Del consumismo y otras cuestiones

Santiago Ubieto

 

El consumismo como fenómeno social actual evidencia, de alguna manera, aspectos de nuestra sociedad, movimientos profundos de la misma. Es discutible que en sí el consumismo sea dañino o beneficioso, la valoración depende de la idea, del concepto que se tenga del hombre, de cómo el hombre se vive a sí mismo y, en ello, de la conciencia social viva que origine el vivirse de una forma o de otra.

 

Diversos pensadores, como Lyotard, afirman que no hay soluciones colectivas salvadoras para la sociedad, no está claro. El consumismo actual, masificado desde hace tiempo, posiblemente lo sea.

 

Las distintas soluciones colectivas salvadoras de los últimos siglos han tenido consecuencias masivamente trágicas. Basta recordar los fascismos, entre los que el nazionalsocialismo alemán fue especialmente disparatado y abyecto; el leninismo-estalinismo con su desmesura en el asesinato y la represión; las dictaduras de distinto signo que siempre existen en algún lugar; los nacionalismos trágicos y crueles, etc. Estas soluciones colectivas salvadoras siempre se han sustentado en el terror y en atrocidades cometidas sobre millones de hombres.

 

Nuestra actual solución colectiva salvadora, el consumismo compulsivo, no se diferencia en crueldad de las otras y, como en esos casos, la población beneficiada por las soluciones colectivas ignora las atrocidades por ella cometidas para mantener la dinámica establecida, cierra los ojos o mira hacia otro lado. No nos diferenciamos en nada de lo anterior. Hemos construido un inmenso gulag mundial desde nuestro capitalismo, sistema único en la mundialización actual, que nosotros deliberadamente ignoramos y del que en lo material nos beneficiamos. Nuestro consumismo masivo fortalece el sistema y nos otorga abundancia de mercancías. Es nuestro paraíso.

 

Las explicaciones que pueden darse de lo que subyace en el consumismo son diversas, pero siempre se encuentra un comportamiento ajeno a la naturaleza limpia y clara del hombre, así, está la injusticia del sistema, la enfermedad de poder individual o colectivo, la angustia dulce e inconsciente que lleva a la huída, la fiesta permanente que en algunas formas muestra un canibalismo refinado, lo veamos o no, y el hombre vuelve al primitivismo de las sociedades, quizá porque nunca lo hemos abandonado y ahora surge bajo formas distintas en lo aparente, el consumismo que nos paraliza en el camino ascendente de la vida y degrada al hombre como tal.

 

La dinámica social impuesta en la actualidad no se sabe qué dirección lleva. La percepción que el hombre tiene de sí mismo es estrecha, autolimitada, mecánica, casi de máquina con sentimientos confusos. Este ocultarse el hombre sus “potencialidades divinas” supone confusión, cierto caos, una autorrepresión que por algún lado saldrá.

 

Nuestra sociedad cambia a gran velocidad, como lo hacen los avances técnicos y, a su vez, los impresionantes avances condicionan el cambio, pero en el mismo no se vislumbra la dirección que toma la sociedad. La complejidad de nuestro mundo actual no somos capaces de comprenderla en toda su dimensión, esto es así porque no nos conocemos ni nos entendemos a nosotros mismos en lo profundo.

 

Si repasamos los problemas, las insatisfacciones sociales y las soluciones ofrecidas vemos que lo único que hacemos es huir sin rumbo y agrandar los problemas, rara vez resolverlos en sus causas reales y profundas. Muchos de los problemas están larvados y son difíciles de ver.

 

Si en otras épocas los cambios sociales eran lentos, en la actual son muy rápidos, tanto como los cambios técnicos que tanta influencia tienen. Los cambios sociales, con el consumismo como trasfondo y con el capital como poder máximo, suponen cambios morales, así suele expresarse, pero más que cambios morales lo que hay es una diferente consideración del hombre según los distintos momentos y sociedades.

 

La forma de entender y del vivir social del hombre como simple mercancía nos condiciona definitivamente. Si el origen del capitalismo está, en sus aspectos formal y material, en las mercancías y alrededor del sistema se establece la organización social, condicionada por el modo de producción, el resultado es lo que tenemos: hombres-mercancía y hombres engullidores de mercancías, es decir, de vidas de otros.

