DEPREDACIÓN Y CAPITALISMO: CONSIDERACIONES

              

                  Santiago Ubieto

 

En estas consideraciones acerca de  cómo y por qué los hombres hemos ideado el sistema social y económico que en este momento existe, consolidado en el Occidente económicamente desarrollado y que condiciona al resto del mundo, debemos tener presente algo que da cohesión al sistema: el marco institucional. Lo que subyace en ese marco es anterior al sistema capitalista

Aquí se trata de que nos acerquemos a la institución o instituciones que se encuentran en el origen del sistema y también de los anteriores.

Al hablar del sistema capitalista hay que entenderlo tal como es hoy, para eso debe tenerse presente que lo hemos ido construyendo en los últimos siglos. Aunque aparezcan algunas breves referencias históricas de diversa índole, se trata de aproximarnos a lo actual.

 

Con frecuencia se habla de instituciones: los políticos, los que leen las noticias en la radio o en la televisión, los periódicos, la gente; a veces no está demasiado claro qué significado preciso tiene la palabra, se presta a confusión y en ocasiones tiene un sentido ambiguo. El diccionario le da varios significados, se refiere a "cosa establecida o fundada", a organismos de interés público, a las organizaciones fundamentales de una nación o sociedad, también a la colección metódica de principios o elementos de una ciencia, arte, etc. Dados los varios significados será útil para lo que se explica que quede claro el sentido que en estas consideraciones se da a las instituciones.

Las instituciones, según explica D. North, a quien sigo especialmente para aclarar estos conceptos, son creaciones de la mente humana, "no podemos ver, sentir, tocar y ni siquiera medir las instituciones, son construcciones de la mente humana"[1]

Son las "reglas del juego" que establece la sociedad, son las limitaciones que dan forma a la interacción humana; consecuencia de esto es que estructuran incentivos en toda clase de intercambios. Incluyen tanto lo prohibido como las condiciones para actuar.

Las limitaciones que se establecen suelen ser de dos clases: informales y formales. Las primeras proceden de la información transmitida socialmente, son parte de la herencia cultural recibida, son normas de conducta no escritas sobre las relaciones interpersonales de los individuos, son una penetración profunda en la actuación social de manera persistente. Son productos culturales arraigados en las conductas de los individuos. No cambian con rapidez y persisten en el tiempo a pesar de que pueden producirse manifestaciones externas reglamentadas e incluso legisladas.

Consisten por tanto en: extensiones, interpretaciones y modificaciones de las normas formales, como en: normas de conducta sancionadas socialmente y en normas de conducta aceptadas interiormente.

Hay y ha habido, según puede deducirse de lo anterior, instituciones bastante generalizadas como: la familia, la esclavitud, la depredación humana, el dios institucional ideado por los hombres en distintos momentos y culturas, el derecho, etc. Además, también en relación con todo esto, podemos intuir numerosas formas sociales o incluso aspectos de las pequeñas ideologías particulares de la gente que proceden de ese marco y que le permiten darse cierta explicación del mundo, la suya, del mundo cotidiano y por tanto poder actuar con mayor seguridad.

Por lo que respecta a las instituciones formales, incluyen reglas políticas, económicas y contratos. Van desde constituciones hasta contratos individuales. Marcan límites más concretos a la actuación. Suelen complementar e impulsar la efectividad de las limitaciones formales.

Es innegable que la diversidad de intereses económicos y políticos, de acuerdo con su fuerza de negociación, influye en la estructura de las reglas establecidas. Las reglas derivan del autointerés y las crean quienes tienen poder de negociación en la sociedad.

Cuando determinadas conductas que siempre tienen algún valor, llámese moral, ya sea en acciones de las personas desde el punto de vista de la bondad o malicia, ya sea por no pertenecer al campo de los sentidos sino al del entendimiento o la conciencia; llámese ético, en este caso la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre, y esas conductas arraigan en la gente y son asumidas, se establecen normas de alguna clase u objetivos que pueden ser, no siempre, origen de leyes o incluso de organizaciones sociales.

Muchas veces las reglas, que con frecuencia imponen quienes tienen poder para ello, o su interpretación o utilización, suponen actuaciones en la sociedad totalmente al servicio de quienes tienen alguna clase de poder. Esta forma de actuar no es reciente, podemos tomar como ejemplo lo explicitado hace cinco siglos por G. Budé que era un buen conocedor del derecho antiguo:

"Pues bien, tan impresionado quedé por su lectura, por el conocimiento y análisis de las costumbres e instituciones utopianas, que comencé a descuidar mis intereses familiares estando en un tris de abandonarlos. Toda la ciencia económica y su aplicación me parecían puras naderías. Y si he de decirte toda la verdad, lo mismo me parecía incluso el afán de acumular sus beneficios. Nadie, sin embargo, deja de ver que todos los humanos están aguijoneados por este afán, como si tuvieran dentro un tábano. Estuve a punto de decir - y nadie lo negará - que la ciencia y la praxis del derecho no tiene más que este fin: excitar a unos contra otros con una habilidad movida por la envidia y provocar a aquellos que están unidos por los lazos de la convivencia y a veces también por los de la sangre. Todos parecen estar en connivencia - parte con las leyes, parte con los juristas - para robar y apropiarse de lo ajeno, para arrebatar, sonsacar, roer, usurpar, estrujar, esquilmar, chupar, chantajear, raptar, saquear, escamotear, estafar, engañar y ocultar. Estos procedimientos han venido a ser tanto más comunes cuanto más se ha invocado la autoridad de eso que se llama derecho, tanto civil como pontificio. Nadie deja de ver que los hombres hábiles en "cauciones" o mejor "captaciones" los buitres al acecho de ciudadanos ingenuos, habilísimos muñidores de fórmulas hechas y de redes de incautos, los fautores de procesos y los consejeros de un derecho controvertido, pervertido e invertido, son considerados como los pontífices de la justicia y de la equidad..............................................................................................................................................................................................................................................................................Una justicia según la cual, cuanto más fuerte es un hombre, más derecho tiene a poseer. !Y cuanto más posee, más derecho tiene a estar por encima de sus conciudadanos¡... Estos individuos, repito, perciben los tributos de miles de sus conciudadanos, y con frecuencia de ciudades enteras e incluso mayores. Pues bien, estos individuos, por decirlo de alguna manera, son llamados unas veces ricos, otras gente honrada y otras hombres de negocios con talento.

Y no sólo esto, en épocas y en pueblos en que las leyes y las costumbres han establecido que un hombre tiene más crédito y autoridad cuanto más patrimonio ha acumulado, su heredero goza de los mismos favores. Y el proceso de acumulación crece más... En otras palabras, a medida que alejan más a los vecinos, los allegados, los parientes y los consanguíneos"[2]

En esta cita tan larga ya pueden apreciarse características y rasgos de otra institución fundamental para el desarrollo del sistema, se trata del derecho, y de su utilización por quienes tienen capacidad y poder. Esta del derecho es una institución, legado importante del Imperio Romano, que si en algún momento pudo estar algo difuso enseguida fue recuperado, ya desde el principio de la Edad Media, convirtiéndose en la institución que debía estructurar y asentar los resultados de la depredación de los hombres, aceptada socialmente o impuesta por la fuerza y cada vez más arraigada en la sociedad, con el suficiente vigor como para apenas ser cuestionada. Lo que hace el derecho  romano es igualar la situación jurídica de los hombres libres, es decir, no de todos, tan sólo de algunos pocos que, como es natural, son los que detentan algún grado de poder, fundamentalmente los depredadores más relevantes. Para que las leyes funcionen y el derecho se asiente aquellas deben poder hacerse cumplir, será el Estado con sus peculiaridades.

 

El repaso somero a algunos conceptos referidos a las instituciones permite empezar a considerar aspectos que convierten a nuestro sistema económico y social, el capitalismo, en algo complejo pero con acusados rasgos que permiten, desde este punto de vista, considerarlo, como se irá viendo, como un sistema que puede definirse en lo sustantivo de depredador. Es la institución que está en el vértice del sistema, la depredación humana en sus distintas variantes.

Las instituciones son creaciones de la sociedad que han evolucionado unas, otras han desaparecido y se siguen creando otras nuevas. Son creaciones de los individuos sobre todo lo que hay y lo que va llegando como: innovaciones, avances técnicos, ciencia, nuevas formas de moral, etc. que proceden del marco institucional y al mismo tiempo lo transforman o son origen de nuevas instituciones. Lo que hace la sociedad ante todo eso es estructurar sus relaciones, las interacciones entre los individuos, estableciendo formal o informalmente lo permitido y lo prohibido, poniendo limitaciones, estableciendo nuevas reglas del juego.

 

En el centro de las instituciones está el hombre. Aquí tan sólo se habla del hombre occidental; el sistema capitalista, hegemónico hoy, es una creación del hombre occidental, en concreto del perteneciente al Occidente de la Reforma, dentro de ella, a una parte de la misma[3]

Cómo es percibido el hombre occidental actual del centro del sistema es algo confuso y cuestionable. Las percepciones del mundo y las críticas posibles suelen depender, como es lógico, de la postura del crítico y condicionada por estar situado en un lugar u otro aunque haya constante intercambio de información, aun así, hay algunos valores considerados teóricamente correctos por la sociedad aunque luego la actuación de la misma sociedad sea muy diferente, valores teóricos, entre otros: la justicia, los derechos individuales empezando por el de la vida, la paz, la educación, la igualdad, etc., pero son tan sólo ideas muy genéricas que, según muestran los hechos, no pasan de eso.

