Esto no significa que las sociedades no deban acordar los
límites a ciertas posibles actuaciones. Esto ha sido ampliamente tratado.
Pero al hablar de libertad no sólo debemos
pensar en la libertad social, hay que considerar igualmente la forma de vivir
en libertad cada individuo. Puede haber una sociedad que propicia en gran
medida las máximas condiciones de libertad
y en ella individuos incapaces de vivir en sí mismos en libertad debido
a problemas individuales que tendemos a considerar enfermedades o, simplemente,
la gente no sabe para qué la libertad.
Nuestra meditación se va a centrar en algunos
puntos de interés para intentar aclararnos en nuestra libertad individual y
social, para tratar más delante de recoger una idea, que de momento podemos
llamar vital, de la libertad.
La
sociedad del hombre de hoy.
Las formas sociales son construcciones de los
individuos a partir de valores, principios, conductas, creencias, etc.
arraigados en la gente. Los cambios sociales suelen ser lentos en lo profundo,
para algunos cambios las sociedades necesitan siglos y ni aun siquiera los
cambios se producen en todo, hay valores arraigados desde antes de la historia
que persisten, así: la depredación humana, la enfermedad de poder,...
Actualmente los cambios sociales son rápidos en lo superficial en un mundo,
como el nuestro, instalado en la inmediatez, las causas son múltiples; la
velocidad del cambio parece disminuir y es así en lo ya establecido pero no en
movimientos menos visibles que tienen otra dimensión del tiempo, así: la inmigración
incesante, en aumento, cuyas consecuencias para la sociedad instalada, para
nosotros, son difíciles de percibir.
Algunas de las cosas que caracterizan a nuestra
sociedad son no ya el cambio sino la
velocidad del cambio y la dirección del cambio. La velocidad del cambio está
propiciada por lo que podría llamarse revolución científico-técnica que impulsa
avances técnicos plasmados en: las mercancías que empujan al consumismo sin
sentido, las comunicaciones, la información, la innovación constante que se da
en todos los ámbitos. Todo ello incide en nuestra percepción del mundo, en
nuestros valores, en nuestra forma de vivir y de entender la vida, en cómo
entender al hombre, si es que somos capaces de entenderlo, y con él la libertad
entre otras facultades inherentes al hombre.
Ante el mundo nuevo de las cosas que aparecen
constantemente la actuación del individuo cambia, lo mismo sus valores, su
moral, sus creencias, las formas sociales. El problema, uno de nuestros
problemas hoy es la dirección del cambio y con ella nuevas posibilidades de
transformación, de construcción individual y social, uno de los problemas que
continúa, pero ahora bajo nuevas formas, es el de la libertad, no formas de
libertad pues está por encima de las formas, es el problema del enmascaramiento
y el engaño de lo que creemos nuestra libertad.
Continúa como problema porque nunca, en todos
los siglos de historia, lo hemos resuelto, pero no es el único, aunque sí de
suma importancia, pues hemos construido una sociedad llena de problemas que nos
encontramos ahora y no vemos, en nuestro caso, hoy, es a partir de lo que
evidencia nuestra sociedad: nuestro vacío, nuestra inanidad, nuestra
indiferencia vacía. Son problemas por una razón simple: nuestra libertad,
nuestra justicia,... nuestro ser hombres no los hemos resuelto.
El hombre occidental de hoy se ha explicado
intelectualmente de muchas formas, rara vez vitalmente. Se ha dicho de él que
es extraño al desencanto, hedonista, individualista, vacío, etc. Las
adjetivaciones aplicadas reflejan las transformaciones sociales y del individuo
en lo no esencial, en cualidades adquiridas y cambiantes que proceden de los
cambios del mundo por medio de las cosas, del mundo de las mercancías
inagotables que nos desborda por lo que ya tenemos y por lo que deseamos
creemos está a nuestro alcance.
En
realidad lo que hacemos es poner barreras llenas de seducción: nos seduce el
consumismo, nos seducen los avances técnicos por todo lo que nos reportan, nos
seduce la ciencia por lo que fabulamos sobre ella, nos seducen nuestros
derechos individuales y los nuevos que exigimos constantemente porque creemos
que a eso se reduce la libertad a la que también tenemos derecho y por lo tanto
nos han de regalar, nos seduce nuestro hedonismo porque sólo buscamos seguir
huyendo de nosotros. Nos dejamos seducir por todo, por las cosas y en el juego
de la seducción hacemos dejación de nuestra voluntad y con ella, una vez más,
de nosotros.
Se impone la ideología del utilitarismo, del
consumismo, de los derechos sin contrapartida, del estar; también del temor, a
veces larvado, que nos ocultamos a nosotros mismos tras las cosas, temor a lo
incierto y huimos, temor a nosotros mismos y no somos. Es nuestra manera de
vivir en libertad.
Las sustanciales mejoras materiales alcanzadas
por una parte importante de la sociedad occidental, a costa de las inmensas
sociedades periféricas, son nuestro logro, nos autocomplacemos, aspiramos a más
mejoras materiales. Es parte de lo que creemos nuestra libertad.
La ideología hoy la transmiten: la ciencia que
no es neutral, la técnica, las mercancías, las organizaciones mediáticas,... y,
siempre es la misma ideología vacía, la ideología carente de ideología, carente
de ideas, la ideología carente del hombre, la ideología carente de sociedad.
No son los discursos razonados y estructurados
los que hacen mella en el hombre, lo que le llega es aquello que percibe de
forma tangible o lo visible y alcanzable en su creencia, es su andar social.
"No es la conciencia de los hombres lo que determina su existencia, sino
que por el contrario, su existencia social determina su conciencia"[2]. El viejo Marx lo
anticipó. La existencia social del hombre de hoy determina su conciencia.
La existencia social del hombre de hoy es
compleja, como la sociedad y es simplista, como el vivir del individuo por y
para las cosas y es sobre todo inconsecuente, como vive y está el individuo que
se niega a sí mismo en lo profundo, que se niega a ser hombre.
Los pensadores de la postmodernidad en su
intento de describir y entender lo que pasa en la sociedad reflejan fragmentos
del complejo todo social, pero la postmodernidad está superada por las
peculiares dinámicas sociales. Si para algunos pensadores[3] P. K. Dick en su conocida
obra de 1.968: "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?",
llevada al cine en 1.982 con el título de "Blade Runner" intuye lo
que llega, la realidad se complica en otras direcciones y tal vez algunos años
antes Huxley y Orwell apuntan más al fondo de la sociedad actual.
Lo que está más allá de lo postmoderno, lo
metapostmoderno, los nombres engañan y nos alejan, a veces, de la realidad.
Estamos, vivimos en lo moderno, cada hoy es lo moderno, lo actual aunque quiera
el hoy de algunos huir a un pasado reinventado; más allá de lo postmoderno es
hoy y el hoy, el que debemos afrontar vitalmente, es complejo y aterrador en lo
subterráneo por lo que hacemos, por lo que no hacemos y por lo que estamos
preparando para la sociedad que viene, aunque no seamos conscientes y huyamos
de todo.
Lo que se vislumbra es la desestructuración, la
desintegración a partir, no de la integración del hombre en cuanto tal y en la
sociedad integrada, es decir, el hombre completo y la sociedad completa sin que
falte nada, pues el hombre nunca ha vivido integrado ni en sí ni socialmente.
Lo que se percibe es a partir de algo que podría entenderse como verdadera
ruptura institucional de algunas instituciones de siglos y globales en el mundo
occidental, instituciones que ya no funcionan de acuerdo con el fin con que
durante siglos fueron construyéndose y no tienen que ver demasiado con lo que
hoy pensamos y valoramos en nuestra sociedad; en realidad instituciones
arcaicas, útiles por conveniencia, que nunca han estado arraigadas en lo hondo
de la gente aunque sí han tenido un papel cohesionador en la superficie de la
sociedad durante siglos en la siempre convulsa Europa. Hay otras instituciones
que permanecen con fuerza.
En los cambios que se producen en los distintos
sectores y fragmentos de la sociedad aparecen ideas y expresiones que anticipan
algo más amplio y generalizado a la sociedad, los correspondientes
"expertos" al buscar expresar lo que sucede en esos trozos de la
sociedad la anticipan sin saberlo.
Sirva un ejemplo: los que se dedican a teorizar
sobre la organización de empresas, "expertos" en un fragmento de la
sociedad, con frecuencia y a partir de lo observado por ellos, cuando intentan
explicar y comprender cómo y hacia dónde se dirigen las organizaciones
empresariales, algunos de ellos, hablan de ruptura institucional en un sentido
aparentemente distinto al dado aquí. Lo que vienen a decir esos teóricos es que
lo tradicional, para ellos lo ya antiguo, se rompe en las formas de las
corporaciones y sociedades empresariales, en las de la gestión y dirección,
también en lo que ellos llaman ruptura de la cadena de valor tradicional, es
decir, de la producción, donde se encierra un mundo que, en cierta forma, creen
pequeño y la ruptura origina nuevas formas de actuación, de pensamiento, de
valores que acaban llegando a la sociedad y siendo aceptados. Se aceptan como
buenos conceptos y hechos de la llamada globalización, no se piensa en el
individuo como tal, como hombre, sino como un medio, un instrumento más al
servicio del capital para que siga creciendo y quienes detentan el poder y
luchan por él, el del capital y su control, lo logren mayor y a nosotros, los
del centro del sistema, nos proporcione más mercancías.
Tras eso se transmite, y la sociedad acepta,
una ideología supercapitalista, insolidaria, destructiva del hombre y de
algunas sociedades al plasmarse en actuaciones que ignoran cualquier derecho de
los individuos "globalizados" y les roban no sólo sus rentas, su
trabajo, sus vidas, sino su libertad. Esas rupturas contribuyen a la
fragmentación social y al mantenimiento de la esclavitud real y de la
semiesclavitud bajo la idea opuesta de globalización; contribuyen a asentar la
idea de individualismo insolidario, de obtener únicamente el propio beneficio
sin importar nada más. Desvertebran, esas rupturas, un mundo para tratar de
vertebrar otro y cohesionarlo por medio de las mercancías que tienen identidad,
marca y tiende al monopolio empresarial y mental en la gente como algo
beneficioso, esas mercancías, esas marcas, esas empresas se convierten en la
patria de todos. Uno participa de lo mayor del mundo, uno cree sentirse seguro
y libre.
Al mismo tiempo en lo político reducimos y
fragmentamos el mundo y aparecen o reaparecen pequeños estados que se separan
del mayor, nuevas lenguas muy minoritarias y exclusivas o con siglos de desuso
que imponen y nos convierten en más pequeños y fragmentados social y
mentalmente, en más seguros frente a lo que hemos decidido distinto en las
formas "propias" que reinventan esas sociedades, nuestro horizonte
mental y vital se estrecha y limita y nuestro razonamiento difícilmente llega a
ser abstracto, universal y libre. Perdemos posibilidades de libertad real. La
forma, la nueva forma reducida es todo, es la identidad nueva y reinventada de
pocos con derechos exclusivos para esos pocos. Al distinto le tememos y nos
enseñan a odiarle. Por eso las marcas, las mercancías mundializadas se
convierten en la nueva patria común que necesitamos y en los vínculos de los
distintos con el mundo. Las mercancías son la uniformidad, son lo igual, son
también poder sobre otros, en especial sobre los "globalizados", son
valores sociales[4]
y lo aceptamos porque llega así, nos conviene en nuestro utilitarismo y creemos
que no tienen entidad política, pero la tienen.
Los cambios se producen imperceptiblemente, las
instituciones no arraigadas, de siglos, se rompen y tan sólo persisten las
arraigadas que únicamente han cambiado en sus formas, son más sofisticadas y
refinadas, pero en el fondo no han cambiado: guerras, robos legales, engaños y
estratagemas para conseguir cosas como poder o riqueza, modos de producción: se
ha pasado del esclavismo al capitalismo, etc. Perviven las instituciones que
estrangulan y castran la libertad salvo los intentos para establecer las
democracias formales o ciertos sistemas de libertades que, aun corrompidos en
las formas, por lo menos tienden a propiciar ciertos grados de libertad en la
sociedad; otras instituciones que se mantienen atentan contra la libertad y aun
con mayores grados de libertad social y política en las democracias formales o
en los sistemas de libertades formales, esas instituciones que perviven han
contribuido a establecer un sistema social y económico, el único existente hoy,
que en su esencia y naturaleza es castrador de la libertad de los individuos y
vive, el sistema, de eso. En estos casos no se produce ruptura institucional
alguna.
Recordemos que las instituciones son
construcciones de los hombres que estructuran las relaciones entre ellos y sus
conductas, comportamientos, etc. son sus valores compartidos y si esas
instituciones que van directamente contra la libertad permanecen con fuerza es
porque están profundamente arraigadas en la gente.
Los cambios hoy, la construcción más o menos
deliberada de nuevas instituciones son fruto de la aceleración, de nuestro vivir
en la inmediatez, de nuestro temor, de nuestro miedo profundo a la auténtica
libertad. Cambios acelerados por el incesante avance cintífico-técnico que son
del momento, efímeros y tan sólo influyen en la gente de su momento, en
distintas gentes que conviven con distintos valores y formas de vivir
procedentes de su momento fugaz, formas y valores contradictorios en diferentes
generaciones del mismo tiempo en confrontación por incomprensión de lo profundo
del hombre. Son formas y ocultamos el fondo, valoramos las formas o intentamos
cambiar el fondo ante lo nuevo que nos deslumbra, es un fondo sin base sólida y
racional, pues el verdadero, el del
hombre sin atributos externos, es el mismo siempre. El del hombre que, tras
tantos siglos, no hemos sabido construir. Cambiamos los valores, su sentido;
cambiamos nuestra idea de libertad porque real, vital y profundamente no
vivimos en libertad.
Las formas se confunden con el fondo, vivimos
tan sólo en las formas, éstas cambian en la medida en que lo hace la técnica,
en que lo hacen los valores sociales porque
sí, porque simplemente creemos que nos producen mayor satisfacción y más
placer en lo inmediato o porque no somos capaces de entender y huimos. Explica
E. Fromm que aparecen una especie de mecanismos de evasión: el
"autoritarismo" y la "destructividad" como eliminación del
objeto y en ello lo que llama conformidad automática, "el individuo deja
de ser él mismo y adopta la personalidad que le proporcionan las pautas
culturales... la discrepancia entre el yo y el mundo desaparece"[5].
También cambia lo que ha dado cohesión externa,
no profunda, a nuestro mundo durante siglos, pero no lo sustituimos por algo
mejor, el cambio que parte de nuestra destrucción, no de la evolución, hace que
la sustitución sea por algo más cómodo o más placentero o por algo que creemos
más seguro. Vuelvo a Fromm dice que la sociedad moderna respecto del hombre:
"por un lado lo hace más independiente y más crítico, otorgándole mayor
confianza en sí mismo, y por otro, más sólo, aislado y atemorizado"[6].
El hombre no busca su libertad para construirse
en todo su inmenso y desconocido potencial y en sus limitaciones, desconocido
porque las modas y las formas y el utilitarismo no aceptan ciertas facultades,
"los valores éticos, estéticos y religiosos no se crean, sino que están
ya, previamente a todo; al individuo sólo le cabe captarlos"[7], hay más no ya valores
sino facultades que son diferentes a
nuestra actual razón y a una lógica determinada. El hombre occidental
cambia su posibilidad de ser hombre, en ella está incluida su posibilidad de
vivir en libertad, por derechos insolidarios y desestructuradores que le llevan
a lo que cree su tranquilidad y no la encuentra, necesita más derechos y más
específicos, cambia la posibilidad de libertad por mercancías, tras ellas el
fetichismo insinuado por Marx, el consumismo como enfermedad, el poder, la
ideología sutil de la no idea y de la negación de la ideología, la
irracionalidad.
El hombre de hoy oculta lo irracional bajo
derechos incuestionados y leyes, ante eso no admite el diálogo, no se trata de
derechos racionales o irracionales, de leyes justas o injustas, son derechos,
son leyes y con eso basta. No hay forma de dialogar y de ahondar en cada uno.
Somos inmunes a todo. Carecemos de responsabilidad por nuestros actos.
Carecemos de sentido de lo justo. Nuestros derechos, nuestras leyes son todo.
Hacemos dejación de nuestra responsabilidad, se diluye en toda la sociedad,
nadie es responsable de las atrocidades sociales y así no podemos tener conciencia.
Hacemos dejación de nuestro sentido de la justicia, se diluye también en la
sociedad. Hacemos dejación de nuestra libertad, nos engañamos.
Pero el hombre de hoy también es resultado
directo de su pasado, del pasado de la sociedad. Conocemos por la historia las
barbaridades continuas cometidas por los hombres, eso nos permite ver que lo
único que persiste con vigor es la depredación del hombre por el hombre en sus
numerosas variantes y arraigada con fuerza como valor moral y norma de conducta
aplaudida por la sociedad[8]. Hemos establecido la
violencia física, moral y legal, el dominio de unos sobre otros como pauta de
comportamiento, como valor moral supremo, aunque lo ignoremos o lo neguemos, de
ahí el triunfo actual del capitalismo que por la lógica del sistema tiende claramente al capitalismo monopolista.
De ahí nuestra necesidad de establecer lugares exclusivos con derechos
exclusivos.
No hemos aprendido de nuestra propia historia,
de nuestro pasado común, el de todos, el de cada uno, de los siglos de
violencia y de injusticia y no queremos aprender, no lo queremos entender, no
lo queremos asumir y lo repetimos. No nos queremos entender y queremos dominar
y aislarnos en nuestros privilegios de dominadores por nuestra abrumadora
superioridad técnica. Lo que repetimos es más trágico en cada repetición,
cuanto más trágico más huimos, más lo ignoramos y más nos aferramos a nuestras
falsedades en la justificación de lo injustificable. Luego lo veremos.
Recordemos nuestros últimos siglos de historia
y observemos qué hacemos ahora, cómo huimos de nuestra historia, la
tergiversamos para justificarnos y para no afrontar nuestra vida en común, la
de todos o la ignoramos, es lo más cómodo. Nos cargamos de razones falsas,
comprendemos y mitificamos lo demencial, lo justificamos. Buscamos una causa
común de justificación en forma de eslogan publicitario, nos lo repiten y lo
repetimos tantas veces que lo creemos y con eso nos evadimos de nuestra propia
responsabilidad de hombres, no es otra la que tenemos, la mía de ser Hombre o
de ser una cosa alienada, en este caso no necesito ser responsable, me basta
con estar.
Cualquier historia, cualquier país. La historia
más lejana y la historia más reciente. Como seguimos sin saber por qué desde el
corazón, desde la sinceridad, desde la desnudez del alma seguimos siendo los
mismos de hace siglos, pero con mayor peso y acumulamos junto a las tragedias
del pasado, porque no hemos querido aprender, las mayores tragedias de hoy que
no queremos ver.
No podemos vivir en libertad en nuestra
sociedad si antes no nos desprendemos de la utilización de la falsificación de
nuestra historia, de su falseamiento que nos da falsos argumentos para
autoengañarnos. Sepamos que no nos hemos ganado lo que llamamos nuestra
libertad, pocos han luchado por la libertad política y social. En casi todos
los países europeos la libertad formal ha sido un regalo, pero sólo es formal,
no real y creemos que es suficiente. Tal vez nos asuste la libertad real ganada
día a día.
Hemos desencadenado guerras destructivas en
extremo, hemos construido sistemas sociales y políticos perversos y masivamente
trágicos y crueles. Al no haber sido capaces de enfrentarnos a esa y otras
historias incurrimos en lo mismo, provocamos tragedias mucho más masivas hoy,
pero con el refinamiento de nuestra sociedad "bienpensante" no lo
queremos ver. Nuestro soporte de ideología débil está lleno de todo eso.
No queremos hablar aunque no dejamos de decir,
no hay diálogo, todo es monólogo en una sola dirección, en la de lo
conveniente, en la de lo correcto de cada momento.
Cada país, cada sociedad acumula siglos de
pasado turbio y de interpretación torticera de ese pasado que tergiversamos y
utilizamos como coartada: el guerracivilismo español, el supuesto heroísmo
francés, la cerrazón austríaca o alemana, el progresismo humano soviético desde
el crimen masivo,... Dogmatismo revestido de razón que es sinrazón, cobardía y
entreguismo camuflado por la publicidad, el silencio que oculta el falso
orgullo, lo progresista que se niega a ver la falsedad y el crimen. Forma parte
de la base histórica de nuestras libertades y de nuestro engaño de libertad.
"La voluntad de mentir se concentra especialmente en la presentación del
pasado cercano[...] No se abrirá de verdad el horizonte de España mientras no
haya una decisión de establecer el imperio de la veracidad"[9]. Quizá tras eso, si
sucede, pueda empezar a construirse una sociedad con el deseo de vivir en
libertad real. Puede sustituirse España por cualquier otro país.
Nos recuerda M. Amis : "El objetivo...
¿Por qué destapar lo que pasaba en los malos tiempos?, su respuesta es que
cuando un país o una doctrina elude enfrentarse a su propio pasado con un
pretexto u otro, el efecto es tan mortal para la calidad de vida como para el
corazón de cada cual"[10].
Tal vez nuestra conciencia histórica, la
interpretación en el sentido que explica Gadamer[11]está totalmente
condicionado por nuestras necesidades de la conciencia moderna que nos permite
comprender a nuestro modo, al modo de las necesidades sociales: "todos los
enunciados que reconstruyen la razón son susceptibles de una interpretación, ya
que su sentido verdadero o real no nos llega más que asimilado y deformado por
las ideologías"[12]. En nuestro caso está
claro: las necesidades del momento, de cada momento desde nuestra ideología
carente de todo y utilitarista. No vemos más, no vemos, no sentimos, no vivimos
la vida. en este sentido: "la evolución de la vida es la evolución de la
libertad"[13].
Al final lo que nos asusta es comprender:
"Comprender es esperar una medición entre el presente y el pasado, es
desarrollar en sí misma toda una serie continua de perspectivas por las cuales
el pasado se presenta y se dirige a nosotros"[14]. Si tergiversamos el
pasado la comprensión es distorsionada, comprendemos la mentira que nos
empeñamos en que sea verdad, pero algunos saben que no es así y callan o si
insinúan la verdad son señalados por la sociedad o rebatidos con el
razonamiento perfecto: el insulto, la calumnia, la marginación. Son hechos.
No comprendemos en el sentido anterior. No
queremos enterarnos de nosotros mismos. En cierta forma no somos capaces de
participar en lo común, por ejemplo: en la política, lo hacemos en el
simulacro. No vivimos, cada uno, en libertad en la sociedad y confundimos, no
somos capaces de vivir en democracia auténtica, expresado con sencillez hace
años: "Tocqueville designa con el término democracia un estado de la
sociedad y no una forma de gobierno"[15], pero esto es
insuficiente, Marx cree en la libertad y se rebela contra la injusticia social,
Lenin y los bolcheviques sólo confían en el partido y "sacrifican ciertos
elementos del legado marxista"[16]. La historia nos lo
enseña. Nuestra libertad en lo político se ciñe más a una simple democracia
como forma de gobierno y menos a un estado de la sociedad.
No participamos en la política, en ella se
juega gran parte de nuestra libertad social, la historia nos justifica y
separamos nuestra individualidad, poco libre, de nuestra colectividad. La
historia aterradora son otros y la tergiversamos o callamos o negamos. No
aprendemos y no queremos.
El simulacro histórico de democracia, la
democracia formal, no real, sólo en algunas formas. El voto condicionado es
todo, los profesionales del poder político así nos lo venden y se apoderan de los entresijos de la
sociedad, la dominan, nosotros lo aceptamos, diluimos nuestra responsabilidad
en ellos que para eso tienen estómagos de acero. La democracia creemos que es
elegir entre uno y otro, siempre los mismos, que prometen lo que saben nunca
van a cumplir, elegimos para que luego hagan. La llenamos de falsedades de
eslogans turbios, de imagen y en su dirección de la "cosa pública"
nos desactivan, deforman a la sociedad que no tiene salidas ni las busca.
No existen soluciones colectivas salvadoras, la
historia nos lo enseña, pero pueden existir dinámicas e impulsos sociales que
pueden empujar a cada uno o a muchos a avanzar hacia la libertad.
Cuando alguien lucha por la libertad política y
social, idealizada sobre todo bajo las dictaduras, no sólo hace eso, le acompaña
el crecimiento en la libertad individual y el ir viviendo uno mismo en ella, es
una forma de vida desde dentro, uno pretende contribuir a transformar su mundo
sin libertad y uno se transforma a sí mismo, la libertad surge en plenitud
desde el hombre, desde mí, desde cada uno de los que la buscan con sinceridad,
y se convierte en necesaria, imprescindible para vivir cada instante, igual que
es necesario el aire para respirar y vivir.
La democracia en nuestro mundo complejo se
retuerce en nuestro mundo de información y ante nuestra pasividad y conformismo
cambia y aparecen novedosos e ingeniosos conceptos como que las formas
representativas son sustituidas por lo que puede llamarse democracia de
audiencia en los medios de comunicación que ya desempeñan un papel decisivo. No
olvidemos la existencia de verdaderos monopolios o cuasi-monopolios
informativos en todos los ámbitos y ramas de la difusión e información. La
democracia así, que aceptamos sin reparos es más cómoda, el cuasi-monopolio nos
especifica, siempre en connivencia con el poder político, lo que debemos
pensar, decir y hacer.
Poco después de las elecciones legislativas
españolas del día 14 de marzo de 2.004 el nuevo presidente del gobierno elegido
tras un sangriento atentado terrorista que tuvo lugar en Madrid tres días antes[17]decía en una entrevista en
la prensa: "Voy a construir una democracia ejemplar", en esa frase
resume un concepto de democracia pervertido, de democracia como forma de
gobierno con condiciones. No concibe el actual presidente del gobierno español
la democracia como "un estado de la sociedad". La democracia ejemplar
para que exista debe estar en toda la sociedad, el jefe de gobierno, como
mucho, será uno más de los verdaderos demócratas que, si existen en la sociedad
y la democracia es un estado de la misma, son los únicos capaces de construir
una sociedad que como tal sea verdaderamente democrática y para eso no basta
con una imagen confusa de un individuo, aunque sea presidente del gobierno[18]. Por otra parte la citada
expresión no ha suscitado críticas, tal vez la interpretación sea distinta a la
dada aquí, pero teniendo en cuenta quién la pronuncia el sentido es de una
concepción estrecha y viciada en lo sustantivo y por tanto en la idea y
práctica democrática de la sociedad, los hechos así lo muestran.
