LIBERTAD Y HOMBRE DE HOY

 

                                     Santiago Ubieto

 

 

Hoy, en algunas sociedades modernas, en lenguaje más actual: postmodernas o, si se quiere, más allá de lo postmoderno, en lo metapostmoderno, se manifiestan y evidencian actitudes confusas e insatisfacciones profundas. Es como si el hombre estuviese desestructurado, más que eso, es como si, tras su andar por el mundo durante siglos, el hombre culminase no haber sido capaz de encontrar su razón de ser. Culmina ahora porque es nuestro momento. Culmina en cada momento de cada generación de hombres, en nuestro caso nuestro momento es hoy, es hasta donde hemos llegado y es cuando nosotros vivimos.

Esto se percibe al observar nuestro, cada vez, más convulso mundo que al mismo tiempo parece estar detenido y pretende, incluso, casi ni tener historia. La historia que nuestro mundo cuenta, muchas veces y en muchos lugares, la tergiversa, la reescribe, la reinventa y es la que nos explica.

Podemos reflexionar y podemos meditar sobre numerosos aspectos del hombre, pero hacerlo sobre la libertad que, suelen decir los hombres, está en lo más alto de sus deseos profundos puede resultar, no sé si clarificador, pero sí agitador de las aguas aparente y pretendidamente tranquilas por las que creemos fluye nuestro estar.

Vamos a intentar considerar detenidamente, lo que no significa extensamente, el tema propuesto y vamos a intentar aplicar con atención el pensamiento al hombre de hoy y a su libertad, a nuestra libertad.

Dedicar un poco de tiempo a reflexionar sobre la libertad y el hombre de hoy es una tarea ardua que no sé si seré capaz de llevar por buen camino a un final, quizá a un principio, consistente.

 

El punto de partida de esta reflexión es la consideración amplia de la libertad de cada uno, de nuestra libertad, de mi libertad y de si nosotros, cada uno somos verdaderamente libres como individuos y si las sociedades en que estamos y conformamos cada uno y entre todos son libres, si propician el desarrollo de cada hombre en verdadera libertad o si por el contrario nos constriñen y cercenan y hasta si, en ocasiones, muestran tics totalitarios o fascistas.

Nosotros, la mayoría de los individuos del Occidente desarrollado económicamente, solemos estar convencidos de que vivimos en sociedades libres y somos hombres libres. Quizá debería ser suficiente decir: hombres pues abarca todo. Decir hombres libres es adjetivar; la libertad no es un adjetivo que como tal se refiere a alguna cualidad de la que uno puede revestirse, que califica a un nombre, es una facultad inherente al hombre, a todos y cada un de los hombres. Que la libertad esté clara y desarrollada en nosotros es una cuestión distinta.

 

 

Libertad.

En esta primera consideración amplia de la libertad, una aproximación a su sentido, de manera sencilla y breve, puede permitirnos entenderla como: la posibilidad, la facultad que tiene el hombre de actuar, también de no actuar y, además, siendo responsable de lo que hace y de lo que no hace. Al decir facultad de no actuar debe entenderse que pudiendo hacer algo, el hombre, no lo hace; la omisión entra en la libertad. No digo debiendo hacer algo porque todavía no sabemos si el hombre que desea vivir en libertad tiene la obligación de actuar pudiendo no hacerlo.

Vivir en libertad es distinto a vivir con libertad. En libertad, en: como lugar o como tiempo durante el que se vive, es consustancial al vivir del hombre, está en él; para vivir el hombre como tal sólo puede hacerlo en libertad, cuando no es así  algo importante falta en él. No con libertad, así lo expresan algunos, con: un medio o un instrumento que, tal vez, no se tiene y puede adquirirse para realizar algo, con libertad, con sería pues un medio que puede adquirirse porque no se tiene, o no adquirirse, no sería esencial al vivir completo del hombre. La libertan es una facultad innata, dentro del hombre y como todas las facultades que se poseen puede estar desarrollada o puede estar dormida o castrada.

Hay gente que suele entender por libertad algo ambiguo y confuso, aunque diga lo contrario. Para muchos es un mero derecho formal que nuestras sociedades especifican y limitan en numerosos aspectos de nuestro actuar, nunca del no actuar y creen, esos muchos, que en los límites establecidos por la ley se encuentra la libertad, no la consideran consustancial al hombre, para ellos procede de la ley, de fuera del hombre, les han dado la libertad. Muchos la entienden, más que algo propio de cada uno y vital para ser, como un derecho más que les otorga la sociedad para la expansión propia, individual, sin más, dejando en segundo plano a la sociedad pues son las limitaciones formales, las leyes, las que se ocupan de ella. Olvidan, esos muchos, que con unas u otras leyes todos estamos inmersos en la sociedad seamos conscientes o no y estemos muy o nada identificados con nuestra propia sociedad. Para muchos la responsabilidad social y ante la sociedad no se piensa, no se plantea, no existe. Es algo bastante generalizado en el hombre occidental de hoy.

Cuando se le pregunta a la gente, a cualquiera: un camarero, un vendedor, un enseñante,... por la libertad, si se sienten libres suelen contestar que sí, si se les pide que expliquen algo más no lo tienen muy claro, las respuestas son diversas: no depender de nadie, hacer lo que deseen, poder expresarse sin cortapisas,... machos asocian la libertad con tener dinero, con tener poder pues permite, dicen, hacer lo que ellos quieran. Rara vez las respuestas van mucho más lejos y cuando alguien dice algo más es tan sólo de forma teórica o intelectual y en sus vidas distan mucho de buscar la libertad que explican. La omisión nadie la considera, la responsabilidad pocos y, en consecuencia, la sociedad tampoco las valora.

A partir del supuesto, tan sólo teórico y que realmente es una sofistería entre nosotros, de sostener con seriedad que todos los hombres somos iguales, que nadie tiene derecho alguno o privilegio sobre otros hombres y nuestro necesario e inevitable vivir en sociedad, ésta suele limitar la capacidad de actuación de los individuos poniendo límites imprecisos, leyes diferentes según los lugares, que suelen conformar y satisfacer a la gente.

 

No vamos a tratar aquí de los límites a la libertad individual que establecen los estados, el poder oficial, lo que Stuart Mill llama libertad social o civil y Berlin habla de libertad política, por no citar a otros muchos importantes autores y tratadistas. Tampoco vamos a repasar los más de doscientos significados de libertad que recuerda Berlin, tan sólo vamos a meditar brevemente sobre la libertad y el hombre actual, el hombre de Occidente, sobre todo el europeo, sobre nosotros y donde políticamente más se ha desarrollado la idea de libertad como aspecto importante en la vida de los individuos sociales, donde se han establecido numerosos derechos y leyes.

Se ha escrito mucho sobre la libertad, con seriedad, rigor, profundidad,... por lo que resulta difícil aportar algo nuevo. No pretendo que esta meditación sea otra cosa que una consideración sincera y sin condicionamientos de aspectos de nuestra hoy, y eso hasta donde pueda llegar en este momento. El tema es tan serio y profundo, pero sobre todo vital, que es difícil abarcarlo en su totalidad y ni aun siquiera sé si en lo más importante para algunos. Esto puede suponer discrepancias con otros y posiblemente rebasar los límites de la socialmente satisfactorio, de corrientes de opinión muchas veces ligeras y con poco contenido real, muchas veces simples frases con fortuna, titulares llamativos y poco más.

 

La libertad es una facultad inherente a los hombres, de cada uno por separado, individual, pero también es necesariamente una facultad colectiva, de la sociedad. Ésta contribuye al desarrollo de las potencialidades de los hombres cuando propicia la libertad y como sociedad vive en libertad y en el caso contrario contribuye a reprimir y constreñir el desarrollo de cada individuo y de la sociedad como tal cuando la organización social es represiva en mayor o menor grado. Dada la actuación de los hombres y de las sociedades éstas tienden a limitar legalmente la libertad de sus miembros por numerosas razones. Las limitaciones siempre se establecen arbitrariamente y dependen de lugares, países, épocas, culturas, etc.

Entre los tratadistas y pensadores hay acuerdos  sobre algunas de las limitaciones que establecen los estados, también hay desacuerdos. Existen numerosas explicaciones y teorías acerca de esta forma de actuar los estados, realmente de quienes detentan el poder de los estados en cada momento, hombres como los demás. Existen también teorías sobre cómo deberían actuar los estados, los gobernantes, acerca de lo que deberían limitar y lo que no deberían limitar, acerca de lo permitido y lo prohibido.

Es, sobre todo, a partir de Hobbes cuando se explicitan la capacidad y el poder del estado sobre los individuos tras un primer y único acuerdo entre ellos; anteriormente, con la idea más difusa del estado, la actuación coercitiva se daba como norma y derecho de los gobernantes de manera natural en ellos.

En las explicaciones y teorías actuales rara vez se cuestiona el sistema social y económico existente, tal vez la excepción son algunos pensadores marxistas.

No son únicamente los estados, por medio de los gobernantes, quienes establecen limitaciones formales, leyes. Siendo preciso debería decir que son los órganos legislativos quienes con independencia del gobierno establecen las leyes, pero parte de Occidente ya sabemos cómo funciona la independencia de los distintos órganos del estado. Las propias sociedades suelen establecer otros límites a la actuación de los individuos no regulados inicialmente de manera formal, son límites a los usos, a las conductas de sus miembros, incluso dentro de un mismo estado distintas regiones y lugares establecen sus propias pautas acerca de lo permitido y lo prohibido o de lo obligatorio y exigido a los de esa región, aunque esté prohibido en otros lugares del mismo país o aunque lleguen a ser contrarias a las normas y leyes del propio país. Cuando tienen capacidad para ello o, aunque no la tengan, según el país, se la toman y esas regiones convierten sus usos en ley de obligatorio e inexcusable cumplimiento en ese territorio; aunque atenten contra la libertad real de muchos individuos o de sectores importantes de la sociedad. Recordemos los nacionalismos, verdaderos movimientos fascistas con frecuencia según los rasgos que suelen aceptarse para definirlos[1], los religionismos sobre todo en países teocráticos, los racismos, los problemas de los inmigrantes, etc.

Otras facultades del hombre no se consideran con esta trascendencia, pero al estar en juego la posibilidad de actuar de una forma u otra y las consecuencias de esa actuación, la importancia y el riesgo para la sociedad y para determinados intereses particulares hegemónicos en esa sociedad es clara. Esto no significa que las sociedades no deban acordar los límites a ciertas posibles actuaciones. Esto ha sido ampliamente tratado.

Pero al hablar de libertad no sólo debemos pensar en la libertad social, hay que considerar igualmente la forma de vivir en libertad cada individuo. Puede haber una sociedad que propicia en gran medida las máximas condiciones de libertad  y en ella individuos incapaces de vivir en sí mismos en libertad debido a problemas individuales que tendemos a considerar enfermedades o, simplemente, la gente no sabe para qué la libertad.

 

Nuestra meditación se va a centrar en algunos puntos de interés para intentar aclararnos en nuestra libertad individual y social, para tratar más delante de recoger una idea, que de momento podemos llamar vital, de la libertad.

 

 

La sociedad del hombre de hoy.

Las formas sociales son construcciones de los individuos a partir de valores, principios, conductas, creencias, etc. arraigados en la gente. Los cambios sociales suelen ser lentos en lo profundo, para algunos cambios las sociedades necesitan siglos y ni aun siquiera los cambios se producen en todo, hay valores arraigados desde antes de la historia que persisten, así: la depredación humana, la enfermedad de poder,... Actualmente los cambios sociales son rápidos en lo superficial en un mundo, como el nuestro, instalado en la inmediatez, las causas son múltiples; la velocidad del cambio parece disminuir y es así en lo ya establecido pero no en movimientos menos visibles que tienen otra dimensión del tiempo, así: la inmigración incesante, en aumento, cuyas consecuencias para la sociedad instalada, para nosotros, son difíciles de percibir.

Algunas de las cosas que caracterizan a nuestra sociedad  son no ya el cambio sino la velocidad del cambio y la dirección del cambio. La velocidad del cambio está propiciada por lo que podría llamarse revolución científico-técnica que impulsa avances técnicos plasmados en: las mercancías que empujan al consumismo sin sentido, las comunicaciones, la información, la innovación constante que se da en todos los ámbitos. Todo ello incide en nuestra percepción del mundo, en nuestros valores, en nuestra forma de vivir y de entender la vida, en cómo entender al hombre, si es que somos capaces de entenderlo, y con él la libertad entre otras facultades inherentes al hombre.

Ante el mundo nuevo de las cosas que aparecen constantemente la actuación del individuo cambia, lo mismo sus valores, su moral, sus creencias, las formas sociales. El problema, uno de nuestros problemas hoy es la dirección del cambio y con ella nuevas posibilidades de transformación, de construcción individual y social, uno de los problemas que continúa, pero ahora bajo nuevas formas, es el de la libertad, no formas de libertad pues está por encima de las formas, es el problema del enmascaramiento y el engaño de lo que creemos nuestra libertad.

Continúa como problema porque nunca, en todos los siglos de historia, lo hemos resuelto, pero no es el único, aunque sí de suma importancia, pues hemos construido una sociedad llena de problemas que nos encontramos ahora y no vemos, en nuestro caso, hoy, es a partir de lo que evidencia nuestra sociedad: nuestro vacío, nuestra inanidad, nuestra indiferencia vacía. Son problemas por una razón simple: nuestra libertad, nuestra justicia,... nuestro ser hombres no los hemos resuelto.

 

El hombre occidental de hoy se ha explicado intelectualmente de muchas formas, rara vez vitalmente. Se ha dicho de él que es extraño al desencanto, hedonista, individualista, vacío, etc. Las adjetivaciones aplicadas reflejan las transformaciones sociales y del individuo en lo no esencial, en cualidades adquiridas y cambiantes que proceden de los cambios del mundo por medio de las cosas, del mundo de las mercancías inagotables que nos desborda por lo que ya tenemos y por lo que deseamos creemos está a nuestro alcance.

 En realidad lo que hacemos es poner barreras llenas de seducción: nos seduce el consumismo, nos seducen los avances técnicos por todo lo que nos reportan, nos seduce la ciencia por lo que fabulamos sobre ella, nos seducen nuestros derechos individuales y los nuevos que exigimos constantemente porque creemos que a eso se reduce la libertad a la que también tenemos derecho y por lo tanto nos han de regalar, nos seduce nuestro hedonismo porque sólo buscamos seguir huyendo de nosotros. Nos dejamos seducir por todo, por las cosas y en el juego de la seducción hacemos dejación de nuestra voluntad y con ella, una vez más, de nosotros.

Se impone la ideología del utilitarismo, del consumismo, de los derechos sin contrapartida, del estar; también del temor, a veces larvado, que nos ocultamos a nosotros mismos tras las cosas, temor a lo incierto y huimos, temor a nosotros mismos y no somos. Es nuestra manera de vivir en libertad.

Las sustanciales mejoras materiales alcanzadas por una parte importante de la sociedad occidental, a costa de las inmensas sociedades periféricas, son nuestro logro, nos autocomplacemos, aspiramos a más mejoras materiales. Es parte de lo que creemos nuestra libertad.

La ideología hoy la transmiten: la ciencia que no es neutral, la técnica, las mercancías, las organizaciones mediáticas,... y, siempre es la misma ideología vacía, la ideología carente de ideología, carente de ideas, la ideología carente del hombre, la ideología carente de sociedad.

No son los discursos razonados y estructurados los que hacen mella en el hombre, lo que le llega es aquello que percibe de forma tangible o lo visible y alcanzable en su creencia, es su andar social. "No es la conciencia de los hombres lo que determina su existencia, sino que por el contrario, su existencia social determina su conciencia"[2]. El viejo Marx lo anticipó. La existencia social del hombre de hoy determina su conciencia.

La existencia social del hombre de hoy es compleja, como la sociedad y es simplista, como el vivir del individuo por y para las cosas y es sobre todo inconsecuente, como vive y está el individuo que se niega a sí mismo en lo profundo, que se niega a ser hombre.

 

Los pensadores de la postmodernidad en su intento de describir y entender lo que pasa en la sociedad reflejan fragmentos del complejo todo social, pero la postmodernidad está superada por las peculiares dinámicas sociales. Si para algunos pensadores[3] P. K. Dick en su conocida obra de 1.968: "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?", llevada al cine en 1.982 con el título de "Blade Runner" intuye lo que llega, la realidad se complica en otras direcciones y tal vez algunos años antes Huxley y Orwell apuntan más al fondo de la sociedad actual.

Lo que está más allá de lo postmoderno, lo metapostmoderno, los nombres engañan y nos alejan, a veces, de la realidad. Estamos, vivimos en lo moderno, cada hoy es lo moderno, lo actual aunque quiera el hoy de algunos huir a un pasado reinventado; más allá de lo postmoderno es hoy y el hoy, el que debemos afrontar vitalmente, es complejo y aterrador en lo subterráneo por lo que hacemos, por lo que no hacemos y por lo que estamos preparando para la sociedad que viene, aunque no seamos conscientes y huyamos de todo.

Lo que se vislumbra es la desestructuración, la desintegración a partir, no de la integración del hombre en cuanto tal y en la sociedad integrada, es decir, el hombre completo y la sociedad completa sin que falte nada, pues el hombre nunca ha vivido integrado ni en sí ni socialmente. Lo que se percibe es a partir de algo que podría entenderse como verdadera ruptura institucional de algunas instituciones de siglos y globales en el mundo occidental, instituciones que ya no funcionan de acuerdo con el fin con que durante siglos fueron construyéndose y no tienen que ver demasiado con lo que hoy pensamos y valoramos en nuestra sociedad; en realidad instituciones arcaicas, útiles por conveniencia, que nunca han estado arraigadas en lo hondo de la gente aunque sí han tenido un papel cohesionador en la superficie de la sociedad durante siglos en la siempre convulsa Europa. Hay otras instituciones que permanecen con fuerza.

En los cambios que se producen en los distintos sectores y fragmentos de la sociedad aparecen ideas y expresiones que anticipan algo más amplio y generalizado a la sociedad, los correspondientes "expertos" al buscar expresar lo que sucede en esos trozos de la sociedad la anticipan sin saberlo.

Sirva un ejemplo: los que se dedican a teorizar sobre la organización de empresas, "expertos" en un fragmento de la sociedad, con frecuencia y a partir de lo observado por ellos, cuando intentan explicar y comprender cómo y hacia dónde se dirigen las organizaciones empresariales, algunos de ellos, hablan de ruptura institucional en un sentido aparentemente distinto al dado aquí. Lo que vienen a decir esos teóricos es que lo tradicional, para ellos lo ya antiguo, se rompe en las formas de las corporaciones y sociedades empresariales, en las de la gestión y dirección, también en lo que ellos llaman ruptura de la cadena de valor tradicional, es decir, de la producción, donde se encierra un mundo que, en cierta forma, creen pequeño y la ruptura origina nuevas formas de actuación, de pensamiento, de valores que acaban llegando a la sociedad y siendo aceptados. Se aceptan como buenos conceptos y hechos de la llamada globalización, no se piensa en el individuo como tal, como hombre, sino como un medio, un instrumento más al servicio del capital para que siga creciendo y quienes detentan el poder y luchan por él, el del capital y su control, lo logren mayor y a nosotros, los del centro del sistema, nos proporcione más mercancías.

Tras eso se transmite, y la sociedad acepta, una ideología supercapitalista, insolidaria, destructiva del hombre y de algunas sociedades al plasmarse en actuaciones que ignoran cualquier derecho de los individuos "globalizados" y les roban no sólo sus rentas, su trabajo, sus vidas, sino su libertad. Esas rupturas contribuyen a la fragmentación social y al mantenimiento de la esclavitud real y de la semiesclavitud bajo la idea opuesta de globalización; contribuyen a asentar la idea de individualismo insolidario, de obtener únicamente el propio beneficio sin importar nada más. Desvertebran, esas rupturas, un mundo para tratar de vertebrar otro y cohesionarlo por medio de las mercancías que tienen identidad, marca y tiende al monopolio empresarial y mental en la gente como algo beneficioso, esas mercancías, esas marcas, esas empresas se convierten en la patria de todos. Uno participa de lo mayor del mundo, uno cree sentirse seguro y libre.

Al mismo tiempo en lo político reducimos y fragmentamos el mundo y aparecen o reaparecen pequeños estados que se separan del mayor, nuevas lenguas muy minoritarias y exclusivas o con siglos de desuso que imponen y nos convierten en más pequeños y fragmentados social y mentalmente, en más seguros frente a lo que hemos decidido distinto en las formas "propias" que reinventan esas sociedades, nuestro horizonte mental y vital se estrecha y limita y nuestro razonamiento difícilmente llega a ser abstracto, universal y libre. Perdemos posibilidades de libertad real. La forma, la nueva forma reducida es todo, es la identidad nueva y reinventada de pocos con derechos exclusivos para esos pocos. Al distinto le tememos y nos enseñan a odiarle. Por eso las marcas, las mercancías mundializadas se convierten en la nueva patria común que necesitamos y en los vínculos de los distintos con el mundo. Las mercancías son la uniformidad, son lo igual, son también poder sobre otros, en especial sobre los "globalizados", son valores sociales[4] y lo aceptamos porque llega así, nos conviene en nuestro utilitarismo y creemos que no tienen entidad política, pero la tienen.

 

Los cambios se producen imperceptiblemente, las instituciones no arraigadas, de siglos, se rompen y tan sólo persisten las arraigadas que únicamente han cambiado en sus formas, son más sofisticadas y refinadas, pero en el fondo no han cambiado: guerras, robos legales, engaños y estratagemas para conseguir cosas como poder o riqueza, modos de producción: se ha pasado del esclavismo al capitalismo, etc. Perviven las instituciones que estrangulan y castran la libertad salvo los intentos para establecer las democracias formales o ciertos sistemas de libertades que, aun corrompidos en las formas, por lo menos tienden a propiciar ciertos grados de libertad en la sociedad; otras instituciones que se mantienen atentan contra la libertad y aun con mayores grados de libertad social y política en las democracias formales o en los sistemas de libertades formales, esas instituciones que perviven han contribuido a establecer un sistema social y económico, el único existente hoy, que en su esencia y naturaleza es castrador de la libertad de los individuos y vive, el sistema, de eso. En estos casos no se produce ruptura institucional alguna.

Recordemos que las instituciones son construcciones de los hombres que estructuran las relaciones entre ellos y sus conductas, comportamientos, etc. son sus valores compartidos y si esas instituciones que van directamente contra la libertad permanecen con fuerza es porque están profundamente arraigadas en la gente.

Los cambios hoy, la construcción más o menos deliberada de nuevas instituciones son fruto de la aceleración, de nuestro vivir en la inmediatez, de nuestro temor, de nuestro miedo profundo a la auténtica libertad. Cambios acelerados por el incesante avance cintífico-técnico que son del momento, efímeros y tan sólo influyen en la gente de su momento, en distintas gentes que conviven con distintos valores y formas de vivir procedentes de su momento fugaz, formas y valores contradictorios en diferentes generaciones del mismo tiempo en confrontación por incomprensión de lo profundo del hombre. Son formas y ocultamos el fondo, valoramos las formas o intentamos cambiar el fondo ante lo nuevo que nos deslumbra, es un fondo sin base sólida y racional, pues el verdadero, el del  hombre sin atributos externos, es el mismo siempre. El del hombre que, tras tantos siglos, no hemos sabido construir. Cambiamos los valores, su sentido; cambiamos nuestra idea de libertad porque real, vital y profundamente no vivimos en libertad.

Las formas se confunden con el fondo, vivimos tan sólo en las formas, éstas cambian en la medida en que lo hace la técnica, en que lo hacen los valores sociales porque  sí, porque simplemente creemos que nos producen mayor satisfacción y más placer en lo inmediato o porque no somos capaces de entender y huimos. Explica E. Fromm que aparecen una especie de mecanismos de evasión: el "autoritarismo" y la "destructividad" como eliminación del objeto y en ello lo que llama conformidad automática, "el individuo deja de ser él mismo y adopta la personalidad que le proporcionan las pautas culturales... la discrepancia entre el yo y el mundo desaparece"[5].

También cambia lo que ha dado cohesión externa, no profunda, a nuestro mundo durante siglos, pero no lo sustituimos por algo mejor, el cambio que parte de nuestra destrucción, no de la evolución, hace que la sustitución sea por algo más cómodo o más placentero o por algo que creemos más seguro. Vuelvo a Fromm dice que la sociedad moderna respecto del hombre: "por un lado lo hace más independiente y más crítico, otorgándole mayor confianza en sí mismo, y por otro, más sólo, aislado y atemorizado"[6].

 

El hombre no busca su libertad para construirse en todo su inmenso y desconocido potencial y en sus limitaciones, desconocido porque las modas y las formas y el utilitarismo no aceptan ciertas facultades, "los valores éticos, estéticos y religiosos no se crean, sino que están ya, previamente a todo; al individuo sólo le cabe captarlos"[7], hay más no ya valores sino facultades que son diferentes a  nuestra actual razón y a una lógica determinada. El hombre occidental cambia su posibilidad de ser hombre, en ella está incluida su posibilidad de vivir en libertad, por derechos insolidarios y desestructuradores que le llevan a lo que cree su tranquilidad y no la encuentra, necesita más derechos y más específicos, cambia la posibilidad de libertad por mercancías, tras ellas el fetichismo insinuado por Marx, el consumismo como enfermedad, el poder, la ideología sutil de la no idea y de la negación de la ideología, la irracionalidad.

El hombre de hoy oculta lo irracional bajo derechos incuestionados y leyes, ante eso no admite el diálogo, no se trata de derechos racionales o irracionales, de leyes justas o injustas, son derechos, son leyes y con eso basta. No hay forma de dialogar y de ahondar en cada uno. Somos inmunes a todo. Carecemos de responsabilidad por nuestros actos. Carecemos de sentido de lo justo. Nuestros derechos, nuestras leyes son todo. Hacemos dejación de nuestra responsabilidad, se diluye en toda la sociedad, nadie es responsable de las atrocidades sociales y así no podemos tener conciencia. Hacemos dejación de nuestro sentido de la justicia, se diluye también en la sociedad. Hacemos dejación de nuestra libertad, nos engañamos.

 

Pero el hombre de hoy también es resultado directo de su pasado, del pasado de la sociedad. Conocemos por la historia las barbaridades continuas cometidas por los hombres, eso nos permite ver que lo único que persiste con vigor es la depredación del hombre por el hombre en sus numerosas variantes y arraigada con fuerza como valor moral y norma de conducta aplaudida por la sociedad[8]. Hemos establecido la violencia física, moral y legal, el dominio de unos sobre otros como pauta de comportamiento, como valor moral supremo, aunque lo ignoremos o lo neguemos, de ahí el triunfo actual del capitalismo que por la lógica del sistema  tiende claramente al capitalismo monopolista. De ahí nuestra necesidad de establecer lugares exclusivos con derechos exclusivos.

No hemos aprendido de nuestra propia historia, de nuestro pasado común, el de todos, el de cada uno, de los siglos de violencia y de injusticia y no queremos aprender, no lo queremos entender, no lo queremos asumir y lo repetimos. No nos queremos entender y queremos dominar y aislarnos en nuestros privilegios de dominadores por nuestra abrumadora superioridad técnica. Lo que repetimos es más trágico en cada repetición, cuanto más trágico más huimos, más lo ignoramos y más nos aferramos a nuestras falsedades en la justificación de lo injustificable. Luego lo veremos.

