EL HOMBRE LIBRE
Santiago Ubieto
La vida es siempre movimiento, acción.
El hombre, en la Vida en que él es, se caracteriza, entre otras cosas, por la acción.
La acción es impulsada por el pensamiento y por el sentimiento, mediante aquel el hombre imagina, idea, piensa lo que desea hacer, el sentimiento le lleva a actuar y plasmar lo que ha pensado, lo que ha ideado.
Según sean el pensamiento y el sentimiento será la acción. Del odio surge la destrucción, del amor la acción constructiva.
La libertad, en una primera aproximación, puede entenderse como el sentimiento que impulsa al hombre a actuar, a hacer lo que ha pensado[1]
¿Qué es un hombre libre?
Es un hombre que ha dominado sus circunstancias para vivir la plenitud de su ser.
Vivir la plenitud del ser es actuar sin limitaciones de acuerdo con lo que el hombre piensa y siente en su ser con el fin de “hacer lo suyo”.
Por la historia de los hombres sabemos que muchos han perdido la vida luchando por conseguir la libertad y otros por haber logrado ser libres. En el primer caso, con frecuencia, ha sido por haber luchado para alcanzar la libertad social[2] que, casi siempre, está vinculada a alguna clase de búsqueda del poder político y en el segundo por haber logrado la libertad individual que nada tiene que ver con el poder tal como muchos lo entienden, sin embargo, alcanzar esta libertad es conseguir el máximo poder al que puede aspirar un hombre.
Sin hombres libres la libertad social completa no se puede alcanzar y ésta, en nuestro mundo, no existe más que en ciertos aspectos de la vida de las sociedades, lo que no quiere decir que no haya ahora y no haya habido en todas las épocas hombres libres que han desbrozado el camino hacia la total libertad del hombre desde su ser, algunos son conocidos, otros muchos no.
Vivir la totalidad del ser.
Muchos hombres, después de insatisfacciones y zozobras en sus vidas, empiezan a buscar su plenitud en lo más hondo de sus almas. Esta búsqueda es el viaje que algunos hombres emprenden con todas sus fuerzas. Aquel que realice este viaje hacia su total libertad tendrá que conocer y aceptar lo que es: su verdadero ser. Deberá tener claro a dónde quiere llegar y para qué.
Hace más de 2.400 años la divisa délfica tomada por Sócrates: “Conócete a ti mismo y… “ya enseñaba cómo hacer ese viaje, no eran necesarios más discursos ni explicaciones que, en su mayoría, procedían de la lógica exterior; algunas se acercaban a la lógica del ser y mostraban pasos del sendero; pero el camino solo puede hacerlo cada caminante único como es la libertad de cada hombre, suya, de él.
“Conócete a ti mismo…”. Es el camino para llegar a conocer el verdadero ser de uno, su esencia que, según el diccionario de la RAE, significa: “Lo que constituye la naturaleza de las cosas, lo permanente e inamovible de ellas”, también: “lo más importante y característico de una cosa”, es lo que se debe encontrar.
Este conocerse es vivo, ni intelectual ni no intelectual, supone la aceptación real de lo que uno es verdaderamente y despertar en ello.
El hombre que anhela conocerse a sí mismo, su verdadero ser, ha de buscar con sinceridad total, con limpieza absoluta, desnudándose ante él, sin autengañarse, hasta tener la certeza de haber llegado a su ser, a lo permanente en él, lo que le da la seguridad de la verdad que halla, su verdad, aunque en algunos momentos, pueda parecerle escurridiza, pero sabe que no lo es y su verdad es firme.
La certeza de su verdad se la da la luz de su corazón.
Digresión.
Para muchos aceptar la luz del corazón, escucharla y seguirla es irracional.
Escuchar al corazón limpio da respuestas que la razón acepta cuando se entiende, como dice Platón, que el razonamiento es el diálogo del alma consigo misma.
Las respuestas del corazón van más allá de la razón siendo racionales, puede pensarse que son las del ser que nos habla por medio del corazón.