Diferentes percepciones del hombre occidental de hoy se explican desde diversos ángulos y disciplinas. Destacan como rasgos el hedonismo, el individualismo, la apatía, la indiferencia, el vacío[4]. Filósofos que reflexionan con desencanto, uno entre varios ejemplos: "La grandeza del antihumanismo moderno - verdadero más allá de las razones que se otorgue - consiste en dar un lugar claro a la subjetividad de rehén eliminando la noción de persona. El antihumanismo tiene razón en la medida en que el humanismo no es suficientemente humano [...] mi responsabilidad hacia todos puede e incluso debe manifestarse también mediante límites. Tal exceso de la responsabilidad de rehén incluye en ese mismo exceso su límite [...] Las instituciones y el propio Estado pueden encontrarse a partir del tercero que interviene en la relación de proximidad. ¿Se pueden deducir las instituciones a partir de la definición del hombre "lobo para el hombre", más que rehén de otro hombre?. ¿Qué diferencia existe entre las instituciones que nacen de una limitación de la violencia y las que nacen de una limitación de la responsabilidad?. Al menos, ésta, en el segundo caso, podemos rebelarnos contra las instituciones justo en nombre de aquello que les dio origen"[5].

Aun siendo el hombre el centro de la sociedad, cada hombre como tal, la valoración de las relaciones sociales es pesimista: "el individualismo moderno que se desarrollaría desde el Renacimiento, se interesaría más por el rol desempeñado que por esa persona singular [...] La igualdad entre todos, santo y seña de la revolución burguesa, se transforma en la igualdad objetiva o cuantificable de los roles, no de las personas"[6].

Hay mucho más en ese desencanto, otra vez, siempre ante el funcionamiento de la sociedad, del avanzado mundo actual: "El más importante y más penoso testimonio del mundo moderno, el que reúne tal vez todos los demás testimonios que esta época está obligada a asumir, en virtud de no se sabe qué decreto o qué necesidad (pues también somos testigos del agotamiento del pensamiento de la historia), es el testimonio de la disolución, de la dislocación o de la conflagración de la comunidad"[7].

No es necesario seguir con citas, recuerdos, reflexiones de numerosos pensadores conocidos y respetados, sobre todo lúcidos desde su pesimismo y desde su visión libre del mundo. So demasiados, la lista es larga; se puede pensar, de acuerdo con ellos, que no vivimos en el mejor de los mundos que el hombre podría haber construido.

 

Una observación, tanto en el tiempo como en los países, permite encontrar algunas instituciones que se pueden situar en lo que fundamenta el sistema capitalista actual, según se tratará de ver. Destaca inicialmente la depredación y relacionadas con ella aparecen otras instituciones que contribuyen a dar solidez al sistema: el derecho, la propiedad privada, la esclavitud, el dios institucional, entre otras. Lo que se observa como uno de los últimos fines es el dominio, el poder, pero tal vez no sea este el último fin de esa actuación depredadora.

 

 

            La depredación.

Depredación significa según el diccionario de la RAE: "pillaje, robo con violencia, devastación" y también: "acción y efecto de depredar" y asimismo: "malversación o exacción injusta por abuso de autoridad y confianza". Depredar a su vez: "robar, saquear con violencia y destrozo" y: " cazar para su subsistencia algunos animales a otros de distinta especie".

Una mirada al mundo actual y a la historia nos permite ver directamente, sin ninguna clase de deducción o demostración, pues son hechos evidentes, que el hombre es el único animal que mata, saquea, destroza, viola, etc. a otros de su misma especie para obtener beneficios de alguna clase que no le son vitales, pues tiene la inteligencia y la razón para resolver sus problemas. Los otros animales que no son hombres y también son depredadores lo son con especies distintas a la suya y tan sólo para alimentarse.

 

Por lo que al capitalismo se refiere, tanto en su origen como en las importantes transformaciones que se han producido en la forma de generarse el capital privado,  pues su naturaleza no puede cambiar (es trabajo acumulado y su propiedad es lo que determina el sistema), no es más que el resultado del refinamiento del ejercicio, del hábito, de la conducta, tan arraigada, depredadora del hombre, aceptada y admirada por la sociedad. Es la depredación institucionalizada, por tanto con ciertas limitaciones sociales, con derechos formales en algunos aspectos y profundamente arraigada en los individuos.

El hábito depredador de los hombres es antiguo, seguramente empezó a desarrollarse con seriedad y rigor en tiempos tan lejanos como los de la revolución neolítica[8]. A partir de ese momento un repaso a la historia conocida permite ver con claridad que apenas ha existido alguna sociedad que no haya conocido activa o pasivamente la depredación de manera continua, tanto en sus relaciones con otras sociedades, tribus o países, como dentro de las propias sociedades de cada país.

Posiblemente sea este uno de los rasgos comunes a casi todos los pueblos y culturas conocidas en todas las épocas. Parece ser algo bastante generalizado en toda la especie humana. Ha sido una acción constante del hombre y de las sociedades.

Por medio de la depredación el hombre ha conseguido casi todo: riquezas, mujeres, tierras, esclavos, capital, etc. lo que le ha proporcionado relevancia en la escala social al hacer ostentación de sus posesiones[9], pero sobre todo de su poder, tanto individual como colectivo.

También le ha producido satisfacciones y beneficio de otra índole, no necesariamente económica, así: es conocido el placer expresado por muchos hombres al torturar a otros, al asesinar, al robar lo de otros individuos, al dedicarse al pillaje, al secuestro, a la explotación, al esclavismo, etc.

Resultado es, con frecuencia, una manifestación y un sentimiento de poder sobre otros individuos.

La depredación que conocemos a través de la historia la han llevado a efecto individuos y sociedades, masas de gente: ejércitos con líderes-depredadores principales a los que siguen sus hombres en esa tarea, organizaciones claramente enfocadas hacia esta actividad tanto en sus manifestaciones más claras y directas como: tratas de blancas, narcotráfico, comercio de esclavos, etc. que son origen de importantes fortunas o manifestaciones más disimuladas como numerosas empresas con prestigio en nuestra sociedad.

Esta institución está en el origen de las monarquías, de lo que la sociedad llama nobleza, de la burguesía, de numerosos aspectos de los estados.

 

En su "Teoría de la clase ociosa" que Veblen vincula directamente con el hábito depredador del hombre, considera una primera condición necesaria para que surja una clase ociosa que: "la comunidad debe tener unos hábitos de vida depredadores (guerra, caza mayor o ambos a la vez), es decir, los hombres, que constituyen en estos casos la clase ociosa en proceso de incoación, tienen que estar habituados a infligir daño por la fuerza y mediante estratagemas"[10] y poco más adelante continúa: "la institución de una clase ociosa es la excrecencia de una discriminación entre tareas, con arreglo a lo cual algunas de ellas son dignas y otras indignas. Es una distinción de tipo personal, de superioridad o inferioridad", para poco después llamar la atención sobre la poca consideración que ha tenido esta visión entre los economistas, pues persiste con "gran tenacidad" en la vida moderna.

La depredación humana está estrechamente vinculada al poder en las distintas formas que muestra, tanto individualmente como socialmente, ya sea política o económicamente. Está vinculada a lo que la gente suele entender por poder y también a las relaciones entre los individuos. En el primer caso suele verse normal por la sociedad y deseable para muchos individuos, en el segundo caso, en algunas ocasiones, aquellos a quienes la sociedad llama expertos y les ha dado poder para decidir, lo consideran enfermedad y la sociedad lo acepta así.

 

Este hábito, esta clase de conducta, esta forma de estructurarse la sociedad aparece como algo normal, natural desde el principio, ya sean mitos o leyendas, tradiciones, arquetipos o la sucesión de hechos históricos.

En nuestro acervo cultural occidental es frecuente, aunque se da en todas las culturas, tenemos numerosos ejemplos desde el principio de la historia y de los mitos.

Los dioses griegos, más próximos culturalmente a nosotros, son depredadores, basta recordar a Cronos o a los otros dioses del Olimpo que recordamos siempre, aunque con sus nombres romanos, así, los nombres de los planetas y de los días de la semana, incluso cuando se descubrieron los últimos planetas de nuestro sistema, los nombres que les adjudicaron fueron los de los siguientes dioses, crueles también.

La Iliada, seguramente el poema épico más antiguo de nuestra literatura, obra de referencia, ya desde el principio resalta la depredación: "La cólera, canta, oh diosa, del Pelida Aquiles, maldito, que causó a los aqueos incontables dolores" y muy poco después: "...Que los dioses, dueños de las olímpicas moradas, os concedan saquear la ciudad de Príamo..."[11].

Un libro considerado como una de las cumbres de la sabiduría oriental, el Bhagavad-Gita, empieza con el combate, sigue a continuación ante el lamento de Arjuna por aquellos a quienes debe enfrentarse y matar: "...el muy venerable dijo: ...si tú no combates en esta batalla como debes, menospreciarás tu deber y tu gloria y cometerás un gran pecado..."[12].

La Biblia muestra lo mismo, habla de un Yaveh terrible en ocasiones, ya desde su mandato a Abraham para que sacrifique, para que asesine a su único hijo (en esta historia se considera normal que expulse a Agar con su hijo Ismael), luego el depredador Yaveh le perdona la vida. Ese Yaveh volcánico lo es de venganzas, de conquistas, de sacrificios en forma de cientos de litros de sangre animal por el mero hecho de aplacar su cólera o de que conceda algo, por el hecho de congraciarse con él (los conservacionistas actuales hubiesen puesto el grito en el cielo de ese Yaveh), de destrucción de enemigos, un Yaveh que siembra muerte y destrucción; también premia y hay partes de la Biblia que no son eso, pero está lo dicho. Este Yaveh es importante en alguna medida en nuestros días y en su evolución al haber sido institucionalizado y tiene por consiguiente relevancia para el sistema capitalista.

