Sebastián
de Ara
Los hechos que relato sucedieron hace tiempo.
Ya se había iniciado la que años después se conoció como Revolución
Lingüística; una de sus consecuencias fue la construcción de numerosos
microestados en Europa y en ellos todavía no habían alcanzado todo el poder los
Gramáticos Intransigentes[1]. Otra consecuencia de ese
proceso atomizador fue la construcción de lo que se acabó llamando Estado
Superior Único también resultado de la exaltación del nuevo capitalismo que se
conoció con el nombre de comunitarismo mundial. Todo sucedió en el período de
transición de la llamada Antigüedad a la época denominada Pretérito.
Lo que ocurrió tuvo lugar en la mayor parte de
los países de Europa. Hoy esos países ya no existen tal como podían conocerse
hace bastantes años.
Esos antiguos países europeos estaban formados
por sociedades temerosas, inconscientes y en huida constante, aunque creían, se
les hizo creer, que avanzaban hacia un progreso jamás imaginado hasta entonces.
La nula visión de los políticos de entonces,
profesionales del poder sin más fin que el poder mismo, y la escasa capacidad
de crítica profunda y libre de los llamados intelectuales, los oficiales, los
pomposamente denominados: tecnointelectuales de la nación, así como el sistema
de enseñanza basado en la formación técnica elemental repetitiva y carente de
criterios para razonar libremente contribuyeron al surgimiento de sociedades
indefensas, dominadas por los aparatos estatales, satisfechas por los nuevos
privilegios que creían adquirir e inmersas en la inanidad dulcificada por las
drogas oficiales: químicas, de imagen, de sonido y de espectáculo insustancial
permanente.
Esas sociedades a cuyos miembros se les hizo
creer que eran superavanzadas, metaindustriales, metapostmodernas, en avance
constante hacia los metaderechos, las metalibertades y hacia más allá de la
justicia alcanzaron, al irse estableciendo los microestados, la sensación
colectiva, irracional, como es fácilmente deducible, de llegar a lo que más
adelante habría de conocerse como Comunidad Edénica, aunque los miteros no
habían sido capaces de imaginar ese nombre.
Lo que ocurrió se debió, en gran parte, a que
la pretendida sociedad europea no era tal y se estaba convirtiendo, ya había
sucedido muchos siglos antes, en una serie de microestados, se estaba acabando
de atomizar y de aislar.
También se había llegado a una falta total de
talante, de valor, de capacidad de raciocinio y de libertad, aunque
jactanciosamente, parte de los definidores de la cultura oficial única de cada
uno de los múltiples microestados decían que se habían alcanzado la libertad,
la igualdad, el imperio de la razón, la cultura total social, la verdadera
justicia y la generalización de la ciencia.
Voy a relatar los hechos de forma muy
esquematizada. Posteriormente daré cuenta del análisis que hicieron unos pocos
hombres de visión amplia, conciencia universal, libertad en ellos y amor
profundo al mundo; hombres que fueren capaces de permanecer fuera de la
dinámica irracional de su sociedad y que siempre tuvieron lucidez.
LOS
HECHOS
Transcurrieron muchos años hasta su
manifestación virulenta y su asentamiento que si no fue irreversible sí era de
muy difícil solución, pues cuando los europeos comprendieron lo que había sucedido
buscaron el medio ya no de volver al pasado, apenas se conocía y mucho menos
recordaba, sino de cambiar el yugo, aunque no se resolviesen los problemas
reales que propiciaron
Al final de la época que más tarde llamaron
Antigüedad, tiempo después de finalizar una de las varias guerras europeas, la
conocida en su momento como II Guerra Mundial, algunas de las naciones europeas
de entonces tuvieron un notable crecimiento económico iniciado gracias a la
ayuda de quienes les salvaron de algunos de los muchos disparates trágicos de
los europeos y propiciaron también que pudiesen construir sus democracias, cosa
que no supieron hacer demasiado bien. El crecimiento económico se sustentó, en
parte, en un importante aumento de su capacidad productiva. Para mantener ese
crecimiento económico necesitaron que trabajase más gente de la que había en
esos países, en espacial en los trabajos considerados entonces más bajos.