La razón, que es una facultad del alma, cuando se acepta únicamente lo que en otros lugares he denominado la lógica exterior es incompleta.
No vamos a tratar ahora de la razón, en otros escritos se ha hecho y algunos filósofos han explicado que puede llegar a ser difusa, también se ha explicado algo acerca de la lógica del ser.
El hombre no está formado por compartimentos aislados de cada uno de los atributos que tiene, que están en su ser, es un todo único y cada uno de sus actos es del hombre entero aunque, con frecuencia, se resalta uno u otro de sus atributos ignorando el resto en su obrar sea lo que sea. Quienes dan primacía, a veces exclusiva, a alguno de ellos lo hacen con una visión y un sentimiento de fragmentación, de división en ellos mismos prefiriendo adormecer o ignorar su verdadero ser. Así, frecuentemente se plantea la hegemonía de la razón, que es difusa. Nunca se sabe de qué clase de razón se trata; surgen muchas y diversas razones “totalmente racionales” cada una de ellas, aun siendo opuestas, al tratar un mismo asunto. Lo mismo sucede con los otros atributos.
Para entender el origen de la acción humana es relevante tener en cuenta lo dicho, pues la acción, que es consustancial al hombre, está impulsada por el sentimiento tras haber pensado qué quiere hacer y, como se verá más adelante, aquel está influido y tamizado en gran medida por lo más externo en numerosas ocasiones.
Las circunstancias de ese hombre que ha iniciado su viaje hacia la libertad son el mundo exterior de las formas y creaciones humanas efímeras, muchas de ellas carentes de alma, en el que está inmerso hasta el extremo de sentir que es parte de él; un mundo que le afecta y condiciona, sin embargo estas circunstancias son ajenas a su verdadero ser. Para dominarlo no tiene que renunciar a cosa alguna sino entender que no significan nada para él, las sabe vacías y no le conciernen.
Sus circunstancias son también ese otro mundo dentro de él, exclusivo suyo, oscuro, parte del cual le es bastante desconocido pero que igualmente le condiciona y tampoco es de su ser; es ese mundo que muchas veces le ha dañado y otras le ha arrastrado hasta donde no hubiese querido llegar; es un mundo construido por él mismo sin haber tenido conciencia de ello que le oculta su propia luz, la de su verdadero ser, la de esa otra parte de su mundo íntimo, profundo y limpio.
Estas circunstancias le marcan con un sentimiento confuso alejándole del sentimiento puro.
Cuando entra en ese mundo oculto y casi desconocido encuentra sus fantasmas que cubren su luz, pero sabe que la misma está allí y empieza a vislumbrar su verdadero ser.
De sus fantasmas, unos le son familiares y otros, que están ahí, los desconoce. Tiene que aprender a discernir y a eliminarlos.
No es su sola voluntad la que le impulsa a actuar, está empujado, subyugado y limitado por sus mundos, por sus circunstancias que él desea dominar.
Lo que le distorsiona es, sobre todo, su mundo oscuro, su mundo de sombras y fantasmas, aun sin ser él consciente, si embargo, cuando en ocasiones emerge su mundo de luz, el de su ser, empieza a sentirse y saberse libre.
Para tener claridad en su mente y en su corazón, a ese hombre que camina hacia su libertad le es imprescindible ser totalmente sincero consigo hasta saber que puede autoengañarse cuando le empujan sus mundos, pero no puede ocultar nada a su ser puro y limpio. En esos momentos se da cuenta de que no posee el control y dominio de sus circunstancias, las de su mundo exterior y las de sus fantasmas; no es dueño de sí, carece de autoridad sobre sus mundos, siente que le falta algo para sentirse libre, eso lo sabe su ser y él cuando consigue escucharlo, su ser limpio, puro, luminoso. En el mismo siente que está el sendero que le conduce a su libertad.