El Corán tampoco es más benévolo, El Misericordioso permite o manda acciones duras a sus seguidores, entre otras muchas y por lo que a la mujer se refiere: "Los hombres están por encima de las mujeres, porque Dios ha favorecido a unos respecto de otros, y porque ellos gastan parte de sus riquezas a favor de las mujeres. Las mujeres piadosas son sumisas a las disposiciones de Dios; son reservadas en ausencia de sus maridos en lo que Dios manda ser reservado. A aquellas de quienes temáis la desobediencia, amonestadlas, confinadlas en sus habitaciones, golpeadlas. Si os obedecen, no busquéis pretexto para maltratarlas. Dios es altísimo, grandioso".[13]Habla contra los judíos reiteradamente, contra los cristianos, la forma de venganza, la guerra, la conquista, etc.

De entre las llamadas por algunos religiones del "Libro", la única que rompe con la justificación, exigencia o esperanza depredadora aun como premio es el Evangelio, también es cierto que es el único "Libro" no seguido en nada, pues incluso los que lo monopolizaron y decidieron autoproclamarse seguidores únicos, enseguida olvidaron las enseñanzas, normas, realmente una: el amor incondicional a Dios sí, pero a todos los demás incluyendo a los enemigos. Una vez logrado el monopolio fomentaron la depredación por motivos religiosos como coartada (Inquisición, Cruzadas, bendiciones a tropas nazis o de dictadores, dictadores sanguinarios bajo palio - equiparados por tanto al dios inventado por ellos - numerosos papas salvajes y crueles, etc.). No olvidemos que tras la depredación está el poder. Su propia simbología, la del catolicismo, va en la misma línea a veces; un ejemplo entre muchos: si las monarquías, que todas tienen su origen en la depredación, usan la corona como símbolo, el Papa de Roma no se conforma con una y usa tres juntas. Entre otros las usaban los antiguos faraones en su coronación en Menfis; recordemos que tenían carácter divino, es decir, podían actuar arbitrariamente. Otras interpretaciones señalarán que al ser el Papa vicario de tan Gran Señor, lo menos que puede hacer es mostrar su gran poder en los símbolos, que siguen siendo de poder, de autoridad, de dominio incuestionado.

No se deben ignorar tampoco algunas interpretaciones del animal tótem, de comerlo, del cordero u otros en comidas rituales, consecuencia del primitivo asesinato según esas interpretaciones[14]. Conocemos ritos de culturas en los que se sacrificaba a hombres, doncellas vírgenes, etc.

Aparte de lo que subyace, se conoce o se interpreta de muchas culturas, la historia más conocida nos muestra desde el principio y sin interrupción brillantes ejemplos del hábito depredador, de las consecuencias de esta institución consolidada ya desde los tiempos más antiguos en la mayor parte de las sociedades.

Se observa que los más fuertes y bestias de los hombres depredadores acaban siempre apropiándose del mayor poder, de la mayor riqueza y como consecuencia de ello de los mayores honores en la escala social: emperadores, reyes, papas, dictadores, gobernantes, grandes hombres de negocios,... (Alejandro, Julio Cesar, Carlomagno, Inocencio III, Alejandro VI, Napoleón, Franco, Hitler, Stalin y un larguísimo, tanto como la historia, etcétera). Ellos sin otros depredadores de distintos niveles no hubieran sido nada, son los símbolos vivos y reales, de carne, de sus sociedades. Otros grandes depredadores en un grado inferior son los nobles con títulos ad hoc, de manera que cuanto mayor es el robo o la matanza mayor es la altura del título nobiliario, cuyos nombres, que ahora a la gente le suenan bien, revelan el origen de esos títulos, así: barón, cuyo origen es germánico, significa hombre libre; marqués procede de marca o territorio fronterizo; conde, de comitatus, comitiva, acompañamiento; condestable será algo así como conde y establo, etc.

Los tiempos cambian, las formas de obtener los títulos también y los nuevos grandes depredadores en las modernas sociedades son el gran militar no noble, el gran capitalista, el gran empresario, el gran banquero, el multimillonario,... Son los que están en lo alto de la escala social. El reconocimiento llega entonces de otra forma. La gente cree que la sociedad actual valora también cuando lo sustantivo se adjetiva, así es que esos grandes empresarios, hombres de negocios, etc. lo que hacen es comprar manifestaciones de honores, consideradas dignas y nobles ética y estéticamente por la sociedad, así: doctorados honoris causa (realmente nunca logra saberse cuál es la causa de semejante honor en lo que dan títulos de conocimiento y algunas veces hasta se atreven a decir sabiduría, cosa esta última que denota gran ignorancia, osadía y tergiversación de las cosas) en distintas universidades a gente  que, a veces, tiene que comprar esos títulos en universidades de otros países por tener una trayectoria conocida en el propio, en ocasiones hasta con causas judiciales abierta; también compran convertirse esos grandes hombres en benefactores sociales, en académicos de algo como ciencias morales, aunque estén bajo sospecha pública o judicial, lengua, etc. o reciben (compran) premios específicos, ser nombrados hijos adoptivos de lugares,... Basta leer la prensa diaria.

No debe olvidarse que en este negocio de los honores, como en toda compraventa, hay alguien que compra y alguien que vende por un precio, dinero de una u otra forma siempre, satisfactorio para ambas partes. Los organismos de relieve social en esas materias cobran y los ricos que quieren comprar para mostrar un barniz en esas materias pagan. En realidad se muestra cierta hipocresía y más que inmoralidad, la amoralidad que transmite el poderoso como valor importante a la sociedad, ésta, al ser un uso habitual en el poderoso asumirá su valor.

Significativamente parte del reconocimiento social buscado es en el campo intelectual o moral; en realidad se compra aquello de lo que se carece, la gente compra lo que no tiene o lo que tiene en cantidad insuficiente. Nadie compra lo que ya posee. Se vende aquello que proporciona algún beneficio. Otra forma es buscar y publicitar la compañía pública y ostentosa de gente reconocida socialmente por esas cualidades, claro que si en realidad las tienen los que realmente podrían vender esa compañía y son sinceros tampoco aceptan el juego, o se adquieren obras de arte (cuánto saqueo, miseria ajena y sangre hay tras muchas grandes colecciones de arte), o se organiza alguna fundación, algún tipo de mecenazgo o cosas parecidas[15].

 

Los ejemplos que nos muestra la historia en todas las épocas y lugares son tan numerosos y continuos que lo realmente extraordinario es encontrar algún caso de sociedad, gobierno, ciudad, país sin rasgos y hechos marcadamente depredadores. Se tiene noticia de algún caso aislado y de duración breve como seguramente sucedió en Tarento con Arquitas que era de los primeros pitagóricos, y algún otro en estudios antropológicos. Por lo que se refiere a nuestra sociedad occidental los hechos muestran lo indicado según veremos.

Los rasgos y la cultura depredadora son claros, lo que se observa en el quehacer normal de la gente, en sus conductas y en sus valores es algo tan arraigado  desde el principio de la historia, tan normal, tan natural que no llama la atención más que a quien sufre la depredación, que suelen ser los perdedores de algo y por tanto carecen de fuerza, aunque les hubiese gustado que hubiese sucedido al revés. No llama la atención apenas, tal vez porque siempre ha sido así y eso ha otorgado poder y riqueza, de manera especial en los estratos altos de la sociedad, y a eso aspira el resto de la gente. El robo, el saqueo, el pillaje, la estratagema, el asesinato, la crueldad, aun sofisticados y refinados con el tiempo en algunos lugares, han sido y son las constantes sociales. Veremos con claridad que el sistema capitalista está basado en esos valores y en esos hechos.

Salvo en los pocos casos de hombres dedicados sinceramente a la ciencia, al arte o al pensamiento en sus manifestaciones más libres y universales, y ellos nunca han tenido ni buscado poder en la sociedad, incluso con frecuencia sus grandes aportaciones han sido tergiversadas o utilizadas para otros fines o silenciadas, los tenidos por grandes hombres han sido grandes depredadores en diferentes grados y variantes.

En ocasiones se escribe la historia desde el punto de vista del poder político del momento (son conocidos los falseamientos y tergiversaciones por razones políticas en muchos lugares), hechos, gestas, batallas, riquezas, etc. pero para que eso se haya dado, la sociedad correspondiente ha tenido que contribuir activamente, para ello ha sido condición necesaria que colectivamente haya predominado esa mentalidad. De eso a considerar lícito el botín de guerra, la esclavitud por conquista o compra, la cautividad, expulsiones o desplazamientos masivos de poblaciones por razones de Estado, la apropiación de tierras o riquezas de los más débiles técnicamente o en número, no hay distancia; es normal el exterminio o la expulsión por razones de raza, religión o lugar de nacimiento, es lícita la apropiación de capital, etc. Lo importante es que quienes actúan así son las sociedades como tales, colectivamente.

 

Unos pocos ejemplos de distintos momentos de la historia pueden servir para ilustrar con más claridad lo dicho antes. Una lectura de la historia desde la perspectiva de la depredación humana, tanto la más evidente como la que permanece semioculta, muestra que hasta hoy la actuación de gran parte de los hombres ha sido y sigue estando en la línea señalada. Debemos tener en cuenta que incluso, como veremos, nuestra sociedad se basa en eso en varios aspectos fundamentales.

Ya los antiguos faraones egipcios resuelven el asunto decidiendo ser directamente dioses, cuando alguien usurpa el trono también decide revestirse de la voluntad divina y gobierna, sus funciones son fundamentalmente: la religión y la guerra, el orden y la justicia. No debe olvidarse que las teocracias gobiernan por derecho divino y necesitan intérpretes de la voluntad del dios, por tanto son totalmente arbitrarias. Lo mismo da que el faraón, el rey, el gobernante sea benevolente o cruel.