Recordemos nuestros últimos siglos de historia y observemos qué hacemos ahora, cómo huimos de nuestra historia, la tergiversamos para justificarnos y para no afrontar nuestra vida en común, la de todos o la ignoramos, es lo más cómodo. Nos cargamos de razones falsas, comprendemos y mitificamos lo demencial, lo justificamos. Buscamos una causa común de justificación en forma de eslogan publicitario, nos lo repiten y lo repetimos tantas veces que lo creemos y con eso nos evadimos de nuestra propia responsabilidad de hombres, no es otra la que tenemos, la mía de ser Hombre o de ser una cosa alienada, en este caso no necesito ser responsable, me basta con estar.

Cualquier historia, cualquier país. La historia más lejana y la historia más reciente. Como seguimos sin saber por qué desde el corazón, desde la sinceridad, desde la desnudez del alma seguimos siendo los mismos de hace siglos, pero con mayor peso y acumulamos junto a las tragedias del pasado, porque no hemos querido aprender, las mayores tragedias de hoy que no queremos ver.

No podemos vivir en libertad en nuestra sociedad si antes no nos desprendemos de la utilización de la falsificación de nuestra historia, de su falseamiento que nos da falsos argumentos para autoengañarnos. Sepamos que no nos hemos ganado lo que llamamos nuestra libertad, pocos han luchado por la libertad política y social. En casi todos los países europeos la libertad formal ha sido un regalo, pero sólo es formal, no real y creemos que es suficiente. Tal vez nos asuste la libertad real ganada día a día.

Hemos desencadenado guerras destructivas en extremo, hemos construido sistemas sociales y políticos perversos y masivamente trágicos y crueles. Al no haber sido capaces de enfrentarnos a esa y otras historias incurrimos en lo mismo, provocamos tragedias mucho más masivas hoy, pero con el refinamiento de nuestra sociedad "bienpensante" no lo queremos ver. Nuestro soporte de ideología débil está lleno de todo eso.

No queremos hablar aunque no dejamos de decir, no hay diálogo, todo es monólogo en una sola dirección, en la de lo conveniente, en la de lo correcto de cada momento.

Cada país, cada sociedad acumula siglos de pasado turbio y de interpretación torticera de ese pasado que tergiversamos y utilizamos como coartada: el guerracivilismo español, el supuesto heroísmo francés, la cerrazón austríaca o alemana, el progresismo humano soviético desde el crimen masivo,... Dogmatismo revestido de razón que es sinrazón, cobardía y entreguismo camuflado por la publicidad, el silencio que oculta el falso orgullo, lo progresista que se niega a ver la falsedad y el crimen. Forma parte de la base histórica de nuestras libertades y de nuestro engaño de libertad. "La voluntad de mentir se concentra especialmente en la presentación del pasado cercano[...] No se abrirá de verdad el horizonte de España mientras no haya una decisión de establecer el imperio de la veracidad"[9]. Quizá tras eso, si sucede, pueda empezar a construirse una sociedad con el deseo de vivir en libertad real. Puede sustituirse España por cualquier otro país.

Nos recuerda M. Amis : "El objetivo... ¿Por qué destapar lo que pasaba en los malos tiempos?, su respuesta es que cuando un país o una doctrina elude enfrentarse a su propio pasado con un pretexto u otro, el efecto es tan mortal para la calidad de vida como para el corazón de cada cual"[10].

Tal vez nuestra conciencia histórica, la interpretación en el sentido que explica Gadamer[11]está totalmente condicionado por nuestras necesidades de la conciencia moderna que nos permite comprender a nuestro modo, al modo de las necesidades sociales: "todos los enunciados que reconstruyen la razón son susceptibles de una interpretación, ya que su sentido verdadero o real no nos llega más que asimilado y deformado por las ideologías"[12]. En nuestro caso está claro: las necesidades del momento, de cada momento desde nuestra ideología carente de todo y utilitarista. No vemos más, no vemos, no sentimos, no vivimos la vida. en este sentido: "la evolución de la vida es la evolución de la libertad"[13].

Al final lo que nos asusta es comprender: "Comprender es esperar una medición entre el presente y el pasado, es desarrollar en sí misma toda una serie continua de perspectivas por las cuales el pasado se presenta y se dirige a nosotros"[14]. Si tergiversamos el pasado la comprensión es distorsionada, comprendemos la mentira que nos empeñamos en que sea verdad, pero algunos saben que no es así y callan o si insinúan la verdad son señalados por la sociedad o rebatidos con el razonamiento perfecto: el insulto, la calumnia, la marginación. Son hechos.

 

No comprendemos en el sentido anterior. No queremos enterarnos de nosotros mismos. En cierta forma no somos capaces de participar en lo común, por ejemplo: en la política, lo hacemos en el simulacro. No vivimos, cada uno, en libertad en la sociedad y confundimos, no somos capaces de vivir en democracia auténtica, expresado con sencillez hace años: "Tocqueville designa con el término democracia un estado de la sociedad y no una forma de gobierno"[15], pero esto es insuficiente, Marx cree en la libertad y se rebela contra la injusticia social, Lenin y los bolcheviques sólo confían en el partido y "sacrifican ciertos elementos del legado marxista"[16]. La historia nos lo enseña. Nuestra libertad en lo político se ciñe más a una simple democracia como forma de gobierno y menos a un estado de la sociedad.

No participamos en la política, en ella se juega gran parte de nuestra libertad social, la historia nos justifica y separamos nuestra individualidad, poco libre, de nuestra colectividad. La historia aterradora son otros y la tergiversamos o callamos o negamos. No aprendemos y no queremos.

El simulacro histórico de democracia, la democracia formal, no real, sólo en algunas formas. El voto condicionado es todo, los profesionales del poder político así nos lo venden  y se apoderan de los entresijos de la sociedad, la dominan, nosotros lo aceptamos, diluimos nuestra responsabilidad en ellos que para eso tienen estómagos de acero. La democracia creemos que es elegir entre uno y otro, siempre los mismos, que prometen lo que saben nunca van a cumplir, elegimos para que luego hagan. La llenamos de falsedades de eslogans turbios, de imagen y en su dirección de la "cosa pública" nos desactivan, deforman a la sociedad que no tiene salidas ni las busca.

No existen soluciones colectivas salvadoras, la historia nos lo enseña, pero pueden existir dinámicas e impulsos sociales que pueden empujar a cada uno o a muchos a avanzar hacia la libertad.

Cuando alguien lucha por la libertad política y social, idealizada sobre todo bajo las dictaduras, no sólo hace eso, le acompaña el crecimiento en la libertad individual y el ir viviendo uno mismo en ella, es una forma de vida desde dentro, uno pretende contribuir a transformar su mundo sin libertad y uno se transforma a sí mismo, la libertad surge en plenitud desde el hombre, desde mí, desde cada uno de los que la buscan con sinceridad, y se convierte en necesaria, imprescindible para vivir cada instante, igual que es necesario el aire para respirar y vivir.

La democracia en nuestro mundo complejo se retuerce en nuestro mundo de información y ante nuestra pasividad y conformismo cambia y aparecen novedosos e ingeniosos conceptos como que las formas representativas son sustituidas por lo que puede llamarse democracia de audiencia en los medios de comunicación que ya desempeñan un papel decisivo. No olvidemos la existencia de verdaderos monopolios o cuasi-monopolios informativos en todos los ámbitos y ramas de la difusión e información. La democracia así, que aceptamos sin reparos es más cómoda, el cuasi-monopolio nos especifica, siempre en connivencia con el poder político, lo que debemos pensar, decir y hacer.

 

Poco después de las elecciones legislativas españolas del día 14 de marzo de 2.004 el nuevo presidente del gobierno elegido tras un sangriento atentado terrorista que tuvo lugar en Madrid tres días antes[17]decía en una entrevista en la prensa: "Voy a construir una democracia ejemplar", en esa frase resume un concepto de democracia pervertido, de democracia como forma de gobierno con condiciones. No concibe el actual presidente del gobierno español la democracia como "un estado de la sociedad". La democracia ejemplar para que exista debe estar en toda la sociedad, el jefe de gobierno, como mucho, será uno más de los verdaderos demócratas que, si existen en la sociedad y la democracia es un estado de la misma, son los únicos capaces de construir una sociedad que como tal sea verdaderamente democrática y para eso no basta con una imagen confusa de un individuo, aunque sea presidente del gobierno[18]. Por otra parte la citada expresión no ha suscitado críticas, tal vez la interpretación sea distinta a la dada aquí, pero teniendo en cuenta quién la pronuncia el sentido es de una concepción estrecha y viciada en lo sustantivo y por tanto en la idea y práctica democrática de la sociedad, los hechos así lo muestran.

En realidad es una idea de dirigismo, de que sólo existe la democracia en el partido, la dictadura de los partidos en tanto organizaciones que acogen a los profesionales del poder político. Esto recuerda lo dicho antes: Lenin y los bolcheviques sólo confían en el partido y sacrifican... Volveremos sobre estas ideas y prácticas de democracia, ideas de libertad.

En otros países de los considerados democráticos se han dado y se siguen dando cosas parecidas.

¿Es necesario recordar a los otros demócratas europeos gobernantes y a la gente que se extasía ante ellos?. Recordemos el caso francés, es uno cualquiera, y como símbolo sus presidentes, recordemos al anterior, hoy conocemos su origen político, de grupos protofascistas  y también sus empleos bajo el entreguista y colaborador gobierno de Vichy que estuvo apoyado por su burguesía antes que enfrentarse al nazismo, ¿nadie lo recordaba?, ¿cómo es posible una amnesia colectiva de tantos y durante tanto tiempo?. Silencio cómplice de vergüenza que debe callarse o enmascararse en el engaño de lucha por la libertad que no fue colectiva, del país entero, ¿hay que recordar a algunos de sus reputados intelectuales de entonces?. también se calla, ¿ a su partido comunista?.

El recuerdo de otros lugares, países de antes y de ahora, de hoy, en estos términos de corrupción de la democracia puede ser esclarecedor.

La llamada construcción europea, lo de la UE, sus organismos, sus profesionales del poder político, sus decisiones, etc.

No es necesario seguir.

 

La libertad, las sociedades en libertad las construyen hombres que viven en libertad desde ellos, que saben qué es, que la anhela, que la luchan, trabajan y ganan día a día mayores grados de libertad, cada uno de los hombres que quieren ser libres y saben que los límites de la verdadera libertad no existe, siempre se puede llegar más lejos y cuando es verdadera y está arraigada en la sociedad no se destruye fácilmente.

Maquiavelo a quien le interesaba el poder, no la libertad dice: "Cualquiera, pues, que llegue a hacerse dueño de una ciudad acostumbrada a gozar de su libertad, y no la destruya, debe temer que será destruido por ella... y el grito de libertad, que no se borra con el transcurso del tiempo ni por recientes beneficios... nunca se desarraigará de su corazón, ni soltará su memoria el nombre de libertad"[19].

La libertad es consustancial al vivir verdadero en uno y en la sociedad. ¿Cómo es posible construir países en libertad con hombres que ni viven, ni saben, ni desean vivir en libertad, ni luchan por ella, ni han sido capaces de ganar el remedo de libertad del que ahora gozan?.

Una parte de los países europeos son eso, hoy tienen únicamente lo que sus propagandistas, sus profesionales del poder político, sus tratadistas llaman libertades formales, lo que llaman las libertades. Es importante, una vez más, el uso del lenguaje para ocultar las realidades profundas. Países que se estructuran y organizan antes de que reine la verdadera libertad, su organización no surge de su sociedad en libertad,. La organización social, entonces, está viciada en su origen.

Democracias formales devueltas a algunos países por su odiado amigo americano. Hay gente que dice que si los americanos lo hicieron fue a cambio de algún beneficio económico, eso justifica el odio que es realmente a nuestra propia vergüenza, no por la ayuda sino por nuestro estado en el engaño, porque representamos vivir en libertad y haberla ganado y no es así realmente, no es por la opresión política es por nuestras mentes acomodadas.

Realmente se rechaza y se niega la propia vergüenza histórica, si aceptamos lo anterior: "la evolución de la vida es la evolución de la libertad", nosotros no queremos trabajar en el sentido de la vida, deseamos que todo se detenga, rechazamos la historia, el pasado, si recuperamos costumbres o monumentos antiguos es para detener la historia. El pasado nos retrata, es un espejo en el que nos vemos reflejados. Lo negamos.

Persiste el engaño de libertad, no es real. Libertad formal, retórica revestida de honorabilidad para representar colectivamente la gran mentira en el teatro en que convertimos la sociedad. Representamos la gran mentira también en el boato visible de que se disfraza el poder. los gobernantes se adornan de soldados y de gente disfrazada, servidores y siervos, con trajes que proceden de lo antiguo, de lo que se acerca a la imagen del Antiguo Régimen. Mostramos unas formas teatrales, es la representación, pero no de lo antiguo, es de la negación de la libertad, de la negación de la democracia, de la negación de la mayoría de la sociedad, de la no aristocrática; es sólo mal teatro, pero lo aceptamos. Ya sabemos el origen de la aristocracia que en la farsa nunca se va, de la nobleza o de la Innobleza en palabras de T. Paine[20].

El símbolo es, en este caso, de la no democracia, de la tiranía. La sacralización del poder nuevamente usurpado.

 

Hemos pasado de sojuzgados durante siglos de historia, hoy no lo solemos vivir así, a dominadores colectivos sin conciencia y lo hacemos peor. Nos lamentamos del pasado de injusticias y de falta de libertad y no queremos ver la descomunal injusticia y la opresión que nosotros, dominadores como sociedad técnica y económicamente poderosa, infligimos al inmenso resto del mundo. Sólo pueden oprimir quienes no viven verdaderamente en libertad, quienes no aman la libertad. El hombre en libertad la hace crecer día tras día, acto tras acto, sueña y desea un mundo completo, entero en libertad, no puede ser de otra forma. Un hombre así jamás puede ser un opresor. Nuestras sociedades y nosotros en ellas lo son.

La vieja Europa de la que se ufanan sus gentes con los profesionales del poder político al frente en sus eslogans, la vieja Europa de mil tragedias masivas, continuas y de horrores cada vez mayores inventó el capitalismo, antes el feudalismo y vivió del esclavismo, organizó lógicamente la teocracia, es un contrasentido, siempre guerras e injusticias, sistemas opresivos y despiadados: basta recordar los colonialismos déspotas, crueles y desmedidos, producto del robo de continentes enteros que todavía pagan las consecuencias, inventó el estalinismo, el nazismo, los fascismos, los nacionalismos,... y, siempre, crueldad extrema y masiva. Para lograr semejantes "éxitos" se necesitaron masas ingentes de tiranos, de torturadores, de individuos crueles en extremo. Allí estaban, todos. No sólo Hitler, fueron docenas de miles de pequeños Hitler en la realización práctica, el resto reía; no sólo Lenin o Stalin, fueron docenas de miles de pequeños Lenin o Stalin quienes torturaron y asesinaron masivamente, el mundo casi entero reía; no sólo Franco, no sólo Petain, no sólo... Fue la sociedad entera, de otra forma no hubiese sido posible. Nosotros sin catarsis, es decir, sin purificación ritual de personas o cosas afectadas por alguna impureza, pues eso significaba para los griegos, somos sus herederos directos, nuestra sociedad en algo procede de allí. Hemos construido grandiosos monumentos a la abyección humana. En el fondo, sin catarsis real, todo se mantiene igual, ¿ya hemos olvidado nuestra pasividad ante los muy recientes disparates europeos?.

Repasemos datos de la historia, así: afiliados al partido nacionalsocialista, al comunista soviético o a los de sus hermanos en el ideal y la justificación o negación del crimen mientras el estalinismo estuvo vivo, los beneficiados por su apoyo activo y también pasivo al franquismo, al régimen de Vichy, a Oliveira, a... o a muchos de nuestros honrados, lúcidos y valientes intelectuales que siempre cerraban los ojos, lo siguen haciendo, y justificaban fría e intelectualmente la monstruosidad o simplemente la negaban, la nómina en todos los bandos es numerosa. Siguen negando.

Las conciencias de los intelectuales, Feyerabend se refiere a muchos como "funcionarios del pensamiento", sus posturas de justificación de lo injustificable no se sabe por qué, lo mismo del estalinismo que de los fascismos, unas dictaduras son perversas y otras no, pero se les cambia el nombre. Ellos contribuyen a crear opinión, modas ideológicas, posturas morales, etc. Unos son rechazados y otros aceptados. Aparece la duda acerca de su discurso, es imposible que aporten algo verdadero, aunque sigan siendo reconocidos por la sociedad. No se trata de no equivocarse en la vida de cada uno, se trata de la honradez mínima esperable de quien influye por los caminos intelectuales o morales. Otros fueron honrados, su enseñanza es creíble.

La historia y su interpretación y su utilización para justificar posturas.

En España, me refiero al guerracivilismo no resuelto todavía, se juntaron en un momento dado los dos lados en guerra en crueldades, los "dos Caínes" que dice A. Barea; la historia lo explica, también la literatura, pero no el recuerdo vivo, sólo se admite maniqueamente lo correcto socialmente.

Sigo con España, dice el escritor repudiado, desde el lado de los vencedores: "...eran la autoridad los limpiabotas, los que arreglan las letrinas, los mozos de estación y los carboneros. Siglos y siglos de esclavitud acumulada latían en ellos con una fuerza indomable"[21]. Dice el autor aceptado, desde el lado de los vencidos: "Le hablé de la guerra, repugnante porque enfrentaba a hombres de la misma sangre unos contra otros, en una guerra de dos Caínes. Una en la cual sacerdotes eran fusilados en las afueras de Madrid y sacerdotes daban su bendición al fusilamiento de pobres labradores"[22].

Lo correcto socialmente en la sociedad, vociferante en su vergüenza de pasividad ante la larga dictadura posterior a la guerra y a la que no se enfrentaron nunca, a la dictadura, es ignorar y rechazar al primer autor y sus escritos y lo contrario con el segundo. las dos son unas buenas novelas, escritas con honradez en esos momentos desde posturas y situaciones vitales y políticas diferentes en el mismo Madrid, en el contradictorio Madrid, resistiendo heroicamente hasta el final ante los sublevados, para unos y, aterrador y sangriento en extremo para otros. Para unos fue una lucha por la libertad frente al fascismo y para otros fue evitar la sovietización de España. EL Gulag ya llevaba años funcionando y el nazismo se había adueñado del poder y todavía no había mostrado su verdadero rostro de atrocidades sin nombre, el fascismo llevaba más años en otros países. Fue mucho más complejo que todo eso, fue el imperio de la irracionalidad.

He hablado de esto porque la sociedad española no lo ha sabido resolver todavía. Mientras no seamos capaces de conocer, entender, desmitificar los propios mitos y mentiras maniqueas, hablar razonadamente, asumir como propio el disparate de todos, no abriremos caminos a la libertad real. La catarsis.

Antes he citado las elecciones legislativas españolas del 14 de marzo de 2.004. Hoy sigue habiendo mucha gente que llama franquistas y fascistas a los del principal partido político de la derecha y progresista y de libertad al de la izquierda (no hay muchas diferencias entre ellos en lo sustancial), ¿alguien de la autodenominada izquierda recuerda, por ejemplo, la teoría del valor y lo que Marx explica y demuestra y sus consecuencias lógicas y de justicia social?.

De repente, al hablar, toda la gente es antifranquista, anti PP, progresista, etc. encarnando los otros partidos políticos, el PSOE o los nacionalistas (hemos visto antes que en estos últimos se dan rasgos de verdadero fascismo) la bondad, se niegan o se justifican sus propios desmanes históricos. En realidad se autoprclaman antifranquistas porque ni ellos ni sus padres lo fueron en el momento duro y difícil para la libertad del franquismo real, implacable, aterrador para muchos, pero necesitan revestirse de honorabilidad social, de una lucha por la libertad y la democracia que no hicieron y lo actual no fue ganado por ellos sino regalado por el tardofranquismo. Es el gran engaño social, de una sociedad que no ha luchado como tal, colectivamente por su libertad, por su democracia y creen tenerla, aunque diste mucho, y hasta inventan que ellos han contribuido a traerla, ni aun siquiera son capaces de decir luchado o ganado[23].

Así podríamos repasar otras sociedades con historia y reconstrucción y prohibición social de la historia real, de la verdad histórica por dolorosa y por vergonzosa. Miremos países europeos y recordemos.

La tergiversación de la historia y la ignorancia maniquea nos permiten la justificación que nos hace presentables ante nosotros y representar lo que nunca hemos sido. Llegamos a creer nuestras propias falsedades.

Es la idea de libertad que tenemos y que vivimos. Es el hombre de hoy. Nos conduce al abismo.

 

Todo son obras humanas, en ellas la inteligencia y el corazón de los hombres. En su capacidad para elegir, en algún momento, los individuos y la sociedad han decidido lo que tenemos, la elección, hasta hoy, ha sido la de vivir sin libertad. el hombre en su esencia lleva la libertad. La libertad original primera nos ha asustado y en todos los siglos de historia hemos sido esclavos de alguien o de algo que siempre es la manifestación de alguien anónimo pero real, y eso todos. La libertad nos ha atemorizado por la responsabilidad, porque necesariamente las sociedades para vivir en libertad han de ser justas. A partir de esto la estructuración de las sociedades en libertad es una tarea ingente, de siglos. En la esperanza ingenua recuerdo otra vez el final de una cita anterior: "La evolución de la vida es la evolución de la libertad".

 

 

Libertad social.

En la sociedad se han asentado y consolidado instituciones, formas, usos, valores, conductas,... que conciernen a la sociedad entera y afectan a la libertad. De entre esos varios factores podemos recordar algunos:

 

La depredación humana de unos hombres por otros hombres es la institución que se encuentra en lo más alto de la sociedad, también la más persistente y la que ha sido capaz de transformase y refinarse para mostrarse y actuar de múltiples formas y cumplir su función que es alcanzar poder en sus diversas manifestaciones. Es anterior a la propia historia y manifiesta el dominio de unos hombres por otros hombres en todos los estratos sociales. Es la institución que también está en el fundamento de la eliminación de la libertad social de los hombres.

Recordemos con una simple enumeración algunas de sus manifestaciones: el esclavismo, característico y base de muchas sociedades, protegido por leyes y justificado por pensadores influyentes como Aristóteles, influencia extendida durante muchos siglos y que hoy sigue existiendo; el feudalismo o el capitalismo como sistemas sociales y económicos protegidos y salvaguardados por el derecho. El origen de gobernantes, reyes, nobles, grandes fortunas y grandes propiedades y también menos grandes. Ricos y pobres. Expolios de todas las clases, de continentes enteros por naciones con superioridad técnica, de obras de arte, de recursos naturales. Ejércitos. Torturas. Sistemas que aplican la crueldad masivamente, fascismos y nacionalismos, destaca el nazionalsocialismo, estalinismos, dictaduras, teocracias con sus intérpretes de la voluntad del dios que atemorizan a sus adeptos o impulsan, justifican y bendicen la violencia o la guerra o los malos tratos a otros entre los que casi siempre las mujeres llevan la peor parte. Espectáculos o deportes masivos, en su concepción, formas, jergas, etc. o el ocio con la depredación rea, la caza es un ejemplo o la depredación semificticia como máxima representación, videojuegos, cine, etc. Nuestra sociedad entera de la globalización y de los derechos y de los no derechos en cientos de millones de personas a nuestro servicio, etc.

Nuestra conciencia, nuestro sentido de la libertad no se ven afectados por cómo ha sido gran parte de nuestra historia, la aceptamos de un modo normal, como si todo eso estuviese en la naturaleza de la sociedad, de cada individuo y la razón estuviese a su servicio.

Cuenta A. Applebaun, que hace poco escribió: "Gulag. Historia de los campos de concentración soviéticos", que el símbolo de un asesinato masivo nos horroriza y el símbolo de otro asesinato masivo nos hace sonreír. Esto lo dice a propósito de que en el puente de Carlos, en Praga, numerosos visitantes occidentales compran, como algo normal, recuerdos de la antigua URSS y se prenden risueños insignias con la hoz y el martillo, mientras esos mismos turistas rechazarían con repugnancia una esvástica.

Algo parecido explica M. Amis al principio de "Koba el Temible. La risa y los Veinte millones", posteriormente da una explicación de por qué la diferente reacción ante el nazismo y el marxismo, en puridad debería decir el leninismo-estalinismo, dice: "El programa bolchevique se basaba en los ideales de la Ilustración- partía de Kant tanto como de Marx-, motivo por el cual los liberales occidentales, incluso en la era postmoderna, simpatizan con él o, por lo menos, nos sentimos obligados a comprenderlo, aunque no compartamos sus objetivos políticos; en cambio, el empeño nazi por "mejorar la humanidad", mediante la eugenesia o el genocidio, es un escupitajo a la cara de la Ilustración y no puede producirnos más que repugnancia", y más adelante: "El marxismo era un producto de la clase media intelectual; el nazismo era sensacionalista, de prensa basura, de los bajos fondos. El marxismo exigía de la naturaleza humana esfuerzos sin ningún sentido práctico; el nazismo era una invitación directa a la abyección. Y, sin embargo, las dos ideologías funcionaron exactamente igual en sentido moral"[24].

Es una explicación aceptada que sirve para callar conciencias, incluso con sensibilidad, porque encuentra explicaciones, interpretaciones y justificaciones ingeniosas e intelectuales. La cuestión no es esa, tanto una como otra de las enormes tragedias masivas son fruto directo de lo que algunos en su amnesia, miopía y jactancia estúpida llaman la vieja o la sabia Europa en la  que, si ha dado al mundo grandes cosas, ha prevalecido la perversión de la razón, de la voluntad y de los sentimientos y de esa perversión moral, se manifieste de una forma o de otra, nosotros seguimos siendo responsables por no haber sabido resolverla. La catarsis pendiente.

Es cierto que unos fines son asumibles y otros repudiables, pero los medios son los mismos y lo que se juzga y debate es eso. La Ilustración y también el resto de nuestro  acervo de siglos no han producido esas u otras atrocidades, han sido los hombres que han utilizado esos avances en el pensamiento, la ciencia, el arte, .. como coartada.

Tanto uno como otro son frutos europeos, nos guste o no nos guste. Ante otros genocidios al apoderarse de continentes enteros nadie ha dicho gran cosa, nadie se lamenta por el sistemático genocidio británico de los indios americanos, que fue real. Los frutos europeos no son la crueldad en sí, ésta existe en todas las civilizaciones, sino la masificación de la crueldad, la tortura y la muerte consecuencia de la mentalidad asentada procedente de la producción de mercancías en serie y a gran escala, esto es lo característico de la despiadada depredación europea, la aplicación de los grandes avances técnicos a la destrucción y degradación masiva de hombres. En este sentido sí es resultado de los avances científicos y de sus aplicaciones.

 También es europeo el avance del pensamiento y su utilización perversa como coartada al servicio de las locuras de poder de unos cuantos que han arrastrado a muchos a provocar las mayores tragedias de la humanidad producidas por el hombre.

También es europeo el invento de un sistema social y económico basado en la injusticia y aceptado con satisfacción por la sociedad y apuntalado por leyes y derechos que tratan de perpetuar la injusticia.

En el caso soviético la demencia de crueldad extrema se hizo por lo que Amis llama "selección hacia abajo" que permite sacar lo peor de la gente que como explica A. de Foxá en lo anterior: "siglos de esclavitud acumulada latían en ellos con una fuerza indomable", pero esos siglos de esclavitud también son producto nuestro, pues hemos querido revestirnos de los ideales y de las formas del helenismo, del cristianismo o de la Ilustración y, el dominio alcanzado lo hemos utilizado de la peor manera en dominar unos pocos tiránica y despóticamente durante siglos. No son los ideales de la Ilustración, es el funcionamiento de los hombre de forma irracional y cruel el que se ha impuesto siempre.

