FOWLER D.

 

                                                      Sebastián de Ara

 

 

Fowler D. se formó técnicamente y reafirmó ideológicamente en uno de los dos centros de enseñanza creados para la formación, al máximo nivel, de los futuros gobernantes del llamado capitalismo superior.

 

 

Su mundo.

El capitalismo superior se caracterizaba, en ese tiempo, por estar llegando a su fase más avanzada y considerada por sus gobernantes la definitiva. Ésta tenía como meta consolidar un monopolio mundial por cada uno de los diferentes sectores de la actividad económica y social, al mismo tiempo iban estabilizando la sociedad en clases económicas, según ingresos, y, en clases sociales, según la actividad realizada. Recordaba algo a lo muy antiguo y desconocido para la gente: las antiquísimas sociedades estamentales y de oficios. Los estamentos eran económicos y era muy difícil acceder al superior; los antiguos oficios se convirtieron en especialización técnica sectorial de modo que miembros adscritos a un sector productivo no podían pasar a otro sector diferente. Los estamentos económicos también eran sectoriales y similares en sus niveles entre los diferentes sectores de la actividad productiva especializada. Únicamente estaba fuera de la adscripción sectorial el estamento más alto, el de los gobernantes del capitalismo superior.

Aunque quedaban restos de los antiguos microestados éstos eran una forma residual y cómoda en ese momento pues se estaba acabando de construir el Estado Superior Único.

 

Todos los futuros gobernantes del capitalismo superior eran seleccionados minuciosamente entre los miembros del minoritario y exclusivo estamento superior. La selección se hacía por medio de un largo proceso en el que los futuros gobernantes debían mostrar sin fisuras  y sin la menor reserva mental su absoluta fe y entrega al capitalismo superior. Durante el proceso de la muy rigurosa selección de los candidatos a ser formados en los especialísimos, exclusivos y elitistas centros se atendía con el mismo cuidado y rigor a las aptitudes, actitudes y condiciones de amoralidad necesarias en los futuros gobernantes que debían acabar gestionando el capitalismo superior.

 

 

El personaje.

Fowler D. era un hombre poseedor de gran determinación y dominado íntimamente por una inconmensurable ambición de poder. No sé si estaba poseído o era poseedor de una fe absoluta en alcanzar la totalidad del poder o si se convirtió en una obsesión tan fuerte por el poder que se adueñó de él por completo. Esta obsesión, que él no consideraba tal sino su derecho, era ocultada por él tras sus impecables formas sociales.

Su mirada era directa y dominante, lo mismo podía transmitir la mayor gelidez imaginable que la fuerza, el fuego y la cólera de un volcán en el apogeo de su erupción.

El conjunto de sus cualidades le hacían aparecer ante los demás como un hombre que suscitaba, al mismo tiempo, temor y una atracción irresistible. Tenía un gran magnetismo personal.

Físicamente era un hombre de enorme atractivo que, además, gozaba de una excelente salud, únicamente recordaba, de manera muy vaga, haber sufrido algún malestar y de eso ya hacía más de treinta años.

Desde hacía bastantes años vivía solo. Estuvo casado, pero a medida que fue creciendo en él la ambición por el poder su incomunicación también iba en aumento lo que resultó decisivo para su divorcio. No tuvo hijos. Vivía solo en una casa digna, en un lugar residencial medio, de manera que conseguía no llamar la atención. Tenía en su casa una persona permanente a su servicio.

Su obsesión por el poder le hacía tener ensoñaciones tan vivas que, por momentos, las confundía con su realidad y no era capaz de discernir qué estaba viviendo, si su fantasía o su vida real, hasta el punto que en esos momentos, cada vez más largos, sus ensoñaciones y obsesiones por el poder y la realidad venían a ser lo mismo. Todos los segundos de su tiempo estaban dedicados al poder.

 

 

Su ambición.

Fowler D. estaba a punto de iniciar su último esfuerzo para alcanzar su meta más íntima y profunda: ser el dueño del mundo.