Yendo a lo más cercano a nuestra cultura occidental, las guerras Médicas suponen el surgir de la Grecia clásica, Atenas en sus años de esplendor estuvo en guerra más de las dos terceras partes de ese largo período, no tuvo un solo período de paz que llegase a 10 años seguidos, si bien esas guerras en nada se parecían a las actuales, eran peculiares comparadas con las de nuestro tiempo, las pérdidas nunca fueron numerosas, en invierno no se solía combatir tanto, etc., la tónica fue de guerras, conquistas, luchas internas de ciudades,...

Esa Grecia también nos enseña el camino de la condena a muerte por razones de Estado, es el caso de Sócrates, no le sirvió ni aun siquiera haber combatido en batallas como: Potidea, Anfípolis o Delión; tal vez sea el caso más conocido debido al emocionado relato de Platón[16].

El magnificado Alejandro que conquistó Oriente. Son conocidos los saqueos, destrucción, matanzas que Plutarco relata en su biografía del personaje. Un ejemplo, hacer arrasar por completo Tebas, aunque tuvo el detalle de dejar en pie la casa que había sido del poeta Píndaro[17], o el incendio de Persépolis como represalia por las anteriores destrucciones llevadas a cabo en Grecia durante las Guerras Médicas[18].

También es tomado como modelo por Maquiavelo en "El príncipe" al explicar cómo se someten los estados conquistados[19].

Acerca de lo de Persépolis, unos cuantos años después siguieron represalias parecidas, entre las recientes: el 13 de febrero de 1.945 aviones británicos y estadounidenses bombardearon la ciudad alemana de Dresde, su mayor valor estratégico consistía en su hermosa arquitectura. No sobrevivió casi ninguno de sus más de 100.000 habitantes. Pocos mese después, con la guerra en el Pacífico prácticamente acabada, el 6 de agosto del mismo año, se lanzó la primera bomba atómica sobre Hiroshima y tres días más tarde la segunda sobre Nagasaki. También murieron varias docenas de miles de personas. Algunas consecuencias y efectos se siguen padeciendo más de cincuenta años después.

 Hay diferencias entre estos hechos en las formas, en los casos recientes, resultado de la mentalidad de una época tecnificada y de producción masiva, las muertes también se tecnifican y son masivas. Los hechos son los mismos.

Al final de estos humanitarios hechos algunos de los militares que participaron en esta guerra, con los grados y mandos más altos, por consiguiente conocedores y autorizadores de estos asesinatos masivos y que como es conocido fueron los vencedores de la guerra, acabaron siendo presidentes de sus países o ya lo eran, y muy bien considerados por sus sociedades ya que fueron elegidos en votaciones populares. Este hecho se repite con frecuencia desde siempre. La sociedad aclama a sus héroes, a sus grandes depredadores.

Más recientes son las historias de Sarajevo o Grozni.

Es revelador que Alejandro tuviese como maestro a Aristóteles, hombre que justifica hechos como la esclavitud o la adquisición de propiedades por medio de la guerra. La esclavitud, dado que su origen está en la conquista y es una práctica habitual, la fundamenta porque sí, no hay más argumentos, Aristóteles la defiende abiertamente. El esclavo es un instrumento de acción, "el esclavo no sólo es esclavo de su amo, sino que le pertenece abiertamente"[20], sostiene que participa de la razón sólo para recibirla, no para poseerla; apenas encuentra diferencias en su utilidad con los animales domésticos y acepta la ley de conquista de los vencedores como justa.

La influencia del pensamiento aristotélico es conocida por lo duradera también en este tema. En el siglo XVI Valencia llegó a convertirse en un gran mercado de esclavos, algo normal en el tráfico comercial, influye en ese auge la difusión de las ideas aristotélicas sobre las desigualdades sociales. La procedencia de los esclavos era: negros traídos de Portugal, turcos, bereberes (procedentes de incursiones en el Magreb), indígenas de Canarias. En 1.565 en el arzobispado de Sevilla el 6% de la población eran esclavos, a veces eran motivo de ostentación entre los nobles[21]. En el siglo XVIII fue desapareciendo en España, no en América.

Aristóteles también establece vínculos con la producción en lo referente a la esclavitud. Acepta igualmente el arte de la guerra como medio adquisitivo y además explica que no hay límite alguno a la riqueza.

Se ha visto la justificación legal de la esclavitud, que es un modo de producción anterior al feudal y al capitalista.

La esclavitud ha existido siempre, los cambios en los modos de producción la han hecho retroceder lentamente, pero incluso hoy sigue existiendo como tal y también encubierta. Salvo en el caso de la antigua China donde se llegó a considerar al esclavo como persona, en los demás lugares y durante muchos siglos, no es más que un objeto más cuyo origen está en la guerra, es un botín de la misma, en ocasiones y según las necesidades se secuestraban esclavos de los pueblos vecinos o bien eran extranjeros o infieles, los negros en particular fueron esclavos para todos, tanto para el islam como para América, a veces son niños.

Esta verdadera institución, la esclavitud, existe en todos los pueblos antiguos, en Babilonia, entre los hebreos, en la Biblia se considera normal, ya que antes ha sido citado Abraham en su historia aparece la esclava Agar. Para el derecho romano, al principio, asesinar a un esclavo equivalía a destruir un objeto, su matrimonio se consideraba similar al apareamiento de reses.

La mayor incidencia en la esclavitud se debe a que es otra de las instituciones importantes que pervive hasta nuestros días. Institución desarrollada durante siglos, arraigada en la sociedad en su mentalidad aunque hoy creamos que está erradicada, esa mentalidad, junto con otros puntos, contribuye a entender nuestro actual sistema. Los cambios se han producido en los modos de producción, en las formas, pero no en la mentalidad. Es una institución sobre la que se volverá más adelante.

Aristóteles acepta como medio para adquirir propiedades el arte de la guerra. Uno de los tratados de éxito e inspirador de modernas estrategias empresariales es un tratado de estrategia militar: "El arte de la guerra", figura como autor Sun-zi, es un tratado al que se la calculan unos 2.500 años de antigüedad, procede de China. El título es revelador, eleva a la categoría de arte la depredación, la conquista, etc. y en eso se inspiran también las empresas.

China es un mundo muy distinto al nuestro y alejado, también muestra acusadas características depredadoras, antes  se ha citado "El arte de la guerra" procedente de ese país, ya es revelador de la búsqueda de poder, de los medios que se utilizan, un ejemplo antiguo, en la China de los "Reinos Cambiantes" se mantuvo el estado de guerra entre los años 335 y 221 anteriores a nuestra era, el triunfador último fue Ts´in Che-huang-ti, acabó convirtiéndose en señor de toda China y tomó el título de emperador.

Acerca del citado "El arte de la guerra", es interesante señalar que además de su relativamente reciente utilización como tratado militar, se ha incorporado al mundo empresarial como tratado importante de estrategia; no debe olvidarse que tras los planteamientos estratégicos de las empresas lo que subyace es la búsqueda de la hegemonía, de mayor poder, y esto sin consideraciones morales de ninguna clase.

 

La "pax romana" se sustentaba en la fuerza, fiel reflejo son las historias de los emperadores, claro exponente de un mayor grado de depredación. Un simple ejemplo entre muchos puede permitir una aproximación a esta forma social: Cayo Julio Cesar, hombre admirado por generaciones, sus actos son reveladores, Suetonio explica bastante, así: "En la Galia saqueó los altares particulares y los templos de los dioses, colmados de ricas ofrendas, y aniquiló algunas ciudades, antes por afán de rapiña que en castigo de delitos que hubiesen cometido. Esta conducta le proporcionó mucho oro, que hizo vender en Italia y en las provincias al precio de tres mil sestercios la libra. Durante su primer consulado robó en el Capitolio tres mil libras peso de oro y lo sustituyó con igual cantidad de cobre dorado"[22]. Plutarco recuerda que acabó con un millón de galos[23]. Tras su asesinato fue "colocado en el número de los dioses, no solamente por decreto, sino también por unánime sentir del pueblo, persuadido de su divinidad"[24].

Ante los miles de asesinatos, robos, trampas, estratagemas y todo el catálogo de la depredación humana, su sociedad lo deifica. Los beneficios exigidos y esperados por la sociedad son superiores a cualquier otra consideración. La sociedad convierte en dios, diosecillo realmente, al hombre poderoso, le permite y acepta todos los desmanes como algo natural, lógico, racional, son derechos ya que la depredación es beneficiosa. Es un dios próximo, que con límites sigue el ejemplo de los dioses del Panteón, o aunque puede ser más lejano el Yaveh judío, es también colérico y destructivo.

No es necesario seguir con otros emperadores como Nerón, Calígula o Caracalla, aunque sí es interesante recordar a un emperador que tuvo planteamientos de vida y de pensamiento totalmente diferente a casi todos sus antecesores, se trata de Marco Aurelio, basta leer sus "Meditaciones" para conocer su forma de pensar y sus aspiraciones en lo que a conducta se refiere, sin embargo sus hechos en algunos casos fueren muy diferentes y también se revela depredador. J. Stuart Mill, conocedor de la cultura clásica y preocupado por el tiempo que le tocó vivir, se expresa así: " Si algún poderoso tuvo motivos para creerse el mejor y el más inteligente entre sus contemporáneos fue el emperador Marco Aurelio. Monarca absoluto de todo el mundo civilizado, conservó a través de toda su vida no sólo la más intachable justicia, sino lo que era menos de esperar dada su educación estoica, el más tierno corazón,... sus escritos, la más alta producción ética del espíritu antiguo, difieren apenas, si difieren en algo, de las enseñanzas más características de Cristo. Este hombre, mejor cristiano en todo... persiguió al cristianismo... no vio que el cristianismo con sus deberes, de los que tan profundamente se hallaba penetrado, era un bien y no un mal para el mundo... el más dulce y amable de los filósofos y legisladores, impulsado por un sentido solemne de su deber, autorizó la persecución del cristianismo. A mi juicio este es uno de los hechos más trágicos de la historia"[25].