El caso nazi es distinto, también pueden encontrarse explicaciones lógicas, pero en este caso, un pueblo con mayor nivel cultural se hunde en el abismo por una locura colectiva, tal vez la alegoría que explica T. Mann en su obra "Doktor Faustus" pueda permitirnos entender algo, aparte de otras numerosas explicaciones existentes. No debemos olvidar que una gran parte de la intelectualidad alemana fue colaboradora y animadora del nazismo y que hoy a algunos de esos intelectuales se les sigue considerando cumbres del pensamiento o la música o la ciencia. Pocos se marcharon.

Pero en este caso del nazismo, no debemos olvidar que en el momento de auge fue visto con admiración y simpatía por una parte de los europeos, recordemos la postura de algunos partidos comunistas, el apoyo que tuvo el régimen de Vichy, clases dirigentes de diversos países, incluida la abdicación del monarca británico. No sólo el régimen nazi tuvo simpatizantes en diversos países, el antisemitismo de algunos países nunca ha dejado de estar presente, aun hoy.

El nazismo también tuvo otra particularidad que lo hizo odioso, trascendió sus fronteras e invadió países incapaces de enfrentarse, ese odio también enmascara la vergüenza por un pasado reciente que muchos necesitan olvidar e ignorar, la vergüenza histórica, la tergiversación de la propia historia.

Además está la moda, las corrientes de opinión de cada momento. El peligro nazi real pocos lo vieron, pocos intelectuales, pocos profesionales del poder político.

El peligro estalinista se autocontroló y el horror indescriptible del Gulag era un asunto interno del país o se negaba o se ignoraba o se entendía y justificaba, aun hoy.

 

La cuestión está en saber por qué los europeos hemos sido capaces de producir semejantes monstruosidades, una y otra y otras muchas. En realidad es un fracaso de siglos en los que no hemos sido capaces de vivir en libertad real ni de propiciar condiciones para ello, en los que no hemos sabido hacernos, construirnos como hombres habiendo tenido todo el tiempo y todos los medios para ello. Si los fines de justicia social del marxismo los vemos claros y creemos en ellos debemos aprender del horror que nos enseña la historia pero no ignorar esos fines, sin embargo sabemos que no hay soluciones colectivas salvadoras que puedan imponerse por la fuerza y no queremos utilizar la razón.

Es cierto que un genocidio como el nazi nos horroriza, pero ante recientes genocidios no hemos reaccionado porque creíamos que no nos concernían, aunque directa o indirectamente nosotros hemos sido los responsables. el caso de Ruanda es un ejemplo; lo más reciente de Sudán; la pasividad inicial ante las atrocidades yugoslavas, con intereses turbios de países europeos; el asunto checheno en la antigua patria soviética, etc.

La eugenesia dice M. Amis que también nos resulta moralmente repudiable, las posturas ante algunos avances no lo indican con tanta claridad.

El problema del rechazo de una atrocidad con una sonrisa y de otra con seriedad es un problema de deformación intelectual y moral nuestro, de los que rechazan sonriendo sobre todo. Eso no es fruto de la Ilustración, es fruto de la enfermedad colectiva y de la falta de libertad real de siempre y de ahora y de sus consecuencias, la irresponsabilidad por nuestros actos es una de ellas.

Los casos de atrocidades han sido y siguen siendo aterradores, en lo reciente ya se han citado algunos de los disparates cometidos por gentes de la Ilustración y de la Revolución de los derechos del  hombre y del cristianismo y del helenismo y siempre crueldad, sojuzgamientos, tiranías y sufrimiento enorme provocado por nuestros dislates.

Nosotros lo justificamos por la historia inevitable o ignoramos todo, así: el horror es normal, el crimen es normal decimos que está en la naturaleza de las cosas o deriva de la ideología o hay razones de estado.

La explicación tal vez esté en que tras ese inmenso legado de la Ilustración, del Renacimiento, de Grecia, del cristianismo, de... que podía habernos permitido construir un mundo para los hombres han prevalecido las perversiones conscientes frente a la razón conocida como fuerza motora. Es verdad que los avances de la ciencia, del pensamiento o del arte siguen causándonos asombro, aunque han sido la obra de unos pocos capaces de darnos a muchos, a todos  ese inmenso legado y las posibilidades que surgen de esos caminos inacabables abiertos por esos pocos; podían haber sido unos caminos infinitos si la sociedad entera hubiese recogido las enseñanzas de siglos y vivido a partir de ellas, pero han prevalecido las perversiones morales aun a sabiendas del enorme error y tal vez también de los daños enormes causados a los demás y esa perversión se ha transmitido y enseñado y valorado durante cientos de años por la sociedad, ha dado lo que hemos hecho y seguimos haciendo.

Pero ni aun siquiera es ese el problema, la cuestión está en saber por qué hemos actuado y seguimos actuando así.

En la obra citada de M. Amis se repite el constante preguntarse la gente del Gulag: ¿Por qué?. ante lo inexplicable nunca hay respuesta. Solzhenitsyn se repite la misma pregunta y la misma respuesta, en los demás lugares de nuestro mundo enloquecido: en los campos de exterminio nazis, entre los yugoslavos asesinados por miles hace pocos años, entre... Es la misma pregunta  y la misma respuesta recibida por ellos. Creo que la pregunta es correcta pero debe ser al revés, no sólo de quien sufre el horror sino de los que lo hemos provocado y lo seguimos provocando, quizá entonces encontremos y encuentren respuesta.

No sé si somos capaces de hacernos la pregunta desde lo más hondo del alma y de encontrar una respuesta sincera. La catarsis. Posiblemente la dureza de nuestros corazones nos lo impide. No nos lo preguntamos.

Volveremos a la pregunta, pero antes es necesario recordar que esta carrera desenfrenada de depredación de unos hombres por otros sigue y que nosotros somos los principales depredadores de hombres. Hay cierto refinamiento como, por ejemplo, el sistema social y económico imperante, obra de los europeos, y también hay formas burdas y directas. Todo por nuestra libertad, decimos ser libres. Veremos algo más.

 

Hoy, en la globalización, en la mundialización hay un único país desde este punto de vista: el mundo entero.

Al principio del "Archipiélago Gulag" dice Solzhenitsyn: "Un archipiélago de cotos cerrados, incrustado como una tabla polícroma dentro de otro país, impregnando sus ciudades, flotando sobre sus calles. A pesar de ello, quienes no formaban parte de él no podían advertir su presencia. Y si bien eran bastantes los que tenían de él aunque fuera una vaga referencia, sólo lo conocían bien quienes lo habían visitado. No obstante, cual si hubieran perdido el habla en las islas del Archipiélago, estos guardan silencio"[25] .

Sobre las grandes, masivas y penúltimas barbaridades europeas se ha escrito y se sigue escribiendo mucho, es sobre el pasado.

Situémonos en el presente, en hoy, en el país de las mercancías y las marcas globalizado, en la mundialización capitalista. Intentemos averiguar si existe otro archipiélago o ya es historia; partimos de que, igual que en el Gulag, sus habitantes, si hay alguno, guardan silencio.

De los campos de exterminio nazis conocemos el sufrimiento por el testimonio de los que sobrevivieron y hablaron, por lo encontrado al acabar la guerra. Tenían como fin el genocidio, nosotros no cometemos genocidios aunque somos permisivos con quienes hoy los cometen: Camboya, Ruanda, Yugoslavia, Chechenia,... Nuestra especialidad es ser explotadores.

Del gulag soviético tan sólo conocemos lo que han contado algunos de los que han sobrevivido, aunque lo negábamos, incluso los testimonios veraces.

Hoy el silencio lo guardamos no por temor a hablar nosotros sino, como siempre hemos hecho, por nuestra falta de conciencia, por nuestra profunda falta de libertad, por nuestra situación de comodidad en la sociedad de la indiferencia vacía, por la dureza de nuestros corazones. Los que salen del nuevo gulag apenas pueden hablar y aunque lo hagan no les hacemos caso, los ignoramos.

Si pudiéramos tener una visión clara de lo que sucede hoy, un día cualquiera, en nuestro mundo de país único desde el sistema capitalista, descubriríamos un gulag descomunal, enorme en este país único, en el mundo entero. No lo digo en sentido figurado, es lo que hay, es lo que hacemos.

Tenemos información abundante para conocerlo a fondo, medios, el grado de libertad suficiente para entrar y salir, organizaciones que cuentan algo de lo que hay e intentan ayudar caritativamente, aunque con justicia la caridad sería innecesaria. También sabemos que la información no tiene barreras ni de tiempo ni de espacio, está todo. Deliberadamente lo ignoramos.

No sé por donde empezar a enumerar algo de lo que hoy, un día cualquiera, nosotros hacemos en esto. Nosotros hombres libres, decimos, del centro del sistema.

Si en el gulag soviético fueron asesinados millones de niños, en el actual se comercia con la mercancía niño-esclavo, por millones; un informe de cualquier año, UNICEF julio de 2.003, habla de algo más de un millón anual de la mercancía niño-esclavo y de un beneficio anual para los comerciantes especializados en dicha mercancía superior a 8.500 millones de euros anuales. Se sabe que este comercio es floreciente y aumenta. ¿Para qué ese comercio?, para producir otras mercancías para nosotros: cacao, minerales, otras materias primas, alguna manufactura, etc. Estas últimas mercancías producidas por la mercancía factor productivo niño-esclavo son comercializadas en nuestro mundo de libertades por grandes empresas y marcas que admiramos.

Hay otras mercancías interesantes y con gran demanda procedentes de las mercancías niños, en este caso no se trata de niños-esclavos, son las mercancías: órganos humanos, son conocidos los raids periódicos para atrapar niños, asesinarlos y vender sus órganos para nuestros niños, no debemos olvidar que nuestros niños valen algo, tienen derechos y futuro, los otros no.

Los cientos de miles de niños-soldados que matan de verdad en guerras olvidadas, esto cada día. con frecuencia, de esas guerras nosotros obtenemos cosas, mercancías como diamantes.

Los cientos de miles de niños obligados a prostituirse, como es comprensible, para placer y satisfacción, como merecida recompensa, de nuestros aburridos turistas occidentales.

No hay que olvidar tampoco a los miles, éstos a veces van en familia, cuyo trabajo consiste en revolver los enormes basureros de muchas grandes ciudades de algunos países para encontrar algo con que, si tienen suerte, poder llevar ese día algo a su estómago o comprar pegamento para inhalarlo y engañar un poco al hambre, luego, a los 10, 12, 14 años, muchos de ellos mueren y descansan.

Esos miles, millones de niños que vemos en algún reportaje con las barrigas hinchadas, las caras llenas de moscas, de babas, sucios, desnudos y miradas profundas, asustadas, insondables para nosotros, siempre inocentes que, tal vez, también se pregunten: ¿por qué?. La respuesta siempre es la misma: el vacío.

Más atrocidades, los miles, los millones de desplazados, las terribles hambrunas, cada día mueren miles. Mientras, en la próspera Europa de la UE los técnicos y expertos imponen que se pague por no cultivar campos que producen alimentos y semillas entre otras cosas, claro que los expertos son gente urbana y deben creer que los alimentos los producen los supermercados, pues los campos ya están anticuados.

Mueren, nosotros asesinamos a millones cada año y luego reímos.

Hago una aclaración, recuerda Amis que Stalin dijo alguna vez que la muerte es un hecho trágico, pero la muerte de un millón es simple estadística. Dicho de otra forma, lo que insinúo son simples estadísticas, así es como se da la información cuando se da. Así es como solemos recibir, cuando la recibimos, esa información. Una simple estadística, fría, como nos han enseñado a verla.

No es posible enumerar todo. Millones que trabajan por un salario 20 o 30 veces inferior al de Occidente por exactamente el mismo trabajo, con semanas de 60, 70, 80 horas de trabajo, sin seguros, sin contratos, sin ningún derecho. El resultado de su trabajo, mercancías, entran en el mundo globalizado, en la patria común de las cosas, de las marcas reputadas en nuestra sociedad, de nuestras mercancías, son para nosotros.

Presos políticos, miles en distintos países. Muchos de ellos por buscar la libertad.

Guerras, no espectacular, no son mercancía informativa rentable y los del negocio de la información deciden que no existen, la sociedad las ignora; se producen en países que importan poco en el concierto del mundo salvo por sus diamantes llenos de sangre, por sus materias primas, por ser mercados de armas o, en países como Rusia, antigua patria soviética, en Chechenia, se ignora, sólo la guerra que vende, la de USA en Irak

Expolio de materias básicas para Occidente, para nosotros, nos las venden los países, sus burguesías y gobiernos más o menos corruptos, pero el precio lo ponen en Occidente según conveniencias propias. Los defensores del mercado.

Torturas, ahora han aparecido en los medios informativos las de los norteamericanos, estas venden, las otras no y tampoco existen.

Opresión de pueblos que luego, cuando pueden, se vengan con inocentes. Es, por ejemplo, el caso actual de los kurdos iraquíes, asesinados a miles y exterminados con armas químicas hasta hace poco y esos mismos kurdos ahora son despiadados con los iraquíes instalados allí por el anterior régimen. Es tan sólo un ejemplo.

Millones sin casa, sin agua, sin nada.

Millones de refugiados y desplazados.

Millones de miseria, dolor, sufrimiento, disparates, horrores de todas las clases.

Es interminable la lista de los horrores, es nuestro actual gulag ignorado por completo.

Es el mundo en libertad que nosotros estamos construyendo.

Todo eso es real, hoy, y nosotros somos responsables directos. Y nos decimos libres. Decimos que es el sistema y eludimos nuestra responsabilidad. No nos engañemos una vez más, el sistema lo constituimos nosotros, somos nosotros, cada uno.

 

Aunque la época postmoderna debe ser también la de los postderechos, así lo indica la forma que tenemos de entenderlos, no puedo por menos que recordar algo que ya debe estar pasado de moda y superado, de acuerdo con nuestra manera de funcionar, me refiero a la "Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano por la Asamblea Nacional de Francia" de hace algo más de 200 años, empieza así: "Los representantes del pueblo francés, constituidos en Asamblea Nacional, considerando que la ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos humanos son las únicas causas de los males públicos y de la corrupción de los gobiernos han decidido exponer, en una declaración solemne esos derechos naturales, inalienables e imprescindibles...

En consecuencia, la Asamblea Nacional reconoce y declara, en presencia y bajo los auspicios del Ser Supremo, los siguientes derechos sagrados del hombre y del ciudadano.

I - Los hombres nacen y permanecen siempre libres e iguales en cuanto a sus derechos. Las distinciones sociales sólo pueden fundarse en la utilidad común..."[26].

Y sigue con varios artículos más.

 

Siglos sin libertad verdadera y siglos hablando de ella. Damos por sentado lo que en realidad desconocemos y de lo que tampoco, hoy, nos atrevemos a hablar seriamente y vitalmente, sí intelectualmente y por los intelectuales, hablamos de las libertades, de ideas de libertades políticas. Se han escrito miles de páginas, se han hecho guerras, ha habido y hay miles, cientos de miles de perseguidos, torturados, encarcelados o expulsados de sus propios países, gente que ha perdido la vida, etc. por ideas políticas, no siempre con la libertad en ellas; libertad política, siempre frente a dictaduras de una u otra clase, se han hecho revoluciones en su nombre y también en su nombre se han cometido atrocidades. También se ha confundido libertad con alcanzar el poder político y querer construir otra sociedad imponiendo brutalmente ideas de libertad que han sido profanaciones de la libertad.

Se nos ha llenado la boca y la razón y hasta ha producido emoción en mucha gente esa declaración de hace más de 200 años. Se han seguido haciendo declaraciones solemnes de los derechos humanos. Hace poco más de 50 años fue la ONU, todos los países de entonces, no todos la aceptaron y firmaron. Hace pocos años una declaración de los derechos de los niños, entre otros se habla del derecho a la protección contra los abusos. Declaraciones, palabras que nadie cumple.

Nos encaminamos a construir las sociedades más hipócritas que jamás han existido. Palabras que quedan bien en el momento, firmadas por los profesionales del poder político, es la imagen que vende; tras eso hechos horrorosos, es la realidad.

Es el problema de la conciencia social, de nuestra conciencia, de mi conciencia.

Hay horrores colectivos producidos por los hombres que, decimos, nos sobrecogen y estremecen, son la abyección, el mal, no hacemos nada. Hay tragedias masivas provocadas por los hombres que a lo sumo, decimos, son pequeños errores, no hacemos nada. todo en el pasado porque cuando, en su momento, eran el presente, su presente, lo ignorábamos o desviábamos la mirada.

El presente, hoy, nos muestra horrores y tragedias colectivas mucho más masivas en un solo país, el mundo de la globalización, en la mundialización de las mercancías, la información es otra mercancía, estos horrores son continuos, cada segundo y de mayor duración, no se vislumbra su fin, pero no los consideramos, no nos molestan, no perdemos ni un minuto en nuestra sociedad de ocio. Estos horrores no son ni el mal ni el pequeño error, son necesarios y beneficiosos para nuestros derechos a la satisfacción personal  y a nuestro placer exclusivo, en este caso ignoramos los horrores, sin más. Cuando aparecen ante nosotros tangencialmente los justificamos con curiosos argumentos llenos de razones, incluso morales y compasivas, pero sin razón alguna desde la justicia, aunque con razones desde la ley, desde nuestra ley o desde nuestra no ley. Si las razones son desde nuestra ley es suficiente para nosotros, si son desde nuestra no ley también es suficiente pues no es necesario justificar nada, no está contemplado en la ley, está fuera de la ley. Seguimos riendo desde nuestro placer y satisfacción exclusivas. La respuesta para los que no pueden preguntarse ¿por qué? sigue siendo el vacío.

Nadie ha salido de este atroz submundo, eso es para nosotros un submundo, no tiene la categoría de mundo, de nuestro mundo, así nos resulta fácil y dentro de nuestra justicia y de nuestra razón ignorarlo. Nadie ha salido de ese tremendo submundo para contar el horror como sucedió con los que sobrevivieron al exterminio nazi o salieron del Gulag soviético, tampoco nos interesa ese presente, nos podría comprometer, sólo nos interesa el pasado para convertirlo en una mercancía cultural, aunque sea deformando el pasado.

El presente, el hoy ha habido algunos que lo han contado y lo siguen contando desde fuera, nadie de dentro porque ni pueden, ni saben, ni les creeríamos, nadie porque los hemos convertido en los más desheredados de la Tierra. Lo negamos.

En lugar de hacer algo, salvo los pocos con conciencia, nuestro mundo pone en marcha asociaciones y organiza manifestaciones a favor de los derechos de los animales, para que no sufran, o grupos conservacionistas de animales y plantas no de personas, muchos de ellos logran ayudas, sobre todo públicas, en su cruzada por una serie de animales en extinción que ni aun siquiera saben si la propia naturaleza, la vida ha decidido que, en su continua evolución, acaban esas especies y abren la vida a otras nuevas por las nuevas condiciones producidas por la misma vida. Para ellos los millones de hombres en extinción diaria no existen. Creo recordar que hace pocos años llegó a Canadá un barco cargado de hombres, mujeres y niños chinos en busca de una vida digna, eran ilegales, con ellos una perra embarazada; hubo cientos de solicitudes de gente para "adoptar" a la perra desamparada; no quisieron que las personas desembarcaran, no hicieron nada para ayudarles, menos para hacer justicia. Eran ilegales, no existían.

Las declaraciones de derechos humanos nos dan la razón, debemos pensar que todos ellos no son humanos, no tienen derechos o hemos contribuido a que no los tengan o se los negamos. Negamos, no tienen derechos, no hay problema alguno, no provocamos horrores masivos nosotros hombres con derechos.

En septiembre de 2.000 189 jefes de estado, profesionales del poder político, firmaron en Nueva York la llamada Declaración del Milenio, su fin era disminuir la desigualdad entre países ricos, de gente con derechos, y países pobres y que el mundo fuera más justo. El informe sobre Desarrollo Humano del Programa para el desarrollo de las Naciones Unidas explica que desde 1.990 hasta ahora 54 países son más pobres.

Es todo tan monstruoso que sonreímos con complacencia, a veces sonreímos con cierta conmiseración condescendiente y de superioridad, creemos que nada de todo eso nos afecta ni nos concierne. La libertad.

 

La depredación es una institución presente en todos los ámbitos sociales, parte de las organizaciones proceden de ella y otras instituciones  están subordinadas y a su servicio.

Como institución importante y arraigada, lo que hace la depredación humana es eliminar directamente cualquier posibilidad de verdadera libertad y esto tanto en los oprimidos como en los opresores, unos sufren por la opresión y otros por su enfermedad de opresores que es más cómoda y con privilegios.

Las sociedades opresoras, nosotros, aunque hacen lo que creen oportuno y conveniente para sus intereses no son responsables de sus actos depredadores, su ley les protege; nadie, ni mucho menos su conciencia, nuestra conciencia, les exige responsabilidad, la sociedad, nosotros, lo ha decidido así y se ha dotado de leyes que protegen la depredación y, además, son de obligatorio cumplimiento en numerosos casos.

Sociedades así, de dominio cruel sobre otros hombres, están enfermas, su dominio es enfermedad, colectivamente han pervertido su razón. Ninguna persona que viva en libertad puede ser dominada por alguien, nadie que viva en libertad puede dominar a otro. Ninguna sociedad que viva en libertad, por más superioridad técnica o de otro tipo que tenga, puede, colectivamente, dominar a otras sociedades. Si es así, no son libres, no somos libres. La libertad no puede darse en una sola dirección, eso es tiranía. Somos nosotros.

El problema es que en esa tiranía que nosotros ejercemos arrastramos y sojuzgamos a muchos millones de hombres abusando de nuestra superioridad y provocamos horrores, sufrimientos de todas las clases y no nos sentimos responsables.

Al ensalzar semejante institución, que aparece con diversos nombres en su desarrollo por medio de otras instituciones, la sociedad relega la libertad de cada individuo a un plano teórico y vitalmente no la considera fundamental para el hombre. Se produce una dualidad en esta situación, por una parte el sistema social y económico que nosotros formamos rompe y necesita eliminar la verdadera libertad del individuo, de cada uno de nosotros y el sistema que nosotros mismos hemos construido nos quita a cada uno libertad, el problema se resuelve con el engaño: la libertad consiste en poder elegir entre diferentes mercancías y lo creemos, también en lo que se ha dado en llamar democracias formales y libertades, también lo creemos; por otra parte el sistema que nosotros somos nos impulsa a quitar la libertad a los que consideramos inferiores técnicamente o culturalmente. Nos movemos y vivimos en lo absurdo sin saberlo.

El engaño, lo absurdo está en la idea de libertad que la sociedad nos transmite y nos hace creer que actuamos de acuerdo con nosotros mismos, es falso, además nos permite actuar sin responsabilidad; la sociedad nos persuade de nuestra libertad y quedamos satisfechos. Así, la idea de libertad que la sociedad nos transmite es ambigua, difusa, pueril, irresponsable. Surge de la ideología dominante: el utilitarismo al servicio de la propia y exclusiva satisfacción y placer. La sociedad estimula la búsqueda del propio provecho y premia cuando se consigue, frente a eso ignora o desprecia las actitudes y los hechos altruistas y de verdadero amor.

El engaño está en lo que creemos libertad y nos induce a establecer en cada momento la moral más conveniente y en esto, nuestra sociedad al ser incapaz de discernir el bien del mal es amoral, los hechos lo muestran. lo de bien y mal debe entenderse a partir de una idea clara de verdadera justicia.

El engaño está en que para que haya libertad, mi libertad, que consiste en ese utilitarismo de la propia satisfacción y placer es imprescindible que la sociedad se organice a partir de la institución clave, la depredación.

¿Podemos vivir en libertad dentro de un sistema que nos la quita a nosotros realmente, aunque desde el engaño y, al mismo tiempo, nosotros como sistema suprimimos, eliminamos, sin engaño, la de docenas, cientos de millones de hombres?. ¿Cómo decimos vivir en libertad si no aceptamos nuestra responsabilidad?. ¿Es posible la libertad sin responsabilidad por los propios actos y por las propias omisiones?.

 

La libertad y la justicia, dada la idea de libertad que aquí se considera, están íntimamente asociadas. Con frecuencia nuestras realidades y nuestros actos son unos y las ideas son otras. En el campo de las ideas tanto la justicia como la libertad entran en el mundo de lo abstracto y meramente conceptual, no en el vital. Hemos tendido y seguimos igual a vaciar de contenido vital aquellas ideas que tienen vida en sí y proceden de lo más hondo y sincero del hombre.

La justicia es una facultad del hombre que tiende a dar a cada uno lo que le corresponde y, recíprocamente, uno espera recibir de los demás lo que le corresponde. En este sentido es la virtud de la sociedad que iguala a los hombres.

Esto es así en el supuesto de una concepción determinada del hombre, por ejemplo la que está en la Declaración de los derechos del hombre antes citada, el primer punto, recordemos: "Los hombres nacen y permanecen siempre libres e iguales en cuanto a sus derechos. Las distinciones sociales sólo pueden fundarse en la utilidad común".

Sin embargo, en la sociedad no nos aclaramos demasiado. Si es imposible una justicia universal, según sabemos, incluso como concepto aceptado por todos, no podemos pensarla en la realidad social y esto como consecuencia de las formas en que se manifiesta la compleja y contradictoria naturaleza humana y el predominio de uno de sus aspectos frente al otro, es predominio del utilitarismo individual frente a la utilidad social o, en otros términos, de la bestia frente al ángel, en lo que para algunos lleva el hombre, algo de ángel y algo de bestia. Ante la imposibilidad de una justicia universal, racional, la libertad es difícil.

Justicias distintas en distintos lugares y épocas y todas se llaman justicia. No es racional, con la racionalidad que sea, que el mismo hecho sea justo e injusto al mismo tiempo dependiendo tan sólo del lugar en que se produce ese hecho. No es racional que un hecho justo hace tiempo hoy sea injusto o al revés. Es imposible que sea justo el socialismo y que sea justo el capitalismo, que sea justa la propiedad privada, en especial de los medios de producción, y que también sea justa la propiedad social, colectiva de los mismos medios. No es posible que sea justo el aborto y que sea injusto el aborto. No es posible que sea justa la pena de muerte y que sea injusta la pena de muerte. No es posible que unos robos sean justos y otros robos sean injustos, revisemos el sistema capitalista, por ejemplo. No es posible que la mujer sea igual al hombre y el hombre a la mujer en derechos y obligaciones y que la mujer sea inferior al hombre en derechos y superior en obligaciones de acuerdo con la ley que procede de alguna clase de justicia. No es posible lo justo en una sociedad teocrática y que eso mismo sea injusto en una sociedad laica. Es imposible que sea justo nuestro trabajo con una serie de derechos y que nosotros mismos, que si nos falta o se transgrede alguno de esos derechos lo podemos exigir y hacer que se respeten, consideremos justo que millones de hombres, mujeres o niños trabajen sin derechos o que sean esclavos reales y aunque decimos que no está bien rara vez decimos que es injusto y no hacemos nada y lo aceptamos como algo justo porque nos reporta satisfacción.... . Una justicia u otra tienen como consecuencia eliminar la libertad.

En regímenes que se dicen democráticos lo que se considera justo en unos se tiene por injusto en otros.

Veamos algo más de la justicia y su relación con la libertad.

El diccionario define la justicia como: "una de las cuatro virtudes cardinales, que inclina a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece" y en otra acepción: "lo que debe hacerse según derecho o razón".

Dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece. ¿Qué corresponde o pertenece a cada uno?, ¿la totalidad del producto de su propio trabajo?, ¿la tierra, los recursos naturales corresponden o pertenecen a alguien realmente o a la sociedad?, ¿según qué justicia?.