También se produjo en esos años lo que se dio en llamar descolonización,
procedente de otro disparate europeo, la colonización anterior, que había
afectado a grandísimos territorios, a continentes enteros.
En esa Europa de gran crecimiento económico en
el que también tuvieron importancia los avances y logros técnicos entre los que
destacaron todas las clases de comunicaciones: de productos, de personas, de
información, de imágenes,... que avanzaron al mismo ritmo que la técnica en
general. De alguna manera las comunicaciones hicieron que el mundo se viviese
más pequeño y los lugares y las cosas más cercanos, la gente creía que todo era
accesible fácilmente, la gente creía que todo era alcanzable con facilidad.
La gente de los países que no participaba de
los altos niveles económicos, de consumo, sanidad, educación, etc. que veían a
través de los medios de información fue atraída de manera imparable hacia esos
pocos países que mostraban un modo de vida material infinitamente superior. Los
países importantes de lo que entonces se llamaba capitalismo eran el paraíso
visto y luego soñado por millones de individuos de otros lugares. Lentamente,
pero en aumento constante, fue llegando gente de los lugares alejados en lo
económico a los países importantes, y, toda esa gente podía trabajar, aunque en
condiciones bastante peores que los individuos de los países importantes, y,
ver de cerca su paraíso.
Los que llegaron lo hicieron con sus
costumbres, con sus religiones, con las formas de vivir en sus sociedades
originarias. Al ser considerados individuos de menor categoría y tratados como
tales, apenas cambiaron sus costumbres, formas sociales o religiosas.
Llegaron constantemente y se fueron
estableciendo en lugares y barrios marginales, organizaron sus vidas según sus
países y regiones de origen, mantuvieron casi siempre los modos, aspectos
educativos, estéticos, normas, etc. propios.
Este flujo no se detuvo, el número de
inmigrantes aumentaba cada año y llegaron a tener un peso importante en los
países que muchos de ellos veían como paraísos. La importancia que tuvieron fue
tan sólo numérica pues en derechos e influencia social se les ignoraba. Se
consentían sus costumbres, religiones, normas, etc. y muy poco más, se les
dieron algunas ventajas generalizadas de ciertos beneficios sociales.
La gente de los países a los que llegaron los
veía con recelo aunque reconocían beneficios: trabajo más barato, realizaban
las tareas más desprestigiadas socialmente y más duras de realizar, carecían de
relevancia social y tenían escasa influencia, es decir, gran docilidad a cambio
de muy poco.
A medida que aumentó su número empezaron a
aparecer problemas para la gente de os países a los que llegaban.
Su procedencia era diferente, con distintas
culturas, religiones, normas sociales,... entre los mismos inmigrantes y dentro
de ellos fueron teniendo preponderancia, tanto por su número como por una
cohesión peculiar, aquellos que tenían algo más en común y bastante diferente
al resto, esto era: una religión, unas marcadas formas sociales, unas ideas
sencillas para ellos, una fe característica,... eran los musulmanes. Debe
recordarse a este respecto que en esos momentos los musulmanes eran casi la
cuarta parte de los habitantes de
El creciente número de inmigrantes llegó un
momento en que superó la cuarta parte de la población de numerosos antiguos
países europeos, algunos de los cuales habían sido hegemónicos en su momento, y
adquirieron gradualmente mayor importancia al realizar la mayor parte de los
trabajos imprescindibles pero rechazados por los habitantes europeos pues
consideraban que desprestigiaban socialmente a quienes tenían esas ocupaciones,
además estaban mal remunerados.
Su ideología, sus valores morales, religiosos o
sociales eran difíciles de entender. Parte de ellos estaban poseídos por una fe
irracional, fanática, muy arraigada y por unas formas sociales arcaicas e
inamovibles que formaban parte de su religión. Tenían además una idea y un
sentimiento ambiguos de unión entre ellos, trascendía las fronteras de sus
naciones de origen y que en la inmigración se acentuaba, una especie de
pertenencia a una única nación, una idea casi religiosa de nación islámica,
aunque entre sus naciones de origen, en numerosas ocasiones, hubiese serios
enfrentamientos y hasta guerras. Una lengua, con numerosos dialectos, en cierta
forma común a todos ellos, la de su único libro sagrado, era un vehículo de
unión aprendido de memoria desde la infancia.