Si, hasta el momento en que se encontraba, jamás había cometido error alguno, ahora debía actuar con mayor cuidado y rigor, si es que eso era posible. Tal como le habían enseñado empezó a repasar minuciosamente cómo había conseguido llegar hasta su actual y privilegiada situación, a continuación estudió qué y cómo debía hacer para alcanzar su meta.

Se sentía con mayor seguridad en sí mismo, aunque la verdad es que siempre había actuado con gran confianza en sus posibilidades, sin embargo, Fowler D. ignoraba, debido a su obsesión, su incapacidad para, cada vez en más ocasiones, distinguir sus ensoñaciones de sus realidades. Esto hacía que sus necesarios análisis del mundo y sus proyecciones hacia el futuro que debía percibir con claridad, como había sucedido hasta entonces, los confundiese y los viviese como una realidad, como si las cosas estuviesen sucediendo realmente en ese momento, no obstante seguía haciendo metódicamente su trabajo. Su incapacidad para discernir los ensueños de la realidad no significaba que en esos momentos fuese así y luego, cuando no soñaba, fuese consciente de haber soñado, simplemente era como si tuviese dos vidas, una la real y otra la de la ensoñación, las dos igual de reales para él pero separadas y sin conocimiento de esa su situación.

Aparte de esa confusión, el resto de sus facultades mentales funcionaban como siempre, con total perfección de acuerdo con cuanto le habían enseñado en el centro de formación de capitalismo superior.

 

Había llegado a saber y comprender que las cosas son sencillas y que aquello que la gente, vulgar y no tan vulgar, suele ver complicado es a causa de su incapacidad adquirida por sus numerosas preocupaciones, por sus pasiones descontroladas y por el sistema educativo. Esta incapacidad de la mayoría de la gente para ver con claridad le otorgaba a Fowler D. una gran ventaja y superioridad ya que en su mente él siempre tenía gran lucidez.

Fowler D. tenía cualidades intelectuales muy descollantes, en especial, una extraordinaria capacidad analítica y al mismo tiempo una no menos excepcional capacidad de síntesis, cualidades estas que no suelen darse simultáneamente, con el grado de desarrollo que tenían en él, en un mismo individuo. Asimismo poseía una muy desarrollada intuición que le permitía tener una visión muy certera del devenir del mundo.

Siendo poseedor de estas excepcionales cualidades consiguió convertirse en un estratega único en el mundo de los negocios, de las empresas, del dinero, de las finanzas, del poder que él ansiaba con vehemencia.

 

 

Sus instrumentos.

Su poderosa inteligencia le permitió adentrarse en la verdadera naturaleza de las organizaciones. Entendía que una organización perfecta es aquella que tiene como función adecuarse totalmente a los objetivos de quienes están en la cúspide por lo que su diseño es lo importante. Puesto que Fowler D. se situaba en la cúspide diseñó las organizaciones fundamentales para lograr su propósito.

Sabía perfectamente que las organizaciones están constituidas por individuos, son lo más importante en ellas, por lo que era necesario y esencial conseguir la identificación afectiva de sus miembros con la organización.

 Al ser las organizaciones estructuras artificiales formadas por individuos con sus pasiones y ambiciones, los que forman parte de ellas siempre pugnan por alcanzar más poder, como sea, pero respetan las estructuras organizativas pues, aunque no lo saben, utilizan las carencias de sus miembros. La gente piensa que sus aptitudes al servicio de la organización les permitirán medrar, pero esto sólo se da en los niveles más bajos en los que hay barreras infranqueables para adquirir poder. En general, los miembros de las organizaciones ponen todas sus aptitudes al servicio de las mismas, esto es  debido a sus propias  carencias que en lo fundamental son: su necesidad de tener siempre referentes visibles para actuar, es decir, no pueden salir de las organizaciones establecidas dada su incapacidad para ser autónomos en su actuación, sobre todo en un estado social como el del capitalismo superior. La responsabilidad de los individuos ante la organización es meramente funcional, la responsabilidad moral que pueda quedar latente en ellos sólo puede desaparecer en el seno de la organización que, para sus miembros en especial, es liberadora, aunque en la realidad es todo lo contrario.

