La guerra, la guerra de USA. La paz

 

Santiago Ubieto

 

 

La reciente guerra, la de USA en Irak, parece que ha sido la única, ha sido la guerra por antonomasia.

La verdad es que la humanidad no ha conocido un solo período de ausencia de guerra que es como suele definirse la paz, creo que esta  es algo muy diferente.

En realidad la guerra no es otra cosa que una de las varias manifestaciones de la depredación humana, asumida y valorada por la sociedad, desde hace siglos, como una institución importante, clave, en cuanto a establecer las reglas del juego de la sociedad, las limitaciones en las interacciones humanas, lo permitido y lo prohibido a la hora de actuar los individuos.

No voy a hablar de los horrores de la guerra aunque sea lo que inicialmente afecta y hace sufrir a la gente en mayor grado, pues siendo un aspecto fundamental y que a algunas personas les suscita sentimientos de compasión sincera y no meramente intelectual, dada la gran importancia que tiene el tema no es posible abordarlo aquí.

 

La guerra es una de las varias manifestaciones de la depredación humana, aclaro que los animales depredadores que no son hombres, lo son con otros de distinta especie a la suya y tan solo para alimentarse; el hombre por el contrario es el único animal depredador que saquea, roba, viola, destruye, ejerce la violencia con los de su misma especie. La guerra es una de las manifestaciones más vivas, directas e impactantes de las consecuencias del hábito, realmente de la institución depredadora que tan profundamente arraigada está en la conducta de los hombres, de la sociedad. Hay otras manifestaciones directas de esta institución, que a pesar de causar muchas más muertes y mucho más sufrimiento en los hombres, por diversas razones no llegan a nuestras conciencias. Tendremos que preguntarle a nuestra conciencia qué le sucede, suponiendo que la conciencia moral tenga algún sentido para nosotros; parece no tenerlo.

La guerra, como manifestación de esta institución, tiene como peculiaridad producir efectos bastante inmediatos, sobre todo en las relaciones, en los resultados de las luchas de poder que siempre han existido en las sociedades, entre los hombres y que es lo buscado realmente. La enfermedad de poder.

Así pues, una guerra se proyecta y ejecuta para lograr ventajas políticas y económicas, más poder en definitiva, tanto para quienes lo encarnan visiblemente como para las sociedades directamente vinculadas y que también se sienten más poderosas..

 

Aunque quienes deciden sobre las guerras son los gobernantes, aquellas no se pueden hacer si en la sociedad no hay guerreros, miles de hombres y ahora también mujeres, dispuestos a matar y aunque lo piensen menos, a morir. Que en los últimos años también haya mujeres guerreras en los ejércitos occidentales es un hecho curioso; entre las ideas que antes se tenían acerca de la mujer estaba la de considerarla más cercana a la vida, ya que cuando son madres, y esto es algo que la naturaleza ha organizado así sin consultarnos, llevan en sus entrañas otra vida que luego se hace independiente, es decir, se tenía la idea de que estaban más próximas vitalmente a la fuente de la vida humana, seguramente debía ser un prejuicio machista, ya que ahora se convierten algunas en profesionales de la muerte, de matar a otras vidas que han estado en las entrañas de otras mujeres.

El acto de matar supone para muchos hombres un verdadero placer, una gran satisfacción, una excitación muy especial, todo eso distinto a otros placeres. En la guerra: miedo y deseo, poder,... en los individuos que matan. Hay informes que así lo cuentan, el gobierno británico elaboró uno a raíz de la I Guerra y su conclusión tras estudiar a numerosos soldados fue que una gran mayoría experimentó un placer muy especial. La enfermedad de poder.

Hay que recordar también que en la cultura de esos guerreros, de los ejércitos, se dan una serie de características: fantasías sexuales, lenguaje obsceno como algo normal, culto a lo que ellos entienden por masculinidad, por hombría,... Para que eso esté en el ejército, necesariamente está en mayor o menor grado en alguna parte de la sociedad. Hay también algunos guerreros que, por llamarlos de alguna forma, podría decirse que son idealistas.

También es cierto que muchos de esos soldados lo son porque es una de las formas que encuentran para salir de cierta marginalidad social e integrarse o encontrar vías para mejorar su estatus.