Su conjunto de creencias y normas sociales, que
también regían su vida política, tenían una fuente común: su libro, su
religión, que aun sometido a diversas interpretaciones, en lo sustancial no
diferían demasiado. Su religión, que en sus remotos orígenes quizá incorporara
algo de odio o de resentimiento hacia lo distinto a ellos, abarcaba toda la
vida social y, a pesar de los siglos transcurridos, hacía que se mantuviesen
usos sociales propios antiquísimos procedentes de su origen mitificado, rural
en sus fundamentos, con poca evolución, escaso o nulo avance técnico, político
y social que pervivía aunque por las circunstancias del mundo exterior a ellos,
cambiante y en evolución, hiciese que numerosos fieles viviesen en ciudades,
tanto en sus países de origen como en los países a los que les llevaba la
emigración.
Tenían también una concepción del tiempo y una
forma de vivirlo, consecuencia de todo lo anterior, muy diferente a la europea,
eso les daba una idea si no atemporal sí de plazos ilimitados, eran capaces de
mantener los vínculos familiares y de clan hasta su pasado más remoto de tal
manera que ese pasado estaba, en cierta forma, en todo su presente, por lo que
el futuro tenía la misma dimensión: la del fluir natural de generación tras
generación y su paraíso, descrito hacía siglos, lo tenían a su alcance de
distintas formas. A esto debe sumarse su falta, en comparación con Occidente,
de avances técnicos notables y continuos, de una ruptura con sus planteamientos
socio-polítcos teocráticos como, por ejemplo, que el poder no estaba claro para
ellos que residiese en el pueblo, de mantener costumbres ancestrales, carencia
de impulso modernizador en ciencia, técnica, filosofía, etc. , todo eso asumido
por la sociedad. Necesariamente vivían otra dimensión del tiempo.
Fueron ocupando barrios enteros de las ciudades
grandes de los países a los que llagaban en oleadas continuas, construyeron sus
templos que eran lugares donde hacían sus oraciones y donde eran aleccionados
sobre diversos temas para actuar en sus vidas, ignoraban que el templo también
es, a veces, un lugar en el que se rinde culto al saber y a la justicia.
Mantuvieron sus normas sociales, diferentes en todo a las de los países a los
que seguían llegando. En cierta forma llegaron a ser un estado dentro de otro
aunque sin los organismos característicos de los estados de esa época, tampoco
los necesitaban pues tenían algo parecido a su propio gobierno pero muy etéreo,
también mantenían sus formas de educación.
Aparecieron líderes con mayor incidencia e
influencia que los pequeños líderes locales, siempre con componentes
religiosos, que trascendían sus propias fronteras y lograron que unos cuantos
fuesen capaces de utilizar los avances técnicos de los que pasaron a convertir
en sus enemigos. En un momento dado impulsaron el terror, primero en diversos
lugares del mundo, siempre contra interese de los que habían decidido que iban
a ser sus enemigos, fueron muchos años de pequeños o mayores actos de ese
terror hasta que alcanzaron la capacidad para actuar en los lugares
importantes.
El prestigio de estos lideres procedía de su
capacidad para aglutinar e impulsar una idea de dominio moral sobre el resto
del mundo, hegemonía justificada por la fe y manifestada en lo político, aunque
para ellos la separación de lo religioso era inconcebible. El prestigio de los
líderes aumentó cuando esa idea de aglutinar ideas sencillas procedía de
acciones de guerra o terrorismo según los puntos de vista; autoridad moral
acrecentada dadas sus formas de vida y la fe religiosa inamovible que mostraban
los líderes.
El terror que utilizaban era sentido como actos
de guerra de conquista en unos casos y defensiva y de venganza en otros.
