DEPREDACIÓN Y CAPITALISMO. II
Santiago Ubieto
En la parte I hemos visto que la mentalidad
depredadora está tan arraigada en la sociedad que ésta nunca la cuestiona pues
no tiene conciencia de la misma. Esto es así porque nuestra actuación social
normal, desde siempre, está tan impregnada de esta mentalidad que nos resulta
difícil ver qué se oculta bajo gran parte de nuestros hábitos y conductas
sociales. Nuestros usos, moral, reglas, normas o leyes proceden en gran parte
de esta mentalidad y están de acuerdo con la misma. Las conductas que de ella
proceden son ensalzadas socialmente, estimuladas y reguladas legalmente. Los
límites que la sociedad establece a esta conducta no son más que a manifestaciones
descontroladas socialmente de nuestra actuación depredadora, nunca a la
depredación en sí.
La depredación es una institución importante
que existe desde el principio de la historia y se ha ido desarrollando, siglo
tras siglo, con mayor fuerza y sofisticación hasta el punto de conformar, en
parte, los sistemas sociales. Como institución es tan antigua como el hombre en
tanto ser social e impregna gran parte de la actuación humana.
Aquí tan sólo interesa ver cómo dicha
institución, en las diversas manifestaciones y concreciones con que aparece,
está en la base de los distintos modos de producción y cómo el actual, el
capitalista, no es más que un mayor refinamiento de la depredación humana
aplicada a la producción de mercancías para generar más capital. En este
momento, de acusada tendencia al capital monopolista, todavía es más clara la
sofisticación de la depredación del sistema y al mismo tiempo es más burda en
ciertos aspectos y en los lugares alejados del centro.
Fácilmente puede deducirse la enorme fuerza que
posee el capital, la fascinación que ejerce sobre los hombres y cómo se ha
convertido en uno de los factores más importantes en el condicionamiento de la
vida social. Veremos que lo que verdaderamente forma el capital es vida de la
gente, pedazos reales de sus vidas.
Mentalidad
esclavista.
En algunas de las breves notas históricas
anteriores se han recordado el esclavismo y el feudalismo como modos de
producción característicos de diferentes épocas, el de la actual es el
capitalismo. Su impulso fuerte se produjo con la llegada del capitalismo
industrial en la segunda mitad del siglo XVIII, inicialmente en Inglaterra. Hoy
continúa imparable en su marcha hacia la hegemonía total, hacia la
mundialización gracias a las constantes e importantes transformaciones
producidas en las formas de generarse el capital.
Para entender mejor la mentalidad subyacente en
el modo de producción actual puede ser útil recordar, aunque sea muy
brevemente, las diferencias y las similitudes entre los distintos modos de
producción, diferencias formales importantes pero no sustanciales.
En el modo
de producción esclavista el amo es propietario de la totalidad de su
instrumento de producción más importante: el esclavo, éste resulta ser una
persona, un hombre con los atributos de tal, pero el sistema esclavista no lo
considera así. Antes hemos visto cómo, el durante muchos siglos
influyente, Aristóteles explica y
justifica el esclavismo con total claridad, normalidad e irracionalidad,
simplemente decide que el esclavo no es hombre. Este concepto, que supone un
retroceso de Aristóteles con respecto a su maestro Platón, va a ser el que se
mantenga en la sociedad.
Nuestra idea de la esclavitud y la aceptación
por nuestra parte, en nuestro mundo, hoy es hipócrita. Si verbalmente la
rechazamos, en nuestra realidad cotidiana la aceptamos con total indiferencia,
aunque pretendiendo ignorar el hecho, por los grandes beneficios inmediatos que
nos reporta en forma de mercancías y de otros servicios.
El diccionario de la RAE define al esclavo
como: "persona que por estar bajo el dominio de otra carece de
libertad". Esta definición moderna, a diferencia de lo que explica
Aristóteles, entiende que el esclavo es persona y nuestra sociedad así lo cree.
Esto hace más perversa nuestra práctica del esclavismo como modo de producción
pues lo tenemos alejado a los países periféricos, en los lugares en que se
mantiene y, por medio de nuestras admiradas empresas de marcas prestigiosas,
existen profesionales que se encargan de la gestión de nuestro actual
esclavismo y de que estéticamente no nos moleste ya que moralmente no lo
consideramos.
Sabemos por algunas informaciones y por
informes de organizaciones serias, como UNICEF, que en nuestro mundo
globalizado, hoy, existe un floreciente comercio de la mercancía esclavo, de
esclavos reales y verdaderos, sobre todo niños pero no sólo niños, y, los
esclavos, como instrumento de producción que son, como mercancías, pues como
tales se compran y se venden, se destinan a producir y a proporcionarnos otras
mercancías baratas a los del centro del sistema, a los de Occidente.
Una noticia de un día cualquiera, el 24 de
agosto de 2.004[1],
aunque muy pocas veces se publica esta clase de información y cuando se hace es
en muy pocos medios. El titular de la noticia: "Brasil toma nuevas medidas
para acabar con la esclavitud", en la explicación de la noticia se dice
que allí hay entre 25.000 y 40.000 esclavos. En nota aparte se dice también
que: "Naciones Unidas decretó 2.004 el "Año de conmemoración de la
lucha contra la esclavitud" y el 23 de agosto como fecha para recordar el
uso del trabajo esclavo en varios países". Algunos de los pocos datos que
aparecen en esa noticia dicen que la organización Anti-Slavery revela que unas
800.000 personas son traficadas... En Mauritania más de 1.000.000 de personas
son consideradas propiedades. En Tailandia... La suma de los datos conocidos,
como es natural no existen estadísticas, indica que
varios millones de personas, en su mayoría niños, son esclavizados anualmente.
El total es difícil de conocer, la realidad es escalofriante, muchos millones.
Es una estadística, lo de muchos millones, no fiable, se queda muy corta.
Stalin decía que la muerte de una persona es una tragedia, pero un millón de
muertos es una estadística.
Estos muchos millones de esclavos lo que hacen
es producir mercancías para nosotros, para los de los países más consumistas,
es nuestro derecho al consumismo y en él, el origen de nuestras mercancías es
irrelevante. Esto no es un alegato moral sino un hecho[2].
Aunque suele decirse que en las actuaciones
humanas, o en muchas de ellas, los hechos no pueden o no deben considerarse
desde un punto de vista moral, toda actuación humana, sin excepción, tiene un
trasfondo moral sea explícito o no y sea conocido con claridad o ignorado. El
trasfondo del modo de producción esclavista o del capitalista es moral, de una
moral determinada, pero sin ninguna duda su base es moral; que nosotros
tengamos conciencia de ello o no la tengamos es un problema distinto que casi
siempre tiene un origen social. Un modo de producción cuya base fuese la
justicia real y verdadera es indudable que nunca podría alumbrar el esclavismo
o el capitalismo. Desde el punto de vista de una razón recta, de una moral
racional, de una idea mínima de justicia, de la consideración del hombre como
tal nuestra actuación se vislumbra bastante aberrante y abyecta.
La mentalidad social acepta abiertamente y sin
dudas morales el esclavismo actual, el de hoy, pues nuestro utilitarismo es un
valor superior para nosotros y haber reducido nuestra libertad a libertad para
elegir entre distintas mercancía hacen que nuestros valores reales y vividos
sean eso. los hechos lo evidencian digamos lo que
digamos para justificarnos desde nuestra omisión indiferente.
En el sistema esclavista el amo tiene la
obligación de alimentar al esclavo de su propiedad ya que es su útil de
producción. La alimentación del esclavo no se hace por razones caritativas, se
hace por razones productivas. Igual que un animal de trabajo debe ser alimentado
para que viva y siga trabajando, un instrumento de producción que tiene forma
humana y funciones humanas pero sin la consideración de hombre y que, además,
realiza trabajos más complejos que otros instrumentos o que los animales,
también debe ser alimentado para que pueda seguir produciendo para el amo.
Como el negocio de la cría de esclavos no era
claro hubo que recurrir a otros medios para obtener la mercancía esclavo.
La procedencia de la mercancía esclavo ha sido
diversa a lo largo del tiempo: con frecuencia botín de guerra, una vez
conseguida la mercancía esclavo podía venderse y comprarse igual que cualquier
otra mercancía; otras veces procedía de expediciones a otros países para, de
acuerdo con las necesidades, capturar esclavos. Siglos después de Grecia y
Roma, aunque los esclavos han existido en todas las civilizaciones, eran
capturados en los lugares donde se producían de forma natural, es el caso de
los negros; entonces se estableció un comercio más organizado de esclavos. Debe
reseñarse, no obstante, que los comerciantes de esclavos han existido siempre y
hoy, en el año 2.004, siguen existiendo.
Una vez organizado más racionalmente el
comercio de la mercancía esclavo se convirtió en un negocio próspero y
floreciente durante siglos, hoy también lo es, y produjo grandes fortunas a los
comerciantes especializados en dicha mercancía, hoy las sigue produciendo.
Datos que manejan organizaciones como UNICEF,
siempre muy prudente, dicen en su informe del año 2.003 que el comercio de
niños esclavos produce unos ingresos anuales de casi 9.000 millones de euros.
Otras organizaciones elevan en bastante el número de esclavos dados por UNICEF;
ésta organización cifra en más de 1.200.000 niños los que se venden anualmente
en concepto de mercancía niño esclavo. En realidad son bastantes más y también,
aunque en menores cantidades, personas adultas.
Ante un comercio en expansión su
racionalización impone la especialización y la división del trabajo, así sucede
también en el comercio de la mercancía esclavo. Históricamente la división del
trabajo se llegó a producir entre países; es conocida la importancia de los
proveedores de la mercancía esclavo entre los que los holandeses y los
portugueses fueron importantes y casi monopolizadores durante un tiempo; pocos
siglos antes los comerciantes valencianos y catalanes también, entre otros,
hicieron notables fortunas con esta clase de comercio.
La importancia del esclavismo para nosotros
está en que ha sido el modo de producción dominante durante siglos y se ha
mantenido siempre, aunque ya haya dejado de ser el modo de producción
dominante, y esta forma de depredación humana siempre ha sido asumida y
aceptada por las correspondientes sociedades, que obtenían notables beneficios,
como algo conforme con la naturaleza de la sociedad. Hoy no hay leyes que
regulen la esclavitud pero sí normas no escritas y el total asentimiento y
aceptación de nuestra sociedad manifestados por el
escandaloso silencio ante la alegre aceptación de los grandes beneficios que el
vigente modo de producción esclavista nos reporta en forma de mercancías.