La historia de los ejércitos y de las guerras no se explica sin algo que está arraigado en la sociedad pero que en las guerras se manifiesta en su forma más primitiva, me refiero al placer humano de depredar: la muerte, el pillaje, el saqueo, la violación de mujeres o niños, la brutalidad sin freno, siempre. En estas circunstancias la sociedad apenas penaliza esos actos. En los ejércitos actuales de los países del Occidente desarrollado económicamente, no es necesario que se produzca todo eso de forma masiva e inevitable, son más profesionales, necesitan un perfil de guerrero más tecnificado, pero los rasgos más acusados son los de esa cultura militar.

Al estar asentados los estados y asumir o sufrir la sociedad su poder, el pillaje, el saqueo, el robo, son tareas que se revisten de ropaje político, económico, patriótico y burocratizado; esos actos así planteados suelen verse bastante normales, aceptables y hasta beneficiosos por la sociedad que cree van a reportarle algún provecho.

Hay que tener presente además que los altos mandos de los ejércitos suelen pertenecer a las clases altas de la sociedad, históricamente a la nobleza cuyo origen está en la depredación, actualmente a la burguesía hegemónica y dominante. Tanto es así que incluso en ocasiones llegan a la política, ya sea como dictadores, ya sea democráticamente. Entre los primeros: Pinochet, Franco, Julio César, Alejandro, etc., entre los segundos: Eisenhhower, De Gaulle, Sharon, Barak, Powell, etc.

Al ser los ejércitos uno de los instrumentos de los estados para su defensa, a veces para la represión, están dirigidos por las clases dominantes y por lo mismo a su servicio de manera especial.

 

 

Todos los sistemas económicos y sociales han sido expansivos y han utilizado la guerra como un medio más para su expansión, tanto el sistema esclavista o el feudal, como el marxismo-leninismo o el capitalismo.

Ahora el único sistema que existe con fuerza a nivel mundial es el capitalista, para entender la actual guerra será necesario hacerlo desde esta perspectiva.

Al hablar de sistema capitalista no hay que entender tan solo el aspecto económico, el capitalismo, basado en la propiedad privada de los medios de producción, es un sistema económico y sobre todo social. Los modos de producción que definen un sistema son los ideados por la sociedad.

El capitalismo no es más que un refinamiento de la institución depredadora que tan arraigada está en la sociedad. Esta institución clave posiblemente empezó a asentarse en la conducta de los individuos con la revolución neolítica, desde entonces ha ido refinándose en algunos aspectos. Cuando el modo de producción exclusivamente esclavista empezó a mostrar inconvenientes, fue sustituido por el feudal y este, por la misma razón por el capitalista. El rasgo común a todos ellos es que son en su naturaleza depredadores.

El sistema no es algo abstracto, lo formamos en conjunto a totalidad de la sociedad, con instituciones (son creaciones de la mente humana que estructuran las relaciones de los hombres), organizaciones y organismos de todas clases, leyes, costumbres, estamentos, clases y escalas sociales, etc.

 

No vamos a entrar aquí en si esta guerra ha sido legal o ilegal, justa o injusta. Para el verdadero pacifista todas las guerras son ilegales e injustas y toda injusticia, que no lo olvidemos, surge del sistema, es violencia. No a la guerra no implica pacifismo.

 

A partir de lo anterior vamos a intentar encontrar una posible explicación a la guerra reciente promovida desde el núcleo de nuestro sistema.

 

El sistema capitalista es expansivo por su naturaleza intrínseca. En este momento se caracteriza por lo que puede llamarse capitalismo monopolista, término antiguo pero plenamente vigente.

Dentro del propio sistema hay luchas, así: la competencia desaforada entre empresas, su constante necesidad de expansión, de crecimiento, de ser más grandes (eso significa más poder), estrategias de las empresas (término totalmente de la guerra).

 

Los cambios en los equilibrios o desequilibrios mundiales de los últimos 15 años, han evidenciado de manera más clara si cabe la existencia de una única superpotencia económica, tecnológica y militar, un verdadero imperio, aunque diferente a los anteriores y que tiene algunos rasgos de todos ellos, sobre todo del romano, del español y del británico.

Como a cualquier otro imperio su fuerza le lleva a dominar, no necesita pedir permiso a nadie para actuar. Los organismos internacionales, está claro, no se ajustan a lo que hoy son los diferentes países que como es natural tan solo velan por sus propios intereses, los de sus grandes empresas y los de los ciudadanos en cuanto a ser proporcionadores de votos para legitimar sus actuaciones; tampoco se ajustan los organismos a los desequilibrios existentes.

