EL AMOR O LA RAZÓN TOTAL

 

                                      Santiago Ubieto

 

 

La mayor altura en el razonamiento humano se alcanza cuando la razón es el amor.

 

Dado lo que es el amor, la razón en él, si es que puede expresarse así, es total y está enraizada en la vida. Es la razón viva.

 

En la sociedad actual, en la nuestra, cuando se habla de racionalidad o de razón, se sobrentiende que la misma impera en la sociedad y nos acerca al conocimiento que afirmamos tener. Asimismo se supone que la actuación de la sociedad es racional y, por lo mismo, la gente, cada individuo actúa racionalmente. Sin embargo, no está muy claro qué sentido tiene para nosotros la racionalidad. Nos dicen que en nuestra sociedad domina la razón y lo creemos sin la menor duda.

El no dudar social de nuestra actual racionalidad es una muestra inequívoca de nuestro dogmatismo.

Los pensadores que observan y tratan de entender y explicar la sociedad actual plantean algo más. Una de las características de la llamada, por algunos, sociedad postmoderna es su contraposición a la anterior, a la época moderna. A ésta se le atribuye un pensamiento y una actuación dominantes, si no de mayor racionalidad, sí de una racionalidad determinada entre cuyos resultados se encuentran: el desarrollo científico y técnico y que esas sociedades, en conjunto, se han dado cauces para poder alcanzar mayores cuotas de libertad social y cierto desarrollo de las democracias que son, en general, meramente formales.

No obstante, la historia reciente, la de la modernidad, también muestra los más altos grados de brutalidad, injusticia, disparates y atrocidades masivas jamás cometidos por las sociedades racionales y que hoy, en su sobrentendida racionalidad, ésta se aplica a mayores y más masivas atrocidades que, dada nuestra racionalidad, nosotros deliberadamente ignoramos y decidimos, de acuerdo con esta nuestra racionalidad, que no existen. Así se manifiesta, en parte, nuestra racionalidad social.

La ignorancia de nuestros disparates es deliberada y colectiva porque la razón social impone unos valores determinados que son asumidos sin cuestionamiento por la mayoría de los individuos y diluye la responsabilidad individual en la colectiva, esto sucede en la sociedad de derechos sin contrapartida.

Ya la adjetivación de disparates a algunos de nuestros actos supone otra racionalidad diferente, pero también racionalidad.

Esta forma de racionalidad no es más que el resultado de nuestra historia que, con frecuencia, nuestra sociedad ignora y tergiversa y, en esa historia, también está nuestro momento acelerado de cambios y de confusión.

Frente a esta razón social, que a la luz de un razonamiento abstracto, libre y universal se ve cambiante y, por lo mismo, insegura e incierta, cuyo fundamento es una concepción y una manera de vivir el hombre y de vivirse el hombre autolimitada, cabe oponer otra forma de vivirse el mismo hombre a partir de sus potencialidades reales si autolimitaciones. Entre estas potencialidades está el amor.

 

Para intentar explicar lo que planteo de forma lógica y ordenada, tal vez sea útil recordar algo acerca de lo que suele entenderse por razón, para luego reflexionar, es decir, razonar sobre el amor.

 

 

Acerca de la razón.

El hombre suele ser definido como un ser racional, así lo expresa el diccionario; para algunos es ángel y bestia; una chispa de Zeus según Epícteto; hijo de la tierra y del cielo estrellado para los antiguos órficos; creado a imagen de Dios según la Biblia, y unas cuantas cosas más. El hombre, dotado de “potencialidades divinas”[1], en palabras de B. Russell, es mucho más que un ser meramente racional.

 

Por lo general se adjetivan de racionales muchas actuaciones humanas, sociales e individuales, de la clase que sean, o de irracionales cuando, en ocasiones, no estamos de acuerdo.

La razón se nos muestra, frecuentemente, muy condicionada y subjetiva, pero solemos apelar a ella para reforzar nuestras “razones”, dando por sentado que la razón, la nuestra, es objetiva y, por consiguiente, nos dota de autoridad. Las otras “razones” no son racionales.