 

En su conocida "Teoría de la justicia", al principio dice Rawls: "La justicia es la primera virtud de las instituciones sociales"[27]. Intenta resolver problemas complejos dadas las formas de pensar y actuar los hombres y las razones que siempre nos damos a nosotros mismos para justificarnos; la solución la busca a partir de los principios que plantea de la justicia, lógicos y asumibles por muchos. La justicia y la injusticia, ésta: "consistirá entonces, simplemente, en las desigualdades que no benefician a todos"[28]. Rawls, en su brillante propuesta, parte de la idea del contrato social, lo dice él mismo.

Al especificar principios de justicia señala que: "Cada persona ha de tener un derecho igual al esquema más extenso de libertades básicas iguales que sea compatible con un esquema de libertades para los demás"[29]. Más adelante vincula justicia y bondad entendiendo la idea de bien de una persona como: "el proyecto racional de vida que elegiría con la racionalidad deliberativa, entre la clase de proyectos del máximo valor"[30], la relaciona directamente con los principios de justicia.

La citada obra de Rawls es completa y aborda un tema crucial: el de la justicia. En la tercera parte incluye: "la bondad como racionalidad", para acabar relacionando la teoría de la justicia con los valores sociales y con el bien de la comunidad. Trata de superar el utilitarismo. El principio, el punto básico en su teoría de la justicia es la libertad.

A partir de su idea de la justicia original pretende, en cierta forma, superar el utilitarismo preponderante en nuestra sociedad. Stuart Mill en su conocido ensayo sobre el utilitarismo incluye la idea de justicia, sin embargo el desarrollo de las sociedades, nuestra concepción de las cosas y nuestra conducta llevan a mayores injusticias, es decir, menor libertad.

La llamada de atención de Rawls, que recoge bastante de los siglos anteriores, es importante como intento de aportar algo elaborado y racional a un mundo que no funciona demasiado bien, en este caso el mundo occidental, en cuanto a la concepción de la justicia y por consiguiente e cuanto a la libertad. A destacar que el sistema no lo cuestiona.

 

Definir el ideal de justicia y a partir de él el de libertad es difícil pues intervienen numerosos factores como: las tradiciones culturales, las creencias religiosas, la capacidad social de raciocinio, los valores morales cambiantes, también la idea del bien social, tan divergente según sociedades, y esto las que tienen esta idea.

La sociedad es injusta a partir de unos valores y la misma sociedad es justa a partir de otros valores diferentes. Posiblemente el problema de la justicia deba enfocarse a partir de la libertad que no es un valor sino un bien, supremo para algunos, consustancial al hombre, a todo hombre, está en nuestra naturaleza. Una vez clara vitalmente la idea de libertad, la justicia y su concepción llega sola.

La justicia no es ni anterior ni posterior a la libertad, la justicia, que es un valor y una práctica social de los individuos al vivir en sociedad, propicia condiciones para la libertad en la sociedad y en el individuo que vive en ella y permite al hombre mayor desarrollo individual y social. La justicia en sí es clave  y como medio para alcanzar la libertad también. La justicia perfecta, si es posible concebirla, se agota en sí una vez establecida, no se puede llegar a más justicia, pero los límites de la libertad no sabemos cuáles son.

La justicia universal es un ideal indefinido a partir de una concepción del hombre también ideal y también indefinida, ideal que es distinto según quien lo piense y que puede tener su punto de partida en concebir al hombre desarrollando todas sus potencialidades, en palabras de B. Russell sus "potencialidades divinas"[31]. Esto significa que el ideal se plantee para alcanzarlo, como meta, dentro del tiempo que sea, dentro del tiempo que el hombre tarde en ser consciente de quién es y de qué es.

La justicia de cada lugar depende de numerosos factores, nuestra actual justicia depende de intereses, de valores sociales, los que sean y lo mismo justos que injustos aun con claridad, depende de las bases en que se sustenta la razón social, de cómo son las instituciones. Pero siempre de lo de lo producido por la mente humana y aceptado socialmente. Así, hoy el racismo o el esclavismo nos parecen disparates si están amparados por las leyes, sin embargo los aceptamos socialmente, aunque lo neguemos, porque están más o menos encubiertos; hace años, en diversos lugares, las leyes que los amparaban eran justas, procedían de una justicia determinada, ahora son conductas sociales que cuando nos proporcionan beneficios aceptamos.

 

Si aceptamos que el hombre lleva en sí todo, que es ángel y bestia, la justicia verdadera surge cuando la tendencia, por predominio de la razón y de otros valores es a desarrollar la parte de ángel; en nuestro mundo actual la justicia procede del mayor desarrollo de la parte de bestia que lleva el hombre, cuando predominan la irracionalidad y el utilitarismo, aunque en ocasiones la gente proteste contra alguna clase de injusticia sin acciones posteriores. Aveces y sólo en principios genéricos se plantea más cercana al ángel.

En la idea de justicia está dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece. En la idea de libertad está la necesidad de actuar cada uno de acuerdo con lo que es responsablemente. En la idea de justicia y libertad está que cada uno pueda hacer lo suyo, lo que le es propio en armonía con la sociedad.

Viviendo en sociedad los límites a la justicia y a la libertad sólo pueden estar en el bien común, desde el momento en que se prima la exclusiva y propia satisfacción siempre se daña a alguien. Si el daño al limitar la propia satisfacción es a quien actúa sin respeto para dominar lo propio de otro, no es daño, prevalece el bien común. El choque entre utilitarismos exclusivos e individuales da lo conocido. El total respeto y potenciación por parte de los otros a lo propio de cada uno que no atente contra lo propio de los demás sólo puede darse cuando la sociedad, los hombres realizan lo propio dirigido al bien común, cuando el quehacer de los hombres va en esa dirección.

Hoy no es posible semejante funcionamiento, las instituciones vigentes desde hace siglos propician lo contrario al bien común. Otras instituciones, otros valores arraigados en la sociedad permitirían que surgiese otro mundo. Lo perverso de esto es que sabemos las cosas pero somos incapaces de actuar con coherencia. En su conjunto la sociedad es conocedora de lo justo aunque impera lo injusto revestido de justicia que a su vez, igual que el poder político, se disfraza de boato, de imagen de representación, de ficción, de rol social. No hacemos nada para que la justicia sea digna de ese nombre.

Aceptando como un bien superior la libertad es injusto todo aquello que atenta o lastra la capacidad del hombre para actuar y para no actuar y también lo que elude la responsabilidad por la acción u omisión en bien de la sociedad.

En nuestra sociedad los más fuertes en amoralidad o los que se encuentran en situaciones de privilegio tienen mayor capacidad para actuar sin responsabilidad que quienes han nacido, no sabemos por qué, en otros estratos sociales o en lugares periféricos. Imponen la clase de justicia necesaria y útil para lo que ellos llaman libertad, para su libertad que es tiranía para muchos.

Si la responsabilidad por la actuación de uno es limitada por las leyes a algunas actuaciones y ante otros hechos de los que se desprenden daños no existe la responsabilidad, las leyes no son justas; si además la no actuación cuando debería actuarse, porque la omisión deliberada supone un daño cierto, las leyes la ignoran estamos en una situación de libertad social imposible propiciada por la arbitrariedad de las leyes tanto en lo que considera perjudicial como en la pasividad ante daños evitables. Siempre habrá ganadores y perdedoras, siempre habrá perjudicados y beneficiados, dominadores y dominados debido a la arbitrariedad procedente de una idea errónea de la libertad.

La lógica, una determinada lógica llevaría a eliminar una serie de instituciones actuales que castran la libertad social e individual, por ejemplo: la propiedad privada del capital dado su origen, los bienes naturales ¿de quién son realmente propiedad?, ¿pueden tener un propietario particular?, ¿qué valor tienen? (recordemos que los economistas dicen que el valor de una cosa, de una mercancía es lo que cuesta producirla, dejo de lado la antigua distinción entre valor de uso y valor de cambio).

Una lógica de la justicia lleva a Platón a escribir "La República" o a T. Moro que está en "Ninguna parte" o "Utopía", pero es impensable entre nosotros. ¿Son más libres los ciudadanos de La República o los utopianos que los del sistema capitalista actual, hegemónico en el mundo?, ¿Hay una justicia que se aproxima a la verdadera en La República o en Utopía frente a la del sistema capitalista actual considerado globalmente, con todas las consecuencias para los del centro del sistema y para los de la periferia desheredados por nosotros?.

Desheredados de su propia naturaleza, de su propio trabajo, de su propia tierra, de sus propios recursos naturales, de todos sus derechos, de ellos mismos como hombres. Quienes les desheredamos somos nosotros, los occidentales con derechos, con libertades, inundados por las mercancías que ellos producen, utilitaristas burdos hasta la enfermedad. Es nuestra justicia. Es su libertad.

Pero la justicia, según la definición del diccionario, también es: "lo que debe hacerse según derecho o razón". Volvemos a lo mismo, una razón universal admitida por todos es imposible debido a los condicionamientos de las actuaciones de los hombres. No hay forma de que los hombres nos pongamos de acuerdo. La razón se impone hoy, cuando no se puede de otro modo, por la fuerza: represiones (recordemos cómo en Occidente a raíz del terrorismo global los países restringen más las libertades), guerras, traslados masivos de poblaciones a la fuerza, apropiación graciosa de recursos naturales, etc. En último término impera la justicia procedente de la razón de la depredación humana, de la institución fundamental. Es la base de nuestra justicia. Es el fundamento de nuestra libertad.

¿Puede haber libertad sin justicia verdadera?.

 

Todo esto existe en el sistema socia y económico único en el mundo actual, el sistema capitalista. Lo que hace el sistema, la gente que lo formamos es continuar con la depredación.

Lo característico del capitalismo no es la explotación de unos hombres por otros hombres, esto existió y sigue en sistemas anteriores como el feudal o el esclavista, sino la forma que reviste esta explotación, la producción de plusvalía y su apropiación legal y gratuita, es decir, su robo legal (algunos economistas ortodoxos se refieren a este hecho como acumulación de capital necesario, que es cierto, pero olvidan el verdadero origen, la forma y quien se apropia de esta acumulación). La fuerza de trabajo, que es el trabajador mismo vendido en la realidad por un tiempo, es una mercancía. Su compra y su venta es la diferencia específica del capitalismo frente a otros modos de producción.

 Muchos hombres, legalmente, no tienen derecho a la totalidad del producto de su propio trabajo, esa diferencia no se convierte en capital de propiedad social sino de propietarios privados.

Esta es más acusado en unos lugares que en otros, en la periferia que en el centro. Es más acusado porque el robo legal es mayor.

Si aceptamos que la justicia también consiste en: "dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece" se ve con claridad que el sistema capitalista es injusto por ley procedente de lo que el sistema llama justicia pero que es injusticia. Ley de obligatorio cumplimiento dimanante de la injusticia. Lo aceptamos, no lo cuestionamos.

Según esto tan sencillo (como es natural el análisis es bastante más complejo y lleva a mucho más), ¿es justa la propiedad privada de los medios de producción?, ¿en virtud de qué justicia?. Es la ley, eso nos basta. En virtud de la tergiversación y perversión del ideal de justicia. A partir de esto las posibilidades de libertad disminuyen, el estado, garante de que las leyes se cumplan; impone toda su fuerza (no olvidemos que tiene el monopolio legal de la violencia) y propicia condiciones de clara injusticia aunque las reviste de lo contrario, para ello utiliza todos los instrumentos a su alcance: el sistema educativo, los sistemas de información en régimen de cuasi-monopolio, el sistema político, el propio estado del bienestar, el lenguaje, las modas y corrientes de opinión que es capaz de inducir,... . Todo en una sociedad, seducida por las mercancías, cuya ideología es el utilitarismo, que tiene una serie de derechos individuales y exige más derechos exclusivos.

La libertad, nos hacen creer, consiste en consumir, en consumir compulsivamente, algo necesario para el sistema, también consiste en que cada uno tiene sus derechos individuales, en hacer lo que uno quiere sin responsabilidad social, en buscar la propia y exclusiva satisfacción y el propio placer e ignora o desprecia el esfuerzo de quien tiene sus miras y su quehacer en el bien común. La sociedad ignora el sojuzgamiento al que nosotros, hombres libres decimos, sometemos a otros y a otras sociedades enteras.

La única moral que ha prevalecido durante mucho tiempo ha sido la del capitalismo, el resto del código moral ha cambiado y sigue cambiando, con frecuencia, hacia una moral que es amoralidad, en ella nuestra falta de discernimiento. Todo está permitido salvo aquello que atenta contra el capital o contra los valores del hedonismo que se pone de moda o de nuestro utilitarismo. Cuando debido a esos valores sociales dominantes infligimos daño a otras sociedades no lo consideramos así, forma parte de nuestros derechos y no tenemos conciencia o si la tenemos pesa más la moda, ignoramos el daño fríamente sin que roce nuestra conciencia.

Es la moral capitalista actual en su esencia y pureza.

Es el engaño, nos dicen que tenemos libertad plena y lo creemos.

 

Libertad: hacer cada uno lo suyo, lo de cada uno sin más freno que la responsabilidad ante el bien común. El bien propio, exclusivo supone en un momento u otro y en mayor o menor medida un mal para otros, para la sociedad.

El sistema capitalista, con transformaciones, es el que evidenció y explicó Marx y que fue intuido por otros pensadores. Aunque M. Weber en su conocida obra "La ética protestante y el espíritu del capitalismo" entiende que hay otros impulsos, al final de dicha obra hace una denuncia clara de lo que estaba viendo que empezaba a ser el sistema y la moral del mismo. Avanzó algo de lo actual hace cien años.

No son libres los explotados pero tampoco los explotadores, éstos necesitan dominar a alguien, sin eso no serían nada en la sociedad y uno de sus fines es elevarse en la escala social y ésta sólo se valora por el dinero. El dominio sobre alguien, el poder es enfermedad que también tiene servidumbres de falta de libertad en su relación con el mismo poder, de la necesidad de poseer a otros dominándolos, de codicia, de ambición sin freno. Un hombre que vive en libertad no puede ser dominado, pero tampoco puede dominar tal como es la libertad. Lo que ocurre es que la sociedad, dadas sus características, valora en extremo el poder y la riqueza.

Al dominar a otros, aun en ínfimo grado, se cercena la libertad del dominado y se contribuye a construir una sociedad sin libertades, sobre la base de dominadores y dominados, de amos y esclavos. Nuestro sistema da normalidad a esta situación al legalizar, de varias formas, la relación de dominio.

El capitalismo se basa en eso, en que unos cuantos dominen a una mayoría, esto siempre es injusto, cada uno no recibe lo suyo y la sociedad lo legaliza.

El estado es garante del sistema pues es producto del sistema. Pone los medios que posee a su disposición.

Con las transformaciones en la forma de generarse el capital (no es posible explicarlas aquí), las sociedades del centro del sistema se han convertido como tales y en su actuación y por consiguiente en su mentalidad, en capitalistas, con una contradicción: siguen sin tener derecho legal a la totalidad del producto de su propio trabajo y al mismo tiempo son despiadadas cuando ellas arrancan mucho más a los hombres, mujeres o niños de la enorme periferia. Como sociedades son simultáneamente explotadas y explotadoras.

Los avances sociales han logrado que las leyes regulen un menor robo a los trabajadores del centro, pero no han regulado la actuación de las empresas que incumplen con los derechos en el resto del mundo.

Los mayores salarios permiten que el ahorro individual se convierta en capital por medio de las sociedades por acciones que, a su vez, para seguir creciendo necesitan superexplotar a alguien, a los de la periferia. la gente es las dos cosas al mismo tiempo: explotada en menor grado que antes y explotadora en mucho mayor grado que antes. La mentalidad social es la capitalista.

Hombres con libertades formales y una serie de derechos son colectivamente, socialmente a través de intermediarios profesionales bien pagados, explotadores durísimos y crueles sin saberlo muchos, porque no quieren enterarse.

No quieren conocer, tampoco quieren conocer la verdad del pasado, no quieren ver lo que estéticamente les molesta pues éticamente no es importante. Sólo quieren consumir y huir.

Las escasas críticas que se hacen al sistema proceden o bien de pensadores marxistas, desprestigiados, despreciados, marginados o si se les considera son una simple variedad intelectual, pues su influencia es pequeña, o bien de economistas o pensadores de dentro del sistema, que viendo los disparates, denuncian algunos de ellos y tratan de que sea menos injusto, pero nunca cuestionan el sistema y son incapaces de plantear una justicia verdadera o de ver la libertad que el sistema capitalista, nosotros, aplasta y suprime a millones de hombres, creen que en el centro reina la libertad y a eso debe aspirar la totalidad del mundo, cuando sea. Incluso las críticas se convierten en una mera mercancía cultural, progresista, etc., y jamás pasan a la acción y al compromiso vital. Sus planteamientos son de ciertas mejoras económicas a la gente, pero la gente se convierte en estadísticas. Olvidan que tras cada una de las unidades que sumadas dan millones de personas hay un disparate. Actúan tal como ya vio Stalin en su apreciación de la muerte, una es una tragedia y un millón una estadística.

Al final los denunciantes intelectuales de dentro del sistema incuestionado imaginan que libertad equivale a poder elegir entre mercancías.

De otra forma el capitalismo también estimula que las libertades políticas desaparezcan o no lleguen a numerosos países. son conocidos los auspiciadores de golpes de estado y es conocido el ingente robo de los numerosos dictadores, sanguinarios como tales, y de su círculo próximo de poder; millones de euros o de dólares que son depositados, para su seguridad, en entidades financieras occidentales o en grandes empresas y el sistema recibe todo con satisfacción. Las cantidades son descomunales, proceden del expolio directo por otra vía de sus poblaciones. Se beneficia el sistema en conjunto, se perjudican todavía más cientos de millones de hombres en su miseria y en su sojuzgamiento. Ese dinero vuelve al centro del sistema para fortalecer a las empresas que expolian a esos mismos países

Aparte está todo el dinero procedente de fraudes, contrabando, delitos, etc. del centro del sistema. En los países del centro se protege y si hay dudas están inventados los llamados paraísos fiscales también protegidos. El nombre ya es revelador, nosotros llamamos a eso paraíso. Ese es nuestro paraíso o nuestro cielo.

Todo esto es largo de explicar, con lo insinuado creo que nos podemos hacer una ligera idea de cómo el sistema capitalista en su fundamento suprime posibilidades de libertad.

¿Es posible una sociedad en libertad cuando existe un sistema social y económico de estas características?.

 

Para que el sistema socio-económico actual funcione es imprescindible un sistema político acorde. Un sistema social y económico cuyo fundamento es la depredación humana necesita un sistema político a su servicio que proceda de las mismas instituciones, otra cosa es imposible.

La cuestión de la relación entre la política y la libertad es compleja. Los tratadistas, los pensadores se han ocupado de la política desde siempre; el punto de partida suele ser la Grecia clásica, luego, las formas de evolucionar las sociedades han dado origen a distintas concepciones, algunas más fácilmente recordadas por tener lugar en los inicios del estado moderno, a partir de ese momento aparecen cada vez más estudios, tratados, teorías,... tal vez los más conocidos sean Maquiavelo, Hobbes, Montesquieu o Rousseau que recogen lo ya existente o lo que se está gestando o plantean soluciones hacia la democracia. En lo reciente numerosos autores estudian y analizan la mayor complejidad de la política, del estado, del poder político, del derecho, de las formas de gobierno, de las democracias, etc.

En lo muy poco o nada que se puede tocar aquí todo esto recuerdo algunas ideas sobre el estado moderno de manera muy sucinta y tan sólo en algunos puntos.

Para Weber los grupos políticos se apropian del estado moderno y se apoderan del "monopolio de la fuerza en un determinado territorio"[32], entiende cómo el aparato coactivo con el que un sector de la sociedad ejerce el poder sobre otro sector. También llama la atención sobre el poder de la burocracia tanto en la administración estatal como en los partidos políticos[33].

A partir de las ideas del estado y cómo se estructura y organiza, siempre surge la política referida al poder aunque se tiende más a hablar de sistemas políticos. Lo que queda al final es que el proceso político se define como: "la formación, la distribución, el ejercicio del poder"[34] o que el poder consiste en producir los efectos deseados.

Aquí sólo me refiero al poder político que siempre está relacionado con la fuerza y con el monopolio legal de la violencia, no se habla del poder económico o ideológico, de gran importancia y que tienen otros poderosos medios para ejercer la fuerza. No olvidemos que el poder siempre está asociado a dominio, a fuerza ejercida sobre otros de la forma que sea con el fin de producir los efectos deseados.

En la consideración del poder, sobre todo a partir de Maquiavelo, se acepta la primacía de la política sobre la moral, antes ya se ha indicado que a Maquiavelo le interesa el poder, no la moral o la libertad. Para otros autores el fin del estado es la paz, para algunos la libertad, como Spinoza. Prevalece en la Práctica y ha tenido más éxito la idea de Maquiavelo.

Surge, entonces, el problema de la democracia y las distintas formas que puede revestir: democracia representativa, democracia directa, democracia política, democracia social, democracia formal o democracia sustancial. Son grados, formas que reflejan el mayor o menor conformismo de las sociedades que, si pueden vivir la democracia como "un estado de la sociedad", la mayoría  de los países la entienden como una "forma de gobierno" y les parece suficiente y totalmente satisfactoria.

La historia no asumida por nuestras sociedades y los cambios producidos en las mismas han conducido, en algunos lugares, a una corrupción de la democracia aun antes de haberse instalado. Es el caso de numerosos países cuyas gentes no han sido capaces de ganar su democracia ni de luchar colectivamente por su libertad política y cuando la han recibido regalada, a veces con un alto precio para el regalador, la han entendido como un derecho más que creen merecer porque sí, porque son ellos.

Es el olvido generalizado de que si la declaración de los Derechos del hombre de la Asamblea francesa, hace más de 200 años, empieza: "Los hombres nacen y permanecen siempre libres e iguales en cuanto a sus derechos..." fue el resultado de una revolución frente a la tiranía del absolutismo que reina y gobierna arbitrariamente, como sucede con todo sistema que utiliza a Dios para su provecho, sistema, el absolutista, sacrílego según sus propios principios; frente a él el intento de considerar al hombre en plano de igualdad con todos los hombres y, por tanto, con la posibilidad cierta de vivir en libertad.

Todavía transcurrieron muchos años en Europa para que esas ideas se asentaran en diversos países, no sin esfuerzo y lucha.

Aunque, en una concepción racional, cualquier hombre que nazca en cualquier lugar debería ajustarse a esa declaración la actuación de los hombres ha llevado y lleva en la actualidad a lo contrario. Debería ser así en las vidas de los hombres porque, además de ser una declaración racional, la sociedad se ufana de esa declaración, pero únicamente de manera intelectual o como algo que nos cuenta la historia, la sociedad no la asume vitalmente.

Las gentes de esos países que han recibido como regalo la democracia y ciertos aires de libertad no saben qué es realmente y al olvidar su historia y falsearla no salen del autoengaño colectivo. El sistema sumerge a esas gentes en el brillo del mundo de las mercancías que creen es su derecho y su libertad, para ellos es la democracia.

La práctica en la vida de cada día en las sociedades no se acerca a que la democracia sea un estado de las mismas, no está clara en la mayoría de los individuos y no puede estar clara en la sociedad. Hemos corrompido la democracia antes de alcanzarla.

 

El ejemplo de España puede servir. Tras la muerte del dictador Franco, anciano ya pero en el poder y después de 39 años de la sublevación militar que dio lugar a la Guerra Civil española de 1.936, se organizó la que se decidió llamar "transición española" vendida por los profesionales del poder político, los intelectuales y los comentaristas como modélica. Los que detentaban el poder político de entonces, tras una serie de hechos peculiares, dieron paso a otros profesionales del poder político algunos de los cuales ya lo eran en ejercicio durante la dictadura franquista y otros próximos. Decidieron hacer una constitución que se sometió a referéndum popular el día 6 de diciembre de 1.978, votó el 67,1% del censo, a favor de la constitución lo hizo el 87,7%, en contra el 7,8%, en blanco el 3,5%. Es una constitución extraña, de entre los puntos curiosos y peculiares destaco tan sólo uno, en el Título II el artículo 56.2 dice: "La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad", en los siguientes artículos se establece la monarquía hereditaria; volviendo a la inviolabilidad, el artículo 64.2 dice que sus actos, los del Rey, serán refrendados por el Presidente del gobierno y en su caso por los ministros competentes.

Si aceptamos que la libertad sin responsabilidad no es tal, no se explica un disparate así en quien debería tener mayor responsabilidad. Son claras las reminiscencias de ideas monárquicas del Antiguo Régimen. Si como dijo Saint Just en la Asamblea francesa cuando acabaron, Hace más de 200 años, con los reinados de derecho divino, es decir, arbitrarios: "nadie puede reinar inocentemente", ya sabemos que todas las monarquías tienen su origen en la depredación del más fuerte y bestia de su época que es quien las empieza, en el caso español el origen irracional de la monarquía es doble, pues al genuino de cualquier monarquía debe añadirse que al que es rey en España lo nombró el sanguinario dictador unos cuantos años antes de morirse tras haber estado varios años bajo su tutela para formarse.

Lo grave, siendo lo anterior revelador, es que quienes redactaron la constitución española, además de otras peculiaridades, escribieron de semejante manera los artículos concernientes a la Corona. Es bastante claro que su idea de la libertad es muy particular.

Como contraste, muy pocos años antes en USA destituyeron y condenaron a un presidente por corrupto, antes a su vicepresidente. En España es imposible. Cuando los juicios por crímenes, no se sabe si de estado o de gobierno de los llamados GAL y de corrupción, un juez de un alto tribunal rechazó que declarara o que fuese imputado quien había sido presidente del gobierno para no "estigmatizarlo socialmente". Nuestra libertad. Nuestra democracia

 

Volviendo a la monarquía, lo importante no es que los actuales reyes europeos no gobierne, lo hicieron sus antepasados de forma absoluta por delegación divina, es decir con impunidad, lo importante es que se mantiene un símbolo de poder cuyo origen es la depredación del más fuerte, hace siglos, y el símbolo acompañado de todo el boato necesario y de privilegios gratuitos o pagados por los ciudadanos mantiene viva una imagen de poder, irreal, pero la idea que se transmite a la gente es que el poder es propiedad privada de alguien, en este momento de los profesionales del poder político, y el símbolo recuerda que el poder no es del pueblo, no es de los ciudadanos, aunque haya democracias formales, de voto periódico a los distintos individuos que se han apoderado del poder político en exclusiva para ellos, con sentido corporativo. Los monárquicos razonan que la monarquía encarna la unidad de la nación y cosas parecidas, les dicen a la gente que todavía está tutelada por una farsa revestida de dignidad social y mediática. La gente lo acepta.

En la perversión de la democracia aun antes de haberla alcanzado, el sistema político encaminado a hacerse con el poder para producir los efectos deseados tiene un papel fundamental en esto. El sistema político, hoy, está organizado como un medio para lograr el poder político por sí mismo. Unos cuantos profesionales endogámicos del mismo, organizados a su vez en partidos políticos jerarquizados que se apropian de la exclusividad de la política, lo utilizan con habilidad para satisfacer mínimamente a quienes, en la corrupción de la democracia, se limitan a depositar un voto en una urna cada período de tiempo. Esos profesionales endogámicos del poder político y sus organizaciones de la exclusividad del monopolio de la política, de esta forma, se perpetúan en el poder. Como es natural, entre las diversas organizaciones hay competencia por alcanzar mayor cuota de poder. No es teorización alguna todo esto, simplemente es resultado de la observación.