En realidad es una idea de dirigismo, de que
sólo existe la democracia en el partido, la dictadura de los partidos en tanto
organizaciones que acogen a los profesionales del poder político. Esto recuerda
lo dicho antes: Lenin y los bolcheviques sólo confían en el partido y
sacrifican... Volveremos sobre estas ideas y prácticas de democracia, ideas de
libertad.
En otros países de los considerados
democráticos se han dado y se siguen dando cosas parecidas.
¿Es necesario recordar a los otros demócratas
europeos gobernantes y a la gente que se extasía ante ellos?. Recordemos el
caso francés, es uno cualquiera, y como símbolo sus presidentes, recordemos al
anterior, hoy conocemos su origen político, de grupos protofascistas y también sus empleos bajo el entreguista y
colaborador gobierno de Vichy que estuvo apoyado por su burguesía antes que
enfrentarse al nazismo, ¿nadie lo recordaba?, ¿cómo es posible una amnesia
colectiva de tantos y durante tanto tiempo?. Silencio cómplice de vergüenza que
debe callarse o enmascararse en el engaño de lucha por la libertad que no fue
colectiva, del país entero, ¿hay que recordar a algunos de sus reputados
intelectuales de entonces?. también se calla, ¿ a su partido comunista?.
El recuerdo de otros lugares, países de antes y
de ahora, de hoy, en estos términos de corrupción de la democracia puede ser
esclarecedor.
La llamada construcción europea, lo de la UE,
sus organismos, sus profesionales del poder político, sus decisiones, etc.
No es necesario seguir.
La libertad, las sociedades en libertad las
construyen hombres que viven en libertad desde ellos, que saben qué es, que la
anhela, que la luchan, trabajan y ganan día a día mayores grados de libertad,
cada uno de los hombres que quieren ser libres y saben que los límites de la
verdadera libertad no existe, siempre se puede llegar más lejos y cuando es
verdadera y está arraigada en la sociedad no se destruye fácilmente.
Maquiavelo a quien le interesaba el poder, no
la libertad dice: "Cualquiera, pues, que llegue a hacerse dueño de una
ciudad acostumbrada a gozar de su libertad, y no la destruya, debe temer que
será destruido por ella... y el grito de libertad, que no se borra con el
transcurso del tiempo ni por recientes beneficios... nunca se desarraigará de
su corazón, ni soltará su memoria el nombre de libertad"[19].
La libertad es consustancial al vivir verdadero
en uno y en la sociedad. ¿Cómo es posible construir países en libertad con
hombres que ni viven, ni saben, ni desean vivir en libertad, ni luchan por
ella, ni han sido capaces de ganar el remedo de libertad del que ahora gozan?.
Una parte de los países europeos son eso, hoy
tienen únicamente lo que sus propagandistas, sus profesionales del poder
político, sus tratadistas llaman libertades formales, lo que llaman las
libertades. Es importante, una vez más, el uso del lenguaje para ocultar las
realidades profundas. Países que se estructuran y organizan antes de que reine
la verdadera libertad, su organización no surge de su sociedad en libertad,. La
organización social, entonces, está viciada en su origen.
Democracias formales devueltas a algunos países
por su odiado amigo americano. Hay gente que dice que si los americanos lo
hicieron fue a cambio de algún beneficio económico, eso justifica el odio que
es realmente a nuestra propia vergüenza, no por la ayuda sino por nuestro
estado en el engaño, porque representamos vivir en libertad y haberla ganado y
no es así realmente, no es por la opresión política es por nuestras mentes
acomodadas.
Realmente se rechaza y se niega la propia
vergüenza histórica, si aceptamos lo anterior: "la evolución de la vida es
la evolución de la libertad", nosotros no queremos trabajar en el sentido
de la vida, deseamos que todo se detenga, rechazamos la historia, el pasado, si
recuperamos costumbres o monumentos antiguos es para detener la historia. El
pasado nos retrata, es un espejo en el que nos vemos reflejados. Lo negamos.
Persiste el engaño de libertad, no es real.
Libertad formal, retórica revestida de honorabilidad para representar
colectivamente la gran mentira en el teatro en que convertimos la sociedad.
Representamos la gran mentira también en el boato visible de que se disfraza el
poder. los gobernantes se adornan de soldados y de gente disfrazada, servidores
y siervos, con trajes que proceden de lo antiguo, de lo que se acerca a la
imagen del Antiguo Régimen. Mostramos unas formas teatrales, es la
representación, pero no de lo antiguo, es de la negación de la libertad, de la
negación de la democracia, de la negación de la mayoría de la sociedad, de la
no aristocrática; es sólo mal teatro, pero lo aceptamos. Ya sabemos el origen
de la aristocracia que en la farsa nunca se va, de la nobleza o de la Innobleza
en palabras de T. Paine[20].
El símbolo es, en este caso, de la no
democracia, de la tiranía. La sacralización del poder nuevamente usurpado.
Hemos pasado de sojuzgados durante siglos de
historia, hoy no lo solemos vivir así, a dominadores colectivos sin conciencia
y lo hacemos peor. Nos lamentamos del pasado de injusticias y de falta de
libertad y no queremos ver la descomunal injusticia y la opresión que nosotros,
dominadores como sociedad técnica y económicamente poderosa, infligimos al
inmenso resto del mundo. Sólo pueden oprimir quienes no viven verdaderamente en
libertad, quienes no aman la libertad. El hombre en libertad la hace crecer día
tras día, acto tras acto, sueña y desea un mundo completo, entero en libertad,
no puede ser de otra forma. Un hombre así jamás puede ser un opresor. Nuestras
sociedades y nosotros en ellas lo son.
La vieja Europa de la que se ufanan sus gentes
con los profesionales del poder político al frente en sus eslogans, la vieja
Europa de mil tragedias masivas, continuas y de horrores cada vez mayores
inventó el capitalismo, antes el feudalismo y vivió del esclavismo, organizó
lógicamente la teocracia, es un contrasentido, siempre guerras e injusticias,
sistemas opresivos y despiadados: basta recordar los colonialismos déspotas,
crueles y desmedidos, producto del robo de continentes enteros que todavía
pagan las consecuencias, inventó el estalinismo, el nazismo, los fascismos, los
nacionalismos,... y, siempre, crueldad extrema y masiva. Para lograr semejantes
"éxitos" se necesitaron masas ingentes de tiranos, de torturadores,
de individuos crueles en extremo. Allí estaban, todos. No sólo Hitler, fueron
docenas de miles de pequeños Hitler en la realización práctica, el resto reía;
no sólo Lenin o Stalin, fueron docenas de miles de pequeños Lenin o Stalin
quienes torturaron y asesinaron masivamente, el mundo casi entero reía; no sólo
Franco, no sólo Petain, no sólo... Fue la sociedad entera, de otra forma no
hubiese sido posible. Nosotros sin catarsis, es decir, sin purificación ritual
de personas o cosas afectadas por alguna impureza, pues eso significaba para
los griegos, somos sus herederos directos, nuestra sociedad en algo procede de
allí. Hemos construido grandiosos monumentos a la abyección humana. En el
fondo, sin catarsis real, todo se mantiene igual, ¿ya hemos olvidado nuestra pasividad
ante los muy recientes disparates europeos?.
Repasemos datos de la historia, así: afiliados
al partido nacionalsocialista, al comunista soviético o a los de sus hermanos
en el ideal y la justificación o negación del crimen mientras el estalinismo estuvo
vivo, los beneficiados por su apoyo activo y también pasivo al franquismo, al
régimen de Vichy, a Oliveira, a... o a muchos de nuestros honrados, lúcidos y
valientes intelectuales que siempre cerraban los ojos, lo siguen haciendo, y
justificaban fría e intelectualmente la monstruosidad o simplemente la negaban,
la nómina en todos los bandos es numerosa. Siguen negando.
Las conciencias de los intelectuales,
Feyerabend se refiere a muchos como "funcionarios del pensamiento",
sus posturas de justificación de lo injustificable no se sabe por qué, lo mismo
del estalinismo que de los fascismos, unas dictaduras son perversas y otras no,
pero se les cambia el nombre. Ellos contribuyen a crear opinión, modas
ideológicas, posturas morales, etc. Unos son rechazados y otros aceptados.
Aparece la duda acerca de su discurso, es imposible que aporten algo verdadero,
aunque sigan siendo reconocidos por la sociedad. No se trata de no equivocarse
en la vida de cada uno, se trata de la honradez mínima esperable de quien influye
por los caminos intelectuales o morales. Otros fueron honrados, su enseñanza es
creíble.
La historia y su interpretación y su
utilización para justificar posturas.
En España, me refiero al guerracivilismo no
resuelto todavía, se juntaron en un momento dado los dos lados en guerra en
crueldades, los "dos Caínes" que dice A. Barea; la historia lo
explica, también la literatura, pero no el recuerdo vivo, sólo se admite
maniqueamente lo correcto socialmente.
Sigo con España, dice el escritor repudiado, desde
el lado de los vencedores: "...eran la autoridad los limpiabotas, los que
arreglan las letrinas, los mozos de estación y los carboneros. Siglos y siglos
de esclavitud acumulada latían en ellos con una fuerza indomable"[21]. Dice el autor aceptado,
desde el lado de los vencidos: "Le hablé de la guerra, repugnante porque
enfrentaba a hombres de la misma sangre unos contra otros, en una guerra de dos
Caínes. Una en la cual sacerdotes eran fusilados en las afueras de Madrid y
sacerdotes daban su bendición al fusilamiento de pobres labradores"[22].
Lo correcto socialmente en la sociedad,
vociferante en su vergüenza de pasividad ante la larga dictadura posterior a la
guerra y a la que no se enfrentaron nunca, a la dictadura, es ignorar y
rechazar al primer autor y sus escritos y lo contrario con el segundo. las dos
son unas buenas novelas, escritas con honradez en esos momentos desde posturas
y situaciones vitales y políticas diferentes en el mismo Madrid, en el
contradictorio Madrid, resistiendo heroicamente hasta el final ante los
sublevados, para unos y, aterrador y sangriento en extremo para otros. Para
unos fue una lucha por la libertad frente al fascismo y para otros fue evitar
la sovietización de España. EL Gulag ya llevaba años funcionando y el nazismo
se había adueñado del poder y todavía no había mostrado su verdadero rostro de
atrocidades sin nombre, el fascismo llevaba más años en otros países. Fue mucho
más complejo que todo eso, fue el imperio de la irracionalidad.
He hablado de esto porque la sociedad española
no lo ha sabido resolver todavía. Mientras no seamos capaces de conocer,
entender, desmitificar los propios mitos y mentiras maniqueas, hablar
razonadamente, asumir como propio el disparate de todos, no abriremos caminos a
la libertad real. La catarsis.
Antes he citado las elecciones legislativas
españolas del 14 de marzo de 2.004. Hoy sigue habiendo mucha gente que llama
franquistas y fascistas a los del principal partido político de la derecha y
progresista y de libertad al de la izquierda (no hay muchas diferencias entre
ellos en lo sustancial), ¿alguien de la autodenominada izquierda recuerda, por
ejemplo, la teoría del valor y lo que Marx explica y demuestra y sus
consecuencias lógicas y de justicia social?.
De repente, al hablar, toda la gente es
antifranquista, anti PP, progresista, etc. encarnando los otros partidos
políticos, el PSOE o los nacionalistas (hemos visto antes que en estos últimos
se dan rasgos de verdadero fascismo) la bondad, se niegan o se justifican sus
propios desmanes históricos. En realidad se autoprclaman antifranquistas porque
ni ellos ni sus padres lo fueron en el momento duro y difícil para la libertad
del franquismo real, implacable, aterrador para muchos, pero necesitan
revestirse de honorabilidad social, de una lucha por la libertad y la
democracia que no hicieron y lo actual no fue ganado por ellos sino regalado
por el tardofranquismo. Es el gran engaño social, de una sociedad que no ha
luchado como tal, colectivamente por su libertad, por su democracia y creen
tenerla, aunque diste mucho, y hasta inventan que ellos han contribuido a
traerla, ni aun siquiera son capaces de decir luchado o ganado[23].
Así podríamos repasar otras sociedades con
historia y reconstrucción y prohibición social de la historia real, de la verdad
histórica por dolorosa y por vergonzosa. Miremos países europeos y recordemos.
La tergiversación de la historia y la
ignorancia maniquea nos permiten la justificación que nos hace presentables
ante nosotros y representar lo que nunca hemos sido. Llegamos a creer nuestras
propias falsedades.
Es la idea de libertad que tenemos y que
vivimos. Es el hombre de hoy. Nos conduce al abismo.
Todo son obras humanas, en ellas la
inteligencia y el corazón de los hombres. En su capacidad para elegir, en algún
momento, los individuos y la sociedad han decidido lo que tenemos, la elección,
hasta hoy, ha sido la de vivir sin libertad. el hombre en su esencia lleva la
libertad. La libertad original primera nos ha asustado y en todos los siglos de
historia hemos sido esclavos de alguien o de algo que siempre es la
manifestación de alguien anónimo pero real, y eso todos. La libertad nos ha
atemorizado por la responsabilidad, porque necesariamente las sociedades para
vivir en libertad han de ser justas. A partir de esto la estructuración de las
sociedades en libertad es una tarea ingente, de siglos. En la esperanza ingenua
recuerdo otra vez el final de una cita anterior: "La evolución de la vida
es la evolución de la libertad".
Libertad
social.
En la sociedad se han asentado y consolidado
instituciones, formas, usos, valores, conductas,... que conciernen a la
sociedad entera y afectan a la libertad. De entre esos varios factores podemos
recordar algunos:
La
depredación humana de unos
hombres por otros hombres es la institución que se encuentra en lo más alto de
la sociedad, también la más persistente y la que ha sido capaz de transformase
y refinarse para mostrarse y actuar de múltiples formas y cumplir su función
que es alcanzar poder en sus diversas manifestaciones. Es anterior a la propia
historia y manifiesta el dominio de unos hombres por otros hombres en todos los
estratos sociales. Es la institución que también está en el fundamento de la
eliminación de la libertad social de los hombres.
Recordemos con una simple enumeración algunas
de sus manifestaciones: el esclavismo, característico y base de muchas
sociedades, protegido por leyes y justificado por pensadores influyentes como
Aristóteles, influencia extendida durante muchos siglos y que hoy sigue
existiendo; el feudalismo o el capitalismo como sistemas sociales y económicos
protegidos y salvaguardados por el derecho. El origen de gobernantes, reyes,
nobles, grandes fortunas y grandes propiedades y también menos grandes. Ricos y
pobres. Expolios de todas las clases, de continentes enteros por naciones con
superioridad técnica, de obras de arte, de recursos naturales. Ejércitos.
Torturas. Sistemas que aplican la crueldad masivamente, fascismos y
nacionalismos, destaca el nazionalsocialismo, estalinismos, dictaduras, teocracias
con sus intérpretes de la voluntad del dios que atemorizan a sus adeptos o
impulsan, justifican y bendicen la violencia o la guerra o los malos tratos a
otros entre los que casi siempre las mujeres llevan la peor parte. Espectáculos
o deportes masivos, en su concepción, formas, jergas, etc. o el ocio con la
depredación rea, la caza es un ejemplo o la depredación semificticia como
máxima representación, videojuegos, cine, etc. Nuestra sociedad entera de la
globalización y de los derechos y de los no derechos en cientos de millones de
personas a nuestro servicio, etc.
Nuestra conciencia, nuestro sentido de la
libertad no se ven afectados por cómo ha sido gran parte de nuestra historia,
la aceptamos de un modo normal, como si todo eso estuviese en la naturaleza de
la sociedad, de cada individuo y la razón estuviese a su servicio.
Cuenta A. Applebaun, que hace poco escribió:
"Gulag. Historia de los campos de concentración soviéticos", que el
símbolo de un asesinato masivo nos horroriza y el símbolo de otro asesinato
masivo nos hace sonreír. Esto lo dice a propósito de que en el puente de
Carlos, en Praga, numerosos visitantes occidentales compran, como algo normal,
recuerdos de la antigua URSS y se prenden risueños insignias con la hoz y el
martillo, mientras esos mismos turistas rechazarían con repugnancia una
esvástica.
Algo parecido explica M. Amis al principio de
"Koba el Temible. La risa y los Veinte millones", posteriormente da
una explicación de por qué la diferente reacción ante el nazismo y el marxismo,
en puridad debería decir el leninismo-estalinismo, dice: "El programa
bolchevique se basaba en los ideales de la Ilustración- partía de Kant tanto
como de Marx-, motivo por el cual los liberales occidentales, incluso en la era
postmoderna, simpatizan con él o, por lo menos, nos sentimos obligados a
comprenderlo, aunque no compartamos sus objetivos políticos; en cambio, el
empeño nazi por "mejorar la humanidad", mediante la eugenesia o el
genocidio, es un escupitajo a la cara de la Ilustración y no puede producirnos
más que repugnancia", y más adelante: "El marxismo era un producto de
la clase media intelectual; el nazismo era sensacionalista, de prensa basura,
de los bajos fondos. El marxismo exigía de la naturaleza humana esfuerzos sin
ningún sentido práctico; el nazismo era una invitación directa a la abyección.
Y, sin embargo, las dos ideologías funcionaron exactamente igual en sentido
moral"[24].
Es una explicación aceptada que sirve para
callar conciencias, incluso con sensibilidad, porque encuentra explicaciones,
interpretaciones y justificaciones ingeniosas e intelectuales. La cuestión no
es esa, tanto una como otra de las enormes tragedias masivas son fruto directo
de lo que algunos en su amnesia, miopía y jactancia estúpida llaman la vieja o
la sabia Europa en la que, si ha dado al
mundo grandes cosas, ha prevalecido la perversión de la razón, de la voluntad y
de los sentimientos y de esa perversión moral, se manifieste de una forma o de
otra, nosotros seguimos siendo responsables por no haber sabido resolverla. La
catarsis pendiente.
Es cierto que unos fines son asumibles y otros
repudiables, pero los medios son los mismos y lo que se juzga y debate es eso.
La Ilustración y también el resto de nuestro
acervo de siglos no han producido esas u otras atrocidades, han sido los
hombres que han utilizado esos avances en el pensamiento, la ciencia, el arte,
.. como coartada.
Tanto uno como otro son frutos europeos, nos
guste o no nos guste. Ante otros genocidios al apoderarse de continentes
enteros nadie ha dicho gran cosa, nadie se lamenta por el sistemático genocidio
británico de los indios americanos, que fue real. Los frutos europeos no son la
crueldad en sí, ésta existe en todas las civilizaciones, sino la masificación
de la crueldad, la tortura y la muerte consecuencia de la mentalidad asentada
procedente de la producción de mercancías en serie y a gran escala, esto es lo
característico de la despiadada depredación europea, la aplicación de los
grandes avances técnicos a la destrucción y degradación masiva de hombres. En
este sentido sí es resultado de los avances científicos y de sus aplicaciones.
También
es europeo el avance del pensamiento y su utilización perversa como coartada al
servicio de las locuras de poder de unos cuantos que han arrastrado a muchos a
provocar las mayores tragedias de la humanidad producidas por el hombre.
También es europeo el invento de un sistema
social y económico basado en la injusticia y aceptado con satisfacción por la
sociedad y apuntalado por leyes y derechos que tratan de perpetuar la
injusticia.
En el caso soviético la demencia de crueldad
extrema se hizo por lo que Amis llama "selección hacia abajo" que
permite sacar lo peor de la gente que como explica A. de Foxá en lo anterior:
"siglos de esclavitud acumulada latían en ellos con una fuerza
indomable", pero esos siglos de esclavitud también son producto nuestro,
pues hemos querido revestirnos de los ideales y de las formas del helenismo,
del cristianismo o de la Ilustración y, el dominio alcanzado lo hemos utilizado
de la peor manera en dominar unos pocos tiránica y despóticamente durante
siglos. No son los ideales de la Ilustración, es el funcionamiento de los
hombre de forma irracional y cruel el que se ha impuesto siempre.
El caso nazi es distinto, también pueden encontrarse
explicaciones lógicas, pero en este caso, un pueblo con mayor nivel cultural se
hunde en el abismo por una locura colectiva, tal vez la alegoría que explica T.
Mann en su obra "Doktor Faustus" pueda permitirnos entender algo,
aparte de otras numerosas explicaciones existentes. No debemos olvidar que una
gran parte de la intelectualidad alemana fue colaboradora y animadora del
nazismo y que hoy a algunos de esos intelectuales se les sigue considerando
cumbres del pensamiento o la música o la ciencia. Pocos se marcharon.
Pero en este caso del nazismo, no debemos
olvidar que en el momento de auge fue visto con admiración y simpatía por una
parte de los europeos, recordemos la postura de algunos partidos comunistas, el
apoyo que tuvo el régimen de Vichy, clases dirigentes de diversos países,
incluida la abdicación del monarca británico. No sólo el régimen nazi tuvo
simpatizantes en diversos países, el antisemitismo de algunos países nunca ha
dejado de estar presente, aun hoy.
El nazismo también tuvo otra particularidad que
lo hizo odioso, trascendió sus fronteras e invadió países incapaces de
enfrentarse, ese odio también enmascara la vergüenza por un pasado reciente que
muchos necesitan olvidar e ignorar, la vergüenza histórica, la tergiversación
de la propia historia.
Además está la moda, las corrientes de opinión
de cada momento. El peligro nazi real pocos lo vieron, pocos intelectuales,
pocos profesionales del poder político.
El peligro estalinista se autocontroló y el
horror indescriptible del Gulag era un asunto interno del país o se negaba o se
ignoraba o se entendía y justificaba, aun hoy.
La cuestión está en saber por qué los europeos
hemos sido capaces de producir semejantes monstruosidades, una y otra y otras
muchas. En realidad es un fracaso de siglos en los que no hemos sido capaces de
vivir en libertad real ni de propiciar condiciones para ello, en los que no
hemos sabido hacernos, construirnos como hombres habiendo tenido todo el tiempo
y todos los medios para ello. Si los fines de justicia social del marxismo los
vemos claros y creemos en ellos debemos aprender del horror que nos enseña la
historia pero no ignorar esos fines, sin embargo sabemos que no hay soluciones
colectivas salvadoras que puedan imponerse por la fuerza y no queremos utilizar
la razón.
Es cierto que un genocidio como el nazi nos
horroriza, pero ante recientes genocidios no hemos reaccionado porque creíamos
que no nos concernían, aunque directa o indirectamente nosotros hemos sido los
responsables. el caso de Ruanda es un ejemplo; lo más reciente de Sudán; la
pasividad inicial ante las atrocidades yugoslavas, con intereses turbios de
países europeos; el asunto checheno en la antigua patria soviética, etc.
La eugenesia dice M. Amis que también nos
resulta moralmente repudiable, las posturas ante algunos avances no lo indican
con tanta claridad.
El problema del rechazo de una atrocidad con
una sonrisa y de otra con seriedad es un problema de deformación intelectual y
moral nuestro, de los que rechazan sonriendo sobre todo. Eso no es fruto de la
Ilustración, es fruto de la enfermedad colectiva y de la falta de libertad real
de siempre y de ahora y de sus consecuencias, la irresponsabilidad por nuestros
actos es una de ellas.
Los casos de atrocidades han sido y siguen
siendo aterradores, en lo reciente ya se han citado algunos de los disparates
cometidos por gentes de la Ilustración y de la Revolución de los derechos
del hombre y del cristianismo y del
helenismo y siempre crueldad, sojuzgamientos, tiranías y sufrimiento enorme provocado
por nuestros dislates.
Nosotros lo justificamos por la historia
inevitable o ignoramos todo, así: el horror es normal, el crimen es normal
decimos que está en la naturaleza de las cosas o deriva de la ideología o hay
razones de estado.
La explicación tal vez esté en que tras ese
inmenso legado de la Ilustración, del Renacimiento, de Grecia, del
cristianismo, de... que podía habernos permitido construir un mundo para los
hombres han prevalecido las perversiones conscientes frente a la razón conocida
como fuerza motora. Es verdad que los avances de la ciencia, del pensamiento o
del arte siguen causándonos asombro, aunque han sido la obra de unos pocos
capaces de darnos a muchos, a todos ese
inmenso legado y las posibilidades que surgen de esos caminos inacabables
abiertos por esos pocos; podían haber sido unos caminos infinitos si la
sociedad entera hubiese recogido las enseñanzas de siglos y vivido a partir de
ellas, pero han prevalecido las perversiones morales aun a sabiendas del enorme
error y tal vez también de los daños enormes causados a los demás y esa
perversión se ha transmitido y enseñado y valorado durante cientos de años por
la sociedad, ha dado lo que hemos hecho y seguimos haciendo.
Pero ni aun siquiera es ese el problema, la
cuestión está en saber por qué hemos actuado y seguimos actuando así.
En la obra citada de M. Amis se repite el
constante preguntarse la gente del Gulag: ¿Por qué?. ante lo inexplicable nunca
hay respuesta. Solzhenitsyn se repite la misma pregunta y la misma respuesta,
en los demás lugares de nuestro mundo enloquecido: en los campos de exterminio
nazis, entre los yugoslavos asesinados por miles hace pocos años, entre... Es
la misma pregunta y la misma respuesta
recibida por ellos. Creo que la pregunta es correcta pero debe ser al revés, no
sólo de quien sufre el horror sino de los que lo hemos provocado y lo seguimos
provocando, quizá entonces encontremos y encuentren respuesta.
No sé si somos capaces de hacernos la pregunta
desde lo más hondo del alma y de encontrar una respuesta sincera. La catarsis.
Posiblemente la dureza de nuestros corazones nos lo impide. No nos lo
preguntamos.
Volveremos a la pregunta, pero antes es
necesario recordar que esta carrera desenfrenada de depredación de unos hombres
por otros sigue y que nosotros somos los principales depredadores de hombres.
Hay cierto refinamiento como, por ejemplo, el sistema social y económico
imperante, obra de los europeos, y también hay formas burdas y directas. Todo
por nuestra libertad, decimos ser libres. Veremos algo más.
Hoy, en la globalización, en la mundialización
hay un único país desde este punto de vista: el mundo entero.
Al principio del "Archipiélago Gulag"
dice Solzhenitsyn: "Un archipiélago de cotos cerrados, incrustado como una
tabla polícroma dentro de otro país, impregnando sus ciudades, flotando sobre
sus calles. A pesar de ello, quienes no formaban parte de él no podían advertir
su presencia. Y si bien eran bastantes los que tenían de él aunque fuera una
vaga referencia, sólo lo conocían bien quienes lo habían visitado. No obstante,
cual si hubieran perdido el habla en las islas del Archipiélago, estos guardan
silencio"[25]
.
Sobre las grandes, masivas y penúltimas
barbaridades europeas se ha escrito y se sigue escribiendo mucho, es sobre el
pasado.