La mentalidad esclavista permanente tiene
importancia para entender mejor la mentalidad de las actuales sociedades
capitalistas. Si seguimos siendo activos mantenedores de los millones de
esclavos que hoy siguen produciendo para nosotros es porque este modo de
producción nos resulta beneficioso, nuestra aceptación activa de esta forma de
esclavitud está en la alta consideración social que tienen las empresas que más
utilizan este modo de producción, aunque sea indirectamente, en nuestra
fidelidad a sus mercancías. No hay movimientos sociales que trabajen
activamente contra el actual esclavismo, la sociedad ignora deliberadamente la
situación. Para nosotros es un derecho más.
Tras el hecho normal está el derecho legal o el
derecho social, el uso social. Nuestra mentalidad lo acepta con naturalidad, el
concepto de amo y esclavo es el nuestro. Veremos cómo se mantiene en el
capitalismo.
Si la esclavitud masiva ya no está generalizada
en nuestros propios países es por lo dicho antes, porque la producción de
algunas mercancías se ha alejado del centro y tenemos profesionales al servicio
directo o indirecto de nuestras prestigiosas empresas y pagados por ellas, por
tanto a nuestro servicio directo. Hacen el trabajo sucio, no moralmente pues
este no es un problema para nosotros sino estéticamente, éste sí puede ser un
problema.
Los inmigrantes llamados ilegales que llegan a
nuestros países, en muchos casos, cientos de miles, son esclavizados por
nosotros directamente en nuestros propios países con mejor o peor trato, pero
son esclavos, como son ilegales, no están dentro de la ley, no existen, no son
ciudadanos. Las informaciones lo revelan.
Nuestra aceptación social es por la omisión
activa que nos produce beneficios en forma de mercancías para satisfacer
nuestro consumismo compulsivo. En la más absoluta frialdad e indiferencia ante
los otros nuestras sociedades abogan por otorgar derechos a los animales que
nos son útiles como pero no a los otros, a los hombres, que nos son útiles como
simples instrumentos de producción.
Los hechos son los insinuados, lo que subyace
en ellos es nuestra mentalidad arraigada desde hace siglos. Las manifestaciones
no las atajamos, las ignoramos y los valores que propician lo que hay tampoco
son cuestinados socialmente por casi nadie, ni los educadores, ni los más o
menos influyentes intelectuales, ni los políticos, ni los que forman la opinión
social, ni las organizaciones religiosas, ni la sociedad en general, tan sólo
algunas organizaciones que, si durante unos instantes se hacen oír, la sociedad
mira hacia el resplandor del consumismo, hacia el brillo de la abundancia de
mercancías.
La esclavitud de los negros siempre ha estado
bien vista, ya el célebre fray Bartolomé de las Casas, de la Iglesia católica,
defensor de los derechos y el trato correcto a los indios de América, no dudó
en recomendar la esclavización de los negros.
El esclavismo en su aspecto formal, legalmente,
ha existido hasta hace muy poco tiempo, así: en las posesiones inglesas las
leyes esclavistas fueron abolidas en 1.833, en las francesas en 1.848, en los
USA en 1.865, en las posesiones españolas en 1.870 y 1.880, en Arabia Saudí en
1.963.
Si en la Edad Media los cristianos esclavizaban
a los musulmanes y éstos a los infieles, los negros siempre han sido los más
desafortunados.
La mentalidad esclavista está directamente
relacionada con la mentalidad de nuestro sistema capitalista. Olvidando la
forma, lo que hay tras todo es que quienes tienen más poder no consideran a los
demás de otra forma que en función de sus intereses. Veremos que en el
capitalismo la consideración del hombre es exactamente la misma que en el
esclavismo. Aunque en Occidente las cosas han cambiado para las sociedades del
centro del sistema que como tales son el capitalismo social.
Para resolver el problema estético que plantea
el actual esclavismo y para que no nos afecte el improbable problema moral
hemos desarrollado mecanismos de defensa con el fin de ocultarnos la realidad.
Los mecanismos defensivos son los que utiliza
el individuo para protegerse de impulsos e ideas que pueden producirle
malestar. lo que los expertos llaman mecanismos, en
este caso defensivos, son algo que sugiere cosas mecánicas, máquinas; esos
mecanismos son actos mecánicos ejecutados sin reflexión y esto en cada
individuo, en muchos individuos de la sociedad, en consecuencia la sociedad
resuelve con facilidad estas posibles contradicciones o malestares al haberse
impuesto el utilitarismo como filosofía correcta en los impulsos de la
actuación de los individuos. Actuamos de una forma determinada para conseguir
nuestra satisfacción individual, exclusiva; eso es lo que hace la sociedad; eso
es lo correcto según esa filosofía simple, la forma de entender el
utilitarismo, por lo tanto no necesitamos más, es la actuación irreflexiva y
mecánica, como tal carece de sentimientos, de raciocinio. Es la filosofía de lo
práctico, de lo tangible, de la satisfacción inmediata.
No nos preguntamos cómo alcanzamos nuestra
propia satisfacción material, es la única que nos interesa, no nos preguntamos
cómo, quién y en qué condiciones de derechos produce las mercancías que
nosotros consumimos hasta el despilfarro y nos producen satisfacción material
inmediata, utilidad.
El mecanismo social de defensa se ha
institucionalizado, forma parte de nuestras conductas habituales al
relacionarnos con el mundo.
El fin de todo: la utilidad, la satisfacción,
el consumismo, el placer, el fin es independiente de los medios. Cualquier
forma de esclavitud, ya sabemos lo que hay, es ignorada si es necesario y, en
última instancia, es un derecho que nosotros tenemos sobre todos los millones
de esclavos, sobre lo que ellos hacen y producen en condiciones de esclavitud,
antes y ahora. Disfrutamos, utilizamos lo hecho por ellos para nosotros, es lo
que nos corresponde por el derecho que sólo atañe a hombres libres, a nosotros
que nos creemos libres. El esclavo está a nuestro servicio, es el útil, el
instrumento, la herramienta que produce en condiciones ventajosas para nosotros
por medio de nuestras grandes y admiradas empresas de la mundialización.
La mentalidad esclavista actual que subyace en
la sociedad se manifiesta de diferentes formas, con claridad y sin tapujos en
algunos conflictos sociales, en los conflictos raciales, con menor claridad y
de forma larvada en el trato dado a los
trabajadores en todo momento y, de manera especial, en el trato que
colectivamente, como sociedad, nosotros damos a los millones de trabajadores de
otros países, pues carecen de derechos y no nos importa que no los tengan, nos
va bien así, no hacemos absolutamente nada. Esos son nuestros hechos y nuestras
omisiones. Cuando no se los llama esclavos el problema es menor, la mentalidad
vuelve a escudarse en mecanismos defensivos, ahora por medio del lenguaje. La
insensibilidad que mostramos ante todo eso es otro mecanismo de defensa. La
sociedad permanece pasiva cuando conoce los hechos.
Retengamos la idea expresada de lo que persiste
desde hace siglos, nuestra mentalidad real y efectiva de sociedad esclavista.
El modo
de producción feudal fue un avance beneficioso para el amo, ahora señor,
propietario de tierras de las que previamente y por medio de la fuerza bruta se
había apoderado o bien fueron concesiones del rey que previamente había actuado
de la misma forma.
En este modo de producción el señor cede
tierras en precario al vasallo y éste puede alimentarse con parte del producto
de su trabajo, además trabaja gratuitamente para el señor y le paga tributos.
La atadura del vasallo es total, si abandona las tierras del señor no puede
alimentarse y si sigue en ellas su ligadura es completa desde la miseria a la
que es condenado por su contrato con el señor. Éste tiene, además de los
derechos deducidos de su contrato de vasallaje, el derecho real a maltratar a
su vasallo y en ocasiones también el derecho legal a condenarlo a muerte pues
el derecho, procedente de Roma como institución, sólo es para hombres libres,
esto es: para los señores.
El contrato entre el señor y el vasallo tiene
la misma consideración conceptual que en
el esclavismo, los cambios sociales han obligado a buscar nuevas formas en la
depredación y explotación de unos hombres por otros hombres. En la mentalidad
de la sociedad noble el vasallo es considerado y, en cierta forma, tratado como
un esclavo real.
Con el paulatino auge del artesanado y del
comercio irán apareciendo lentamente distintos cambios sociales, van surgiendo
nuevas instituciones.
En el modo de producción feudal el señor ya no
debe alimentar a su vasallo, tiene una preocupación menos. El vasallo
prácticamente carece de derechos aunque, eso sí, legalmente ya no es un objeto
o útil de trabajo, en la realidad sí, hasta tiene alma, en el caso de los
esclavos negros es sabida la consideración a este respecto.
Con las monarquías absolutas el modo de
producción no se modifica, la aristocracia dominante sigue ostentando todos los
privilegios. Aparece el capitalismo comercial, la burguesía crece y va
adquiriendo conciencia de su fuerza y rivaliza con la nobleza para acabar logrando
poder político para ella como clase social. Como es natural esta burguesía
pujante ignora en todo a los que están más abajo en la escala social.
La burguesía rivaliza con la nobleza en su
gusto por el lujo, pero además tiene necesidad de expansión, posee pasión por
la riqueza, adquiere espíritu de empresa, sentido del riesgo y afán de
conquista. Va preparando lo que llegará después como fruto exclusivo de la
burguesía: el capitalismo industrial y su extraordinaria expansión en poco
tiempo.
La mentalidad es la misma que en el modo de
producción esclavista: el individuo carece de consideración y respeto, es un
objeto, un instrumento de producción al servicio del señor, al servicio de la
realeza y de la aristocracia dominante y luego de la burguesía, es la única
función concebible.
Para que llegue el modo de producción capitalista se han producido cambios sociales e
institucionales, de las instituciones subordinadas a l más poderosa que es la
depredación. Los cambios lo que hacen es modificar y aumentar las diversas
formas que reviste la depredación e impulsan a su vez nuevos cambios en
distintas direcciones: mentalidad, avances técnicos y sociales, etc. y
consolidan el capitalismo que a partir de un momento se convierte en
capitalismo industrial.