Cometieron numerosos atentados, actos de guerra
para ellos y, en ocasiones, de martirio para sus autores, en numerosos lugares
de todo el mundo, unos más relevantes que otros por lo que simbolizaban. Algunos
de esos actos fueron sangrientos e impactantes, mostraron su permanente estado
de guerra y el poder de persuasión que, en ocasiones, tenían sobre sociedades
débiles en lo moral, aquellas que históricamente no ganaron grados de libertad
por sí mismas y se encontraron próximas a las sociedades metaavanzadas y que
creían estar en la metapostmodernidad. actuando así lograron cambiar gobiernos
influyendo en los votantes por medio del terror, influencia aparentemente
imperceptible, pero dadas las luchas por el poder en las sociedades
occidentales y los sistemas para alcanzar poder los políticos profesionales,
las votaciones de la gente que solían ser estables, con pequeñas diferencias
sobre lo que había, un 1% o un 2% tan sólo, cambiaban radicalmente los resultados,
incluso aspectos importantes de los `propios estados. En ocasiones coadyuvaron
a la construcción de los microestados por los mismos medios e influencias en
los resultados de las elecciones.
Su osadía fue extraordinaria, no tenían límites
en cuanto a los lugares y al terror que eran capaces de causar. atentaron y
provocaron pánico en todos los rincones de
Causaron pavor en diversos lugares de
influencia o dominio occidental, en el mismo centro de Occidente; a partir de
los antiguos atentados en Nueva York, como símbolo de su máximo y más poderoso
enemigo, empezaron una carrera metódica que duró muchos años y se extendió por
los lugares importantes y simbólicos: París, El Vaticano, Madrid, Roma, Dresde,
Estrasburgo, Moscú, Bruselas, Londres, San Francisco, Chicago, etc. El pánico,
la incertidumbre, la indefensión y el desánimo precedieron a la presión sobre
sus políticos de la gente de esas sociedades, sólo pedían vivir sin
sobresaltos, estaban dispuestas a pagar cualquier precio.
Las consecuencias de utilizar el terror, entre
otras influir políticamente y cambiar orientaciones de gobiernos, les hicieron
sentirse poderosos a ellos, orgullosos a sus seguidores y a quienes vivían en
los países occidentales les invadió una cada vez mayor sensación de fuerza.
Empezaron a exigir derechos propios, contrarios a las normas de los países en
que residían, exigencias sin diálogo posible, por la fuerza, con muestras de
fuerza; les fueron concedidos gradualmente.
Cuando fueron plena y colectivamente
conscientes de su poder, cada vez mayor, tanto por los actos de terror como por
el creciente número de los que iban llegando a los países europeos, se
enfrentaron abierta y decididamente a las sociedades y a los gobiernos de los
países en que vivían.
Las sociedades europeas por su parte tuvieron
una evolución peculiar. Esas sociedades metaavanzadas, metapostmodernas, según
decían los que se encargaban de explicarlas, alcanzaron lo ya señalado en su
evasión, consumo, etc. , pero eran sociedades de gente en constante
envejecimiento, con una cantidad de nacimientos escasísimos en sí mismas como
en comparación con los inmigrantes, éstos tuvieron mayor importancia con el
tiempo y necesariamente accedieron a trabajos de mayor nivel reservados hasta
entonces a los naturales de los países europeos.
Los problemas de envejecimiento de la población europea eran grandes dadas:
su forma de vivir y la crisis económica permanente que se instaló en los países
a partir de un momento determinado y que se veía de imposible solución.
Por lo que al envejecimiento de la población se
refiere buscaron y creyeron encontrar soluciones peculiares. Dada su forma de
vivir, en microestados ya formados o en formación, en sociedades que podrían
considerarse estamentales en lo social y en lo económico, en alienación total
permanente de la mayor parte de la gente,... llegaron a la conclusión de que la
eutanasia, inicialmente aplicada a los viejos con enfermedades físicas o
mentales era un derecho de la gente y de la sociedad en general pues los
antiguos vínculos familiares ya no se conocían, ya no existían. Para practicar
la eutanasia se necesitaba el asesoramiento de técnicos autorizados por el
Estado, eran un híbrido de los ya existentes técnico-médicos y
técnico-sicólogos, se les dio el nombre de: técnicos de adaptación de la vida.