No es necesario seguir, en algún momento de su viaje hacia sí mismo y hacia su libertad vislumbra su ser, es un instante de luz plena. Luego vuelve la oscuridad y aparecen en él vacilaciones y dudas, pero siente la necesidad de aclarar y atrapar lo que ha visto y sentido, o de rechazarlo con la lógica exterior, la que le ha tenido atado a su mundo de las formas efímeras y al de sus fantasmas, la que le ha impregnado.
Entre la claridad que intuye y sus dudas se siente compelido a continuar su viaje, sabe que le llevará más lejos de lo que esperaba, piensa que la libertad que tanto anhela no es el final del camino, pero primero debe conquistarla.
En algunos momentos piensa en su corazón que sabe hacia dónde va, en esos instantes cree que se dirige hacia la eternidad, tal vez sea una fantasía suya.
Si ese hombre es sincero y perseverante en los momentos de tinieblas sabe que va acercándose a su verdadero ser de manera viva, trata de empezar a vivir de acuerdo con ello.
Lo que empieza a emerger es su ser divino[3]; no lo acepta su razón pero su corazón no lo rechaza. Se siente escindido, dividido entre lo que le dice su razón y lo que le insinúa tenuemente su corazón, entre la lógica exterior y la lógica del ser.
No sabe si es fantasía suya o es su ser, que empieza a sentir real en él, lo que le hace pensar que no hay límites para su hacer.
En el sentimiento hay armonía, amor que como tal siempre crece y se da a sí mismo gozosamente, sabiduría para cada cosa, poder para hacer lo que piensa. Más tarde sabrá que ese amor, esa sabiduría, ese poder son reales, lo sabrá cuando haya aceptado su ser y empiece a vivir de acuerdo con él, con lo que es
La acción del hombre es consustancial a su naturaleza, en ella, el amor es acción, la sabiduría le lleva a la acción, el poder es acción que le permite dominar sus circunstancias para “hacer lo suyo”.
El hombre que busca su verdad y vislumbra su ser no se conforma con la idea meramente intelectual y abstracta de lo que encuentra en él, no es suficiente, necesita vivir en sí mismo pues intuye su plenitud.
En otros escritos ya se vio que al acercarnos a la idea de qué es el ser llegábamos a Dios y al aproximarnos a conocer la esencia del hombre, a su verdadero ser, sabiendo que aquélla es lo único “permanente e inamovible” en nuestra naturaleza, es divina. No se trataba, en ese acercamiento, ni de demostrar ni de no demostrar la existencia de Dios sino de entender el significado y sentido de la palabra ser.
Digresión.
Muchos filósofos han demostrado la existencia de Dios, aunque siempre ha habido otros que han rechazado sus argumentos con lo que cada uno ha seguido igual. Aquí no se trata de eso, además las conclusiones a las que se llega en un sentido u otro suelen, aun sin pretenderlo en algunos casos, estar preestablecidas. La discusión es vana. También debe tenerse en cuenta que esas demostraciones se hacen, por lo general, de manera meramente intelectual sin considerar la lógica del ser.
No atender al significado de alguna palabra porque no nos gusta o va en sentido contrario a las corrientes de opinión impuestas e imperantes es absurdo si se tiene en cuenta que el idioma es una construcción social.
El significado de cada palabra no es caprichoso sino aquello que la sociedad ha sentido vivo para expresarse y entenderse sin cortapisas ni condicionamientos de cualquier clase, ya sean políticos, religiosos, meramente intelectuales,… aunque los diferentes momentos de cada época estructuran el lenguaje y se manifiestan en el mismo.
La lengua surge de la vida social, es lo expresado por muchos en muchos idiomas, por millones de hombres desde su ser en un mundo común, desde el alma colectiva de los hablantes de cada idioma.
Todo esto fluye de manera natural habiéndose puesto de acuerdo los propietarios de cada lengua: sus hablantes de forma viva y armoniosa, sin celebrar reuniones, congresos o refrendos, sin prejuicios; es el resultado del fluir la vida social libre en los espacios que quedan para esto en las diferentes sociedades. Sin embargo hay una pretensión de cambiar deliberadamente el significado de muchas palabras, por quienes dominan ámbitos sociales, con el fin de construir lo que puede denominarse una arquitectura social tendente a asentar sutilmente, junto con otras acciones, sociedades dominadas por distintas clases de totalitarismos. Esto puede parecerse a lo hace años Orwell llamaba “neolengua”.
