SOBRE EL CHOQUE DE CULTURAS

                            Santiago Ubieto

 

La monarquía del Antiguo Régimen, la que acaba con la Revolución Francesa, era de derecho divino; en ocasiones podía ser benevolente, pero su principio fundamental daba pié a arbitrariedades. El rey es delegado de Dios.

En el proceso de Luis XVI, la acusación y posterior ejecución del rey no va contra Luis como hombre, sino como usurpador de la soberanía, que reside en la Asamblea dado su origen, que está en el pueblo.

Se desacraliza el poder y se le entrega al pueblo. La frase del Saint-Just acusador es contundente, de acuerdo con éstos principios: "Nadie puede reinar inocentemente".

Todavía transcurrió algo más de un siglo hasta que desaparecieron casi todos los absolutismos de Europa.

En éste momento en que afloran problemas entre el mundo islámico y el mundo occidental, sin poder entrar aquí en otros muchos puntos origen del conflicto y que son de enorme importancia, quizá podamos entenderlo mejor si consideramos lo dicho antes.

Veamos esto. Da igual que unos gobernantes sean descendientes del Profeta (como nuestro vecino del Sur), que sean clérigos en el poder o que sean "constituciones islámicas" las que rigen algunos gobiernos, lo que en todos los casos se atribuyen es ser intérpretes de la voluntad divina, porque eso, según ellos, les otorga legitimidad. La soberanía no reside en el pueblo. La ley emana de la divinidad, forma parte del mandato divino y quien es su intérprete o su delegado tiene capacidad para actuar de forma arbitraria con total impunidad.

Los que niegan el choque de culturas, porque es correcto políticamente, olvidan que equiparan democracia y arbitrariedad, equiparan la responsabilidad del gobernante ante el pueblo, auténtico dueño de la soberanía, con la responsabilidad ante un dios interpretado arbitrariamente por sus delegados, también nombrados de forma arbitraria.

Suele suceder en éstos casos que los intérpretes y burócratas religiosos o funcionarios del dios, suelen fabricar un dios a su medida, que imponen, y con ello la forma de satisfacer las necesidades religiosas de los individuos, conjugándolas con las pequeñas ambiciones de poder del hombre-sacerdote y la utilización en beneficio propio del gobernante, no olvidemos que es delegado directo del dios, que les da cobijo, aliento y capacidad de influencia.

El entendimiento entre esas dos formas de vivir es difícil cuando no imposible.

Si surgen y se fomentan fácilmente odios contra el Gran Satán (así lo llaman), que por otra parte tampoco es maravilloso, puede ser por la comparación, por la impotencia ante la desigualdad en el reparto de la riqueza, de los bienes, que ya en sí mismos significan mucho para todos como nos explicó hace 100 años Max Weber: "los bienes de éste mundo lograron un poder creciente sobre los hombres y al final, un poder irresistible, como no había sucedido nunca antes en la historia", y que además en ése Gran Satán y asociados sucede según el mismo Weber lo de: "hombre especialista sin espíritu y hombre hedonista sin corazón, ésta nada se imagina haber ascendido a un nivel de humanidad nunca alcanzado antes".

Es seguro que existen bastantes más causas generadoras de odio.

No es que nuestra civilización occidental sea maravillosa, existen problemas tanto internos como en las relaciones con los otros mundos, problemas graves que aquí no pueden abordarse, pero nuestro mundo ha evolucionado de manera que nos ha permitido ser más libres y recoger frutos de ésa libertad. En algún momento y en algún lugar, con lucidez, con sufrimiento, se empezó a devolver la soberanía a sus dueños legítimos, al pueblo; ha habido avances, retrocesos, sufrimiento una vez más, pero nuestro mundo ofrece la libertad que hay que ganar cada día y que depende de sus individuos. En partes de otras civilizaciones siguen dependiendo de la arbitrariedad de los intérpretes de la voluntad divina y de la de sus depositarios y representantes.

Si alguna vez los individuos recuperan su soberanía, es posible que podamos comprendernos mejor. Pero éste logro, en los lugares en que se ha producido hasta ahora, ha sido el resultado de un proceso lento, de siglos incluso y no puede imponerse desde fuera, debe ser asumido de una u otra forma por las sociedades que deseen cambiar si creen que es mejor. En Occidente ése proceso fue lento, surgió desde dentro, pero se habían producido avances. La filosofía, que inventaron los griegos, tiene más de 2.000 años; una no sé si religión, que habla de amor y de justicia, el cristianismo, convertida luego sí en religión y degenerada con el tiempo, permitió, según M. Eliade, por primera vez empezar a hacer a cada individuo responsable de sus propios actos, sin intérpretes (como es natural, enseguida el oportunismo de todos los hizo aparecer), se dio el Renacimiento, la Reforma, la Ilustración, etc.

Esto no significa que una cultura o civilización sea superior a otra, no sé quiénes son más felices, significa que somos diferentes y que a pesar del contacto que ha habido en muchos momentos a lo largo de los siglos, las dos culturas hemos sido bastante impermeables, hemos aprendido y tomado algunas cosas unos de otros, pero no creo que hayamos abierto nuestros corazones, no nos hemos sabido conocer verdaderamente, y como hombres de un mismo mundo, que respiramos el mismo aire, seguimos separados y cada uno con nuestros valores que creemos superiores a los del otro.