La razón es difusa, Whitehead dice que: “este reino de la Razón es vacilante, impreciso y oscuro. Pero está ahí”[2]

 

Una primera aproximación puede, a partir de lo que dice el diccionario, servir para empezar a hablar acerca de la razón, para tener, si es posible tal cosa, más claro qué es. El diccionario de la RAE dice de la razón que es la “facultad de discurrir”, también el “acto de discurrir el entendimiento”; por discurrir se entiende: “reflexionar, pensar, hablar acerca de una cosa, aplicar la inteligencia” y el entendimiento es la “potencia del alma, en virtud de la cual concibe las cosas, las compara, las juzga e induce y deduce otras de las que ya conoce”; la inteligencia no es más que “la capacidad de entender o comprender” y entender: “tener idea clara de las cosas, comprenderlas” y también: “saber con perfección una cosa” o “conocer, penetrar”.

En resumen, la razón es una facultad del hombre, de cada hombre, para comprender las cosas, por lo tanto, al ser una facultad individual, en principio, se puede considerar como algo subjetivo.

 

Platón dice que “el razonamiento es el diálogo del alma consigo misma, que el pensamiento es el resultado del razonamiento”[3], por lo que la razón está en cada individuo de manera independiente. En esto, así expresado por Platón, las reminiscencias del socrático “conócete a ti mismo” son claras.

Este diálogo, este conocerse permite, desde la razón y desde el ser del hombre, descubrir, conocer, aceptar, entender facultades, potencialidades,... del hombre que, con frecuencia, o son consideradas ajenas o irracionales, por desconocimiento profundo, o convertidas, reducidas y rebajadas a valores morales, y por lo tanto, cambiantes como las sociedades en sus diferentes momentos, por ello pretenden vaciar al hombre de parte de su esencia, no porque no esté en él, sino por ignorancia o por rechazo desde las corrientes de opinión dominantes a partir de intereses sociales turbios o inconsistentes.

Al mismo tiempo tenemos una idea difusa de que existe alguna clase de razón única que garantiza la corrección y la verdad, incluso algunos piensan que es el origen del conocimiento.

Si la razón es una facultad individual, de cada hombre, de cada uno de nosotros, en ocasiones hacemos dejación de ella y aceptamos una especie de razón superior práctica no cuestionada ni razonada, es la razón social, la razón de Estado,... que aceptamos y sumisamente acatamos sus consecuencias.

Seguramente existe una razón universal, pero es algo distinto que puede llevarnos a lugares y actuaciones, cuando el hombre vive en libertad, insospechados.

La razón universal es difícil que impere, así, Rousseau, al hablar de la justicia y de la razón dice: “lo que es bueno y conforme al orden, lo es por la naturaleza de las cosas e independientemente de las convenciones humanas. Toda justicia procede de Dios, Él es su única fuente... sin duda existe una justicia universal emanada de la sola razón, pero ésta, para ser admitida entre nosotros debe ser recíproca”[4], previamente recuerda que “el hombre ha nacido libre, y sin embargo, vive en todas partes encadenado”.

En este sentido la idea de razón se amplía, así, Hegel habla de “el principio de que “la naturaleza del hombre requiere la libertad y de que la libertad es una forma de razón”, y que no es una verdad impuesta al hombre por una teoría filosófica arbitraria, sino que, como puede demostrarse, la meta inherente al hombre, su realidad misma. La demostración de esto no la proporciona un proceso de conocimiento externo, sino la historia del hombre... la libertad... la adquiere cuando conoce efectivamente sus verdaderas potencialidades”[5].

Lo mismo, formas de razón, puede extenderse a todo lo que constituye la esencia del hombre.

Tal vez lo que hace más de dos siglos decía Cudworth pueda explicar cierto ideal de la razón, dice que la mente tiene un “poder de cognición innato” despertado por los sentidos, las cosas nos son conocidas “por las ideas inteligibles emitidas por el entendimiento, esto es, por algo natural y propio de este” y entonces el conocimiento llega “... activamente a comprender una cosa mediante los razonamientos de una razón abstracta, libre y universal”[6].

Aunque en estas páginas no se trata de reflexionar sobre el conocimiento, sí es relevante entender que una razón abstracta, libre y universal es la que puede permitir entender sin condicionamientos.

 

Los filósofos han hablado con frecuencia de la razón, pero el resultado de sus reflexiones es diverso, depende de los diferentes puntos de vista y de dónde se parte.

