El hombre des-integrado
Integrar significa: constituir las partes un todo, el todo es una cosa íntegra, es decir, que no carece de ninguna de sus partes. Una acepción similar de integrar es: "completar un todo con las partes que faltaban".
Las relaciones entre los hombres, que nos guste o no, existen y son inevitables, se establecen de diferentes formas y por distintas causas. Cada uno nacemos (algo en lo que no tenemos nada que ver) en algún lugar, en una sociedad, nos convertimos en ése momento en socios de alguien. Los socios suelen serlo para alcanzar algún objetivo común. Frecuentemente nos encontramos a la fuerza con socios que no hemos elegido. En algunas ocasiones la gente busca otros socios que le gusten más porque sus objetivos y los medios para alcanzarlos le parecen más adecuados y trata de entrar en ésa sociedad, así, los inmigrantes que llegan a países con alto nivel económico; el problema es que éstos últimos no suelen querer nuevos socios para que compartan sus objetivos, aunque sí como medios para alcanzarlos ellos tan sólo. Los socios suelen tener y establecer unos derechos similares para ellos, que niegan a los que quieren ser también nuevos socios. No saben a qué se deben sus derechos, los tienen por haber nacido allí. Luego, entre ellos, también establecen otras sociedades específicas, restringidas, etc.
Si además existen cosas que son comunes, que creen que pertenecen a varios, aparecen las comunidades de ésos varios. A veces los hombres las inventan, en ocasiones son naturales. (Habría que aclarar por qué razón, aquí, lo que antes eran regiones ahora se llaman comunidades autónomas y, como todos los cambios de lenguaje que se producen, qué sentido tiene éste).
Sobre la sociedad se han dicho y escrito abundantes cosas y además con seriedad y rigor.
Cuando el hombre se pregunta por él mismo, con frecuencia, no encuentra respuestas satisfactorias, porque su vida, nuestra vida, aun siendo breve, no es satisfactoria. El hombre satisfecho plenamente es capaz de vivir la vida en su totalidad.
El hombre vive en sociedad, pero parece que insatisfecho. Las respuestas que busca las encuentra parciales, fragmentadas, y las encuentra en diversos sitios y de diferentes formas, rara vez en él mismo, suelen ser incompletas. Aveces llega a compromisos consigo mismo y se resigna, o se destruye, o sigue buscando. La sociedad hasta ahora no ha dado ni respuestas ni soluciones. El hombre existe en sociedad, pero no es plenamente.
Uno de los problemas que existen es el de la separación. Diferentes trabajos (como los de Lipovetsky) muestran actitudes de nuestra sociedad occidental, así, individualismo, seducción, hedonismo, apatía, indiferencia, vacío.
Pensemos por un momento en algo más, en la idea de integración tal como ha sido definida al principio, según el diccionario, y pensemos en el hombre. Ya no se trataría de una sociedad o de una comunidad, sería algo que nuestro idioma no considera, que la gente, en definitiva, no se plantea, Sí existe la idea de integrar aplicada a otras cosas, el verbo, como la operación matemática, que curiosamente designa con el mismo nombre tanto a encontrar una función primitiva, la derivada indica movimiento instantáneo y su función primitiva es la que explica la variación infinitesimal de lo que sea, como a la suma de infinitésimas partes que dan, por ejemplo, una superficie total, completa como resultado. En algunos tratados sobre empresa y estrategia de la misma (hegemonía realmente), se habla de integrar, por ejemplo, el entorno, no se refiere al hombre.
Existe asociar, asociarse, común, pero no algo parecido a integrar y referido a la gente, quizá comunión, pero no comunionidad o en éste caso integralidad o algo parecido (son palabras que no parecen sonar bien), no está concebida ésa idea por la gente. En el fondo, es una idea de máxima vinculación, de comunión, de fusión total sin pérdida de la propia conciencia y de la propia libertad. Tal vez puede reflejar la idea, una forma de vivir con plena libertad y amor.
