EL IDIOMA COMO VEHÍCULO DE COMUNICACIÓN Y LIBERTAD.

REFLEXIONES[1]

 

Santiago Ubieto

 

 

Nuestra época se caracteriza, entre otras muchas cosas, por la inmediatez de la información, por las ingentes cantidades de información que, dados los medios técnicos existentes, pueden llegar a cualquier lugar, por lo que llamamos comunicación que, siendo precisos, deberíamos llamar difusión.

Uno de los vehículos importantes para resolver nuestras necesidades de información, de comunicación, cuando se da, es el idioma.

 

En el mundo existen cientos de lenguas, algunas desaparecen, no sirven a sus sociedades, otras están casi muertas y por una serie de razones, confusas a veces, se intentan revivir o imponer; otras están en evolución constante, crecen, son vivas, son manifestaciones de vitalidad.

Las lenguas, a veces, también son vehículos de integración o de desintegración de las sociedades, de unión  o de separación de sus miembros, de acercamiento o de alejamiento. Esto depende, en parte, de las mismas sociedades y, también, de los que se apropian del poder en ellas.

En estas reflexiones únicamente se trata de que podamos acercarnos a todo esto y de ver qué sentido tiene y qué relación hay con la libertad.

 

Para evitar problemas semánticos o de interpretación, al menos inicialmente, será útil aclarar previamente y de forma sucinta los términos fundamentales utilizados. Para este fin el diccionario de la RAE puede permitir que todos estemos de acuerdo, en principio, sin excesivas dificultades y rechazos.

Idioma: “lengua de un pueblo o nación, o común a varios” y lengua: “sistema de comunicación y exposición verbal propio del pueblo o nación, o común a varios”, es decir, un conjunto de reglas o principios que sirven para comunicar, sobre todo, verbalmente, que utiliza un grupo de gente, un pueblo... más o menos numeroso.

El lenguaje es el “conjunto de sonidos articulados con que el hombre manifiesta lo que piensa o siente”.

Todo esto se sustenta en la palabra que es: “sonido o conjunto de sonidos articulados que expresan una idea” y también: “facultad de hablar” que es: “proferir, articular palabras para darse a entender”.

Puede darse la palabra sin llegar a constituir un idioma, la gente puede hacerse entender de alguna manera por medio de palabras, pero si faltan las reglas y eso no es común a varios no es idioma en sentido estricto.

La lengua es un sistema de comunicación, no el único, y comunicar se: “hacer a otro partícipe de lo que uno tiene”.

 

Además de la lengua hay otros sistemas de comunicación que permiten manifestar al hombre lo que piensa o siente: el arte, o de otras formas los símbolos u otros idiomas especiales y restringidos a algunos ámbitos como las matemáticas que, aunque parezca paradójico, en esos ámbitos se convierte en idioma universal.

Galileo, cuando las matemáticas iban a empezar su gran desarrollo, decía que “ este grandioso libro que continuamente tenemos abierto ante los ojos (hablo del universo)... no se puede entender si antes no se aprende a entender la lengua y a conocer los caracteres en los cuales está escrito. Está escrito en lengua matemática y los caracteres son triángulos, círculos y otras figuras geométricas”

Los de la “flaming youth” o poesía en llamas de los años veinte, en Maine, llegaron a escribir: “ Sólo Euclides/ha mirado a la Belleza desnuda. Dichosos los que/al menos una vez y siquiera de lejos, /hayan sentido el peso y la solidez de su sandalia contra la piedra”.

Estos otros sistemas de comunicación vamos a ignorarlos, lo mismo que aquello, la cosa que se intenta comunicar, tan sólo vamos a centrarnos en el vehículo, en algo del medio más común que la gente utiliza para comunicar o para difundir. Y esto desde el punto de vista de un ignorante, como es mi caso, en asuntos lingüísticos.

 

La lengua es un sistema de comunicación, pero no está claro que los hombres nos comuniquemos realmente, también es un medio de difusión. Difundir, en una de sus acepciones significa: “ propagar, divulgar conocimientos, noticias, actitudes, costumbres, modas, etc. “, para esto la información es importante pues informar es: “enterar, dar noticia de una cosa”.

Uno puede informar o difundir algo pero apenas comunicar, la comunicación sin que alguien participe de lo que uno tiene es monólogo, se convierte en simple información. Nuestra sociedad es de información, de difusión, mucho menos de comunicación.

 

La palabra es un elemento importante de la lengua por lo que habrá que empezar por ella. Tiene resonancias bíblicas, griegas y hasta egipcias.

El origen de nuestra cultura occidental está, en gran parte, tanto en la Grecia clásica como en el judaísmo y en el cristianismo, por lo que algo de lo que trato de explicar debe partir de esto.

La lengua, que es tan sólo facultad del hombre, siempre ha sido algo que ha ocupado y preocupado a bastante gente con resultados dispares en cuanto a su estudio. Una de esas preocupaciones ha sido la de buscar una lengua universal, la lengua perfecta que, durante mucho tiempo, se supuso era alguna clase de hebreo, el hebreo original. Esta idea tuvo altibajos en su avance ya han ido apareciendo otras hipótesis.

En el estudio de la lengua, en diferentes enfoques, aparecen vinculaciones con teorías del conocimiento, algo con la platónica al partir algunos de que las ideas surgen en el hombre con independencia de la lengua en que se expresen.

 

 

 

 

Vamos a ver algunas ideas sobre la palabra.

Sin rigor alguno que permita aceptar estas primeras ideas de la palabra y a modo de interpretación, tal vez forzada, a partir de cierto sentido alegórico y casi mítico puede servirnos esta aproximación a la palabra desde perspectivas diferentes que sugieren: luz, vida, razón y hasta poder, situando esos orígenes en la Biblia, en Grecia y en el antiguo Egipto.

 

Al principio del Génesis, en la creación, aparece directamente la palabra, sin más: “ y dijo Dios: haya luz...” sigue el resto de la creación. La palabra, expresión de una idea, en este caso la idea de la creación que se convierte en realidad.