Los individuos están atrapados por la organización que siempre les transmite la ideología del capitalismo superior. Como los individuos de los distintos niveles de las organizaciones han sido formados en centros normales aceptan sin necesidad de crítica, tampoco saben en qué consiste, cuanto se les da ya que, además de lo puramente técnico, ese ha sido el objetivo de la formación y enseñanza en los niveles sociales normales.

Siendo esa la esencia de las organizaciones, Fowler D. sabía que dan a sus miembros seguridad y, en los niveles altos, la esperanza real pero muy difusa de lograr más poder, éste debían ganarlo.

La gente lograba, por medio del nivel alcanzado en las organizaciones, reconocimiento social según el  estamento y sector productivo al que pertenecían. Esto Fowler D. no lo necesitaba, él pertenecía al estamento más alto y, además, tenía en su mente las metas más altas imaginables que eran inimaginables en su mundo. Actuaba desde la discreción y la convicción de que el poder, todo el poder iba a ser suyo y, entonces, podría dictar leyes y normas que se ajustarían a su sola voluntad.

 

Sus lecturas básicas, en el momento que decidió apropiarse de todo el poder, se redujeron a unos pocos tratados, casi todos ellos muy antiguos y por lo mismo desconocidos para la casi totalidad de la gente, incluida la de su propio estamento social, estos tratados eran una fuente de enseñanza continua para Fowler D., se trataba de los siguientes: El arte de la guerra, de Sun tzu, de él aprendía y profundizaba en su dominio de la estrategia; Leviatán, de Hobbes, le reafirmaba en su idea lógica de una forma determinada de entender el poder en la sociedad; 1.984, de Orwell, le enseñaba a ejercer el poder sin ser visible, aunque rechazaba numerosos puntos de la organización social y mundial desarrollados en dicha obra por innecesarios en la sociedad del capitalismo superior y, por último, una obra bastante reciente: Democracia monopolísticomediática que tenía por subtítulo: Hacia la democracia definitiva, su autor era Winston Smith, le llamaba la atención que tuviese el mismo nombre que el protagonista de 1.984; esta obra explicaba que, dadas las formas sociales existentes y el casi logrado glorioso capitalismo monopolista perfecto, que ya había arraigado fuertemente en las mentes de todos los individuos de la sociedad, la democracia perfecta se estaba alcanzando con la unanimidad de las opiniones sociales y del pensamiento de todos los individuos, transmitidos y tutelados por el monopolio informativo que velaba, en  bien de la democracia, para que el poder político no se desviase de sus fines. Esto hacía innecesario que la gente realizase la tediosa tarea de votar con regularidad como se hacía antiguamente; era suficiente con aceptar la opinión que le transmitían los medios de comunicación y cada varios años responder a las preguntas acerca de su grado de satisfacción con la oscura política, esto era lo que originaba cambios en el gobierno general y en los gobiernos de ámbitos más reducidos y próximos a la gente, siempre que todo estuviese en absoluto acuerdo con el capitalismo superior, cosa esta que la gente desconocía, no el capitalismo superior sino las posibles desviaciones.

 

Dado el objetivo de llegar a los definitivos monopolios sectoriales era necesario reconducir las distintas grandes empresas, las pequeñas dependían de las grandes y estaban totalmente subordinadas a ellas, hacia esa concentración. Las formas de actuar eran, en los medios, muy similares a lo antiguo que se mantenía por su utilidad, estas formas eran la compra y fusión de empresas, esto siempre era causa de tensiones debidas al reparto de poder. La diferencia con lo antiguo era que el poder real de las grandes empresas era exclusivo de los grandes monopolios financieros, en esto ya se había llegado a uno solo por sector productivo.

 

 

La ensoñación.

Fowler D. era un consumado y prestigioso maestro en el manejo de los medios para lograr la concentración empresarial diseñada para asentar definitivamente el capitalismo superior, se consideraba la fase superior de la sociedad a lo largo de su existencia.

Como consecuencia de no tener rival en ese manejo se fue apoderando de él la idea de convertirse en el amo del mundo.