 

En la guerra que nos ocupa, algunos medios han sostenido que la idea de atacar a Irak por parte del actual grupo ultraconservador que gobierna en USA, es anterior a su llegada al poder, incluyendo en esto su intento de sacar al anterior presidente por medios legales poco claros, pero dado que el sistema democrático americano funciona mejor que en la mayoría de los países, el intento no tuvo éxito. Es sabido que las posteriores elecciones presidenciales fueron algo chapuceras y ese grupo se hizo con el poder. En otros países importantes de Occidente se hacen chapuzas mayores.

 

Tenemos: grupo ultraconservador, visionario, con fuertes intereses empresariales, con conciencia de monopolio del poder a nivel mundial y con las necesidades expansivas del centro del sistema capitalista que le impulsan a crear nuevas condiciones. Todo eso da como resultado en la percepción de ese grupo: hegemonía y poder total incuestionado; voluntarismo en la interpretación y percepción que tienen del mundo; medios abundantes para actuar, todos; necesidad de cambiar los equilibrios y desequilibrios en lugares estratégicos para proseguir la expansión y hegemonía del centro del sistema, de las empresas; como consecuencia, adquirir , lograr, como dicen los teóricos de la empresa, ventajas competitivas, es decir, más poder económico.

Todo esto no se hace sin la aquiescencia de su sociedad, las encuestas  o su interpretación indican que hay aceptación mayoritaria de la guerra en el país, los gobernantes y representantes han sido elegidos democráticamente. La propia sociedad tiene conciencia de ser como tal poderosa y no admite que su invulnerabilidad haya sido cuestionada meses atrás, reacciona.

La guerra se pone en marcha con una idea: Conmoción y espanto, esto se inspiró en lo que supuso la bomba atómica de Hiroshima. Los bombardeos anteriores sobre Japón, que habían matado a mucha más gente, eran convencionales, la nueva bomba conmovió, causó pavor, espanto, verdadero horror. Mostró el verdadero poder y quién lo tenía. Allí se acabó todo. Poco antes, el 13 de febrero de ese mismo año fue lo de Dresde.. El trasfondo y el nombre de lo actual es el mismo, mostrar, transmitir al mundo el descomunal poder USA, en manos de una clase dirigente peligrosamente visionaria.

Es un acto de soberbia de ese capitalismo poderoso e implacable, un aviso al resto del mundo. Resucita el Yaveh volcánico, terrorífico, castigador en idea y en hechos, pero ahora los hombres son Dios, en su enorme soberbia, los hombres le suplantan en su poder sobre la vida y la muerte. La enfermedad de poder.

Por si había alguna duda el Secretario de Guerra norteamericano explicó al empezar los bombardeos sobre Bagdad que estaban llenos de "cuidado, precisión y humanidad" y en rueda de prensa que "nadie puede hacerse una idea de lo precisas que son las armas que estamos usando".

 

En este contexto se da un pulso desigual en el reparto dentro del sistema, que engloba también al resto de los países aunque en diferentes posiciones de poder y se admiten otras acciones, militares o no, de esos otros países al margen de organismos internacionales como la ONU, UE, OTAN, y otros.

Así, la impunidad francesa ante la actuación de su ejército, hoy, para mantener a crueles dictadores (los dictadores son crueles siempre) en diversos países de su influencia tras su salvaje colonización anterior, como es el caso de Costa de Marfil (productor importante de cacao y café) o de la República Centroafricana (diamantes) o su dejación vergonzosa en Ruanda que originó el terror conocido hace pocos años.

La permisividad total y el silencio del mundo bienpensante ante la despiadada represión de Rusia, antigua patria soviética, en Chechenia, condenada por la ONU en el año 2.000 por violación de los derechos humanos. Decenas de miles de muertos, ciudades totalmente arrasadas y demolidas, violaciones masivas y sistemáticas a mujeres, torturas numerosas, decenas de miles de desplazados.

Aceptación silenciosa y cómplice del impulso desintegrador por parte del renacido nacionalismo alemán actual en la antigua Yugoslavia, con las trágicas consecuencias conocidas.

No es necesario seguir.

 

Al hablar de países hay que entender intereses empresariales, especialmente del capital monopolístico, en primer lugar o de privilegios derivados de la superexplotación de las gentes y de los recursos de esos países no desarrollados económica y técnicamente, que beneficia además a la gran mayoría de los países explotadores.

No es necesario recordar las diversas guerras, tan solo algunos detalles de los últimos 150 años  y ver cómo hoy todavía pagan un altísimo precio los perdedores.