Una vez creado el hombre, Adán habla, no se sabe en qué lengua, y da nombres a los animales. Tampoco se sabe en qué lengua habla Dios.

Poco después, en el mismo Génesis, aparece el relato de la torre de Babel. La soberbia confunde a los hombres y los separa al no poder comunicarse.

Muchos años después, en lo nuevo, al principio de lo nuevo es San Juan quien recupera la idea de la palabra y la concreta de otra forma: “En el principio existía la Palabra”, más adelante: “en ella estaba la vida” y acaba así: “La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo”.

La Palabra. La expresión de la idea es Dios, pero la Idea-Dios es origen de la vida, la Idea-Vida-Dios se concreta en el mundo y se dirige directamente al hombre que previamente (Génesis) ha sido creado.

Poco después llega Pentecostés, una sola lengua de una u otra clase hace que los hombres puedan volver a comunicarse, la lengua universal ahora es el amor.

Tanto el Génesis como San Juan relacionan, vinculan palabra y luz, palabra y vida, palabra y creación. La idea y su concreción. En sentido opuesto se relacionan Babel y Pentecostés, soberbia y amor.

La palabra procede de Dios, se supone que es creación suya. Cuando adán pone sus nombres a los animales posee ese conocimiento innato.

 

Para los griegos es distinto. Caos, que es el principio, el orden original anterior a la existencia de dioses y hombres, la oscuridad primordial, tiene hijos: Erebo, la oscuridad, y Nyx, la noche, que se casan y da a luz a Éter, el aire, y Hémera, el día; además de Hypnos, el sueño, Geras, la vejez, y Némesis, la justicia o castigo. Éter es la parte superior del cielo, la más radiante y pura, morada preferida por Zeus, aunque éste aparece más tarde. Éter se une con Hémera, el aire y el día, y da luz a la Tierra. Ésta, Gea, Gaia nace tras Caos sin intervención de varón. Más tarde llega todo el lío de Urano, Cronos, los Titanes, Zeus, etc. y el resto de los dioses que siempre representan algo: pasiones, fuerzas, virtudes...

Aquí también surge la luz tras el caos, la diferencia estriba en que en la Biblia Dios es, sin más, es vida y para los griegos la vida surge del caos, de la oscuridad primordial y la palabra, la idea todavía no existe. En las dos civilizaciones lo que aparece es la luz pero con distinto origen y con diferente valor o distinta función.

En la Biblia la luz surge de la Palabra, es la Palabra y la Palabra es Dios y en su creación la ha infundido como un don más a los hombres.

Los griegos encuentran la palabra más tarde y da paso a una lengua luminosa, que ilumina hacia y desde fuera, desde la razón, desde la lógica que inventan ellos, es una de sus aportaciones a nuestra cultura y el conocimiento tiene distintos posibles orígenes, esto depende de escuelas.

De la Biblia surge la idea de encontrar la lengua primera, universal, la de Dios que ilumina al hombre, en principio desde la fe. La iluminación está allí y Dios también y su posibilidad para el hombre es a priori. Esto recuerda algo la demostración de Spinoza de la existencia de Dios a priori. Y en cuanto al conocimiento permite atisbar una concepción que puede sugerir la platónica, más tarde San Agustín convierte el mundo de las ideas en Dios.

El alfabeto, entre los griegos, lo inventó Hermes que es posterior a los primeros dioses, también es Dios de sabiduría, hijo de Zeus. La palabra aparece después. Según algunas tradiciones ese Hermes es Hermes Trismegisto, tres veces grande, hombre de sabiduría deificado por los egipcios como Toth.

Cuenta Platón en Fedro que Theuth (Toth) descubrió el número y el cálculo y, también, la geometría y la astronomía, además, el juego de damas y el de dados y, sobre todo, las letras. Y explica que “son canales por donde se transmite, en todo tiempo, esa semilla inmortal, que da felicidad al que la posee en el grado más alto posible para el hombre” y “que los escritos que sirven de enseñanza y se pronuncian para aprender – escritos realmente en el alma – y que además tratan de cosas justa, bellas y buenas”.

 

En Egipto, cuenta el libro de los muertos, Ptah ha creado todo lo que existe. Antes de él no existía el ser ni existía el no ser. Lo Uno respiraba sin soplo, las tinieblas cubrían a las tinieblas, pero lo Uno accede al ser y toma nacimiento por el poder del calor. Ptah creó los dioses y Egipto emergiendo de las aguas primordiales. Gracias a Ptah las palabras divinas fueron pronunciadas al comienzo del mundo y los dioses conocieron la existencia. Ptah es “el corazón y la lengua”.

Aquí el sentido de la palabra es diferente. Aquí Dios, lo Uno nace, accede al ser en algún momento, pero sobre todo las palabras divinas tienen poder. El Libro de los muertos hace referencia a las palabras mágicas que impiden que los cuerpos se corrompan, a pronunciar el ka las palabras que abren puertas y escapar de divinidades que, como Shesmu, “devoran el poder mágico de las palabras”.

Las fórmulas mágicas, las letanías que se recitan para estar en mundo, para saber.

De aquí se deriva otro sentido de la palabra: poder, inmortalidad, conocimiento de lo oculto.

Esto, de algún modo, pretenden recogerlo las antiguas órdenes ocultas, de misterios, esotéricas, iniciáticas... el nombre es a gusto de sus militantes, y a partir de la palabra idean un lenguaje de símbolos que, como tales, se supone que expresan conceptos o ideas que explican fragmentos de conocimiento de manera distinta al lenguaje convencional y se dirigen a lo profundo del individuo.

En estas órdenes existe la palabra sagrada, la palabra perdida, la palabra secreta, la palabra de pase que, una vez interpretada en su significado, lo que jamás logra el individuo, al menos que se sepa, abre al iniciado, al individuo al conocimiento verdadero, a la sabiduría, eso decían y dicen. La palabra se transmite verbalmente y con rituales determinados que pretenden recordar, mitificando, los antiguos misterios entre los que los egipcios tienen importancia.