A pesar de la desactivación de la inteligencia,
de la voluntad y de los sentimientos que se iba logrando podían quedar algunas
personas no totalmente desactivadas que podrían tener algún otro interés o
recuerdos indirectos transmitidos, así es que, como en otras ocasiones, antes
de inventar antecedentes para justificarse, los pocos que tenían acceso a la
inexistente historia en la sociedad los buscaron en ella y los encontraron en
la época de la llamada Antigüedad (período que abarcaba desde el principio de
Una vez convertido este modo de obrar, el
eutanásico, en rutinario se avanzó algo más. Teniendo en cuenta que la vida era
concebida por la sociedad como algo meramente mecánico, aunque todavía quedaban
cosas por conocer y esperaban que la ciencia y la clase de filosofía que
existía acabarían por descubrir esas cosas que faltaban, decidieron que al
considerarse la vida de forma mecánica podían asemejarla a las máquinas. En su
sociedad cuando las máquinas fallaban ya no se reparaban como en
Si la eutanasia aprobada por los técnicos de
adaptación de la vida había sido aceptada como algo normal, el estado
permanente de alienación social permitía aceptar sin problemas un beneficio tan
notable como eliminar las máquinas que tenían mal funcionamiento y no tenían
fácil arreglo. La eutanasia amplió sus objetivos. Eso sí, se ponía un
grandísimo cuidado en que los eutanasiandos no sufrieran físicamente, el
sufrimiento moral o psíquico no podía ni imaginarse que pudiese existir.
Con el tiempo, los técnicos de adaptación de la
vida tuvieron la instrucción de los gobiernos de eliminar cantidades concretas
de hombres, cada año, con el fin de que el gasto total se redujera dado el
estado de crisis económica permanente que se había instalado en los países.
Esta medida contribuyó a reducir más la
población de los nacionales con derechos y a depender en mayor grado de los
inmigrantes.
Los inmigrantes, percibiendo su fuerza en
aumento, empezaron a salir de su primer agazapamiento. Invadieron lugares antes
reservados a los naturales del país, extendieron sus modos de vida. Los
naturales de los países receptores fueron retrayéndose y replegándose.
Una consecuencia inmediata fue la crisis
económica. Las inversiones fueron escasas, las infraestructuras apenas se
renovaban, el consumo disminuyó drásticamente pues los hábitos de los
inmigrantes eran muy diferentes y sus remuneraciones escasas. La crisis se
convirtió en permanente. Poco a poco se produjo una pauperización de los
naturales de los países y el auge de los inmigrantes. Los avances técnicos se
paralizaron en su casi totalidad.
Ya no existían demasiadas barreras para los
inmigrantes. Arrasaron lo que creyeron conveniente de sus cada vez mayores
zonas y espacios y también de los reservados a los naturales de los países
receptores. Instalaron en sus cada vez mayores zonas de dominio su economía
arcaica mezclada con avances de las sociedades a las que llegaban.
Se perfilaron dos formas de vivir incompatibles:
una en expansión y otra en retroceso.
El poder nominal, como naciones, lo seguían
detentando los naturales de los antiguos países europeos y de los microestados.
Se estableció implícitamente un estatus de contemporización, siempre inestable.
Los escasos cambios en formas sociales de los
inmigrantes procedían, en pequeña medida, de influencia de los países a los que
habían llegado y, en mayor grado, de la amalgama de inmigrantes de diversas
procedencias ya que entre ellos estaban más próximos a pesar de las
diferencias. Entre ellos los avances técnicos eran escasos ya que ni les
interesaban demasiado ni dominaban su generación, tan sólo tenían interés en
algunos productos de consumo y en lo necesario para su trabajo.
El declive era claro, los europeos ni sabían
cómo evitarlo, ni tenían la vitalidad necesaria, ni la visión de las verdaderas
causas de su imparable decadencia.