Manifestaciones que pueden sugerir ésa idea quizá puedan encontrarse en los amantes plenos, totales, el amor definido por el diccionario (todas las definiciones que aparecen aquí proceden del diccionario de la RAE, lo que para el propósito de éstas páginas es suficiente) como el "sentimiento que mueve a desear la realidad amada, otra persona, un grupo humano o alguna cosa, alcance lo que se juzga su bien, a procurar que ése deseo se cumpla y a juzgar como bien propio el hecho de saberlo cumplido", es lo que les une; tal vez también puede encontrarse en el misticismo entendido como "el estado extraordinario de perfección religiosa, que consiste esencialmente en cierta unión inefable del alma con Dios por el amor, y va acompañado accidentalmente de éxtasis y revelaciones", cuando se da esto "el alma está embargada enteramente por un sentimiento de admiración, alegría,...", claro que a veces queda suspendido el ejercicio de los sentidos; tal vez también puede pensarse eso del sabio (no sé si hay muchos), aunque los griegos entendían que en cierto sentido la sabiduría era cosa de la divinidad. Algunos otros, humanistas del siglo XVI, por ejemplo, creían que la sabiduría estaba en el Nuevo Testamento, con lo que se volvería a una idealización de lo que se ha dado en llamar primitivas comunidades cristianas, no está claro. Tal vez hay momentos en la obra del artista en los que se comunica fugazmente eso, la música en especial, no toda, la que es capaz de atravesar el corazón y hablar también al alma.
En las reflexiones, tratados y demás, no es lo más frecuente que aparezca la idea del amor como algo natural, como el odio, la libertad, la justicia, etc., quizá porque se impondría tratar de vivir con amor, en el amor, por el amor, para el amor y sus consecuencias. Platón nos enseña que una consecuencia de eso es la capacidad y la realidad de crear y también que la máxima altura en el quehacer de los hombres es trabajar para el bien común.
En nuestra sociedad occidental parece que nos dirigimos a la no integración, debe haber muchas causas, suponiendo que el ideal de integración sea algo. Las formas de cambiar amor, justicia o libertad por cierta pretendida seguridad garantizada por el establecimiento de una serie de derechos individuales concretos, hasta el extremo que puede llegar a pensarse que el establecimiento continuado e incremental de ciertos derechos individuales va minando nuestra libertad y la posibilidad de organizar sociedades justas. Se da además la contradicción de que éste establecimiento de derechos individuales supone, al encontrarnos con otras sociedades sin derechos individuales que se puedan hacer cumplir, su sojuzgamiento. Nosotros, los con derechos, convertimos a los sin derechos en nuestros esclavos reales, incluso en nuestras víctimas.
Vayamos por un momento al mundo real y observemos un poco.
En el periódico de hoy, 8 de marzo, aparece la noticia de una ley que prohibe beber en la calle y vender bebidas alcohólicas a menores de 18 años, se refiere a Madrid, entre las justificaciones: "...restricciones al negocio que ha crecido incontrolado alrededor del consumo juvenil..." luego se señala, en la noticia, que se deben inventar nuevas alternativas de ocio, que en otros lugares los que dicen gestionar la "cosa pública", han preparado y ofrecido alternativas para lo que expresamente se permite. Deduzco que todo lo demás se prohibe.
Los que dicen gestionar la "cosa pública" tienden a atribuirse el poder de prohibir y permitir expresamente todo lo que va surgiendo ante nuevas apariciones de innovaciones o de lo que sea. A veces hay presiones sociales para regular las conductas que surgen de lo nuevo.
La gente intenta que prevalezcan lo que cree son sus derechos individuales sobre los de toda la sociedad, así, el ejemplo reciente de unos pocos funcionarios llevando al juzgado el incumplimiento, por parte del gobierno, de unos acuerdos de congelación salarial y unos aumentos posteriores, sin carácter de ley o cosa parecida, para que prevalezcan sobre leyes de las Cortes, la de Presupuestos del Estado, y además los jueces, otros funcionarios, así lo deciden, es decir, unos funcionarios deciden que otros funcionarios están por encima de las leyes por los que en ése momento son representantes de toda la sociedad y los únicos que pueden legislar, y también por encima de la política económica, función del gobierno elegido por los ciudadanos, entre otras cosas para que establezca y dirija la política económica de la nación. Más tarde, otros jueces, también funcionarios pero de mayor rango que los primeros jueces-funcionarios, han anulado ésa decisión primera.