Si ese hombre camina hacia él aprende a sentir con su mente y a razonar con su corazón, llega a entender su ser no como algo adicional o lejano sino como lo inmutable en él: amor, sabiduría, poder, luz,… que ha recibido, sencillamente, por ser hombre, por lo tanto consciente de sí, no es otra cosa su ser. Esto no se considera como atributos aislados, aunque parezca expresarse así, tan solo es para explicar el todo del hombre que es único y su acción es de la totalidad indivisible que es su ser.
Ese hombre sabe que puede dominar sus circunstancias y por ende ser libre y “hacer lo suyo”.
El velo que cubría su ser lo ha ido descorriendo desde su corazón.
La necesidad de hacer es lo natural en él, pero ahora de otra forma; con todo lo que sabe y acepta que es “hacer lo suyo” adquiere sentido. Le empuja el poder del amor que es el principio creador en el Universo.
“Hacer lo suyo”
El hacer de ese hombre que busca únicamente puede tener un fin: construir, transformar, crear. Necesita saber qué es “hacer lo suyo”.
Digresión.
En el Universo el amor es el principio creador, también cohesiona todo[4].
El hombre en sentido estricto no crea, transforma lo que recibe en su mundo.
La sustancia es una, está ahí, es lo único que sí ha sido creado, todo lo demás que existe en el Universo procede de esa sustancia primera única, que luego ha sido transformada para adquirir las mil formas que vemos, sentimos, oímos,…. y otras que desconocemos o que nuestro actual desarrollo impide que sintamos, desde lo más sutil hasta lo más denso, así, las partículas del átomo son de la misma clase en los diferentes elementos y sin embargo con las mil combinaciones posibles y reales acaban siendo todo lo que vemos y percibimos, desde, por ejemplo, las ondas hertzianas u otras que no vemos hasta las rocas, desde lo invisible o inaudible para nuestros sentidos hasta lo más tangible o nosotros mismos.
El hombre transforma lo que encuentra por medio de su capacidad que, aun no siendo riguroso el término, puede denominarse creadora. Esta transformación, esta construcción, esta creación proceden de su pensamiento y de su sentimiento[5].
Sin la cohesión de lo que vemos el Universo sería un caos, esta cohesión es la unión armoniosa de las cosas de acuerdo con leyes conocidas o no por nosotros; la cohesión genera y mantiene la belleza, la armonía,… de cuanto vemos y nos asombra.
El amor es también sentimiento gozoso de unión, esta felicidad impulsa la expansión, el darse a sí mismo permanentemente, por lo que del Amor surge la creación de la sustancia primera única que luego los seres inteligentes con conciencia de sí mismos, cuya sustancia es la misma, transforman en creación permanente. Es el gozo creador, el júbilo producido cuando se construye lo que sea, nimio o extraordinario, tangible directamente o no; es la creación incesante del amor dándose a sí mismo sin límites.
Para “hacer lo suyo” el hombre necesita vivir libre
Sabiendo que la libertad es consustancial a su naturaleza, que su plenitud la vive cuando es su ser el que dirige sus actos y que en su pureza el ser se manifiesta como: amor, sabiduría, luz, poder,… no es posible que la acción del hombre libre pueda conculcar mínimamente la libertad de cualquier otro y tampoco que nadie pueda limitar la suya aunque crea hacerlo.
En nuestro andar, en muchas ocasiones, no tenemos en cuenta que si nuestro yo, mi yo es intocable para mí, que es sagrado, el del otro debe ser tan sagrado como el mío, debo considerarlo y defenderlo tanto como el mío. La libertad del otro es también mi libertad, somos iguales en nuestra esencia, en ella el amor nos une totalmente.