El Libro de los muertos explica algo de lo que las iniciaciones en los antiguos misterios y en ello encuentran inspiración.

 

Si es cierto que Pitágoras estuvo en Egipto durante bastante tiempo, luego fue llevado a Babilonia tras la conquista de Egipto por Cambises y al regresar a Grecia fundó una peculiar escuela en la Magna Grecia o que Platón también anduvo por allí durante algunos años y al volver fundó la Academia, sus enseñanzas muestran algo distinto al misterio y los poderes mágicos.

Platón alude en ocasiones a Egipto, por ejemplo en Fedro: “Pero ver el fulgor de loa belleza se pudo entonces... como iniciados que éramos en esos misterios, que es justo llamar los más llenos de dicha y que celebramos en toda nuestra plenitud”, más adelante sigue: “...aquel cuya iniciación es todavía reciente, el que contempló mucho de las de entonces, cuando ve un rostro en forma divina... “, relaciona la ceremonia de iniciación con el amor.

Si hay misterios, o lo que sea, no aparecen en Platón, sí alegorías, mitos... para explicar, no parece que oculte nada, su discurso lo dirige a la sabiduría, al verdadero conocimiento, al amor, a lo verdadero, lo bueno y lo bello.

Desde esta perspectiva podría interpretarse que el amor vivo es el secreto de la palabra sagrada, del poder, pues el amor es el origen de la verdadera re-creación del individuo. Eso acaba diciendo Platón en el Banquete y lo refiere especialmente a la generación de las verdaderas virtudes por parte del hombre.

Por ese Egipto pasaron otros filósofos y pensadores griegos como: Demócrito, Eudoxio, Plutarco, Plotino o Jámblico.

Podemos tomar un ejemplo conocido acerca de esta idea del poder de la palabra, de los asuntos iniciáticos, etc. es la masonería. Tiene una tradición de desarrollo en Occidente y algún significado difuso en la consideración de mucha gente, así es que vamos a ver algo sobre ella, nada realmente dado lo mucho escrito por sus miembros y también desde fuera.

Las definiciones que se dan de la masonería son imprecisas, distintos miembros pertenecientes a ella dicen cosas diferentes y hasta distantes, algo común aparece como es la idea de fraternidad y alguna otra cosa, se alude de forma genérica y ambigua a que es una orden iniciática sin mucho más. La mitificación posterior desde fuera de la misma ha imaginado cosas que no se dan en ella.

Las llamadas palabras de pase en los tres grados reconocidos proceden de la Biblia. En distintos ritos hay diversos grados que nada tienen que ver con los tres primeros grados que aparecen en todos los ritos. Loas leyendas masónicas, muy hermosas, que corresponden a esos tres grados y son el guión de la entrada en cada uno de ellos, son antiguas, hay manuscritos de las mismas del siglo VIII. La interpretación de las palabras de esos tres grados no existe, es libre, es un asunto de cada individuo. A este respecto dice Eliphas Levi en El libro de los esplendores: “No hay más que una palabra para Hiram; pero esta palabra se dice de tres maneras diferentes. De una forma para los aprendices; y pronunciada por ellos significa: naturaleza, y se explica mediante el trabajo. De otra forma para los oficiales, y entre ellos significa pensamiento, explicándose mediante el estudio. De otra forma para los maestros; y en su boca, significa verdad y se explica a través de la sabiduría”. Es un de entre las muchas interpretaciones.

Otra idea sugerente se encuentra en Mozart, en su música estrictamente masónica con títulos como: “A ti oh Alma del Universo” o “ Enlacemos nuestras manos para terminar nuestra obra en la alegría”, etc. y, sobre todo, en La flauta mágica, ésta ópera es una ceremonia de iniciación masónica, especialmente el segundo acto, no oculta ninguno de los pretendidos secretos que se achacan a la masonería; la idea de la citada ópera es la luz, el amor, la igualdad...

Por su parte Goethe, también masón, en poemas dedicados al tema bajo el título general de “Logia”, en el poema “Símbolo” escrito ante la entrada de su hijo Augusto en su misma logia, Amelia, refleja la idea de trabajar para el bien, dice: “No perdáis tiempo, mortales; servid al bien con denuedo” y en el poema “Canto final”, en un momento del mismo: “¡Romped el secreto ahora de vuestros sentires íntimos! ¡Y que el canto se desborde fuera de aqueste recinto!”.

Podrían ponerse infinidad de ejemplos y, cuando son sinceros quienes cuentan cosas, el misterio no se vislumbra, ni el secreto o el poder de la palabra secreta en el sentido que se les suele dar. Sí está en lo que transmiten algunos de sus miembros, por ejemplo Mozart en la dicho antes, la idea de búsqueda de la luz, del amor, etc.

Sin embargo la masonería se convirtió en una organización peculiar que como tal carecía de poder dada la misma, pero no así en bastantes de sus miembros, lógico si se tiene en cuenta las inquietudes que les llevaron a ella. Los hombres de la Declaración de la Independencia de USA aparecen, en los grabados de la época, adornados del mandil característico. La Declaración de los Derechos del ciudadano de la Asamblea Francesa de la Revolución está bajo su inspiración, y así otros ejemplo. Ha contado entre sus filas con hombres muy relevantes de la política, la ciencia, el arte, etc. Pero también fueron miembros suyos algunos de los hombres del Terror de la Revolución Francesa.

Es, éste de la masonería, uno de los ejemplos más conocidos de organización derivada de la idea de la palabra en el sentido dado a algo del antiguo Egipto.

Lo que sugiere la idea egipcia de la palabra se desvanece cuando se intenta utilizar para convertir eso en organizaciones por medio de las cuales sus miembros buscan otras clases de poder. El sentido de poder en la palabra es otro.

La palabra que da poder aparece en las historias y ficciones de otras formas: la palabra mágica, el “ábrete sésamo” o las palabras extrañas de los cuentos o de historia y de leyendas de magia, cuando se conocen otorgan poder. Es un recuerdo de este otro sentido último de la palabra.