Los distintos gobernantes de los antaño
soberbios microestados recurrieron al Estado Superior Único en busca de ayuda.
Éste también tenía su invasión, de muy diferente naturaleza. Los invasores eran
culturalmente más próximos, no eran fanáticos y eran capaces de irse integrando
en una sociedad de por sí más integradora que la europea. Su envejecimiento era
menor que el europeo y rechazaron la solución de la eutanasia. Su historia no
puedo contarla en este momento.
El Estado Superior Único, heredero de los
antiguos USA, decidió que en esta ocasión no iba a salvar nuevamente a la
ingrata Europa de sus mayúsculos desatinos, ya lo hizo en varias ocasiones
anteriores. Tan sólo iban a ayudar al país del que heredaron sus instituciones
básicas que le permitieron un gran desarrollo; decidieron incorporarlo al suyo
como una provincia autónoma.
La posterior evolución de Europa es una
historia larga que no es posible explicar en este momento.
EL
ANÁLISIS
Como he dicho antes el análisis, del que se
explican con brevedad algunos puntos importantes, lo hicieron hombres
enteramente libres que, tanto ellos como quienes les siguieron, vivieron los
hechos estando en el mundo, aunque con su visión, libertad y profundo amor a
los hombres no podían pertenecer a ese mundo.
Una
explicación analógica de los hechos.
En la decadencia europea hay similitudes con lo
que algunos consideraron, en su momento, el final del antiguo Imperio romano.
Europa como tal nunca ha sido un imperio, pero procede en parte del Romano.
La invasión de los pueblos que hablaban lenguas
extranjeras, a los que se llamó bárbaros, se produjo cuando la descomposición
interna del antiguo Imperio era un hecho. La ruptura del Imperio y el final del
Occidental los historiadores la han atribuido, en sus valoraciones, a múltiples
causas, una de ellas es la no educación, la inexistencia de labor educativa a
los que procedían de fuera e iban llegando.
Las naciones europeas se van gestando, durante
siglos, tras la sensación inicial de cierto vacío que llenan los que llegan con
otras formas y a partir también de las distintas lenguas que van surgiendo.
Los invasores de los pueblos del Norte asumen
la religión procedente del Imperio, estructurada con sus formas: el
cristianismo, éste, cuando acaba el Imperio de Occidente, hereda su estructura.
El derecho, que procede de roma, contribuye a
asentar muy lentamente a la sociedad y a los incipientes numerosos reinos que
con frecuencia guerrean entre ellos.
La idea del Imperio subsiste en la organización
eclesiástica. La religión única, aunque con algunas variantes no sustanciales,
mantiene cierta unidad.
El intercambio que se produce durante el
Imperio y después con lo de fuera del mismo produce formas culturales y
civilizadoras y se transmiten, recoge incluso aquello anterior al propio
Imperio que sienta bases posteriores y tiene un calado profundo, es el caso,
entre otros, de las aportaciones griegas. La cultura y la civilización que
produce son entendidas por todos y las instituciones nuevas que surgen después
o las que se mantienen tienen ciertas bases similares.
El militarismo no es comunitario, guerrean
entre sí los incipientes estados y más tarde los estados ya consolidados.
Cuando a lo largo de los muchos siglos surgen
desviaciones de lo heredado y asumido por todos, casi siempre irracionales,
además de provocar tragedias colectivas, no tienen éxito.
Los avances de unos: sociales, científicos,
técnicos, artísticos, de pensamiento, etc. acaban extendiéndose al resto en
procesos más o menos largos y son asumidos, aceptados y valorados por las
distintas sociedades.
En cierta forma ha habido importantes elementos
subyacentes, procedentes de Roma, que han perdurado durante siglos.
En el momento en que se evidencia
Los invasores de la actualidad son diferentes
en todo a los países receptores, a sus sociedades y, además, proceden de fuera
de Europa.
No asumen ni aceptan la religión del invadido
por su fe fanática y porque las gentes de los países receptores ya no la
tienen. Ha desaparecido y con ella una base de cohesión más o menos etérea; lo
que queda de la organización de la antigua Roma también desaparece con la
religión, es decir, desaparece un elemento de cohesión.