Los hombres no vivimos en una sociedad libre, en nuestro mundo hay una idea de la libertad muy diferente a la que aquí se explica. Con otras formas de vivir distintas a las que pueden derivarse de las ideas expresadas en estas páginas sí se acepta que hay altos grados de libertad en muchas sociedades, pero los constantes conflictos de todas las clases y la manera de resolverlos evidencian que la libertad es confusa cuando no escasa en las mismas.
Por la historia de las sociedades sabemos que el hombre libre, de acuerdo con lo expresado en estas páginas, únicamente puede ser reducido por medio de su eliminación de la clase que sea pues, aun con todos los obstáculos sociales, el hombre firme en la acción libre desde su ser se mantiene en su verdad y encuentra en su propio ser la fuerza irreductible para “hacer lo suyo” hasta llegar, en casos extremos pero numerosos, a aceptar su muerte, en otros el ostracismo o cualquier otra forma social de silenciar su voz y evitar su acción íntegra y limpia.
Lo que molesta a esa sociedad represora del hombre libre es verse reflejada en lo más puro y libre de él de sí misma, manifestado en los actos de ese hombre, es la parte de la sociedad dominada por hechos y cosas efímeras de creación humana sin verdadero espíritu.
La razón de ser del hombre que busca su plenitud, su propósito está en “hacer lo suyo”. Si eso no lo tiene claro, en algún momento sabe que lo tendrá en cualquier instante de su viaje a la libertad, pero sí empieza a ser muy consciente de que el bien común, el servicio, que es dar, siempre se encuentra en su razón de ser; esto es ambiguo para él, necesita conocer su propio propósito.
En el mundo todo está relacionado con todo y con todos y todos entre sí, no hay ni un solo hecho, pensamiento o sentimiento, por insignificantes que sean, conocidos o no por los demás que no trasciendan.
Sabiendo esto y que el hombre libre se rige por su propio ser en tanto es igual en todos[6] su obrar solo puede estar dirigido al bien común.
El poder del amor en él permite a ese hombre dominar sus circunstancias para actuar con toda su plenitud y en ella está siempre el amor. No hay fin posible distinto.
En eso está el servicio; hay que entenderlo como dar, como amor.
Cada uno tiene un servicio que dar, el orden de las cosas así lo indica, esto no significa que ese orden sea rígido y que ese servicio sea la imposición de algún dios, es, sencillamente, que cada uno tiene algo concreto que dar al todo.
El Universo lo contemplamos como un todo perfectamente armonioso. Entre nosotros, dentro de este Universo es algo similar para que nuestra Tierra sea igual, en ella, lo mismo que en todo el Universo, cada uno tiene su quehacer cuando se busca la armonía de todo.
No se trata de realizar hechos heroicos o deslumbrantes, da igual que el trabajo sea, en apariencia, poco o muy relevante, se trata de lo que cada uno puede dar, libre y amorosamente, de acuerdo con hasta donde ha llegado en cada momento.
En eso el hombre que busca encontrará su propósito, se lo hará ver la voz limpia y clara de su corazón.
Antes ya se ha dicho que el amor, por su misma naturaleza, es expansivo, también que es el principio creador y que cohesiona. La libertad del hombre para “hacer lo suyo” surge de esto así como su razón de ser.
Acerca del sentimiento.
En estas páginas se ha hecho reiteradamente referencia al sentimiento; en otros escritos ya se ha explicado algo sobre el mismo, ahora se trata de recordar y aclarar esto, en lo que sea posible.
El diccionario de la RAE, en la primera acepción, define el sentimiento como:”Experimentar sensaciones producidas por causas internas o externas” y la sensación como:”Emoción producida en el ánimo por un suceso o noticia de importancia”. Estas definiciones y otras relacionadas con el sentimiento se refieren al estado de ánimo, es decir, del alma.