Así, nuestras democracias no son sustanciales, tan sólo atañen a la forma de gobierno y poco más.

Es cierto que una sociedad grande y compleja como la nuestra no tiene fácil conseguir una democracia participativa en la que la sociedad se incorpore a su propio gobierno y a la toma de las decisiones que le conciernen, que atañen directamente a nuestras vidas. La sociedad que hemos construido, de derechos sin responsabilidad propicia esta forma de democracia; en una parte de los países casi todas las decisiones que afectan a la vida de los individuos no las toman éstos sino los profesionales del poder político desde partidos jerárquicos y endogámicos o bien, indirectamente, por medio de esos profesionales son grupos de interés quienes tienen la posibilidad de presionar a favor de sus intereses y lograr que las decisiones les beneficien.

Los profesionales del poder político y sus organizaciones compiten dura y suciamente por alcanzar mayor poder, para esto, en democracias de simples votos, necesitan convertirse en mercancías, la mercancía-político, que con técnicas de marketing intentan captar al elector de democracia de voto. En los procesos electorales, con frecuencia, se vota una imagen, cada sociedad la suya, la de su momento. En los electores hay además otros factores, con frecuencia irracionales, que influyen en su voto, pero los factores irracionales son fomentados y utilizados como elementos influyentes, para esto los cuasi-monopolios de información, los sistemas educativos y las corrientes de opinión provocadas son importantes.

Por otra parte, las organizaciones políticas necesitan mucho dinero para funcionar, suele proceder de impuestos legales que dependen de los votos obtenidos y de chapuzas y corrupción en connivencia con grupos de interés. De este modo permanecen estables y mantienen el monopolio de la política, es imposible que entre en la política alguien ajeno a lo ya establecido.

Los sistemas electorales tienen importancia en varios aspectos pues tienden a que la responsabilidad de los elegidos se diluya y los profesionales del poder político sólo dependen y dan cuentas a sus organizaciones, rara vez a la sociedad.

Es normal que la "cosa política" funcione así es un fiel reflejo de la sociedad. Veamos esto, nuestra sociedad no es responsable de lo que hace, la responsabilidad por las atrocidades se diluye en toda la sociedad, en nadie. El lenguaje lo revela una vez más, un ejemplo, los que leen noticias o cosas en los medios de información confunden los conceptos, así, los daños causados por una tormenta fuerte no son debidos a, o a causa de, sino "por culpa de" o cualquier otra cosa, la gente nunca es culpable de nada a lo sumo son "presuntos", aunque se sepa y se les haya visto cometer cualquier barbaridad. Todo esto tiene un significado claro, la culpa sólo es atribuible a las personas por algo, por una falta, por un error, pero nuestra sociedad al hablar así no atribuye responsabilidad a la gente, a las personas, el concepto lo trasladamos y, en consecuencia atribuimos responsabilidad a, por ejemplo, fenómenos naturales. Lo mismo en otras muchas cosas.

Al mismo tiempo, en nuestra sociedad de mercancías abundantes, el sistema capitalista tiende conceptualmente, y cada día más en la realidad, al monopolio empresarial privado en cada uno de los distintos sectores de la actividad económica y la gente lo acepta como beneficioso por muchas razones, el monopolio es fuerte, poderoso y permanece en el tiempo, actúa como cree oportuno sin oposición y además, con las mercancías que nos ofrece, nos proporciona satisfacción duradera. Está totalmente asumido en nuestra mentalidad, no hay ninguna razón para que eso no se traslade a las organizaciones políticas, entre muy pocos dominan todo el mercado del voto en las urnas y, como los monopolios empresariales, han establecido barreras insalvables a la entrada de otros competidores en su mercado del voto que ya es cautivo. Eso creemos que es la democracia.

Se observa la misma organización tanto en el sistema empresarial, instrumento importante del capitalismo económico, como en el sistema político, instrumento de poder al servicio del sistema en general.

La gente suele estar satisfecha políticamente con lo logrado, con lo que le han regalado, más aun en una sociedad con numerosos derechos individuales, son la contrapartida que los profesionales del poder político dan a la sociedad para perpetuarse con mayor comodidad. Fijémonos que en las campañas electorales todos ofrecen nuevos derechos y nuevas cosas a la gente, aun a sabiendas de la imposibilidad de que esas ofertas puedan realizarse.

La divulgación de ideas y opiniones discrepantes en lo sustancial es difícil en un mundo de imagen e información instantánea y abrumadora, donde hay grupos de información en régimen de "cuasi-monoploli" en los distintos ámbitos de la misma, es una barrera insalvable la que se interpone a ideas y opiniones diferentes a las impuestas por la corrección social de cada momento. Es cierto que existen alternativas más o menos marginales, pero también es cierto que aparece poca gente que sea capaz de hablar y obrar con entera libertad y sin temor a represalias de una u otra clase.

En el juego, además, los tics de paternalismo, de caudillismo, de liderazgo carismático son claros, la sociedad los necesita y aprueba. Seguimos embelesados con el líder, es decir, con el jefe o conductor de la "cosa política" y seguimos esperando que sea carismático, que su sola presencia nos seduzca sin importar lo que pueda decir, todo nos está bien, además sabemos que las promesas electorales de los profesionales del poder político las hacen para captar votos de sus competidores y es normal y está aceptado que, una vez alcanzado el poder, no las cumplan.

Aunque todo conduce a menor libertad tanto política como individual, la sociedad acepta el juego porque se cree libre al pertenecer al mundo de las mercancías abundantes y tener la capacidad para elegir en ese mundo, allí cree ejercer su libertad, aun siendo un mundo desigual y estratificado socialmente por razones económicas, pero eso está dentro del sistema, de todo nuestro mundo. Debe aclararse que entre las mercancías es importante la mercancía placer, como cualquier otra mercancía se compra y se vende. La sociedad de las mercancías y de la indiferencia vacía propicia esa cómoda situación a los enfermos compulsivos de poder, los profesionales del poder político.

 

Ya en el año 1.965 observaba R. Aron que en Europa Occidental "se llega a lo que yo llamaría el conformismo actual del optimismo occidental"[35]. Recuérdese lo que en 40 años nos han proporcionado los avances técnicos, el de entonces y el de ahora son dos mundos distintos en todo. La evolución de ese conformismo percibido hace años ha dado lo que hoy tenemos. Los pensadores actuales al explicar el aspecto político de nuestras sociedades señalan que éstas lo único que piden a los políticos es que sean eficientes con sus intereses, a partir de satisfacerlos pueden hacer lo que quieran: corrupción, crimen o robo de estado (los ejemplos son numerosos, incluso políticos de algún país relevante han tenido que inventarse con rapidez leyes de autoamnistía  dado el alto grado de corrupción de la totalidad de la clase política, a los muy pocos años algunos vuelven a estar inmersos en la misma corrupción), todo es aceptado.

Esta breve descripción del clima político puede apreciarse observando con no demasiada atención el acontecer político de muchos de nuestros países occidentales, en los otros países todavía es peor. La información está al alcance de todos,

 

Las formas actuales de la política y de la democracia son reveladoras de lo que es la sociedad. Es innegable que los grandes avances técnicos ofrecen medios para que la gente participe real y activamente en los asuntos políticos, que a todos nos conciernen mucho, de forma directa y que las decisiones que nos afectan, que conciernen a nuestras vidas, las tomemos nosotros, no unos profesionales del poder. Esta posibilidad ni la desean los `políticos ni la sociedad se la plantea.

En la actividad política es llamativa la ambición desmesurada de una serie de individuos por alcanzar el poder. Hay grados de democracia mayor o menor según países, pero en todos la ambición de poder es un hecho.

No vamos a tratar aquí del poder que es de muchas clases y complejo, pero siempre y en todas sus manifestaciones es una forma de dominio que atenta contra la libertad.

Un hombre que vive en libertad desea hacer "lo suyo" responsablemente y su hacer debe estar de acuerdo con los haceres colectivos, con los haceres de los demás miembros de la sociedad, por tanto ni necesita ni desea ser dominado y no necesita ni desea dominar a nadie, tan sólo desea la igualdad que únicamente puede alcanzarse con justicia verdadera y ésta surge de la libertad e impulsa la libertad.

Fromm explica en "El miedo a la libertad" que se produce en momentos una dejación de la responsabilidad propia, de la voluntad propia en el líder carismático. Algo de eso hacemos en las distintas sociedades actualmente y renunciamos a nuestra posibilidad de vivir en libertad, esa renuncia creemos que nos proporciona alguna clase de beneficio. Entregamos nuestra voluntad. La veneración de mucha gente al poder, a quienes lo tienen, les hace convertirse en serviles ante el poderoso, éste les cede, les delega un poco de su poder que utilizan, a veces, en beneficio propio y también de forma despótica, tienen poder.

Las organizaciones de poder, los partidos políticos, en muchas ocasiones funcionan dictatorialmente, aunque haya escenificaciones de lo contrario, o bien llegan a acuerdos de repartos de poder entre los miembros relevantes de la organización. So los únicos acuerdos que suelen respetar los profesionales del poder político.

A veces el reparto de poder se hace con otros partidos políticos mediante pactos, pero compiten para eliminar al rival con que se ha pactado. Llegan hasta el  extremo de poner de poner en peligro aspectos vitales de sus países con tal de alcanzar el poder o de lograr mayor poder, en ocasiones rompen el país sin importarles el daño causado, encuentran coartadas pretendidamente ideológicas en la tergiversación de las ideas, de la historia o de las instituciones, los ejemplos europeos recientes son una muestra de ese hacer. Los pactos turbios y la utilización de medios de cualquier clase, morales, inmorales o amorales es algo normal y aceptado por la población, les vuelven a votar, no hay alternativas. Manipulan la realidad y las evidencias.

Los países europeos son ejemplares, sobre todo aquellos que han recibido como regalo y sin esfuerzo la seudodemocracia que se impone. Así, dirigentes pronazis declarados con trayectorias conocidas que llegan al poder: Austria, Croacia,... , el hecho asombroso, nunca dado en la historia hasta hace poco, de la conversión masiva de dirigentes en ejercicio en los antiguos países estalinistas, más o menos duros, a demócratas desde siempre que continúan gobernado, que siguen en el poder; hay pocos países cuyos dirigentes políticos no hayan tenido esa asombrosa conversión, lo mismo de otras procedencias como protofascistas franceses o de otros países, franquistas españoles, etc. , las conversiones han sido tan numerosas que en todos los partidos políticos, sean de la ideología  que sean, ocupan cargos públicos, desde ministros de los gobiernos hasta otros menos vistosos. En ningún caso ha habido alguna manifestación acerca de sus pasados. So profesionales del poder político. No es necesario hacer un gran esfuerzo de imaginación para adivinar lo que debieron sufrir ocupando cargos públicos durante la dominación nazi, durante el franquismo o en el largo estalinismo. Las mutaciones ideológicas han sido numerosas.

Para quienes buscan el poder con tanto afán y utilizando cualquier medio, el fin sí justifica los medios empleados para lograrlo, es innegable que Maquiavelo no ha perdido su vigencia tal como vemos actuar a los profesionales del poder político. Dan la sensación de estar enfermos, hay delirios, enfermedad, no sé si aspectos sádicos, masoquistas, complejos o sentimientos de inferioridad, paranoias o qué hay tras muchos de esos profesionales compulsivos, pero parece que tras ellos existan en algunos problemas individuales, pero sobre todo una enfermedad de libertad, se da en ellos una disociación enfermiza. Un repaso por las biografías más o menos objetivas de numerosos gobernantes explican lo dicho sin demasiadas dudas. La enfermedad, en mayor o menor grado, alcanza a los círculos de los profesionales del poder político incluyendo en esos círculos a aquellos que utilizando la información crean o tergiversan la opinión de la gente. No se explica que las evidencias sean utilizadas y explicadas de formas tan opuestas, un mismo hecho no puede ser verdadero y falso al mismo tiempo y la interpretación de ese hecho no puede ser simultáneamente de perversidad o de bondad en el mismo profesional del poder político. Hojear la prensa de un día cualquiera o revisar algunas obras puntuales sobre momentos y personajes es revelador de lo dicho. Las propias valoraciones frías de comentaristas, por ejemplo pensar que provocar una guerra va a permitir la reelección de un gobernante, sin más argumentos sólidos, cuando menos resulta preocupante, pero también que la gente vote a ese individuo, en muchos casos, enfermo.

¿Quién puede desear obsesivamente dominar a otros, a muchos, si no es quien tiene en poca o ninguna consideración la libertad?. ¿Quién puede entregar su voluntad a individuos así sino quien tiene pánico a la libertad?.

En nuestra sociedad depredadora es característico que el profesional del poder lo alcanza por cualquier medio: guerras, asesinatos, mafias, corrupción, etc. Es la valoración de la sociedad, siempre en lo alto el más fuerte en lo que sea: el deportista que tiene más músculo, el que corre más, aunque se dope, el más rico, sabemos el origen de la riqueza, etc. En lo alto quien tiene poder, más alto cuanto más poder, cuanto más nos puede tiranizar, es lo que más valoramos y admiramos, queremos ser como ellos, los imitamos, no queremos ser nosotros.

 

Hay que gobernar, significa: "mandar con autoridad o regir una cosa", confundimos autoridad con poder, hay muchas formas de autoridad. Es necesario gobernar en las naciones, hay muchas razones, todas, para que haya gobernantes, para que alguien mande con autoridad, en nuestro mundo el gobernante y su autoridad tiene tras sí el monopolio legal de la violencia. Hay razones para gobernar y las sociedades han buscado formas de gobernarse o de que las gobiernen.

En la organización de la sociedad existen numerosas parcelas de poder político relativamente independientes aunque siempre subordinadas al partido político correspondiente, hay distintos niveles jerárquicos y sectoriales, en todos los casos hay gente que ansía esos poderes desaforadamente: organizaciones sindicales, ayuntamientos, comarcas, regiones, universidades, provincias, justicia, etc. La gente quiere ocupar cargos, aunque sea en su comunidad de vecinos, en su asociación deportiva o de beneficencia. Para ocupar los cargos siempre hay numerosos candidatos que pugnan entre ellos, tras esos cargos beneficios particulares, vanidad, relieve social y siempre, tal como funcionan, enfermedad.

La forma que toman las campañas electorales, los medios, los métodos, todo para alcanzar el poder: falsedades, espionaje, pactos con mafias, calumnias, burlas, utilización de muertos, de atentados, de guerras, juegos de imagen, sistemas de encuestas, teatralización, puestas en escena casi litúrgicas, etc. y todos o casi todos tienen a bien engañar, mentir y pedir el poder. La gente cree que se lo otorga cuando realmente no existen alternativas ni se permiten. No suelen estar los mejores de la sociedad en esa pelea innoble.

Los ejemplos de esta teatralización del poder para mostrar por medio de las formas dónde hay poder, para dar una clara imagen de poder están en toda la historia, en todos los lugares y en todas las épocas. Se trata de mostrar claramente el dominio sobre la gente, sobre el pueblo, sobre los ciudadanos. La representación y los símbolos de poder también están en las construcciones, edificios, etc. que muestran la megalomanía del gobernante que se cree poderoso y empequeñecen al ciudadano, esto lo explica perfectamente un conocedor de la arquitectura al servicio del poder, me refiero a A. Speer en sus diarios de Spandau.

Otras formas se ven también hoy en las de numerosos gobernantes, los dictadores por supuesto, de las democracias formales y, aunque no detenten el poder real, si son símbolos del mismo ante los ciudadanos la representación es espectacular: actos de las monarquías europeas en funerales, bodas, vacaciones,... que, anacrónicos para muchos, son importantes para la masa de ciudadanos, nadie cuestiona su legitimidad inexistente siempre, sus funerales, bodas, etc. parecen operetas trasnochadas pero muestran una imagen del poder del gobernante que haya en cada momento; la sociedad lo acepta sumisa, aun como simple espectáculo, pues es nuestro rey, nuestro príncipe, nuestro..., al ser "nuestro..." lo aceptamos, participamos como espectadores y lo pagamos con nuestros impuestos, es la confusión de país y poder en sus símbolos artificiales, símbolo inaccesible y cercano, la imagen nos familiariza y acerca virtualmente y ya forma parte de nuestras vidas. Poder distante y cercano por medio de la imagen.

Hay que gobernar es necesario en las naciones, en las provincias, en los pueblos o en las ciudades, en las universidades o en los sindicatos, pero hemos ideado y construido un sistema que se va pervirtiendo o ya nace corrompido, sobre todo en los países con democracias regaladas. Los tratadistas, los comentaristas, los que dirigen y manipulan a la opinión pública dicen que no hay otra forma.

Posiblemente en las sociedades actuales con sus características y valores sea la mejor forma, no está claro, pero aun así, incluso en nuestras sociedades puede mejorarse la democracia e ir hacia algo más pleno y responsable en toda la sociedad, tal vez pueda tenderse a que el estado de la sociedad sea de democracia real.

Muchas decisiones, casi todas realmente, que afectan a nuestras vidas las toman los profesionales del poder político, así: el aborto, la pena de muerte, la entrada en la UE, la adopción del euro, la eutanasia, la clonación, la inmigración, las formas de redistribuir la renta, la regionalización y miles de decisiones más no pasan por la sociedad, no las debate, discute, reflexiona y asume sus responsabilidades en cada individuo y decide sin intermediarios. Con los medios actuales no supone convertir las decisiones en lo que algunos llaman democracia plebiscitaria, supone profundizar, entender las posturas distintas, asumir cada uno las decisiones tomadas directamente, no eludir responsabilidades, decidir por uno mismo cómo vamos a actuar y responsabilizarnos por ello, es decir, ser más libres en nuestras vidas y en la sociedad.

Cosas así no interesan, ni se le proponen a la sociedad, ni los profesionales del poder político lo desean. Todos nos escudamos en los expertos para evitarlo, es una falacia. El poder de los profesionales del mismo se vería mermado. Quizá entonces llegasen a la "cosa pública" individuos menos enfermos. Pero se anestesia a la sociedad.

Los grupos que se adueñan de la política tratan de perpetuarse, la consecuencia es una merma de la libertad o de las posibilidades de la misma. Las ideologías que se ofrecen son eslóganes ante el vacío ideológico de la sociedad y no difieren entre los grupos importantes que se alternan en el poder, sí se diferencian en puntos acordes con las corrientes de opinión cambiantes. La sociedad no desea cambios serios, desea más derechos individuales, está satisfecha con lo que le dan y le dan porque la opinión social o la de los vociferantes en la sociedad es lo que induce a pensar a los políticos, propietarios del poder.

 

Existen numerosos ejemplos de todas las formas utilizadas para llegar al poder, algunas son evidentes y otras son más discretas y con ellas la clase de mensajes que la sociedad acepta.

Es conocido cómo se resolvieron las elecciones presidenciales de USA en el año 2.000 o cómo fueron las últimas elecciones alemanas o las presidenciales francesas, es de destacar cómo en este país permanece un alto porcentaje de gente que vota a partidos declarados o que en su oferta son fascistas, lo mismo se da en Austria y en otros países de forma más o menos encubierta o el peculiar caso español, si antes he citado las elecciones de 2.004 hay en ellas un hecho significativo, dos meses antes de las mismas el jefe de un partido independentista catalán, que se autoproclama de izquierdas y la gente lo cree, pactó con los terroristas de ETA (han asesinado a casi 1.000 personas, han dejado miles de heridos y otras clases de disparates) que no asesinaran en Cataluña y sí en el resto de España, el grupo terrorista lo anunció así poco tiempo después. En las elecciones posteriores, dos meses después, ese partido obtuvo la mayor cantidad de votos de su última historia en unas elecciones generales españolas que sus caudillos plantearon como un plebiscito, obtuvieron cientos de miles de votos. Una clara muestra de lo que la sociedad piensa  y evidencia del grado de fascismo real. Podemos ver cualquier otro país.

 

Debemos recordar que vivimos en una sociedad caracterizada también por la inmediatez y sin preocuparse por mucho más. Ante la anestesia de la sociedad desde el punto de vista político e ideológico y el dirigismo cultural, los problemas que se intuyen se ven irresolubles por lo lejanos, aunque sean actuales, nuestro vivir en la inmediatez nos lo impide.

La sociedad de la inmediatez y de los derechos lo único que busca cuando aparecen problemas es una solución rápida y eficaz, aunque sirva para un día, que exige a los profesionales del poder político. Muchos de los problemas tienen causas profundas y lejanas, su solución requiere conocer las causas, tiempo y paciencia, pero las exigencias sociales obligan a establecer normas que tan sólo intentan atajar eliminar las manifestaciones de los problemas porque nos molestan, el resultado es que los problemas acaban saliendo nuevamente con otras manifestaciones y mayor virulencia. Esta forma de funcionar afecta a lo que se teme y no se resuelve por no afrontarlo.

El futuro no lo consideramos vivimos en el presente y es todo lo que nos importa, cosa lógica, pero vivimos en un mundo construido durante siglos y seguramente el mundo continuará tras nosotros, tras los que vivimos hoy, un mundo con nuevos y complejos problemas que pueden condicionar el futuro o romperlo para los que van llegando tras nosotros. Los problemas los dejamos en manos de los profesionales del poder político y de los técnicos y expertos a los que Galbraith llamó, referido a las empresas, la tecnoestructura, podemos llamarlos así también. Todos ellos, profesionales del poder político y tecnoestructura tienen sus propios intereses que no siempre coinciden con los de la sociedad y tampoco tienen muchas de las soluciones que les exigimos, sus propuestas siempre están sesgadas ya sea por la necesidad y exigencia de resultados inmediatos y tangibles, ya sea por sus propias limitaciones.

El futuro de las sociedades lo construyen ellas, las soluciones para los complejos problemas que debemos afrontar no están claras, North dice que la sociedad que más intentos hace es la que encuentra soluciones sólidas. Nuestro caso no es de intentos, la historia nos enseña que no existen soluciones colectivas salvadoras para la sociedad, todos los intentos habidos hasta ahora han tenido costes muy elevados en forma de disparates y atrocidades, debe incluirse aquí también al actual sistema capitalista tal como hemos visto, aunque haya aportado avances a costa de retrocesos humanos, no olvidemos que su base es la injusticia directa. Nuestro trabajo debería ser construir el futuro de manera racional para la sociedad, la verdadera democracia, la libertad social. Pero esto sólo puede lograrse si la sociedad, cada uno entiende que la democracia y la libertad son estados de toda la sociedad y en su construcción estamos involucrados todos y cada uno. Es muy difícil.

Pueden enumerarse algunos de los problemas y veremos que las mejores posibles soluciones pasan por la verdadera libertad social. Antes se han citado algunas  de las decisiones que toman otros por nosotros, sin preguntarnos, y afectan a nuestras vidas. No debatimos los problemas que así podrían tener mejores soluciones, no se nos permite tomar nuestras decisiones directamente, ni nosotros lo deseamos, no llegan a la sociedad para que se involucre e interese vitalmente por sus propios problemas y por sus soluciones. Se da también escepticismo ante los profesionales del poder político.

Hay problemas, como los insinuados antes acerca de la especie de gulag mundial, que deliberadamente ignoramos y que no pueden ser eternos pues las sociedades, en un momento u otro reaccionan, eso también nos lo enseña la historia; existe el serio problema de la inmigración con todo lo que arrastra y lo que para nosotros supone, así: otorgar todos o sólo parte de los derechos que nosotros tenemos, permitir o no religiones y usos sociales que son totalmente contrarios a cualquier atisbo de libertad social o individual, la labor colectiva de convivir, educadora, pero son los gobiernos, por ejemplo, el gobierno español ha decidido financiar la enseñanza del islamismo sin preguntar y sin debate, el francés ha decidido suprimir todo símbolo religioso aunque algunos de esos símbolos lleven siglos en Europa; curiosamente nadie ha decidido derribar las obras procedentes de la megalomanía y enfermedad de gobernantes, o el boato semilitúrgico del que se acompaña; . el cambio poblacional que va a suponer de forma clara la inmigración y el trato que hoy damos a los inmigrantes no sabemos ni pensamos qué consecuencias tendrá, sobre todo si no hacemos nada; la deslocalización de empresas, incluso del propio  de origen, que conlleva más inseguridad, miedo, paro, etc. (es una oportunidad más para cuestionar el sistema), pero deciden los gobiernos o los sindicatos, no la gente, pues se trata de preservar y fortalecer el sistema, así vemos que los alemanes, ante el temor, pactan trabajar más horas por el mismo salario (noticia del día 5 de julio de 2.004) o que reducen de 32 a 12 meses la prestación de desempleo, lo hace un gobierno que se llama de izquierda, (noticia aparecida el día 10 de julio de 2.004). Sólo tienen libertad las empresas, las grandes empresas, la gente no. En cierta forma es una manifestación más, que en este caso afecta al centro del sistema y creemos nos concierne más, del poder del injusto y antilibertad sistema capitalista al que la gente teme, apenas lo sabe, y venera. A la sociedad no se le propone el debate, la discusión de las causas, qué hay tras esos hechos y la posibilidad de resolver sus problemas. Tal vez eso podría llevar a la gente a desear, buscar y encontrar algo diferente y modificar el funcionamiento del sistema o el propio sistema, es peligroso.

Los avances científico-técnicos ofrecen, cada día, nuevas posibilidades, desde la conocida clonación hasta formas de embarazo y elecciones ante él, como el sexo del que va a nacer, o la eugenesia, etc., son otras cuestiones que no dilucida la sociedad y se juega su futuro; son asuntos exclusivos de la tecnoestructura relacionada con la técnica, con la ética cuando se cree que debe intervenir, pero sólo los afectos al sistema. La sociedad hace dejación de sus propios problemas y de sus soluciones.

Los cambios de moral también plantean nuevas y serias cuestiones como las antes citadas, la tecnoestructura y los profesionales del poder político deciden, sin embargo, el debate social serio tal vez llevase a una mayor racionalidad.

Dicho de otra forma, una sociedad que conoce y asume sus problemas y busca resolverlos como sociedad, sin el dirigismo y los intereses espurios de los profesionales del poder político, de la tecnoestructutra y de quienes están en la cima del sistema, siempre tendrá más conciencia de sí misma, de los demás, de uno mismo y se conocerá mejor, asimismo avanzará en la democracia, valorará la libertad al entender que en ella también está la responsabilidad, la de cada individuo y la de la sociedad y en todo ello mejorará.

Parece irrealizable, pero dados los grandes medios existentes es posible, con voluntad, limpieza, generosidad y tiempo, seguramente mucho, es posible avanzar. Esta sola posibilidad es un riesgo para el sistema capitalista, pues profundizar y entender y vivir en libertad significaría que la sociedad acabaría cuestionando, por obvio, la injusticia en que se sustenta y buscaría y encontraría soluciones a partir de la razón recta. Esa sola posibilidad no pueden permitirla quienes se han apoderado de todo el aparato de poder, no sólo político, de la sociedad.

La cuestión es, entonces, si con el sistema político existente podemos pensar que se propicia que la sociedad viva en libertad desde el punto de vista político o si se da lo contrario.

 

Pero la libertad social no sólo está en la libertad política, en las libertades. Siendo fundamental la libertad política, en la sociedad existen otras instituciones y organismos importantes construidos por los hombres cuyo fin es pretender resolver y satisfacer otras necesidades de los individuos y además por otros medios mantener el sistema.

Colectivamente no hemos sido capaces de encontrar soluciones salvadoras y construir otros sistemas políticos, económicos, sociales que resuelvan los problemas que tenemos desde siempre y los que van apareciendo con el andar de las sociedades, la causa es nuestro miedo a vivir en libertad.