Situémonos en el presente, en hoy, en el país
de las mercancías y las marcas globalizado, en la mundialización capitalista.
Intentemos averiguar si existe otro archipiélago o ya es historia; partimos de
que, igual que en el Gulag, sus habitantes, si hay alguno, guardan silencio.
De los campos de exterminio nazis conocemos el
sufrimiento por el testimonio de los que sobrevivieron y hablaron, por lo
encontrado al acabar la guerra. Tenían como fin el genocidio, nosotros no
cometemos genocidios aunque somos permisivos con quienes hoy los cometen:
Camboya, Ruanda, Yugoslavia, Chechenia,... Nuestra especialidad es ser
explotadores.
Del gulag soviético tan sólo conocemos lo que
han contado algunos de los que han sobrevivido, aunque lo negábamos, incluso
los testimonios veraces.
Hoy el silencio lo guardamos no por temor a
hablar nosotros sino, como siempre hemos hecho, por nuestra falta de
conciencia, por nuestra profunda falta de libertad, por nuestra situación de
comodidad en la sociedad de la indiferencia vacía, por la dureza de nuestros
corazones. Los que salen del nuevo gulag apenas pueden hablar y aunque lo hagan
no les hacemos caso, los ignoramos.
Si pudiéramos tener una visión clara de lo que
sucede hoy, un día cualquiera, en nuestro mundo de país único desde el sistema
capitalista, descubriríamos un gulag descomunal, enorme en este país único, en
el mundo entero. No lo digo en sentido figurado, es lo que hay, es lo que
hacemos.
Tenemos información abundante para conocerlo a
fondo, medios, el grado de libertad suficiente para entrar y salir,
organizaciones que cuentan algo de lo que hay e intentan ayudar
caritativamente, aunque con justicia la caridad sería innecesaria. También
sabemos que la información no tiene barreras ni de tiempo ni de espacio, está todo.
Deliberadamente lo ignoramos.
No sé por donde empezar a enumerar algo de lo
que hoy, un día cualquiera, nosotros hacemos en esto. Nosotros hombres libres,
decimos, del centro del sistema.
Si en el gulag soviético fueron asesinados
millones de niños, en el actual se comercia con la mercancía niño-esclavo, por
millones; un informe de cualquier año, UNICEF julio de 2.003, habla de algo más
de un millón anual de la mercancía niño-esclavo y de un beneficio anual para
los comerciantes especializados en dicha mercancía superior a 8.500 millones de
euros anuales. Se sabe que este comercio es floreciente y aumenta. ¿Para qué
ese comercio?, para producir otras mercancías para nosotros: cacao, minerales,
otras materias primas, alguna manufactura, etc. Estas últimas mercancías
producidas por la mercancía factor productivo niño-esclavo son comercializadas
en nuestro mundo de libertades por grandes empresas y marcas que admiramos.
Hay otras mercancías interesantes y con gran
demanda procedentes de las mercancías niños, en este caso no se trata de
niños-esclavos, son las mercancías: órganos humanos, son conocidos los raids
periódicos para atrapar niños, asesinarlos y vender sus órganos para nuestros
niños, no debemos olvidar que nuestros niños valen algo, tienen derechos y
futuro, los otros no.
Los cientos de miles de niños-soldados que
matan de verdad en guerras olvidadas, esto cada día. con frecuencia, de esas
guerras nosotros obtenemos cosas, mercancías como diamantes.
Los cientos de miles de niños obligados a
prostituirse, como es comprensible, para placer y satisfacción, como merecida
recompensa, de nuestros aburridos turistas occidentales.
No hay que olvidar tampoco a los miles, éstos a
veces van en familia, cuyo trabajo consiste en revolver los enormes basureros
de muchas grandes ciudades de algunos países para encontrar algo con que, si
tienen suerte, poder llevar ese día algo a su estómago o comprar pegamento para
inhalarlo y engañar un poco al hambre, luego, a los 10, 12, 14 años, muchos de
ellos mueren y descansan.
Esos miles, millones de niños que vemos en
algún reportaje con las barrigas hinchadas, las caras llenas de moscas, de
babas, sucios, desnudos y miradas profundas, asustadas, insondables para
nosotros, siempre inocentes que, tal vez, también se pregunten: ¿por qué?. La
respuesta siempre es la misma: el vacío.
Más atrocidades, los miles, los millones de
desplazados, las terribles hambrunas, cada día mueren miles. Mientras, en la
próspera Europa de la UE los técnicos y expertos imponen que se pague por no cultivar
campos que producen alimentos y semillas entre otras cosas, claro que los
expertos son gente urbana y deben creer que los alimentos los producen los
supermercados, pues los campos ya están anticuados.
Mueren, nosotros asesinamos a millones cada año
y luego reímos.
Hago una aclaración, recuerda Amis que Stalin
dijo alguna vez que la muerte es un hecho trágico, pero la muerte de un millón
es simple estadística. Dicho de otra forma, lo que insinúo son simples
estadísticas, así es como se da la información cuando se da. Así es como
solemos recibir, cuando la recibimos, esa información. Una simple estadística,
fría, como nos han enseñado a verla.
No es posible enumerar todo. Millones que
trabajan por un salario 20 o 30 veces inferior al de Occidente por exactamente
el mismo trabajo, con semanas de 60, 70, 80 horas de trabajo, sin seguros, sin
contratos, sin ningún derecho. El resultado de su trabajo, mercancías, entran
en el mundo globalizado, en la patria común de las cosas, de las marcas
reputadas en nuestra sociedad, de nuestras mercancías, son para nosotros.
Presos políticos, miles en distintos países.
Muchos de ellos por buscar la libertad.
Guerras, no espectacular, no son mercancía
informativa rentable y los del negocio de la información deciden que no
existen, la sociedad las ignora; se producen en países que importan poco en el
concierto del mundo salvo por sus diamantes llenos de sangre, por sus materias
primas, por ser mercados de armas o, en países como Rusia, antigua patria
soviética, en Chechenia, se ignora, sólo la guerra que vende, la de USA en Irak
Expolio de materias básicas para Occidente,
para nosotros, nos las venden los países, sus burguesías y gobiernos más o
menos corruptos, pero el precio lo ponen en Occidente según conveniencias propias.
Los defensores del mercado.
Torturas, ahora han aparecido en los medios
informativos las de los norteamericanos, estas venden, las otras no y tampoco
existen.
Opresión de pueblos que luego, cuando pueden,
se vengan con inocentes. Es, por ejemplo, el caso actual de los kurdos
iraquíes, asesinados a miles y exterminados con armas químicas hasta hace poco
y esos mismos kurdos ahora son despiadados con los iraquíes instalados allí por
el anterior régimen. Es tan sólo un ejemplo.
Millones sin casa, sin agua, sin nada.
Millones de refugiados y desplazados.
Millones de miseria, dolor, sufrimiento,
disparates, horrores de todas las clases.
Es interminable la lista de los horrores, es
nuestro actual gulag ignorado por completo.
Es el mundo en libertad que nosotros estamos
construyendo.
Todo eso es real, hoy, y nosotros somos
responsables directos. Y nos decimos libres. Decimos que es el sistema y
eludimos nuestra responsabilidad. No nos engañemos una vez más, el sistema lo
constituimos nosotros, somos nosotros, cada uno.
Aunque la época postmoderna debe ser también la
de los postderechos, así lo indica la forma que tenemos de entenderlos, no
puedo por menos que recordar algo que ya debe estar pasado de moda y superado,
de acuerdo con nuestra manera de funcionar, me refiero a la "Declaración
de los derechos del hombre y del ciudadano por la Asamblea Nacional de
Francia" de hace algo más de 200 años, empieza así: "Los
representantes del pueblo francés, constituidos en Asamblea Nacional,
considerando que la ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos
humanos son las únicas causas de los males públicos y de la corrupción de los
gobiernos han decidido exponer, en una declaración solemne esos derechos
naturales, inalienables e imprescindibles...
En consecuencia, la Asamblea Nacional reconoce
y declara, en presencia y bajo los auspicios del Ser Supremo, los siguientes
derechos sagrados del hombre y del ciudadano.
I - Los hombres nacen y permanecen siempre
libres e iguales en cuanto a sus derechos. Las distinciones sociales sólo
pueden fundarse en la utilidad común..."[26].
Y sigue con varios artículos más.
Siglos sin libertad verdadera y siglos hablando
de ella. Damos por sentado lo que en realidad desconocemos y de lo que tampoco,
hoy, nos atrevemos a hablar seriamente y vitalmente, sí intelectualmente y por
los intelectuales, hablamos de las libertades, de ideas de libertades
políticas. Se han escrito miles de páginas, se han hecho guerras, ha habido y
hay miles, cientos de miles de perseguidos, torturados, encarcelados o
expulsados de sus propios países, gente que ha perdido la vida, etc. por ideas
políticas, no siempre con la libertad en ellas; libertad política, siempre
frente a dictaduras de una u otra clase, se han hecho revoluciones en su nombre
y también en su nombre se han cometido atrocidades. También se ha confundido
libertad con alcanzar el poder político y querer construir otra sociedad
imponiendo brutalmente ideas de libertad que han sido profanaciones de la
libertad.
Se nos ha llenado la boca y la razón y hasta ha
producido emoción en mucha gente esa declaración de hace más de 200 años. Se
han seguido haciendo declaraciones solemnes de los derechos humanos. Hace poco
más de 50 años fue la ONU, todos los países de entonces, no todos la aceptaron
y firmaron. Hace pocos años una declaración de los derechos de los niños, entre
otros se habla del derecho a la protección contra los abusos. Declaraciones,
palabras que nadie cumple.
Nos encaminamos a construir las sociedades más
hipócritas que jamás han existido. Palabras que quedan bien en el momento,
firmadas por los profesionales del poder político, es la imagen que vende; tras
eso hechos horrorosos, es la realidad.
Es el problema de la conciencia social, de
nuestra conciencia, de mi conciencia.
Hay horrores colectivos producidos por los
hombres que, decimos, nos sobrecogen y estremecen, son la abyección, el mal, no
hacemos nada. Hay tragedias masivas provocadas por los hombres que a lo sumo,
decimos, son pequeños errores, no hacemos nada. todo en el pasado porque
cuando, en su momento, eran el presente, su presente, lo ignorábamos o
desviábamos la mirada.
El presente, hoy, nos muestra horrores y
tragedias colectivas mucho más masivas en un solo país, el mundo de la
globalización, en la mundialización de las mercancías, la información es otra
mercancía, estos horrores son continuos, cada segundo y de mayor duración, no
se vislumbra su fin, pero no los consideramos, no nos molestan, no perdemos ni
un minuto en nuestra sociedad de ocio. Estos horrores no son ni el mal ni el
pequeño error, son necesarios y beneficiosos para nuestros derechos a la
satisfacción personal y a nuestro placer
exclusivo, en este caso ignoramos los horrores, sin más. Cuando aparecen ante
nosotros tangencialmente los justificamos con curiosos argumentos llenos de
razones, incluso morales y compasivas, pero sin razón alguna desde la justicia,
aunque con razones desde la ley, desde nuestra ley o desde nuestra no ley. Si
las razones son desde nuestra ley es suficiente para nosotros, si son desde
nuestra no ley también es suficiente pues no es necesario justificar nada, no
está contemplado en la ley, está fuera de la ley. Seguimos riendo desde nuestro
placer y satisfacción exclusivas. La respuesta para los que no pueden
preguntarse ¿por qué? sigue siendo el vacío.
Nadie ha salido de este atroz submundo, eso es
para nosotros un submundo, no tiene la categoría de mundo, de nuestro mundo,
así nos resulta fácil y dentro de nuestra justicia y de nuestra razón
ignorarlo. Nadie ha salido de ese tremendo submundo para contar el horror como
sucedió con los que sobrevivieron al exterminio nazi o salieron del Gulag
soviético, tampoco nos interesa ese presente, nos podría comprometer, sólo nos
interesa el pasado para convertirlo en una mercancía cultural, aunque sea
deformando el pasado.
El presente, el hoy ha habido algunos que lo
han contado y lo siguen contando desde fuera, nadie de dentro porque ni pueden,
ni saben, ni les creeríamos, nadie porque los hemos convertido en los más
desheredados de la Tierra. Lo negamos.
En lugar de hacer algo, salvo los pocos con
conciencia, nuestro mundo pone en marcha asociaciones y organiza
manifestaciones a favor de los derechos de los animales, para que no sufran, o
grupos conservacionistas de animales y plantas no de personas, muchos de ellos
logran ayudas, sobre todo públicas, en su cruzada por una serie de animales en
extinción que ni aun siquiera saben si la propia naturaleza, la vida ha
decidido que, en su continua evolución, acaban esas especies y abren la vida a otras
nuevas por las nuevas condiciones producidas por la misma vida. Para ellos los
millones de hombres en extinción diaria no existen. Creo recordar que hace
pocos años llegó a Canadá un barco cargado de hombres, mujeres y niños chinos
en busca de una vida digna, eran ilegales, con ellos una perra embarazada; hubo
cientos de solicitudes de gente para "adoptar" a la perra
desamparada; no quisieron que las personas desembarcaran, no hicieron nada para
ayudarles, menos para hacer justicia. Eran ilegales, no existían.
Las declaraciones de derechos humanos nos dan
la razón, debemos pensar que todos ellos no son humanos, no tienen derechos o
hemos contribuido a que no los tengan o se los negamos. Negamos, no tienen
derechos, no hay problema alguno, no provocamos horrores masivos nosotros
hombres con derechos.
En septiembre de 2.000 189 jefes de estado,
profesionales del poder político, firmaron en Nueva York la llamada Declaración
del Milenio, su fin era disminuir la desigualdad entre países ricos, de gente
con derechos, y países pobres y que el mundo fuera más justo. El informe sobre
Desarrollo Humano del Programa para el desarrollo de las Naciones Unidas
explica que desde 1.990 hasta ahora 54 países son más pobres.
Es todo tan monstruoso que sonreímos con
complacencia, a veces sonreímos con cierta conmiseración condescendiente y de
superioridad, creemos que nada de todo eso nos afecta ni nos concierne. La
libertad.
La depredación es una institución presente en
todos los ámbitos sociales, parte de las organizaciones proceden de ella y
otras instituciones están subordinadas y
a su servicio.
Como institución importante y arraigada, lo que
hace la depredación humana es eliminar directamente cualquier posibilidad de
verdadera libertad y esto tanto en los oprimidos como en los opresores, unos
sufren por la opresión y otros por su enfermedad de opresores que es más cómoda
y con privilegios.
Las sociedades opresoras, nosotros, aunque
hacen lo que creen oportuno y conveniente para sus intereses no son
responsables de sus actos depredadores, su ley les protege; nadie, ni mucho
menos su conciencia, nuestra conciencia, les exige responsabilidad, la
sociedad, nosotros, lo ha decidido así y se ha dotado de leyes que protegen la
depredación y, además, son de obligatorio cumplimiento en numerosos casos.
Sociedades así, de dominio cruel sobre otros
hombres, están enfermas, su dominio es enfermedad, colectivamente han
pervertido su razón. Ninguna persona que viva en libertad puede ser dominada
por alguien, nadie que viva en libertad puede dominar a otro. Ninguna sociedad
que viva en libertad, por más superioridad técnica o de otro tipo que tenga,
puede, colectivamente, dominar a otras sociedades. Si es así, no son libres, no
somos libres. La libertad no puede darse en una sola dirección, eso es tiranía.
Somos nosotros.
El problema es que en esa tiranía que nosotros
ejercemos arrastramos y sojuzgamos a muchos millones de hombres abusando de
nuestra superioridad y provocamos horrores, sufrimientos de todas las clases y
no nos sentimos responsables.
Al ensalzar semejante institución, que aparece
con diversos nombres en su desarrollo por medio de otras instituciones, la
sociedad relega la libertad de cada individuo a un plano teórico y vitalmente
no la considera fundamental para el hombre. Se produce una dualidad en esta
situación, por una parte el sistema social y económico que nosotros formamos
rompe y necesita eliminar la verdadera libertad del individuo, de cada uno de
nosotros y el sistema que nosotros mismos hemos construido nos quita a cada uno
libertad, el problema se resuelve con el engaño: la libertad consiste en poder
elegir entre diferentes mercancías y lo creemos, también en lo que se ha dado
en llamar democracias formales y libertades, también lo creemos; por otra parte
el sistema que nosotros somos nos impulsa a quitar la libertad a los que
consideramos inferiores técnicamente o culturalmente. Nos movemos y vivimos en
lo absurdo sin saberlo.
El engaño, lo absurdo está en la idea de
libertad que la sociedad nos transmite y nos hace creer que actuamos de acuerdo
con nosotros mismos, es falso, además nos permite actuar sin responsabilidad;
la sociedad nos persuade de nuestra libertad y quedamos satisfechos. Así, la
idea de libertad que la sociedad nos transmite es ambigua, difusa, pueril,
irresponsable. Surge de la ideología dominante: el utilitarismo al servicio de
la propia y exclusiva satisfacción y placer. La sociedad estimula la búsqueda
del propio provecho y premia cuando se consigue, frente a eso ignora o
desprecia las actitudes y los hechos altruistas y de verdadero amor.
El engaño está en lo que creemos libertad y nos
induce a establecer en cada momento la moral más conveniente y en esto, nuestra
sociedad al ser incapaz de discernir el bien del mal es amoral, los hechos lo muestran.
lo de bien y mal debe entenderse a partir de una idea clara de verdadera
justicia.
El engaño está en que para que haya libertad,
mi libertad, que consiste en ese utilitarismo de la propia satisfacción y
placer es imprescindible que la sociedad se organice a partir de la institución
clave, la depredación.
¿Podemos vivir en libertad dentro de un sistema
que nos la quita a nosotros realmente, aunque desde el engaño y, al mismo
tiempo, nosotros como sistema suprimimos, eliminamos, sin engaño, la de docenas,
cientos de millones de hombres?. ¿Cómo decimos vivir en libertad si no
aceptamos nuestra responsabilidad?. ¿Es posible la libertad sin responsabilidad
por los propios actos y por las propias omisiones?.
La
libertad y la justicia, dada la
idea de libertad que aquí se considera, están íntimamente asociadas. Con
frecuencia nuestras realidades y nuestros actos son unos y las ideas son otras.
En el campo de las ideas tanto la justicia como la libertad entran en el mundo
de lo abstracto y meramente conceptual, no en el vital. Hemos tendido y
seguimos igual a vaciar de contenido vital aquellas ideas que tienen vida en sí
y proceden de lo más hondo y sincero del hombre.
La justicia es una facultad del hombre que
tiende a dar a cada uno lo que le corresponde y, recíprocamente, uno espera
recibir de los demás lo que le corresponde. En este sentido es la virtud de la
sociedad que iguala a los hombres.
Esto es así en el supuesto de una concepción
determinada del hombre, por ejemplo la que está en la Declaración de los
derechos del hombre antes citada, el primer punto, recordemos: "Los
hombres nacen y permanecen siempre libres e iguales en cuanto a sus derechos.
Las distinciones sociales sólo pueden fundarse en la utilidad común".
Sin embargo, en la sociedad no nos aclaramos
demasiado. Si es imposible una justicia universal, según sabemos, incluso como
concepto aceptado por todos, no podemos pensarla en la realidad social y esto
como consecuencia de las formas en que se manifiesta la compleja y
contradictoria naturaleza humana y el predominio de uno de sus aspectos frente
al otro, es predominio del utilitarismo individual frente a la utilidad social
o, en otros términos, de la bestia frente al ángel, en lo que para algunos
lleva el hombre, algo de ángel y algo de bestia. Ante la imposibilidad de una
justicia universal, racional, la libertad es difícil.
Justicias distintas en distintos lugares y
épocas y todas se llaman justicia. No es racional, con la racionalidad que sea,
que el mismo hecho sea justo e injusto al mismo tiempo dependiendo tan sólo del
lugar en que se produce ese hecho. No es racional que un hecho justo hace
tiempo hoy sea injusto o al revés. Es imposible que sea justo el socialismo y
que sea justo el capitalismo, que sea justa la propiedad privada, en especial
de los medios de producción, y que también sea justa la propiedad social,
colectiva de los mismos medios. No es posible que sea justo el aborto y que sea
injusto el aborto. No es posible que sea justa la pena de muerte y que sea
injusta la pena de muerte. No es posible que unos robos sean justos y otros
robos sean injustos, revisemos el sistema capitalista, por ejemplo. No es
posible que la mujer sea igual al hombre y el hombre a la mujer en derechos y
obligaciones y que la mujer sea inferior al hombre en derechos y superior en
obligaciones de acuerdo con la ley que procede de alguna clase de justicia. No
es posible lo justo en una sociedad teocrática y que eso mismo sea injusto en
una sociedad laica. Es imposible que sea justo nuestro trabajo con una serie de
derechos y que nosotros mismos, que si nos falta o se transgrede alguno de esos
derechos lo podemos exigir y hacer que se respeten, consideremos justo que
millones de hombres, mujeres o niños trabajen sin derechos o que sean esclavos
reales y aunque decimos que no está bien rara vez decimos que es injusto y no
hacemos nada y lo aceptamos como algo justo porque nos reporta satisfacción....
. Una justicia u otra tienen como consecuencia eliminar la libertad.
En regímenes que se dicen democráticos lo que
se considera justo en unos se tiene por injusto en otros.
Veamos algo más de la justicia y su relación
con la libertad.
El diccionario define la justicia como:
"una de las cuatro virtudes cardinales, que inclina a dar a cada uno lo
que le corresponde o pertenece" y en otra acepción: "lo que debe
hacerse según derecho o razón".
Dar a cada uno lo que le corresponde o
pertenece. ¿Qué corresponde o pertenece a cada uno?, ¿la totalidad del producto
de su propio trabajo?, ¿la tierra, los recursos naturales corresponden o
pertenecen a alguien realmente o a la sociedad?, ¿según qué justicia?.
En su conocida "Teoría de la
justicia", al principio dice Rawls: "La justicia es la primera virtud
de las instituciones sociales"[27]. Intenta resolver
problemas complejos dadas las formas de pensar y actuar los hombres y las
razones que siempre nos damos a nosotros mismos para justificarnos; la solución
la busca a partir de los principios que plantea de la justicia, lógicos y
asumibles por muchos. La justicia y la injusticia, ésta: "consistirá
entonces, simplemente, en las desigualdades que no benefician a todos"[28]. Rawls, en su brillante
propuesta, parte de la idea del contrato social, lo dice él mismo.
Al especificar principios de justicia señala
que: "Cada persona ha de tener un derecho igual al esquema más extenso de
libertades básicas iguales que sea compatible con un esquema de libertades para
los demás"[29].
Más adelante vincula justicia y bondad entendiendo la idea de bien de una
persona como: "el proyecto racional de vida que elegiría con la
racionalidad deliberativa, entre la clase de proyectos del máximo valor"[30], la relaciona
directamente con los principios de justicia.
La citada obra de Rawls es completa y aborda un
tema crucial: el de la justicia. En la tercera parte incluye: "la bondad
como racionalidad", para acabar relacionando la teoría de la justicia con
los valores sociales y con el bien de la comunidad. Trata de superar el
utilitarismo. El principio, el punto básico en su teoría de la justicia es la
libertad.
A partir de su idea de la justicia original
pretende, en cierta forma, superar el utilitarismo preponderante en nuestra
sociedad. Stuart Mill en su conocido ensayo sobre el utilitarismo incluye la
idea de justicia, sin embargo el desarrollo de las sociedades, nuestra
concepción de las cosas y nuestra conducta llevan a mayores injusticias, es
decir, menor libertad.
La llamada de atención de Rawls, que recoge
bastante de los siglos anteriores, es importante como intento de aportar algo
elaborado y racional a un mundo que no funciona demasiado bien, en este caso el
mundo occidental, en cuanto a la concepción de la justicia y por consiguiente e
cuanto a la libertad. A destacar que el sistema no lo cuestiona.
Definir el ideal de justicia y a partir de él
el de libertad es difícil pues intervienen numerosos factores como: las
tradiciones culturales, las creencias religiosas, la capacidad social de
raciocinio, los valores morales cambiantes, también la idea del bien social,
tan divergente según sociedades, y esto las que tienen esta idea.
La sociedad es injusta a partir de unos valores
y la misma sociedad es justa a partir de otros valores diferentes. Posiblemente
el problema de la justicia deba enfocarse a partir de la libertad que no es un
valor sino un bien, supremo para algunos, consustancial al hombre, a todo
hombre, está en nuestra naturaleza. Una vez clara vitalmente la idea de
libertad, la justicia y su concepción llega sola.
La justicia no es ni anterior ni posterior a la
libertad, la justicia, que es un valor y una práctica social de los individuos
al vivir en sociedad, propicia condiciones para la libertad en la sociedad y en
el individuo que vive en ella y permite al hombre mayor desarrollo individual y
social. La justicia en sí es clave y
como medio para alcanzar la libertad también. La justicia perfecta, si es
posible concebirla, se agota en sí una vez establecida, no se puede llegar a
más justicia, pero los límites de la libertad no sabemos cuáles son.
La justicia universal es un ideal indefinido a
partir de una concepción del hombre también ideal y también indefinida, ideal
que es distinto según quien lo piense y que puede tener su punto de partida en
concebir al hombre desarrollando todas sus potencialidades, en palabras de B.
Russell sus "potencialidades divinas"[31]. Esto significa que el
ideal se plantee para alcanzarlo, como meta, dentro del tiempo que sea, dentro
del tiempo que el hombre tarde en ser consciente de quién es y de qué es.
La justicia de cada lugar depende de numerosos
factores, nuestra actual justicia depende de intereses, de valores sociales,
los que sean y lo mismo justos que injustos aun con claridad, depende de las
bases en que se sustenta la razón social, de cómo son las instituciones. Pero
siempre de lo de lo producido por la mente humana y aceptado socialmente. Así,
hoy el racismo o el esclavismo nos parecen disparates si están amparados por
las leyes, sin embargo los aceptamos socialmente, aunque lo neguemos, porque
están más o menos encubiertos; hace años, en diversos lugares, las leyes que
los amparaban eran justas, procedían de una justicia determinada, ahora son
conductas sociales que cuando nos proporcionan beneficios aceptamos.
Si aceptamos que el hombre lleva en sí todo,
que es ángel y bestia, la justicia verdadera surge cuando la tendencia, por
predominio de la razón y de otros valores es a desarrollar la parte de ángel;
en nuestro mundo actual la justicia procede del mayor desarrollo de la parte de
bestia que lleva el hombre, cuando predominan la irracionalidad y el utilitarismo,
aunque en ocasiones la gente proteste contra alguna clase de injusticia sin
acciones posteriores. Aveces y sólo en principios genéricos se plantea más
cercana al ángel.