La forma de actuar, a pesar de su maestría y prestigio, era arriesgada, pues si alguien pudiese llegar a imaginar una cosa tan insólita podría ser excluido definitivamente del estamento de elite y el castigo podría llegar hasta la pena de muerte. Era casi imposible que alguien pudiese imaginar semejante cosa dadas las características sociales generales.

Para llevar a cabo una tarea tan excepcional se necesitaban sus cualidades: determinación, conocimiento, etc. Con paciencia fue ideando formas de cruzamientos de acciones de empresas, corporaciones, supracorporaciones, etc. hasta que ya se vio dueño del mundo. Los políticos dependían de él y con ellos el aparato del poder social. aun quedaba un importante resquicio de poder social, necesitaría más tiempo para dominar, era lo que todavía se conocía como poder judicial, al haberlo necesitado la sociedad para mantener cierta imagen de justicia era lo último que debía controlarse.

 

Fowler D. no era consciente de si lo que ya vivía era real o era ensoñación.

Percibió que a medida que transcurría el tiempo era un hombre con más poder y más aislado, posiblemente llegó a ser el hombre más solitario del mundo. No olvidemos que el poder retrae y atemoriza a la gente que por ello se vuelve servil y alejada afectivamente, no en su envidia, de los poderosos y cuanto más poder tiene alguien la gente siente más temor, es más servil y confía menos en él.

A Fowler D. esto le preocupaba poco, lo que le empezó a intranquilizar fue su siguiente meta, qué podría conseguir tras ser ya el dueño del mundo. No se atrevía a confesárselo pero empezaba a barruntar que, tal vez, ser inmortal, no morir nunca.

Esto le empezaba a incomodar, no encontraba solución aunque su soberbia le hacía concebir la casi certeza de encontrarla. Le cegaba por completo, en su enorme soberbia pensaba que si era dueño del mundo también tenía derecho, él, Fowler D., a no morir nunca.

 

 

El cambio.

Un día que empezaba a diseñar sus planes de inmortalidad, en el jardín de su casa, de forma extraña, pues nunca se habían visto por allí ni en cientos de kilómetros, le picó un escorpión de la clase centrurcides noxius. Era un escorpión procedente de México cuya picadura es mortal salvo que sea tratada inmediatamente con el suero adecuado. Como él tenía servicio permanente en su casa y vivía en una zona residencial media pudo ser trasladado rapidísimamente al cercano hospital, con el escorpión.

Fowler D. fue tratado y no murió, pero estuvo durante nueve días en estado de, nunca se supo, coma o sopor profundo o huida o claridad interior o qué otra cosa, pero cuando recobró su lucidez se repuso con rapidez y volvió a su casa.

Dedicó un tiempo a reflexionar seriamente sobre lo que durante los nueve días que estuvo desconectado del mundo vivió, vio y entendió. Fruto de esa reflexión fue el nacimiento con fuerza y determinación de cambiar él y muchas cosas.

Se dio cuenta de que había estado enfermo de su cabeza, de su razón y de su corazón y de que no era el dueño del mundo como había llegado a vivir en sus delirios, también de la imposibilidad y disparate de pretender ser inmortal, de su enorme soberbia y de que el capitalismo superior era una aberración de los hombres contra los hombres. Entendió muchas más cosas de sí mismo y del mundo, no es posible explicarlas en este momento.

Poco podía hacer en la sociedad pues su mentalidad, la de la sociedad, estaba muy formada y asentada y era tarea casi imposible reconducirla a un mínimo de razón. Pensó que tal vez lo único que podría empezar a cambiar las cosas de la sociedad sería un impacto brutal en toda ella. Creía que eso era de imposible realización para él.

 

Fowler D., que había acumulado una inmensa fortuna, se dio cuenta de que procedía de un trato despiadado a muchos millones de personas de la parte del mundo que no gozaba de la implantación, para su satisfacción, del capitalismo superior, pero sí para su destrucción.