Las necesidades que tiene la gente sólo puede resolverlas en la sociedad, necesidades que no son únicamente las materiales pues tenemos otras, que podemos convenir en llamar, espirituales o no materiales como son las religiosas o las culturales. Son necesidades reales y para muchos individuos también vitales.

Algunas, como las religiosas, en distintas sociedades suelen disminuir en intensidad y cambiar en las formas de satisfacerlas al aumentar el bienestar material, el consumo y tener adecuadamente satisfechas una serie de necesidades primarias, que no son las mismas en todas las sociedades, en contrapartida aumentan otras como el ocio, satisfecho con más consumo, o la cultura estandarizada.

Los cambios producidos en la sociedad suponen cambios en las formas de satisfacer esta clase de necesidades, lo mismo las culturales que las religiosas.

En lo cultural, aunque se ha producido una casi total alfabetización en nuestras sociedades, un aumento en los niveles oficiales de estudios, las estadísticas hablan de número creciente de universidades, de titulados universitarios, etc. , no significa que uno de los sentidos que tiene la cultura, que es resultado de emplear los conocimientos humanos y la utilización de sus facultades intelectuales el hombre tenga una mayor demanda en la sociedad si nos atenemos al desarrollo de estudios, programas y número de individuos y consideramos el funcionamiento de la sociedad en el desarrollo de las facultades humanas, no es lo mismo que desarrollar ciertas habilidades o desarrollos meramente técnicos con al importancia que tienen.

Si se entiende la cultura como los grados de desarrollo artístico, científico, técnico, en algunos de estos aspectos sí hay auge pero es fundamentalmente profesional y si nos referimos a la cultura popular, que se centra en las manifestaciones de la vida tradicional de los pueblos, sí que hay un peculiar renacimiento o huida por algunos de estos medios, no está claro.

Las necesidades culturales que desea satisfacer parte de la sociedad no suelen ser las consideradas en el primer sentido dado a la cultura, la utilización de los conocimientos humanos y de las facultades intelectuales del hombre, las que más interesan a la sociedad. Interesan más los desarrollos técnicos tanto por las necesidades meramente profesionales como porque numerosas mercancías requieren para su uso ciertos conocimientos técnicos, por lo general son conocimientos aprendidos de forma imitativa, repetitiva pero sin conocer sus fundamentos.

Sí tienen un auge notable las manifestaciones de la cultura popular de cada lugar y de recuperación de manifestaciones antiguas de esta cultura. En este tipo de manifestaciones es donde se imponen corrientes sociales sin más planteamientos que recuperar lo antiguo o lo pretendidamente antiguo, porque eso es cultura, toda la cultura, eso atrapa a mucha gente, son modas y algo más.

Tal vez en "El Gatopardo" se expresa perfectamente algo de lo que hay tras esta moda social: "... las novedades sólo nos atraen cuando sentimos que están muertas, que ya no pueden producir corrientes vitales; a ello se debe asimismo ese fenómeno increíble de la creación actual, ante nuestros ojos, de unos mitos que si fueran realmente antiguos despertarían veneración, pero apenas logran ser siniestras tentativas de sumergirse otra vez en un pasado que nos atrae precisamente porque está muerto"[36].

Es una tendencia, ya hemos recordado antes el boato del poder y su simbología, recuperada de lo antiguo, en momentos de menores o nulas posibilidades de libertad social. Lo aceptamos y el disfraz que marca la no libertad no se cuestiona, es consustancial a la escenificación del poder político.

Recuperamos culturalmente  un pasado muerto sin libertad y vivir para ello denota pánico a un futuro de posible libertad, pero ese pasado muerto: trajes típicos, fiestas determinadas, romerías, modos, costumbres, técnicas, artesanías inexistentes y reinventadas, personajes concretos, piedras, lenguas en desuso desde hace años o siglos, leyendas, historias propias reales o inventadas, teatralización de sucesos históricos o pretendidamente históricos, etc. que son, muchas veces, atractivos turísticos y algo más. Y nos aferramos a un pasado que era sin libertad, con problemas de ese pasado que olvidamos, ensalzamos formas de un mundo, casi siempre, sometido a la tiranía de gobernantes déspotas y de clases sociales opresoras, con todos los derechos frente a la mayoría de la sociedad sin derechos. Eso recuperamos. No lo vemos porque creemos que tan sólo recuperamos una estética y unas formas y no vemos que esas formas son resultado de la tiranía, es lo que realmente hay tras ellas; son manifestaciones de su momento, de su sociedad y esas sociedades no tenían la posibilidad de vivir en libertad, nosotros sí la tenemos pero recuperamos alegremente lo procedente de la tiranía. Frente a un futuro con posibilidades de libertad huimos hacia las formas antiguas de la tiranía.

Recuperamos monumentos antiguos, los veneramos por su estética y fabulamos sobre ellos. De nuevo recurro a "El Gatopardo": "...estos monumentos del pasado, magníficos pero incomprensibles, porque no los hemos edificado nosotros, que nos asedian como bellísimos fantasmas mudos"[37]. En esas fabulaciones se organizan cosas peculiares: rutas templarias, rutas del Grial, peregrinaciones, jacobeos, etc., gente que tal vez busque algo a través de un pasado mitificado que tuvo sentido en un momento con otros planteamientos sociales. Seguimos huyendo.

Ni aun siquiera respetamos a los propietarios de los monumentos abandonados y nosotros pedimos a los profesionales del poder político que con dinero de todos los restauren, no los respetamos porque en su día decidieron abandonarlos y seguir, tal vez, hacia el futuro.

La mitificación del pasado se convierte en devoción, el mito que inventamos es la nueva fe que nos atrapa y llegamos al ridículo, poco a poco vamos viviendo para la nueva fe y nos llenamos de símbolos, de imaginería, de nuevos dogmas, nuestra pretendida búsqueda vuelve a las formas de las épocas de tiranía.

 

Ante la ausencia de la clase de respuestas que nuestra sociedad de la inmediatez y de las mercancías nos ha enseñado que tenemos derecho ante nuestras demandas, la sociedad ofrece diversas soluciones para satisfacer las necesidades procedentes de vivir con preguntas de difícil respuesta o con insatisfacciones profundas.

Muchos siguen esperando, pero no buscando, soluciones colectivas salvadoras que no existen porque cada uno no es, entonces creen encontrarlas individualmente de maneras peculiares y desde esas soluciones que son engaños pierden la posibilidad de vivir en libertad y renuncian a ella a cambio de conseguir seguridades ficticias, eso no importa.

Si las mercancías y el estado del bienestar dan ciertas seguridades, aunque ahora se esté desconstruyendo lo alcanzado tras muchos años de lucha y angustia debido al empuje del sistema capitalista, al hombre le faltan otras seguridades que den respuesta a sus preguntas y a su angustia, la provocada por la profunda insatisfacción más allá de la satisfacción por las mercancías.

En las respuestas que buscan seguridad, antes creíamos que nos la iba a proporcionar la ciencia, se activan formas de fe, en realidad de una posibilidad que está en los individuos y rechazamos, la fe religiosa, porque pensamos que escapa a la razón y lo que hacen muchos es aceptar unas formas de fe más irracionales que les han dicho permiten obtener resultados concretos. No puede ser de otra forma dados los fundamentos irracionales de nuestra sociedad: el sistema es injusto, la depredación está en lo alto de la sociedad, el poder es venerado, el consumismo compulsivo como síntoma de la enfermedad de insatisfacción llena de carencias.

La ciencia tampoco nos da las respuestas que esperamos, a lo sumo nos permite entender mejor y hacer más, de otra forma. la postura del científico ante las preguntas vitales no es la ciencia, es su postura individual y, en general, el rechazo de la irracionalidad. No debemos confundir la ciencia con la filosofía de la ciencia, en ésta sí aparecen ideas peculiares que a veces dañan a la ciencia o a lo que se entiende por ella. Tomemos una postura individual de un científico preocupado por su mundo y por la dimensión social de su disciplina de conocimiento, está el rechazo de la irracionalidad, el deseo de ir hacia el futuro en libertad, aun considerando la explicación del hombre por el azar, desde no tener las respuestas. J. Monod dice que la "ambición última de la ciencia entera es fundamentalmente, como creo, dilucidar la relación del hombre con el universo"[38], en este sentido habla del mal del alma cuando los sistemas confusos de moral, ciencia, religiosidad, progresismo cientista y pragmatismo utilitarista están fuera del conocimiento objetivo, hostiles a la ciencia que quieren utilizar pero no respetar y servir[39]. Entiende que en el conocimiento está el valor supremo y la garantía de los demás valores y piensa en instituciones "consagradas a la defensa, a la extensión, al enriquecimiento del Reino trascendente de las ideas, del conocimiento, de la creación. Reino que habita el hombre... el hombre sabe al fin que está solo en la inmensidad indiferente del Universo de donde ha emergido por razones de azar. Igual que su destino, su deber no está escrito en ninguna parte. Puede escoger entre el Reino y las tinieblas"[40]. Se esté de acuerdo o no con eso, con concepciones, postulados, explicaciones, aun en la concepción angustiada del hombre, de su origen y de su fin, en la búsqueda sincera y por encima de todo en esa angustia está la razón, está la libertad.

La ciencia también la desvirtuamos en lo que de ella nos llega, lo mismo que en las demás ideas, información y mensajes. Recordando Monod el 2º principio de la termodinámica dice: "Es sin embargo legítimo considerar que uno de los enunciados de la teoría de la información, a saber que la transmisión de un mensaje se acompaña necesariamente de una cierta disipación de la información"[41]. Aunque referido a otro tema eso es aplicable a nuestro mundo, los mensajes se desvirtúan y nos aferramos a ello de manera irracional.

Si ahora tampoco creemos demasiado en la ciencia porque la habíamos vulgarizado y desvirtuado su mensaje, la seguimos utilizando como argumento en la creencia escéptica de que, tal vez, a pesar de creer menos en ella nos dará respuestas. Nos aferramos irracionalmente y es esa nuestra coartada para seguir igual y ahora decimos  que, aunque creemos menos en la ciencia, resolverá los problemas, no nosotros, una vez más hacemos dejación de nuestra voluntad. Si además sus aplicaciones en forma de avances técnicos, que solemos confundir con la misma ciencia, nos deslumbran constantemente, las mercancías, no necesitamos mucho más.

 

Sin embargo sigue faltando algo, hay gente que necesita el mito, el misterio, la magia, la superstición para explicarse y para justificar su propia dejacion, la del individuo.

Si la cultura popular reinventada, mitificada falsamente, convertida en mercancía y en fiesta enajenadora y de huida pero dogmatizada como verdad incuestionable tiene cada vez más adeptos en sus fiestas, teatralizaciones, etc. y la restauración de monumentos o de pretendidos monumentos se sacraliza y tras ello se reinventan historias antiguas, medievales en especial, en forma de órdenes de caballería, órdenes ocultas, místicas y todo lo que se quiera aparece una nueva fe, aunque sea de ratos de ocio, se trata de no oír el silencio. Tras esa nueva fe la vuelta al pasado tiránico que se pretende ignorar y no se ve en las organizaciones que emergen. Lo que aparece es una nueva seudoreligión con ritos, normas, escenarios, etc. sin religión. Eso atrapa a gente y parte de su ocio va allí, en eso está la necesidad de la relación con otros similares y la fabulación seudoespiritual, lo irracional una vez más. Las formas son las antiguas, la carencia de posibilidades de libertad, el dogma nuevo revestido de rito.

Es lo que en el rechazo de la religión tradicional que tampoco nos ha dado soluciones y respuestas, salvo en el dogma y por tanto en lo irracional pero con moral, se convierte en aceptación de sus modelos pero sin el contenido molesto, la moral. Aunque algunas sociedades occidentales han ido abandonando con rapidez las prácticas religiosas antiguas, de las religiones tradicionales que han tenido el monopolio de satisfacer las necesidades religiosas o las obligaciones religiosas por razones meramente sociales, en ese abandono también está el de su moral, más social que individual, cambiada por la influencia de los avances científico-técnicos. A pesar de ese abandono una parte importante de las sociedades occidentales afirma creer en Dios, no sabemos qué clase de Dios han inventado ahora.

La necesidad de satisfacer esa idea religiosa de la gente, confundida con superstición, lleva a la proliferación de sectas independientes o dependientes, se dan las dos, de organizaciones religiosas tradicionales. Se encauzan sentimientos religiosos irracionales y en ellos sus adeptos esperan obtener resultados prácticos inmediatos. No sólo sectas, cualquier organización o individuo que ofrezcan cierta idea de poder mágico en beneficio propio tienen mayor o menor éxito, no importa la falsedad. Son organizaciones relativamente pequeñas, más cercanos sus adeptos al ser elecciones de los individuos, aunque luego queden atrapados. Entregan su voluntad y huyen de la libertad.

Están los grupos y las recetas de lo que suele llamarse crecimiento personal, frecuentados por burgueses y burguesas aburridos, para decir que avanzan en su desarrollo personal, con individuos que les ofrecen lo que ellos llaman técnicas específicas, con antecedentes en peregrinas historias creídas por sus adeptos. son justificaciones para decir que se hace algo y no comprometerse con la propia vida y con la libertad real. Es otra forma de hacer dejación de la voluntad y de eludir la posibilidad de vivir en libertad.

Abunda la literatura de estos géneros y llama la atención por su debilidad en el razonamiento, es la de sus adeptos.

En ocasiones resulta difícil salir de la secta en que se está, ya sea por presiones directas, ya sea porque se convierten en un instrumento que siempre se necesita, siempre falta algo para acabar el desarrollo personal, siempre aparecen nuevas técnicas en grados superiores, etc. Se apoderan de las vidas de sus adeptos.

Lo importante es ver que ante una serie de insatisfacciones y necesidades de la gente ésta entrega su voluntad, sus posibilidades de libertad a organizaciones o individuos que prometen algo, con resultados concretos en el tiempo, y se revisten de seudomisterio, de sudomisticismo, de seudotécnicas, etc. Fanatismo, fe ciega, fe irracional para obtener algo a cambio de libertad. Siempre está el móvil económico.

 

 

En nuestra sociedad económicamente desarrollada conviven en los mismos lugares, en los mismos países, dos o tres sociedades diferenciadas: la propia de cada país con el nivel económico más alto y con derechos, la importante minoría propia del país de nivel económico bajo pero con las mismas características culturales generales y también con derechos, aunque con menor grado de cumplimiento; la tercera subsociedad es la de los inmigrantes, en aumento continuo por la llegada constante y por su mayor tasa de natalidad, entre los inmigrantes están los de características culturales próximas a las del país de acogida y los que son totalmente diferentes en cultura, religión, conducta social, moral, etc. Absoluta y relativamente los inmigrantes crecen más en número. Debe considerarse de este modo porque forman parte de la sociedad con independencia de cómo se les considere, su influencia es real. Son minorías con menos derechos aunque se acogen al estado del bienestar que encuentran y de los derechos posibles, mayores que en sus lugares de origen. El problema está en las minorías más diferentes que exigen lo propio aun en contra del país al que llegan. Se constituyen en sociedad independiente en la que implantan sus usos, propios de regímenes tiránicos, y son impermeables, buscan reproducir su sociedad y extenderla. Es una subsociedad teocrática, dogmática y antidemocrática. Es lo contrario a la libertad.

El hecho significativo de esta situación es que las sociedades europeas, débiles en diversos lugares, aceptan las imposiciones que reducen la libertad, en parte para evitar choques, pero los conflictos no los resuelven y quedan pendientes para el futuro. Veamos qué hay tras eso, la cuestión es: ¿Cómo es posible que nosotros, que decimos ser libres, aceptemos con normalidad en nuestra sociedad a otras subsociedades a las que concedemos nulos derechos políticos y al mismo tiempo que impongan en nuestra sociedad, que llamamos democrática, normas de obligatorio cumplimiento entre ellos que son un atentado directo contra la libertad?. Una sociedad que real y sinceramente se esfuerza día a día para vivir en libertad jamás puede aceptar una situación semejante que, además, tiende a agudizarse. Una sociedad que vive en libertad real es capaz de enseñarla con su sólo ejemplo y vida a quienes llegan y no la han conocido nunca, No sucede así en parte de nuestros países.

El problema es nuestro, nos han regalado el pequeño espacio de libertad política y de democracia formal que tenemos  y carecemos de conciencia clara de que esa falta de principios sólidos arraigados en la sociedad está suponiendo una disminución global de la libertad. Decimos que es su cultura para no afrontar un hecho que nos afecta directamente aunque de momento no lo veamos así. Influye el hecho de que la democracia no es un estado de la sociedad y no podemos involucrarnos en algo que no vivimos.

La historia que no nos interesa comprender nos enseña que en las distintas formas de invasión que ha habido de unas sociedades por otras, los invadidos, si eran o se creían más fuertes que los invasores olvidaban educar, por decirlo de alguna manera, a los invasores cuando llegaban gradualmente y a lo largo de muchos años y, al final,  esas sociedades desaparecieron en sus formas, organización, cohesión, etc. Antes, citando a Maquiavelo, decía que cuando una sociedad tiene arraigada la libertad real en su vida difícilmente se destruye. Aunque pueda parecer una ficción hacia el futuro, los problemas están allí, larvados pero reales; los problemas, en lo profundo, que aparecen son de falta de verdadera libertad en nuestras vidas. Nosotros esperamos que sean los profesionales del poder político y la tecnoestructura quienes nos resuelvan los problemas y eso no es posible y menos en situaciones que para resolverlas se necesita la actuación de la sociedad entera desde sus convicciones y su solidez.

Las sociedades que mentalmente han hecho entreguismo alegre o dejación inconsciente de su voluntad a los poderes profesionalizados creen que las subsociedades existentes en la suya son iguales y aceptan y defienden lo imposible. En la sociedad no hay debate y si existe se limita a repetir lo que se impone como correcto. No sabemos qué hacemos porque no hemos sido capaces de atisbar la libertad verdadera, tanto individual como social, la libertad total.

 

Cuando el sentimiento religioso o la necesidad religiosa no son fuertes las de satisfacer la necesidad son otras, la fe se fija en otros objetos, aunque sean efímeros, que se llenan de atributos, a un objeto de fe sucede otro similar al que se le añaden nuevos atributos.

El hecho se agudiza en nuestro mundo de imagen instantánea en el que ésta es todo , la imagen nos aproxima y familiariza con el objeto, la imagen es lo no real, lo virtual, pero es la imagen familiar e inaccesible en la realidad, nos queda el icono al que se admira, se imita y del que aceptamos sus valores, nos seduce y nos atrapa. En la fama está la inmortalidad en la que no se cree, no la vemos y la ciencia nos dicen que la niega, pero la necesitamos, nos es imprescindible creer en alguna clase de inmortalidad, aunque sea pasajera ya que sabemos que a un inmortal famoso la sucede otro. Deportistas, actores, cantantes, ricos, profesionales del poder, vividores, etc. En el camino desvirtuamos todo, la idea de arte, de ciencia, de sabiduría, etc. Enloquecemos fanáticamente ante ellos y seguimos no siendo. Volvemos a hacer dejación de nuestra voluntad y con ella de nuestra libertad.

Entregamos nuestra voluntad al líder político, al profesional del poder político que es nuestra solución o resolverá nuestros problemas o tiene o tendrá poder, aunque diga cosas extrañas comulgamos con él y creemos en él, nos extasiamos. La solución salvadora está en el líder político, en su partido político.

El líder económico, el dinero, lo máximo, poder sobre cosas y personas y creemos que en eso está la libertad. No importa si ha robado mucho o menos para ser millonario, si su dinero también procede del crimen directo o indirecto, es millonario y es lo máximo. La admiración es total. No le entregamos nuestra voluntad explícitamente, ya la posee por medio del dinero y lo sabe, nosotros lo sabemos y asentimos, ante él somos serviles.

Tras la imagen siempre están los medios de información. Éstos ayudan a encumbrar o a cambiar líderes de la clase y especialidad que sean.  Los medios de información, los solemos llamar de comunicación pero no nos comunicamos unos con otros realmente, en régimen de cuasi-monopolio deciden con frecuencia.

Cuando aumentamos nuestra tasa de fe irracional creemos en banderas, en nuestra ridícula nacioncilla que nos da privilegios frente a los distintos y nos hace sentir diferentes, pero no lo somos. Nos protege frente al mundo. La fe en la patria o en la nueva patria, tras ella la irracionalidad y en esta irracionalidad hacemos patria de todo: deportistas, equipos, personajes, profesionales del poder político, cantantes, vividores famosos, etc. , ellos son la encarnación viva de la patria, su éxito es el de la patria, nos hacen creer que somos el centro del mundo y el mundo nos mira y envidia. Al mundo le tiene sin cuidado salvo que la patria sea muy poderosa.

Nos desvivimos y vivimos por y para cosas, marcas con sus símbolos que nos diferencian, somos adictos y creemos en ellas, en sus atributos especiales, reales o no, es el fanatismo de las mercancías con marca, con identidad propia, nuestra marca, porque ya es nuestra, es nuestra identidad. Somos las cosas, nada más.

En este sinfín de líderes, dogmas religiones, imagen, marcas, banderas, sectas, ídolos, etc. perdemos pedazos de libertad, de la que nunca hemos tenido ni deseamos seriamente. Nos llenamos de atributos externos y huimos por todos los medios, todo para no ser. Todo nos atrapa, todo nos seduce y en cada cosa dejamos nuestra voluntad, dejamos nuestra libertad.

 

Tras todo eso es necesaria nuestra protección individual, mis derechos exclusivos, nuestros derechos.

Las sociedades occidentales han establecido infinidad de derechos individuales que tratan de proteger a la gente de algo, de alguien, de agresiones de una u otra clase procedentes de la sociedad, de nuestra propia sociedad, de nosotros; cuando no son derechos formales, los usos de determinadas sociedades, que por lo general están dentro de otra mayor, las obligaciones que imponen que sólo pueden cumplir algunos individuos de esas sociedades menores se convierten en derechos exclusivos.

Al explicar los derechos del hombre T. Paine dice[42]que en ellos están implícitas las obligaciones, en nuestro mundo eso no está claro, a lo sumo y en algunos casos las obligaciones consisten en el pago de dinero, porque también hay derechos sin pago y otros, también sin pago, que dan derecho a recibir cosas y también dinero.

 

Del primer derecho que habla mucha gente es del derecho a la vida. No está claro qué quieren decir, parece que a su propia vida, pero ésta es algo distinto a un derecho pues en nadie está nacer, en nadie, que sepa, ha estado haber nacido y haberlo hecho en una época o en otra, de un color o de otro, hombre o mujer, rico o pobre, en un lugar o en otro y, sin embargo, eso es causa para tener o no tener derechos. Tampoco, que se sepa, nadie ha evitado morir.

 Por lo general la gente se refiere a preservar y mantener la propia vida, algunos lo extienden genéricamente a los demás, a respetar la vida de cada uno, aunque lo de respetar no es un derecho sino una obligación de la propia vida, implícita en la misma.

Pero eso no es verdad en la realidad, antes hemos visto el inmenso gulag que es el país mundo organizado por las sociedades occidentales abusando de su superioridad técnica. Es una contradicción pues nosotros, directamente, cada día asesinamos a varios miles de hombres, mujeres y niños o los esclavizamos para que produzcan nuestras mercancías o para nuestro placer o los sobreexplotamos o los hacemos asesinar para, en nuestro derecho a nuestra exclusiva vida, poder alargar la nuestra o la de nuestros hijos comprando sus órganos a los comerciantes de dicha mercancía o no hacemos nada para erradicar enfermedades sabiendo que con un esfuerzo casi nulo desaparecerían muchas enfermedades de los países periféricos.

Nuestro derecho a la vida consiste en eso, en preservar la nuestra y asesinar cada año a varios millones, pero como decía Stalin son estadísticas.

Sí incluimos en el derecho a la vida el de los animales, sobre todo que no sufran, y el de las plantas.

En este nuestro derecho a la vida hay dos o tres puntos que han suscitado cierto interés y cierto debate entre grupos determinados, no en toda la sociedad, estos puntos son: la pena de muerte en los países en que ciertos delitos se castigan así, el aborto y la eutanasia, aparte los derivados de técnicas recientes como la clonación, elección de sexo para los hijos antes de nacer por los padres y otros.

Aunque la pena de muerte, establecida por leyes como castigo por ciertos delitos en algunos países, apenas existe en algunos estados de USA, esto en Occidente, y en numerosos países con otros planteamientos sociales distintos, es un hecho que suscita controversia cuando se aplica en USA o cuando ante determinados hechos, castigados con esa pena en ciertos lugares, en Occidente no son delito; en el resto de los casos suele ignorarse. Salvo los grupos contrarios del país, en USA sobre todo, cuando se protesta en Occidente suele ser una manifestación más del antiamericanismo militante en estos momentos. No puede tratarse ahora el tema ni puede separarse de la totalidad del concepto que tenemos del derecho a la vida que, como  hemos visto, es bastante hipócrita. Es innegable que tras la pena de muerte existe un concepto social con un trasfondo religioso arraigado en algunas sociedades, me refiero tan sólo a Occidente pues cuando los regímenes son teocráticos, como los islámicos, y en su religión se establece es difícil el debate.

Destacan, por cierta presencia en la sociedad, el aborto y la eutanasia, destacan por lo que hay tras ellos en nuestra idea de la vida y de nuestra vida en particular. Cuando están legislados las leyes eliminan la responsabilidad individual.

En realidad lo que hay tras esto es una idea determinada de la vida en la que influyen las ideas religiosas y la concepción utilitarista mayoritaria en nuestra sociedad de indiferencia vacía. El debate, de escaso interés general, no parte de una idea "vital" sino de lo placentero y satisfactorio, siendo éstos los valores dominantes la controversia es fría y unidireccional. El placer se concibe de manera bastante limitada lo que lleva a que no se consideren numerosas posibilidades de satisfacción profunda en los individuos, el placer se centra en lo que ayuda a nuestra huida de nosotros mismos, en raras ocasiones se plantea el gozo en la plenitud del hombre que lleva en sí muchísimo más de lo que desarrollamos y de lo que nuestra sociedad potencia.

El derecho a la vida que decimos no es tal en nosotros, lo planteamos como derecho a nuestro placer y a nuestra comodidad, lo que puede interferir pedimos que la ley lo regule para inhibirnos de nuestra responsabilidad por nuestros propios actos. La no regulación nos llevaría a mayor grado de libertad al asumir cada uno, individualmente las consecuencias de los propios actos.

Nadie discute las guerras, de las bastantes guerras que en este momento hay en el mundo no se habla, nadie protesta contra ellas o contra los que fabrican y venden armas, todo eso mata directamente la vida; sólo ha habido protestas contra USA por su guerra de Irak. Las guerras las aceptamos pero en ellas alguien mata a alguien con nuestras armas, como son tantas reducimos los muertos a estadísticas, cuando nos enteramos.

Nosotros no creamos la vida, la manipulamos y en la manipulación aparecen problemas éticos y estéticos, los primeros nos los resuelven los correspondientes expertos, los segundos los resuelve la sociedad ignorando lo que no le gusta o apartándolo.

 

Tenemos multitud de derechos, a subvenciones públicas sin obligaciones, por ejemplo: no cultivar la tierra o subvencionar la instalación de una industria que si el propietario la instala es porque sabe que obtendrá beneficios, etc. Derechos contradictorios, a tener cobertura para nuestro teléfono móvil y a negar las instalaciones para tener la cobertura porque nos han dicho que pueden producir enfermedades, pero exigimos las dos cosas.

Tenemos derecho a la sanidad, a la enseñanza, lo establecemos como derecho cuando es una obligación social.

Derecho a cosas, a mercancías, a servicios, a aislamiento, a practicar nuestra religión, ¿todas?, ya sabemos de algunos problemas no resuelto.