Aunque más adelante profundizaremos un poco
más, lo que aquí interesa resaltar de una forma simple es que el patrono, el
capitalista, la sociedad burguesa ha conseguido idear un nuevo modo de
producción que se inicia en Inglaterra. Por diversas circunstancias que la historia
explica, a partir de los momentos previos al nacimiento del capitalismo
industrial se ha ido formando un mercado de trabajo disponible en constante
crecimiento. El capitalista[3] acude al mercado de la
fuerza de trabajo, paga el precio que cree oportuno y adquiere una serie de
derechos sobre la cantidad de fuerza de trabajo que ha comprado. Por su parte
la fuerza de trabajo, el individuo que se ve obligado a venderse por un tiempo,
a vender unas horas de su vida, tan sólo tiene inicialmente derecho a que el
capitalista le pague lo que quiera. Hoy en Occidente hay regulaciones de horas
de trabajo anuales, salarios mínimos, etc. , en la
periferia no y el capitalismo funciona como en los tiempos iniciales o peor en
lo que concierne a derechos del trabajador.
Observemos que donde el capitalista compra
fuerza de trabajo, ésta es distinta a trabajo, es en el mercado, en este caso
en el de fuerza de trabajo. Sabemos que el mercado es el lugar, en realidad es
una conceptualización, en el que se realizan transacciones, compras y ventas de
mercancías; en este caso del mercado de fuerza de trabajo lo que realmente se
compra son derechos sobre la fuerza de trabajo, sobre el individuo que la
vennde. En el mercado, si es libre, cosa que en el mundo real no se da, las
transacciones se regulan por medio del precio, éste depende de las cantidades
ofrecidas y demandadas. Como en el sistema capitalista siempre hay paro, la
oferta de trabajo es superior a la demanda y los precios los establecen los
demandantes, las empresas; en Occidente hay regulaciones legales, sindicatos
con cierta fuerza de negociación, que establecen unos precios, salarios,
mínimos.
Lo que nos interesa ver es que la fuerza de
trabajo, las horas de trabajo que se compran y se venden son una mercancía, nada
más que eso. Mercancía peculiar si se compara con otras mercancías producidas
precisamente por esa primera mercancía que es la fuerza de trabajo.
El actual mercado laboral está regulado en
parte y únicamente en algunos lugares, en este caso el precio que establece el
equilibrio teórico entre la demanda y la oferta de la fuerza de trabajo no es
libre, además la constante especialización y la complejidad de algunos trabajos
hace que los mercados laborales sean complejos y diversos. En cualquier caso,
el sistema siempre ha tenido un exceso de fuerza de trabajo sin ocupar, en
paro. Cuanto más baja es la cualificación del trabajador, cosa que se da en las
sociedades menos desarrolladas económicamente o entre los inmigrantes, más se
aproxima el mercado laboral a la idea inicial de que el precio, el salario,
equilibra el mercado, pero en este caso el exceso de oferta de fuerza de
trabajo es inagotable con lo que los precios, los salarios, son
disparatadamente bajos, más aun teniendo en cuenta que en los países periféricos
o entre los inmigrantes los derechos o no existen o no se hacen cumplir.
Los distintos apoyos y derechos de los
trabajadores en Occidente, de los votantes, y los diferentes aspectos del
llamado estado del bienestar ocultan o alteran temporalmente esa idea de
mercado laboral y por tanto la irracionalidad real en que se sustenta el
sistema. Lo estamos viendo en países muy desarrollados económicamente que en
momentos de crisis o estancamiento económico adelgazan los derechos de los
trabajadores, nunca de las empresas. Al ver más adelante las transformaciones
en la forma de producirse el capital veremos esto con mayor rigor y claridad.
Lo que nos interesa retener es que el
trabajador nunca y en ningún lugar tiene el derecho a la totalidad del producto
de su propio trabajo.
Para el capitalista, para la empresa, el avance
respecto a los anteriores modos de producción es importante. La empresa no
tiene que mantener a su trabajador como en el esclavismo, ni cederle tierras o
máquinas en precario como en el feudalismo, el capitalista tan sólo compra las
horas de fuerza de trabajo que necesita en cada momento y paga el precio que
cree conveniente; el trabajador vende su fuerza de trabajo, horas de su vida,
por un tiempo, el que la empresa tiene a bien comprarle, y esto si el
trabajador puede pues no depende de él y cobra lo que el empresario decide
pagarle. Aunque en muchos casos existen contratos de duración larga sabemos que
cuando la empresa lo cree oportuno los rescinde, con normas que cumplir, etc.
pero así lo hace. Es verdad que las vicisitudes de las empresas, de la economía
son inciertas como corresponde a un sistema lógico pero irracional. También es
cierto que todo esto se ve más en las grandes empresas, pero la mentalidad es
esta. Los hechos son esos.
Los derechos logrados por los trabajadores tras
muchos años de reivindicaciones y luchas en el centro del sistema les han
permitido suavizar la dureza del capitalismo inicial, en ello influyen
el llamado estado del bienestar y la mentalidad social. Cuando las
empresas creen que van a obtener menores beneficios o las innovaciones de los
sistemas productivos lo imponen echan a los trabajadores que son lanzados a las
ayudas estatales procedentes a su vez de retenciones de los que trabajan. En
los países, que son la mayoría, sin derechos o de difícil obligatoriedad para
que se cumplan, el capitalismo funciona con mayor dureza y crueldad que en los
inicios del capitalismo industrial.
La depredación humana aplicada a la producción
capitalista es la misma que en los otros modos de producción. El individuo es
considerado como un instrumento productivo. La empresa roba al trabajador, no
debe pensarse que el uso del término robo tiene por objeto provocar o dar
matices morales, el término es una simple descripción precisa de lo que hace el
capitalismo: el robo al trabajador de una parte del producto de su propio
trabajo, robo que es legal y no se considera así, suele hablarse de la
acumulación necesaria de capital, la ley permite esa apropiación, la aprueba y
la regula, por tanto, la sociedad no la cuestiona.
En el feudalismo era legal la relación
señor-vasallo y en el esclavismo la de amo-esclavo, en el capitalismo comprar
la mercancía fuerza de trabajo en las condiciones explicadas.
Desde el momento en que aceptamos que cualquier
hombre no tiene el derecho a la totalidad del producto de su propio trabajo y
que unos cuantos tienen el derecho a apropiarse gratuitamente de esa parte del
producto propio de los trabajadores y que se les niega, la consideración del
hecho social en nuestra mentalidad es clara, admitimos que unos hombres tienen
derecho a apropiarse de trozos de las vidas de una mayoría, ya sean estos
pedazos de vida mayores o menores, eso no importa. Admitimos la mentalidad
esclavista con claridad, aunque se haya modificado la forma y para una parte de
la sociedad sea más benigno el hecho. Admitimos que unos hombres son superiores
a otros en derechos y en privilegios. Admitimos que el hombre, en la
consideración social, es un instrumento de producción en beneficio exclusivo de
otros pocos hombres y de otras pocas sociedades.
Los privilegiados son los más fuertes y los que
han sido capaces de asumir la moral que produce esos hechos. La sociedad lo
acepta porque se siente más débil que los privilegiados, porque sus valores
morales son los mismos, porque tiene las posibilidades teóricas de llegar a la
clase privilegiada, porque la mentalidad está tan arraigada que es muy difícil
verla con claridad.
Tras todo esto hay también un problema de
libertad al confundir libertad con privilegios para actuar con impunidad o con
libertad para elegir entre distintas mercancías, nuestra sociedad también tiene
un problema de libertad aunque siempre nos digan que somos una sociedad libre.
Recordemos la definición actual de esclavo:
"persona que por estar bajo el dominio de otra carece de libertad".
Sin entrar aquí en el tema de la libertad, en nuestro sistema es innegable que
la carencia de libertad verdadera es un hecho; por ejemplo, un individuo desea
trabajar y lo necesita, como sucede con
la mayoría de la gente, pero el mercado, los que se han apoderado de una serie
de derechos frente a los demás no le permiten trabajar y si lo hace es con
desigualdad de derechos pues está bajo el dominio legal de otros que tienen
esos derechos de dominio sobre la gente. Es interesante recordar que según
datos que maneja la OMS se producen al año cientos de miles de suicidios y
muchos más intentos, entre las causas que da está la pérdida de empleo, donde
menos suicidios se producen según el citado organismo es en América Latina, en
los países musulmanes y en algunos de Asia y donde más en antiguos países
comunistas y en algunos nórdicos. Lo que es revelador es que entre las causas
importantes están la pobreza y la pérdida de empleo o problemas laborales.
Cuando más adelante veamos con más claridad el
fondo real del sistema capitalista y las transformaciones habidas quedará esto
menos confuso.
Las transformaciones de todo tipo han hecho que
las sociedades del centro del sistema sean depredadoras de sus propios
trabajadores, pero en menor medida que antes y, a su vez so ellos, las
sociedades como tales, depredadoras en extremo con los trabajadores de las
sociedades periféricas con un grado de crueldad e indiferencia extraordinarios.
La mentalidad real procedente de los anteriores modos de producción es la que
persiste y estimula esta manera de funcionar el sistema. El capitalismo global
o mundial necesita todo eso para continuar y fortalecerse.
La consideración del individuo en los
diferentes modos de producción es la misma, el individuo es un simple objeto,
una herramienta para producir mercancías a las que tienen mayor derecho los de
las clases económicas más altas de la sociedad. La mentalidad es la depredadora
con un importante componente de una de sus manifestaciones, la mentalidad
procedente del modo esclavista. Hay matices, en el centro del sistema las
sociedades poseen la mentalidad capitalista sin críticas pero con
contradicciones, pues en el centro las sociedades son explotadas con aceptación
total y las sociedades enteras del centro son explotadoras de las de la
periferia en grados muy elevados.
La observación de los hechos muestra todo eso.
Veremos algo más al explicar las formas nuevas
en la generación del capital tras repasar brevemente la naturaleza del sistema
capitalista.
Capitalismo:
naturaleza.
Uno de los deseos de la gente, o de mucha
gente, en nuestro mundo es el de enriquecerse. La riqueza está bien vista y
valorada socialmente. La escala social suele establecerse de acuerdo con la
riqueza que cada uno posee y con el poder que cada uno detenta. La riqueza, por
lo general, se asocia al poder, éste se posee mientras aquella permanece, a
mayor riqueza suele atribuirse mayor poder. No todas las clases de poder están
asociadas a la riqueza, hay muchas clases y formas de poder pero el que el que
la gente suele considerar importante y duradero socialmente es el económico; el
otro poder valorado por la sociedad: el de gobernantes elegidos o no, altos
ejecutivos,... es más efímero. Otras clases de poder en las relaciones sociales
e individuales son diferentes, incluso, a veces, se consideran enfermedad.