Él nunca había sido compasivo, en su formación no se concebía y la amoralidad era un componente importante de la misma, pero lo que durante sus nueve días de desconexión del mundo y su asimilación posterior le hicieron descubrir fue algo que existía en él y de lo que era desconocedor: sentimientos de identificación con los otros. Se dio cuenta del sufrimiento de las personas, hasta ese momento nunca lo había pensado y tardó en admitir que había una injusticia generalizada. No sólo se dio cuenta, también empezó a vivirlo como propio, a vivir a la gente como personas, como iguales a él. Por alguna razón, inexplicable entonces, no se identificaba con los de su sociedad privilegiada del capitalismo superior y sí con la destruida.

Pensó en infinidad de posibles acciones pues ahora se sentía incómodo en su situación y prisionero. Sus pensamientos de actuación, de acuerdo con sus nuevos sentimientos y razonamientos, que creía más lógicos, le hacían sentirse mentalmente libre y liberado de un engaño que él había contribuido a sostener. Se sentía liberado de una vida que ahora veía sin sentido.

Pensó vender cuanto poseía y darlo a los más desfavorecidos pero comprendió que eso era imposible porque, tal como estaba organizado el capitalismo superior que él tan bien conocía, el dinero en grandes cantidades no se puede repartir cuando interviene cualquier organismo y siempre vuelve al lugar del gobierno del mundo. También era conocedor de la codicia sin límite de la gente de toda condición social y un reparto o regalo de esta forma supondría luchas entre la gente aun antes de haber recibido algo.

No encontraba solución para deshacerse de su inmensa fortuna sin causar peores daños que los que trataba de paliar.

 

Tras bastante tiempo de reflexión, de búsqueda y de afianzamiento en sus nuevos valores morales, al final creyó encontrar una solución que causaría gran impacto en la sociedad entera: paralizaría el capitalismo superior, quizá lo hundiría.

El primer paso para adoptar en su vida nuevos valores morales le costó gran esfuerzo y empeño, pues le habían educado siempre en la amoralidad e inculcado eso, ese valor, de manera contundente en el centro de enseñanza de capitalismo superior. Adquirir la capacidad para discernir entre lo que beneficiaba y lo que perjudicaba a la sociedad le llevó bastante tiempo, no sólo se trataba de aprender a discernir, se trataba también de vivir y asumir los nuevos valores, que arraigasen en lo profundo de su ser. Los nuevos valores debía descubrirlos y conocerlos por sí mismo y decidir si eran racionales o no y si eran correctos o no, pero con una razón libre, algo que nunca había conocido.

Una vez liberado en lo moral de la moral social, su conducta, su vida desde dentro de él cambió, pero procuró que, de momento, su conducta siguiese las pautas de siempre aunque, al estar en proceso de recuperación de su grave picadura de escorpión, podía inhibirse durante un tiempo de tomar decisiones.

Haber adquirido una moral racional, propia y la necesidad de vivir en consonancia, le hizo sentir miedo a la sociedad y le dio, al mismo tiempo, cierto sentido de libertad que nunca antes había tenido, se dio cuenta de la manipulación social de los valores del hombre empezando por la libertad.

 

Fowler D. sabía que lo que llamaban justicia, durante un tiempo, seguiría gozando de cierta autonomía con respecto al gobierno del capitalismo superior, pues para lograr que la ley que se imponía la sociedad la considerase correcta y la aceptase sin críticas era necesario mantener la imagen de independencia de la justicia. Estaba previsto que desapareciese en pocos años y con ello el nombre mismo de justicia, pasaría a ser un Centro Técnico de Edictos.

 Una consecuencia de estos cambios era que los jueces de más edad se aferrasen a la antigua idea de justicia y fuesen más independientes que lo jóvenes, éstos ya eran resultado directo del asentamiento firme del capitalismo superior y de la nueva forma de democracia, teorizada y descrita por Winston Smith. Los jueces jóvenes ya habían sido educados en la amoralidad lo que permitía la hegemonía de la ley sin discusiones, tenían, además, expectativas sociales claras por lo que en esos años de transición hacia la desaparición de los restos de autonomía judicial eran condescendientes en extremo con el capitalismo superior.