 

La organización social se ha establecido para producir y para consumir, las demás potencialidades humanas apenas importan ni se tienen presentes en la vida de los individuos y en la vida social, y, cuando alguna de ellas se tiene en cuenta es para convertir sus manifestaciones en distintas clases de mercancías: culturales, seudorreligiosas, de ocio,…

 

La organización impone su dinámica, en ella la de la masa. Freud en su “Psicología de las masas” dice: “La multitud es impulsiva, versátil e irritable y se deja guiar exclusivamente por lo inconsciente”; es influenciable y crédula, sólo reacciona a estímulos intensos, no se influye en ella por la lógica. Su mentalidad es otra al desaparecer todas las inhibiciones individuales. La razón no influye, pero sí el poder mágico de las palabras, el tabú de los nombres primitivos. Las masas no buscan la verdad, piden ilusiones, prefieren lo irreal. La multitud es como un rebaño en busca de amo, de jefe cuya cualidad es el prestigio. Los lazos afectivos que establece la masa son de identificación con algo o con alguien. Al darse una regresión aparece el instinto gregario, el individuo se siente incompleto al estar solo. El resumen de la psicología de las masas es en Freud: La desaparición de la individualidad consciente, la orientación de los pensamientos y los sentimientos en un mismo sentido, el predominio de la afectividad y de la vida psíquica inconsciente, la tendencia a la realización inmediata de las intenciones que puedan surgir”. Esta psicología es una  “regresión a una actividad anímica primitiva” similar a la horda prehistórica, se resucita esto en la masa, es la psicología humana más antigua.  Hay también algo de hipnosis, ésta es el poder que despoja al individuo de su voluntad, además de hipnosis también hay sugestión. El individuo se halla ligado a varias masas: raza, confesión religiosa, estado, etc.

 

La fascinación que las mercancías ejercen está asociada a la fiesta, ésta tiene que ver con el rito. La fiesta es de gente, de mucha gente. Con los medios de difusión la masa social es única, la fiesta es de la masa global. Sigo con Freud: “en cualesquiera que sean los individuos que la componen y por diversos o semejantes que puedan ser su género de vida, sus ocupaciones, su carácter o su inteligencia, el sólo hecho de hallarse transformados en una multitud les dota de una especie da alma colectiva. Esta alma les hace sentir y obrar de una manera por completo distinta de cómo sentiría, pensaría y obraría cada uno de ellos aisladamente”

 

En la atomización de la sociedad postmoderna, lo que supone un vehículo real de comunicación casi universal son las mercancías que tiene la virtud de trascender fronteras, localismos, idiomas,… es la virtud de la “superpatria” común a todos, las marcas hegemónicas a nivel mundial..

La organización social de la masa se impone frente al individuo desde su ser consciente.

 

 El individuo, el hombre tiene capacidad para ser, para razonar, para amar, para ser justo, para vivir en libertad, para imaginar, para generar,… sin embargo socialmente se impone lo contrario.

 

El discurso racional, si es que existe hoy, no tiene fuerza en la sociedad, el discurso desde el verdadero amor ni se concibe. Los mecanismos sociales ya se sabe a qué conducen. La coherencia individual es difícil, la social ni se piensa.

La crítica, en este caso, no creo que sea infundada, basta observar, ver, percibir desde otra concepción y percepción del hombre para entender el disparate social.

 

Desde hace algún tiempo van apareciendo síntomas y realidades de mayor ruptura social, lo que explican y describen algunos pensadores va en esa dirección, son hechos inducidos, en parte, y , aunque minoritarios se imponen muchas veces. Corrientes de opinión sin bases explicitadas, sin criterios, encorsetamientos sociales,…

 

Nuestra Europa refleja todo eso: distanciamiento claro entre los profesionales del poder político y sus votantes en las actuales democracias meramente formales, confusión ante el fenómeno, cada vez más masivo, de la inmigración, dogmatismos impuestos por medio de las corrientes de opinión, falta de futuro claro ante no encontrar respuestas inmediatas ni saber buscarlas, derechos abundantes que nos aíslan frente a los distintos, ideología desideologizada, degradación de la propia vida en la concepción y en la manipulación de la misma sin saber a dónde nos lleva o en lo que hacemos con las vidas de millones de hombres de la periferia, hedonismo que nos hace fácilmente vulnerables desde lo espiritual, realmente desde lo no espiritual,…

Observemos y veremos hacia dónde nos dirigimos. No sabemos qué hacer con nuestras vidas porque no lo queremos ver, ni oír, ni dejar que la vida nos guíe en su evolución ascendente hacia la libertad, no queremos ver su luz; creo que San Juan dice al principio de su Evangelio que “la vida era la luz de los hombres”.

 

La pregunta puede ser: ¿Cuáles son las aspiraciones profundas del hombre actual?