Hoy llamaríamos a eso, tal vez, razón de Estado. Si algo se ha vislumbrado al recordar la condena a muerte de Sócrates, ahora, de alguien que posiblemente tenía valores comunes con él, aparece esa razón suprema: el Estado depredador, Leviatán por encima de cada individuo.

Marco Aurelio no quiso la guerra, las tuvo numerosas: partos y armenios, en Germania, marcomanos, cuados y sármatas, éstos por partida doble. Sus campañas abarcaron un período de casi veinte años.

San Agustín es muy crítico con Roma, además de explicar la llegada de Alarico y sus huestes así como sus tropelías, recuerda formas romanas, cita a Catón: "Es corriente en la guerra forzar las doncellas, robar las muchachas, arrancar..."[26]. Además protestó con indignación por los horrores de sangre y crueldad en los espectáculos de los circos que tanto entusiasman al pueblo, fue duro en sus juicios.

Es lo visto antes, la masa se entusiasma ante actos de depredación pura que no hacen sino mantener el espíritu. A la considerada depredación necesaria que reparte beneficios directos a la sociedad se le añade al juego aceptando la crueldad en el mismo como normal e imprescindible para que sea divertido.

La deificación del criminal Cesar, los espectáculos crueles, etc. son un exponente claro de los valores y conductas que se dan en la sociedad. La depredación ya es una institución clave y totalmente consolidada, reforzada con el derecho.

El Imperio, en última instancia, también es fruto de la guerra continua, del saqueo, del pillaje, de los botines de guerra, de los esclavos, etc.

 

Al mismo tiempo Roma creó y estructuró otra institución fundamental para el futuro y que pervive y ha sido vital para mantener la estabilidad de las sociedades, se trata del derecho, que iguala la situación jurídica de todos los hombres libres, sabemos que son pocos. Institución que apenas deja de estar vigente, pues al acabar el Imperio en Occidente y dar paso a una época inicialmente oscura, el derecho cohesiona lo que va llegando, continúa siendo eficaz.

Un país como España tiene la sociedad descompuesta a partir del s. V (en los demás países es parecido), el monarca (cuyo origen está en la fuerza bruta) está obligado a combatir sin descanso si quiere evitar que cada noble (de origen germánico) y cada obispo (su origen está en la aristocracia romana) actúen con total independencia en sus dominios o creen sus propios ejércitos y combatan al rey por quien, por otro, esté dispuesto a reconocer y aumentar las riquezas y los privilegios de los dirigentes que lo han elevado al trono (vuelve a verse el origen depredador de los reyes y de la nobleza).

La solución para mantener el poder del monarca, para reforzarlo, es la generalización del Derecho Romano. Asentados en el poder, los reyes, a veces, para aparentar ser más se atribuyen el título de emperador.

El poder y el honor, estar en lo más alto de la sociedad. En el s. VII Pipino el Breve envió un mensaje al Papa de Roma preguntándole: ¿Acaso el que tiene el poder en un reino no debe tener también el título que le corresponde?. La respuesta, como es de suponer, fue afirmativa. Junto con el derecho el otro poder, este con rasgos distintos aunque también depredadores, que influye en la sociedad tal como se ha ido organizando, es la Iglesia. Debe recordarse que toma numerosos usos y rasgos del Imperio Romano.

El derecho es respetado, utilizado e impuesto para lograr los fines de quienes detentar el poder y la riqueza, y para dar cierta cohesión y forma a la sociedad. Se generalizan los impuestos y se crean otros nuevos al aparecer los artesanos (es conocido quienes pagaban y quienes cobraban impuestos de una u otra clase). La autoridad del rey se afianza, a veces por medio de la guerra, pero al vencido (noble) se le mantiene su derecho feudal, son los hombres libres de la sociedad. La jerarquía eclesiástica, dado su origen, no puede faltar en la estructuración de la sociedad, sus jerarcas se convierten en unos señores feudales más y en grandes propietarios.

Toda esa organización social contribuye a mantenerla el derecho que se hace cumplir, aparece una de las funciones del futuro Estado.

La sociedad campesina se ve obligada a aceptar su total dependencia de los grandes propietarios a causa de su situación económica e inseguridad; el campesino pide tierras recurriendo a la piedad del gran propietario, éste las posee porque en algún momento se ha apoderado de ellas por la fuerza, o sus antecesores, las tierras que pide el campesino son en precario lo que le obliga a servir y defender al señor y a entregarle diezmos.

Son todos los derechos del campesino. Los señores son libres, son propietarios de tierras adquiridas por la fuerza.

Esta situación de semiesclavitud hoy sigue existiendo, algo marginal, pero real. Puede verse en nuestro mundo, a veces los que cuentan noticias informan: Lunes 17 de marzo de 2.003, noticia en un periódico, no en primera página. Titular: "Los terratenientes brasileños organizan grupos paramilitatres" y debajo: "Los propietarios pretenden defender sus haciendas de la ocupación por parte de activistas del Movimiento de los Sin Tierra", en la explicación de la noticia: "...Así, de un día para otro, se materializa el escenario que las autoridades federales más temían. De un lado, el surgimiento de grupos paramilitares formado por terratenientes y pistoleros a sueldo, con el propósito de oponer la fuerza a la ocupación de predios. Del otro lado, una radicalización dentro de las filas del MST, movimiento que agrupa a unos 300.000 campesinos, en su mayoría jornaleros nómadas que se echan a los caminos al no poder pagar la renta que les exigen los grandes propietarios..."[27]

 

La esclavitud legal, formal sigue existiendo, coexiste con la esclavitud feudal que legal y formalmente no se considera esclavitud, realmente lo es pero sin los inconvenientes de la formal para el amo, en la feudal el señor no tiene la obligación de alimentar al vasallo (esclavo), el vasallo sí tiene capacidad de discernimiento (recuérdese lo que piensa Aristóteles en su exitosa justificación de la esclavitud), pero está encadenado de por vida. Aunque más adelante se volverá al tema, interesa resaltar que se mantiene la institución de la esclavitud con otro nombre, el concepto y los fines son los mismos, se produce un cambio en las formas, los nuevos tiempos lo imponen, pero la consideración del individuo es la misma, es un objeto de producción, nada más, carece de derechos.

Según el diccionario de la RAE, esclavo: "dícese de la persona que por estar bajo el dominio de otra carece de libertad". Una de las ideas importantes del derecho que nos lega Roma es que iguala la situación jurídica de todos los hombres libres, es decir, de los que tienen privilegios, resultado de su fuerza bruta,  o de su astucia o de su nacimiento. El campesino no es libre por estar directa y totalmente bajo el dominio del señor.

Algunos hechos, que al ser normales reflejan la mentalidad, pueden servir para ilustrar lo anterior, En la Corona de Aragón, en los siglos XII y XIV: "Los valencianos eran también clientes de los catalanes a quienes compraban sobre todo productos de reexportación: trigo (generalmente siciliano), esclavos, especias, productos tintóreos..."[28] o esta otra referencia sobre la ruta del Imperio Bizantino: "Los mercaderes... generalmente catalanes, vendían productos agrícolas (azafrán, aceite) y de fabricación (paños, armas, coral trabajado) y adquirían primeras materias (cera, alumbre, cobre, algodón) y esclavos"[29]y por lo que se refiere a los grupos sociales: "...y en los estratos inferiores, los grupos marginales: esclavos, mendigos, vagabundos y pobres en general"[30].

En cuanto a los formalmente no esclavos: "El señor tenía el derecho, reconocido por las Cortes de Cervera de 1.202, de maltratar impunemente a sus campesinos (ius maletractandi)". Lo mismo se da en Aragón, aquí el derecho está reconocido por El Justicia de Aragón, llegando a que la legislación "precisaba el derecho señorial a atormentar, mutilar, e incluso, en algunos casos, condenar a muerte a los vasallos del señorío"[31].

La historia muestra que los esclavos formales son una mercancía más, lo mismo que justificaba Aristóteles quince siglos antes.

En toda esa época, en todos los países, los estamentos son claros, los hombres libres, pocos en número (nobleza, etc.), y además, los vasallos, pobres, esclavos,... luego van apareciendo artesanos, comerciantes, de éstos surgirá la burguesía como clase que reclamará también poder político pocos siglos después. Lo general es la rigidez de los estamentos sociales.

Como es natural una organización como la Iglesia no podía faltar en todos estos asuntos de poder, dominio, influencia dadas sus características y su origen como organización. Su mentalidad, de la jerarquía, es la de la época. Hay ejemplos numerosos, uno de entre los muchos puede ser suficiente para entender que si esa es su actuación en un momento dado, no es esporádica, recoge su propia dinámica y la de la sociedad que contribuye a estructurar y a cohesionar, siempre es capaz de situarse en cada momento.