Se está planteando cobrar a los músicos callejeros derechos de autor por la música que interpretan en la calle, normalmente para malvivir de su música recogiendo algún euro solidario. Hay un sinfín de ejemplos.
Derecho al teléfono móvil y derecho a que no haya antenas próximas, derecho a fumar y a reclamar al fabricante si se enferma, derecho a los títulos académicos y a no estudiar al mismo tiempo, etc.
Exigimos más servicios públicos, más derechos, y también no pagar más impuestos o pagar menos, todo al mismo tiempo. No es necesario seguir.
Esta exhaustiva regulación de las conductas se dirige a los efectos, de manera que ignorando las causas, se reprimen y autorreprimen consecuencias de algo para preservar los derechos individuales, consecuencia a su vez más que de nuestro ser en el mundo de nuestro estar simplemente.
Da la sensación de que nuestra sociedad es como un panal de abejas (otra sociedad, mecánica, totalmente regulada, claro que las abejas no tienen la inteligencia que se le supone al hombre), cada individuo existe en una celdilla cuyas paredes son las leyes, las normas, los derechos individuales que nos aislan, protegen, separan.
Si la libertad es la "facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos", ésa facultad desaparece y la responsabilidad también. Todo está regulado.
Predomina el utilitarismo, todo se regula según éste utilitarismo económico, no se concibe algo diferente. North llama la atención acerca de que puede haber conductas cuyo origen sea el altruismo; nadie lo considera.
Predomina la imagen, el mensaje sin sentido, el no razonamiento, los derechos sin más. Tengo mis derechos, allí se acaba todo.
Los que se apropian ( algo muy característico del sistema) del Estado o de parte de él y de organismos (con frecuencia procedentes de instituciones, que no olvidemos, son las reglas del juego), imponen otros derechos, nuevas regulaciones y restricciones.
Las normas no está claro ni de dónde proceden, ni por qué aparecen, ni quién las impone, a veces, desconocidos funcionarios. Establece normas todo el mundo, la UE, los gobiernos de los países, de las regiones (ahora, en España, son comunidades autónomas), los ayuntamientos, las pedanías (ahora son unidades de población), los organismos de todas las clases que proliferan dentro de todos ésos lugares.
Pasamos a tener derechos individuales y regulaciones que restringen. Aveces sobre algunos aconteceres se establecen de forma arbitraria, no según valía, para algunas funciones, sino por escalafones complejos e ilógicos que preservan otros pretendidos derechos gremiales sin importar el perjuicio que se pueda hacer a la sociedad, por influencias. Siempre derechos. También desconciertan, si no se conocen, cosa casi imposible, uno se encuentra perdido, Kafka avanzó algo con el atónito Josef K cuando derechos desconocidos se hacen cumplir. Pero existen mis derechos, quizá sea más apropiado decir que mis derechos son, como el ser, y yo simplemente estoy.
Los derechos, no ser heridos en lo que alguien decide que es nuestra sensibilidad, no ver cosas desagradables, etc. nos llevan a camuflar los hechos, cambiamos hasta el lenguaje, parece que los invidentes vean más que los ciegos, que los minusválidos sean tullidos que se han curado o que los muertos lo sean menos porque ahora son gente incapacitada para la vida (así lo dicen a veces los de las noticias), cambiamos la idea de región por la de comunidad autónoma, es decir, ahora tenemos, al ser una comunidad algo común, nuevos derechos y exclusivos, antes no, pero sólo los de la comunidad, los demás no so de la comunidad, que no sólo es tal, sino además autónoma, el no va más, derechos más específicos todavía y por si no es suficiente, son autónomos y exclusivos, de pocos..
Cuando no se establecen derechos expresos aparecen en formato de instituciones informales ( North) que acaban de pre4cisar lo permitido y lo prohibido, así, lo políticamente correcto, disentir del inexistente pensamiento oficial-social, etc. No es posible interferir en lo ya establecido, no podemos saltar las paredes de nuestra celdilla del panal, que también son paredes para los que están al lado, no unidos.
Todo esto ¿por qué?. Es como si tuviéramos miedo a ser libres, a amar, a ser justos, da la sensación de que estemos, pero no de que seamos.
El cartesiano pienso, luego existo, se ha convertido en tengo derechos, luego, estoy.