Puede pensarse, entonces, que el sentimiento es un movimiento del alma y en ella, alguna clase de acción del alma. La acción, de la clase que sea, es la forma que tiene el hombre de expresarse, surge del impulso desde su espíritu, desde su ser, del movimiento en el mismo que le hace percibir, ser consciente de sí, es decir, procede de su sentimiento.
El sentimiento es lo que hace que tengamos conciencia de nosotros mismos y desde nosotros de cuanto nos rodea, también es lo que nos mueve a la acción, asimismo expresa nuestra plenitud y nuestras insatisfacciones de todas las clases, nos permite saber vitalmente aquello que aceptamos o rechazamos o nos es indiferente.
El sentimiento es una forma de razón, recuérdese lo apuntado en otro lugar acerca de la allí denominada lógica del ser.
Aun siendo intangible el sentimiento no puede ser una cosa abstracta pues todo lo que sentimos se concreta en algo de alguna manera.
El sentimiento, pues, se percibe en tanto es algo.
Vamos a tratar de acercarnos al sentimiento puro para ver si es posible encontrar cierta claridad.
Digresión
Hablar del alma a muchos les parece rechazable y piensan que no merece la pena perder tiempo en ello ya que no existe para ellos. Sin embargo, nuestros sentimientos, razón, amor, sabiduría, etc. están en nosotros de alguna manera y somos todo eso que es intangible, invisible, inaudible… pero en nuestro conocernos a nosotros es lo que aparece en todos.
Cuando todo eso pretende elevarse a categorías filosófico-racionales es cuando los prejuicios aparecen, son debidos a diferentes causas entre las que el miedo a perder ciertos asideros rígidos es una de ellas; en estos casos lo que decimos racional es dogmático.
Uno de los pasos para alcanzar la libertad individual es liberarnos de esos encorsetamientos y dejar fluir lo de dentro sin predeterminación alguna, sin dogmatismo. No olvidemos que el no dudar de ciertas cosas ya es una evidencia del mismo.
En esta introspección para conocerse a sí mismo aparece lo que se manifiesta como amor, también otros atributos del ser, algunos ya se han citado, y, siempre lo que para otros es espíritu o el ser se reconoce limpio, puro, sin posibilidad de verse influido por cosas externas o por los propios fantasmas.
El ser, eso que está en cada uno, es nuestro sostén, permanece inamovible en cada uno y es la misma esencia en todos.
Las distorsiones que sentimos no son más que cosas distintas a lo puro del ser que, de una u otra manera aceptamos, de la armonía que es consustancial al ser puro. Esas distorsiones se producen cuando aparecen sentimientos que adquieren diversas formas, cuyas causas son acciones discordantes del hombre dado su libre albedrío, acciones como: odio, temor, resentimiento, apego a cosas efímeras y vacuas, pasiones descontroladas, fealdad, etc., creaciones humanas en suma alejadas del único sentimiento.
Nótese que se hace una diferenciación sin matices entre sentimiento y sentimientos.
Hay un único sentimiento: el de amor.
El amor[7]es el sentimiento de plenitud, en él está todo.
Como sentimiento único y puro que es expresa, manifiesta e impulsa la plenitud del hombre; es el principio creador dada su naturaleza de expansión constante y de darse a sí mismo permanentemente; es la unión gozosa con la creación que emana de él.
Del amor procede todo que vuelve a él por el mismo amor y sigue creciendo y expandiéndose siempre sin límites. Así, la belleza es un sentimiento que lleva al amor y emana de él al mismo tiempo, también es una manifestación del mismo. El poder como dominio para construir, para crear y que el hombre pueda “hacer lo suyo” al permitirle dominar sus circunstancias es realmente el poder del amor, surge del mismo y en su manifestación vuelve a él, y así las demás manifestaciones de lo que pueden considerarse atributos del ser.
El sentimiento, movimiento, impulso constante es lo que mueve a construir, a unir; es intenso y en él está todo el poder para crear.
Los sentimientos, que son la desvirtuación del sentimiento, pueden dar cierta satisfacción pasajera que se agota con la posesión de lo que sea o con su destrucción, pero no crean, no mueven al alma hacia lo imperecedero.