Pero la palabra tiene poder real con independencia de buscar poderes tangibles extraños.

 

Un resumen de lo dicho lleva a considerar la palabra en un triple sentido: luz, vida, creación, la Palabra, Dios; razón y expresión entre los griegos; en el último sentido alguna clase de poder.

En cuanto la palabra se pronuncia existe, lo que está oculto dentro del individuo se manifiesta, su idea, su ser y expresa también lo que el individuo es.

 

 

 

Considerando de otra forma la lengua nos lleva a entender algo de nuestro mundo.

Wittgenstein dice en su obra Investigaciones filosóficas: “Las palabras del lenguaje nombran objetos – las oraciones son combinaciones de esas denominaciones – En esa figura del lenguaje encontramos las raíces de la idea: Cada palabra tiene un significado”.

Para Wittgenstein el mundo es como totalidad de hechos, y el lenguaje como totalidad de proposiciones expresivas de los hechos.

El lenguaje nos puede limitar, dice: “Los límites del lenguaje son los límites del mundo y los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo” y la consideración del lenguaje: “El lenguaje es un instrumento. Sus conceptos son instrumentos. Los conceptos nos guían en las investigaciones: son la expresión de nuestros intereses y dirigen nuestros intereses”.

Si se acepta esto de Wittgenstein pueden verse algunas implicaciones.

Todo el mundo que conocemos podemos identificarlo por medio de palabras, si aumenta lo conocido aumentan las palabras ya que cada una tiene un significado y cada objeto una palabra. Esto se ve con claridad.

La segunda proposición es conflictiva social y políticamente aunque sea cierta. Puede tener un doble sentido, el del lenguaje individual, el de cada uno, y el de la colectividad que utiliza un lenguaje determinado.

Si mi mundo, mis intereses son limitados también lo es mi lenguaje, me relaciono con pocas cosas, con pocos objetos, con pocas ideas y eso es mi mundo y mi lenguaje.

En una sociedad más o menos avanzada, como es la nuestra, se dan esas limitaciones en los individuos, a no ser que logren tener una mente más libre y universal. Las limitaciones van desde la superespecialización profesional hasta lo que son nuestros estrechos intereses en una sociedad peculiar como la nuestra. Esto tal vez tenga que ver con lo que Whitehead llama la razón de Platón y la razón de Ulises.

Al mismo tiempo mi lenguaje y mi mundo puede limitarlos la sociedad. Gellner recuerda en Antropología y política que los sistemas represivos de las sociedades se establecen por medio de los sistemas coactivos normales y por el lenguaje.

En esta última forma de represión aparecen las limitaciones de lo políticamente correcto o de lo socialmente correcto, así vemos los cambios de nombres o la atribución de nombres confusos a cosas y situaciones o los cambios de significado de las palabras o su utilización con sentido equívoco de manera que la sociedad adopta estos cambios y confusiones de acuerdo con las necesidades que cree tener o con los cambios de valores.

También es un reflejo de la confusión social.

Los ejemplos son numerosos, algunos evidentes y otros menos claros. Veamos algunos.

La gente habla de la nobleza y suele admirarla y envidiarla por el relieve social y económico que se le atribuye. Noble significa: preclaro, ilustre, generoso, honroso, estimable. En realidad la llamada nobleza debería llamarse, como dice T. Paine en  su obra Derechos del hombre, Innobleza pues como estamento social tiene su origen directo y único en la depredación humana ejercida por unos hombres sobre otros hombres y, por medio del reconocimiento y asentamiento social y establecida por derecho, se transmite por herencia. Atribuimos cualidades y virtudes por medio del lenguaje a gente que ha sido, ya desde su origen, bastante bestia, cuanto más bestia es más alto el grado dentro de la nobleza. El origen de los nombres de los títulos, que hoy suenan bien, algo revela, así: marqués procede de marca, zona fronteriza, es decir especie de policía fronterizo de la época; conde de comitatus, comitiva, acompañante; condestable debe ser algo así como conde y establo, etc. De esta forma y por otros cauces se asienta la base del sistema.

Calidad de vida, la calidad es la propiedad o conjunto de propiedades inherentes a una cosa y permiten apreciarla como igual, mejor o peor que las restantes de su especie. Lo que hacemos es asociar la vida a una cosa, a un objeto, a una mercancía. No olvidemos que nuestro sistema socio-económico se forma por medio de mercancías y éstas son tan sólo trabajo y, además, la fuerza de trabajo se compra y se vende, el hombre es una mercancía. Restringimos el concepto de vida, tal vez porque no tenemos claro qué es la vida en nuestro mundo de mercancías abundantes. La calidad permite compara las cosas, la vida la reducimos a una cosa y su calidad la determina el consumo de mercancías, los servicios también son mercancías. Quizá sería más adecuado y también más peligroso referirnos a plenitud de vida, a vida feliz, no son comparables con otras, no son medibles, la calidad sí es comparable, las cosas lo son. J. Stuart Mill en su conocido ensayo sobre el utilitarismo pretendía que lo que este buscaba era la felicidad, pero ha quedado reducido al consumismo actual, la calidad de vida forma parte del mismo.

En nuestro hablar confundimos causa con culpa, ésta se atribuye a fenómenos ajenos al individuo con lo que la culpa, que es exclusivamente de los individuos, desaparece del lenguaje aplicado a los hombres, es la sociedad de numerosos derechos, escasas obligaciones y nula responsabilidad. Los que leen las noticia, por ejemplo en la televisión, dicen que la culpa es de la tormenta o de la nieve, o del viento, etc.

Si prestamos atención a cómo se habla en los medios de información o de desinformación nos perdemos definitivamente.