Para explicar cómo hacemos funcionar la razón, Whitehead dice que “la función de la razón es fomentar el arte de la vida”, más adelante: “el arte de la vida consiste, primero, en estar vivo; segundo, en estar vivo de manera satisfactoria; tercero, en lograr un incremento de la satisfacción”[7]

Diferencia entre lo que llama la Razón de Platón y la Razón de Ulises, “el uno comparte la Razón con los dioses, el otro la comparte con los zorros”, luego explica que la función primaria de la razón “estriba en establecer, resaltar y someter a juicio crítico las causas finales y la fuerza de los objetivos dirigidos hacia ella”.

La Razón de Ulises “es considerada como un agente pragmático” y “la historia de la Razón práctica debe ser rastreada en el mundo animal”[8].

La Razón de Platón busca una comprensión del mundo, es la razón especulativa, su función “consiste en penetrar en las razones generales, más allá de las razones limitadas, para entender todos los métodos como coordinados en una naturaleza de las cosas que únicamente será captada trascendiendo todo método”[9].

También añade que la razón “es la disciplina de la sagacidad”

Al final, lo que destaca es que “al considerar la culminación de la especulación griega en Platón y Aristóteles, las características que destacan definitivamente son la universalidad de sus intereses, la exactitud sistemática a la que han aspirado y la generalidad de sus pensamientos”[10].

Vuelve a aparecer la anterior idea de una razón abstracta, libre y universal.

Lo que se refleja en esto es la contraposición entre lo que predomina en nuestra sociedad, la Razón de Ulises, y lo que puede suponer una posible razón universal.

 

Para Kant una razón universal debería partir de conocimientos puros a priori, que son independientes absolutamente de toda experiencia. Para él, la razón es la facultad que proporciona los principios de conocimiento a priori[11]. Asimismo sostiene que la razón social es práctica y señala que al encerrar motivaciones, se refiere a sentimientos, éstos pertenecen a las fuentes empíricas del conocimiento.

Al hablar de conocimiento puro y de razón pura, el primero es a priori y la segunda es una facultad, sería un instrumento, puede encontrarse una razón universal, pero choca con la razón social de cada momento.

 

Por su parte Descartes, unos cuantos años antes que Kant, hace algunas consideraciones acerca de la razón, así: “Pues no basta con tener la mente bien dispuesta, sino que lo principal es aplicarla bien”, a continuación dice que la razón es igual en todos los hombres y que la diversidad de nuestras opiniones procede de conducir nuestros pensamientos por diversas vías y no consideramos las mismas cosas. Más adelante dice: “juzgué que podía tomar como regla general que las cosas que concebimos muy clara y distintamente son todas verdaderas, y que solamente hay una dificultad en advertir cuáles son las que en realidad concebimos distintamente”.[12] Lo que indica que en aquello que vemos o creemos ver con claridad puede haber condicionamientos desconocidos u ocultos a nosotros mismos y enturbian la claridad. En realidad es otra forma de buscar algún modo de razonamiento puro.

Si Descartes piensa que la razón es igual en todos los hombres, los filósofos suelen coincidir en que la esencia de todos los hombres es la misma. Esto, que puede aceptarse sin necesidad de repasar cómo se llega a esta conclusión, debe tenerse presente para luego ver con más claridad lo que intento explicar.

Descartes da importancia a la intuición y a la deducción. La intuición es “el concepto que la inteligencia pura y atenta forma con tanta facilidad y distinción que no queda absolutamente ninguna duda sobre lo que comprendemos”, o lo que es similar: “el concepto que forma la inteligencia pura y atenta, sin posible duda, concepto que nace de sólo la luz de la razón” y cuya certeza es mayor, a causa de su mayor simplicidad, que de la misma deducción.

La deducción la entiende como un modo de conocimiento “por la cual entendemos toda conclusión necesaria derivada de otras cosas conocidas con certeza”, más adelante señala que “la deducción no requiere como la intuición una evidencia actual, sino que ella toma más bien de alguna manera su certeza de la memoria”[13].

Según Descartes, los primeros principios son conocidos por intuición y sus conclusiones alejadas por deducción.