Las obras humanas de cualquier clase realizadas e impulsadas por el verdadero sentimiento son las que permanecen y llegan al alma de la gente con su plenitud creadora en ellas mismas en una doble dirección: la del creador y la de lo que crea en el alma de quien las recibe, son abiertas, sin límites, siempre creciendo desde ellas mismas y dando a quien las recibe y a quien las crea de diferente forma; une a su creador y a quien ama esa obra, se produce la expansión feliz, es el gozo creador, es una expresión más del amor. En esas obras siempre hay belleza de una u otra clase que es otra manifestación del amor.
En todo eso está “hacer lo suyo” el hombre libre.
La razón de ser del hombre libre es servicio, dar. Desde el amor que es el sentimiento que impulsa su libertad, su dar, su servicio es creación. Dicho con más brevedad, el propósito del hombre libre es crear.
Este crear no hay que entenderlo como grandes o pequeñas obras de arte, de ciencia,… que también forman parte de esa creación, ésta, sabiendo que el amor es el principio creador, es la acción, en el momento de cada uno, con el sentimiento consciente de amor que llega a todos.
Breve epílogo
La libertad puede entenderse y vivirse de diferentes maneras; se han escrito cientos de páginas, por lo general son una intelectualización de algo vivo.
Es una palabra que la gente, especialmente los profesionales del poder político, lanzan como algo que justifica sus actos. Nunca dicen qué es, se sobrentiende, no hace falta decir o hacer nada más.
La libertad es un don al hombre para que actúe; tal como se entiende en estas páginas es lo que le permite alcanzar su plenitud. Ésta no se aprende en libros, la propia vida de cada uno va marcando el camino cuando se anhela conquistarla.
Conseguir la libertad es para muchos hombres un viaje vital, no se logra de otra forma.
La libertad es una creación del amor, sin éste no se entiende aquélla.
El hombre también es acción. Ésta, volvemos al amor, es para construir, para crear. La creación emana del amor.
El Universo es una grandiosa obra del Amor en constante creación y expansión, en Él somos todos; nosotros, seres conscientes aquí en la Tierra, somos en Él.
Quienes realizan esa constante creación y engrandecimiento son los seres con conciencia de ellos, con una misma naturaleza, impulsados por el amor a crear gozosamente.
[1] Esta idea sencilla de qué es la libertad, una entre cientos, pude completarse algo más, aunque no es necesario para lo que pretendo explicar en estas páginas. Así, la libertad puede entenderse como el sentimiento que impulsa al hombre a actuar o a no hacerlo cuando puede, asumiendo la responsabilidad de sus actos y de sus omisiones, por lo tanto sus consecuencias.
[2] Hay una notable diferencia entre la libertad social y la individual. En estas páginas únicamente se habla de la segunda.
[3] Esta afirmación no es aceptada por muchos, sin embargo algunos razonamientos de la lógica exterior llegan a la idea de la naturaleza divina del ser a partir de un razonamiento abstracto, libre y universal. Esto es contrario a lo que muchos profesionales de la filosofía dicen e imponen y suelen ignorar a quienes la aceptan intelectualmente. Entre éstos hay quienes rechazan esa conclusión por prejuicios o porque las corrientes de opinión del momento niegan todo lo que sugiere lo espiritual o lo divino, a lo sumo pueden aceptarlo como una categoría meramente intelectual pero no vital.
[4] Hay afirmaciones que en estas páginas no se desarrollan ni explican, no es porque sean inexplicables, que no lo son, sino porque nos apartarían del objeto de esta reflexión. También supongo que muchas de ellas son fácilmente aceptables.
[5] Algún científico relevante dice que la partícula elemental conocida dentro del átomo tiene alguna clase de vida y de inteligencia.
[6] Los filósofos dicen que la esencia de todos los hombres es la misma
[7] En otro lugar se ha explicado lago sobre el amor entendiéndolo, también, como la razón total.