Fundamentalmente ha sido la "vieja y sabia Europa" la protagonista. Aparte de haber organizado dos Grandes Guerras, con docenas de millones de muertos, sistemas de extrema y masiva crueldad como el nacionalsocialismo o el no menos aterrador estalinismo o los sangrientos nacionalismos recientes, en esos últimos años se lanzaron casi todos los países a una desaforada carrera colonial en la que graciosamente se apoderaron de continentes enteros, de lo que no se habían apropiado antes y dada su enorme superioridad técnica e inferioridad moral, dominaron salvaje y cruelmente con el fin de establecer compañías, empresas,... controlar sus productos, importantes para las sociedades occidentales, y que tras la esquilmación, el trato a sus poblaciones como a verdaderos esclavos, en la descolonización reciente sus ejércitos o sus mandatarios, siguen protegiendo celosa y eficazmente esos intereses: productos básicos, mano de obra para la globalización a precios inferiores a los de la esclavitud,... y que a nosotros, ciudadanos con derechos, nos reporta grandes beneficios.

Eso es resultado de nuestras guerras, desde hace muchos años. Son guerras no televisadas y no son guerras del perverso imperio de cuyas guerras también obtenemos tanto beneficio como los del centro del imperio.

Nuestra opulencia es resultado de todo eso.

 

Por otra parte, frente a la hegemonía USA se produce un debilitamiento constante de un posible contrapeso europeo como podría ser el de la UE, el florecimiento de pequeños y ridículos nacionalismos reivindicativos que parecen tener como modelo las revoluciones del siglo XVII dado su carácter burgués y aristocrático (la aristocracia es ahora por nacimiento, apellidos, sangre, idioma,...), escasamente democrático, o renacidos nacionalismos mayores, todo eso da como resultado una dispersión del poder, crea desunión y debilidad, sin olvidar que la democracia formal europea es reciente en muchos países y en los otros, su corta andadura, fue restaurada por americanos y británicos.

 

Da la sensación de que los gobiernos que en la ONU rechazaron la guerra actual y  que hoy tienen otros asuntos peores, lo que hicieron fue rechazar la evidencia de la hegemonía USA pero sin capacidad para contrarrestarla, parece que fueron votos de impotencia. Los países que no mostraron ese rechazo se acercaron al amigo poderoso. Verdaderos y serios esfuerzos para evitar otra guerra no se percibieron por parte de nadie. Eso volvió a mostrar una vez más la imposibilidad de que los países puedan ponerse de acuerdo cuando hay conflicto de intereses, también muestra las extrañas reglas de una organización como la ONU, con derechos de veto, sin capacidad operativa y con escasa autoridad incluso moral.

 

Se han buscado otras coartadas para justificar la guerra que nos ocupa: el nuevo terrorismo. Unas sociedades lo perciben más amenazante que otras, en ese caso las sociedades se muestran desconcertadas, inseguras, temerosas. Cambian seguridad por lo que sea.

 

Al mismo tiempo algunos aspectos de la llamada globalización son reales, se ha mundializado el espíritu del sistema. La gente que reivindica contra el sistema es escasa, lo que parece querer es acercarse, integrarse, subir en su categoría social y económica, entrar en el paraíso consumista del sistema, es lo que le muestran.

Mientras, las formas de producir se mantienen en la periferia: esclavitud real, superexplotación legal, calamidades medioambientales,...

En esa periferia se dan guerras de baja intensidad que como es natural no nos interesan, permiten llegar a ese pequeño poder a dictadores o a burguesías al servicio del sistema, del gran capital, interesan tan poco esas calamidades que no se televisan, no son negocio ni como información.

 

La sociedad occidental está imbuida del espíritu del sistema, del capitalismo sin más cuestionamientos: consumismo, capitalismo popular, formas de ocio, problemas propios del sistema social creado y del que algunos sociólogos al referirse al mismo lo consideran: hedonista, individualista, vacío, etc.

 

Hay otros aspectos marginales como lo que se ha dado en llamar choque de culturas, que no se admiten y que no hemos empezado a resolver al no ser capaces ni aun siquiera de plantear el problema o de discutirlo.

 

En algunos círculos surge el tema resbaladizo del sionismo, que además suele confundirse con religión judía o con el estado de Israel, con la secular idea del enorme poder económico de los judíos, sin más. Se está dando en algunos lugares un a vuelta al secular e irracional antisemitismo.