En la idea de justicia está dar a cada uno lo
que le corresponde o pertenece. En la idea de libertad está la necesidad de
actuar cada uno de acuerdo con lo que es responsablemente. En la idea de
justicia y libertad está que cada uno pueda hacer lo suyo, lo que le es propio
en armonía con la sociedad.
Viviendo en sociedad los límites a la justicia
y a la libertad sólo pueden estar en el bien común, desde el momento en que se
prima la exclusiva y propia satisfacción siempre se daña a alguien. Si el daño
al limitar la propia satisfacción es a quien actúa sin respeto para dominar lo
propio de otro, no es daño, prevalece el bien común. El choque entre
utilitarismos exclusivos e individuales da lo conocido. El total respeto y
potenciación por parte de los otros a lo propio de cada uno que no atente
contra lo propio de los demás sólo puede darse cuando la sociedad, los hombres
realizan lo propio dirigido al bien común, cuando el quehacer de los hombres va
en esa dirección.
Hoy no es posible semejante funcionamiento, las
instituciones vigentes desde hace siglos propician lo contrario al bien común.
Otras instituciones, otros valores arraigados en la sociedad permitirían que
surgiese otro mundo. Lo perverso de esto es que sabemos las cosas pero somos
incapaces de actuar con coherencia. En su conjunto la sociedad es conocedora de
lo justo aunque impera lo injusto revestido de justicia que a su vez, igual que
el poder político, se disfraza de boato, de imagen de representación, de
ficción, de rol social. No hacemos nada para que la justicia sea digna de ese
nombre.
Aceptando como un bien superior la libertad es
injusto todo aquello que atenta o lastra la capacidad del hombre para actuar y
para no actuar y también lo que elude la responsabilidad por la acción u
omisión en bien de la sociedad.
En nuestra sociedad los más fuertes en
amoralidad o los que se encuentran en situaciones de privilegio tienen mayor
capacidad para actuar sin responsabilidad que quienes han nacido, no sabemos
por qué, en otros estratos sociales o en lugares periféricos. Imponen la clase
de justicia necesaria y útil para lo que ellos llaman libertad, para su
libertad que es tiranía para muchos.
Si la responsabilidad por la actuación de uno
es limitada por las leyes a algunas actuaciones y ante otros hechos de los que
se desprenden daños no existe la responsabilidad, las leyes no son justas; si
además la no actuación cuando debería actuarse, porque la omisión deliberada
supone un daño cierto, las leyes la ignoran estamos en una situación de
libertad social imposible propiciada por la arbitrariedad de las leyes tanto en
lo que considera perjudicial como en la pasividad ante daños evitables. Siempre
habrá ganadores y perdedoras, siempre habrá perjudicados y beneficiados,
dominadores y dominados debido a la arbitrariedad procedente de una idea
errónea de la libertad.
La lógica, una determinada lógica llevaría a
eliminar una serie de instituciones actuales que castran la libertad social e
individual, por ejemplo: la propiedad privada del capital dado su origen, los
bienes naturales ¿de quién son realmente propiedad?, ¿pueden tener un propietario
particular?, ¿qué valor tienen? (recordemos que los economistas dicen que el
valor de una cosa, de una mercancía es lo que cuesta producirla, dejo de lado
la antigua distinción entre valor de uso y valor de cambio).
Una lógica de la justicia lleva a Platón a
escribir "La República" o a T. Moro que está en "Ninguna
parte" o "Utopía", pero es impensable entre nosotros. ¿Son más
libres los ciudadanos de La República o los utopianos que los del sistema
capitalista actual, hegemónico en el mundo?, ¿Hay una justicia que se aproxima
a la verdadera en La República o en Utopía frente a la del sistema capitalista
actual considerado globalmente, con todas las consecuencias para los del centro
del sistema y para los de la periferia desheredados por nosotros?.
Desheredados de su propia naturaleza, de su
propio trabajo, de su propia tierra, de sus propios recursos naturales, de
todos sus derechos, de ellos mismos como hombres. Quienes les desheredamos
somos nosotros, los occidentales con derechos, con libertades, inundados por
las mercancías que ellos producen, utilitaristas burdos hasta la enfermedad. Es
nuestra justicia. Es su libertad.
Pero la justicia, según la definición del
diccionario, también es: "lo que debe hacerse según derecho o razón".
Volvemos a lo mismo, una razón universal admitida por todos es imposible debido
a los condicionamientos de las actuaciones de los hombres. No hay forma de que
los hombres nos pongamos de acuerdo. La razón se impone hoy, cuando no se puede
de otro modo, por la fuerza: represiones (recordemos cómo en Occidente a raíz
del terrorismo global los países restringen más las libertades), guerras,
traslados masivos de poblaciones a la fuerza, apropiación graciosa de recursos
naturales, etc. En último término impera la justicia procedente de la razón de
la depredación humana, de la institución fundamental. Es la base de nuestra
justicia. Es el fundamento de nuestra libertad.
¿Puede haber libertad sin justicia verdadera?.
Todo esto
existe en el sistema socia y económico único en el mundo actual, el sistema
capitalista. Lo que hace el sistema, la gente que lo formamos es continuar
con la depredación.
Lo característico del capitalismo no es la
explotación de unos hombres por otros hombres, esto existió y sigue en sistemas
anteriores como el feudal o el esclavista, sino la forma que reviste esta
explotación, la producción de plusvalía y su apropiación legal y gratuita, es
decir, su robo legal (algunos economistas ortodoxos se refieren a este hecho
como acumulación de capital necesario, que es cierto, pero olvidan el verdadero
origen, la forma y quien se apropia de esta acumulación). La fuerza de trabajo,
que es el trabajador mismo vendido en la realidad por un tiempo, es una
mercancía. Su compra y su venta es la diferencia específica del capitalismo
frente a otros modos de producción.
Muchos
hombres, legalmente, no tienen derecho a la totalidad del producto de su propio
trabajo, esa diferencia no se convierte en capital de propiedad social sino de
propietarios privados.
Esta es más acusado en unos lugares que en
otros, en la periferia que en el centro. Es más acusado porque el robo legal es
mayor.
Si aceptamos que la justicia también consiste
en: "dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece" se ve con
claridad que el sistema capitalista es injusto por ley procedente de lo que el
sistema llama justicia pero que es injusticia. Ley de obligatorio cumplimiento
dimanante de la injusticia. Lo aceptamos, no lo cuestionamos.
Según esto tan sencillo (como es natural el
análisis es bastante más complejo y lleva a mucho más), ¿es justa la propiedad
privada de los medios de producción?, ¿en virtud de qué justicia?. Es la ley,
eso nos basta. En virtud de la tergiversación y perversión del ideal de
justicia. A partir de esto las posibilidades de libertad disminuyen, el estado,
garante de que las leyes se cumplan; impone toda su fuerza (no olvidemos que
tiene el monopolio legal de la violencia) y propicia condiciones de clara
injusticia aunque las reviste de lo contrario, para ello utiliza todos los
instrumentos a su alcance: el sistema educativo, los sistemas de información en
régimen de cuasi-monopolio, el sistema político, el propio estado del
bienestar, el lenguaje, las modas y corrientes de opinión que es capaz de
inducir,... . Todo en una sociedad, seducida por las mercancías, cuya ideología
es el utilitarismo, que tiene una serie de derechos individuales y exige más
derechos exclusivos.
La libertad, nos hacen creer, consiste en
consumir, en consumir compulsivamente, algo necesario para el sistema, también
consiste en que cada uno tiene sus derechos individuales, en hacer lo que uno
quiere sin responsabilidad social, en buscar la propia y exclusiva satisfacción
y el propio placer e ignora o desprecia el esfuerzo de quien tiene sus miras y
su quehacer en el bien común. La sociedad ignora el sojuzgamiento al que
nosotros, hombres libres decimos, sometemos a otros y a otras sociedades
enteras.
La única moral que ha prevalecido durante mucho
tiempo ha sido la del capitalismo, el resto del código moral ha cambiado y
sigue cambiando, con frecuencia, hacia una moral que es amoralidad, en ella
nuestra falta de discernimiento. Todo está permitido salvo aquello que atenta
contra el capital o contra los valores del hedonismo que se pone de moda o de
nuestro utilitarismo. Cuando debido a esos valores sociales dominantes
infligimos daño a otras sociedades no lo consideramos así, forma parte de
nuestros derechos y no tenemos conciencia o si la tenemos pesa más la moda,
ignoramos el daño fríamente sin que roce nuestra conciencia.
Es la moral capitalista actual en su esencia y
pureza.
Es el engaño, nos dicen que tenemos libertad
plena y lo creemos.
Libertad: hacer cada uno lo suyo, lo de cada
uno sin más freno que la responsabilidad ante el bien común. El bien propio,
exclusivo supone en un momento u otro y en mayor o menor medida un mal para
otros, para la sociedad.
El sistema capitalista, con transformaciones,
es el que evidenció y explicó Marx y que fue intuido por otros pensadores.
Aunque M. Weber en su conocida obra "La ética protestante y el espíritu
del capitalismo" entiende que hay otros impulsos, al final de dicha obra
hace una denuncia clara de lo que estaba viendo que empezaba a ser el sistema y
la moral del mismo. Avanzó algo de lo actual hace cien años.
No son libres los explotados pero tampoco los
explotadores, éstos necesitan dominar a alguien, sin eso no serían nada en la
sociedad y uno de sus fines es elevarse en la escala social y ésta sólo se
valora por el dinero. El dominio sobre alguien, el poder es enfermedad que
también tiene servidumbres de falta de libertad en su relación con el mismo
poder, de la necesidad de poseer a otros dominándolos, de codicia, de ambición
sin freno. Un hombre que vive en libertad no puede ser dominado, pero tampoco
puede dominar tal como es la libertad. Lo que ocurre es que la sociedad, dadas
sus características, valora en extremo el poder y la riqueza.
Al dominar a otros, aun en ínfimo grado, se
cercena la libertad del dominado y se contribuye a construir una sociedad sin
libertades, sobre la base de dominadores y dominados, de amos y esclavos.
Nuestro sistema da normalidad a esta situación al legalizar, de varias formas,
la relación de dominio.
El capitalismo se basa en eso, en que unos
cuantos dominen a una mayoría, esto siempre es injusto, cada uno no recibe lo
suyo y la sociedad lo legaliza.
El estado es garante del sistema pues es
producto del sistema. Pone los medios que posee a su disposición.
Con las transformaciones en la forma de
generarse el capital (no es posible explicarlas aquí), las sociedades del
centro del sistema se han convertido como tales y en su actuación y por
consiguiente en su mentalidad, en capitalistas, con una contradicción: siguen
sin tener derecho legal a la totalidad del producto de su propio trabajo y al
mismo tiempo son despiadadas cuando ellas arrancan mucho más a los hombres,
mujeres o niños de la enorme periferia. Como sociedades son simultáneamente
explotadas y explotadoras.
Los avances sociales han logrado que las leyes
regulen un menor robo a los trabajadores del centro, pero no han regulado la
actuación de las empresas que incumplen con los derechos en el resto del mundo.
Los mayores salarios permiten que el ahorro
individual se convierta en capital por medio de las sociedades por acciones que,
a su vez, para seguir creciendo necesitan superexplotar a alguien, a los de la
periferia. la gente es las dos cosas al mismo tiempo: explotada en menor grado
que antes y explotadora en mucho mayor grado que antes. La mentalidad social es
la capitalista.
Hombres con libertades formales y una serie de
derechos son colectivamente, socialmente a través de intermediarios
profesionales bien pagados, explotadores durísimos y crueles sin saberlo
muchos, porque no quieren enterarse.
No quieren conocer, tampoco quieren conocer la
verdad del pasado, no quieren ver lo que estéticamente les molesta pues
éticamente no es importante. Sólo quieren consumir y huir.
Las escasas críticas que se hacen al sistema
proceden o bien de pensadores marxistas, desprestigiados, despreciados,
marginados o si se les considera son una simple variedad intelectual, pues su
influencia es pequeña, o bien de economistas o pensadores de dentro del
sistema, que viendo los disparates, denuncian algunos de ellos y tratan de que
sea menos injusto, pero nunca cuestionan el sistema y son incapaces de plantear
una justicia verdadera o de ver la libertad que el sistema capitalista,
nosotros, aplasta y suprime a millones de hombres, creen que en el centro reina
la libertad y a eso debe aspirar la totalidad del mundo, cuando sea. Incluso
las críticas se convierten en una mera mercancía cultural, progresista, etc., y
jamás pasan a la acción y al compromiso vital. Sus planteamientos son de
ciertas mejoras económicas a la gente, pero la gente se convierte en
estadísticas. Olvidan que tras cada una de las unidades que sumadas dan
millones de personas hay un disparate. Actúan tal como ya vio Stalin en su
apreciación de la muerte, una es una tragedia y un millón una estadística.
Al final los denunciantes intelectuales de
dentro del sistema incuestionado imaginan que libertad equivale a poder elegir
entre mercancías.
De otra forma el capitalismo también estimula
que las libertades políticas desaparezcan o no lleguen a numerosos países. son
conocidos los auspiciadores de golpes de estado y es conocido el ingente robo
de los numerosos dictadores, sanguinarios como tales, y de su círculo próximo
de poder; millones de euros o de dólares que son depositados, para su
seguridad, en entidades financieras occidentales o en grandes empresas y el
sistema recibe todo con satisfacción. Las cantidades son descomunales, proceden
del expolio directo por otra vía de sus poblaciones. Se beneficia el sistema en
conjunto, se perjudican todavía más cientos de millones de hombres en su miseria
y en su sojuzgamiento. Ese dinero vuelve al centro del sistema para fortalecer
a las empresas que expolian a esos mismos países
Aparte está todo el dinero procedente de
fraudes, contrabando, delitos, etc. del centro del sistema. En los países del
centro se protege y si hay dudas están inventados los llamados paraísos
fiscales también protegidos. El nombre ya es revelador, nosotros llamamos a eso
paraíso. Ese es nuestro paraíso o nuestro cielo.
Todo esto es largo de explicar, con lo
insinuado creo que nos podemos hacer una ligera idea de cómo el sistema
capitalista en su fundamento suprime posibilidades de libertad.
¿Es posible una sociedad en libertad cuando
existe un sistema social y económico de estas características?.
Para que
el sistema socio-económico actual
funcione es imprescindible un sistema
político acorde. Un sistema social y económico cuyo fundamento es la
depredación humana necesita un sistema político a su servicio que proceda de
las mismas instituciones, otra cosa es imposible.
La cuestión de la relación entre la política y
la libertad es compleja. Los tratadistas, los pensadores se han ocupado de la
política desde siempre; el punto de partida suele ser la Grecia clásica, luego,
las formas de evolucionar las sociedades han dado origen a distintas
concepciones, algunas más fácilmente recordadas por tener lugar en los inicios
del estado moderno, a partir de ese momento aparecen cada vez más estudios,
tratados, teorías,... tal vez los más conocidos sean Maquiavelo, Hobbes,
Montesquieu o Rousseau que recogen lo ya existente o lo que se está gestando o
plantean soluciones hacia la democracia. En lo reciente numerosos autores
estudian y analizan la mayor complejidad de la política, del estado, del poder
político, del derecho, de las formas de gobierno, de las democracias, etc.
En lo muy poco o nada que se puede tocar aquí
todo esto recuerdo algunas ideas sobre el estado moderno de manera muy sucinta
y tan sólo en algunos puntos.
Para Weber los grupos políticos se apropian del
estado moderno y se apoderan del "monopolio de la fuerza en un determinado
territorio"[32],
entiende cómo el aparato coactivo con el que un sector de la sociedad ejerce el
poder sobre otro sector. También llama la atención sobre el poder de la
burocracia tanto en la administración estatal como en los partidos políticos[33].
A partir de las ideas del estado y cómo se
estructura y organiza, siempre surge la política referida al poder aunque se
tiende más a hablar de sistemas políticos. Lo que queda al final es que el
proceso político se define como: "la formación, la distribución, el
ejercicio del poder"[34] o que el poder consiste
en producir los efectos deseados.
Aquí sólo me refiero al poder político que
siempre está relacionado con la fuerza y con el monopolio legal de la
violencia, no se habla del poder económico o ideológico, de gran importancia y
que tienen otros poderosos medios para ejercer la fuerza. No olvidemos que el
poder siempre está asociado a dominio, a fuerza ejercida sobre otros de la
forma que sea con el fin de producir los efectos deseados.
En la consideración del poder, sobre todo a
partir de Maquiavelo, se acepta la primacía de la política sobre la moral,
antes ya se ha indicado que a Maquiavelo le interesa el poder, no la moral o la
libertad. Para otros autores el fin del estado es la paz, para algunos la
libertad, como Spinoza. Prevalece en la Práctica y ha tenido más éxito la idea
de Maquiavelo.
Surge, entonces, el problema de la democracia y
las distintas formas que puede revestir: democracia representativa, democracia
directa, democracia política, democracia social, democracia formal o democracia
sustancial. Son grados, formas que reflejan el mayor o menor conformismo de las
sociedades que, si pueden vivir la democracia como "un estado de la
sociedad", la mayoría de los países
la entienden como una "forma de gobierno" y les parece suficiente y
totalmente satisfactoria.
La historia no asumida por nuestras sociedades
y los cambios producidos en las mismas han conducido, en algunos lugares, a una
corrupción de la democracia aun antes de haberse instalado. Es el caso de
numerosos países cuyas gentes no han sido capaces de ganar su democracia ni de
luchar colectivamente por su libertad política y cuando la han recibido
regalada, a veces con un alto precio para el regalador, la han entendido como
un derecho más que creen merecer porque sí, porque son ellos.
Es el olvido generalizado de que si la
declaración de los Derechos del hombre de la Asamblea francesa, hace más de 200
años, empieza: "Los hombres nacen y permanecen siempre libres e iguales en
cuanto a sus derechos..." fue el resultado de una revolución frente a la
tiranía del absolutismo que reina y gobierna arbitrariamente, como sucede con
todo sistema que utiliza a Dios para su provecho, sistema, el absolutista, sacrílego
según sus propios principios; frente a él el intento de considerar al hombre en
plano de igualdad con todos los hombres y, por tanto, con la posibilidad cierta
de vivir en libertad.
Todavía transcurrieron muchos años en Europa
para que esas ideas se asentaran en diversos países, no sin esfuerzo y lucha.
Aunque, en una concepción racional, cualquier
hombre que nazca en cualquier lugar debería ajustarse a esa declaración la
actuación de los hombres ha llevado y lleva en la actualidad a lo contrario. Debería
ser así en las vidas de los hombres porque, además de ser una declaración
racional, la sociedad se ufana de esa declaración, pero únicamente de manera
intelectual o como algo que nos cuenta la historia, la sociedad no la asume
vitalmente.
Las gentes de esos países que han recibido como
regalo la democracia y ciertos aires de libertad no saben qué es realmente y al
olvidar su historia y falsearla no salen del autoengaño colectivo. El sistema
sumerge a esas gentes en el brillo del mundo de las mercancías que creen es su
derecho y su libertad, para ellos es la democracia.
La práctica en la vida de cada día en las
sociedades no se acerca a que la democracia sea un estado de las mismas, no
está clara en la mayoría de los individuos y no puede estar clara en la
sociedad. Hemos corrompido la democracia antes de alcanzarla.
El ejemplo de España puede servir. Tras la
muerte del dictador Franco, anciano ya pero en el poder y después de 39 años de
la sublevación militar que dio lugar a la Guerra Civil española de 1.936, se
organizó la que se decidió llamar "transición española" vendida por
los profesionales del poder político, los intelectuales y los comentaristas
como modélica. Los que detentaban el poder político de entonces, tras una serie
de hechos peculiares, dieron paso a otros profesionales del poder político
algunos de los cuales ya lo eran en ejercicio durante la dictadura franquista y
otros próximos. Decidieron hacer una constitución que se sometió a referéndum
popular el día 6 de diciembre de 1.978, votó el 67,1% del censo, a favor de la
constitución lo hizo el 87,7%, en contra el 7,8%, en blanco el 3,5%. Es una
constitución extraña, de entre los puntos curiosos y peculiares destaco tan
sólo uno, en el Título II el artículo 56.2 dice: "La persona del Rey es
inviolable y no está sujeta a responsabilidad", en los siguientes
artículos se establece la monarquía hereditaria; volviendo a la inviolabilidad,
el artículo 64.2 dice que sus actos, los del Rey, serán refrendados por el
Presidente del gobierno y en su caso por los ministros competentes.
Si aceptamos que la libertad sin
responsabilidad no es tal, no se explica un disparate así en quien debería
tener mayor responsabilidad. Son claras las reminiscencias de ideas monárquicas
del Antiguo Régimen. Si como dijo Saint Just en la Asamblea francesa cuando
acabaron, Hace más de 200 años, con los reinados de derecho divino, es decir,
arbitrarios: "nadie puede reinar inocentemente", ya sabemos que todas
las monarquías tienen su origen en la depredación del más fuerte y bestia de su
época que es quien las empieza, en el caso español el origen irracional de la
monarquía es doble, pues al genuino de cualquier monarquía debe añadirse que al
que es rey en España lo nombró el sanguinario dictador unos cuantos años antes de
morirse tras haber estado varios años bajo su tutela para formarse.
Lo grave, siendo lo anterior revelador, es que
quienes redactaron la constitución española, además de otras peculiaridades,
escribieron de semejante manera los artículos concernientes a la Corona. Es
bastante claro que su idea de la libertad es muy particular.
Como contraste, muy pocos años antes en USA
destituyeron y condenaron a un presidente por corrupto, antes a su
vicepresidente. En España es imposible. Cuando los juicios por crímenes, no se
sabe si de estado o de gobierno de los llamados GAL y de corrupción, un juez de
un alto tribunal rechazó que declarara o que fuese imputado quien había sido
presidente del gobierno para no "estigmatizarlo socialmente". Nuestra
libertad. Nuestra democracia
Volviendo a la monarquía, lo importante no es
que los actuales reyes europeos no gobierne, lo hicieron sus antepasados de
forma absoluta por delegación divina, es decir con impunidad, lo importante es
que se mantiene un símbolo de poder cuyo origen es la depredación del más
fuerte, hace siglos, y el símbolo acompañado de todo el boato necesario y de
privilegios gratuitos o pagados por los ciudadanos mantiene viva una imagen de
poder, irreal, pero la idea que se transmite a la gente es que el poder es
propiedad privada de alguien, en este momento de los profesionales del poder
político, y el símbolo recuerda que el poder no es del pueblo, no es de los
ciudadanos, aunque haya democracias formales, de voto periódico a los distintos
individuos que se han apoderado del poder político en exclusiva para ellos, con
sentido corporativo. Los monárquicos razonan que la monarquía encarna la unidad
de la nación y cosas parecidas, les dicen a la gente que todavía está tutelada
por una farsa revestida de dignidad social y mediática. La gente lo acepta.
En la perversión de la democracia aun antes de
haberla alcanzado, el sistema político encaminado a hacerse con el poder para
producir los efectos deseados tiene un papel fundamental en esto. El sistema
político, hoy, está organizado como un medio para lograr el poder político por
sí mismo. Unos cuantos profesionales endogámicos del mismo, organizados a su
vez en partidos políticos jerarquizados que se apropian de la exclusividad de
la política, lo utilizan con habilidad para satisfacer mínimamente a quienes,
en la corrupción de la democracia, se limitan a depositar un voto en una urna
cada período de tiempo. Esos profesionales endogámicos del poder político y sus
organizaciones de la exclusividad del monopolio de la política, de esta forma,
se perpetúan en el poder. Como es natural, entre las diversas organizaciones
hay competencia por alcanzar mayor cuota de poder. No es teorización alguna
todo esto, simplemente es resultado de la observación.
Así, nuestras democracias no son sustanciales,
tan sólo atañen a la forma de gobierno y poco más.
Es cierto que una sociedad grande y compleja
como la nuestra no tiene fácil conseguir una democracia participativa en la que
la sociedad se incorpore a su propio gobierno y a la toma de las decisiones que
le conciernen, que atañen directamente a nuestras vidas. La sociedad que hemos
construido, de derechos sin responsabilidad propicia esta forma de democracia;
en una parte de los países casi todas las decisiones que afectan a la vida de
los individuos no las toman éstos sino los profesionales del poder político
desde partidos jerárquicos y endogámicos o bien, indirectamente, por medio de
esos profesionales son grupos de interés quienes tienen la posibilidad de
presionar a favor de sus intereses y lograr que las decisiones les beneficien.
Los profesionales del poder político y sus
organizaciones compiten dura y suciamente por alcanzar mayor poder, para esto,
en democracias de simples votos, necesitan convertirse en mercancías, la
mercancía-político, que con técnicas de marketing intentan captar al elector de
democracia de voto. En los procesos electorales, con frecuencia, se vota una
imagen, cada sociedad la suya, la de su momento. En los electores hay además
otros factores, con frecuencia irracionales, que influyen en su voto, pero los
factores irracionales son fomentados y utilizados como elementos influyentes,
para esto los cuasi-monopolios de información, los sistemas educativos y las
corrientes de opinión provocadas son importantes.
Por otra parte, las organizaciones políticas
necesitan mucho dinero para funcionar, suele proceder de impuestos legales que
dependen de los votos obtenidos y de chapuzas y corrupción en connivencia con
grupos de interés. De este modo permanecen estables y mantienen el monopolio de
la política, es imposible que entre en la política alguien ajeno a lo ya
establecido.
Los sistemas electorales tienen importancia en
varios aspectos pues tienden a que la responsabilidad de los elegidos se diluya
y los profesionales del poder político sólo dependen y dan cuentas a sus
organizaciones, rara vez a la sociedad.
Es normal que la "cosa política"
funcione así es un fiel reflejo de la sociedad. Veamos esto, nuestra sociedad
no es responsable de lo que hace, la responsabilidad por las atrocidades se
diluye en toda la sociedad, en nadie. El lenguaje lo revela una vez más, un
ejemplo, los que leen noticias o cosas en los medios de información confunden
los conceptos, así, los daños causados por una tormenta fuerte no son debidos
a, o a causa de, sino "por culpa de" o cualquier otra cosa, la gente
nunca es culpable de nada a lo sumo son "presuntos", aunque se sepa y
se les haya visto cometer cualquier barbaridad. Todo esto tiene un significado
claro, la culpa sólo es atribuible a las personas por algo, por una falta, por
un error, pero nuestra sociedad al hablar así no atribuye responsabilidad a la
gente, a las personas, el concepto lo trasladamos y, en consecuencia atribuimos
responsabilidad a, por ejemplo, fenómenos naturales. Lo mismo en otras muchas
cosas.