Fowler D. averiguó que entre los jueces de edad de los principales lugares del mundo, varios de ellos eran bastante honrados y con pocas esperanzas de mejorar su posición social, eso les hacía mantener ciertos ideales antiguos de justicia. También consiguió encontrar en diferentes lugares un puñado de abogados desencantados y de confianza par su propósito.

La bolsa, instrumento importante hasta entonces, seguía existiendo como un medio necesario para acabar de establecer los monopolios sectoriales y recoger el ahorro de la sociedad que no se encauzaba directamente por medio de los monopolios financieros.

 

 

El hundimiento de su sociedad.

La solución que Fowler D. encontró más adecuada para su propósito fue interponer una demanda a las 100 empresas más importantes del mundo por un valor, que calculó, en unos 100.000 millones de dólares por empresa[1]. La demanda la interpondría por diferencias salariales y de precios de todas las materias primas, las diferencias salariales correspondían a las de cientos de millones de personas, en sus trabajos  y durante infinidad de años, con respecto a lo legislado las de las materias primas con respecto a las formas de valorar el suelo en los diferentes lugares. El capitalismo superior, en su arrogancia, no acompasó el ritmo de la legislación en sus países centrales con la de los países satélites, pero al irse estableciendo gradualmente el Estado Superior Único gran parte de las leyes se homogeneizaron obligatoriamente en todo el mundo, en los lugares en los que no habían existido se consideraron leyes subsidiarias las del centro del capitalismo superior, esto y algunos otros resquicios legales permitían interponer la demanda. El tiempo para el cálculo lo consideró desde la época de la legislación confusa, muchísimos años.

Todas estas consideraciones técnicas legales, de cierta confusión no resuelta todavía y unos pocos jueces de edad y abogados desencantados y una inmensa fortuna al servicio de sus nuevos ideales, le permitieron poner en marcha su plan.

Preparó las 100 demandas con el mayor rigor imaginable y, de acuerdo con sus abogados, las presentó simultáneamente en 36 ciudades de distintos lugares que eran las sedes de las empresas demandadas. De inmediato fueron aceptadas 27, las que correspondieron a jueces de edad que, en su mente, todavía recordaban cierto sentido de la justicia. Para estos jueces tuvieron un efecto salvador, llegó a sus dominios una causa compleja pero, sobre todo, una idea, un recuerdo real y vivo de antiguos ideales de justicia; eso removió las entrañas de sus conciencias y esos antiguos ideales de justicia despertaron en ellos.

El resultado inmediato fue espectacular, las bolsas, muy controladas hasta entonces, sufrieron un hundimiento instantáneo de tal magnitud que, ante la doctrina oficial de la imposibilidad de un descalabro dada la organización del capitalismo superior, no supieron reaccionar, no estaba pensado algo así ni en los supuestos más inverosímiles. El hundimiento a cada instante que pasaba era mayor. Los monopolios financieros, que hubiesen podido paliar y evitar la situación extrema, estaban paralizados porque indirectamente las demandas iban contra ellos, contra el corazón del capitalismo superior.

 

Debe tenerse en cuenta que entre las condiciones para edificar el capitalismo monopolista definitivo y por tanto el capitalismo superior estaba el respeto a la ley existente en cada momento y lugar que ya casi era igual en todos los sitios, pero todavía tenía ciertas condiciones de la antigua y desfasada idea de justicia que, hasta como palabra, iba a desaparecer en breve tiempo. Esta condición se mantenía para lograr con facilidad los monopolios sectoriales. Los dóciles jueces, hasta entonces todos, habían conducido perfectamente la aplicación de las leyes conducentes a lo dispuesto. Es cierto que jamás llegó a pensar o imaginar alguien un uso aberrante, en su concepto, de la ley. El incumplimiento podía suponer romper el equilibrio existente, si era una empresa importante la incumplidora la intervención desde el gobierno del capitalismo superior era fácil pues los raros incumplimientos eran menores y de algún desviado que era excluido de su estamento social.

Lo que con las demandas de Fowler D. se produjo fue un inimaginable supuesto para ellos, hacer cumplir normas legales para romper el capitalismo superior y que, además, todavía quedaran jueces capaces de dar curso a semejante pretensión. No se podía intervenir porque al mismo tiempo estaban involucradas una parte importante de las grandes empresas. Quedaban sin tocar unas cuantas con lo que con estas no podían hacer nada.