 

 

Nuestra sociedad se ha opuesto a algunas guerras, también a esta, pero a la guerra en sí pocas veces y menos a las consecuencias, pues las sigue aceptando y beneficiándose de ellas, lo mismo que de la injusticia global o de la superexplotación. Se opone sobre todo a una percepción de hegemonía, de imperio en el que además nos miramos y al que debemos bastantes cosas: la democracia en casi toda Europa, grandes avances en el pensamiento, en la ciencia, en la técnica, suministro barato de materias básicas para nuestro derroche.

Ante las guerras de nuestros propios países, ya sean directas o indirectas, no decimos nada. Ante el mantenimiento en nuestras grandes empresas de formas de explotación y expolio salvajes, lo único que hacemos es beneficiarnos directamente. Ante los no derechos ajenos, que suelen beneficiarnos, permanecemos impasibles. Ante aquello que nos molesta, cerramos los ojos, pero sobre todo el corazón.

 

El imperio, el sistema duro e implacable con muchos, el espíritu del mismo, todo eso lo construimos y constituimos nosotros, somos todos y cada uno en diferentes posiciones y ligares, es el sistema capitalista  a cuyo verdadero centro llamamos imperio.

La guerra la han organizado unos, pero desde el sistema somos responsables todos al no haber sido capaces de hacerlo justo para todos los hombres.

 

Decimos no a la guerra, ¿a qué decimos sí?

 

 

"Además, nosotros no podemos afirmar la inocencia de nadie, y sin embargo podemos afirmar con certeza la culpabilidad de todos. Todo hombre es testigo del crimen de todos los demás, ésa es mi fe y mi esperanza"

(La caída. A. Camus)

 

 

La paz

La paz suele relacionarse con la ausencia de guerra. No hay guerra y vivimos en paz; ahora, en nuestros días, no hay guerra televisada y tenemos un mundo en paz. Sabemos que hoy hay unas cuantas guerras, las ignoramos, creemos que no nos conciernen aunque obtengamos beneficios de ellas. Sabemos también que la humanidad no ha conocido un solo instante, no digo de paz, de ausencia de guerra. Nos repiten machaconamente que vivimos en un mundo globalizado, lo cual es falso, la mundialización de flujos es limitada y tiene tan solo un sentido, el de vuelta.

 

La guerra está total y cotidianamente en nuestras vidas. Pensemos por un momento en las empresas, instrumentos fundamentales del sistema, en su lenguaje, en los modelos que inspiran su actuación, son totalmente guerreros: estrategia, táctica, competir, dominar, eliminar al competidor, etc. Pensemos también en casi todo nuestro ocio, deportes masivos, todos tienen la misma idea y usan el mismo lenguaje; uno tan popular como el fútbol: disparo, tiro, estrategia, táctica, luchar, pena máxima, victoria, derrota, machacar al rival, perdonar la vida, etc. , videojuegos, cine, deportes de riesgo, ...

 

La sociedad valora la riqueza, valora mucho la mucha riqueza; sabemos que lo único que crea riqueza es el trabajo de la gente; para que alguien acumule mucha riqueza, necesariamente muchos han de acumular mucha miseria, lo recuerda A. Smith: "pero aquel estado primitivo, en que el trabajador gozaba de todo el producto de su propio trabajo, no podía permanecer después de introducida la propiedad de la tierra y la acumulación de fondos".

 

La depredación humana, que no sé si es consustancial e inevitable en el hombre, está profundamente arraigada en nuestras conductas, en nuestros valores, costumbres, normas, leyes (recordemos que el derecho romano, institución fundamental, se refiere tan solo a hombres libres) y se manifiesta en la guerra, en el robo, ya sea legal o no, en la explotación, legal o no, de unos hombres por otros hombres, en definitiva, en la injusticia primera; es la verdadera generadora de la violencia.

 

La injusticia primera empieza cuando la fuerza bruta prevalece sobre la razón y los actos de los hombres son la perversión de la voluntad y de la razón, ésta debería apoyarse en el conocimiento que, si aceptamos la idea de que : "consiste en despertar y estimular los poderes activos internos de la mente, la cual efectúa su propia actividad interna sobre los objetos presentados por los sentidos, llegando así a conocer o comprender activamente una cosa mediante los razonamientos de una razón abstracta, libre y universal" (Cudworth), vemos que cuando eso se pervierte se rompe todo, la razón abstracta, libre y universal.