Al mismo tiempo, en nuestra sociedad de
mercancías abundantes, el sistema capitalista tiende conceptualmente, y cada
día más en la realidad, al monopolio empresarial privado en cada uno de los
distintos sectores de la actividad económica y la gente lo acepta como
beneficioso por muchas razones, el monopolio es fuerte, poderoso y permanece en
el tiempo, actúa como cree oportuno sin oposición y además, con las mercancías
que nos ofrece, nos proporciona satisfacción duradera. Está totalmente asumido
en nuestra mentalidad, no hay ninguna razón para que eso no se traslade a las
organizaciones políticas, entre muy pocos dominan todo el mercado del voto en
las urnas y, como los monopolios empresariales, han establecido barreras insalvables
a la entrada de otros competidores en su mercado del voto que ya es cautivo.
Eso creemos que es la democracia.
Se observa la misma organización tanto en el
sistema empresarial, instrumento importante del capitalismo económico, como en
el sistema político, instrumento de poder al servicio del sistema en general.
La gente suele estar satisfecha políticamente
con lo logrado, con lo que le han regalado, más aun en una sociedad con
numerosos derechos individuales, son la contrapartida que los profesionales del
poder político dan a la sociedad para perpetuarse con mayor comodidad.
Fijémonos que en las campañas electorales todos ofrecen nuevos derechos y
nuevas cosas a la gente, aun a sabiendas de la imposibilidad de que esas
ofertas puedan realizarse.
La divulgación de ideas y opiniones
discrepantes en lo sustancial es difícil en un mundo de imagen e información
instantánea y abrumadora, donde hay grupos de información en régimen de
"cuasi-monoploli" en los distintos ámbitos de la misma, es una barrera
insalvable la que se interpone a ideas y opiniones diferentes a las impuestas
por la corrección social de cada momento. Es cierto que existen alternativas
más o menos marginales, pero también es cierto que aparece poca gente que sea
capaz de hablar y obrar con entera libertad y sin temor a represalias de una u
otra clase.
En el juego, además, los tics de paternalismo,
de caudillismo, de liderazgo carismático son claros, la sociedad los necesita y
aprueba. Seguimos embelesados con el líder, es decir, con el jefe o conductor
de la "cosa política" y seguimos esperando que sea carismático, que
su sola presencia nos seduzca sin importar lo que pueda decir, todo nos está
bien, además sabemos que las promesas electorales de los profesionales del
poder político las hacen para captar votos de sus competidores y es normal y
está aceptado que, una vez alcanzado el poder, no las cumplan.
Aunque todo conduce a menor libertad tanto
política como individual, la sociedad acepta el juego porque se cree libre al
pertenecer al mundo de las mercancías abundantes y tener la capacidad para
elegir en ese mundo, allí cree ejercer su libertad, aun siendo un mundo
desigual y estratificado socialmente por razones económicas, pero eso está
dentro del sistema, de todo nuestro mundo. Debe aclararse que entre las
mercancías es importante la mercancía placer, como cualquier otra mercancía se
compra y se vende. La sociedad de las mercancías y de la indiferencia vacía
propicia esa cómoda situación a los enfermos compulsivos de poder, los
profesionales del poder político.
Ya en el año 1.965 observaba R. Aron que en
Europa Occidental "se llega a lo que yo llamaría el conformismo actual del
optimismo occidental"[35]. Recuérdese lo que en 40
años nos han proporcionado los avances técnicos, el de entonces y el de ahora
son dos mundos distintos en todo. La evolución de ese conformismo percibido
hace años ha dado lo que hoy tenemos. Los pensadores actuales al explicar el
aspecto político de nuestras sociedades señalan que éstas lo único que piden a
los políticos es que sean eficientes con sus intereses, a partir de
satisfacerlos pueden hacer lo que quieran: corrupción, crimen o robo de estado
(los ejemplos son numerosos, incluso políticos de algún país relevante han
tenido que inventarse con rapidez leyes de autoamnistía dado el alto grado de corrupción de la
totalidad de la clase política, a los muy pocos años algunos vuelven a estar
inmersos en la misma corrupción), todo es aceptado.
Esta breve descripción del clima político puede
apreciarse observando con no demasiada atención el acontecer político de muchos
de nuestros países occidentales, en los otros países todavía es peor. La
información está al alcance de todos,
Las formas actuales de la política y de la
democracia son reveladoras de lo que es la sociedad. Es innegable que los
grandes avances técnicos ofrecen medios para que la gente participe real y
activamente en los asuntos políticos, que a todos nos conciernen mucho, de
forma directa y que las decisiones que nos afectan, que conciernen a nuestras
vidas, las tomemos nosotros, no unos profesionales del poder. Esta posibilidad
ni la desean los `políticos ni la sociedad se la plantea.
En la actividad política es llamativa la
ambición desmesurada de una serie de individuos por alcanzar el poder. Hay
grados de democracia mayor o menor según países, pero en todos la ambición de
poder es un hecho.
No vamos a tratar aquí del poder que es de
muchas clases y complejo, pero siempre y en todas sus manifestaciones es una
forma de dominio que atenta contra la libertad.
Un hombre que vive en libertad desea hacer
"lo suyo" responsablemente y su hacer debe estar de acuerdo con los
haceres colectivos, con los haceres de los demás miembros de la sociedad, por
tanto ni necesita ni desea ser dominado y no necesita ni desea dominar a nadie,
tan sólo desea la igualdad que únicamente puede alcanzarse con justicia
verdadera y ésta surge de la libertad e impulsa la libertad.
Fromm explica en "El miedo a la
libertad" que se produce en momentos una dejación de la responsabilidad
propia, de la voluntad propia en el líder carismático. Algo de eso hacemos en
las distintas sociedades actualmente y renunciamos a nuestra posibilidad de
vivir en libertad, esa renuncia creemos que nos proporciona alguna clase de
beneficio. Entregamos nuestra voluntad. La veneración de mucha gente al poder,
a quienes lo tienen, les hace convertirse en serviles ante el poderoso, éste
les cede, les delega un poco de su poder que utilizan, a veces, en beneficio
propio y también de forma despótica, tienen poder.
Las organizaciones de poder, los partidos
políticos, en muchas ocasiones funcionan dictatorialmente, aunque haya
escenificaciones de lo contrario, o bien llegan a acuerdos de repartos de poder
entre los miembros relevantes de la organización. So los únicos acuerdos que
suelen respetar los profesionales del poder político.
A veces el reparto de poder se hace con otros
partidos políticos mediante pactos, pero compiten para eliminar al rival con
que se ha pactado. Llegan hasta el
extremo de poner de poner en peligro aspectos vitales de sus países con
tal de alcanzar el poder o de lograr mayor poder, en ocasiones rompen el país
sin importarles el daño causado, encuentran coartadas pretendidamente
ideológicas en la tergiversación de las ideas, de la historia o de las
instituciones, los ejemplos europeos recientes son una muestra de ese hacer.
Los pactos turbios y la utilización de medios de cualquier clase, morales,
inmorales o amorales es algo normal y aceptado por la población, les vuelven a
votar, no hay alternativas. Manipulan la realidad y las evidencias.
Los países europeos son ejemplares, sobre todo
aquellos que han recibido como regalo y sin esfuerzo la seudodemocracia que se
impone. Así, dirigentes pronazis declarados con trayectorias conocidas que
llegan al poder: Austria, Croacia,... , el hecho asombroso, nunca dado en la
historia hasta hace poco, de la conversión masiva de dirigentes en ejercicio en
los antiguos países estalinistas, más o menos duros, a demócratas desde siempre
que continúan gobernado, que siguen en el poder; hay pocos países cuyos
dirigentes políticos no hayan tenido esa asombrosa conversión, lo mismo de
otras procedencias como protofascistas franceses o de otros países, franquistas
españoles, etc. , las conversiones han sido tan numerosas que en todos los
partidos políticos, sean de la ideología
que sean, ocupan cargos públicos, desde ministros de los gobiernos hasta
otros menos vistosos. En ningún caso ha habido alguna manifestación acerca de
sus pasados. So profesionales del poder político. No es necesario hacer un gran
esfuerzo de imaginación para adivinar lo que debieron sufrir ocupando cargos
públicos durante la dominación nazi, durante el franquismo o en el largo
estalinismo. Las mutaciones ideológicas han sido numerosas.
Para quienes buscan el poder con tanto afán y
utilizando cualquier medio, el fin sí justifica los medios empleados para
lograrlo, es innegable que Maquiavelo no ha perdido su vigencia tal como vemos
actuar a los profesionales del poder político. Dan la sensación de estar
enfermos, hay delirios, enfermedad, no sé si aspectos sádicos, masoquistas,
complejos o sentimientos de inferioridad, paranoias o qué hay tras muchos de
esos profesionales compulsivos, pero parece que tras ellos existan en algunos
problemas individuales, pero sobre todo una enfermedad de libertad, se da en
ellos una disociación enfermiza. Un repaso por las biografías más o menos
objetivas de numerosos gobernantes explican lo dicho sin demasiadas dudas. La
enfermedad, en mayor o menor grado, alcanza a los círculos de los profesionales
del poder político incluyendo en esos círculos a aquellos que utilizando la
información crean o tergiversan la opinión de la gente. No se explica que las
evidencias sean utilizadas y explicadas de formas tan opuestas, un mismo hecho
no puede ser verdadero y falso al mismo tiempo y la interpretación de ese hecho
no puede ser simultáneamente de perversidad o de bondad en el mismo profesional
del poder político. Hojear la prensa de un día cualquiera o revisar algunas
obras puntuales sobre momentos y personajes es revelador de lo dicho. Las
propias valoraciones frías de comentaristas, por ejemplo pensar que provocar
una guerra va a permitir la reelección de un gobernante, sin más argumentos
sólidos, cuando menos resulta preocupante, pero también que la gente vote a ese
individuo, en muchos casos, enfermo.
¿Quién puede desear obsesivamente dominar a
otros, a muchos, si no es quien tiene en poca o ninguna consideración la
libertad?. ¿Quién puede entregar su voluntad a individuos así sino quien tiene
pánico a la libertad?.
En nuestra sociedad depredadora es
característico que el profesional del poder lo alcanza por cualquier medio:
guerras, asesinatos, mafias, corrupción, etc. Es la valoración de la sociedad,
siempre en lo alto el más fuerte en lo que sea: el deportista que tiene más
músculo, el que corre más, aunque se dope, el más rico, sabemos el origen de la
riqueza, etc. En lo alto quien tiene poder, más alto cuanto más poder, cuanto
más nos puede tiranizar, es lo que más valoramos y admiramos, queremos ser como
ellos, los imitamos, no queremos ser nosotros.
Hay que gobernar, significa: "mandar con
autoridad o regir una cosa", confundimos autoridad con poder, hay muchas
formas de autoridad. Es necesario gobernar en las naciones, hay muchas razones,
todas, para que haya gobernantes, para que alguien mande con autoridad, en
nuestro mundo el gobernante y su autoridad tiene tras sí el monopolio legal de
la violencia. Hay razones para gobernar y las sociedades han buscado formas de
gobernarse o de que las gobiernen.
En la organización de la sociedad existen
numerosas parcelas de poder político relativamente independientes aunque
siempre subordinadas al partido político correspondiente, hay distintos niveles
jerárquicos y sectoriales, en todos los casos hay gente que ansía esos poderes
desaforadamente: organizaciones sindicales, ayuntamientos, comarcas, regiones,
universidades, provincias, justicia, etc. La gente quiere ocupar cargos, aunque
sea en su comunidad de vecinos, en su asociación deportiva o de beneficencia.
Para ocupar los cargos siempre hay numerosos candidatos que pugnan entre ellos,
tras esos cargos beneficios particulares, vanidad, relieve social y siempre,
tal como funcionan, enfermedad.
La forma que toman las campañas electorales,
los medios, los métodos, todo para alcanzar el poder: falsedades, espionaje,
pactos con mafias, calumnias, burlas, utilización de muertos, de atentados, de
guerras, juegos de imagen, sistemas de encuestas, teatralización, puestas en
escena casi litúrgicas, etc. y todos o casi todos tienen a bien engañar, mentir
y pedir el poder. La gente cree que se lo otorga cuando realmente no existen
alternativas ni se permiten. No suelen estar los mejores de la sociedad en esa
pelea innoble.
Los ejemplos de esta teatralización del poder
para mostrar por medio de las formas dónde hay poder, para dar una clara imagen
de poder están en toda la historia, en todos los lugares y en todas las épocas.
Se trata de mostrar claramente el dominio sobre la gente, sobre el pueblo,
sobre los ciudadanos. La representación y los símbolos de poder también están
en las construcciones, edificios, etc. que muestran la megalomanía del
gobernante que se cree poderoso y empequeñecen al ciudadano, esto lo explica
perfectamente un conocedor de la arquitectura al servicio del poder, me refiero
a A. Speer en sus diarios de Spandau.
Otras formas se ven también hoy en las de
numerosos gobernantes, los dictadores por supuesto, de las democracias formales
y, aunque no detenten el poder real, si son símbolos del mismo ante los
ciudadanos la representación es espectacular: actos de las monarquías europeas
en funerales, bodas, vacaciones,... que, anacrónicos para muchos, son
importantes para la masa de ciudadanos, nadie cuestiona su legitimidad inexistente
siempre, sus funerales, bodas, etc. parecen operetas trasnochadas pero muestran
una imagen del poder del gobernante que haya en cada momento; la sociedad lo
acepta sumisa, aun como simple espectáculo, pues es nuestro rey, nuestro
príncipe, nuestro..., al ser "nuestro..." lo aceptamos, participamos
como espectadores y lo pagamos con nuestros impuestos, es la confusión de país
y poder en sus símbolos artificiales, símbolo inaccesible y cercano, la imagen
nos familiariza y acerca virtualmente y ya forma parte de nuestras vidas. Poder
distante y cercano por medio de la imagen.
Hay que gobernar es necesario en las naciones,
en las provincias, en los pueblos o en las ciudades, en las universidades o en
los sindicatos, pero hemos ideado y construido un sistema que se va
pervirtiendo o ya nace corrompido, sobre todo en los países con democracias
regaladas. Los tratadistas, los comentaristas, los que dirigen y manipulan a la
opinión pública dicen que no hay otra forma.
Posiblemente en las sociedades actuales con sus
características y valores sea la mejor forma, no está claro, pero aun así,
incluso en nuestras sociedades puede mejorarse la democracia e ir hacia algo
más pleno y responsable en toda la sociedad, tal vez pueda tenderse a que el
estado de la sociedad sea de democracia real.
Muchas decisiones, casi todas realmente, que
afectan a nuestras vidas las toman los profesionales del poder político, así:
el aborto, la pena de muerte, la entrada en la UE, la adopción del euro, la
eutanasia, la clonación, la inmigración, las formas de redistribuir la renta,
la regionalización y miles de decisiones más no pasan por la sociedad, no las
debate, discute, reflexiona y asume sus responsabilidades en cada individuo y
decide sin intermediarios. Con los medios actuales no supone convertir las
decisiones en lo que algunos llaman democracia plebiscitaria, supone
profundizar, entender las posturas distintas, asumir cada uno las decisiones
tomadas directamente, no eludir responsabilidades, decidir por uno mismo cómo
vamos a actuar y responsabilizarnos por ello, es decir, ser más libres en
nuestras vidas y en la sociedad.
Cosas así no interesan, ni se le proponen a la
sociedad, ni los profesionales del poder político lo desean. Todos nos
escudamos en los expertos para evitarlo, es una falacia. El poder de los
profesionales del mismo se vería mermado. Quizá entonces llegasen a la
"cosa pública" individuos menos enfermos. Pero se anestesia a la
sociedad.
Los grupos que se adueñan de la política tratan
de perpetuarse, la consecuencia es una merma de la libertad o de las
posibilidades de la misma. Las ideologías que se ofrecen son eslóganes ante el
vacío ideológico de la sociedad y no difieren entre los grupos importantes que
se alternan en el poder, sí se diferencian en puntos acordes con las corrientes
de opinión cambiantes. La sociedad no desea cambios serios, desea más derechos
individuales, está satisfecha con lo que le dan y le dan porque la opinión
social o la de los vociferantes en la sociedad es lo que induce a pensar a los
políticos, propietarios del poder.
Existen numerosos ejemplos de todas las formas
utilizadas para llegar al poder, algunas son evidentes y otras son más
discretas y con ellas la clase de mensajes que la sociedad acepta.
Es conocido cómo se resolvieron las elecciones
presidenciales de USA en el año 2.000 o cómo fueron las últimas elecciones
alemanas o las presidenciales francesas, es de destacar cómo en este país
permanece un alto porcentaje de gente que vota a partidos declarados o que en
su oferta son fascistas, lo mismo se da en Austria y en otros países de forma
más o menos encubierta o el peculiar caso español, si antes he citado las
elecciones de 2.004 hay en ellas un hecho significativo, dos meses antes de las
mismas el jefe de un partido independentista catalán, que se autoproclama de
izquierdas y la gente lo cree, pactó con los terroristas de ETA (han asesinado
a casi 1.000 personas, han dejado miles de heridos y otras clases de
disparates) que no asesinaran en Cataluña y sí en el resto de España, el grupo
terrorista lo anunció así poco tiempo después. En las elecciones posteriores,
dos meses después, ese partido obtuvo la mayor cantidad de votos de su última
historia en unas elecciones generales españolas que sus caudillos plantearon
como un plebiscito, obtuvieron cientos de miles de votos. Una clara muestra de
lo que la sociedad piensa y evidencia
del grado de fascismo real. Podemos ver cualquier otro país.
Debemos recordar que vivimos en una sociedad
caracterizada también por la inmediatez y sin preocuparse por mucho más. Ante
la anestesia de la sociedad desde el punto de vista político e ideológico y el
dirigismo cultural, los problemas que se intuyen se ven irresolubles por lo
lejanos, aunque sean actuales, nuestro vivir en la inmediatez nos lo impide.
La sociedad de la inmediatez y de los derechos
lo único que busca cuando aparecen problemas es una solución rápida y eficaz,
aunque sirva para un día, que exige a los profesionales del poder político.
Muchos de los problemas tienen causas profundas y lejanas, su solución requiere
conocer las causas, tiempo y paciencia, pero las exigencias sociales obligan a
establecer normas que tan sólo intentan atajar eliminar las manifestaciones de
los problemas porque nos molestan, el resultado es que los problemas acaban
saliendo nuevamente con otras manifestaciones y mayor virulencia. Esta forma de
funcionar afecta a lo que se teme y no se resuelve por no afrontarlo.
El futuro no lo consideramos vivimos en el
presente y es todo lo que nos importa, cosa lógica, pero vivimos en un mundo
construido durante siglos y seguramente el mundo continuará tras nosotros, tras
los que vivimos hoy, un mundo con nuevos y complejos problemas que pueden
condicionar el futuro o romperlo para los que van llegando tras nosotros. Los problemas
los dejamos en manos de los profesionales del poder político y de los técnicos
y expertos a los que Galbraith llamó, referido a las empresas, la
tecnoestructura, podemos llamarlos así también. Todos ellos, profesionales del
poder político y tecnoestructura tienen sus propios intereses que no siempre
coinciden con los de la sociedad y tampoco tienen muchas de las soluciones que
les exigimos, sus propuestas siempre están sesgadas ya sea por la necesidad y
exigencia de resultados inmediatos y tangibles, ya sea por sus propias
limitaciones.
El futuro de las sociedades lo construyen
ellas, las soluciones para los complejos problemas que debemos afrontar no
están claras, North dice que la sociedad que más intentos hace es la que
encuentra soluciones sólidas. Nuestro caso no es de intentos, la historia nos
enseña que no existen soluciones colectivas salvadoras para la sociedad, todos
los intentos habidos hasta ahora han tenido costes muy elevados en forma de
disparates y atrocidades, debe incluirse aquí también al actual sistema
capitalista tal como hemos visto, aunque haya aportado avances a costa de
retrocesos humanos, no olvidemos que su base es la injusticia directa. Nuestro
trabajo debería ser construir el futuro de manera racional para la sociedad, la
verdadera democracia, la libertad social. Pero esto sólo puede lograrse si la
sociedad, cada uno entiende que la democracia y la libertad son estados de toda
la sociedad y en su construcción estamos involucrados todos y cada uno. Es muy
difícil.
Pueden enumerarse algunos de los problemas y
veremos que las mejores posibles soluciones pasan por la verdadera libertad
social. Antes se han citado algunas de
las decisiones que toman otros por nosotros, sin preguntarnos, y afectan a
nuestras vidas. No debatimos los problemas que así podrían tener mejores
soluciones, no se nos permite tomar nuestras decisiones directamente, ni
nosotros lo deseamos, no llegan a la sociedad para que se involucre e interese
vitalmente por sus propios problemas y por sus soluciones. Se da también
escepticismo ante los profesionales del poder político.
Hay problemas, como los insinuados antes acerca
de la especie de gulag mundial, que deliberadamente ignoramos y que no pueden
ser eternos pues las sociedades, en un momento u otro reaccionan, eso también
nos lo enseña la historia; existe el serio problema de la inmigración con todo
lo que arrastra y lo que para nosotros supone, así: otorgar todos o sólo parte
de los derechos que nosotros tenemos, permitir o no religiones y usos sociales
que son totalmente contrarios a cualquier atisbo de libertad social o
individual, la labor colectiva de convivir, educadora, pero son los gobiernos,
por ejemplo, el gobierno español ha decidido financiar la enseñanza del
islamismo sin preguntar y sin debate, el francés ha decidido suprimir todo
símbolo religioso aunque algunos de esos símbolos lleven siglos en Europa;
curiosamente nadie ha decidido derribar las obras procedentes de la megalomanía
y enfermedad de gobernantes, o el boato semilitúrgico del que se acompaña; . el
cambio poblacional que va a suponer de forma clara la inmigración y el trato
que hoy damos a los inmigrantes no sabemos ni pensamos qué consecuencias
tendrá, sobre todo si no hacemos nada; la deslocalización de empresas, incluso
del propio de origen, que conlleva más
inseguridad, miedo, paro, etc. (es una oportunidad más para cuestionar el
sistema), pero deciden los gobiernos o los sindicatos, no la gente, pues se
trata de preservar y fortalecer el sistema, así vemos que los alemanes, ante el
temor, pactan trabajar más horas por el mismo salario (noticia del día 5 de
julio de 2.004) o que reducen de 32 a 12 meses la prestación de desempleo, lo
hace un gobierno que se llama de izquierda, (noticia aparecida el día 10 de
julio de 2.004). Sólo tienen libertad las empresas, las grandes empresas, la
gente no. En cierta forma es una manifestación más, que en este caso afecta al
centro del sistema y creemos nos concierne más, del poder del injusto y
antilibertad sistema capitalista al que la gente teme, apenas lo sabe, y
venera. A la sociedad no se le propone el debate, la discusión de las causas,
qué hay tras esos hechos y la posibilidad de resolver sus problemas. Tal vez
eso podría llevar a la gente a desear, buscar y encontrar algo diferente y modificar
el funcionamiento del sistema o el propio sistema, es peligroso.
Los avances científico-técnicos ofrecen, cada
día, nuevas posibilidades, desde la conocida clonación hasta formas de embarazo
y elecciones ante él, como el sexo del que va a nacer, o la eugenesia, etc.,
son otras cuestiones que no dilucida la sociedad y se juega su futuro; son
asuntos exclusivos de la tecnoestructura relacionada con la técnica, con la
ética cuando se cree que debe intervenir, pero sólo los afectos al sistema. La
sociedad hace dejación de sus propios problemas y de sus soluciones.
Los cambios de moral también plantean nuevas y
serias cuestiones como las antes citadas, la tecnoestructura y los
profesionales del poder político deciden, sin embargo, el debate social serio
tal vez llevase a una mayor racionalidad.
Dicho de otra forma, una sociedad que conoce y
asume sus problemas y busca resolverlos como sociedad, sin el dirigismo y los
intereses espurios de los profesionales del poder político, de la
tecnoestructutra y de quienes están en la cima del sistema, siempre tendrá más
conciencia de sí misma, de los demás, de uno mismo y se conocerá mejor,
asimismo avanzará en la democracia, valorará la libertad al entender que en
ella también está la responsabilidad, la de cada individuo y la de la sociedad
y en todo ello mejorará.
Parece irrealizable, pero dados los grandes
medios existentes es posible, con voluntad, limpieza, generosidad y tiempo,
seguramente mucho, es posible avanzar. Esta sola posibilidad es un riesgo para
el sistema capitalista, pues profundizar y entender y vivir en libertad
significaría que la sociedad acabaría cuestionando, por obvio, la injusticia en
que se sustenta y buscaría y encontraría soluciones a partir de la razón recta.
Esa sola posibilidad no pueden permitirla quienes se han apoderado de todo el
aparato de poder, no sólo político, de la sociedad.
La cuestión es, entonces, si con el sistema
político existente podemos pensar que se propicia que la sociedad viva en
libertad desde el punto de vista político o si se da lo contrario.
Pero la
libertad social no sólo
está en la libertad política, en las libertades. Siendo fundamental la libertad
política, en la sociedad existen otras
instituciones y organismos importantes construidos por los hombres cuyo fin
es pretender resolver y satisfacer otras necesidades de los individuos y además
por otros medios mantener el sistema.
Colectivamente no hemos sido capaces de
encontrar soluciones salvadoras y construir otros sistemas políticos,
económicos, sociales que resuelvan los problemas que tenemos desde siempre y
los que van apareciendo con el andar de las sociedades, la causa es nuestro
miedo a vivir en libertad.
Las necesidades que tiene la gente sólo puede
resolverlas en la sociedad, necesidades que no son únicamente las materiales
pues tenemos otras, que podemos convenir en llamar, espirituales o no
materiales como son las religiosas o las culturales. Son necesidades reales y
para muchos individuos también vitales.
Algunas, como las religiosas, en distintas
sociedades suelen disminuir en intensidad y cambiar en las formas de
satisfacerlas al aumentar el bienestar material, el consumo y tener
adecuadamente satisfechas una serie de necesidades primarias, que no son las
mismas en todas las sociedades, en contrapartida aumentan otras como el ocio,
satisfecho con más consumo, o la cultura estandarizada.
Los cambios producidos en la sociedad suponen
cambios en las formas de satisfacer esta clase de necesidades, lo mismo las
culturales que las religiosas.
En lo cultural, aunque se ha producido una casi
total alfabetización en nuestras sociedades, un aumento en los niveles
oficiales de estudios, las estadísticas hablan de número creciente de
universidades, de titulados universitarios, etc. , no significa que uno de los
sentidos que tiene la cultura, que es resultado de emplear los conocimientos
humanos y la utilización de sus facultades intelectuales el hombre tenga una
mayor demanda en la sociedad si nos atenemos al desarrollo de estudios,
programas y número de individuos y consideramos el funcionamiento de la
sociedad en el desarrollo de las facultades humanas, no es lo mismo que
desarrollar ciertas habilidades o desarrollos meramente técnicos con al
importancia que tienen.