También para mucha gente la riqueza o el dinero
son, o creen, causa de felicidad.
Para otros muchos el dinero también es sinónimo
de libertad.
La cuestión está en que lo único que crea
riqueza es el trabajo y éste tan sólo pueden realizarlo los hombres. El
trabajo, que realmente es la concreción de la fuerza de trabajo, tiene una
definición muy precisa en el diccionario de la RAE: "Esfuerzo humano
aplicado a la producción de riqueza. Se usa en contraposición de capital".
La fuerza de trabajo es la única propiedad, el
único bien de la mayoría de la gente, lo puede vender como mercancía tan sólo
cuando alguien se lo compra por distintos precios, según lugares y clases de
trabajo. Siendo así, será necesario tratar de explicarse cómo puede acumularse
tanta riqueza por unos pocos y tanta miseria por
muchos y esto tanto por parte de algunos individuos como por parte de unas
pocas sociedades como tales.
Intentar dar alguna clase de explicación a esto
es intentar comprender, en cierta medida, algo del sistema capitalista.
Hoy el único sistema económico que existe es el
capitalista.
El capitalismo empezó en algún momento hace
siglos. El capitalismo industrial por su parte tuvo su comienzo hace poco más
de doscientos años, inicialmente en Inglaterra. Tiene su punto de arranque en
la circulación de mercancías que bajo la forma de dinero y mediante
determinados procesos se convierten en capital.
Cuando ya estaba en marcha la revolución
capitalista[4],
antes de que empezara el capitalismo industrial en Inglaterra, A. Smith intuyó
de qué iba la cosa, dice: "pero aquel estado primitivo, en que el
trabajador gozaba de todo el producto de su propio trabajo, no podía permanecer
después de introducida la propiedad de la tierra y la acumulación de
fondos"[5].
A. Smith, publicó su célebre "La riqueza de
las naciones" en el año 1.776 e inició su
escritura cinco años antes, cuando se empezaban a dar los
primeros pasos en la industrialización textil; Arkwright construyó su
Water-Frame en 1.767 y la patentó en 1.769; la máquina de hilar de Hargreaves
fue patentada en 1.770. Estos fueron los primeros pasos del capitalismo
industrial, de la revolución industrial[6].
A. Smith es autor relevante, procedía de la
Filosofía moral de la que fue catedrático en la universidad de Glasgow,
considerado por algunos como el padre de la economía o algo parecido (los
tópicos y lugares comunes suelen encerrar bastantes estupideces), lo que hizo fue
explicar cómo funcionaba el mundo que estaba llegando con fuerza, el mundo
capitalista. Fue capaz de aplicar su gran perspicacia a lo que observó del
mundo inglés que 100 años antes había iniciado algunos cambio, una revolución
aristocrática y burguesa, no democrática y que sentó las bases sociales para lo
que iba a llegar con una nueva clase emergente: la burguesía y parte de la
aristocracia que supo adaptarse a lo nuevo, a lo que estaba llegando. Fue una
clase que ideó y estructuró gradualmente un nuevo modo de producción frente al
anterior y que, como no podía ser de otra forma, organizó realmente un nuevo
modo de depredación humana.
Ese hombre, A. Smith, capaz de explicar el
funcionamiento del sistema, observador honrado, dijo muchas cosas, algunas que
dicen que dijo y fue así, otras que no dijo pero se le atribuyen al ser
considerado un clásico, una autoridad en la explicación del sistema económico
y, por lo tanto, se da por sentado que justifica lo injustificable y, también
dijo otras cosas que se ignoran u olvidan porque así conviene. Sin embargo no
podía explicar todo lo que iba allegar después, aunque muchas de sus
observaciones críticas acerca del funcionamiento de una parte de la sociedad
capitalista hoy siguen siendo válidas.
Pero el análisis más riguroso de la verdadera
naturaleza del capital, que es el instrumento fundamental del sistema, lo hizo
Marx cien años más tarde, de esto hace algo más de un siglo[7] . Desde entonces el
sistema ha avanzado notablemente, el capital es más poderoso y omnipresente,
desde su ser es más capital. También desde entonces se han producido
importantes transformaciones, fruto de los cambios habidos en la sociedad, en
la forma de generarse el capital, no en su naturaleza pues es siempre la misma,
trabajo. El proceso de transformación es continuo.
El capital es la fuerza que lo domina todo, es
tal su importancia, su fuerza, su implacabilidad, su poder que siendo una
construcción de los hombres, de la sociedad, ésta parece que se haya convertido
en su servidora y que el capital haya adquirido vida propia e independiente de
quienes creen manejarlo.
El capital, producto exclusivo del trabajo, es
la mercancía suprema, confluencia de todos los procesos de transformación en él
my cuyo fin es él mismo. Es poder real y omnipresente, verdadera y única
globalización.
El capital cambia nuestra conciencia, es causa
de cambio en nuestra moral, cambia nuestras vidas. Tal vez sea la obra de los
hombres que en este momento se encuentra en la cima de la sociedad entera.
Puesto que es una construcción de los hombres
podemos intentar ver cómo actúa la sociedad, los hombres, y, desde este punto
de vista, qué hay tras el capital.
La formación de cualquier clase de sociedad es
compleja y lenta, aunque en el momento actual, en los últimos años, los cambios
sociales se han acelerado, pero los cambios profundos, como los modos de
producción, son lentos. Es difícil imaginar qué otro modo de producción
sucederá al capitalista pueden pensarse diferentes posibilidades, pero para que
se produzca un cambio de estas características se necesita mucho tiempo, la
sociedad tiene que asumir nuevos valores en ella misma; para que la mentalidad
depredadora desaparezca socialmente es necesario un cambio tan radical que
ahora no se vislumbra, tal vez se pueda avanzar en la sofisticación de nuestra
forma de depredar, pero si no se modifica en lo profundo y en lo vital de la
sociedad nuestra verdadera consideración del hombre, de todos los hombres, el
cambio quizá lleve a la destrucción; no olvidemos los numerosos conflictos
existentes en nuestro mundo y entre los diferentes mundos que coexisten en el
de todos.
Si el modo de producción feudal fue hegemónico
durante alrededor de 14 siglos y hoy todavía quedan residuos en algunos lugares
o el esclavista que sigue floreciente como modo de producción a nuestro
servicio, el modo de producción capitalista tan sólo lleva dos siglos en su
modalidad de capitalismo industrial y unos pocos más desde que empezó a
funcionar y a asentarse. Incluso los cambios institucionales profundos que han
propiciado las distintas maneras de funcionar apenas se han producido, las
mismas instituciones fundamentales y la misma mentalidad imperan hoy que en las
épocas de la hegemonía de los otros modos de producción, tan sólo ha habido
cambio en algunos lugares y ha sido hacia una mayor sofisticación de las
instituciones básicas que sustentan el sistema, los cambios han se han
producido en grado y en cantidad de gente que participa tanto como beneficiarios
que como perjudicados dad la mundialización del sistema.
Los resultados económicos y los modos de
producción son consecuencia de numerosos factores que a su vez impulsan otros
nuevos.
Marx explica la naturaleza del sistema y las
relaciones sociales del mismo, la teoría ortodoxa también explica el sistema
desde otro ángulo, las dos son incompletas por separado. Weber encuentra
motivaciones y justificaciones religiosas en el impulso recibido inicialmente
por el sistema. Incluso Fromm, en algún momento y sin profundizar, sugiere
explicaciones psicológicas. Pero las razones no están explicadas con claridad y
tampoco lo que se encuentra en lo más profundo de todo el sistema de manera que
se entienda por qué ha tenido y sigue teniendo todavía mayor éxito en las
sociedades una construcción humana basada en la injusticia y en el robo sin
posibles paliativos, en eso establecido como pretendido derecho natural y todo
protegido por las distintas leyes.
Debe tenerse en cuenta, además, que el sistema
capitalista surgió en una parte de Occidente y luego se extendió y propagó con
éxito aunque con notables diferencias entre los distintos lugares. Hoy, en
lugares alejados de la cultura occidental el capitalismo surge con gran fuerza.
Para entender un poco mejor el sistema tendremos que buscar en Occidente.
El sistema capitalista no es algo abstracto es
un modo de producción ideado por la sociedad, consecuencia de los cambios y
avances sociales producidos durante siglos, con un espíritu determinado, el
depredador. Cada modo de producción origina una forma de vida social, dicho de
una forma más conocida: "El de producción de la vida material, determina
el carácter general de los procesos sociales, políticos y espirituales de la
vida. No es la conciencia de los hombres la que determina su existencia, sino
que por el contrario, su existencia social determina su conciencia"[8].
El capital, su propiedad privada, que es lo que
determina el sistema, no es un fin en sí mismo aunque esté en lo más alto del
sistema, surgido en un momento histórico determinado es un medio para algo más,
para tener poder. Éste, lo mismo ahora y siempre, no es más que resultado de la
depredación humana y podría no agotarse en sí mismo si el hombre fuese
inmortal.
El sistema capitalista lo constituimos todos y
cada uno de nosotros, estamos imbuidos de su espíritu, vivimos inmersos en el
mismo y, además, tenemos la capacidad para transformarlo de la misma forma que
en los últimos siglos la hemos tenido para construirlo e irlo transformando
continuamente. El sistema somos nosotros, la sociedad.
Aunque estas reflexiones sobre el sistema no
hablan de economía tal como suele entenderse y no intento analizar el sistema
desde el punto de vista económico, para explicar lo que intento creo necesario
repasar cómo se forma el capital y cómo se transforma la manera de generarse
con el fin de ver cómo actuamos los hombres que somos y construimos el sistema.
Es incuestionable que la actuación de los
hombres tiene un importante alcance económico y social (con frecuencia muchos
políticos, economistas, comentaristas, expertos,... olvidan o pretenden ignorar
las verdaderas relaciones sociales que hay en lo que solemos llamar sistema
económico) y que las relaciones económicas y sociales derivadas estructuran, en
gran medida, la sociedad.