En el hombre se dan contradicciones, los órficos decían que es hijo de la tierra y del cielo estrellado, están las dos fuerzas en él, ángel y bestia, pero el hombre tiene la capacidad de razonar, de buscar y encontrar esa razón abstracta, libre y universal. Las contradicciones le llevan a las apetencias irracionales, deseos de dominio, de posesión de las cosas, de los bienes, de los esfuerzos, de las voluntades de otros hombres, de las vidas de otros, de las mercancías (la teoría del fetichismo de Marx explica algo).

Tal vez el primer asesinato del padre tuvo que ver con desear la mujer que este tenía y con ocupar su posición, el poder, la idea del dios institucional; tal vez sea cierto que el hombre empezó su carrera de injusticia y depredación en tiempos tan lejanos como los de la revolución neolítica, pues al empezar el hombre a vivir sedentario y acumular bienes, es decir, trabajo en forma de mercancías, el deseo de lo ajeno, de trozos de su vida pudo concretarse , materializarse más fácilmente; tal vez sea cierto que la luz que en algún instante, aun fugaz, ilumina a todo hombre que viene a este mundo, muchos la rechazan; tal vez esa perversión de la razón y de la voluntad, esa obnubilación, vuelve todo oscuro, que el brillo de las cosas, de los bienes materiales, oscurece y enloquece al hombre, pues en el fondo son pedazos de la vida real de alguien, y se roba y mata a quien los posee. Los bienes espirituales no pueden robarse, pero también se mata a quien los posee, o se le desprecia, o se le castiga, en este caso porque es un espejo en el que nos reflejamos y no lo podemos soportar. El primer embrutecimiento es el que nos empieza a cegar, el de la primera perversión de la razón y solo vemos sombras, estamos en la "caverna", cuando llega la luz verdadera nos ciega, lo que sigue es conocido.

 

Tras la injusticia primera la enfermedad de poder.

 

Hablo de enfermedad de poder, equiparo injusticia y guerra, hablo de perversión de la voluntad y de la razón, recuerdo las sombras de la caverna, aparece la idea de libertad.

No es este el momento para recordar lo mucho escrito sobre la libertad y las muchas luchas y sufrimiento por su búsqueda.

 

Cuando un hombre carece de libertad, alguien le domina. Las formas de plasmar el dominio o de empezar a dominar a alguien, el poder, son numerosas y se dan de muchas formas: la guerra, hemos visto antes, se hace para dominar; cualquier tipo de injusticia es exactamente lo mismo, dominio de alguien sobre alguien. La guerra es mucho más impactante e inmediata y visible en las primeras manifestaciones de poder; el hambre, la superexplotación; las penosas condiciones de la enorme mayor parte de la humanidad,... son formas más continuadas, de siglos, y muchísimo más masivas y no menos crueles. Es tan cotidiano que nos parece natural, nos parece nuestro derecho; no solo no hacemos nada, lo apoyamos por acción o por omisión (recuérdese que la libertad puede definirse como la facultad que tiene el hombre de actuar o de no hacerlo, y de ser responsable), en realidad de las dos formas. A lo sumo, si tenemos cierta conciencia, pensamos que no podemos hacer nada, falso, y seguimos igual. Los sicólogos seguramente llamarían a eso: dilución de la responsabilidad.

Eso es poder, dominación. También algunos sicólogos dicen que en eso hay una relación sado-masoquista, enferma.

Si los hombres somos iguales es inconcebible el dominio, el poder de unos sobre otros, el poder de alguien sobre alguien; quien lo busca está enfermo de inferioridad, de crueldad, de soberbia, está enfermo. Quien lo acepta o venera también en un sentido similar o complementario está enfermo.

 

 

Hombres enteramente libres, iguales. Un mundo de hombres sin atributos añadidos por otros hombres, sin atributos de falso y efímero poder. Un mundo de hombres, sin más. Por la fuerza de la razón y de la voluntad, por la razón abstracta, libre y universal, un mundo de hombres sin poder, un mundo de hombres, sin dominar y sin ser dominados, de responsabilidad. Un mundo infinito, inimaginable ahora, luminoso, desde todos y cada uno de los hombres libres. En Ninguna Parte, en Utopía.

Poco antes de morir, Tomás Moro: "No veo que ninguna autoridad tenga derecho a forzar a nadie a cambiar de opinión y hacer que su conciencia pase de un la do a otro". "Soy el único que lleva la responsabilidad de mi propia alma", y un poco antes: "No se puede ir contra el consejo del príncipe so pena de ser tenido por traidor". Fue condenado a muerte el 1 de julio de 1.535 y ejecutado cinco días después. Intentó o fue un hombre libre.

 

 

Santiago Ubieto