 

La sociedad normal poco entendía, la democracia establecida en ella, la monopolísticomediática, era incapaz de encontrar un sentido y dar información coherente, callaron, la preocupación social no era excesiva al principio.

 

Las presiones a los jueces, con amenazas de muerte, fueron enormes y agobiantes, algunos se retractaron de su primera decisión y rechazaron las demandas, quedaron reducidas a 18 las aceptadas. De las no aceptadas inicialmente, algunos jueces reconsideraron su postura tras consultar con otros jueces, tanto con jueces que aceptaron las demandas como con jueces que las rechazaron, al final quedaron vigentes 27 demandas, número suficiente, dado lo que significaban en actividad económica las empresas correspondientes, podían distorsionar y posiblemente paralizar el capitalismo superior.

Las demandas en aquella época suponían que al demandado se le intervenían en el acto todos sus recursos; esto se había establecido así con el fin de evitar desviaciones y entorpecimientos en la construcción del capitalismo monopolista definitivo.

Tras el hundimiento financiero llegó la paralización de la actividad económica, era imposible el funcionamiento si faltaban los suficientes eslabones de la cadena empresarial general, más aun si se trataba de empresas gigantes.

Las medidas intervencionistas judiciales no suponían la incautación de los recursos de las empresas sino la obligación de cumplir las leyes inmediatamente, eso fue lo que reventó todo. Las leyes de salarios que debían cumplirse a nivel empresarial mundial suponían unos costes elevadísimos para las empresas y para los productos, tant6o que se multiplicaron por 50. La obligación de indemnizar por incumplimientos del pasado suponía la desaparición de las empresas, les era imposible, lo mismo que a los monopolios financieros, cumplir la obligación legal; en su defecto esas empresas debían ser transferidas a favor de los antiguos perjudicados, pero éstos no sabían hacerlas funcionar.

 

El hundimiento más negro que se podía imaginar llegó. La verdad es que para la gente, convencida como estaba de vivir en la sociedad definitiva y en la democracia definitiva, pensar en algo así resultaba imposible.

Tras el hundimiento financiero y productivo llegó el desconcierto y poco después el pánico colectivo al ver que no se podían dar explicaciones. Nadie era capaz de comprender lo que estaba ocurriendo, nadie podía explicar por qué razón una organización social perfecta se estaba derrumbando abruptamente. El desánimo empezó a ser generalizado.

El pavor social fue aumentando con rapidez, llegó el empobrecimiento repentino y los hombres, poco a poco, fueron sacando sus peores y más ocultos instintos, la sociedad se derrumbaba por horas. Los suicidios aumentaron espectacularmente, los asesinatos también, los saqueos, el pillaje, cierta destrucción. Era como una guerra sin enemigo visible ni conocido. Los hospitales apenas podía prestar algún servicio. Los gobernantes estaban paralizados. No había salida posible.

El efecto fue diferente según los lugares.

Las sociedades marginales, las de los sitios que aportaban sólo mano de obra o materias básicas empezaron otro andar.

 

 

Lo que sigue...

Las sociedades nunca están detenidas y buscan formas y fórmulas para resolver sus problemas. En ocasiones, ante acontecimientos de gran impacto, brutales reaccionan de distintas formas, la sociedad del capitalismo superior también lo hizo e intentó encontrar caminos para poder vivir. Los intentos fueron de todas las clases, unos erróneos en todo y otros más llevaderos. Aparecieron nuevos hombres con un nuevo entendimiento de las sociedades, pero sobre todo del hombre. El proceso fue muy largo, con avances y retrocesos. El mundo continuó andando pero ya no volvió a ser como el anterior. Hubo de todo.

Esta historia de lo que hizo la sociedad es larga, es posible que en otro momento explique algo de ella.

 

 

 

 

 



[1] El valor se da en términos del año 2.004 para que se vea con mayor claridad lo que representaba en esos momentos.