El derecho romano, que igualaba a hombres
libres, se ha convertido, en los países europeos, en cientos de derechos de los
individuos, diferentes unos de otros y hasta opuestos según regiones o países,
en lugar de cohesionar a hombres libres separa y aísla a los individuos y no
considera la verdadera libertad, perpetúa al individuo aislado, insolidario.
El intercambio cultural no se produce con
Institucionalmente las diferencias son
insalvables. Mentalidades y orígenes tan diferentes y hasta opuestos hacen imposible el intercambio, la asunción
de valores y conductas por unos y por otros.
La fuerza de unos y la debilidad de otros en la
voluntad y en lo moral, sin cuestionar ahora las clases de moral, contribuyen a
la no integración de las dos sociedades, la de los invasores y la de los
invadidos.
El espíritu de dominio de los invasores se
muestra en su voluntad para imponer algo opuesto a lo que encuentran, parea
eliminar lo existente, no para sumar. El espíritu débil de los invadidos les
lleva al desconcierto, a no saber qué hacer y a perder.
Podría pensarse, si se consumase totalmente la
invasión, que los invasores fuesen degenerando en su ímpetu y en su fe al
faltarles parte de la razón de ser de su fanatismo y al entrar en contacto con
la molicie de los invadidos.
Las
causas profundas.
Cuando empezaron a aparecer manifestaciones de
enfrentamientos entre los dos mundos, el de la abundancia y el de las
estrecheces y miseria, algunos pensadores dijeron que eran resultado de la
injusticia con que Occidente trataba al otro mundo.
Es innegable que siempre que ha habido dominio
de unos hombres sobre otros hombres ha existido injusticia, dominio no siempre
resultado de la violencia física. En este sentido de dominio la historia de las
naciones es larga y la de los europeos, la que interesa ahora, también, de
manera especial por su superioridad técnica y en otros campos sobre el resto
del mundo durante muchos años, cuando esa hegemonía ha dejado de ser europea,
los lugares y las gentes que la han heredado han sido hijos europeos.
No puede recordarse ahora cómo los europeos se
apoderaron de gran parte del mundo, pero las formas de entonces han tenido que
ver con la invasión actual.
Los más temerarios y sanguinarios de los
invasores y sus líderes han buscado excusas para sus actos: agravios de
Occidente, expoliación de sus riquezas naturales, pisar y establecerse en sus
lugares sagrados, ser infieles y por tanto despreciables, distorsuionar sus
vidas y sus sociedades, etc.
Los fanatismos de cualquier clase surgen,
muchas veces, como asidero irracional frente a un mundo exterior al propio
círculo de fanatismo que es diferente y no se entiende, que cuestiona la propia
forma de vida y la propia sociedad, real o mitificado, y por tanto las puede
transformar e incluso destruir, ante eso la gente no sabría qué hacer. Ante un
mundo abierto aparece el miedo.
Los fanatismos surgen por temor, por rencor,
por sentimientos de inferioridad inconfesables, por comparación con lo
distinto, por necesidad de mantener todo igual, por inmovilismo individual y
social, por pereza mental, por falta de voluntad, por castración de la
imaginación creadora, por incomprensión del mundo, por no aceptación de lo
diferente, por una educación colectiva dirigida exclusivamente a perpetuar un
mundo y una sociedad pretendidamente inmutable, por la dificultad de lograr un
razonamiento libre y universal que cuestione algo, lo colectivo absorbe al
individuo, lo anula en gran parte de sus verdaderas posibilidades y si alguien sale
de la senda preestablecida es excluido.
Se buscan, en un momento determinado, causas
externas de maldad del mundo frente a la bondad de lo propio y eso aglutina a
la gente.
Las masas son, en cierta medida, informes y por
lo mismo moldeables y manipulables. En los momentos de afrontar lo diferente y
tener que convivir con ello e intercambiar se choca, surge el temor, la
incomprensión, el sentimiento de ser agredidos y agraviados por lo diferente,
por lo diverso. Aparecen fácilmente líderes carismáticos que simbolizan la
posibilidad de un futuro propio sin lo diferente, simbolizan una esperanza
ambigua e irracional de estar en la verdad. La gente les entrega su voluntad.