Derecho a la libertad, lo dice la Declaración de los Derechos del Hombre, pero no tenemos la obligación de entenderla en todos los demás, en todos, eso nos hace tiranos de la inmensidad de gente que forma parte de nuestro derecho a la libertad.

Tenemos derecho a que nos atienda la sociedad cuando tenemos un accidente aunque sea el resultado de nuestro derecho a ser temerarios, ese derecho donde sea, en la carretera, en la montaña, en el mar.

Por el mero hecho de haber nacido en un lugar determinado, en un estatus social y económico determinados, cosa en la que nosotros no hemos intervenido, tenemos una serie de derechos que no tienen los nacidos en otros lugares y condiciones. Presumimos de la Declaración de los Derechos del Hombre, pero no la hemos leído y si lo hemos hecho la reducimos a un lujo cultural no a una necesidad de la vida sobre la que decimos tener derecho.

 

Los derechos legales los establecen los profesionales del poder político atendiendo a las demandas de los ciudadanos o a lo que creen que exigen o a las modas que, muchas veces, no se sabe de qué son resultado. En España, por ejemplo, los profesionales del poder político han decidido dar por ley más derechos a las mujeres que a los hombres, tan sólo hay alguna protesta de algún "experto" situado fuera de los círculos del poder.

Los derechos no legales, con fuerza en la sociedad, en forma de usos exigidos los establecen las sociedades.

Los derechos del hombre son suyos, individuales, no colectivos. Tanto en la declaración francesa como en la de hace poco más de 50 años así se entienden, la lógica es total. Sin embargo, en momentos determinados y en algunos lugares, se ponen de moda los derechos de los pueblos como tales. En estos casos los que se apropian de la voluntad de muchos individuos se atribuyen la función de representarlos, los individuos hacen dejación de su voluntad en sus líderes. Esto es a cambio de ofrecer e ir poniendo en práctica ventajas para ese pretendido pueblo y ellos, los profesionales del poder político, perpetuarse en el poder.

Antes hemos recordado el ejemplo actual kurdo, los ejemplos europeos son claros, repúblicas que excluyen de derechos a gran número de ciudadanos procedentes de otros lugares, es el caso de los países bálticos o el de los Balcanes o el de regiones que pugnan por su independencia, entre otros lugares sucede en España. Ya hemos visto antes algo de lo que explica Fromm o rasgos que remarca Payne sobre el fascismo actual.

El resultado es que se construye una sociedad con todos los derechos para unos individuos, los que cumplen ciertas particularidades imposibles en otros como son: el nacimiento, la lengua minoritaria no única, apellidos, fidelidad expresa, rasgos raciales, etc. y aun así el derecho real a ocupar ciertos cargos públicos o semipúblicos no es igual para todos.

Se constituyen sociedades aglutinadas alrededor de agravios históricos que pueden ser de hace muchos siglos, siempre inventados y reinterpretados de la nueva historia, los agravios son antiguos y en la mitificación de la historia inventada se ensalzan personajes o hechos de la tiranía, se recupera la tiranía, pero eso no se dice o no se quiere saber, se recuperan banderas antiguas inexistentes del país mitificado desde la mentira, las banderas de hace siglos eran las de la tiranía, eran de los reyes o de nobles, sabemos su origen, los primeros países como tales las tienen desde hace poco más de 200 años, se fabrican nuevas patrias, himnos, movimientos radicalizados en su fanatismo que, a veces, imponen las nuevas formas por medio del terror, presiones a los distintos que les hace imposible vivir como los iguales adictos, enseñanza y educación en el odio al pretendido opresor de hace siglos, etc.

Hace más de 200 años, cuando la Declaración de los Derechos de la Asamblea francesa, utilizados y tergiversados por los nuevos amantes de la libertad y los derechos de cada uno de los hombres, los nuevos fascistas, decía T. Paine: "Pero cuando el principio, y no el lugar, es la causa energética de la acción, creo que un hombre es el mismo en todas partes"[43]. Cuando reina la libertad en una sociedad sólo se desea que cada uno de los hombres que en ella son viva en libertad sin distinción o condiciones, sólo por el hecho de ser hombre.

Citando a J. Dewey dice E. Fromm: "La amenaza más seria para nuestra democracia -afirma- , no es la existencia de los Estados totalitarios extranjeros. Es la existencia en nuestras propias actitudes personales y en nuestras propias instituciones de aquellos mismos factores que en esos países han otorgado la victoria a la autoridad exterior y estructurado la disciplina, la uniformidad y la dependencia respecto de El Líder. Por lo tanto, el campo de batalla está también aquí: en nosotros mismos y en nuestras instituciones"[44].

Un país sólo puede vivir en libertad cuando sus ciudadanos, uno a uno son capaces de vivir en libertad, cuando es un estado de la sociedad como resultado de lo que viven y de cómo lo viven cada uno de sus miembros, cuando los "Derechos del hombre y del ciudadano" existen y están vivos y la gente, los hombres los tienen asumidos y forman parte de su vida diaria. Lo otro ya sabemos hacia dónde va.

 

Los numerosos derechos individuales, de cada uno frente a todos los demás, sin obligaciones nos aíslan del resto de la sociedad, nuestros derechos los planteamos frente a ellos no con ellos. La inexistencia de obligaciones nos exime de responsabilidad ante ellos, ante la sociedad. En definitiva nos priva de libertad pues ésta sólo puede darse en sociedad y lo que nosotros hacemos es compartimentar la sociedad, la fragmentamos, la desvertebramos.

 

En la idea inicial de libertad se consideran la omisión y la responsabilidad, ésta es ante los demás, ante la sociedad. Esto es incompatible con la actual ideología y actuación en la sociedad que es el utilitarismo individualista.

Empecemos por entender la responsabilidad recordando, tal como actuamos, que no nos consideramos responsables por nuestra actuación colectiva. La responsabilidad no es más que la capacidad que tenemos para reconocer y aceptar las consecuencias de nuestros actos y de nuestro no actuar, cuando pudiendo y debiendo actuar no lo hacemos, esto se supone que se decide libremente. Las cuestiones son cuándo debemos actuar pudiendo hacerlo o no hacerlo y cuándo se entiende que es libremente.

No parece que nosotros tengamos capacidad para aceptar las consecuencias de nuestros actos, lo mismo individuales que colectivos. Hemos visto antes nuestra irresponsabilidad ante el inmenso gulag que nosotros hemos organizado, nosotros, los del Occidente desarrollado económicamente, de derechos individuales, de libertad para elegir entre diversas mercancías, no es otra la que tenemos y no deseamos más, sólo la libertad para actuar para nuestro beneficio y para nuestro placer.

Eludimos la responsabilidad individual. Tenemos formas para hacerlo, una de gran éxito ante situaciones más o menos comprometidas, la obediencia debida cuando nuestros actos dañan a otros. en ella nunca hay libertad, siempre hay alguien que domina y siempre los dominados lo aceptan y valoran pues les exime de responsabilidad. pero el que manda tampoco actúa desde la libertad, ya sabemos que eso no es posible. Esto da lugar a situaciones más o menos tiránicas en gobiernos, en empresas, en familias, en grupos de gente. En ocasiones, el mandado, si no obedece, corre el riesgo de sufrir algún daño por no dañar a otros o por seguir lo que su razón recta, su conciencia, su sentido de la justicia y de la libertad le muestran. La historia está llena de ejemplos, antes ya hemos recordado los miles de Hitler necesarios o los miles de Lenin o de Stalin o de Franco o.. Hay otros ejemplos conocidos: Sócrates coherente fue condenado a muerte, Tomás Moro lo mismo y cientos más, en estos casos fue por seguir los dictados de su razón, sentido de la libertad o de la justicia por lo que fueron condenados.

Lo contrario, la obediencia debida llevada hasta sus últimas consecuencias: el exterminador profesional en un campo de exterminio, aunque no le entusiasme sabe que si no cumple las órdenes puede acabar en el otro lado del campo, podría él mismo ser exterminado por otro exterminador más obediente y, decide salvarse, obedece; o las checas o los lugares de tortura actuales con torturadores profesionales que disfrutan con su trabajo, lo mismo que muchos exterminadores, se sienten con poder sobre las vidas de otros. En casos extremos el torturado depende del torturador y se establece una relación emocional, otra forma de enfermedad relacionada con la de poder.

Los fieles empleados de empresas, los duros capataces que esclavizan a miles, millones de trabajadores-esclavos, no legales pero reales. Es la misma manifestación enferma de poder, como es todo poder, enfermedad. Es una enfermedad peligrosa socialmente pero venerada por la sociedad.

Un ejemplo reciente. El juzgado de lo Social nº 2 de Pamplona, en España, el día 2 de julio de 2.004 emitió una sentencia que, entre otras cosas, decía: "Ha actuado con total lealtad y fidelidad a la empresa", más adelante: "Se limitó a cumplir órdenes", ésta es la justificación para fallar a favor de un empleado que demandó a la importante empresa en que trabajaba que para lavar su imagen le había despedido. Ese empleado había sido designado por la empresa para pagar, el día 25 de noviembre de 2.001, 37 millones de pesetas a ETA en concepto del llamado impuesto revolucionario.

Hay que destacar algunos puntos: el hecho se produce en la sociedad vasca, aunque este hecho sea en Navarra, liderada por partidos políticos que aceptan distintos grados de terror para alcanzar la independencia y ante el que la mitad de la sociedad, la no amenazada que es la llamada nacionalista, sonríe condescendiente ante las amenazas, chantajes, asesinatos y menos derechos, algunos establecidos por ley, otros impuestos por su gobierno y otros establecidos por los usos sociales, que sufren los no nacionalistas o no independentistas.

Es reveladora la mentalidad de los jueces y su forma de entender la libertad en lo que permite vislumbrar la sentencia. Había otras formas de explicar la razón del empleado leal y fiel que vive en esa sociedad. Lo serio de la sentencia es que sin necesidad justifica la no responsabilidad de los actos de alguien, justifica la tiranía suave en las formas.

Al final de la película que en España lleva por título "Vencedores o vencidos", dirigida por S. Kramer y que cuenta algo del juicio de Nuremberg a los responsables nazis apresados, la explicación que da el juez norteamericano a quien condena, que pretende ser inocente escudándose en la obediencia debida, se limitaba a cumplir órdenes, es clara: "Cada hombre es responsable de sus actos". Esa idea de libertad no admite como atenuante la obediencia debida, la no responsabilidad por los propios actos. Nuestro juez de Pamplona admite como normales las actuaciones sin libertad y, por tanto, sin responsabilidad. La tiranía.

Una vez más es el reflejo de unas gentes que ni han luchado ni han ganado colectivamente lo que ahora llaman su libertad, pero no saben lo que es.

 

Una sociedad como la nuestra no tiene conciencia de las consecuencias de sus actos ni de sus omisiones, no es responsable, colectivamente, de sus actos. Antes hemos visto que la institución más persistente en el tiempo, la más antigua y la de mayor importancia por sus consecuencias sociales es la depredación humana por ella el sistema económico y social tiene como fundamento la injusticia y por tanto la falta de libertad verdadera, a partir de esto todo lo demás: que nosotros, hoy, cada día desde hace muchos años ponemos en marcha un inmenso gulag para nuestro exclusivo provecho, que somos individuos con numerosos derechos y pocas obligaciones, que hemos construido un sistema político al servicio del poder en sí, que cada día fortalecemos un sistema económico que impregna a la sociedad de sus valores y un sinfín de hechos injustos.

Pero nosotros no tenemos conciencia de las consecuencias de nuestros actos y de nuestras omisiones, pues permanecemos totalmente pasivos cuando vemos lo que la sociedad, nosotros, hace. Es nuestro derecho que garantiza nuestra libertad  que se manifiesta en libertad de elegir entre mercancías y libertad para nuestro placer individual. Nuestro no actuar es cosa social, en toda la sociedad diluimos nuestra responsabilidad, logramos que no exista.

En las matanzas colectivas, en los genocidios se involucra toda la sociedad y su crimen y su culpa se diluyen en el crimen y en la culpa de todos. Lo hemos visto en la historia. En nuestro caso sucede lo mismo, al estar involucrada la sociedad entera y al haber establecido derechos exclusivos sin obligaciones, la culpa de toda la sociedad no existe, el crimen de toda la sociedad, real y verdadero se ignora; en nuestro caso al tener el objeto principal de nuestro crimen alejado en el espacio no es necesario que miremos a otro lado, nada nos recuerda lo que hacemos. Y nosotros negamos, no aceptamos las consecuencias de nuestros actos y menos aun las omisiones, nos llenamos de razones. Nos creemos libres, estamos convencidos de ello.

 

Las consecuencias de nuestros actos y de nuestras omisiones son un daño para otros o un bien. El daño que hacemos al otro y el bien que le hacemos. La justicia verdadera, la inexistente en nuestro mundo, nos da la pauta, la justicia que nos hace a todos iguales, la justicia que a nadie quita nada, que a nadie oprime y que evita la opresión y que impide que quiten a la gente lo suyo, no me refiero a mercancías, hemos intuido que la propiedad privada de recursos naturales o del capital es injusta.

La justicia, la responsabilidad por actuar y por no actuar que está en la base de la libertad, necesariamente conduce al bien común. No dañar a otros en lo suyo, no dañar a la sociedad en lo suyo y tener la necesidad de hacer y de vivir en sociedad chocan frontalmente con nuestro mundo utilitarista.

Los economistas ortodoxos que razonan a partir de lo que hay en la sociedad sin que intervengan juicios de valor, cosa bastante difícil, establecen la justificación de su razonamiento a partir de lo que llaman la utilidad, la satisfacción de las necesidades, suponen que la gente nunca está satisfecha y siempre desea consumir más mercancías, ellos las llaman bien, y además en la actuación nunca se puede perjudicar a otro que ya tenga un nivel de utilidad, de satisfacción, de consumo, el que sea.

El célebre mercado en su esencia, sin intervención gubernamental o de la UE, no es más que la forma social, que se ha dado en llamar civilizada, del choque de egoísmos que fomenta el sistema. Es lo sacralizado, el todopoderoso mercado, el ambiguo mercado, el etéreo mercado es lo que justifica las desigualdades, las injusticias y en el mercado laboral las atrocidades de la llamada globalización.

Dicho con mayor claridad, es la justificación "científica" de la injusticia y del disparate, como además se empeñan en hablar de la neutralidad de la ciencia, todo queda resuelto.

 

La justicia conduce al bien común, la libertad real, que sin justicia verdadera no es tal, lleva al bien común. Desde estos supuestos definir el daño de manera racional es la consecuencia.

El bien común es difícil imaginarlo hoy con las instituciones existentes, con los valores y conductas que se dan en nuestra sociedad.

En la idea genérica de bien común reinan la libertad individual y la libertad social, parte del respeto total a cada individuo y del beneficio social. A partir de saber para qué queremos la libertad puede ser más fácil el acercamiento al bien común.

Al utilitarismo individual de provecho propio y exclusivo sin responsabilidad se opone la utilidad social basada en la justicia y en la libertad y, por tanto, en el desarrollo de las potencialidades de cada uno que adquieren pleno sentido en la sociedad, en la relación con los otros, aceptando, además, que en la actuación racional no está infligir daño a otros, la actuación en libertad sólo puede dirigirse al bien común.

Se pueden plantear docenas de cuestiones sobre todo esto, no es posible entrar en esto ahora.

Todo requiere que el hombre, que tiene en sí parte de ángel y parte de bestia y también la capacidad para razonar que le conduce rectamente, sea capaz de educar y entender racionalmente lo que lleva de bestia que es precisamente su parte irracional, cuando actúa la bestia, lo irracional sabemos qué consecuencias tiene, el disparate.

Entender con la razón y con el corazón, no reprimir sino comprender, nos permite avanzar. Nuestra sociedad que no entiende con la razón ni con el corazón, para seguir otorgando derechos reprime y elimina las manifestaciones de algo profundo que no sabe qué es, no es capaz de entender. No puede resolverse un problema sin entenderlo, es el primer paso, no es suficiente la descripción, es necesario entenderlo, entender lo que el hombre lleva en sí, lo que tiene en él, entender lo que la sociedad engendra y arrastra dentro de ella, entender, tener claridad sobre lo que somos y tenemos.

El bien común quizá nos acerque a la ciudad ideal que otros han imaginado, a la república ideal, a Utopía y a cuantas utopías han pensado los hombres o, tal vez, a más allá de la utopía.

Al pensar en el bien común y actuar en esa dirección aparecen otras facultades del hombre, Leibniz dice: "... el que ama busca su satisfacción en la felicidad o perfección del objeto amado y sus acciones"[45].

En la posibilidad de actuar que es la libertad vemos que para su desarrollo en la sociedad sólo puede ser lo dicho.

Cualquier actuación desde según qué otros supuestos no será desde la libertad y se confundirá, como sucede ahora, con poder, con utilitarismo, con búsqueda de la exclusiva satisfacción y placer, con todo lo que llamamos libertad en nuestro engaño.

A partir de la idea de responsabilidad que está en la libertad, todo lo visto antes toma otra dimensión y se ve irracional, a partir de la responsabilidad también por aquello que omitimos y podemos hacer nos vinculamos a toda la sociedad y somos responsables por no evitar daño a otros pudiendo hacerlo. La dilución de la responsabilidad en la que vivimos pone en evidencia, una vez más, nuestro sistema de valores y de actuaciones y de no actuaciones.

La omisión responsable significa, pues, la aceptación del daño que podemos evitar. En la libertad social no encaja hacer daño pero tampoco la injusticia; cualquier omisión dañina supone injusticia, la libertad no puede tolerarla sería un atentado contra ella misma.

El simple replanteamiento de muchos de los puntos que han salido aquí a la luz de la responsabilidad que conlleva la libertad, nos debe, cuando menos, hacer dudar de nuestras seguridades u de nuestros temores en un mundo lleno de incertidumbres. La no duda es dogmatismo.

 

Hemos visto ligeramente algunos factores que conciernen a la libertad social y a la carencia de libertad social. La depredación, la política, la justicia,...

Posiblemente una institución como la justicia, la verdadera justicia, sea la base para construir un mundo para el hombre. La historia que negamos nos enseña miles de hechos de las sociedades totalmente injustos y que ha habido unos pocos hombres aislado que han aportado grandes cosas a la humanidad, ésta permanece aunque, a veces, la luz de esos pocos hombres se oscurezca.

La permanente injusticia social no puede perpetuarse hasta el infinito, las sociedades reaccionan, en muchas ocasiones no saben cómo ni hacia qué, pero cuando están construidas sobre la injusticia no pueden encontrar la paz, la armonía, la convivencia. Un sistema basado en la injusticia tardará mil o diez mil años en encontrar solución, la vida en su conjunto y en su totalidad es más poderosa que cualquier sistema, no olvidemos que las sociedades están en la vida, pertenecen a ella, un sistema injusto no puede ser eterno, la vida reacciona, las sociedades reaccionan, no sé si para construir un mundo justo o para destruir un mundo que ha tenido y sigue teniendo de momento y a pesar de sus disparates todas las posibilidades para que verdaderamente sea el mundo del hombre.

 

 

Libertad individual.

Todo lo dicho hasta ahora carece de sentido completo si nosotros no sabemos para qué queremos la libertad, para qué cada uno individualmente deseamos vivir en libertad, ya no se trata de la libertad social, siendo fundamental e imprescindible, sino de la de cada uno, de la mía.

 

En octubre de 1.920 una delegación del PSOE visitó Moscú, hacía poco tiempo de la revolución rusa y no se tenían noticias del Gulag que empezó al principio del año 1.918, uno de los miembros de la delegación, Fernando de los Ríos, preguntó a Lenin por la plena libertad para los sindicatos, la prensa y los individuos, la respuesta de Lenin, extendiéndose sobre varias consideraciones acerca de la dictadura del proletariado acaba así: "Sí, sí, el problema para nosotros no es de libertad; respecto de ésta siempre preguntamos: Libertad, ¿para qué?"[46]. Fernando de los Ríos no respondió. Hoy los partidos políticos tampoco saben responder, son organizaciones cuyo fin es el poder y no propiciar condiciones de libertad social. Hoy la sociedad tampoco responde, ni aun siquiera se hace la pregunta: "Libertad, ¿para qué?", pues cree que ya vive en libertad. Los intelectuales de la época y de épocas posteriores, que influyen en la gente, tampoco contestaron a la pregunta, hoy no sé si lo hacen.

Nosotros tampoco sabemos para qué queremos la libertad, en algún momento decíamos aspirar a ella, a las libertades, pero nosotros, cada uno, en general, no sabemos qué es vivir en libertad porque no sabemos para qué.

 

Lo que el hombre lleva dentro de sí, facultades y fuerzas según algunos "El ser espiritual del hombre presenta tres fuerzas fundamentales: el pensamiento, el sentimiento, la voluntad"[47], el hombre lleva valores de distintas clases: éticos, estéticos, religiosos,... el hombre posee facultades, posibilidades diversas a desarrollar a partir de las fuerzas que él mismo posee y de los valores que están en él. Según cómo encauce y utilice sus fuerzas, sus valores, sus facultades su propio desarrollo irá en una dirección o en otra. El hombre puede pervertir sus fuerzas fundamentales y sus valores, está en sus posibilidades de libertad. Actuar rectamente es difícil a veces, pero la razón recta lógica, el entendimiento claro sin fisuras ni engaños, sincero, libre es una guía que tenemos, una razón abstracta, libre y universal. Cuando se pervierte algo de todo lo suyo, la razón del hombre lo sabe, pero no lo quiere admitir o no le interesa admitirlo.

Las facultades, acordes con las fuerzas del ser espiritual del hombre, nos permiten desarrollar nuestras potencialidades complejas, ricas y sin límites conocidos. Las posibilidades están en todos.

Libertad para acceder al hombre, para construir el hombre.

Fuerzas, valores, facultades, posibilidades y la libertad para actuar en el mundo y para ser hombres en el mundo, donde nosotros estamos, aquí, no en la otra vida o cuando el mundo haya construido una sociedad perfecta, nadie sabe si eso es posible o como puede ser. Nosotros vivimos aquí, hoy, nuestras potencialidades están todas en nosotros hoy y aquí, libertad para ser hombre.

Posibilidades, todas, la de amar, la idea citada de Leibniz puede aceptarse, cuando eso se pervierte por numerosas razones aparecen las posibilidades de la bestia que también están en el hombre; el amor se convierte en odio, en egoísmo, en posesión, en placer simple, en egocentrismo, en egolatría, en codicia. La razón lo sabe, la razón libre.

No es un discurso de valores morales o éticos, tan valor es el amor como el odio, tan valor es la venganza como el entendimiento y el perdón, tan valor es la justicia como la injusticia.

La posibilidad de fe está, de fe lógica, racional, también de lo contrario, de fe fanática de religiones estructuradas, con dogmas y como tales irracionales, todos, moral que imponen los intérpretes del dios desde su arbitrariedad, todos. Fe en mitos, banderas, ídolos, ideales irracionales y disparatados, ídolos-imagen vacíos de contenido y de lógica pero seguidos y adorados. lo irracional una vez más. La razón libre lo sabe.

La imaginación capaz de transformar el mundo cuando está impulsada por la libertad, el amor o la fe racional, cuando se vicia y pervierte se convierte en destrucción y opresión. La razón libre y universal sabe todo eso.

La facultad que tiene el hombre de actuar y la responsabilidad ante otros, ante la sociedad y ante su propio sentido de la justicia y de la libertad, ante su razón libre.

 

Libertad, ¿para qué?, se preguntaba Lenin, libertad para hacer lo propio de cada uno, libertad para construirnos como hombres.

 

Hacer lo de uno sin dominar y sin ser dominado, sin opresión y sin oprimir, el único límite el de la razón libre y universal que nos enseña a respetar, a no dañar, a actuar para ser hombres enteros, completos, totales en el mundo, para ser el hombre desde sus desconocidas e inmensas potencialidades, desde, en palabras de B. Russell su "potencialidad divina".

No es posible entender la libertad de otra forma, en otro caso estamos muertos en vida, vegetamos, estamos y no somos.

La justicia verdadera establece la igualdad entre los hombres, las condiciones; la libertad nos impulsa a ser sin más limitaciones que las dichas: el otro también en su libertad que es la mía, todos en nuestra libertad.

Hacer cada uno lo suyo según sus dones, sus capacidades, su inteligencia. Entre todos es la sociedad integrada, no falta nada en ella, es completa y de todos y cada uno la libertad, las posibilidades sociales.

No es imposible ponerse de acuerdo, si el sacralizado mercado regula los egoísmos de la gente, el quehacer de los hombres dirigido hacia el común, que es donde se encuentra la libertado social, se organiza en armonía porque la libertad sólo es posible en el bien común.

 

Los pensadores y los filósofos han explicado y razonado sobre estas y otras cosas, han hablado de la libertad, del hombre, del ser,... con distintos enfoques desde Grecia, Sócrates y Platón nos enseñan que el hombre debe construirse sobre la sabiduría, algunas constantes de Platón, que enseña muchas cosas, son que la construcción del hombre debe hacerse sobre lo verdadero, lo bueno y lo bello. Con Aristóteles la línea de reflexión cambia, en cierta forma esboza la idea del conocimiento científico. Una línea no excluye a la otra, la ciencia, manifestación humana que intenta descubrir leyes de funcionamiento del mundo, del universo o con las palabras de Monod: "dilucidar la relación del hombre con el universo", en realidad intenta descubrir lo que ante lo que se ignora se llama azar y reducir los límites del mismo. A partir del fuerte desarrollo científico de los últimos dos siglos tras los inicios anteriores de Galileo que de alguna forma inaugura la ciencia moderna o desarrollos de su época como los de Kepler, el planteamiento y la concepción del hombre son otros. La utilización de la ciencia ha seguido una dirección y sus aplicaciones, con un desarrollo técnico excepcional, y los cambios que han supuesto en todos los órdenes de la vida del hombre nos han llevado a olvidar lo que creo es la principal tarea del hombre,  a la que la ciencia puede y debe contribuir desde lo que realmente aporta, construirse como tal: ser hombre.

Para esta tarea es fundamental la libertad, sin ella no es posible; libertad: actuar, hacer con responsabilidad sin más límites que los indicados antes, Nuestras sociedades no viven en libertad real, en unas hay menos libertad social que en otras. Nosotros tenemos desde hace años la posibilidad que no se había dado antes, los avances están allí, a pesar de las críticas a diversos aspectos, pero esos avances no sabemos aprovecharlos porque no tenemos claro qué es la libertad ni para qué la necesitamos. Debemos empezar por ganar nuestra verdadera libertad individual y construir la social, no lo veremos nosotros pero debemos intentarlo, recordemos: "la evolución de la vida es la evolución de la libertad"; hoy, nosotros tenemos posibilidades individuales de verdadera libertad que somos incapaces de ver y de desarrollar.

 

La libertad, tal como durante siglos nos hemos organizado y convivido los hombres, no es una facultad de nuestra sociedad con la que cualquiera que nazca en cualquier lugar se encuentre ya desarrollada y sea lo natural en nuestras sociedades, no lo es porque tampoco está en los individuos. La libertad hay que conseguirla y para ello es necesario saber qué es y para qué y, si esto se tiene claro, desearla con verdadera pasión desde lo más hondo del alma. En este sentido es una de las pasiones más fuertes que puede tener el hombre, hay otras. Pero es pasión en unos y engaño en otros.