La Iglesia tiene autoridad y poder, elimina lo que le molesta. Herejías como la de los cátaros lo muestran, los cruzados para erradicarla saquean ciudades, en Beziers, por ejemplo, asesinaron a unas 17.000 personas; al legado papal para esta causa se le atribuye la célebre frase: "matadlos a todos: Dios reconocerá a los suyos" (parece que después el citado legado fue santificado. Se ve una vez más un paralelismo con Roma cuando coloca a los emperadores en el número de los dioses). El Papa de esta persecución era Inocencio III, debía ser aficionado a organizar cruzadas (no debe olvidarse su base comercial) porque en 1.212 puso en marcha la cruzada de los niños. En Marsella embarcaron 30.000 niños cruzados, fruto de la locura y del aprovechamiento de un niño "iluminado", el beato niño Etienne, que decía llevar una carta que le había entregado Cristo. Al llegar los niños a Alejandría fueron vendidos como esclavos. La cosa debió gustar y ser remuneradora porque poco después, en Alemania, lograron juntar, tras los ecos del éxito anterior, a otros 20.000 niños de los que gran parte murió al cruzar los Alpes, a los pocos que llegaron a Brindisi para embarcar hacia la esclavitud, con los correspondientes esclavistas en su trabajo, no les permitieron salir las autoridades locales. El Papa Inocencio III, como es natural, no condenó el negocio, se limitó a concederles una prórroga para que algún día pudiesen cumplir su promesa de cruzados, y, aprovechó el asunto para promover otra cruzada, ésta con otro enfoque, propuso reclutar delincuentes[32].

El tal Inocencio III está considerado como uno de los papas más importantes de la Edad Media, cosa normal, pues llegó a cobrar el "censo de reconocimiento", tributo que le aseguraba dominio. Manejó reyes, promovió guerras. Pretendió ser un verdadero monarca absoluto, feudal, en su reinado.

Ochocientos años después sucede lo mismo bajo otras formas. Año 2.001, Unicef habla de esclavitud, como ejemplo no único, se refiere a 20.000 niños de Mali vendidos a los terratenientes de las grandes plantaciones de cacao de Costa de Marfil[33]. En noticias de agencia y de prensa, el 31 de julio de 2.003, Unicef revela que 1,2 millones de niños son vendidos cada año. La agencia de Naciones Unidas denuncia un negocio que produce 8.500 millones de euros anuales a las mafias de traficantes. No se comenta entre quiénes se establece ese tráfico de esclavos, qué hacen los niños esclavos, qué producen para nosotros, etc., puede imaginarse.

Ni lo de Brasil ni lo de Costa de Marfil (es interesante recordar que el gobierno francés envió soldados para mantener en el poder al dictador del país atendiendo a los intereses de las empresas de Francia)son casos aislados. Lo importante de estos hechos es que muestran la mentalidad social, depredadora una vez más, las grandes empresas son nuestros intermediarios, obtienen mayores beneficios y la sociedad lo valora y ensalza. Es otra forma de depredación que se ha ido refinando, la sociedad mantiene alejadas esas formas para no ver herida su sensibilidad.

Ha y más hechos y formas. Carlomagno, que extendió los dominios de su padre, Pipino el Breve, se apoderó de todo lo que creyó conveniente, entre otros lugares: Lombardía, dominó Germania, sometió a los sajones, destruyó el poder de los ávaros con varias expediciones, fue cruel cuando lo creyó útil, la matanza de Verden en el año 782 es un ejemplo, utilizó estratagemas y como colofón fue coronado emperador en Roma, luego nombró obispos de entre sus fieles y redujo al Papa a un fiel colaborador suyo. Pasa por ser uno de los grandes hombres de Europa.

Otras veces la depredación se reviste de una habilidad especial, de estratagemas, hay numerosos ejemplos, uno significativo por lo que después supuso ocurrió en España. El 12 de diciembre de 1.474 murió en Madrid Enrique IV de Castilla, el día 13, Isabel que estaba en Segovia y de la que previamente se había apoderado casi a traición con Fernando (referencia y modelo en varios ejemplos en "El príncipe" de Maquiavelo), se hizo proclamar reina de Castilla. Cuentan las crónicas de la época que Gutierre de Cárdenas, con los pendones de Castilla " iba delante de todos, solo, a caballo, sosteniendo en la diestra una espada desnuda cogida por la punta, la empuñadura en alto, a la usanza española, para que vista por todos, hasta los más distantes, supieran que se aproximaba la que podría castigar a los culpables con autoridad Real"[34]. Solía considerarse entonces que la última voluntad del rey era decisiva para su sucesión con fuerza de ley obligatoria; la decisión de Enrique IV era que le sucediese Juana la Beltraneja, cosa que Isabel supo al conocer la muerte del rey y por lo tanto antes de autoproclamarse reina (los de la Iglesia la quieren santificar. Una vez más, como en el Imperio Romano, santifican la depredación humana).

 

Cuando Maquiavelo escribió "El príncipe", en 1.513 aunque tardó 18 años en publicarlo, piensa, y así lo explicita, en Julián de Médicis, como Papa León X, recuerda: "Yo no creo que os presente obstáculos invencibles la ejecución de este proyecto si consideráis que los grandes príncipes, que os pueden servir de norma, no eran más que hombres poderosos como vos, aunque su mérito les haya elevado sobre los demás de su especie; y a la verdad ninguno de ellos halló una situación tan favorable como la vuestra"[35].

Es "El príncipe" un tratado breve, concreto sobre cómo alcanzar o aumentar el poder del príncipe, con astucia, energía, sin frenos morales de clase alguna y sin despreciar ningún medio, ya sea la guerra, la represión, las artimañas, la astucia, la opresión, la magnanimidad en ocasiones, el engaño,... todo, todos los medios de la depredación para alcanzar el poder político. Tratado enriquecido con infinidad de ejemplos de la historia, desde la Biblia hasta la época de Maquiavelo. Desde entonces el tratado sigue estando vigente y, a lo sumo, se enriquece en aspectos de detalles o en medios más refinados al proporcionar nuevas posibilidades el desarrollo de las sociedades. La mayor complejidad de la sociedad enriquece las formas para alcanzar el poder, pero el fondo y el fin son los mismos. La mayor complejidad y crecimiento de las sociedades ha ensanchado los lugares y formas de poder, el mercado de poder se ha especializado y diversificado, pero el fin es el mismo y los medios similares, con frecuencia más tecnificados, nada más difiere de lo explicado por Maquiavelo.

En el mismo año T. Moro escribió su "Utopía", es lo contrario y también los efectos sobre las vidas de los dos autores. Maquiavelo, que sufrió un breve encarcelamiento y hasta tortura debido a la acusación de haber participado en un complot, juego de poder, tuvo las vicisitudes normales de la vida. T. Moro, por mantener sus principios, fue condenado y ajusticiado por Enrique VIII. Otra vez la razón de Estado. Cuatro siglos antes, Enrique II de Inglaterra, ordenó el asesinato de T. Becket.

Hombres de principios y coherencia de sus vidas con ellos, cuando han tenido algún significado peligroso para el poder han acabado mal. No sólo frente al poder del Estado, también frente a otros poderes.

En esa época también, siete años después de ser ejecutado T. M oro, nació en España San Juan de la Cruz, hombre coherente hasta el final y "uno de los mayores poetas líricos de cualquier época o país"[36]. Secuestrado, encarcelado y azotado por frailes competidores, los carmelitas calzados, que debían ser crueles, pues al referirse al hecho Teresa de Ávila decía que "prefería verlo en manos de moros que de Calzados porque aquellos tendrían más piedad"[37]. Muy mal tratado en la prisión-convento, sufrió enfermedades, torturas, vejaciones, estuvo incomunicado hasta que logró escapar casi milagrosamente, pues esperaban, según parece, su muerte. Era hombre molesto para la Iglesia. Tras Teresa de Ávila también estuvo la Inquisición.

Tomás Moro fue ejecutado en 1.535. "Entre 1.536 y 1.552 la Corona se apoderó de las grandes propiedades de los monasterios y fundaciones, que por lo general se cifran (sin pruebas estadísticas demasiado convincentes) en la cuarta parte de las tierras existentes en el país"[38].

 

A partir de esas fechas, en Europa, empieza un movimiento que se va acelerando paulatinamente. Por lo que se refiere a la institución de la depredación, hay unos hechos de mayor trascendencia que otros, uno de ellos es el descubrimiento de nuevas tierras en América; el resumen que puede hacerse desde la perspectiva de la depredación es claro: los colonizadores trasladan sus instituciones a América, llegan con una técnica muy superior a la de los americanos que allí se encuentran, el resultado de ambas cosas es la apropiación, el robo directo de las nuevas tierras, con naturalidad, con normalidad, sin cuestionamientos por parte de nadie; se establecen derechos, tal como es concebido el derecho, para hombres libres, los colonizadores así se sienten en América, los colonizados son inferiores directamente, sin más. La esclavitud se mantiene, las ideas sobre los esclavos negros son las de hace veinte siglos antes, hay algún matiz teórico, nada más.

Los habitantes que se encuentran los europeos, en las nuevas tierras para ellos, corren suertes diversas según qué países se apoderan de sus tierras, pero siempre son considerados individuos de menor o ningún relieve, semiesclavos con los españoles; si es en lugares de conquista británica son eliminados o expulsados de sus tierras.

En esos siglos también va adquiriendo fuerza la burguesía comercial, el primer capitalismo, ya se han resuelto algunos problemas teóricos sobre la usura y el comercio, permiten y propician su fomento. Esto dará lugar a revoluciones promovidas por esa emergente burguesía, no aristocrática, que reclamará más poder para ella. Surgirá una clase, que como tal, aspirará a ser más depredadora, por lo menos tanto como la aristocracia asentada desde hace siglos, con privilegios, con derechos.

Aunque muy someramente puede tenerse una idea de cómo la mentalidad depredadora de la época de la conquista de América desarrolla sus consecuencias en algunos de los muchos hechos producidos.

Los españoles van descubriendo nuevas civilizaciones, muy diferentes; si Cortés describe Tenochtitlan, en carta a Carlos V, como "la ciudad más hermosa del mundo, una nueva Venecia"[39], a Cuzco llegan a llamarla "la nueva Roma", son capitales de distintos imperios. Por el contrario, otras civilizaciones están muy atrasadas.