 

Ha aparecido la idea de pureza, de puro, en lo referente a la búsqueda de una razón universal. Aclaro que puro significa: “libre y exento de toda mezcla de otra cosa” y también: “que no incluye ninguna condición, excepción o restricción ni plazo”, así lo define el diccionario de la RAE. Puesto que más adelante, al hablar del sentimiento, volverá a aparecer la idea de puro, y posteriormente relacionado con lo que en estas páginas se sostiene que es el amor, debe recordarse el significado que se le da.

 

Por su parte Spinoza, en su Tratado breve, entiende, partiendo de que el alma es un modo y no una sustancia limitada, que lo es del pensamiento sustancial, que considera infinitamente perfecto en su género y dice que es un atributo de Dios. El pensamiento sustancial posee un conocimiento, una idea de cuantas cosas existen. Los conceptos los obtenemos, sigue Spinoza, por opinión, por fe verdadera o por conocimiento claro y distinto, es decir, por comprensión clara y verdadera; ésta última forma de conocimiento supera a las demás y se adquiere, no mediante convicciones de la razón, sino mediante un sentimiento y un gozo de la cosa misma, pues este modo de conocimiento no procede de la deducción sino de la manifestación del objeto mismo al entendimiento. Si el objeto es excelente y bueno, el alma se unirá necesariamente con él, por esto el conocimiento produce amor.

 

Hay, pues, diferencias entre razón y conocimiento, éste no procede de cualquier forma de razón, el conocimiento nos llega del acceso al mundo, que podría llamarse, suprasensible; en cierta forma, el platónico mundo de las ideas, y en el uso que el hombre hace de su razón, ésta le permite explicar de alguna manera aquello que conoce, ya que la razón es una facultad que permite discurrir, entender y asentar y llegar a lo conocido si la razón es pura, si el razonamiento es abstracto, libre y universal.

La razón no se da en abstracto sobre nada, se razona sobre algo que, como más adelante se verá, mueve el alma, ya sea ese algo externo o interno, aunque en este último caso se verá que lo interno no es autónomo.

La razón es, lo mismo que las distintas facultades del hombre, para algo, tiene un propósito que no se agota en la misma razón, sino que está al servicio del hombre para que alcance su verdadero fin.

 

Antes de acabar con esta muy breve introducción que puede permitir una aproximación a lo que se pretende decir al hablar de razón, puede ser de utilidad aclarar algunas actitudes que se dan en nuestra sociedad y que tienen relación con cómo empleamos nuestra razón. Para esto me baso, sobre todo, en Hessen , en su Teoría del conocimiento, en la que revisa diversos conceptos y tendencias que van desde el racionalismo hasta el empirismo pasando por otras que pueden considerarse intermedias.

Dice Hessen que “la intuición tiene en la esfera práctica una significación autónoma. Como seres que sentimos y queremos, la intuición es para nosotros el verdadero órgano de conocimiento” y es una vivencia inmediata de la realidad en cuestión, no es un conocimiento racional.

El error del pragmatismo está en su concepción, sigue Hessen, el pragmatismo parte de que “el hombre no es en primer término un ser teórico o pensante, sino un ser práctico, un ser de voluntad y acción”, su error consiste en pasar por alto la autonomía del pensamiento y hacer de él una mera función de la vida.

“El conocimiento consiste en una aprehensión espiritual del objeto” y dice que los valores éticos, estéticos y religiosos no se crean, sino que ya están previamente a todo; al individuo sólo le cabe captarlos[14].

Además dice que la reflexión permite conocer y aclarar lo que hay, así: “la filosofía se presenta, según esto, en Sócrates y todavía más en Platón, como una autorreflexión del espíritu sobre sus supremos valores teóricos y prácticos, sobre los valores de lo verdadero, lo bueno y lo bello”[15].

Hessen recuerda que la lógica investiga los principios formales del conocimiento, esto es, las formas y leyes más generales del pensamiento humano. La teoría del conocimiento se pregunta por la verdad del pensamiento, la lógica lo hace por su corrección formal.

La razón, dice, es la fuente del conocimiento espiritual y la experiencia lo es del conocimiento sensible. No está claro del todo, pues la razón es una facultad, un instrumento, puede decirse así de momento, que conduce a... y eso es a partir de...