Nosotros los demócratas, expresión que refleja la ambigüedad y el falseamiento de la historia. La libertad de que se presume y la democracia bastante deficiente no las hemos ganado nosotros en España, proceden de un arreglo tras la muerte del dictador que gobernó con su régimen hasta ese momento. Como no la hemos ganado colectivamente necesitamos decírnoslo y decírselo a la gente, los profesionales del poder político esto lo hacen bastante bien. Lo mismo cuando se refieren a lo de nacionalismo democrático, pues bordean, los nacionalismos, el fascismo o están claramente en él.

Se hacen manifestaciones tras pancartas que tienen como lema la tolerancia y en las mismas aparecen profesionales del poder político, muchos de los llamados intelectuales y mucha gente, pero tolerar significa: “sufrir, llevar con paciencia” y también: “permitir que algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente”. Tal vez quieran decir respeto que significa: “veneración, acatamiento que se hace a uno” y “miramiento, consideración, deferencia”, pero escriben en la pancarta tolerancia con lo que muestran que tienen más derechos que aquellos para los que se reclama tolerancia, no lo saben pero dicen eso. O quizá deberían, pero no quieren, decir libertad que la social, la libertad social supone la capacidad de la gente para actuar o no actuar siendo responsable de sus actos y de sus omisiones. O acaso deberían, pero no quieren, decir justicia, pues alguna clase de justicia verdadera, si tal cosa es posible, es la virtud social que permite que realmente todos los hombres sean iguales.

 

Dice Orwell en su obra 1.984: “¿No ves que la finalidad de la neolengua es limitar el alcance del pensamiento, estrechar el radio de acción de la mente?. Al final acabaremos haciendo imposible todo crimen del pensamiento. En efecto, ¿cómo puede haber crimental si cada concepto se expresa claramente con una sola palabra, una palabra cuyo significado esté decidido rigurosamente y con todos sus significados secundarios eliminados y olvidados para siempre?”, y poco después: “¿Cómo vas a tener un eslogan como el de “la libertad es la esclavitud” cuando el concepto de libertad no exista?”.

Lo que nuestra sociedad hace con el lenguaje es confuso y retorcido, así sucede que a los técnicos se les llama sabios. A los muertos los militares los llaman bajas. Alas represiones o actos defensivos los llaman genocidios, los verdaderos se ignoran. A ciertos actos de guerra se les llama crímenes contra la humanidad, lo que implícitamente significa que los otros actos de guerra, es decir matar indiscriminadamente o destruir impunemente deben ser hechos caritativos. El robo es apropiación indebida. Los tullidos o lisiados son minusválidos o los ciegos invidentes. Las borracheras pasan a llamarlas, por lo menos los que leen noticias, intoxicaciones etílicas. Los muertos en accidentes son, a veces, incapacitados para la vida, dicho así en noticiarios. Las regiones o los antiguos reinos son comunidades autónomas, lo que hay tras esa nueva denominación es claro, derechos exclusivos, formales o informales, para los de la comunidad. A la imposición por la fuerza de lenguas minoritarias o exclusivas la llaman inmersión lingüística. La técnica se convierte en ciencia. Los atentados pasan a ser crímenes contra la humanidad, esto depende de quien sea el autor del atentado. Quien está en peligro de muerte dicen que está en situación de riesgo vital. Analfabetos funcionales son convertidos en ídolos, héroes o ciudadanos universales de su región ante el mundo. Etc.

Si nos adentramos en las jergas de actividades específicas la dirección del lenguaje es clara, los deportes como ejemplo, así, el fútbol: pena máxima, tiro, conquista, perdonar la vida, sentenciar, machacar, golpear, destrozar, atacante, victoria, alcanzar la gloria, ganar la batalla, arrasar, estrategia, táctica que son términos de lo que llaman el “arte de la guerra”, etc. en otros deportes se habla de muerte súbita, de mates, de...

Alas mercancías se las llama bienes cuando, con frecuencia, proceden de males enormes causados a muchos.

La gente no usa o utiliza el ordenador, está en él. Aparece la realidad virtual, cosa imposible.

Creo que con estos pocos ejemplos es suficiente para entender lo que el lenguaje supone como elemento coactivo y tergiversador. Las tergiversaciones se imponen por medio de los que prestan su rostro para leer noticias o para entretenernos y con ellos los medios de información en régimen de cuasi-monopolio.

Los profesionales del poder político tienen una habilidad especial para manipular a la gente utilizando el lenguaje.

Al final se imponen las corrientes de opinión inducidas y en ellas el lenguaje es clave.

 

La segunda lectura de la proposición de Wittgenstein citada antes es más compleja. Si mi mundo es una colectividad reducida y esa colectividad tiene una lengua exclusiva, los límites de esa colectividad son los de su lengua que, al ser hablada por pocos, hace que la suma de los mundos de esos pocos sea un mundo muy pequeño. Si, por el contrario, mi mundo, si mi lengua pertenece a una colectividad muy numerosa que se mueve en un mundo mayor, mi mundo es infinitamente más amplio. La suma de los mundos de muchos hace aparecer un mundo grande que se ensancha por la fuerza de los muchos mundos que, en conjunto, se relacionan con muchos más objetos, ideas, cosas, por tanto también mi mundo. Paso de tener limitaciones y autolimitaciones a poder crecer sin límites, de tener una visión reducida y controlada a tener la posibilidad de adquirir una mente más universal y más libre.

Esto también puede tener otra lectura, la de que mi mundo estrecho está, adicionalmente, mucho más controlado ideológicamente. Si se impone desde el poder político una inmersión lingüística en una lengua minoritaria que excluye la universal, y la sociedad lo acepta por las ventajas que le reporta al dotarse de más derechos frente a otros, todo el acervo que incorpora la lengua universal desaparece; lo aportado durante siglos queda excluido  y si, por ejemplo, se deben traducir a la lengua minoritaria obras científicas, de pensamiento, etc. será imposible disponer de lo hecho durante siglos por muchos en numerosos lugares y en la lengua más universal, que recoge lo propio y lo traducido en diferentes lugares y en todo tiempo. Entonces lo que se hace es una selección por parte de los profesionales del poder político y sus acólitos, esta selección necesariamente será muy reducida y siempre condicionada ideológicamente  de acuerdo con los profesionales del poder político que se han apropiado del poder. Tal vez la necesidad lleve a que haya otra lengua más universal adquirida tan sólo como medio de información, no vital, con lo que el control de ese pequeño mundo estará asegurado y será un mundo cerrado, limitado, de difícil entrada en él y de difícil salida de él.