Al hablar de relaciones económicas olvidamos
que son, sobre todo, sociales y que existe una interrelación real y constante
de todos con todos aunque lo ignoremos, esto de manera especial y acelerada en
un mundo como el nuestro en el que la comunicación, las mercancías, la
información, el capital,... fluyen a gran velocidad. Es la unión que propician
los hechos económicos desde siempre. Bajo la forma de las mercancías existe una
fuerte relación social que no vemos.
El capital, según veremos, se produce con las
mercancías y éstas con trabajo.
Veamos algo de las mercancías en ese sentido y
luego del capital.
Acerca de la fascinación que ejercen sobre la
gente pueden hacerse algunas consideraciones. M. Weber dice al final de su
conocida obra "La ética protestante y el espíritu del capitalismo" lo
siguiente: "los bienes externos de este mundo lograron un poder creciente
sobre los hombres y, al final, un poder irresistible, como no había sucedido
nunca antes en la historia", y después, al referirse al afán de lucro
señala que: "tiende hoy a asociarse a una pasión agonal que le confiere,
con frecuencia, el carácter de un deporte" y sigue acerca de la evolución
de esta cultura: "hombre especialista sin espíritu y hombre hedonista sin
corazón, esta nada se imagina haber ascendido a un nivel de humanidad nunca
alcanzado antes"[9].
Cuarenta años antes, Marx se refiere a lo que
llama: "el fetichismo de las mercancías y su secreto". Dice que las
mercancías están llenas de "sutilezas metafísicas y resabios teológicos"
al ser todas las mercancías un "gasto esencial de cerebro humano, de
nervios, de músculos, sentidos, etc." y al trabajar unos hombres para
otros "su trabajo cobra una forma social", la mercancía
"proyecta ante los hombres el carácter social del trabajo de estos como si
fuese un carácter material de los propios productos de su trabajo", la
relación social se establece entonces entre los objetos. "Lo que aquí
reviste, a los ojos de los hombres, la forma fantasmagórica de una relación
entre los objetos materiales no es más que una relación social concreta
establecida entre los mismos hombres. Por eso, si queremos encontrar una
analogía a este fenómeno, tenemos que remontarnos a las regiones nebulosas del
mundo de la religión, donde los productos de la mente humana semejan seres
dotados de vida propia, de existencia independiente y relacionados entre sí y
con los hombres. Así acontece en el mundo de las mercancías con los productos
de la mano del hombre. A esto es a lo que yo llamo el fetichismo bajo el que se
presentan los productos del trabajo"[10] y luego señala que las
relaciones sociales aparecen no como entre "las personas en sus trabajos,
sino como relaciones materiales entre personas y relaciones sociales entre
cosas,... al equiparar unas con otras en el cambio, como valores, sus diversos
productos, lo que hacen es equiparar entre sí sus diversos trabajos, como
modalidades de trabajo humano. No lo saben, pero lo hacen. Por tanto, el valor
no lleva escrito en la frente lo que es. Lejos de ello, convierte a todos los
productos del trabajo en jeroglíficos sociales", más adelante señala que
"son formas mentales aceptadas por la sociedad, y por tanto objetivas, en
que se expresan las condiciones de producción históricamente dado que es la
producción de mercancías".
Veamos un ejemplo. Pensemos en cualquier
mercancía, una con escasa transformación, el cacao; nuestros chicos, sobre
todo, lo toman de distintas marcas de prestigio social, es cacao elaborado par
estar mejor alimentados y dedicarse a sus cosas, a sus juegos,... ese cacao se
cultiva en países subdesarrollados con frecuencia, Costa de Marfil es uno de
los principales productores, al hablar de las instituciones en la parte I he
citado ese ejemplo de esclavitud de hoy. Cuando nuestros niños toman ese
maravilloso cacao no pensamos que tras él hay miles de niños esclavos (los
niños son más baratos que los adultos y causan menos problemas) que han cogido
ese cacao con sus manos, que nosotros les hemos arrancado sus cortas vidas
reales, su trabajo y más en este caso, niños a los que nosotros no dejamos ser
niños como los nuestros. Tras el cacao están directamente, realmente las vidas
de esos niños.
Una camisa, una camiseta de una de las marcas
más conocidas. En cada puntada de hilo han dejado realmente sus vidas esas
mujeres de Indonesia, China, Pakistán o Bangladesh, que cobran alrededor de 25
veces menos de lo que cobrarían en Occidente. Esas camisetas han pasado
directamente por sus manos, las han tocado, en cada puntada están sus músculos,
su sangre su aliento, su enorme sufrimiento, su humillación, su vejación, sus
lágrimas. Cuando cubren nuestra piel, eso es lo que la cubre realmente. Lo
veamos o no.
El apropiarnos graciosamente de sus vidas nos
confiere poder. No compramos sólo la camiseta, físicamente, realmente están
pedazos de las vidas de esos niños o de esas mujeres.
En las mercancías están las vidas de otros
realmente, siempre.
Antes de seguir con las relaciones sociales que
hay tras las mercancías[11] recordemos muy
someramente cómo surge el capital que es la mercancía suprema, para más
adelante ver también cómo se ha modificado la forma de producirse dadas las
importantes consecuencias que tiene para la sociedad.
Es sabido que el capital, centro de nuestro
sistema, se forma con trabajo de la gente, del asalariado, que en el
capitalismo el capitalista, la empresa, no paga y del que se apropia
legalmente, con un intermediario: el dinero.
Lo característico del capitalismo no es la
explotación de unos hombres por otros hombres, esto ha existido y continúa en
otros modos de producción como el feudal o el esclavista[12], sino la forma que
reviste esta explotación, la producción de plusvalía y su apropiación legal
gratuita, es decir, su robo legal (algunos economistas ortodoxos se refieren a
este hecho como acumulación necesaria de capital, que es cierto, pero olvidan
el verdadero origen y la forma de acumulación). La fuerza de trabajo, que es el
trabajador mismo vendido realmente por un tiempo, es una mercancía. Su compra y
su venta es la diferencia específica del capitalismo frente a otros modos de
producción.
La clave de la explicación de la naturaleza del
capital está en la teoría de la plusvalía elaborada por Marx, para otros teoría de la explotación. La plusvalía es la fuente de
los beneficios capitalistas: el valor de la fuerza de trabajo es el valor de
los medios de subsistencia del trabajador. Con sólo unas horas del total de la
jornada de trabajo el trabajador gana, genera el valor de sus medios de
subsistencia, el valor de su producción durante el resto de la jornada se lo
apropia el capitalista, es la plusvalía, es decir, valor creado por el
trabajador pero apropiado por el capitalista. Además hay que tener en cuenta en
el valor de la mercancía producida lo que Marx llama capital constante (porción
de valor de la maquinaria - producida como lo que es, como cualquier otra
mercancía - y de las materias primas que entran en la producción) en el precio
de la mercancía producida.
Después de Marx las cosas han evolucionado en
Occidente sobre todo. Las primeras leyes que suavizaron algunas condiciones de
trabajo, especialmente de los niños, son de 1.830, más de 60 años después de
iniciarse la industrialización en Inglaterra, primer país en que tuvo lugar. El
recorrido hasta llegar a la situación actual, en el Occidente desarrollado
económicamente, es conocido. Esto veremos que tiene gran importancia para
entender el capitalismo actual, tanto en la transformación en la manera de
producirse el capital como en los cambios que al mismo tiempo han propiciado la
aparición de un neomanchesterianismo.
La única mercancía conocida cuyo precio de
venta mínimo está establecido, y eso únicamente en los países económicamente
desarrollados donde existen derechos de propiedad especificados legalmente y
además existe la capacidad para hacerlos cumplir, es la fuerza de trabajo; pero
dicha mercancía también está revestida de la peculiaridad legal de que por ese
precio mínimo establecido (supongamos que sea su valor en los términos
señalados antes) el comprador (el empresario) tiene el derecho a que le den
varias veces el valor que paga, es decir, el trabajador (es el vendedor de la
mercancía) le entrega por valor 2, 3, o 4 veces superior a lo que cobra, fijado
en ese precio mínimo.
En los países sin derechos regulados o de muy
difícil obligatoriedad en cuanto a su cumplimiento, el vendedor (el trabajador)
cobra un precio de 1 y tiene la obligación de entregar una cantidad de 20, 25 o
30 veces ese precio (esta es una proporción bastante ajustada a la realidad de
esos países), en este caso el precio cobrado por el trabajador ni aun siquiera
llega a su valor mínimo (mínimo de subsistencia)[13].
Además, el trabajador entrega su mercancía (la
fuerza de trabajo) hora a hora, día a día y tarde en cobrar una semana o un
mes, aunque tiene que comer cada día, pagar el alquiler de su vivienda por
adelantado,... es decir, adelanta su trabajo y los gastos de mantener y
producir y reproducir su propia mercancía, su fuerza de trabajo, él mismo; esto
también regulado por ley o por costumbre, por tanto norma establecida.
Ya se ve con claridad por qué el capital
privado tiene su base en la depredación: es un robo legal de trabajo propiedad
del trabajador.
Así se forma la plusvalía en su origen, así se
forma el capital.
La gran fuerza, el gran poder del capital, vivo
y real procede de su naturaleza, de estar formado y construido por vidas, por
pedazos de vidas reales de la gente, de millones de personas. Ese es su inmenso
poder. El capital es realmente vida, que en el sistema capitalista es
arrancada, robada legalmente a la gente.
Este capitalismo industrial inicial ya permitió
vislumbrar los logros del sistema. Las palabras de Marx, su principal, más duro
y riguroso crítico, reflejan con gran viveza cómo percibió esos logros tras
menos de un siglo de capitalismo industrial, dice: "La burguesía, en sus
apenas cien años de dominio de clase, ha creado fuerzas productivas más
abundantes y colosales que todas las generaciones pasadas en su conjunto.
Sometimiento de las fuerzas de la naturaleza, maquinaria, aplicación de la
química a la industria y la agricultura, navegación a vapor, ferrocarriles,
telégrafo eléctrico, roturación de continentes enteros, acondicionamiento de
ríos para la navegación, poblaciones enteras levantadas repentinamente, ¿qué
siglo anterior sospechó que semejantes fuerzas productivas dormitaron en el
seno del trabajo social?"[14], y un poco antes:
"La gran industria ha instaurado el mercado mundial ha propiciado un
inmenso desarrollo del comercio, de la navegación, de las comunicaciones
terrestres. Tal desarrollo ha influido, a su vez, en la expansión de la
industria, y a medida que se ha desarrollado la burguesía, ha multiplicado sus
capitales, ha relegado a un segundo plano a todas las clases legadas por la
Edad Media"[15].