Puesto que la razón humana, sigue Hessen, está en los hombres, éstos la usan de diversas formas, así puede aparecer el dogmatismo, que parte de una confianza en la razón humana todavía no debilitada por ninguna duda, los objetos nos son dados directamente en su corporeidad, prescindiendo de la función del pensamiento. Surgen diferentes formas de dogmatismo: teórico, ético y religioso; los dos primeros se refieren a los valores y el último al conocimiento moral.

También llama la atención sobre el dogmatismo y la razón porque, frente a lo que solemos creer, el dogmatismo está muy asentado en la sociedad y lo que hacemos es limitar la razón y, por lo mismo, a nosotros.

Recuerda, asimismo, que el escepticismo supone que el sujeto no puede aprehender el objeto, el que sea, y se abstiene de juzgar al no ver el objeto, tan sólo se fija en el sujeto, es decir, en el individuo mismo.

El subjetivismo, por su parte, limita la validez de la verdad al sujeto que conoce y juzga.

El pragmatismo tiene un nuevo concepto de la verdad, verdadero significa útil, valioso, fomentador de la vida. La verdad está en la concordancia de los pensamientos con los fines prácticos del hombre.

Estas distintas formas de razonar se dan, en parte, en nuestra sociedad.

Entiende Hessen que hay ciertos valores morales que sólo pueden conocerse intuitivamente. Acaba diciendo que “la autofundamentación no reposa en la evidencia, sino en el carácter de supuestos necesarios de todo pensamiento y conocimiento que tienen esas leyes”, las supremas del pensamiento que tienen que fundarse a sí mismas.

Para Platón existe el Mundo de las Ideas, las ideas son realidades objetivas y en el mundo suprasensible descubrimos los objetos de nuestra intuición. Para San Agustín ese mundo es Dios. El razonamiento es, entonces, lo dicho antes: “el diálogo del alma consigo misma”.

 

Es importante no confundir la razón con el conocimiento. La razón es simplemente la facultad que tiene todo hombre de discurrir, de reflexionar, de pensar, de comprender, de aplicar la inteligencia a... No es fuente de conocimiento, dada su naturaleza, pero es uno de los vehículos que nos permite comprenderlo.

El problema de la razón, de las razones, no es la razón misma, sino que, como dice Descartes, no todos consideramos las mismas cosas al razonar.

La razón nos permite reflexionar, pensar... a partir de algo, sea claro o difuso, con independencia de cómo consideremos que accedemos al conocimiento. La razón, como diálogo del alma consigo misma, es sobre algo y nos conduce a lograr claridad y tras ello a actuar de una forma u otra.

En este sentido, la razón abarca todo el mundo del hombre.

Si se acepta, como dice Descartes, que la razón es igual en todos los hombres, o, como dicen los filósofos, que la esencia de todos los hombres es la misma, los resultados últimos del razonamiento también deberán ser los mismos y el acuerdo debería ser el resultado de razonar, pero no sólo de esto, como luego se verá. Posiblemente esto se logra si el razonamiento es abstracto, libre y universal.

La razón no puede separarse del resto de las potencialidades del hombre, pues éste es un todo a partir de cuanto lleva en él.

 

El hombre se siente impulsado a dialogar consigo mismo, a razonar, en tanto sin él haber hecho ni haber sabido antes de él aparecer en el mundo y, además, debe vivir en el mismo y hacer algo durante un tiempo. Debe hacerlo desde lo que es él sin tener, con frecuencia, certeza de lo que es en sí, en su totalidad, de sus verdaderas posibilidades, de sus potencialidades.

Pero el hombre, en su esencia, también es un ser social y un ser que imagina, piensa, siente, desea,... ama, o, cuando menos, puede hacerlo.

Como diálogo del alma consigo misma, por tanto en el alma, la razón abarca todo cuanto el hombre es, lo mismo que sus otras potencialidades y así, desde nosotros, la razón nos permite llegar a comprender, en lo posible, el mundo en el que somos, que es ahí y que es aquí.

Al mismo tiempo, nuestro mundo, yo, es en lo otro y en los otros, dada la naturaleza del hombre. Nuestra razón es uno de los vehículos que nos permite aprehender ese mundo y comprenderlo, por lo que nuestra relación con lo otro y con los otros, y, en lo otro y en los otros, se establece desde un diálogo común en una facultad común que lleva al acuerdo cuando el razonamiento es libre y universal. La cuestión es, entonces, saber cuando el razonamiento es libre y universal.