 

 

 

Al observar el desarrollo de las lenguas vemos que el griego es identificado por sus filósofos como la lengua de la razón. La expansión de la civilización griega le da al idioma un plus importante, se extiende durante las conquistas del salvaje Alejandro, en este caso de forma efímera, y permanece incluso durante el dominio romano como lengua de cultura.

Luego se impone el  latín, que es la lengua del imperio, de muchos y, en cierta forma, llega a ser la lengua universal en Europa y continuó, en parte, tras el mismo al asumir la Iglesia su continuación en varios aspectos, así, un hombre de la cultura de san Agustín, en los siglos IV y principios del V, se ciñe al latín.

A finales del siglo V ya ha acabado el imperio en Occidente, el pueblo empieza a expresarse más en hispanorromano, en italorromano, en galorromano, etc. entran en el hablar dialectos locales y raíces bárbaras. Reaparece Babel. Empieza a nacer Europa  que lo hace, también, por las lenguas, mucho más tarde y, en parte, sobre ellas van surgiendo las naciones.

La Edad media se estructura también con la institución del derecho procedente de Roma, que tan sólo sirve para establecer la igualdad entre hombres libres y sabemos que estos eran muy pocos Las capas dirigentes se organizan a partir de la nobleza, de origen germánico, y de la jerarquía eclesiástica, cuyo origen está en la nobleza romana, de ahí que la Iglesia sea continuadora de diferentes aspectos e instituciones del Imperio, entre ellos está la lengua.

La primera que se escribe no en latín sino en idioma vulgar es el Ars Magna de Ramón Llull, es en el siglo XIII.

Mientras Tanto, al conservarse el latín todavía como vehículo de cultura, pueden enseñar, por ejemplo, en París gentes de origen tan diverso como Duns Scoto o Tomás de Aquino y pueden acudir a aprender, sin dificultades de entendimiento, gentes de cualquier lugar de Europa.

Todo esto acaba y se van asentando las que luego serán naciones sobre las lenguas que en los siglos anteriores se han ido desarrollando.

Esta Babel supone: guerras, disputas, alejamientos, desuniones, etc.

 

La otra lengua que adquiere un carácter casi universal es el español cuando acompaña al imperio que va surgiendo tras la conquista de América. He dicho algo incorrecto social y políticamente, debería haber dicho castellano, y es cierto, pero en lo universal de la lengua, fuera de la actual estrecha España, otra incorrección, la gente dice País o Estado Español, el idioma es el español, está en la lógica de las cosas. Aunque la conquista es obra de Castilla, llegan españoles de todos los lugares, los conquistadores o los que ocupan cargos oficiales fueron también vascos o extremeños o catalanes o de cualquier otro lugar de España, para el mundo eran españoles.

El latín se perdió al acabar el Imperio Romano como lengua de las posteriores naciones. La “pax romana” se sustentaba, en parte, en el poderío militar, en la fuerza bruta.

El español, más de dos siglos después de iniciarse el fin del Imperio que llevaba una lengua determinada, permanece vivo en las distintas naciones. El imperio español no fue militarista, ni genocida, ni cosas parecidas que se dicen en la tergiversación de ideas y hechos por medio del lenguaje, eso no quiere decir que los españoles no fuesen bestias, ya el mero hecho de apropiarse graciosamente de tierras ajenas, de casi un continente es disparatado, no olvidemos el muy arraigado hábito depredador de los hombres. La llamada conquista tuvo de todo, pero siendo esto lo sustancial, por lo que se refiere a la conquista, el imperio español tendió más al pacto y a tratar de imponer las mismas leyes que regían en España.

Resultado de todo eso es que hoy el español sigue siendo el idioma de todos esos países. Es el idioma común de un pueblo numeroso, de bastantes naciones, con un mundo variado y amplio, sus límites se ensanchan y es un mundo de 400 millones de mundos.

Recordemos otra vez: el límite de mi lenguaje es el límite de mi mundo; en nuestro caso el límite del lenguaje, cuyos límites son su mundo, al ser este un mundo extenso, los límites de nuestro mundo son enormes.

 

El tercer imperio que consideramos aquí, que también conlleva un idioma, es el que se asienta con la expansión del capitalismo industrial, el imperio del capitalismo, para muchos, está encarnado en los USA. Probablemente este nuevo imperio tiene características de los anteriores, del militarismo romano, del pactismo español y del utilitarismo británico y de cuyo imperio es continuador. Sobre los anteriores su diferencia está en las sofisticaciones del aspecto depredador.

El capitalismo industrial, nacido en Inglaterra, permite el crecimiento de la riqueza de forma ilimitada. Nosotros llamamos imperio a los USA, pero el verdadero imperio es el centro del sistema que trasciende fronteras.

Este nuevo imperio, de sistema social y económico único en el mundo actual, tiene sus vehículos de comunicación, de difusión, de información en cuanto a lengua en el inglés que, de acuerdo con lo anterior, se ha convertido en hegemónico en el país único de la mundialización, como no podía ser de otra forma, dados los cambios de valores que originan los cambios y avances del sistema.

Este idioma es de comunicación, pero más que eso es utilitario, el sistema encuentra en el burdo utilitarismo actual bases ideológicas no explicitadas y de sostenimiento. En este caso la comunicación buscada es para que el núcleo, el centro del sistema nos haga partícipes de sus beneficios, en general no es al revés.

El idioma hegemónico actual es vehículo de ese imperio y como tal se impone por las necesidades de la periferia, no dentro de las fronteras de lo que tradicionalmente eran los imperios antiguos sino a partir de otras formas de dominio y hegemonía. El mundo es otro.