Esas civilizaciones descubiertas por los españoles tienen su organización jerárquica, social, etc., algunas también tienen gran crueldad en su funcionamiento; los aztecas creen que para mantener su poder político deben sacrificar a los dioses víctimas humanas, bajo el sexto rey azteca se habla de 20.000 víctimas[40], en los ritos llegan a arrancar el corazón de las víctimas, éstas solían proceder de la guerra.

Para ver con claridad la mentalidad de los europeos hay que recordar que en ningún momento se planteó que lo que pudiese encontrarse en América (tierras, oro,...) y luego se encontró, pudiese tener un propietario distinto a la Corona española y a las gentes españolas. El contrato de Colón le prometía además de títulos extensos privilegios en las tierras que descubriese[41].

Aunque Isabel de Castilla consideró a los indios súbditos como los españoles, estaba la obligación de evangelizarlos, los hechos los convirtieron en esclavos sin ese nombre, salvo los negros que fueron llevados poco más tarde, sobre t5odo por los portugueses, y sí eran esclavos con ese nombre.

Las formas de explotación, como la encomienda entre otras, o las explotaciones de minas, sobre todo de oro y plata, muestran el trato, por lo tanto la idea que se tenía de los indios como casi esclavos y con muy pocos derechos.

Es cierto también que se dio el mestizaje como algo bastante normal con mujeres indias a todos los niveles, el caso de Cortés es significativo.

Los aspectos del derecho civil relacionado con los indígenas se refieren a las relaciones entre los dominadores (españoles) y los dominados (todos los demás; un ejemplo es el antes citado de las encomiendas[42], y eso que el clero consiguió alguna suavización de las condiciones ante lo cotidiano, los abusos.

La jerarquía social que se acabó estableciendo tenía este orden: españoles peninsulares, en lo más alto, luego los criollos, siguen los mestizos, mulatos, zambos y negros libres, esclavos, indios[43].

No es necesario seguir, la dinámica: depredación directa como derecho, sin ningún cuestionamiento. Apropiación, esclavitud, semiesclavitud,..., apropiación de lo que combinado con trabajo crea riqueza. Todo estaba allí y además gratis: tierras, minas, mano de obra.

En todo el período de la América española llaman la atención algunos hechos no ocurridos. Con la afición de los hombres al poder, a las riquezas sin límite, a dominar, no se independizó ningún territorio de España hasta el siglo XIX en el que las ideas, los avances, etc. cambiaron las fronteras de los estados y se produjo en Europa la corriente independizadora como medio de lograr mayor libertad, con ideas como el liberalismo, al que algunos consideran causa de esa corriente[44], aunque en realidad es más complejo todo el proceso, en el que no puede soslayarse la necesidad de poder de la nueva burguesía comercial e industrial de consolidar su poder también en lo político, y gran parte de los hombres que lucharon por la independencia de la América hispana en realidad son europeos, aunque hayan nacido en América

Por lo que se refiere a España, en los siglos anteriores no sucedió nada de todo eso, los colonizadores fueron súbditos de los reyes españoles, con libertad tomada por su cuenta, transgredían leyes de la metrópoli a su conveniencia, pero existía una organización administrativa de una u otra forma, pero el hecho fue que nadie se proclamó rey de ningún lugar, seguramente no hubiese sido difícil pues España no tenía capacidad para resolver según qué problemas. Además muchos de los hombres que llegaron a América eran duros y ambiciosos. Esto hace pensar en varias causas para mantener la situación: que la monarquía, que era absoluta, alcanzó el suficiente arraigo como símbolo de poder y no se cuestionaba, es la veneración de la gente al poder; también la consolidación del derecho como institución para hombres libres y que se respeta ya que daba la posibilidad de tener unas reglas y normas claras y seguras para todos; el deseo de enriquecimiento y otra clase de poder eran colmados con las oportunidades que ofrecía América. En realidad se llevaron las instituciones españolas que habían servido, se crearon algunas nuevas, pero las fundamentales estaban arraigadas en las conductas y en la mentalidad de la gente, sobre todo cuando obtenía mucho más, incluido el paso de un estamento social a otro superior.

 

En América del Norte la cosa fue realmente salvaje y despiadada, allí llegaron sobre todo las instituciones británicas. El primer gobierno federal de USA empezó a funcionar en marzo de 1.789, dos años antes se estableció la forma de  asignar la cesión de tierras vírgenes (es un eufemismo) según la Gran Orden del Noroeste, esto suponía el exterminio sistemático o la expulsión a reservas de la población india, de ahí lo de tierras vírgenes a ceder a los colonos blancos que las necesitaban para ellos. Aquí no hubo consideración alguna: los indios, propietarios legítimos de las tierras vírgenes, molestaban, no los consideraban personas, carecían de derechos sobre lo que había sido suyo secularmente, eso es todo.

Durante el siglo XVIII, en América del  Norte, el tratamiento dado a los indios por parte de los ingleses fue espacialmente cruel. Si los españoles, a pesar de su funcionamiento depredador, promulgaron leyes para proteger a los indios, "los anglosajones, en este país como en todos, eran racistas por instinto, si no por teoría. Sentían repulsión hacia los indígenas y tendían a aniquilarlos. Protestantes, se justificaban por medio de la Biblia: Dios les había concedido este país; debían tratar a los indios del mismo modo que los hebreos habían tratado a los cananeos"[45]. Además, los esclavos negros, muy numerosos en el Sur.

El país, USA, se organiza sobre el robo de tierras excluyendo de todo derecho de cualquier clase a sus moradores y propietarios originales y verdaderos.

 

A partir, sobre todo, del siglo XVIII se producen algunos nuevos descubrimientos, exploraciones, etc. y de una u otra forma los países europeos con mayores posibilidades y sus gentes, encabezados por Inglaterra, se apropian de todas las tierras posibles: parte de Asia, África que además suministra esclavos negros. El resultado de su concepción del colonialismo y de los motivos es conocido. Sin embargo se producen duras disputas entre los países colonizadores por los territorios que se autoadjudican, en especial al intentar entrar el resto de los países europeos en la política de expansión colonial que pasa a convertirse en imperialismo impulsado entre otros factores por el creciente nacionalismo de cada país[46], aunque en el fondo es la necesidad de expansión del capitalismo en esa fase de su evolución.

 

En el plano teórico también hay aportaciones interesantes. Si Maquiavelo teoriza sobre el poder como fin y escribe un tratado práctico, un siglo y medio después, coincidiendo con la revolución inglesa, que es sobre todo aristocrática y burguesa al dar libertad también a las clases propietarias y permitir el ascenso de esa burguesía que reclama poder, aparece el Leviatán de Hobbes que da forma al Estado poderoso, lo es en representación del pueblo que está a su vez representado por el soberano, pero a partir de ese momento el pueblo ya no tiene derecho a reivindicar pues ya ha establecido el pacto que surge por lo que se cree es la naturaleza humana. En una lectura forzada tal vez puede verse en esa teorización la idea del estado depredador. Otras interpretaciones entienden que aparece la idea de una sociedad liberal pero constituyendo "la soberanía en la forma de poder absoluto"[47].

Cuando en esos siglos se producen revoluciones, revueltas o rebeliones como en Inglaterra o Países Bajos o incluso en Francia, Portugal o Cataluña, aunque las explicaciones son múltiples y complejas, en el origen de las mismas está el descontento de élites ante el régimen existente, ya sea para volver a un pasado más satisfactorio para esas élites, ya sea para asentar las bases del ascenso al poder de las burguesías emergentes. En última instancia se producen esas rebeliones en estados absolutos más estructurados, en los que continúa predominando el modo de producción feudal. Son revoluciones para mantener privilegios o para lograrlos, aunque intervengan otros factores como pos religiosos o los nacionalistas. Es una lucha por el poder que quieren alcanzar las nuevas clases burguesas. Aparece de forma clara lo que más tarde será una nueva clase poderosa y como tal depredadora.

Hacia el final del siglo XVIII se producen algunos hechos trascendentales para el nuevo sistema que va surgiendo: por una parte el nacimiento del capitalismo industrial, con una burguesía pujante y fuerte en detrimento de la aristocracia, esto se da inicialmente en un solo país; por otra parte la Revolución Francesa, democrática y burguesa, aunque tardó muchos años en consolidar algunas de sus ideas; y por otra parte la independencia de los USA, con una burguesía emprendedora y ambiciosa y sin la carga del pasado europeo.

Lo que emerge por primera vez, visto siglos después, es el surgimiento con fuerza de nuevas clases sociales y como tales depredadoras.

Va apareciendo lentamente un fenómeno importante que continúa en nuestros días: la utilización, al servicio de esas clases, del mayor avance científico y técnico que se incorpora a la mentalidad de pretendida superioridad religiosa, cultural o política y que han ido estructurando una utilización para mejorar el sistema depredador en lo inmediato y que da una importancia accesoria e todo lo demás. Los hechos de ese lento e imparable fluir desde el Estado Moderno indican lo insinuado: el arraigo profundo en la mentalidad social que establece, de acuerdo con todo eso, formas de pensamiento, mejoras técnicas, interpretaciones religiosas acordes, formas de manipular el derecho, etc.

El cambio del Estado Moderno, del estado absoluto, coincide con la llegada del capitalismo industrial en los diferentes países. Las necesidades del nuevo capitalismo son mayores, el sistema, dad su naturaleza, es expansivo; la apropiación de continentes enteros, recordada antes, es tan sólo una muestra.