Esto está escrito en el año 1.848.
En esta primera aproximación a qué es el
capital se ve con claridad su naturaleza. A partir de este momento el capital
empieza a crecer vertiginosamente, el sistema se transforma en la medida en que
aquel necesita obligatoria e imperiosamente engordar cada vez más y con mayor
rapidez. El resultado es una modificación en la forma de producirse el capital
y el necesario cambio de todo el sistema capitalista (recuérdese que es un
sistema, sobre todo, social) para que continúe como tal y se fortalezca. Pero la
naturaleza del capital no cambia, es trabajo. El capital es únicamente trabajo
acumulado.
Nunca disminuye, en lo que Marx llama capital
constante está incluida la utilización, el desgaste de las máquinas, es decir,
la reposición del capital para que a partir de eso siempre aumente. Tiene, el
capital, la virtud de crecer siempre, mientras la gente trabaje se producirá
capital.
Lo que define el sistema no es la producción de
capital, es su propiedad privada.
Para acercarnos o situarnos en lo que sucede
hoy tenemos que entender cómo se han modificado las formas de producir y de
gestionar el capital, no ha variado el fondo y la forma del sistema tan sólo se
ha modificado en parte.
Cambios
en las formas de producir el capital.
Los cambios que la sociedad ha ideado no son
del capital en sí, eso no es posible, pues no es otra cosa que trabajo
acumulado con el dinero como intermediario, ni su propiedad, que sigue siendo
privada y es fundamental y característico del sistema; lo que ha variado y
sigue cambiando es la manera de producir, de generarse el capital y también de
gestionarlo, es decir, la distribución de su propiedad, los instrumentos
ideados y perfeccionados para que el capital siga creciendo sin límites, los
cambios sociales con la ideología en primer lugar.
El instrumento fundamental para la creación y
acumulación de capital es la empresa, en concreto la empresa privada; las
empresas están en la sociedad y, en cierta forma, la dominan.
Además de las empresas hay otras instituciones
y organismos que, de una u otra forma, estructuran la sociedad y se convierten
en instrumentos adicionales del capital, así: el derecho, el llamado estado del
bienestar, los organismos nacionales y supranacionales con una significativa
división del trabajo especializado en tareas concretas, el sistema educativo,
etc.
Los cambios afectan a todos los aspectos de la
sociedad, aunque luego los veremos más detalladamente enumero algunos cambios
en lo que a las empresas se refiere:
La creación y desarrollo de las sociedades por
acciones; la consolidación del capital monopolista; el desarrollo del sistema
financiero; los grandes avances técnicos y organizativos que permiten el
aumento constante de la producción y de la productividad en cualquier lugar del
mundo; las distintas consideraciones de la fuerza de trabajo que dan lugar a
grandes diferencias en sueldos y salarios con las consiguientes consecuencias
sociales; la constante innovación al servicio del consumo y la producción y del
poder coactivo global desde el centro del sistema; la capacidad de generar
plusvalías especiales, como se da en las compras y fusiones de empresas, que
contribuyen a la concentración del capital y que son pagadas por la sociedad;
la aparición de una clase especial de capitalistas no propietarios del capital
con la mentalidad, formación actitudes y moralidad adecuada; la capacidad para
imponer precios y condiciones en la periferia, realmente en los arrabales
marginados del sistema; etc.
A los aspectos empresariales deben añadirse los
sociales, ideológicos, militares, etc. que más adelante repasaremos.
Puesto que el dinero es el intermediario que
posibilita la conversión del trabajo en capital, antes de ver más detenidamente
esos cambios en las formas es interesante que entendamos de otra forma qué es
el dinero desde su naturaleza real: trabajo.
Digresión
sobre el dinero.
Los manuales de economía suelen definir el
dinero como un medio de cambio generalmente aceptado, es decir, cualquier cosa
aceptada por la gente, por la sociedad, en pago de las mercancías.
Las funciones básicas que suelen adjudicarse al
dinero son: medio de pago o de cambio, depósito de valor y unidad de cuenta, se
añade la de patrón de pagos diferidos.
Nosotros nos centraremos algo más en la función
del dinero como depósito de valor. Antes de eso nos interesa averiguar qué se
esconde debajo del dinero. Lo que realmente se encuentra bajo el dinero es
trabajo
Hemos visto que el dinero es el intermediario
que permite transformar el trabajo en capital. Marx en su esquema de la
producción de plusvalía establece la siguiente secuencia: D - M - D´ en la que
D es el capital original, el del capitalista al iniciarse el proceso de
transformación del trabajo en mercancía M y D´ es la conversión de M en D´,
valor superior a D inicial.
Con D la empresa compra el capital constante y
los salarios que le permiten convertir ese capital constante (recuérdese que
incluye las materias primas) en mercancía M que luego convierte en D´, cantidad
de dinero superior a D inicial. La plusvalía se produce en este proceso. Si el
capital constante le viene dado, la mercancía no puede tener un valor superior
a lo incorporado: capital y trabajo (el salario que paga), sin embargo el
precio que obtiene la empresa al vender M es superior, esto sólo es posible si
el trabajo incorporado vale más que lo que paga realmente la empresa por ese
trabajo, esto es lo que realmente sucede. Allí está la producción del capital
de la empresa, el capital procedente de la plusvalía. Esto sólo puede lograrse
si el dinero tiene la propiedad de guardar valor, de ser depósito de valor, es
decir, de trabajo, pues el valor se lo da a las cosas únicamente el trabajo
incorporado a ellas.
Para que el dinero cumpla con esta función la
sociedad ha tenido que convenirlo así.
Luego, el dinero tan sólo se convierte en
capital cuando se destina a producir mercancía y por tanto más dinero que
llegará a ser más capital.
Por las numerosas historias escritas sobre el
dinero sabemos que puede ser cualquier cosa, siempre que así lo convenga la
sociedad, dinero puede ser: el oro, la plata, la sal, el tabaco, o cualquier
otra cosa que acepte la sociedad y permita la comodidad en los intercambios y
guardar valor.
Lo que la gente hace en las transacciones es
intercambiar su trabajo plasmado, convertido en una mercancía concreta o en un
servicio, que es lo mismo, y esos intercambios los hace por medio del dinero.
Todas las mercancías son producidas exclusivamente por el trabajo.
Sin el comercio el dinero sería absurdo. Sin el
comercio no se produciría el capital. El comercio se desarrolla en el mercado,
el dinero tiene su razón en el mercado. Sobre el mercado veremos algo más
adelante.
Cuando pagamos una mercancía tan sólo pagamos
trabajo. Cuando ahorramos dinero lo que ahorramos es trabajo, la función del
dinero como depósito de valor lo que permite es guardar trabajo. Si el dinero
se convierte en capital es el trabajo lo que se convierte en capital
A una sociedad compleja, como la nuestra, le
corresponde una forma compleja de entender y utilizar el dinero, eso no quiere
decir que el dinero sea complejo, es conflictivo que es algo diferente, cuando
intervienen otros factores el dinero se convierte en algo complejo.
A una sociedad mundializada en la que el
capital es totalmente hegemónico y poderoso, sociedad de capital monopolista,
le corresponde también el monopolio global del dinero. Con la reciente puesta
en marcha del euro, que no funciona bien, es parte de Europa se ha pasado del
monopolio estatal del dinero al monopolio más global, al monopolio
supraestatal, se evidencian el capital global y el capitalismo global.
El dinero, como algo aceptado por la sociedad,
posee un enorme poder y, dadas sus funciones, es característica del dinero que
se puede fabricar de varias formas sin que corresponda a trabajo ya efectuado.
El dinero, al ser depósito de valor, está fuera
del espacio y del tiempo pues un depósito de valor es un activo que mantiene su
valor con el paso del tiempo, pero si un activo como el dinero no fuese
depósito de valor no se utilizaría como medio de pago; hay otros depósitos de
valor como las acciones o las viviendas. Consecuencia de esto es que el dinero
ha adquirido autonomía y, dada su practicidad, se ha convertido en una
mercancía independiente y valorada por sí misma, con la particularidad de que,
si las mercancías normales son producidas por el trabajo, la mercancía dinero
representa y es ese trabajo y homogeneiza todas las clases de trabajo, tanto el
pagado como el no pagado por la empresa y del que se apropia gratuitamente
amparada por la ley; así se convierte en la expresión del trabajo social, no
olvidemos que la producción, los salarios, las ventas de las empresas o el PIB
se miden en términos de dinero.
El dinero, convertido en mercancía
independiente cuando es depósito de valor, es mercancía porque su valor procede
del valor de todas las mercancías, del trabajo social y es, por decirlo de
alguna manera, mercancía de mercancías en concreto, en potencia y en abstracto;
adquiere el poder que se encuentra tras las mercancías cuando actúa y su máximo
poder cuando se convierte en capital, éste no es dinero en sentido estricto, el
dinero es un intermediario entre el trabajo y el capital.
Manuales de economía más o menos avanzados
dicen: "el capital es un stock, es decir, el valor monetario de todos los
edificios, máquinas y existencias en un determinado momento del tiempo"[16], es lo dicho, el capital
es tal cuando el dinero (trabajo) se convierte en medio para producir
mercancías y con ellas más capital, no olvidemos que con los sistemas contables
legales el capital nunca se consume, lo que se gasta se recupera sin coste
adicional para la empresa, ni aun siquiera paga impuestos.
El dinero como mercancía independiente fuera
del espacio y del tiempo permite toda clase de movimientos y al ser un medio
aceptado por la sociedad y estar garantizado por el monopolio estatal o
supraestatal del dinero da confianza y
ventajas en su uso y manejo; a su verdadera naturaleza se la añade una nueva
fundamental aunque no explicitada, la naturaleza de aglutinar y representar y
ser poder sobre el trabajo social presente y futuro.
Una moneda nadie sabe a qué producción concreta
corresponde, pero tiene la capacidad de guardar valor, trabajo; no olvidemos
que el valor de una mercancía es lo que cuesta producirla, el trabajo que encierra.
Al dinero le da su valor el trabajo que atesora
no el B. Central, lo que éste hace es manejar el trabajo social y, tal como
veremos, fuera de los cauces democráticos en las ya de por sí peculiares
democracias formales actuales.
Al haberse establecido el monopolio nacional o
supranacional del dinero y éste haberse convertido en mercancía abstracta e
independiente de su origen, los monopolistas del dinero pueden fabricarlo a su
antojo, pero no lo hacen caprichosamente sino según lo que los expertos entienden.