 

Si la razón está condicionada o viciada las consecuencias son discrepantes.

La perversión de la razón, realmente del razonamiento, se produce cuando el alma no dialoga o lo hace condicionada por lo que sea, al principio, al final o en cualquier proceso del diálogo. Antes se han recordado algunas actitudes procedentes de un diálogo poco claro, así: el subjetivismo, el escepticismo, etc.

En el hombre, con frecuencia, se vicia la razón debido a las distintas formas de soberbia, claras o sutiles, que suelen arrastrarse, que dominan en nuestras sociedades.

El problema está en saber cuándo el razonamiento puede considerarse libre y universal. Descartes explica que la diversidad de opiniones hace que, aun siendo la razón igual en todos los hombres, los razonamientos sean discrepantes. Kant entiende que una razón universal parte del conocimiento puro a priori, es decir, independiente absolutamente de toda experiencia, tal como se ha recordado antes.

 

La razón no es absolutamente independiente del sentimiento, no hablo de sentimientos sino de lo que luego se verá que es el sentimiento.

El sentimiento, que es un movimiento del alma y en el alma, está en todos los actos humanos. Es necesario aclarar que razonar, por ejemplo, es un acto. Así, siendo la razón, según Platón, el diálogo del alma consigo misma, el movimiento del alma y en ella debe producirse necesariamente. Dicho de otra forma, el hombre, que es un ser bastante complejo, no puede poner en marcha sus facultades con independencia de las demás y aislarlas al vivir, al hacer,... como si fuesen compartimentos estancos.

 Será necesario partir de algo para que el hombre razonante tenga la certeza de que su razonamiento es correcto y, en lo que en estas páginas se explica, universal.

Entiendo que el razonamiento del hombre puede considerarse universal cuando en el diálogo del alma no queda resquicio sobre el que no se haya  producido ese diálogo en aquello sobre lo que se razona, cosa nada fácil de precisar. Pero será, seguramente, ese razonamiento cuando se llega al sentimiento puro de libertad plena y lo que de la misma se sigue, tanto en lo que al razonamiento especulativo se refiere como al que guía el obrar. Recuérdese lo considerado por Hegel acerca de la libertad, que es una forma de razón.

 

Aparecen nuevos problemas como son aclarar qué se entiende por libertad y qué por sentimiento, pues éste es, en lo aparente, contradictorio con la idea que solemos tener de razón.

Sobre el sentimiento más adelante se verá algo, por lo que ahora no se razona sobre el mismo.

Lo que es la libertad nos resulta una cuestión compleja, aunque creemos que es algo claro. Entre los pensadores hay cientos de definiciones serias y pensadas, así es que va a resultar difícil llegar a algo claro y satisfactorio en este momento, y, aunque en esta reflexión sobre la razón y el amor no se habla de libertad, sí creo deben recordarse algunos aspectos de la misma[16] como son la diferencia entre la libertad social y la libertad individual, y, por lo mismo, qué es la libertad, algunas condiciones para entender la libertad social y para qué queremos la libertad. Los desacuerdos que se dan en qué es la libertad proceden de distintas ideas y formas de vivirse el hombre y de que, posiblemente, en nuestros razonamientos sobre ella consideramos a priori diferentes aspectos no aclarados del todo.

La libertad está, además, directamente relacionada con la justicia, lo mismo que la idea de razón universal, y, como algo inherente al hombre, no es un fin en sí misma, sino un medio vital, vivo para el desarrollo completo del hombre.

El sentido que en estas páginas se da a la razón debe entenderse como lo que por una parte intenta estructurar el conocimiento real y por otra, tras el conocimiento, que según Spinoza produce amor, lo que explica y guía la actuación humana, por lo que una razón libre y universal deberá suponer lo mismo en los hombres.

De acuerdo con lo anterior, los frutos de la razón deberían ser los mismos en cuanto al obrar, así, la idea de justicia, de libertad, etc.