No es necesario que toda la masa actúe, basta
con que se muevan unos pocos para ser seguidos, aprobados, respetados o
admirados. El lenguaje contribuye a distorsionar todo. Toda acción es aceptada
como honrosa. El asesino es guerrero, el que se autoinmola o muere en la lucha
es mártir o héroe y así lo demás.
Si las ideas socio-religiosas son sencillas,
ingenuas pero asumidas por la masa preservada inculta e ignorante salvo en los
dogmas propios, es fácil entender las consecuencias.
Los europeos por su parte, como todas las
sociedades de cualquier lugar, tuvieron un camino que no supieron seguir,
tuvieron la oportunidad de construir un mundo diferente, justo, para el hombre.
En sus miles de años de caminar, unos pocos hombres fueron capaces de dar
generosamente al mundo obras asombrosas del pensamiento, el arte, la ciencia o
la técnica que han permitido vislumbrar posibilidades en todos los hombres para
construir un mundo a partir, como decía uno de aquellos hombres, de la belleza
absoluta, de la belleza en sí.
Si embargo como sociedades fueron incapaces de
darse a sí mismos una educación y una formación acordes con lo más hermoso de
lo generado por ellos mismos y conseguir, por primera vez en la historia
conocida por los hombres actuales, que el mundo fuese de todos los hombres y un
lugar para vivir realmente; sin embargo prevalecieron las ambiciones, los
egoísmos extremos, la crueldad, la lucha sin tregua de muchas formas entre
ellos durante todos los siglos de su existencia.
Lo que mantuvo a los europeos cohesionados, aun
sin bases sólidas, en este momento se ha roto. Si la religión hegemónica y
cohesionadora en algo ya ha dejado de existir y no queda ni el recuerdo, algo
se ha avanzado, pues los dogmas y la moral irracional castran al individuo, ese
avance puede ayudar al hombre al haberse liberado de falsos apoyos y
supersticiones. Pero lo supone acabar con vínculos remotos y profundos de
historia subyacente común, pocas veces explicitada, y que no eran racionales
distorsiona todo si tras esa ruptura no surge el hombre libre, sin más, el
hombre en toda su grandeza.
La debilidad de las sociedades que se
atomizaron y se convirtieron en microestados tiene mucho que ver con lo
señalado sobre el fanatismo, pues no deja de ser lo mismo, pero su reacción es
contractiva y expulsa o sojuzga a los distintos desde sus ridículos
microestados.
El derecho, cohesionador y racionalizador de la
vida social, que pretende igualar a los hombres libres, se ha convertido en un
laberinto que distorsiona, aísla y supera al individuo que en su debilidad
logra que los numerosos derechos le impidan ser libre, acaban no haciéndole
responsable de sus propios actos.
No obstante, de este caos en que se ha
convertido Europa puede surgir, con sufrimiento, un mundo diferente en el que
lo único importante sea, y se trabaje para ello, el hombre total.
Los procesos históricos nunca son
irreversibles, la vida que los abarca es poderosa en extremo, los procesos
acaban cuando culminan su verdadero fin, el hombre total, el hombre.
Pueden transcurrir miles de años, pero el
proceso actual, empezado en algún momento desconocido para el propio hombre,
tiene un fin, tiene un sentido: la construcción del hombre.
Lo que condujo a la situación antes descrita
sucintamente fue eso tan sencillo de decir, que los hombres olvidaron su único
trabajo importante: ser verdaderos hombres.
Ha habido otros mundos, desconocidos para los
hombres actuales, en los que se ha logrado, ha sido el principio de lo que los
hombres, hoy, no pueden soñar ni son capaces de imaginar.
[1] Para tener más claro el significado de algunas palabras, las épocas y algunos conceptos puede verse: "El poder de los Gramáticos Intransigentes o cómo en... " en www.caminosdepakistan.com