Los pensadores de lo postmoderno dicen que el hombre de hoy es muchas cosas, entre ellas: indiferente, extraño al desencanto, que no cree en los metarrelatos y que no espera soluciones salvadoras, además de individualista, hedonista y unas cuantas cosas más, que sólo exige eficiencia a los políticos, referida a sus propios intereses. Rara vez hablan de la libertad; aunque no lo explicitan vienen a decir también que al hombre postmoderno le falta pasión profunda. La pasión del hombre moderno la entendió hace 100 años M.Weber al criticar el afán de lucro que describe como "pasión agonal" y ya ve al hombre sin espíritu y sin corazón, hedonista y cree, ese hombre, que es lo máximo alcanzado y alcanzable por el hombre[48].

Sin embargo sabemos que tras el lucro de unos está la miseria de otros muchos, es la confusión de libertad con el poder, con el dinero y, en su nombre, el derecho a llevar a la miseria a los otros y a vivir de su miseria.

Es la pasión del hombre actual que se llena de vacío al conseguir más mercancías o más riqueza o más placer y sólo puede olvidarlo en la pasión vacía, sin pasión de necesitar siempre más.

La pasión es insaciable, la diferencia entre la pasión del hombre por la libertad p por el amor y la del hombre por poseer mercancías está en que en el primer caso el hombre se construye como tal y es en sí y en el segundo el hombre desaparece y es sustituido por las cosas, por las mercancías. En el primer caso el hombre no se llena de atributos externos sino de sí, de sus "potencialidades divinas" y entonces empieza a ser él, empieza a ser hombre; en el segundo caso el individuo se llena de atributos externos y sin ellos no se siente, no vive, no saber ser porque no es, sólo sabe estar.

La pasión por la libertad, por hacer lo propio, por ser hombre, ésta es la que nos falta, la que no tenemos, la que nos podría llevar a la rebeldía y decir no a un mundo castrador, al mundo de lo ficticio y de las falacias, al mundo de la injusticia generalizada y decir sí a la necesidad vital de ser, de actuar en el mundo, de necesitar vital y profundamente un mundo justo, un mundo en libertad, un mundo para la sociedad, un mundo para el hombre. Es la rebeldía que dice no al mundo de las cosas por las cosas y dice Sí al mundo completo del hombre.

Para eso necesitamos saber para qué queremos la libertad.

La libertad para hacer cada uno lo suyo en la que necesitamos al mundo, a la sociedad, no la desintegración de la sociedad actual del vacío y del individualismo. Necesitamos el mundo porque el hombre solo, sin el mundo no existe, no tiene razón de ser, no tiene sentido.

La libertad sólo es posible en el mundo y con el mundo, en la sociedad y con la sociedad. Entonces tiene sentido vivir la pasión por la libertad. Nunca se agota porque no sabemos los límites del hombre en su plenitud.

 

Nuestra vida, la experiencia en la vida muestra nuestras insatisfacciones y nuestras formas de huida. No nos engañemos una vez más, nuestra pretendida satisfacción es falsa, además de las mercancías y el placer buscados compulsivamente necesitamos más drogas, legales o no, para aguantarnos. Los datos de cualquier país de los que llamamos avanzados nos dicen que más de la mitad de la población consume fármacos de una u otra clase, incluye las drogas legales, que casi la cuarta parte padece insomnio, que cientos de miles dependen del alcohol y unos cuantos más de las drogas ilegales, eso sin contar las no incluidas en las anteriores como son los medios de información, de imagen, de sonido incesante que son totalmente enajenadores, casi cuatro horas de televisión por persona, observemos qué nos cuenta la televisión, y así hasta donde se quiera; derecho a las vacaciones y ansiedad ante ellas y, a veces, estrés cuando se acaban, los de nuestro enorme gulag no tienen vacaciones.

Es la evasión constante, jugar roles sociales, cargarnos de atributos externos, llenarnos de dogmatismo. El dogmatismo es parte de nuestra necesidad y de nuestra defensa, se da en nosotros cuando somos incapaces de dudar, cuando nuestro conocimiento no es nuestra relación con el objeto del mismo, los objetos nos son dados, los valores también, existen y eso es todo[49]. Es la sociedad pero somos nosotros, cada uno, quienes vivimos. Nos han dicho qué es la libertad, nos viene dada así, creemos tener libertad porque nos han dicho que es lo que tenemos, es la libertad posible, es la única entendible, nuestro dogmatismo nos hace creerlo ciegamente, irracionalmente así y eso es perfecto para nuestro utilitarismo, para nuestros derechos, para nuestro sistema social y económico. Todo nos es dado, todo existe, eso es todo. Lo que llamamos nuestra libertad es nuestro dogma sobre ella, nadie duda, nadie se rebela.

Nuestra pasión no es para alcanzar nuestra libertad es para huir. Nosotros huimos siempre, es una de las cosas que mejor hacemos. Las cosas que nos seducen, el placer del instante se agota y necesitamos más, sin límites, hasta que nos destrozamos y nos destruimos en la huida. La enfermedad que nos produce no atender a la razón aparece con virulencia, la apartamos de nuestra vida y nos hundimos en el vacío, enfermamos nos apartan, envejecemos solos, construimos lugares para acabar, sólo para eso. Lo justificamos por el sistema.

Vivimos en libertad ficticia, nuestras vidas enteras nos lo muestran, no lo vemos.

Libertad para hacer lo propio, lo de cada uno en la sociedad, en el mundo que necesitamos. No hacemos nada. Los pocos que hacen, las pocas sociedades que hacen, no tienen móviles sociales de lo propio del hombre aunque hagan hombres, no son móviles de libertad, sus móviles so de poder, de riqueza.

Libertad para hacer lo que cada uno tiene que hacer. Lo que cada uno tiene que hacer: nuestro trabajo para nosotros y para una sociedad injusta, nuestro ocio, nuestro placer, nuestra satisfacción. Sabemos a qué nos lleva. Lo que uno tiene que hacer, tal vez ser hombre.

 

Vivimos en una contradicción. Sin hombres en libertad las sociedades no viven en libertad. Sin sociedades en libertad el hombre no puede vivir en su libertad plena.

Las sociedades no adquieren por sí solas unos valores, unos usos sociales, unas formas de organizarse; los adquieren cuando sus miembros, uno a uno, los poseen, cuando se van transformado y en el cambio sus miembros asumen lo que  llega o cuando empiezan a rechazar lo existente porque no les sirve.

Las anteriores palabras de Marx explican algo: "No es la conciencia de los hombres lo que determina su existencia, sino que por el contrario, su existencia social determina su conciencia", así es en nuestra sociedad y en todas las sociedades, en aquellas en las que los hombres no viven en libertad, pero desde la libertad sí es posible que el hombre determine su propia existencia social. La verdadera libertad en su acción consciente, coherente, racional puede permitir construir sociedades para el hombre y regidas por la razón de los hombres.

Sólo pueden construirse sociedades verdaderamente libres a partir de hombres que vivan en libertad, pero la libertad de cada uno, tal como son las sociedades, es necesario ganarla, trabajarla, amarla profundamente.

Aunque nuestras sociedades no propician la verdadera libertad no pensemos por ello que nosotros, cada uno, no podemos vivir en libertad. A pesar de que las condiciones no son las óptimas tenemos la suerte y la ventaja sobre otras sociedades, tanto de otros lugares como del pasado, que las nuestras ofrecen mayores posibilidades y con menor opresión que en el pasado o que en otras sociedades de nuestro mundo.

Lo difícil es comprometerse con la propia libertad, desear vivir en libertad. Para ello es necesario saber qué es la libertad y para qué la deseamos. Vivir en libertad, es necesario amar profundamente la vida.

Nosotros tergiversamos su sentido, el de la libertad y el de la vida, de la nuestra. Buscamos una idea aceptada por la sociedad que se ajuste a lo que hacemos y nos justifique, que se ajuste a cómo vivimos, a cómo estamos en el mundo, pero no a lo que somos. La verdadera libertad no la conocemos, la negamos y nos negamos.

Vivir en libertad. Vivir. La pasión por la libertad surge de la pasión por la vida, del amor a la vida, a toda la vida. Recordemos una vez más: "la evolución de la vida es la evolución de la libertad". Pero la vida, compleja, asombrosa, inabarcable, infinita, en la que somos cada uno con todo lo que tenemos empieza para cada uno en ese todo propio.

Nosotros, en nuestra sociedad de derechos, reivindicamos el derecho a la vida como si la vida fuese una cosa más, pero únicamente la que nosotros tenemos sin saber por qué. Más allá del derecho a la vida está el amor a la vida, a toda la vida, a la nuestra y si es amor verdadero a nuestra vida necesariamente lo es a toda ella, no es posible de otra forma. Vayamos a  Platón: "Pues esta es justamente la manera correcta de acercarse a las cosas del amor... terminar en aquel conocimiento que es conocimiento no de otra cosa sino de aquella belleza absoluta, par que conozca al fin lo que es la belleza en sí"[50]. El diccionario define así el amor: "Sentimiento que mueve a desear que la realidad amada, otra persona, un grupo humano o alguna cosa, alcance lo que se juzga su bien, a procurar que ese deseo se cumpla y a gozar como bien propio el hecho de saberlo cumplido".

Libertad, facultad de hacer o no hacer con responsabilidad. Mis límites están en el daño al otro, sus límites están en el daño a cada uno, si es así, en libertad es inconcebible el daño, es hacer en el mundo lo de cada uno sin daño. Hacer sin daño no es indiferente, hacer sin daño es hacer el bien, no es indiferente porque a la sociedad cualquier acto de cualquiera de sus miembros le afecta, le concierne y la transforma. Hacer lo propio sin daño, mis límites, hacer el bien, la libertad: hacer lo propio y el quehacer de los hombres en libertad sólo puede ser el bien común. La razón nos marca el sentido de la justicia. Hacer el bien. Lo que antes decíamos del amor. La belleza absoluta que nos recuerda Platón.

Al final la libertad para ser.

 

La sociedad lo permite, uno individualmente puede vivir en libertad, siempre falta algo, lo que falta es la sociedad.

La pasión por la libertad, la fe, la convicción. Sin fe nos dedicamos a vegetar compulsivamente. Fe racional en lo que sabemos, en la vida, somos en ella, en el hombre completo, en el hombre desconocido que apenas ha desarrollado sus facultades, las de cada uno y las que están en todos los hombres y en él encontramos todo.

Vivir en libertad en nuestra sociedad supone vivir responsablemente, no rígidamente. Vivir en la alegría profunda de saberse en libertad para ser, para ser hombres simplemente, ser en todo lo que cada uno tenemos.

Aceptamos las consecuencias de nuestros actos y de nuestras omisiones, nos aceptamos a nosotros mismos en todo lo que somos. Amamos, entonces, lo que de vida hay en nosotros, lo que de vida hay en toda la vida.

 

Vivir en libertad requiere valor para ser hombre frente a lo que la opinión social impone irresponsablemente sin libertad, sin razón, en esto sí hay rigidez, la del dogma, la de lo irracional. Se necesita valor para hacer lo propio, para hacerlo con sentido de la justicia frente al derecho a la injusticia que es la base de nuestra sociedad y origen de cientos de injusticias, sentido de la justicia frente al "todo vale" para nuestro propio beneficio, para nuestra exclusiva satisfacción, para nuestro placer. Sentido de la justicia que es inseparable de la libertad verdadera.

Vivir en libertad en nuestra sociedad es vivir con fe en el hombre, en mí. La fe puede llevar a la rebeldía, la libertad la impone, la exige, la libertad niega, rechaza la tiranía ya sea política ya sea social, de la opinión social tantas veces irracional, de la moral cambiante por conveniencia, de las injusticias que infligimos y nos benefician. Niega la tiranía y dice sí a la propia libertad, al hombre. Es la rebeldía de la pasión por la libertad, por la vida. Es la rebeldía indomable, sin límites, profunda, la impulsada por la fe racional en el hombre, en la vida frente a la fe fanática. Es la rebeldía para construir, para superar, para ser. Es la rebeldía del hombre auténtico.

Es la única forma de construir una sociedad en libertad, con hombres, cada uno, que vivan en libertad real.

No sé si es posible, pero sí creo que el hombre auténtico, quien vive en total libertad alcanza el verdadero poder del hombre, el de ser y necesitar que los demás sean. Los atributos son los propios del hombre, de todos los hombres, no los externos de la sociedad. Es el máximo poder del hombre, ser en todo lo que es.

 

Eso es lo que lleva al hombre a su verdadero fin, al trabajo más importante que, en siglos, la mayoría no hemos sabido realizar, desarrollar todas las "potencialidades divinas": ser hombre.

BIBBLIOGRAFÍA

M. Amis. Koba el Temible. La risa y los Veinte Millones. Anagrama. Barcelona. 2.004

Aristóteles. Política. Gredos. Madrid. 2.000

R. Aron. Ensayo sobre las libertades. Alianza Ed. Madrid. 1.990

A.     Barea. La forja de un rebelde. III. La llama. Bibliotex. Madrid 2.001

J. Baudrillard. De la seducción. Altaya. Barcelona. 1.999

J. Baudrillard. La ilusión del fin. Anagrama. Barcelona. 2.004

I.  Berlin. Dos conceptos de libertad y otros escritos. Alianza Ed. Madrid 2.001

N. Bobbio. Estado, gobierno y sociedad. Mov. Cult. Cristiano. Madrid. 2.001

A.     Camus. El hombre rebelde. Alianza Ed. Madrid. 2.001

R. de la Cierva. Historia del socialismo en España (1.879-1.983). Sarpe. Madrid. 1.986

P. K. Dick. Blade Runer. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?. MDS Books/Mediasat. Madrid. 2.002

A.     de Foxá. Madrid de corte a checa. Bibliotex. Madrid. 2.001

M. y R. Friedman. Libertad de elegir. Ed. Orbis. Barcelona. 1.983

E. Fromm. El miedo a la libertad. Paidós. Barcelona. 2.002

H. G. Gadamer. El problema de la conciencia histórica. Tecnos. Madrid. 2.001

J. Hessen. Teoría del conocimiento. Espasa Calpe. Col. Austral. Madrid. 1.991

T. Hobbes. Leviatán. Altaya. Barcelona. 1.997

A.     Huxley. Un mundo feliz. Unidad Editorial. Madrid. 1.999

G. T. di Lampedusa. El Gatopardo. Unidad Editorial. Madrid. 1.999

W. Laqueur. Europa después de Hitler. Sarpe. Madrid. 1.985

G. W. Leibniz. Discurso de metafísica. Alianza Ed. Madrid. 2.002

G. Lipovetsky. La era del vacío. Ed. Anagrama. Barcelona. 1.998

D. Lyon. Postmodernidad. Alianza. Madrid. 1.996

J. F. Lyotard. La condición postmoderna. Altaya. Madrid. 1.999

T. Mann. Doktor Faustus. Edhasa. Barcelona. 1.998

Maquiavelo. El príncipe. Edaf. Madrid. 1.971

P. Moa. Los mitos de la Guerrea Civil. La Esfera de los libros. Madrid. 2.004

J. Monod. El azar y la necesidad. Barral Ed. Barcelona. 1.971

T. Moro. Utopía. Alianza Ed. Madrid. 2.000

G. Orwell. 1.984. Ed. Destino. Barcelona. 2.003

T. Paine. Derechos del hombre. Alianza Ed. Madrid. 1.984

S. G. Payne. El fascismo. Alianza Ed. Madrid. 2.001

Platón. Banquete. Planeta de Agostini. Barcelona. 1.995

Platón. La República. Aguilar. Madrid. 1.988

J. Rawls. Teoría de la justicia. F. C. E. Madrid. 1.995

J. J. Rousseau. El contrato social. Edaf. Madrid. 1.999

B.     Russell. Sociedad humana: ética y política. Altaya. Madrid. 1.999

A.     Solzhenitsyn. Archipiélago Gulag. Vol. I. MDS Books/Mediasat. Madrid. 2.002

B. Spinoza. Tratado Teológico-político. RBA. Barcelona. 2.003

J. Stuart Mill. Sobre la libertad. Alianza Ed. Madrid. 1.984

J. Stuart Mill. El utilitarismo. Alianza Ed. Madrid. 2.002

P. M. Sweezy. Teoría del desarrollo capitalista. F. C. E. México. 1.970

A. J. Toynbee. La Europa de Hitler. Sarpe. Madrid. 1.985

M. Weber. La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Alianza Ed. Madrid. 2.001

M. Weber. Escritos políticos. Altaya. Madrid. 1.999

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] Aunque los intentos de definir y explicar los movimientos fascistas y el fascismo en sí son diversos y dan explicaciones también diferentes, es innegable que los nacionalismos actuales tienen rasgos claros de verdadero fascismo. En las explicaciones que da S. G. Payne en su obra "El fascismo" pueden encontrarse fácilmente algunos de esos rasgos en los nacionalismos actuales. Hay que tener en cuenta que desde que surgieron los fascismos, hace casi un siglo, hasta ahora la sociedad ha cambiado notablemente y algunos rasgos actuales son distintos a los de entonces. Las ideas de los nacionalismos actuales, por lo menos en sus manifestaciones públicas, son ambiguas y ante determinadas corrientes de opinión cambian su lenguaje, pero los rasgos están allí, aunque es fácil confundir movimientos nacionalistas con movimientos fascistas.

En la obra citada de Payne (p.224) destaca varias características de los fascismos que vuelven a aparecer en la actualidad, entre ellas "1 - Autoritarismo nacionalista permanente de partido único, que no es pasajero ni preludio de internacionalismo. 2 - Principio de jefatura carismática, incorporado también por muchos regímenes comunistas y de otro tipo. 3 - Búsqueda de una ideología etnicista sintética, distinta del liberalismo y del marxismo. 4 - Sistema estatal autoritario y economía política de corporativismo o sindicalismo o socialismo parcial, más limitada y pluralista que el movimiento comunista. 5 - Principio filosófico de activismo voluntarista, no limitado por ningún determinismo filosófico".

Sin forzar demasiado las realidades observables, junto con otros rasgos destacados por diversos estudiosos y teóricos que enfatizan unos u otros aspectos, podrá llegarse a alguna conclusión.

El tema es complejo y requiere muchas páginas para explicar el fenómeno con rigor, pero la situación es esa.

Algunos de los rasgos antes citados y a pesar de la interrelación, sobre todo económica, con los demás países europeos en nuestro caso, también se encuentran en sociedades de países que apenas han luchado por su democracia y por su libertad.

E. Fromm al explicar el resentimiento producido por el tratado de Versalles de 1.918 en la baja clase media alemana dice "el resentimiento nacionalista no era otra cosa que una racionalización por la que se proyectaba su inferioridad social como inferioridad nacional", en "El miedo a la libertad" (p.211). Recordemos que se refiere a un fascismo excepcionalmente cruel. Nuestros actuales nacionalismos abusan del resentimiento y de agravios siempre inventados, pero tantas veces repetidos que se convierten en verdad para sus adeptos, su reinvención y tergiversación de la historia que se enseña en sus regiones, pues tienen el monopolio del sistema educativo en ellas, les permite todo. En los casos europeos son regiones más prósperas que en su resentimiento inducido pretenden aumentar la insolidaridad con el resto del país. A este respecto es llamativo que partidos políticos autodenominados de izquierda lanzan la insolidaridad y la separación. Aunque no siempre sucede como en la antigua Yugoslavia, los nacionalismos se muestran implacables y están dispuestos a negociar siempre que se les dé la razón en todo, son implacables.

Es de destacar que estos movimientos se dan también en países como España que han recibido como regalo las libertades formales y una democracia formal, pero la sociedad ni ha luchado ni ha ganado su libertad, la democracia no es un estado de la sociedad. Consecuencia son numerosos vicios y corrupción de la democracia aun antes de haberla alcanzado, los que crean opinión, en parte, están en esa línea de democracia como forma de gobierno y nada más. En otros casos, y con los nacionalismos sucede, el no razonamiento, el no haber vivido realmente en democracia y vivir en una mala democracia, la falta de conceptos y de lo dicho, la no vida realmente democrática en la sociedad, conduce a insultar al discrepante a quien se tacha de fascista, aunque no lo sea ni en sus hechos ni en su conducta social o política. Veremos esto más adelante.

Una frase repetida por los políticos durante muchos años y siguen: "nosotros los demócratas" o "nacionalismo democrático" revela carencias profundas en usos y vida democráticos. Un demócrata lo es, vive realmente en democracia y no lo publicita, está en su naturaleza, en la de la de la sociedad, lo mismo el nacionalismo que si es excluyente de los demás por razones de lengua impuesta por la fuerza, apellidos, raíces,... o impone la exclusión coactivamente (hay muchas formas de coacción) deja de ser democrático.

S. G. Payne. El fascismo. Alianza Ed. Madrid. 2.001

E. Fromm. El miedo a la libertad. Paidós. Barcelona. 2.002

[2] P. Sweezy. Teoría del desarrollo capitalista. F C E. México. 1.970. (p. 62)

[3] Ver, por ejemplo el repaso que hace D. Lyon en su obra Postmodernidad. Alianza Ed. Madrid 1.996

[4] Ver: Mercancías, consumismo, relaciones sociales. En www.caminosdepakistan.com

[5] E. Fromm. El miedo a la libertad. ... (p.180)

[6] E. Fromm. El miedo... (p.114).

[7] J. Hessen. Teoría del conocimiento. Col. Austral. Espasa Calpe. Madrid. 1.991. (p. 25).

[8] Algo acerca de esta idea de depredación como institución puede verse en la primera parte de: Capitalismo y depredación. En www.caminosdepakistan.com

[9] P. Moa. Los mitos de la Guerra Civil. La Esfera de los libros. Madrid. 2.004. Citado en la Introducción y corresponde a una cita del periódico ABC de 1.997 de un artículo de J. Marías. 60 años después de la Guerra. Seguimos en la mentira.

[10] M. Amis. Koba el Temible. Anagrama. Barcelona. 2.004. (p. 275)

[11] H. G. Gadamer. El problema de la conciencia histórica. Tecnos. Madrid. 2.001 (pp. 43-44)

[12] H. G. Gadamer. El problema... (p. 44)

[13] M. Amis. Koba el Temible.... (p. 265). citando a V. Grossman.

[14] H. G. Gadamer. El problema... ( pp. 115-116)

[15] R. Aron. Ensayo sobre las libertades. Alianza Ed. Madrid. 1.990. (p. 17)

[16] R. Aron. Ensayo sobre... (p. 45)

[17] Tras el atentado y hasta las elecciones tres días después hubo bastante turbiedad política e informativa que benefició claramente al partido político que ahora gobierna. El CIS (organismo gubernamental controlado ya por el nuevo gobierno), en encuesta nacional semanas después de las elecciones mostraba que el 13% de los electores cambió el sentido de su voto tras esos días turbios. Por eso y otras circunstancias tras investigaciones de medios informativos independientes en los meses siguientes ha habido algunas voces que han llegado a insinuar algo parecido a una especie de golpe de estado encubierto, tal vez no haya sido así. Las encuestas hasta el día del atentado daban ganador al partido político que hoy está en la oposición. Esto no significa que unos sean distintos a otros. Las interpretaciones de algunos  comentaristas que crean opinión fueron y siguen siendo en parte confusas, tramposas y serviles con el poder político. Los autores del atentado, terroristas islámicos, mostraron al mundo cómo puede cambiarse un gobierno en las democracias formales débiles y en sociedades débiles. Tal vez uno de los comentarios más duro y lúcido haya sido el publicado el día siguiente a las elecciones en el diario "El Mundo" firmado por G. Albiac titulado: "Ganó Al Qaeda", dicho artículo acababa así: "Eso se votaba ayer: renunciar a luchar, estar muerto. Ganó Al Qaeda. Adiós, España".

[18] Maquiavelo en un capítulo de "El príncipe" titulado: "Si los príncipes deben ser fieles a sus tratados" dice: "En el día reina un príncipe que no me conviene nombrar, de cuya boca no se oye más que la paz y la buena fe; pero si sus obras hubiesen correspondido a sus palabras, más de una vez hubiera perdido su reputación y sus estados". Recuérdese que para Maquiavelo la política está por encima de la moral, el poder del gobernante por encima de la libertad.

Maquiavelo. El príncipe. Edaf. Madrid. 1.971. (p. 89).

[19] Maquiavelo. El príncipe... (p. 33)

[20] T. Paine. Derechos del hombre. Alianza Ed. Madrid. 1.984. (p. 106)

[21] A. de Foxá. Madrid de corte a checa. Bibliotex, S. L. Madrid. 2001. (p.225).

[22] A. Barea. La forja de un rebelde. III. La llama. Bibliotex, S. L. Madrid. 2001. (p.354).

[23] En esta historia un recuerdo personal, sin más valor que ese, lo percibido y vivido al final del franquismo. Me pidieron mis amigos de www.caminosdepakistan.com que contase algo de mí para publicarlo, escribí únicamente una página, algunos recuerdos vivos. Viví el final del franquismo, en mi juventud, en Barcelona, algo de lo que cuento de mis sensaciones y recuerdos: "...Un mundo deslumbrante, entonces, por lo que únicamente podía intuirse desde la propia inquietud y las ansias de libertad desde lo más hondo del alma. En ese mundo, el recuerdo de gente acobardada, encogida, la mayoría y de gente embarcada en su aventura de libertad imposible, la minoría" y más adelante: "... hasta el esfuerzo y luego la decepción ante la libertad y especie de democracia regalada, otorgada, nunca ganadas colectivamente y por pocos luchadas y trabajadas". Quizá, esto sin más valor que lo vivido y recordado, no sé si deformado en el recuerdo, puede reflejar algo de lo que pretendo decir.

[24] M. Amis. Koba el Temible. La risa... (pp. 96-97).

[25] A. Solzhenitsyn. Archipiélago Gulag. Vol. I. MDS Books/Mediasat. Madrid. 2.002. (p.14).

[26] T. Paine. Derechos del hombre. (p. 112). Hay otras traducciones más modernas.

[27] J. Rawls. Teoría de la justicia. F. C. E. Madrid. 1.995. (p. 19).

[28] J. Rawls. Teoría... (p. 84)

[29] J. Rawls. Teoría... (p. 82)

[30] J. Rawls. Teoría... (p. 469)

[31] B. Russell. Sociedad humana: ética y política. Altaya. Madrid. 1.999. (p. 250)

[32] N. Bobbio. Estado, gobierno y sociedad. Mov. Cultural Cristiano. Madrid. 2.001. (. 35).

[33] M. Weber. Escritos políticos. Altaya. Madrid. 1.999. (pp. 126 y 131)

[34] N. Bobbio. Estado, gobierno,... (p. 48)

[35] R. Aron. Ensayo sobre ... (p. 74)

[36] G. T. di Lampedusa. El Gatopardo. Unidad Editorial. Madrid. 1.999 (p. 130)

[37] G. T. di Lampedusa. El Gatopardo. ... (p. 131)

[38] J. Monod. El azar y la necesidad. Barral Editores. Barcelona. 1.971. (p. 9)

[39] J. Monod. El azar... (p. 185)

[40] J. Monod. El azar... (P. 193)

[41] J. Monod. El azar... (p. 211)

[42] T. Paine. Derechos... (p.113)

[43] T. Paine. Derechos... (P. 154)

[44] E. Frommm. El miedo... (p. 27)

[45] G. W. Leibniz. Discurso de metafísica. Alianza Ed. Madrid. 2002. (p. 56)

[46] R. de la Cierva. Historia del socialismo en España (1.879-1.983). Sarpe,. Madrid. 1.986. (p. 65)

[47] J. Hessen. Teoría del... (p. 17)

[48] M. Weber. La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Alianza Ed. Madrid. 2.001. (pp. 233 a 235).

[49] J. Hessen. Teoría... (pp. 68-69)

[50] Platón. Banquete. Planeta de Agostini. Barcelona. 1.995. (p. 180)