Si se entiende la cultura como los grados de
desarrollo artístico, científico, técnico, en algunos de estos aspectos sí hay
auge pero es fundamentalmente profesional y si nos referimos a la cultura
popular, que se centra en las manifestaciones de la vida tradicional de los
pueblos, sí que hay un peculiar renacimiento o huida por algunos de estos
medios, no está claro.
Las necesidades culturales que desea satisfacer
parte de la sociedad no suelen ser las consideradas en el primer sentido dado a
la cultura, la utilización de los conocimientos humanos y de las facultades
intelectuales del hombre, las que más interesan a la sociedad. Interesan más
los desarrollos técnicos tanto por las necesidades meramente profesionales como
porque numerosas mercancías requieren para su uso ciertos conocimientos
técnicos, por lo general son conocimientos aprendidos de forma imitativa,
repetitiva pero sin conocer sus fundamentos.
Sí tienen un auge notable las manifestaciones
de la cultura popular de cada lugar y de recuperación de manifestaciones
antiguas de esta cultura. En este tipo de manifestaciones es donde se imponen
corrientes sociales sin más planteamientos que recuperar lo antiguo o lo
pretendidamente antiguo, porque eso es cultura, toda la cultura, eso atrapa a
mucha gente, son modas y algo más.
Tal vez en "El Gatopardo" se expresa
perfectamente algo de lo que hay tras esta moda social: "... las novedades
sólo nos atraen cuando sentimos que están muertas, que ya no pueden producir
corrientes vitales; a ello se debe asimismo ese fenómeno increíble de la creación
actual, ante nuestros ojos, de unos mitos que si fueran realmente antiguos
despertarían veneración, pero apenas logran ser siniestras tentativas de
sumergirse otra vez en un pasado que nos atrae precisamente porque está
muerto"[36].
Es una tendencia, ya hemos recordado antes el
boato del poder y su simbología, recuperada de lo antiguo, en momentos de
menores o nulas posibilidades de libertad social. Lo aceptamos y el disfraz que
marca la no libertad no se cuestiona, es consustancial a la escenificación del
poder político.
Recuperamos culturalmente un pasado muerto sin libertad y vivir para
ello denota pánico a un futuro de posible libertad, pero ese pasado muerto:
trajes típicos, fiestas determinadas, romerías, modos, costumbres, técnicas,
artesanías inexistentes y reinventadas, personajes concretos, piedras, lenguas
en desuso desde hace años o siglos, leyendas, historias propias reales o
inventadas, teatralización de sucesos históricos o pretendidamente históricos,
etc. que son, muchas veces, atractivos turísticos y algo más. Y nos aferramos a
un pasado que era sin libertad, con problemas de ese pasado que olvidamos,
ensalzamos formas de un mundo, casi siempre, sometido a la tiranía de
gobernantes déspotas y de clases sociales opresoras, con todos los derechos
frente a la mayoría de la sociedad sin derechos. Eso recuperamos. No lo vemos
porque creemos que tan sólo recuperamos una estética y unas formas y no vemos
que esas formas son resultado de la tiranía, es lo que realmente hay tras
ellas; son manifestaciones de su momento, de su sociedad y esas sociedades no
tenían la posibilidad de vivir en libertad, nosotros sí la tenemos pero
recuperamos alegremente lo procedente de la tiranía. Frente a un futuro con
posibilidades de libertad huimos hacia las formas antiguas de la tiranía.
Recuperamos monumentos antiguos, los veneramos
por su estética y fabulamos sobre ellos. De nuevo recurro a "El
Gatopardo": "...estos monumentos del pasado, magníficos pero
incomprensibles, porque no los hemos edificado nosotros, que nos asedian como
bellísimos fantasmas mudos"[37]. En esas fabulaciones se
organizan cosas peculiares: rutas templarias, rutas del Grial, peregrinaciones,
jacobeos, etc., gente que tal vez busque algo a través de un pasado mitificado
que tuvo sentido en un momento con otros planteamientos sociales. Seguimos
huyendo.
Ni aun siquiera respetamos a los propietarios
de los monumentos abandonados y nosotros pedimos a los profesionales del poder
político que con dinero de todos los restauren, no los respetamos porque en su
día decidieron abandonarlos y seguir, tal vez, hacia el futuro.
La mitificación del pasado se convierte en
devoción, el mito que inventamos es la nueva fe que nos atrapa y llegamos al
ridículo, poco a poco vamos viviendo para la nueva fe y nos llenamos de símbolos,
de imaginería, de nuevos dogmas, nuestra pretendida búsqueda vuelve a las
formas de las épocas de tiranía.
Ante la ausencia de la clase de respuestas que
nuestra sociedad de la inmediatez y de las mercancías nos ha enseñado que
tenemos derecho ante nuestras demandas, la sociedad ofrece diversas soluciones
para satisfacer las necesidades procedentes de vivir con preguntas de difícil
respuesta o con insatisfacciones profundas.
Muchos siguen esperando, pero no buscando,
soluciones colectivas salvadoras que no existen porque cada uno no es, entonces
creen encontrarlas individualmente de maneras peculiares y desde esas
soluciones que son engaños pierden la posibilidad de vivir en libertad y
renuncian a ella a cambio de conseguir seguridades ficticias, eso no importa.
Si las mercancías y el estado del bienestar dan
ciertas seguridades, aunque ahora se esté desconstruyendo lo alcanzado tras
muchos años de lucha y angustia debido al empuje del sistema capitalista, al
hombre le faltan otras seguridades que den respuesta a sus preguntas y a su
angustia, la provocada por la profunda insatisfacción más allá de la
satisfacción por las mercancías.
En las respuestas que buscan seguridad, antes
creíamos que nos la iba a proporcionar la ciencia, se activan formas de fe, en
realidad de una posibilidad que está en los individuos y rechazamos, la fe
religiosa, porque pensamos que escapa a la razón y lo que hacen muchos es
aceptar unas formas de fe más irracionales que les han dicho permiten obtener
resultados concretos. No puede ser de otra forma dados los fundamentos
irracionales de nuestra sociedad: el sistema es injusto, la depredación está en
lo alto de la sociedad, el poder es venerado, el consumismo compulsivo como
síntoma de la enfermedad de insatisfacción llena de carencias.
La ciencia tampoco nos da las respuestas que
esperamos, a lo sumo nos permite entender mejor y hacer más, de otra forma. la
postura del científico ante las preguntas vitales no es la ciencia, es su
postura individual y, en general, el rechazo de la irracionalidad. No debemos
confundir la ciencia con la filosofía de la ciencia, en ésta sí aparecen ideas
peculiares que a veces dañan a la ciencia o a lo que se entiende por ella.
Tomemos una postura individual de un científico preocupado por su mundo y por
la dimensión social de su disciplina de conocimiento, está el rechazo de la
irracionalidad, el deseo de ir hacia el futuro en libertad, aun considerando la
explicación del hombre por el azar, desde no tener las respuestas. J. Monod
dice que la "ambición última de la ciencia entera es fundamentalmente,
como creo, dilucidar la relación del hombre con el universo"[38], en este sentido habla
del mal del alma cuando los sistemas confusos de moral, ciencia, religiosidad,
progresismo cientista y pragmatismo utilitarista están fuera del conocimiento
objetivo, hostiles a la ciencia que quieren utilizar pero no respetar y servir[39]. Entiende que en el
conocimiento está el valor supremo y la garantía de los demás valores y piensa
en instituciones "consagradas a la defensa, a la extensión, al
enriquecimiento del Reino trascendente de las ideas, del conocimiento, de la
creación. Reino que habita el hombre... el hombre sabe al fin que está solo en
la inmensidad indiferente del Universo de donde ha emergido por razones de azar.
Igual que su destino, su deber no está escrito en ninguna parte. Puede escoger
entre el Reino y las tinieblas"[40]. Se esté de acuerdo o no
con eso, con concepciones, postulados, explicaciones, aun en la concepción
angustiada del hombre, de su origen y de su fin, en la búsqueda sincera y por
encima de todo en esa angustia está la razón, está la libertad.
La ciencia también la desvirtuamos en lo que de
ella nos llega, lo mismo que en las demás ideas, información y mensajes.
Recordando Monod el 2º principio de la termodinámica dice: "Es sin embargo
legítimo considerar que uno de los enunciados de la teoría de la información, a
saber que la transmisión de un mensaje se acompaña necesariamente de una cierta
disipación de la información"[41]. Aunque referido a otro tema
eso es aplicable a nuestro mundo, los mensajes se desvirtúan y nos aferramos a
ello de manera irracional.
Si ahora tampoco creemos demasiado en la
ciencia porque la habíamos vulgarizado y desvirtuado su mensaje, la seguimos
utilizando como argumento en la creencia escéptica de que, tal vez, a pesar de
creer menos en ella nos dará respuestas. Nos aferramos irracionalmente y es esa
nuestra coartada para seguir igual y ahora decimos que, aunque creemos menos en la ciencia,
resolverá los problemas, no nosotros, una vez más hacemos dejación de nuestra
voluntad. Si además sus aplicaciones en forma de avances técnicos, que solemos
confundir con la misma ciencia, nos deslumbran constantemente, las mercancías,
no necesitamos mucho más.
Sin embargo sigue faltando algo, hay gente que
necesita el mito, el misterio, la magia, la superstición para explicarse y para
justificar su propia dejacion, la del individuo.
Si la cultura popular reinventada, mitificada
falsamente, convertida en mercancía y en fiesta enajenadora y de huida pero
dogmatizada como verdad incuestionable tiene cada vez más adeptos en sus
fiestas, teatralizaciones, etc. y la restauración de monumentos o de
pretendidos monumentos se sacraliza y tras ello se reinventan historias
antiguas, medievales en especial, en forma de órdenes de caballería, órdenes
ocultas, místicas y todo lo que se quiera aparece una nueva fe, aunque sea de
ratos de ocio, se trata de no oír el silencio. Tras esa nueva fe la vuelta al
pasado tiránico que se pretende ignorar y no se ve en las organizaciones que
emergen. Lo que aparece es una nueva seudoreligión con ritos, normas,
escenarios, etc. sin religión. Eso atrapa a gente y parte de su ocio va allí,
en eso está la necesidad de la relación con otros similares y la fabulación seudoespiritual,
lo irracional una vez más. Las formas son las antiguas, la carencia de
posibilidades de libertad, el dogma nuevo revestido de rito.
Es lo que en el rechazo de la religión
tradicional que tampoco nos ha dado soluciones y respuestas, salvo en el dogma
y por tanto en lo irracional pero con moral, se convierte en aceptación de sus
modelos pero sin el contenido molesto, la moral. Aunque algunas sociedades
occidentales han ido abandonando con rapidez las prácticas religiosas antiguas,
de las religiones tradicionales que han tenido el monopolio de satisfacer las
necesidades religiosas o las obligaciones religiosas por razones meramente
sociales, en ese abandono también está el de su moral, más social que
individual, cambiada por la influencia de los avances científico-técnicos. A
pesar de ese abandono una parte importante de las sociedades occidentales
afirma creer en Dios, no sabemos qué clase de Dios han inventado ahora.
La necesidad de satisfacer esa idea religiosa
de la gente, confundida con superstición, lleva a la proliferación de sectas
independientes o dependientes, se dan las dos, de organizaciones religiosas
tradicionales. Se encauzan sentimientos religiosos irracionales y en ellos sus
adeptos esperan obtener resultados prácticos inmediatos. No sólo sectas,
cualquier organización o individuo que ofrezcan cierta idea de poder mágico en
beneficio propio tienen mayor o menor éxito, no importa la falsedad. Son
organizaciones relativamente pequeñas, más cercanos sus adeptos al ser
elecciones de los individuos, aunque luego queden atrapados. Entregan su
voluntad y huyen de la libertad.
Están los grupos y las recetas de lo que suele
llamarse crecimiento personal, frecuentados por burgueses y burguesas
aburridos, para decir que avanzan en su desarrollo personal, con individuos que
les ofrecen lo que ellos llaman técnicas específicas, con antecedentes en
peregrinas historias creídas por sus adeptos. son justificaciones para decir
que se hace algo y no comprometerse con la propia vida y con la libertad real.
Es otra forma de hacer dejación de la voluntad y de eludir la posibilidad de
vivir en libertad.
Abunda la literatura de estos géneros y llama
la atención por su debilidad en el razonamiento, es la de sus adeptos.
En ocasiones resulta difícil salir de la secta
en que se está, ya sea por presiones directas, ya sea porque se convierten en
un instrumento que siempre se necesita, siempre falta algo para acabar el
desarrollo personal, siempre aparecen nuevas técnicas en grados superiores,
etc. Se apoderan de las vidas de sus adeptos.
Lo importante es ver que ante una serie de
insatisfacciones y necesidades de la gente ésta entrega su voluntad, sus
posibilidades de libertad a organizaciones o individuos que prometen algo, con
resultados concretos en el tiempo, y se revisten de seudomisterio, de
sudomisticismo, de seudotécnicas, etc. Fanatismo, fe ciega, fe irracional para
obtener algo a cambio de libertad. Siempre está el móvil económico.
En nuestra sociedad económicamente desarrollada
conviven en los mismos lugares, en los mismos países, dos o tres sociedades
diferenciadas: la propia de cada país con el nivel económico más alto y con
derechos, la importante minoría propia del país de nivel económico bajo pero
con las mismas características culturales generales y también con derechos,
aunque con menor grado de cumplimiento; la tercera subsociedad es la de los
inmigrantes, en aumento continuo por la llegada constante y por su mayor tasa
de natalidad, entre los inmigrantes están los de características culturales próximas
a las del país de acogida y los que son totalmente diferentes en cultura,
religión, conducta social, moral, etc. Absoluta y relativamente los inmigrantes
crecen más en número. Debe considerarse de este modo porque forman parte de la
sociedad con independencia de cómo se les considere, su influencia es real. Son
minorías con menos derechos aunque se acogen al estado del bienestar que
encuentran y de los derechos posibles, mayores que en sus lugares de origen. El
problema está en las minorías más diferentes que exigen lo propio aun en contra
del país al que llegan. Se constituyen en sociedad independiente en la que
implantan sus usos, propios de regímenes tiránicos, y son impermeables, buscan
reproducir su sociedad y extenderla. Es una subsociedad teocrática, dogmática y
antidemocrática. Es lo contrario a la libertad.
El hecho significativo de esta situación es que
las sociedades europeas, débiles en diversos lugares, aceptan las imposiciones
que reducen la libertad, en parte para evitar choques, pero los conflictos no
los resuelven y quedan pendientes para el futuro. Veamos qué hay tras eso, la
cuestión es: ¿Cómo es posible que nosotros, que decimos ser libres, aceptemos
con normalidad en nuestra sociedad a otras subsociedades a las que concedemos
nulos derechos políticos y al mismo tiempo que impongan en nuestra sociedad,
que llamamos democrática, normas de obligatorio cumplimiento entre ellos que
son un atentado directo contra la libertad?. Una sociedad que real y
sinceramente se esfuerza día a día para vivir en libertad jamás puede aceptar
una situación semejante que, además, tiende a agudizarse. Una sociedad que vive
en libertad real es capaz de enseñarla con su sólo ejemplo y vida a quienes
llegan y no la han conocido nunca, No sucede así en parte de nuestros países.
El problema es nuestro, nos han regalado el
pequeño espacio de libertad política y de democracia formal que tenemos y carecemos de conciencia clara de que esa
falta de principios sólidos arraigados en la sociedad está suponiendo una disminución
global de la libertad. Decimos que es su cultura para no afrontar un hecho que
nos afecta directamente aunque de momento no lo veamos así. Influye el hecho de
que la democracia no es un estado de la sociedad y no podemos involucrarnos en
algo que no vivimos.
La historia que no nos interesa comprender nos
enseña que en las distintas formas de invasión que ha habido de unas sociedades
por otras, los invadidos, si eran o se creían más fuertes que los invasores
olvidaban educar, por decirlo de alguna manera, a los invasores cuando llegaban
gradualmente y a lo largo de muchos años y, al final, esas sociedades desaparecieron en sus formas,
organización, cohesión, etc. Antes, citando a Maquiavelo, decía que cuando una
sociedad tiene arraigada la libertad real en su vida difícilmente se destruye.
Aunque pueda parecer una ficción hacia el futuro, los problemas están allí,
larvados pero reales; los problemas, en lo profundo, que aparecen son de falta
de verdadera libertad en nuestras vidas. Nosotros esperamos que sean los
profesionales del poder político y la tecnoestructura quienes nos resuelvan los
problemas y eso no es posible y menos en situaciones que para resolverlas se
necesita la actuación de la sociedad entera desde sus convicciones y su
solidez.
Las sociedades que mentalmente han hecho
entreguismo alegre o dejación inconsciente de su voluntad a los poderes
profesionalizados creen que las subsociedades existentes en la suya son iguales
y aceptan y defienden lo imposible. En la sociedad no hay debate y si existe se
limita a repetir lo que se impone como correcto. No sabemos qué hacemos porque
no hemos sido capaces de atisbar la libertad verdadera, tanto individual como
social, la libertad total.
Cuando el sentimiento religioso o la necesidad
religiosa no son fuertes las de satisfacer la necesidad son otras, la fe se
fija en otros objetos, aunque sean efímeros, que se llenan de atributos, a un
objeto de fe sucede otro similar al que se le añaden nuevos atributos.
El hecho se agudiza en nuestro mundo de imagen
instantánea en el que ésta es todo , la imagen nos aproxima y familiariza con
el objeto, la imagen es lo no real, lo virtual, pero es la imagen familiar e
inaccesible en la realidad, nos queda el icono al que se admira, se imita y del
que aceptamos sus valores, nos seduce y nos atrapa. En la fama está la
inmortalidad en la que no se cree, no la vemos y la ciencia nos dicen que la
niega, pero la necesitamos, nos es imprescindible creer en alguna clase de
inmortalidad, aunque sea pasajera ya que sabemos que a un inmortal famoso la
sucede otro. Deportistas, actores, cantantes, ricos, profesionales del poder,
vividores, etc. En el camino desvirtuamos todo, la idea de arte, de ciencia, de
sabiduría, etc. Enloquecemos fanáticamente ante ellos y seguimos no siendo.
Volvemos a hacer dejación de nuestra voluntad y con ella de nuestra libertad.
Entregamos nuestra voluntad al líder político,
al profesional del poder político que es nuestra solución o resolverá nuestros
problemas o tiene o tendrá poder, aunque diga cosas extrañas comulgamos con él
y creemos en él, nos extasiamos. La solución salvadora está en el líder
político, en su partido político.
El líder económico, el dinero, lo máximo, poder
sobre cosas y personas y creemos que en eso está la libertad. No importa si ha
robado mucho o menos para ser millonario, si su dinero también procede del
crimen directo o indirecto, es millonario y es lo máximo. La admiración es
total. No le entregamos nuestra voluntad explícitamente, ya la posee por medio
del dinero y lo sabe, nosotros lo sabemos y asentimos, ante él somos serviles.
Tras la imagen siempre están los medios de
información. Éstos ayudan a encumbrar o a cambiar líderes de la clase y
especialidad que sean. Los medios de
información, los solemos llamar de comunicación pero no nos comunicamos unos
con otros realmente, en régimen de cuasi-monopolio deciden con frecuencia.
Cuando aumentamos nuestra tasa de fe irracional
creemos en banderas, en nuestra ridícula nacioncilla que nos da privilegios
frente a los distintos y nos hace sentir diferentes, pero no lo somos. Nos
protege frente al mundo. La fe en la patria o en la nueva patria, tras ella la
irracionalidad y en esta irracionalidad hacemos patria de todo: deportistas,
equipos, personajes, profesionales del poder político, cantantes, vividores
famosos, etc. , ellos son la encarnación viva de la patria, su éxito es el de
la patria, nos hacen creer que somos el centro del mundo y el mundo nos mira y
envidia. Al mundo le tiene sin cuidado salvo que la patria sea muy poderosa.
Nos desvivimos y vivimos por y para cosas,
marcas con sus símbolos que nos diferencian, somos adictos y creemos en ellas,
en sus atributos especiales, reales o no, es el fanatismo de las mercancías con
marca, con identidad propia, nuestra marca, porque ya es nuestra, es nuestra
identidad. Somos las cosas, nada más.
En este sinfín de líderes, dogmas religiones,
imagen, marcas, banderas, sectas, ídolos, etc. perdemos pedazos de libertad, de
la que nunca hemos tenido ni deseamos seriamente. Nos llenamos de atributos
externos y huimos por todos los medios, todo para no ser. Todo nos atrapa, todo
nos seduce y en cada cosa dejamos nuestra voluntad, dejamos nuestra libertad.
Tras todo
eso es necesaria nuestra
protección individual, mis derechos
exclusivos, nuestros derechos.
Las sociedades occidentales han establecido
infinidad de derechos individuales que tratan de proteger a la gente de algo,
de alguien, de agresiones de una u otra clase procedentes de la sociedad, de
nuestra propia sociedad, de nosotros; cuando no son derechos formales, los usos
de determinadas sociedades, que por lo general están dentro de otra mayor, las
obligaciones que imponen que sólo pueden cumplir algunos individuos de esas
sociedades menores se convierten en derechos exclusivos.
Al explicar los derechos del hombre T. Paine
dice[42]que en ellos están
implícitas las obligaciones, en nuestro mundo eso no está claro, a lo sumo y en
algunos casos las obligaciones consisten en el pago de dinero, porque también
hay derechos sin pago y otros, también sin pago, que dan derecho a recibir
cosas y también dinero.
Del primer derecho que habla mucha gente es del
derecho a la vida. No está claro qué quieren decir, parece que a su propia
vida, pero ésta es algo distinto a un derecho pues en nadie está nacer, en
nadie, que sepa, ha estado haber nacido y haberlo hecho en una época o en otra,
de un color o de otro, hombre o mujer, rico o pobre, en un lugar o en otro y,
sin embargo, eso es causa para tener o no tener derechos. Tampoco, que se sepa,
nadie ha evitado morir.
Por lo
general la gente se refiere a preservar y mantener la propia vida, algunos lo
extienden genéricamente a los demás, a respetar la vida de cada uno, aunque lo
de respetar no es un derecho sino una obligación de la propia vida, implícita
en la misma.
Pero eso no es verdad en la realidad, antes
hemos visto el inmenso gulag que es el país mundo organizado por las sociedades
occidentales abusando de su superioridad técnica. Es una contradicción pues
nosotros, directamente, cada día asesinamos a varios miles de hombres, mujeres
y niños o los esclavizamos para que produzcan nuestras mercancías o para
nuestro placer o los sobreexplotamos o los hacemos asesinar para, en nuestro
derecho a nuestra exclusiva vida, poder alargar la nuestra o la de nuestros
hijos comprando sus órganos a los comerciantes de dicha mercancía o no hacemos
nada para erradicar enfermedades sabiendo que con un esfuerzo casi nulo
desaparecerían muchas enfermedades de los países periféricos.
Nuestro derecho a la vida consiste en eso, en
preservar la nuestra y asesinar cada año a varios millones, pero como decía
Stalin son estadísticas.
Sí incluimos en el derecho a la vida el de los
animales, sobre todo que no sufran, y el de las plantas.
En este nuestro derecho a la vida hay dos o
tres puntos que han suscitado cierto interés y cierto debate entre grupos
determinados, no en toda la sociedad, estos puntos son: la pena de muerte en
los países en que ciertos delitos se castigan así, el aborto y la eutanasia,
aparte los derivados de técnicas recientes como la clonación, elección de sexo
para los hijos antes de nacer por los padres y otros.
Aunque la pena de muerte, establecida por leyes
como castigo por ciertos delitos en algunos países, apenas existe en algunos
estados de USA, esto en Occidente, y en numerosos países con otros
planteamientos sociales distintos, es un hecho que suscita controversia cuando
se aplica en USA o cuando ante determinados hechos, castigados con esa pena en
ciertos lugares, en Occidente no son delito; en el resto de los casos suele
ignorarse. Salvo los grupos contrarios del país, en USA sobre todo, cuando se
protesta en Occidente suele ser una manifestación más del antiamericanismo
militante en estos momentos. No puede tratarse ahora el tema ni puede separarse
de la totalidad del concepto que tenemos del derecho a la vida que, como hemos visto, es bastante hipócrita. Es
innegable que tras la pena de muerte existe un concepto social con un trasfondo
religioso arraigado en algunas sociedades, me refiero tan sólo a Occidente pues
cuando los regímenes son teocráticos, como los islámicos, y en su religión se
establece es difícil el debate.
Destacan, por cierta presencia en la sociedad,
el aborto y la eutanasia, destacan por lo que hay tras ellos en nuestra idea de
la vida y de nuestra vida en particular. Cuando están legislados las leyes
eliminan la responsabilidad individual.
En realidad lo que hay tras esto es una idea
determinada de la vida en la que influyen las ideas religiosas y la concepción
utilitarista mayoritaria en nuestra sociedad de indiferencia vacía. El debate,
de escaso interés general, no parte de una idea "vital" sino de lo
placentero y satisfactorio, siendo éstos los valores dominantes la controversia
es fría y unidireccional. El placer se concibe de manera bastante limitada lo
que lleva a que no se consideren numerosas posibilidades de satisfacción
profunda en los individuos, el placer se centra en lo que ayuda a nuestra huida
de nosotros mismos, en raras ocasiones se plantea el gozo en la plenitud del
hombre que lleva en sí muchísimo más de lo que desarrollamos y de lo que
nuestra sociedad potencia.
El derecho a la vida que decimos no es tal en
nosotros, lo planteamos como derecho a nuestro placer y a nuestra comodidad, lo
que puede interferir pedimos que la ley lo regule para inhibirnos de nuestra
responsabilidad por nuestros propios actos. La no regulación nos llevaría a
mayor grado de libertad al asumir cada uno, individualmente las consecuencias
de los propios actos.
Nadie discute las guerras, de las bastantes
guerras que en este momento hay en el mundo no se habla, nadie protesta contra
ellas o contra los que fabrican y venden armas, todo eso mata directamente la
vida; sólo ha habido protestas contra USA por su guerra de Irak. Las guerras las
aceptamos pero en ellas alguien mata a alguien con nuestras armas, como son
tantas reducimos los muertos a estadísticas, cuando nos enteramos.