Para evitar tentaciones y estropicios graves nos dicen que el dinero, nuestro
dinero es controlado y manejado por técnicos que están fuera de las vicisitudes
políticas lo cual es antidemocrático y una falacia.
Cuando el B. Central fabrica o permite que los
bancos privados fabriquen cantidades determinadas de dinero lo que hacen es
anticipar trabajo futuro que puede realizarse o no. Así, si uno decide comprar
un coche con dinero prestado por un banco y sólo tiene su salario para devolver
el préstamo, el banco le ha adelantado salarios futuros, trabajo futuro e irá
pagando mes a mes con su trabajo de cada mes venidero; cuando un banco le
presta dinero a una empresa hace lo mismo, le adelanta trabajo futuro que puede
convertir en capital actual aunque corresponda a plusvalía futura. Cuando el B.
Central permite fabricar dinero, los economistas suelen decir: crear dinero,
permite anticipar trabajo futuro.
Con el monopolio estatal o supraestatal al B.
Central se le permiten una serie de manipulaciones de su poder sobre el trabajo
social que son únicas y exclusivas dado su monopolio.
Los bancos privados por su parte se convierten
en dominadores, gestores y fabricantes autorizados del trabajo social. Con la
actual tendencia a la concentración bancaria, al monopolio bancario privado, se
está dando a unos pocos individuos el poder sobre el trabajo social, estos
individuos no responden ante la sociedad.
Los economistas monetaristas dicen bastantes
cosas acerca del dinero, los no monetaristas también, pero para los primeros es
un tema importante de la economía, pues bien, entre otras cosas dicen que los
precios dependen de la cantidad de dinero, que el nivel de precios, la tasa de
inflación depende de eso, es así en parte, realmente los precios dependen de
quien los pone, de cada empresa. Este de los precios es otro tema interesante y
tiene que ver con la plusvalía que siempre quieren mayor, con la codicia
humana, etc.
Para manejar todo esto el B. Central, por medio
de la política monetaria, hace varias cosas como que haya una cantidad u otra
de dinero, que los tipos de interés, el precio del dinero, sea uno u otro, etc.
Este asunto de los tipos de interés también es
interesante, es un problema. Antiguamente hubo largas discusiones filosóficas,
teológicas, etc. sobre la usura y se dijeron cosas peculiares, desde que no se
podía cobrar interés por el dinero hasta lo contrario, en esto la Iglesia tuvo
algo que decir, como no estaba claro el asunto se acabaron encontrando una
serie de subterfugios para cambiar las palabras y las ideas sin cambiarlas y al
final cobrar interés por el dinero sin que fuera pecado.
Hoy es algo que decide el
B. Central, el interés sobre el dinero. Si consideramos el dinero de un país
como expresión del trabajo social es difícil entender lo del interés tal como
se maneja, se justifica con varias razones como la del riesgo, etc. En un
concepto del dinero como el aquí explicado el interés es un reparto presente de
trabajo futuro entre dos: el usurero y el prestatario, este reparto se hace en
proporciones desiguales. Lo misterioso del todo esto es que hay momentos en que
el precio del dinero es muy alto y momentos en los que es muy bajo; es difícil
entender que si hoy el trabajo futuro se valora en 100 y se reparte en la
proporción de 5 a 95 entre el usurero y el prestatario, mañana o dentro de unos
días el reparto se hace en la proporción de 15 a 85, por ejemplo, dicho de otra
forma, el mismo trabajo futuro triplica su precio de un día para otro o en
pocos días.
Los técnicos dan explicaciones totalmente
lógicas en la mecánica capitalista, pero la naturaleza de lo que se maneja hace
que esas explicaciones sean de difícil encaje y bastante irracionales. Por
ejemplo, para controlar la inflación suelen subirse los tipos de interés y esto
supone contracción económica que casi siempre acaba en un aumento del paro.
Veamos esto, se maneja el trabajo social y los que menos tienen que ver con el
asunto de la codicia que conlleva el aumento de precios son expulsados o
marginados de lo que es suyo, del trabajo social que es el dinero pues lo que
han aportado lo manejan otros en su exclusivo beneficio. Causa asombro. Puesto
que la inflación es provocada por el gobierno es algo parecido a un impuesto
injusto y, si es provocada por las empresas es un asunto de codicia, lo lógico
es que se penalice al gobierno o a los codiciosos no a la sociedad más
indefensa.
Consecuencia de lo que es el dinero son las
tentaciones que suscita en la gente empezando por los gobiernos de algunos
países que cuando tienen problemas mandan fabricar dinero en exceso y el
trabajo que en el futuro debería sustentarlo no se realiza o se realiza en
menos, entonces logran depreciar notablemente el trabajo social, o cuando la
voracidad de las empresas les hace impulsar unos aumentos disparatados de los
precios sin razones, así, con la llegada del euro lo que el 31 de diciembre
tenía un precio de 100 el 1 de enero eso mismo tenía un precio de 110 o más, o
en previsión de un aumento de las materias primas anticipan las subidas de sus
precios de manera que si las existencias estaban valoradas en 1.000, sin más
son valoradas en 1.100, por ejemplo, es un misterio que el trabajo que hoy está
valorado en 100, trabajo ya efectuado, mañana ese mismo trabajo se valore en
110, es una interesante virtud del dinero en el sistema capitalista, o la
tendencia cleptómana de la gente, los banqueros advenedizos, que no son peores
que los que llevan tiempo en el negocio, acaban en la cárcel no por una
conducta incorrecta, eso es normal, sino por haber transgredido ciertos límites
en los usos sociales de su exclusivo mundo.
Lo que realmente hace la gente al codiciar el
dinero es codiciar trabajo ajeno, vidas ajenas. Tras el dinero sólo hay
trabajo.
La sociedad todo lo premia con dinero, con
trabajo de alguien, y, la gente lo ansía.
Robar dinero es otra forma de robar trabajo
ajeno.
La constante fabricación de dinero por el
sistema bancario monopolizado, además de anticipar capital futuro, trabajo
futuro tiene otra función que es la de acelerar los procesos de concentración
del capital, el capitalismo monopolista y de paso perpetúa y aumenta las
desigualdades, la injusticia.
La forma de operar los bancos es la de prestar
a quien ya tiene para que tenga más, nunca prestan a quien no tiene.
Es tal la importancia que la sociedad da al
dinero que su manejo, su gestión, en el monopolio estatal o supraestatal se
encomienda a gente, expertos, nombrados por acuerdos pero no elegidos
democráticamente ya que se supone que la economía puede estar sometida a
vicisitudes, las irracionalidades no confesadas del sistema, luchas políticas,
etc. y los expertos están por encima de todo eso. Esto es una grandísima
falacia que encubre la dictadura del capital. Además de absurdo es
contradictorio, si se nacionaliza o supranacionaliza el B. Central no se
entiende que no se haga lo mismo con todo el sistema bancario.
Imaginemos, en un momento de ensoñación
surrealista, que los gobernadores de los B. Centrales, en el caso de una parte
de Europa del BCE, fueran elegidos democráticamente entre alternativas que
ofreciesen a la sociedad diferentes programas para manejar el dinero general,
el del trabajo social pasado y futuro ya que afecta tanto a nuestras vidas como
cualquier otro aspecto, en asuntos económicos, por ejemplo, la política fiscal
u otras.
Imaginemos que un programa contuviese puntos de
este orden:
Desaparecerán o se reducirán los intereses[17]para todos los ciudadanos
y empresas que pidan préstamos, salvo para las grandes empresas y los ricos,
tampoco se pagarán intereses por los ahorros, salvo para las rentas más bajas.
El B. Central podrá conceder préstamos para proyectos
concretos con independencia de la situación patrimonial del solicitante,
siempre que se den una serie de circunstancias de seriedad, viabilidad,...
estableciendo los correspondientes mecanismos de vigilancia para evitar a los
tramposos. Se habilitarán oficinas especiales para todo esto.
La
masa monetaria únicamente crecerá lo que esté previsto que crezca el PIB.
Habrá un control especial y líneas de redescuento obligatorias para las
empresas hegemónicas de manera que ante la codiciosa manía de subir
disparatadamente los precios el "castigo" de la política monetaria
tradicional ante la inflación sólo caiga en los responsables directos de la misma.
Las
empresas que despidan a sus trabajadores caprichosamente (se especificará lo de
caprichosamente) serán tratadas igual en las concesiones de préstamos.
Las
empresas fraudulentas o blanqueadoras de dinero quedarán excluidas del sistema
financiero, lo mismo que aquellas que operen en paraísos fiscales.
Toda
transacción especulativa de dinero será gravada suplementariamente y frenada.
Podría
haber muchos más puntos en este o en otros programas alternativos a los no
existentes actualmente. Es innegable que los posibles efectos sobre el sistema
se producirían, es decir, sobre la sociedad que podría cambiar algunas de sus
direcciones actuales. No se entiende la razón por la que una falacia como la
existente en este asunto trascendente sea como una especie de dogma de fe
incuestionable. lo que realmente sucede es que el
dogma de fe incuestionable es el sistema capitalista y la dirección que está
tomando, pero la dirección es social, no olvidemos que el sistema somos todos y
condiciona y dirige nuestras vidas.
Nos dicen que los expertos guardianes del
dinero son probos funcionarios, inmunes e intachables, independientes, fuera de
las vicisitudes mundanas y por encima de las pretendidas ideologías y de la
política. esto es aceptado sin más, forma parte del
dogma, de la fe irracional con que se reviste la pretendida complejidad del
dinero, no está al alcance del pueblo, de los creyentes que debemos ser todos.
Si esto es así, toda la actividad pública
debería gestionarse así, sólo los expertos están capacitados para decirnos qué
es lo mejor para nosotros y hemos de actuar según nos indican.
Para asentar la idea, con frecuencia, a los
expertos los llaman sabios; parece que hayamos llegado a la República
platónica, al gobierno de hombres sabios, claro que Platón escribió La
República para explicarnos la justicia y los sabios actuales aplican su
pretendida sabiduría a mejorar el sistema capitalista que, como sabemos, está
basado en la injusticia.
El dinero, que representa el trabajo social y
más que eso, en su manejo se le hurta a la sociedad, se procura preservar el
sistema capitalista y su instrumento esencial al margen de los avatares
políticos y el manejo lo hacen expertos y unos pocos también, cada vez menos
pero mayores, en el manejo y apropiación privada del sistema financiero.