Es innegable que un planteamiento y una crítica de ésta clase presuponen alguna idea del hombre para vivir en el mundo, en un mundo, en una sociedad como la occidental en la que no está muy claro que los hombres vivan bien, a pesar de la opulencia existente, tanto si se compara con otras épocas, como con otros mundos que están en el nuestro, que son el nuestro. No es necesario repasar cómo vivimos y cómo estamos, algo se ha dicho antes, recuerdo, no obstante, la huida de mucha gente ( consumos masivos de ansiolíticos, insomnios, alcohol, drogas, fanatismos futboleros y de otras clases ante cualquier acontecimiento banal pero entrado por los medios de información, etc. y todo eso masivamente).
Nuestra actuación muestra que la retórica de que todos los hombres somos iguales, es sólo eso, retórica; los hechos son tan claros que hemos decidido mirarlos sin verlos, ignorarlos. Pienso que necesitamos cambiar algo.
Necesitamos saber realmente qué es la libertad y aprender a vivir libres. La gente lo repite tanto que se lo llega a creer. Las restricciones carentes de sentido, impuestas y autoimpuestas, empiezan a suprimir parte de la responsabilidad por los propios actos ( al final de la película Vencedores o vencidos, el juez que explica la condena por actos criminales justificados por la obediencia debida, lo recuerda categórico: cada hombre es responsable de sus actos). La facultad de obrar o no obrar se convierte en engañosa.
Parte de nuestros actos, que creemos libres, conduce a la injusticia, pues querer ignorar las consecuencias no significa que no existan, máxime si las conocemos y las despreciamos. ¿ Dónde se muestran?, en las normas, en las leyes, en nuestro actuar cotidiano. Los problemas del hombre, de cada hombre, nos conciernen . Veamos uno entre muchos ejemplos posibles: martes, 16 de octubre de2.001, noticia de la Jornada Mundial de Alimentación, un relator de Naciones Unidas explica, desde Ginebra, que hay recursos para alimentar a doble población de la existente hoy. Cada día, dice, mueren de hambre más de 100.000 personas, sigue éste relator: "no se trata ni de fatalidad ni de ley superior o decreto de Dios, es un asesinato. Para cada víctima del hombre hay un asesino. Nos enfrentamos a una masacre deliberada, cotidiana, que ocurre con una normalidad gélida".
No es que lo hagamos nosotros, que sí, es que somos nosotros, nos lo hacemos a nosotros mismos y no lo vivimos así. Nos asesinamos un tanto a nosotros mismos. En un mundo integrado eso es inconcebible. En un mundo en el que el hombre sea hombre, con todo lo que significa, eso no es posible.
Podríamos seguir y observar qué hay detrás de gran parte de los bienes que consumimos, de marcas de todas las clases y de productos, los con derechos frente a los sin derechos sobre sus vidas, su trabajo, su... Eso es real. Eso somos nosotros.
Antes de seguir podemos hacer una última observación de nuestra actual casa, del planeta Tierra y de sus habitantes, nosotros, que durante unos pocos años convivimos en la misma casa, que aun siendo común , es decir, de todos, con rapidez se ha ido fragmentando y la gente ha ido apropiándose de ella, se han establecido derechos, no se sabe bien en virtud de qué derecho, con carácter y medios de obligatorio cumplimiento, son los derechos de propiedad (es sabido que es algo característico de muchas civilizaciones, no de todas; se produce la apropiación sin más, en algún momento, por quien tiene la fuerza para hacerlo).
Para hacer ésa observación supongamos que nuestro observatorio es un satélite girando alrededor de la Tierra. Gran parte de lo que observamos es aterrador, sin necesidad de describir lo observado podemos resumir algo: carencias de todas las clases en la mayoría de la gente, sufrimiento generalizado por unas causas u otras, injusticias sin límites, guerras, violencia extrema, gente vagando, trabajos inútiles en vidas sin esperanza, esclavitud real, ambiciones desmesuradas, pobres ricos desesperados en su codicia y en su nada, pobres pobres desesperados en su miseria, algún atisbo de felicidad incompleta, unos cuantos compasivos intentando hacer algo, fanatismos, etc.