Nosotros no creamos la vida, la manipulamos y
en la manipulación aparecen problemas éticos y estéticos, los primeros nos los
resuelven los correspondientes expertos, los segundos los resuelve la sociedad
ignorando lo que no le gusta o apartándolo.
Tenemos multitud de derechos, a subvenciones
públicas sin obligaciones, por ejemplo: no cultivar la tierra o subvencionar la
instalación de una industria que si el propietario la instala es porque sabe
que obtendrá beneficios, etc. Derechos contradictorios, a tener cobertura para
nuestro teléfono móvil y a negar las instalaciones para tener la cobertura
porque nos han dicho que pueden producir enfermedades, pero exigimos las dos
cosas.
Tenemos derecho a la sanidad, a la enseñanza,
lo establecemos como derecho cuando es una obligación social.
Derecho a cosas, a mercancías, a servicios, a
aislamiento, a practicar nuestra religión, ¿todas?, ya sabemos de algunos
problemas no resuelto.
Derecho a la libertad, lo dice la Declaración
de los Derechos del Hombre, pero no tenemos la obligación de entenderla en
todos los demás, en todos, eso nos hace tiranos de la inmensidad de gente que
forma parte de nuestro derecho a la libertad.
Tenemos derecho a que nos atienda la sociedad
cuando tenemos un accidente aunque sea el resultado de nuestro derecho a ser
temerarios, ese derecho donde sea, en la carretera, en la montaña, en el mar.
Por el mero hecho de haber nacido en un lugar
determinado, en un estatus social y económico determinados, cosa en la que
nosotros no hemos intervenido, tenemos una serie de derechos que no tienen los
nacidos en otros lugares y condiciones. Presumimos de la Declaración de los
Derechos del Hombre, pero no la hemos leído y si lo hemos hecho la reducimos a
un lujo cultural no a una necesidad de la vida sobre la que decimos tener
derecho.
Los derechos legales los establecen los
profesionales del poder político atendiendo a las demandas de los ciudadanos o
a lo que creen que exigen o a las modas que, muchas veces, no se sabe de qué
son resultado. En España, por ejemplo, los profesionales del poder político han
decidido dar por ley más derechos a las mujeres que a los hombres, tan sólo hay
alguna protesta de algún "experto" situado fuera de los círculos del
poder.
Los derechos no legales, con fuerza en la
sociedad, en forma de usos exigidos los establecen las sociedades.
Los derechos del hombre son suyos, individuales,
no colectivos. Tanto en la declaración francesa como en la de hace poco más de
50 años así se entienden, la lógica es total. Sin embargo, en momentos
determinados y en algunos lugares, se ponen de moda los derechos de los pueblos
como tales. En estos casos los que se apropian de la voluntad de muchos
individuos se atribuyen la función de representarlos, los individuos hacen
dejación de su voluntad en sus líderes. Esto es a cambio de ofrecer e ir
poniendo en práctica ventajas para ese pretendido pueblo y ellos, los
profesionales del poder político, perpetuarse en el poder.
Antes hemos recordado el ejemplo actual kurdo,
los ejemplos europeos son claros, repúblicas que excluyen de derechos a gran
número de ciudadanos procedentes de otros lugares, es el caso de los países
bálticos o el de los Balcanes o el de regiones que pugnan por su independencia,
entre otros lugares sucede en España. Ya hemos visto antes algo de lo que
explica Fromm o rasgos que remarca Payne sobre el fascismo actual.
El resultado es que se construye una sociedad
con todos los derechos para unos individuos, los que cumplen ciertas
particularidades imposibles en otros como son: el nacimiento, la lengua
minoritaria no única, apellidos, fidelidad expresa, rasgos raciales, etc. y aun
así el derecho real a ocupar ciertos cargos públicos o semipúblicos no es igual
para todos.
Se constituyen sociedades aglutinadas alrededor
de agravios históricos que pueden ser de hace muchos siglos, siempre inventados
y reinterpretados de la nueva historia, los agravios son antiguos y en la
mitificación de la historia inventada se ensalzan personajes o hechos de la
tiranía, se recupera la tiranía, pero eso no se dice o no se quiere saber, se
recuperan banderas antiguas inexistentes del país mitificado desde la mentira,
las banderas de hace siglos eran las de la tiranía, eran de los reyes o de
nobles, sabemos su origen, los primeros países como tales las tienen desde hace
poco más de 200 años, se fabrican nuevas patrias, himnos, movimientos
radicalizados en su fanatismo que, a veces, imponen las nuevas formas por medio
del terror, presiones a los distintos que les hace imposible vivir como los
iguales adictos, enseñanza y educación en el odio al pretendido opresor de hace
siglos, etc.
Hace más de 200 años, cuando la Declaración de
los Derechos de la Asamblea francesa, utilizados y tergiversados por los nuevos
amantes de la libertad y los derechos de cada uno de los hombres, los nuevos
fascistas, decía T. Paine: "Pero cuando el principio, y no el lugar, es la
causa energética de la acción, creo que un hombre es el mismo en todas
partes"[43].
Cuando reina la libertad en una sociedad sólo se desea que cada uno de los
hombres que en ella son viva en libertad sin distinción o condiciones, sólo por
el hecho de ser hombre.
Citando a J. Dewey dice E. Fromm: "La
amenaza más seria para nuestra democracia -afirma- , no es la existencia de los
Estados totalitarios extranjeros. Es la existencia en nuestras propias
actitudes personales y en nuestras propias instituciones de aquellos mismos
factores que en esos países han otorgado la victoria a la autoridad exterior y
estructurado la disciplina, la uniformidad y la dependencia respecto de El
Líder. Por lo tanto, el campo de batalla está también aquí: en nosotros mismos
y en nuestras instituciones"[44].
Un país sólo puede vivir en libertad cuando sus
ciudadanos, uno a uno son capaces de vivir en libertad, cuando es un estado de
la sociedad como resultado de lo que viven y de cómo lo viven cada uno de sus
miembros, cuando los "Derechos del hombre y del ciudadano" existen y
están vivos y la gente, los hombres los tienen asumidos y forman parte de su
vida diaria. Lo otro ya sabemos hacia dónde va.
Los numerosos derechos individuales, de cada
uno frente a todos los demás, sin obligaciones nos aíslan del resto de la
sociedad, nuestros derechos los planteamos frente a ellos no con ellos. La
inexistencia de obligaciones nos exime de responsabilidad ante ellos, ante la
sociedad. En definitiva nos priva de libertad pues ésta sólo puede darse en
sociedad y lo que nosotros hacemos es compartimentar la sociedad, la
fragmentamos, la desvertebramos.
En la
idea inicial de libertad se consideran la omisión y la responsabilidad, ésta es ante los demás, ante la sociedad.
Esto es incompatible con la actual ideología y actuación en la sociedad que es
el utilitarismo individualista.
Empecemos por entender la responsabilidad
recordando, tal como actuamos, que no nos consideramos responsables por nuestra
actuación colectiva. La responsabilidad no es más que la capacidad que tenemos
para reconocer y aceptar las consecuencias de nuestros actos y de nuestro no
actuar, cuando pudiendo y debiendo actuar no lo hacemos, esto se supone que se
decide libremente. Las cuestiones son cuándo debemos actuar pudiendo hacerlo o
no hacerlo y cuándo se entiende que es libremente.
No parece que nosotros tengamos capacidad para
aceptar las consecuencias de nuestros actos, lo mismo individuales que
colectivos. Hemos visto antes nuestra irresponsabilidad ante el inmenso gulag
que nosotros hemos organizado, nosotros, los del Occidente desarrollado
económicamente, de derechos individuales, de libertad para elegir entre
diversas mercancías, no es otra la que tenemos y no deseamos más, sólo la
libertad para actuar para nuestro beneficio y para nuestro placer.
Eludimos la responsabilidad individual. Tenemos
formas para hacerlo, una de gran éxito ante situaciones más o menos
comprometidas, la obediencia debida cuando nuestros actos dañan a otros. en
ella nunca hay libertad, siempre hay alguien que domina y siempre los dominados
lo aceptan y valoran pues les exime de responsabilidad. pero el que manda
tampoco actúa desde la libertad, ya sabemos que eso no es posible. Esto da
lugar a situaciones más o menos tiránicas en gobiernos, en empresas, en familias,
en grupos de gente. En ocasiones, el mandado, si no obedece, corre el riesgo de
sufrir algún daño por no dañar a otros o por seguir lo que su razón recta, su
conciencia, su sentido de la justicia y de la libertad le muestran. La historia
está llena de ejemplos, antes ya hemos recordado los miles de Hitler necesarios
o los miles de Lenin o de Stalin o de Franco o.. Hay otros ejemplos conocidos:
Sócrates coherente fue condenado a muerte, Tomás Moro lo mismo y cientos más,
en estos casos fue por seguir los dictados de su razón, sentido de la libertad
o de la justicia por lo que fueron condenados.
Lo contrario, la obediencia debida llevada
hasta sus últimas consecuencias: el exterminador profesional en un campo de
exterminio, aunque no le entusiasme sabe que si no cumple las órdenes puede
acabar en el otro lado del campo, podría él mismo ser exterminado por otro
exterminador más obediente y, decide salvarse, obedece; o las checas o los
lugares de tortura actuales con torturadores profesionales que disfrutan con su
trabajo, lo mismo que muchos exterminadores, se sienten con poder sobre las
vidas de otros. En casos extremos el torturado depende del torturador y se
establece una relación emocional, otra forma de enfermedad relacionada con la
de poder.
Los fieles empleados de empresas, los duros
capataces que esclavizan a miles, millones de trabajadores-esclavos, no legales
pero reales. Es la misma manifestación enferma de poder, como es todo poder,
enfermedad. Es una enfermedad peligrosa socialmente pero venerada por la
sociedad.
Un ejemplo reciente. El juzgado de lo Social nº
2 de Pamplona, en España, el día 2 de julio de 2.004 emitió una sentencia que,
entre otras cosas, decía: "Ha actuado con total lealtad y fidelidad a la
empresa", más adelante: "Se limitó a cumplir órdenes", ésta es
la justificación para fallar a favor de un empleado que demandó a la importante
empresa en que trabajaba que para lavar su imagen le había despedido. Ese
empleado había sido designado por la empresa para pagar, el día 25 de noviembre
de 2.001, 37 millones de pesetas a ETA en concepto del llamado impuesto
revolucionario.
Hay que destacar algunos puntos: el hecho se
produce en la sociedad vasca, aunque este hecho sea en Navarra, liderada por
partidos políticos que aceptan distintos grados de terror para alcanzar la
independencia y ante el que la mitad de la sociedad, la no amenazada que es la
llamada nacionalista, sonríe condescendiente ante las amenazas, chantajes,
asesinatos y menos derechos, algunos establecidos por ley, otros impuestos por
su gobierno y otros establecidos por los usos sociales, que sufren los no
nacionalistas o no independentistas.
Es reveladora la mentalidad de los jueces y su
forma de entender la libertad en lo que permite vislumbrar la sentencia. Había
otras formas de explicar la razón del empleado leal y fiel que vive en esa
sociedad. Lo serio de la sentencia es que sin necesidad justifica la no
responsabilidad de los actos de alguien, justifica la tiranía suave en las
formas.
Al final de la película que en España lleva por
título "Vencedores o vencidos", dirigida por S. Kramer y que cuenta
algo del juicio de Nuremberg a los responsables nazis apresados, la explicación
que da el juez norteamericano a quien condena, que pretende ser inocente
escudándose en la obediencia debida, se limitaba a cumplir órdenes, es clara:
"Cada hombre es responsable de sus actos". Esa idea de libertad no
admite como atenuante la obediencia debida, la no responsabilidad por los
propios actos. Nuestro juez de Pamplona admite como normales las actuaciones
sin libertad y, por tanto, sin responsabilidad. La tiranía.
Una vez más es el reflejo de unas gentes que ni
han luchado ni han ganado colectivamente lo que ahora llaman su libertad, pero
no saben lo que es.
Una sociedad como la nuestra no tiene
conciencia de las consecuencias de sus actos ni de sus omisiones, no es
responsable, colectivamente, de sus actos. Antes hemos visto que la institución
más persistente en el tiempo, la más antigua y la de mayor importancia por sus
consecuencias sociales es la depredación humana por ella el sistema económico y
social tiene como fundamento la injusticia y por tanto la falta de libertad
verdadera, a partir de esto todo lo demás: que nosotros, hoy, cada día desde
hace muchos años ponemos en marcha un inmenso gulag para nuestro exclusivo
provecho, que somos individuos con numerosos derechos y pocas obligaciones, que
hemos construido un sistema político al servicio del poder en sí, que cada día
fortalecemos un sistema económico que impregna a la sociedad de sus valores y
un sinfín de hechos injustos.
Pero nosotros no tenemos conciencia de las
consecuencias de nuestros actos y de nuestras omisiones, pues permanecemos
totalmente pasivos cuando vemos lo que la sociedad, nosotros, hace. Es nuestro
derecho que garantiza nuestra libertad
que se manifiesta en libertad de elegir entre mercancías y libertad para
nuestro placer individual. Nuestro no actuar es cosa social, en toda la
sociedad diluimos nuestra responsabilidad, logramos que no exista.
En las matanzas colectivas, en los genocidios
se involucra toda la sociedad y su crimen y su culpa se diluyen en el crimen y
en la culpa de todos. Lo hemos visto en la historia. En nuestro caso sucede lo
mismo, al estar involucrada la sociedad entera y al haber establecido derechos
exclusivos sin obligaciones, la culpa de toda la sociedad no existe, el crimen
de toda la sociedad, real y verdadero se ignora; en nuestro caso al tener el
objeto principal de nuestro crimen alejado en el espacio no es necesario que
miremos a otro lado, nada nos recuerda lo que hacemos. Y nosotros negamos, no
aceptamos las consecuencias de nuestros actos y menos aun las omisiones, nos
llenamos de razones. Nos creemos libres, estamos convencidos de ello.
Las consecuencias de nuestros actos y de nuestras
omisiones son un daño para otros o un bien. El daño que hacemos al otro y el
bien que le hacemos. La justicia verdadera, la inexistente en nuestro mundo,
nos da la pauta, la justicia que nos hace a todos iguales, la justicia que a
nadie quita nada, que a nadie oprime y que evita la opresión y que impide que
quiten a la gente lo suyo, no me refiero a mercancías, hemos intuido que la
propiedad privada de recursos naturales o del capital es injusta.
La justicia, la responsabilidad por actuar y
por no actuar que está en la base de la libertad, necesariamente conduce al
bien común. No dañar a otros en lo suyo, no dañar a la sociedad en lo suyo y
tener la necesidad de hacer y de vivir en sociedad chocan frontalmente con
nuestro mundo utilitarista.
Los economistas ortodoxos que razonan a partir
de lo que hay en la sociedad sin que intervengan juicios de valor, cosa
bastante difícil, establecen la justificación de su razonamiento a partir de lo
que llaman la utilidad, la satisfacción de las necesidades, suponen que la
gente nunca está satisfecha y siempre desea consumir más mercancías, ellos las
llaman bien, y además en la actuación nunca se puede perjudicar a otro que ya
tenga un nivel de utilidad, de satisfacción, de consumo, el que sea.
El célebre mercado en su esencia, sin
intervención gubernamental o de la UE, no es más que la forma social, que se ha
dado en llamar civilizada, del choque de egoísmos que fomenta el sistema. Es lo
sacralizado, el todopoderoso mercado, el ambiguo mercado, el etéreo mercado es
lo que justifica las desigualdades, las injusticias y en el mercado laboral las
atrocidades de la llamada globalización.
Dicho con mayor claridad, es la justificación
"científica" de la injusticia y del disparate, como además se empeñan
en hablar de la neutralidad de la ciencia, todo queda resuelto.
La justicia conduce al bien común, la libertad
real, que sin justicia verdadera no es tal, lleva al bien común. Desde estos
supuestos definir el daño de manera racional es la consecuencia.
El bien común es difícil imaginarlo hoy con las
instituciones existentes, con los valores y conductas que se dan en nuestra
sociedad.
En la idea genérica de bien común reinan la
libertad individual y la libertad social, parte del respeto total a cada
individuo y del beneficio social. A partir de saber para qué queremos la
libertad puede ser más fácil el acercamiento al bien común.
Al utilitarismo individual de provecho propio y
exclusivo sin responsabilidad se opone la utilidad social basada en la justicia
y en la libertad y, por tanto, en el desarrollo de las potencialidades de cada
uno que adquieren pleno sentido en la sociedad, en la relación con los otros,
aceptando, además, que en la actuación racional no está infligir daño a otros,
la actuación en libertad sólo puede dirigirse al bien común.
Se pueden plantear docenas de cuestiones sobre
todo esto, no es posible entrar en esto ahora.
Todo requiere que el hombre, que tiene en sí
parte de ángel y parte de bestia y también la capacidad para razonar que le
conduce rectamente, sea capaz de educar y entender racionalmente lo que lleva
de bestia que es precisamente su parte irracional, cuando actúa la bestia, lo
irracional sabemos qué consecuencias tiene, el disparate.
Entender con la razón y con el corazón, no
reprimir sino comprender, nos permite avanzar. Nuestra sociedad que no entiende
con la razón ni con el corazón, para seguir otorgando derechos reprime y
elimina las manifestaciones de algo profundo que no sabe qué es, no es capaz de
entender. No puede resolverse un problema sin entenderlo, es el primer paso, no
es suficiente la descripción, es necesario entenderlo, entender lo que el
hombre lleva en sí, lo que tiene en él, entender lo que la sociedad engendra y
arrastra dentro de ella, entender, tener claridad sobre lo que somos y tenemos.
El bien común quizá nos acerque a la ciudad
ideal que otros han imaginado, a la república ideal, a Utopía y a cuantas
utopías han pensado los hombres o, tal vez, a más allá de la utopía.
Al pensar en el bien común y actuar en esa
dirección aparecen otras facultades del hombre, Leibniz dice: "... el que
ama busca su satisfacción en la felicidad o perfección del objeto amado y sus
acciones"[45].
En la posibilidad de actuar que es la libertad
vemos que para su desarrollo en la sociedad sólo puede ser lo dicho.
Cualquier actuación desde según qué otros
supuestos no será desde la libertad y se confundirá, como sucede ahora, con
poder, con utilitarismo, con búsqueda de la exclusiva satisfacción y placer,
con todo lo que llamamos libertad en nuestro engaño.
A partir de la idea de responsabilidad que está
en la libertad, todo lo visto antes toma otra dimensión y se ve irracional, a
partir de la responsabilidad también por aquello que omitimos y podemos hacer
nos vinculamos a toda la sociedad y somos responsables por no evitar daño a
otros pudiendo hacerlo. La dilución de la responsabilidad en la que vivimos
pone en evidencia, una vez más, nuestro sistema de valores y de actuaciones y
de no actuaciones.
La omisión responsable significa, pues, la
aceptación del daño que podemos evitar. En la libertad social no encaja hacer
daño pero tampoco la injusticia; cualquier omisión dañina supone injusticia, la
libertad no puede tolerarla sería un atentado contra ella misma.
El simple replanteamiento de muchos de los puntos
que han salido aquí a la luz de la responsabilidad que conlleva la libertad,
nos debe, cuando menos, hacer dudar de nuestras seguridades u de nuestros
temores en un mundo lleno de incertidumbres. La no duda es dogmatismo.
Hemos visto ligeramente algunos factores que
conciernen a la libertad social y a la carencia de libertad social. La
depredación, la política, la justicia,...
Posiblemente una institución como la justicia,
la verdadera justicia, sea la base para construir un mundo para el hombre. La
historia que negamos nos enseña miles de hechos de las sociedades totalmente
injustos y que ha habido unos pocos hombres aislado que han aportado grandes
cosas a la humanidad, ésta permanece aunque, a veces, la luz de esos pocos
hombres se oscurezca.
La permanente injusticia social no puede
perpetuarse hasta el infinito, las sociedades reaccionan, en muchas ocasiones
no saben cómo ni hacia qué, pero cuando están construidas sobre la injusticia
no pueden encontrar la paz, la armonía, la convivencia. Un sistema basado en la
injusticia tardará mil o diez mil años en encontrar solución, la vida en su
conjunto y en su totalidad es más poderosa que cualquier sistema, no olvidemos
que las sociedades están en la vida, pertenecen a ella, un sistema injusto no
puede ser eterno, la vida reacciona, las sociedades reaccionan, no sé si para
construir un mundo justo o para destruir un mundo que ha tenido y sigue
teniendo de momento y a pesar de sus disparates todas las posibilidades para
que verdaderamente sea el mundo del hombre.
Libertad
individual.
Todo lo dicho hasta ahora carece de sentido
completo si nosotros no sabemos para qué queremos la libertad, para qué cada
uno individualmente deseamos vivir en libertad, ya no se trata de la libertad
social, siendo fundamental e imprescindible, sino de la de cada uno, de la mía.
En octubre de 1.920 una delegación del PSOE
visitó Moscú, hacía poco tiempo de la revolución rusa y no se tenían noticias
del Gulag que empezó al principio del año 1.918, uno de los miembros de la delegación,
Fernando de los Ríos, preguntó a Lenin por la plena libertad para los
sindicatos, la prensa y los individuos, la respuesta de Lenin, extendiéndose
sobre varias consideraciones acerca de la dictadura del proletariado acaba así:
"Sí, sí, el problema para nosotros no es de libertad; respecto de ésta
siempre preguntamos: Libertad, ¿para qué?"[46]. Fernando de los Ríos no
respondió. Hoy los partidos políticos tampoco saben responder, son
organizaciones cuyo fin es el poder y no propiciar condiciones de libertad
social. Hoy la sociedad tampoco responde, ni aun siquiera se hace la pregunta:
"Libertad, ¿para qué?", pues cree que ya vive en libertad. Los
intelectuales de la época y de épocas posteriores, que influyen en la gente,
tampoco contestaron a la pregunta, hoy no sé si lo hacen.
Nosotros tampoco sabemos para qué queremos la
libertad, en algún momento decíamos aspirar a ella, a las libertades, pero
nosotros, cada uno, en general, no sabemos qué es vivir en libertad porque no
sabemos para qué.
Lo que el hombre lleva dentro de sí, facultades
y fuerzas según algunos "El ser espiritual del hombre presenta tres
fuerzas fundamentales: el pensamiento, el sentimiento, la voluntad"[47], el hombre lleva valores
de distintas clases: éticos, estéticos, religiosos,... el hombre posee
facultades, posibilidades diversas a desarrollar a partir de las fuerzas que él
mismo posee y de los valores que están en él. Según cómo encauce y utilice sus
fuerzas, sus valores, sus facultades su propio desarrollo irá en una dirección o
en otra. El hombre puede pervertir sus fuerzas fundamentales y sus valores,
está en sus posibilidades de libertad. Actuar rectamente es difícil a veces,
pero la razón recta lógica, el entendimiento claro sin fisuras ni engaños,
sincero, libre es una guía que tenemos, una razón abstracta, libre y universal.
Cuando se pervierte algo de todo lo suyo, la razón del hombre lo sabe, pero no
lo quiere admitir o no le interesa admitirlo.
Las facultades, acordes con las fuerzas del ser
espiritual del hombre, nos permiten desarrollar nuestras potencialidades
complejas, ricas y sin límites conocidos. Las posibilidades están en todos.
Libertad para acceder al hombre, para construir
el hombre.
Fuerzas, valores, facultades, posibilidades y
la libertad para actuar en el mundo y para ser hombres en el mundo, donde
nosotros estamos, aquí, no en la otra vida o cuando el mundo haya construido
una sociedad perfecta, nadie sabe si eso es posible o como puede ser. Nosotros
vivimos aquí, hoy, nuestras potencialidades están todas en nosotros hoy y aquí,
libertad para ser hombre.
Posibilidades, todas, la de amar, la idea
citada de Leibniz puede aceptarse, cuando eso se pervierte por numerosas
razones aparecen las posibilidades de la bestia que también están en el hombre;
el amor se convierte en odio, en egoísmo, en posesión, en placer simple, en
egocentrismo, en egolatría, en codicia. La razón lo sabe, la razón libre.
No es un discurso de valores morales o éticos,
tan valor es el amor como el odio, tan valor es la venganza como el entendimiento
y el perdón, tan valor es la justicia como la injusticia.
La posibilidad de fe está, de fe lógica,
racional, también de lo contrario, de fe fanática de religiones estructuradas,
con dogmas y como tales irracionales, todos, moral que imponen los intérpretes
del dios desde su arbitrariedad, todos. Fe en mitos, banderas, ídolos, ideales
irracionales y disparatados, ídolos-imagen vacíos de contenido y de lógica pero
seguidos y adorados. lo irracional una vez más. La razón libre lo sabe.
La imaginación capaz de transformar el mundo
cuando está impulsada por la libertad, el amor o la fe racional, cuando se
vicia y pervierte se convierte en destrucción y opresión. La razón libre y
universal sabe todo eso.
La facultad que tiene el hombre de actuar y la
responsabilidad ante otros, ante la sociedad y ante su propio sentido de la
justicia y de la libertad, ante su razón libre.
Libertad, ¿para qué?, se preguntaba Lenin,
libertad para hacer lo propio de cada uno, libertad para construirnos como
hombres.
Hacer lo de uno sin dominar y sin ser dominado,
sin opresión y sin oprimir, el único límite el de la razón libre y universal
que nos enseña a respetar, a no dañar, a actuar para ser hombres enteros,
completos, totales en el mundo, para ser el hombre desde sus desconocidas e
inmensas potencialidades, desde, en palabras de B. Russell su
"potencialidad divina".
No es posible entender la libertad de otra
forma, en otro caso estamos muertos en vida, vegetamos, estamos y no somos.
La justicia verdadera establece la igualdad
entre los hombres, las condiciones; la libertad nos impulsa a ser sin más
limitaciones que las dichas: el otro también en su libertad que es la mía,
todos en nuestra libertad.
Hacer cada uno lo suyo según sus dones, sus
capacidades, su inteligencia. Entre todos es la sociedad integrada, no falta
nada en ella, es completa y de todos y cada uno la libertad, las posibilidades
sociales.
No es imposible ponerse de acuerdo, si el
sacralizado mercado regula los egoísmos de la gente, el quehacer de los hombres
dirigido hacia el común, que es donde se encuentra la libertado social, se
organiza en armonía porque la libertad sólo es posible en el bien común.