 

Las lenguas que han dominado o que dominan han ido acompañadas del dominio político ya sea con las formas de los imperios tradicionales o con las formas actuales bastante más complejas.

 

Fuera de esto pero estrechamente relacionado se da el fenómeno contrario, la proliferación de lenguas que conlleva una serie de limitaciones en sus lugares y de privilegios locales, también una serie de tópicos y de falacias que tiene entre otras, como consecuencia pérdidas de libertad para grupos de gente que están en esos lugares pero, formal o informalmente, poseen menos derechos. En esos lugares se adopta como lengua para relacionarse con el resto del mundo la hegemónica. So islas vinculadas con el centro del sistema por lo generado por el mismo, por las mercancías y en la difusión e información más general por es lengua dominante.

 

 

 

Veamos, muy por encima, otros aspectos del lenguaje.

Al estudiar el lenguaje, Chomsky se plantea el conocimiento y en relación al mismo lo que él llama el problema Platón o cómo en la breve vida de un hombre éste puede llegar a conocer  tanto, frente al que está lo que llama el problema Orwell o cómo con tanta información el hombre conoce tan poco. Esto es diferente de lo que ha aparecido antes y que Whitehead llama la razón de Ulises y la razón de Platón, la primera es práctica y se agota consiguiendo cosas y la segunda trata de comprender el mundo, no es práctica; sin embargo, aunque predomina de forma muy mayoritaria la razón de Ulises, sin la razón de Platón no se avanzaría. Esta es una reflexión distinta que concierne a nuestros intereses y actitudes ante la vida y cuyas consecuencias son fundamentales para el desarrollo de las sociedades.

Volviendo a lo anterior, Chomsky recuerda, en el Conocimiento del lenguaje, que: “la sustancia invariante era la mente y sus actos; las lenguas particulares utilizan diferentes mecanismos – algunos de los cuales se encuentran enraizados en la razón humana, otros son arbitrarios y circunstanciales – para la expresión del pensamiento, que permanece constante de lengua a lengua”.

Algo parecido dice Eco, en La búsqueda de la lengua perfecta, al señalar que: “los estoicos, con su semiótica articulada, sabían perfectamente que si en griego un determinado sonido correspondía a una idea, aquella idea indudablemente también estaba presente en la mente de un bárbaro, pero el bárbaro no conocía la relación entre el sonido griego y su propia idea”.

Las teorías de los dos vienen a decir que el pensamiento es independiente del idioma en que se expresa, que todo puede expresarse en cualquier idioma de una u otra forma.

Hay otras teorías diferentes que parecen vincular lengua y conocimiento.

En realidad el idioma juega un papel de expresión a partir de la idea universal; varios idiomas y varias formas de expresión de lo mismo.

Ocurre que las aportaciones son de muchos y todas ellas forman lo universal, si limitamos nuestro mundo también limitamos una parte del todo, aunque ese mundo reducido pueda ser capaz de expresar ese todo, pero no le llega más que una parte y ese mundo no produce todo, se sigue limitando.

El conocimiento, libre como tal, permitirá llegar a él con una mente abstracta, libre y universal, es distinto a la lengua en que se expresa.

Una razón abstracta, libre y universal, ¿en qué idioma?, es en el del conocimiento, se expresa en los distintos idiomas, pero es lo mismo.

La ciencia cuyo fin es encontrar, descubrir leyes de funcionamiento del universo, del mundo, cuando encuentra algo, ¿en qué lengua están escritas las leyes de funcionamiento del universo?. En algunos casos se emplea el lenguaje matemático que es universal. En los idiomas que existen se puede expresar lo mismo.

El lenguaje, en este sentido, manifiesta conocimiento de la clase que sea y, además, lo puede manifestar en cualquier lengua en cuanto sistema de comunicación y expresión común a varios. Las lenguas minoritarias no tiene, a veces, la capacidad suficiente para expresar lo que rebasa los límites de su mundo y se abandonan o son utilizadas políticamente, se inventan términos nuevos que,  muchas veces, no están en el hablar de su sociedad.

 

La duda que surge es si cualquier lengua, aun minoritaria, forma parte del acervo cultural de la humanidad, si es cultura a preservar o su desaparición, por desuso, no supone pérdida alguna o si bien puede suponer aportaciones adicionales al acervo que arrastran otras lenguas. Esto depende de qué se entienda por cultura.

El diccionario la define como: “resultado o efecto de cultivar los conocimientos humanos y de finarse por medio del ejercicio las facultades intelectuales del hombre”, también es: “conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época o grupo social, etc.” y cultura popular: “conjunto de las manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo”.

No son excluyentes esos conceptos de cultura, una podría decirse que es la cultura universal, pues el hombre es el mismo esté donde esté o, como dicen los filósofos, la esencia del hombre es la misma en todos ellos, y la última acepción es cultura local que interesa a los del lugar correspondiente.

La evolución de las sociedades a lo largo de los siglos ha preservado la cultura, que podríamos llamar, universal y ha ido olvidando y culturas populares y han surgido otras culturas populares nuevas. Que ahora se dé a las culturas populares gran importancia y se pretendan universalizar por los del lugar correspondiente es por razones políticas o de las sociedades en una de las formas de huida que tienen o de miedos sociales ante el futuro o de vacíos sociales en lo profundo de los hombres que recuperan o reinventan formas surgidas en los, hasta hace poco, momentos de tiranía.

En el mundo hay miles de culturas populares, lo son de sus lugares, para ellos, pero no son generalizables ni universales, si así fuera estarían incorporadas a ese primer sentido de la cultura y formarían parte del acervo universal. Esto no quiere decir que deban despreciarse esas manifestaciones ideadas por los hombres de distintos lugares.

En esto y, una vez más, en la tergiversación del lenguaje y en su utilización represiva, política con frecuencia, debido a modas, corrientes de opinión o factores poco claros en las sociedades, se tiende a la confusión y, en ella, al dogmatismo que, como tal, es irracional.