Antes de centrarnos en la verdadera naturaleza del sistema capitalista es interesante recordar que la depredación social ha seguido un proceso acelerado. Sin necesidad de repasar algunos hechos históricos, por lo conocidos que son, debe recordarse que el capitalismo europeo ha producido fenómenos trágicos en extremo: basta recordar el largo período leninista y luego estalinista en la antigua URSS, lleno de atrocidades masivas; las guerras mundiales; los movimientos fascistas; la disparatada locura del nazismo; dictaduras constantes en numerosos países; el rápido aprendizaje de los métodos en países no capitalistas, con consecuencias no menos trágicas y una larguísima relación hasta nuestros días.

En todos esos fenómenos debe tenerse claro que quienes extreman la crueldad son miles de individuos de las respectivas sociedades, anónimos en su mayoría, imprescindibles para esa labor depredadora puesta en práctica con gran satisfacción por esos miles de individuos anónimos. Lo peculiar es que se trata de atrocidades masivas debidas a la mentalidad imperante; si la producción ahora es masiva, en serie, si los avances técnicos la han propiciado, no hay ninguna razón para que esa mentalidad de la masificación, que ya está en la sociedad, no se ponga al servicio de las atrocidades en serie, masivas. No se trata de mayor grado de crueldad, se trata de la crueldad normal en todas las épocas practicada con la mentalidad de los nuevos tiempos, con la de masificar la producción y los fenómenos sociales en general.

 

Se impone en el mundo la superior técnica occidental y domina el mundo al servicio de un sistema expansivo.

Es innegable que en Occidente las condiciones sociales han mejorado notablemente, lo actual dista mucho de los muchos primeros años del capitalismo industrial, pero siendo el sistema el único existente hoy, las mejoras únicamente existen en los países del centro del sistema.

Lo importante de este andar de los hombres, desde que se tiene alguna noticia, es la pervivencia de la mentalidad depredadora que siempre y en todo lugar, sin excepción alguna conocida, ha llevado a aceptar el hobbesiano: el hombre es un lobo para el hombre, como algo consustancial al género humano y jamás las sociedades han hecho nada por evitarlo, es más, hemos visto que ha sido todo lo contrario. En esto también el progreso ha sido notable.

Nuestro sistema económico y social es un sistema basado única y exclusivamente en la depredación humana.

La mentalidad con que se emprendió la nueva etapa, el capitalismo industrial, es la del enriquecimiento por cualquier medio y la depredación es un derecho adquirido y asentado, es decir, ni se discute en la sociedad puesto que es lo natural en nuestro mundo, es un elemento cultural importante. Impregna toda nuestra vida: en la realidad productiva de la que la denominada globalización es uno de entre muchos otros ejemplos; el ocio en numerosas manifestaciones, así, no hay ni una sola actividad deportiva que no tenga en su lenguaje o en su forma de ejercitarse el mensaje depredador, recordemos el masivo fútbol, tanto en el juego en sí como en el lenguaje, el resto es similar; la actuación de los políticos profesionales, sus decisiones muchas veces, sus formas de llegar al poder y la ambición compulsiva por lograrlos, cuando todo poder es enfermedad; casi todos los organismos supranacionales; las grandes empresas y la mentalidad mimetizada por las pequeñas; las formas de funcionar las religiones organizadas, sobre todo las monoteístas, pues no debe olvidarse que siempre están subordinadas a la arbitrariedad de los intérpretes, que tienen sus propios intereses, de la voluntad divina y que además definen al dios correspondiente a su conveniencia; las formas de impartir lo que la gente ha decidido llamar justicia es lo mismo y así en casi todos los elementos e instituciones que configuran nuestra sociedad.

Lo relevante ahora es que las formas se han sofisticado, lo veremos mas adelante, que los grandes depredadores son también las sociedades del centro del sistema como tales, tanto en sus relaciones internas como en sus relaciones como colectividad frente al mundo, la inmensa y mayoritaria periferia.

 

En los siguientes apartados recordaremos la naturaleza del capitalismo de forma muy breve para a continuación ver las transformaciones en la forma de generarse actualmente el capital y posteriormente las consecuencias en nuestra sociedad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] D. North. Instituciones, cambio institucional y desempeño económico. F C E. México.1.993. (p. 139).

[2] Corresponde a una carta enviada por G. Budé a Thomas Lupset en 1.517 en la que hace una serie de reflexiones a propósito de la "Utopía" de T. Moro poco antes de su edición definitiva realizada un año después.

T. Moro. Utopía. Documentos introductorios. Alianza Ed. Madrid. 2.000. (pp. 46-48).

[3] Véase la clásica obra de M. Weber: La ética protestante y el espíritu del capitalismo. La edición consultada es la de Alianza. Madrid. 2.001.

[4] G. Lipovetsky. La era del vacío. Ed. Anagrama. Barcelona 1.998.

[5] E. Levinas. Dios, la muerte y el tiempo. Altaya. Madrid. 1.999 (pp. 218 y 220).

[6] J. Derrida. Dar la muerte. Paidós. Barcelona. 2.000. (p. 42).

[7] J. L. Nancy. "La comunidad desobrada". Arena Libros. Madrid. 2.001. (p. 13)

[8] E. Gellner. Antropología y política. Altaya. Barcelona. 1.999. (p. 182)

[9] T. Veblen. Teoría de la clase ociosa. Ed. Orbis. Barcelona. 1.988. Toda la obra muestra estos aspectos.

[10] T. Veblen. Teoría de la clase ociosa. ... (p. 19).

[11] Homero. La Ilíada. Ed. Gredos. Madrid. 2.000. (pp. 1 y 2).

[12] Anónimo. Bhagavad-Gita. Edaf. Madrid. 1.981. (p. 54).

[13] El Corán. Planeta. Barcelona. 2.000. (p. 72).

[14] Véanse, por ejemplo obras de Freud como Tótem y  tabú, O de M. Eliade como El mito del eterno retorno entre otras muchas.

[15] Algunas de las cosas citadas las explica T. Veblen en su Teoría de la clase ociosa.

[16] Platón. Apología de Sócrates. Planeta de Agostini. Barcelona. 1.995.

[17] Plutarco. Alejandro y César (Vidas paralelas) Biblioteca Básica Salvat. Barcelona. 1.982. (p. 38).

[18] Varios autores. Oriente y Grecia antigua. Historia general de las civilizaciones. Ed. Destino. Barcelona. 1.979. (p. 338).

[19] Maquiavelo. El príncipe. Edaf. Madrid. 1.971. (pp. 28 y ss).

[20] Aristóteles. Política. Ed. Gredos. Madrid. 2.000. (pp. 14 y ss.).

[21] A. Domínguez Ortiz. Historia de España Alfaguara III. El Antiguo Régimen: Los Reyes Católicos y los Austrias. Alfaguara Ed. Madrid. 1.976. (pp. 178-179).

[22] Suetonio. Los doce cesares. Sarpe. Madrid. 1.985. (p. 49).

[23] Plutarco. Vidas paralelas. (p. 127).

[24] Suetonio. LOS DOCE... (p. 62).

[25] J. Stuartt Mill. Sobre la libertad. Alianza Ed. Madrid. 1.984. (pp. 87-88).

[26] San Agustín. La ciudad de Dios. Ediciones Alma Mater. Barcelona. 1.953. (pp. 17-18).

[27] Diario El Mundo. Madrid. 17-3-2.003. Firma la noticia Ramy Wurgaft. Corresponsal en Latinoamérica.

[28] J. M. Salarach. La Corona de Aragón: plenitud y crisis. Historia 16. nº 12. Madrid. 1.995. (p. 33).

[29] J. M. Salarach. La Corona de Aragón: plenitud... (p. 38).

[30] J. M. Salarach. La Corona de ... 8p. 49).

[31] J. M. Salarach. La Corona de... (p. 56).

[32] M. Zaborov. Historia de las cruzadas. Sarpe. Madrid. 1.985. (pp. 195 y ss.).

[33] Reportaje aparecido en el diario El Mundo, en el suplemento Crónica, el día 11 de noviembre de 2.001, al comentar datos de "El libro negro de las firmas de marca", sus autores los periodistas austríacos K. Werner y H. Weiss.

[34] C. Penella. Isabel la Católica. Ed. Urbión. Madrid. 1.983. (p. 11).

[35] Maquiavelo. El príncipe.   (p. 123).

[36] G. Brenan. San Juan de la Cruz. Plaza y Janés. Barcelona. 2.000. (p. 15).

[37] G. Brenan. San Juan de la Cruz.   (p. 44).

[38] L. Stone. La Revolución Inglesa. En: Revoluciones y rebeliones de la Europa moderna. Alianza. Madrid. 1.984. (p. 80).

[39] B. Bennasar. La América española y la América portuguesa (siglos XVI-XVIII). Sarpe. Madrid. 1.986. (p. 24).

[40] B. Bennasar. La América española... (p. 34)

[41] H. Kamen. Una sociedad conflictiva: España, 1.464-1.714. Altaya. Madrid. 1.996. (p. 101).

[42] B. Bennasar. La América española... (p. 68).

[43] B. Bennasar. La América española... (p. 182).

[44] B. Crocce. Historia de Europa en el siglo XIX. Altaya. Barcelona. 2.000. Se considera lo señalado como causa impulsora de los nuevos países.

[45] R. Mousnier y E. Labrouse. Historia general de las civilizaciones. El siglo XVIII. Revolución intelectual, técnica y política (1.715-1.815). Ed. Destino. Barcelona. 1.981. (p. 485).

[46] W. J. Mommsen. La época del imperialismo. Europa 1.885-1.918.Siglo XXI de España editores. S. A. Madrid. 1.987. (p. 138).

[47] J. Habermas. Teoría y praxis. Altaya. Barcelona. 1.999. (p. 74).