Los gobiernos cambian, los gestores políticos
del capitalismo, pero el poder financiero está fuera de los cambios políticos.
Una parte del poder real sobre la gente, sobre la sociedad es gestionado
antidemocráticamente, no sé si por medio de una oligarquía peculiar o de una
nueva aristocracia más peculiar aun dentro de las distintas clases de nuevas
aristocracias que van apareciendo.
El dinero tiene su razón de ser y adquiere su
naturaleza en el mercado.
Este del mercado es otro tema interesante desde
nuestro punto de vista. En los últimos años se ha sacralizado o, en palabras de
Stiglitz, se ha convertido en una especie de fundamentalismo. Será necesario
profundizar algo en qué hay tras el mercado y qué funciones tiene. Como más adelante
hemos de ver el papel que juegan las empresas en los cambios producidos en la
forma de generarse el capital y en los aspectos claramente depredadores de las
empresas como instrumentos importantes, así como en la actual tendencia al
monopolio profundizaremos en lo que se encuentra actualmente en el mercado y en
la relación que tiene con lo que aquí se está explicando.
[1]El Mundo, 24 de agosto de 2.004.
[2] Los que se dedican a las disciplinas sociales suelen considerar que no deben involucrarse en lo ellos llaman juicios de valor. Una de las disciplinas en que ha habido controversia sobre este tema, en especial para eliminar los juicios de valor, la moral de lo que es la disciplina en sí, según los ortodoxos, es la economía. Prestigiosos e influyentes economistas explicitan esta postura con claridad, Schumpeter dice: "La actividad económica puede tener cualquier motivo, aun espiritual, pero su significado es siempre la satisfacción de necesidades", en un sentido similar dice Friedman: "La Economía Positiva es, en principio, independiente de cualquier posición ética o cualesquiera juicios normativos. Como dice Keynes, se refiere a "lo que es", no a lo "que debe ser"... En resumen, la Economía Positiva es, o puede ser, una ciencia "objetiva" precisamente en el mismo sentido que cualquiera de las ciencias físicas", las posteriores consideraciones hechas por Friedman son para justificar una forma de hacer ciencia.
Es claro el planteamiento, incluso la idea que entre la profesión existe de su ciencia, bastante discutible desde varios puntos.
Los hechos son objetivos, pero los hechos, los resultados económicos en este caso, obedecen a motivaciones morales y su trasfondo y sus consecuencias son morales, derivados de conductas, toda actuación humana lo es. Lo significativo es que el discurso es el que prevalece, se centra en hechos. Los que se dedican a otros apartados de la economía tal vez entren a valorar y tratar de mejorar algo.
La economía ortodoxa parte de lo que hay y trata de conocer mejor el funcionamiento del capitalismo sin cuestionarlo, en última instancia cómo son las conductas sociales en términos de economía capitalista. No entran en el fondo, es asunto del moralista, del psicólogo, del predicador o de otra clase de expertos.
Al economista le tiene sin cuidado que un hecho económico sea resultado de un modo de producción esclavista, como los que hoy existen, o del capitalismo avanzado, es un hecho económico y eso es suficiente, eso le enseñan. El origen del capital es irrelevante, de producir con derechos o si ellos también, de...
En definitiva, todos somos resultado de los valores sociales y es difícil cuestionarlos, tampoco sirve para gran cosa.
Los expertos que necesita la sociedad lo son para el beneficio exclusivo de la sociedad más próxima. Lo que ocurre es que en la mundialización actual de las mercancías no puede olvidarse la interrelación y la interdependencia existentes entre las sociedades económicamente avanzadas y las de la periferia al servicio del centro del sistema.
Las citas son: J. A. Schumpeter. Teoría del desenvolvimiento económico. F. C. E. México. 1.976 (p. 24).
M. Friedman. La metodología de la economía positiva. Departamento de Teoría Económica. Universidad de Barcelona. 1.969. (p. 76)
[3] El término capitalista hoy está en desuso en el sentido dado durante muchos años en el capitalismo industrial y hasta el gran crecimiento de las empresas y luego de las sociedades por acciones. Habría que Utilizar el término empresa, que es la organización actual que coordina factores productivos, utiliza para producir trabajo y capital, tiene alguna clase de organización, más o menos compleja, que es importante como factor de coordinación y de dirección hacia objetivos determinados. El beneficio es consustancial a las mismas. La mayoría son de propiedad privada, más o menos numerosa. Satisfacen las necesidades de la sociedad. Se desarrollan en un marco institucional que explicita derechos de propiedad, establece las reglas del juego e impulsa los cambios.
La gente suele fijarse en las grandes empresas, sin embargo existen millones de pequeñas empresas en las que sus propietarios suelen ser a la vez empresarios y capitalistas. La hegemonía es de las grandes empresas.
El término capitalista, en desuso, refleja los cambios habidos en la sociedad capitalista. Aquí se emplean los términos capitalista o empresa con significado similar.
[4] Aunque el capitalismo suele asociarse a la revolución industrial, llamo revolución capitalista al cambio institucional real y trascendental que supuso este nuevo modo de producción frente al esclavista y al feudal, además es anterior a la llamada revolución industrial, ésta supuso desde el punto de vista institucional modificaciones en las instituciones ya existentes, como la capitalista que se iba asentando y marca, estimula direcciones en el cambio. En la parteI se ha aclarado algo lo referente a las instituciones.
A. Smith habla del capitalismo y la revolución industrial empezó cuando escribió "La riqueza de las naciones". El verdadero y más profundo cambio está en el modo de producción y éste es anterior a la industrialización.
[5] A. Smith. La riqueza de las naciones. Ed. Orbis. Barcelona 1.983. Vol I (p.113).
[6] Los primeros que hablaron de revolución industrial fueron J.Stuart Mill y K. Marx quien se refiere a la misma a raíz de J. Wyatt y su máquina de hilar de 1.735 y que fue un primer intento. Tanto Marx como Stuart Mill escribieron ya avanzado el siglo XIX; el primero murió en 1.883 y Stuart Mill en 1.873, un siglo después de las primeras máquinas.
[7] Citar a Marx en los tiempos que corren no está demasiado bien visto. Sin embargo el único análisis que permite llegar a entender la verdadera naturaleza, lo que subyace en la economía capitalista es el elaborado por Marx.
El análisis económico ortodoxo parte de una visión cierta pero no total de una parte del capitalismo, una parte del fondo del mismo queda fuera de sus consideraciones, está por en medio lo de los juicios de valor y la idea de una economía positiva, neutral, etc. , pero esto es muy discutible.
Los clásicos de la economía cuando pensaban sobre el valor de las mercancías distinguían entre valor de uso y valor de cambio; el análisis económico ortodoxo se centra en el primero, en la utilidad, ideológicamente recoge el utilitarismo: Marx lo critica, al explicar la compra y la venta de la fuerza de trabajo recuerda al final que "... solo reinan la libertad, la igualdad, ña prosperidad y Bentham", sigue sus explicaciones para más adelante decir: "... y Bentham, pues a cuantos intervienen en estos actos sólo les mueve su interés. La única fuerza que los une y los pone en relación es la fuerza de su egoísmo, de su provecho personal, de su interés privado. Precisamente por eso, porque cada cual cuida solamente de sí y ninguno vela por los demás, contribuyen todos ellos, gracias a una armonía preestablecida de las cosas o bajo los auspicios de una providencia omniastuta, realizar la obra de su provecho mutuo, de su conveniencia colectiva, de su interés social" (El Capital. Vol I. F.C.E. México. 1.973. pp. 128-129).
El análisis ortodoxo, el que se enseña a la gente, olvida las verdaderas relaciones sociales que están en el origen de la otra parte de las mercancías, el valor de cambio, por lo que el análisis es incompleto, lo mismo que el marxiano, cada uno se centra en una parte de la cuestión, pero el origen del capital tan sólo lo explica con claridad Marx al poner de manifiesto las relaciones sociales tal como se producen. Los ortodoxos lo dan por sentado y ni se lo preguntan ni lo cuestionan.
La influencia de Bentham está claro que persiste en el análisis ortodoxo y se ajusta a la ideología de nuestra sociedad, pero no a toda la realidad de los hechos cuyo análisis debe ser independiente. Así se justifica sin análisis alguno la plusvalía, la explotación, como algo inevitable, normal y positivo.
[8] P. Sweezy. Teoría del desarrollo capitalista. F.C.E. México. 1.970. (p. 62).
El autor cita a Marx.
[9] M. Weber. La ética protestante y el espíritu del
capitalismo Alianza Ed. Madrid 2.001. (pp. 223 y 224)..
[10] K. Marx. El Capital. ...Vol. I (pp. 36 y ss.).
[11] Esto se amplía algo más en Mercancía, consumismo, relaciones sociales. en www.caminosdepakistan.com
[12] Recuerdo que el sistema esclavista, en los países más avanzados, como USA, no desapareció por repentino sentimiento compasivo de los propietarios de esclavos o de los industriales no esclavistas, sino porque empezó a ser más eficiente y rentable económicamente el modo de producción capitalista. Hay referencias en numerosos autores ya desde Marx, lo mismo que interesantes trabajos. Lo mismo sucedió con el modo de producción feudal.
[13] Sobre este tema puede verse Visión crítica sobre las innovaciones en www.caminosdepakistan.com donde se explica, con criterios de análisis económico ortodoxos, cómo la estructuración de derechos o la no especificación y no aclaración de los mismos conduce a un nuevo manchesterianismo que tiene por escenario todo el mundo no desarrollado económicamente.
[14] K. Marx, F. Engels. Manifiesto comunista. Alianza Ed. Madrid. 2.001. (pp. 47-48).
[15] K. Marx, F. Engels. Manifiesto... (p. 43).
[16] R. Dornbusch y S. Fischer. Macroeconomía. McGraw-Hill. Madrid. 1.997. (p. 369)
[17] Sobre los intereses o los intereses muy reducidos, Keynes en su conocida "Teoría general..." cita a Gessell en el capítulo: "Mercantilismo, usura, dinero, subconsumo" y explica que el "crecimiento del capital está refrenado por la tasa monetaria de interés y que, si se elimina este freno, el crecimiento del capital real sería...".
J. M. Keynes. Teoría general de la ocupación, el i9nterés y el dinero. F.C.E. México. 1.971. (p. 315)