Confundimos el contenido con el continente. Si el continente es muy limitado y artificioso puede suceder: o bien que restrinja el contenido por incapacidad o imposibilidad de abarcar aquello que debe contener o bien que sea necesario agrandar el continente y, en este caso, puede ser artificioso, con lo que no está en la vitalidad de esa sociedad o se abre al mundo.

 

 

 

 

Los avances técnicos, los avances de la información y su abundancia cambian el lenguaje, pero lo construyen utilitario como resultado de la hegemonía de la razón de Ulises.

Las nuevas y velocísimas formas de difusión necesitan un nuevo lenguaje en la sociedad, que también es, la sociedad, de la inmediatez. Este nuevo lenguaje se genera constantemente para su rápida asimilación y para su utilización inmediata. La cuestión está en que esa re-generación del lenguaje está en la dirección del idioma hegemónico del que nosotros tomamos únicamente el aspecto utilitario.

En el mundo absolutamente todo está relacionado, una reflexión antigua lo expresa con nitidez, es de Marco Aurelio en sus Meditaciones: “Todo está entrelazado entre sí y la ligazón es sagrada y casi no existe ninguna cosa que sea ajena a otra, porque están coordinadas y contribuyen al orden del mismo mundo. Pues el mundo es uno, a partir de todas las cosas, y la divinidad una a través de todo; la sustancia, una; la ley, una; la razón, común a todos los seres dotados de inteligencia y la verdad, una, puesto que también es una la perfección de los seres que tienen el mismo linaje y participan de la misma razón”. Escrito por alguien desde la altura del máximo poder de su época avanza los desatinos de los siglos posteriores. Sus meditaciones son contradictorias con su propia formación estoica y con su actuación política que, en ocasiones, supuso verdaderas tragedias.

Vemos las cosas, las intuimos, pero pretendidas razones de estado, políticas, de conveniencia... nos llevan a actuar en sentido contrario.

Para esa idea de todo entrelazado, de integración, la comunicación que permite la lengua es importante, pero la incomunicación que origina Babel rompe todo.

 

Si Europa se construye a partir de la Edad Media, en parte, por medio de los distintos idiomas, siendo un aspecto de esa Europa que es un lugar con docenas de idiomas, cientos de intereses distintos... La Europa actual se pretende construir y desconstruir de la misma forma.

El siglo XIX, de influencia liberal en parte, permite que tras la libertad de la época aparezcan y se asienten naciones.

El siglo XX, convulso y aterrado, tras su asentamiento muestra una paradoja al finalizar. Si la democracia formal llegó, tras nuestros trágicos desatinos y desmesuras, al finalizar la primera mitad del siglo como un regalo del odiado amigo americano asociado al británico y tras ese odio late la vergüenza histórica y el falseamiento de la historia, en el final del siglo muchos países cuya gente tampoco supo ganar colectivamente su libertad y su democracia, que la recibieron porque sí, abusan de ese regalo para romper vehículos y vínculos comunes.  El idioma es clave para semejantes logros.

Imaginemos que cada pueblo, que cada ciudad tiene un idioma diferente por completo al de sus vecinos y al de sus no vecinos. ¿Podemos imaginar ese mundo?. La Babel total.

Imaginemos un mundo que, tras largos devaneos, ha construido un único idioma desde la evolución vital, sin barreras a la expansión vital de sus gentes o como dice M. Amis en Koba el temible: “La evolución de la vida es la evolución de la libertad”. ¿Cómo sería ese mundo?. Va hacia Pentecostés.

En estos dos mundos la involución o la evolución, la tiranía o la libertad.

Es inevitable entrar en terrenos resbaladizos y poco correctos política y socialmente.

 

Consideremos algunas ideas de I. Berlin, las de la libertad positiva y la libertad negativa.

La libertad negativa se refiere a la ausencia de obstáculos, que son producto de la acción de los hombres, a la acción de los individuos.

La libertad positiva se refiere al ejercicio del poder político, a quien manda.

Si de la segunda puede derivarse la dictadura de una u otra clase, hay muchas formas de dictadura, cuando la libertad se pervierte, de la primera se derivan, se derivan, según cómo se estructure esa forma de libertad negativa, las otras restricciones.

Cuando se corrompen dan lo conocido.

Por lo que se refiere a nuestro tema, el idioma, todo es claro al observar con sinceridad y si pre-juicios lo que sucede.

En esto no nos podemos poner de acuerdo pues los intereses, la presión social, más o menos inducida, la estructuración de derechos individuales, los sentimientos colectivos confusos por no haber luchado juntos por algo que está en lo hondo de los hombres, por la libertad, lucha que supone, cuando se da, un fuerte vínculo entre quienes luchan, más allá de aspectos meramente formales. Todo esto lleva a una situación insatisfactoria para algunos, de intereses particulares para otros y a aceptar con sumisión lo que en otras situaciones sería inaceptable individual y socialmente. Tenemos tanto que ocultarnos que rechazamos el debate, la controversia, la aclaración real, la catarsis.

Si algún día, dentro de los años que sean, resolvemos estos problemas seremos más libres socialmente y también individualmente.

El final de todo es algo en lo que ahora no podemos seguir: el hombre, nada más, el hombre en sociedad. El ser con todos los demás. Sólo se puede ser con todos, pero se puede estar separado. Sólo se puede ser hombre en plenitud con todos.

 

Acabo con unas frases de Rimbaud que cita U. Eco en La búsqueda de la lengua perfecta, so de una carta a Paul Demeny del 15 de mayo de 1.871: “Por lo demás, siendo toda palabra idea, el tiempo de una lengua universal llegará!... Esta lengua será del alma para el alma, resumiendo todo, perfumes, sonidos, colores...”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] Estas reflexiones sencillas y no estructuradas proceden de explicaciones marginales dadas en un curso cuyo título era Reflexiones sobre el hombre de hoy, impartido en la llamada Universidad de la Experiencia de la Universidad de Zaragoza, en el Campus de Huesca. También tiene algo que ver con una conferencia que al final no se dio.