Vemos un mundo que tal vez podría ser luminoso, pero es sombrío, de sufrimiento, de insatisfacciones, de frustraciones,... para qué seguir.
Sufrimiento sin compasión, con apática indiferencia de quienes podrían cambiar algo. Los sentimientos de ternura ante el sufrimiento ajeno y también ante la felicidad ajena son rechazados por banales, son sensiblerías estúpidas, las denuncias ante la injusticia son pueriles, la rebeldía ante el caos es enfermedad, la reflexión libre es un error sin más, una locura.
Esto no es cierto, nuestra sociedad jamás había alcanzado las alturas de bienestar y posibilidades actuales, el descubrimiento del genoma permitirá vivir al hombre mucho más tiempo, la inmortalidad, la ciencia nos dará el conocimiento, explicación y control del mundo y del universo. El mundo, la sociedad está abierta y debemos mirarla con esperanza, vamos hacia un mundo jamás soñado por los hombres. ¿ Qué mundo?, ¿ qué sociedad?, ¿ la nuestra que se rompe?, ¿ ésta pequeña parte de entre los seis mil millones que somos y considera que eso es la totalidad y se protege y rechaza y es indiferente?, ¿ nos estamos encaminando hacia algún tipo de fascismo, de totalitarismo, de hegemonismo, de irracionalidad colectiva en definitiva?.
Yo soy, cada yo, la seis mil millonésima parte de cuantos vivimos hoy en la Tierra, pero también soy en mí mismo un mundo inmenso y frágil, muy importante, el más importante, sin embargo existo con los demás, pero no soy ni con los demás ni conmigo, si soy de verdad, hombre, no puedo dejar de ser con todos los demás.
Otra vez el idioma, los que al hablar lo han ido construyendo, vuelve a quedar corto y a confundirnos; de estar dice existir, de ser habla como esencia, como sustancia o naturaleza, como verbo tan sólo afirma lo que significa su atributo, también significa haber o existir, pero no la naturaleza siendo, actuando. Sólo puedo ser algo, cuando digo o pienso yo soy parece que falta algo, yo soy qué, quién. Un hombre, la plenitud, nada más. No está claro.
Dios, ¿ es, está, existe?, ¿ y nosotros?. Somos algo, no somos sin más. Soy. Si únicamente soy, puedo confiarme, abandonarme, fundirme, vivir integrado. Soy y vivo. No soy joven o viejo, ni carpintero o historiador, no soy algo, soy. ¿ Soy capaz de ser?.
Si todos somos, sin más, aun siendo cada uno diferente, somos, cada soy lo es sin más, sin barreras, sin atributos añadidos, el atributo es todo, no se necesitan los atributos. Los antiguos délficos partían del "conócete a ti mismo", quizá podría plantearse, "sé tú mismo".
Seis mil millones de "soy", un soy mayor, uno sólo y seis mil millones al mismo tiempo. El todo que no carece de ninguna de sus partes, la integración, la integralidad como lugar en que vivir, integrar, también "completar un todo con las partes que faltaban". Otro mundo, otro estado, otro hombre, el hombre.
La cosa empieza en el corazón, el Zaratustra de Nietzsche marchó a las montañas a gozar de su espíritu y de su soledad, pero al fin su corazón se transformó. El hombre posee capacidades desconocidas para él mismo, un potencial a desarrollar que no sabemos hasta dónde llega. H a habido algunos hombres libres, pocos, que han destacado por lo mucho que han sido capaces de desarrollar y de dar y de compartir y regalar al mundo. L a generalidad no ha sido ésta. Hombres que han sido, que su obra sigue siendo, capaces de vivir y elevarse por encima de la mediocridad de sus contemporáneos y completarnos un poco más al haber sabido ser ellos. Al mismo tiempo el hombre es frágil y limitado, sin embargo, por medio de su imaginación, de su corazón, del amor, siendo libre, el hombre es capaz de alcanzar alturas infinitas. Los límites de la imaginación, del amor,.. nadie los conoce. Los órficos decían que el hombre es hijo de la tierra y del cielo estrellado, desde aquí, con nuestra fragilidad y limitaciones, podemos alcanzar ésas alturas ilimitadas, desconocidas, sin embargo nos perdemos a nosotros mismos.
Santiago Ubieto