Los pensadores y los filósofos han explicado y
razonado sobre estas y otras cosas, han hablado de la libertad, del hombre, del
ser,... con distintos enfoques desde Grecia, Sócrates y Platón nos enseñan que
el hombre debe construirse sobre la sabiduría, algunas constantes de Platón,
que enseña muchas cosas, son que la construcción del hombre debe hacerse sobre
lo verdadero, lo bueno y lo bello. Con Aristóteles la línea de reflexión
cambia, en cierta forma esboza la idea del conocimiento científico. Una línea
no excluye a la otra, la ciencia, manifestación humana que intenta descubrir
leyes de funcionamiento del mundo, del universo o con las palabras de Monod:
"dilucidar la relación del hombre con el universo", en realidad
intenta descubrir lo que ante lo que se ignora se llama azar y reducir los
límites del mismo. A partir del fuerte desarrollo científico de los últimos dos
siglos tras los inicios anteriores de Galileo que de alguna forma inaugura la
ciencia moderna o desarrollos de su época como los de Kepler, el planteamiento
y la concepción del hombre son otros. La utilización de la ciencia ha seguido
una dirección y sus aplicaciones, con un desarrollo técnico excepcional, y los
cambios que han supuesto en todos los órdenes de la vida del hombre nos han
llevado a olvidar lo que creo es la principal tarea del hombre, a la que la ciencia puede y debe contribuir desde
lo que realmente aporta, construirse como tal: ser hombre.
Para esta tarea es fundamental la libertad, sin
ella no es posible; libertad: actuar, hacer con responsabilidad sin más límites
que los indicados antes, Nuestras sociedades no viven en libertad real, en unas
hay menos libertad social que en otras. Nosotros tenemos desde hace años la
posibilidad que no se había dado antes, los avances están allí, a pesar de las
críticas a diversos aspectos, pero esos avances no sabemos aprovecharlos porque
no tenemos claro qué es la libertad ni para qué la necesitamos. Debemos empezar
por ganar nuestra verdadera libertad individual y construir la social, no lo
veremos nosotros pero debemos intentarlo, recordemos: "la evolución de la
vida es la evolución de la libertad"; hoy, nosotros tenemos posibilidades
individuales de verdadera libertad que somos incapaces de ver y de desarrollar.
La libertad, tal como durante siglos nos hemos
organizado y convivido los hombres, no es una facultad de nuestra sociedad con
la que cualquiera que nazca en cualquier lugar se encuentre ya desarrollada y
sea lo natural en nuestras sociedades, no lo es porque tampoco está en los
individuos. La libertad hay que conseguirla y para ello es necesario saber qué
es y para qué y, si esto se tiene claro, desearla con verdadera pasión desde lo
más hondo del alma. En este sentido es una de las pasiones más fuertes que
puede tener el hombre, hay otras. Pero es pasión en unos y engaño en otros.
Los pensadores de lo postmoderno dicen que el
hombre de hoy es muchas cosas, entre ellas: indiferente, extraño al desencanto,
que no cree en los metarrelatos y que no espera soluciones salvadoras, además
de individualista, hedonista y unas cuantas cosas más, que sólo exige
eficiencia a los políticos, referida a sus propios intereses. Rara vez hablan
de la libertad; aunque no lo explicitan vienen a decir también que al hombre
postmoderno le falta pasión profunda. La pasión del hombre moderno la entendió
hace 100 años M.Weber al criticar el afán de lucro que describe como
"pasión agonal" y ya ve al hombre sin espíritu y sin corazón,
hedonista y cree, ese hombre, que es lo máximo alcanzado y alcanzable por el
hombre[48].
Sin embargo sabemos que tras el lucro de unos
está la miseria de otros muchos, es la confusión de libertad con el poder, con
el dinero y, en su nombre, el derecho a llevar a la miseria a los otros y a
vivir de su miseria.
Es la pasión del hombre actual que se llena de
vacío al conseguir más mercancías o más riqueza o más placer y sólo puede
olvidarlo en la pasión vacía, sin pasión de necesitar siempre más.
La pasión es insaciable, la diferencia entre la
pasión del hombre por la libertad p por el amor y la del hombre por poseer
mercancías está en que en el primer caso el hombre se construye como tal y es
en sí y en el segundo el hombre desaparece y es sustituido por las cosas, por
las mercancías. En el primer caso el hombre no se llena de atributos externos
sino de sí, de sus "potencialidades divinas" y entonces empieza a ser
él, empieza a ser hombre; en el segundo caso el individuo se llena de atributos
externos y sin ellos no se siente, no vive, no saber ser porque no es, sólo
sabe estar.
La pasión por la libertad, por hacer lo propio,
por ser hombre, ésta es la que nos falta, la que no tenemos, la que nos podría
llevar a la rebeldía y decir no a un mundo castrador, al mundo de lo ficticio y
de las falacias, al mundo de la injusticia generalizada y decir sí a la
necesidad vital de ser, de actuar en el mundo, de necesitar vital y
profundamente un mundo justo, un mundo en libertad, un mundo para la sociedad,
un mundo para el hombre. Es la rebeldía que dice no al mundo de las cosas por
las cosas y dice Sí al mundo completo del hombre.
Para eso necesitamos saber para qué queremos la
libertad.
La libertad para hacer cada uno lo suyo en la
que necesitamos al mundo, a la sociedad, no la desintegración de la sociedad
actual del vacío y del individualismo. Necesitamos el mundo porque el hombre
solo, sin el mundo no existe, no tiene razón de ser, no tiene sentido.
La libertad sólo es posible en el mundo y con
el mundo, en la sociedad y con la sociedad. Entonces tiene sentido vivir la
pasión por la libertad. Nunca se agota porque no sabemos los límites del hombre
en su plenitud.
Nuestra vida, la experiencia en la vida muestra
nuestras insatisfacciones y nuestras formas de huida. No nos engañemos una vez
más, nuestra pretendida satisfacción es falsa, además de las mercancías y el
placer buscados compulsivamente necesitamos más drogas, legales o no, para
aguantarnos. Los datos de cualquier país de los que llamamos avanzados nos
dicen que más de la mitad de la población consume fármacos de una u otra clase,
incluye las drogas legales, que casi la cuarta parte padece insomnio, que
cientos de miles dependen del alcohol y unos cuantos más de las drogas
ilegales, eso sin contar las no incluidas en las anteriores como son los medios
de información, de imagen, de sonido incesante que son totalmente enajenadores,
casi cuatro horas de televisión por persona, observemos qué nos cuenta la
televisión, y así hasta donde se quiera; derecho a las vacaciones y ansiedad
ante ellas y, a veces, estrés cuando se acaban, los de nuestro enorme gulag no
tienen vacaciones.
Es la evasión constante, jugar roles sociales,
cargarnos de atributos externos, llenarnos de dogmatismo. El dogmatismo es
parte de nuestra necesidad y de nuestra defensa, se da en nosotros cuando somos
incapaces de dudar, cuando nuestro conocimiento no es nuestra relación con el
objeto del mismo, los objetos nos son dados, los valores también, existen y eso
es todo[49]. Es la sociedad pero
somos nosotros, cada uno, quienes vivimos. Nos han dicho qué es la libertad,
nos viene dada así, creemos tener libertad porque nos han dicho que es lo que
tenemos, es la libertad posible, es la única entendible, nuestro dogmatismo nos
hace creerlo ciegamente, irracionalmente así y eso es perfecto para nuestro
utilitarismo, para nuestros derechos, para nuestro sistema social y económico.
Todo nos es dado, todo existe, eso es todo. Lo que llamamos nuestra libertad es
nuestro dogma sobre ella, nadie duda, nadie se rebela.
Nuestra pasión no es para alcanzar nuestra
libertad es para huir. Nosotros huimos siempre, es una de las cosas que mejor
hacemos. Las cosas que nos seducen, el placer del instante se agota y
necesitamos más, sin límites, hasta que nos destrozamos y nos destruimos en la
huida. La enfermedad que nos produce no atender a la razón aparece con
virulencia, la apartamos de nuestra vida y nos hundimos en el vacío, enfermamos
nos apartan, envejecemos solos, construimos lugares para acabar, sólo para eso.
Lo justificamos por el sistema.
Vivimos en libertad ficticia, nuestras vidas
enteras nos lo muestran, no lo vemos.
Libertad para hacer lo propio, lo de cada uno
en la sociedad, en el mundo que necesitamos. No hacemos nada. Los pocos que
hacen, las pocas sociedades que hacen, no tienen móviles sociales de lo propio
del hombre aunque hagan hombres, no son móviles de libertad, sus móviles so de
poder, de riqueza.
Libertad para hacer lo que cada uno tiene que
hacer. Lo que cada uno tiene que hacer: nuestro trabajo para nosotros y para
una sociedad injusta, nuestro ocio, nuestro placer, nuestra satisfacción.
Sabemos a qué nos lleva. Lo que uno tiene que hacer, tal vez ser hombre.
Vivimos
en una contradicción. Sin
hombres en libertad las sociedades no viven en libertad. Sin sociedades en
libertad el hombre no puede vivir en su libertad plena.
Las sociedades no adquieren por sí solas unos
valores, unos usos sociales, unas formas de organizarse; los adquieren cuando
sus miembros, uno a uno, los poseen, cuando se van transformado y en el cambio
sus miembros asumen lo que llega o
cuando empiezan a rechazar lo existente porque no les sirve.
Las anteriores palabras de Marx explican algo:
"No es la conciencia de los hombres lo que determina su existencia, sino
que por el contrario, su existencia social determina su conciencia", así
es en nuestra sociedad y en todas las sociedades, en aquellas en las que los
hombres no viven en libertad, pero desde la libertad sí es posible que el
hombre determine su propia existencia social. La verdadera libertad en su acción
consciente, coherente, racional puede permitir construir sociedades para el
hombre y regidas por la razón de los hombres.
Sólo pueden construirse sociedades verdaderamente
libres a partir de hombres que vivan en libertad, pero la libertad de cada uno,
tal como son las sociedades, es necesario ganarla, trabajarla, amarla
profundamente.
Aunque nuestras sociedades no propician la verdadera
libertad no pensemos por ello que nosotros, cada uno, no podemos vivir en
libertad. A pesar de que las condiciones no son las óptimas tenemos la suerte y
la ventaja sobre otras sociedades, tanto de otros lugares como del pasado, que
las nuestras ofrecen mayores posibilidades y con menor opresión que en el
pasado o que en otras sociedades de nuestro mundo.
Lo difícil es comprometerse con la propia
libertad, desear vivir en libertad. Para ello es necesario saber qué es la
libertad y para qué la deseamos. Vivir en libertad, es necesario amar
profundamente la vida.
Nosotros tergiversamos su sentido, el de la libertad
y el de la vida, de la nuestra. Buscamos una idea aceptada por la sociedad que
se ajuste a lo que hacemos y nos justifique, que se ajuste a cómo vivimos, a cómo
estamos en el mundo, pero no a lo que somos. La verdadera libertad no la
conocemos, la negamos y nos negamos.
Vivir en libertad. Vivir. La pasión por la
libertad surge de la pasión por la vida, del amor a la vida, a toda la vida.
Recordemos una vez más: "la evolución de la vida es la evolución de la
libertad". Pero la vida, compleja, asombrosa, inabarcable, infinita, en la
que somos cada uno con todo lo que tenemos empieza para cada uno en ese todo
propio.
Nosotros, en nuestra sociedad de derechos, reivindicamos
el derecho a la vida como si la vida fuese una cosa más, pero únicamente la que
nosotros tenemos sin saber por qué. Más allá del derecho a la vida está el amor
a la vida, a toda la vida, a la nuestra y si es amor verdadero a nuestra vida
necesariamente lo es a toda ella, no es posible de otra forma. Vayamos a Platón: "Pues esta es justamente la
manera correcta de acercarse a las cosas del amor... terminar en aquel
conocimiento que es conocimiento no de otra cosa sino de aquella belleza
absoluta, par que conozca al fin lo que es la belleza en sí"[50]. El diccionario define así
el amor: "Sentimiento que mueve a desear que la realidad amada, otra
persona, un grupo humano o alguna cosa, alcance lo que se juzga su bien, a
procurar que ese deseo se cumpla y a gozar como bien propio el hecho de saberlo
cumplido".
Libertad, facultad de hacer o no hacer con
responsabilidad. Mis límites están en el daño al otro, sus límites están en el
daño a cada uno, si es así, en libertad es inconcebible el daño, es hacer en el
mundo lo de cada uno sin daño. Hacer sin daño no es indiferente, hacer sin daño
es hacer el bien, no es indiferente porque a la sociedad cualquier acto de
cualquiera de sus miembros le afecta, le concierne y la transforma. Hacer lo
propio sin daño, mis límites, hacer el bien, la libertad: hacer lo propio y el
quehacer de los hombres en libertad sólo puede ser el bien común. La razón nos
marca el sentido de la justicia. Hacer el bien. Lo que antes decíamos del amor.
La belleza absoluta que nos recuerda Platón.
Al final la libertad para ser.
La sociedad lo permite, uno individualmente puede
vivir en libertad, siempre falta algo, lo que falta es la sociedad.
La pasión por la libertad, la fe, la convicción.
Sin fe nos dedicamos a vegetar compulsivamente. Fe racional en lo que sabemos,
en la vida, somos en ella, en el hombre completo, en el hombre desconocido que
apenas ha desarrollado sus facultades, las de cada uno y las que están en todos
los hombres y en él encontramos todo.
Vivir en libertad en nuestra sociedad supone vivir
responsablemente, no rígidamente. Vivir en la alegría profunda de saberse en
libertad para ser, para ser hombres simplemente, ser en todo lo que cada uno
tenemos.
Aceptamos las consecuencias de nuestros actos y
de nuestras omisiones, nos aceptamos a nosotros mismos en todo lo que somos.
Amamos, entonces, lo que de vida hay en nosotros, lo que de vida hay en toda la
vida.
Vivir en libertad requiere valor para ser hombre
frente a lo que la opinión social impone irresponsablemente sin libertad, sin
razón, en esto sí hay rigidez, la del dogma, la de lo irracional. Se necesita
valor para hacer lo propio, para hacerlo con sentido de la justicia frente al
derecho a la injusticia que es la base de nuestra sociedad y origen de cientos
de injusticias, sentido de la justicia frente al "todo vale" para nuestro
propio beneficio, para nuestra exclusiva satisfacción, para nuestro placer.
Sentido de la justicia que es inseparable de la libertad verdadera.
Vivir en libertad en nuestra sociedad es vivir
con fe en el hombre, en mí. La fe puede llevar a la rebeldía, la libertad la
impone, la exige, la libertad niega, rechaza la tiranía ya sea política ya sea
social, de la opinión social tantas veces irracional, de la moral cambiante por
conveniencia, de las injusticias que infligimos y nos benefician. Niega la tiranía
y dice sí a la propia libertad, al hombre. Es la rebeldía de la pasión por la
libertad, por la vida. Es la rebeldía indomable, sin límites, profunda, la
impulsada por la fe racional en el hombre, en la vida frente a la fe fanática.
Es la rebeldía para construir, para superar, para ser. Es la rebeldía del
hombre auténtico.
Es la única forma de construir una sociedad en
libertad, con hombres, cada uno, que vivan en libertad real.
No sé si es posible, pero sí creo que el hombre
auténtico, quien vive en total libertad alcanza el verdadero poder del hombre,
el de ser y necesitar que los demás sean. Los atributos son los propios del hombre,
de todos los hombres, no los externos de la sociedad. Es el máximo poder del
hombre, ser en todo lo que es.
Eso es lo que lleva al hombre a su verdadero fin,
al trabajo más importante que, en siglos, la mayoría no hemos sabido realizar,
desarrollar todas las "potencialidades divinas": ser hombre.
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[1] Aunque los intentos de definir y explicar los movimientos fascistas y el fascismo en sí son diversos y dan explicaciones también diferentes, es innegable que los nacionalismos actuales tienen rasgos claros de verdadero fascismo. En las explicaciones que da S. G. Payne en su obra "El fascismo" pueden encontrarse fácilmente algunos de esos rasgos en los nacionalismos actuales. Hay que tener en cuenta que desde que surgieron los fascismos, hace casi un siglo, hasta ahora la sociedad ha cambiado notablemente y algunos rasgos actuales son distintos a los de entonces. Las ideas de los nacionalismos actuales, por lo menos en sus manifestaciones públicas, son ambiguas y ante determinadas corrientes de opinión cambian su lenguaje, pero los rasgos están allí, aunque es fácil confundir movimientos nacionalistas con movimientos fascistas.
En la obra citada de Payne (p.224) destaca varias características de los fascismos que vuelven a aparecer en la actualidad, entre ellas "1 - Autoritarismo nacionalista permanente de partido único, que no es pasajero ni preludio de internacionalismo. 2 - Principio de jefatura carismática, incorporado también por muchos regímenes comunistas y de otro tipo. 3 - Búsqueda de una ideología etnicista sintética, distinta del liberalismo y del marxismo. 4 - Sistema estatal autoritario y economía política de corporativismo o sindicalismo o socialismo parcial, más limitada y pluralista que el movimiento comunista. 5 - Principio filosófico de activismo voluntarista, no limitado por ningún determinismo filosófico".
Sin forzar demasiado las realidades observables, junto con otros rasgos destacados por diversos estudiosos y teóricos que enfatizan unos u otros aspectos, podrá llegarse a alguna conclusión.
El tema es complejo y requiere muchas páginas para explicar el fenómeno con rigor, pero la situación es esa.
Algunos de los rasgos antes citados y a pesar de la interrelación, sobre todo económica, con los demás países europeos en nuestro caso, también se encuentran en sociedades de países que apenas han luchado por su democracia y por su libertad.
E. Fromm al explicar el resentimiento producido por el tratado de Versalles de 1.918 en la baja clase media alemana dice "el resentimiento nacionalista no era otra cosa que una racionalización por la que se proyectaba su inferioridad social como inferioridad nacional", en "El miedo a la libertad" (p.211). Recordemos que se refiere a un fascismo excepcionalmente cruel. Nuestros actuales nacionalismos abusan del resentimiento y de agravios siempre inventados, pero tantas veces repetidos que se convierten en verdad para sus adeptos, su reinvención y tergiversación de la historia que se enseña en sus regiones, pues tienen el monopolio del sistema educativo en ellas, les permite todo. En los casos europeos son regiones más prósperas que en su resentimiento inducido pretenden aumentar la insolidaridad con el resto del país. A este respecto es llamativo que partidos políticos autodenominados de izquierda lanzan la insolidaridad y la separación. Aunque no siempre sucede como en la antigua Yugoslavia, los nacionalismos se muestran implacables y están dispuestos a negociar siempre que se les dé la razón en todo, son implacables.
Es de destacar que estos movimientos se dan también en países como España que han recibido como regalo las libertades formales y una democracia formal, pero la sociedad ni ha luchado ni ha ganado su libertad, la democracia no es un estado de la sociedad. Consecuencia son numerosos vicios y corrupción de la democracia aun antes de haberla alcanzado, los que crean opinión, en parte, están en esa línea de democracia como forma de gobierno y nada más. En otros casos, y con los nacionalismos sucede, el no razonamiento, el no haber vivido realmente en democracia y vivir en una mala democracia, la falta de conceptos y de lo dicho, la no vida realmente democrática en la sociedad, conduce a insultar al discrepante a quien se tacha de fascista, aunque no lo sea ni en sus hechos ni en su conducta social o política. Veremos esto más adelante.
Una frase repetida por los políticos durante muchos años y siguen: "nosotros los demócratas" o "nacionalismo democrático" revela carencias profundas en usos y vida democráticos. Un demócrata lo es, vive realmente en democracia y no lo publicita, está en su naturaleza, en la de la de la sociedad, lo mismo el nacionalismo que si es excluyente de los demás por razones de lengua impuesta por la fuerza, apellidos, raíces,... o impone la exclusión coactivamente (hay muchas formas de coacción) deja de ser democrático.
S. G. Payne. El fascismo. Alianza Ed. Madrid. 2.001
E. Fromm. El miedo a la libertad. Paidós. Barcelona. 2.002
[2] P. Sweezy. Teoría del desarrollo capitalista. F C E. México. 1.970. (p. 62)
[3] Ver, por ejemplo el repaso que hace D. Lyon en su obra Postmodernidad. Alianza Ed. Madrid 1.996
[4] Ver: Mercancías, consumismo, relaciones sociales. En www.caminosdepakistan.com
[5] E. Fromm. El miedo a la libertad. ... (p.180)
[6] E. Fromm. El miedo... (p.114).
[7] J. Hessen. Teoría del conocimiento. Col. Austral. Espasa Calpe. Madrid. 1.991. (p. 25).
[8] Algo acerca de esta idea de depredación como institución puede verse en la primera parte de: Capitalismo y depredación. En www.caminosdepakistan.com
[9] P. Moa. Los mitos de la Guerra Civil. La Esfera de los libros. Madrid. 2.004. Citado en la Introducción y corresponde a una cita del periódico ABC de 1.997 de un artículo de J. Marías. 60 años después de la Guerra. Seguimos en la mentira.
[10] M. Amis. Koba el Temible. Anagrama. Barcelona. 2.004. (p. 275)
[11] H. G. Gadamer. El problema de la conciencia histórica. Tecnos. Madrid. 2.001 (pp. 43-44)
[12] H. G. Gadamer. El problema... (p. 44)
[13] M. Amis. Koba el Temible.... (p. 265). citando a V. Grossman.
[14] H. G. Gadamer. El problema... ( pp. 115-116)
[15] R. Aron. Ensayo sobre las libertades. Alianza Ed. Madrid. 1.990. (p. 17)
[16] R. Aron. Ensayo sobre... (p. 45)
[17] Tras el atentado y hasta las elecciones tres días después hubo bastante turbiedad política e informativa que benefició claramente al partido político que ahora gobierna. El CIS (organismo gubernamental controlado ya por el nuevo gobierno), en encuesta nacional semanas después de las elecciones mostraba que el 13% de los electores cambió el sentido de su voto tras esos días turbios. Por eso y otras circunstancias tras investigaciones de medios informativos independientes en los meses siguientes ha habido algunas voces que han llegado a insinuar algo parecido a una especie de golpe de estado encubierto, tal vez no haya sido así. Las encuestas hasta el día del atentado daban ganador al partido político que hoy está en la oposición. Esto no significa que unos sean distintos a otros. Las interpretaciones de algunos comentaristas que crean opinión fueron y siguen siendo en parte confusas, tramposas y serviles con el poder político. Los autores del atentado, terroristas islámicos, mostraron al mundo cómo puede cambiarse un gobierno en las democracias formales débiles y en sociedades débiles. Tal vez uno de los comentarios más duro y lúcido haya sido el publicado el día siguiente a las elecciones en el diario "El Mundo" firmado por G. Albiac titulado: "Ganó Al Qaeda", dicho artículo acababa así: "Eso se votaba ayer: renunciar a luchar, estar muerto. Ganó Al Qaeda. Adiós, España".
[18] Maquiavelo en un capítulo de "El príncipe" titulado: "Si los príncipes deben ser fieles a sus tratados" dice: "En el día reina un príncipe que no me conviene nombrar, de cuya boca no se oye más que la paz y la buena fe; pero si sus obras hubiesen correspondido a sus palabras, más de una vez hubiera perdido su reputación y sus estados". Recuérdese que para Maquiavelo la política está por encima de la moral, el poder del gobernante por encima de la libertad.
Maquiavelo. El príncipe. Edaf. Madrid. 1.971. (p. 89).
[19] Maquiavelo. El príncipe... (p. 33)
[20] T. Paine. Derechos del hombre. Alianza Ed. Madrid. 1.984. (p. 106)
[21] A. de Foxá. Madrid de corte a checa. Bibliotex, S. L. Madrid. 2001. (p.225).
[22] A. Barea. La forja de un rebelde. III. La llama. Bibliotex, S. L. Madrid. 2001. (p.354).
[23] En esta historia un recuerdo personal, sin más valor que ese, lo percibido y vivido al final del franquismo. Me pidieron mis amigos de www.caminosdepakistan.com que contase algo de mí para publicarlo, escribí únicamente una página, algunos recuerdos vivos. Viví el final del franquismo, en mi juventud, en Barcelona, algo de lo que cuento de mis sensaciones y recuerdos: "...Un mundo deslumbrante, entonces, por lo que únicamente podía intuirse desde la propia inquietud y las ansias de libertad desde lo más hondo del alma. En ese mundo, el recuerdo de gente acobardada, encogida, la mayoría y de gente embarcada en su aventura de libertad imposible, la minoría" y más adelante: "... hasta el esfuerzo y luego la decepción ante la libertad y especie de democracia regalada, otorgada, nunca ganadas colectivamente y por pocos luchadas y trabajadas". Quizá, esto sin más valor que lo vivido y recordado, no sé si deformado en el recuerdo, puede reflejar algo de lo que pretendo decir.
[24] M. Amis. Koba el Temible. La risa... (pp. 96-97).
[25] A. Solzhenitsyn. Archipiélago Gulag. Vol. I. MDS Books/Mediasat. Madrid. 2.002. (p.14).
[26] T. Paine. Derechos del hombre. (p. 112). Hay otras traducciones más modernas.
[27] J. Rawls. Teoría de la justicia. F. C. E. Madrid. 1.995. (p. 19).
[28] J. Rawls. Teoría... (p. 84)
[29] J. Rawls. Teoría... (p. 82)
[30] J. Rawls. Teoría... (p. 469)
[31] B. Russell. Sociedad humana: ética y política. Altaya. Madrid. 1.999. (p. 250)
[32] N. Bobbio. Estado, gobierno y sociedad. Mov. Cultural Cristiano. Madrid. 2.001. (. 35).
[33] M. Weber. Escritos políticos. Altaya. Madrid. 1.999. (pp. 126 y 131)
[34] N. Bobbio. Estado, gobierno,... (p. 48)
[35] R. Aron. Ensayo sobre ... (p. 74)
[36] G. T. di Lampedusa. El Gatopardo. Unidad Editorial. Madrid. 1.999 (p. 130)
[37] G. T. di Lampedusa. El Gatopardo. ... (p. 131)
[38] J. Monod. El azar y la necesidad. Barral Editores. Barcelona. 1.971. (p. 9)
[39] J. Monod. El azar... (p. 185)
[40] J. Monod. El azar... (P. 193)
[41] J. Monod. El azar... (p. 211)
[42] T. Paine. Derechos... (p.113)
[43] T. Paine. Derechos... (P. 154)
[44] E. Frommm. El miedo... (p. 27)
[45] G. W. Leibniz. Discurso de metafísica. Alianza Ed. Madrid. 2002. (p. 56)
[46] R. de la Cierva. Historia del socialismo en España (1.879-1.983). Sarpe,. Madrid. 1.986. (p. 65)
[47] J. Hessen. Teoría del... (p. 17)
[48] M. Weber. La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Alianza Ed. Madrid. 2.001. (pp. 233 a 235).
[49] J. Hessen. Teoría... (pp. 68-69)
[50] Platón. Banquete. Planeta de Agostini. Barcelona. 1.995. (p. 180)