 

Después de estas notas, algo deslavazadas, para el fin de esta reflexión puede considerarse que la razón, entendida como diálogo del alma consigo misma, es una facultad humana que permite comprender, aprehender el objeto sobre el que se razona y que la posibilidad de un razonamiento abstracto, libre y universal nos conduciría a acuerdos, y que el razonamiento universal puede pensarse como aquel cuyo resultado, de lo que se razona, en el hombre es el sentimiento puro de libertad plena y lo que de ello se sigue. Esto tanto por lo que se refiere a la razón especulativa como a la que guía la actuación humana.

La razón aporta, en este sentido, luz pues permite entender en el alma, captar, dar forma, y actuar desde ella.

El hombre llega por medio de su razón a encontrarse en la idea viva de la razón universal, tan sólo debe ser captada, conocida, comprendida en lo que es y supone. Esto lleva a pensar que, en cierta forma, la razón universal está ahí y el hombre, haciendo uso de su razón, la alcanza, la comprende y actúa.

Puesto que la esencia del hombre es la misma en todos y la razón, como parte de esa esencia, también, cada uno llevamos en nosotros lo mismo por lo que podemos, a partir del razonamiento universal, empezar a integrarnos, a unirnos cuando empezamos a vivir lo común desde nuestra propia naturaleza.

Puede pensarse que la razón universal es algo exterior a nosotros y para alcanzarla debemos aprehenderla, que la razón universal está ahí, sin embargo, la posibilidad de alcanzarla es de cada uno por separado y desde cada uno, lo mismo que la libertad que nos permite actuar de acuerdo con nuestra razón, es individual. Nacemos separados pero con la misma naturaleza. Lo universal es desde dentro y desde fuera.

Profundizando en el hombre, en su naturaleza, en nuestras potencialidades, lo universal es en nosotros y nosotros en lo universal. La razón universal será libre desde cada uno en la de todos, en la del mundo.

Ver la razón por separado es un intento de analizar, pero no puede olvidarse que es un todo con lo que es el hombre que razona, imagina, siente... ama. En el análisis olvidamos, en ocasiones, que cuanto concierne al hombre es vivo, que el hombre está inmerso en la vida que le abarca y le trasciende, pero es en ella y es un todo con ella, la razón es viva, está en la misma vida.

La sustancia del hombre es la sustancia viva de la vida entera. En ella, azar para unos, Dios para otros.

 

 

 

 

 

Acerca del amor.

Ahora se va a centrar el objeto de razonamiento, de reflexión en el amor, en la medida en que sea posible hacerlo, en una primera aproximación.

Previo a este intento de reflexión es necesario aclara qué se entiende por amor.

Hay cientos de ideas y formas de entender al amor y de vivir según este entendimiento. No es posible repasar lo muchísimo dicho sobre el amor y expresado de diversas formas, lo mismo en la poesía, en la música o en otras manifestaciones artísticas, también en las religiosas o incluso en la filosofía. Realmente puede expresarse en las diferentes manifestaciones de cuanto el hombre hace, lo que no quiere decir que, en general, suceda así. Pero, sobre todo, el amor se manifiesta cuando es vivo, cuando el hombre vive desde el amor.

En estas páginas intentaré hacer una aproximación al concepto de amor que lo entiendo no sólo desde el punto de vista de la razón, sino vital, es decir, vivo. Posiblemente la más alta razón del hombre se encuentra en el amor, pues abarca todo desde lo que de unión tiene el amor. Tal vez la vida plena del hombre y el desarrollo de sus “potencialidades divinas” parte del amor y llega al amor.

 

La definición que del amor da el diccionario de la RAE es: “Sentimiento que mueve a desear que la realidad amada, otra persona, un grupo humano o alguna cosa, alcance lo que se juzga su bien, a procurar que ese deseo se cumpla y a gozar como bien propio el hecho de saberlo cumplido”. Es una primera aproximación a partir de una definición de un concepto que creo limitado. Esta definición considera importante el sentimiento, éste es simplemente: “experimentar sensaciones por causas externas o internas”, la sensación es “la impresión que las cosas producen en el alma por medio de los sentidos”. Faltan en esta definición aspectos, que enseguida se considerarán, tales como: unión, belleza, alegría profunda y algo más que supera el simple deseo para convertirse en acción que podría decirse, de momento, creadora, aunque la creación real en el hombre no está tan clara como se dice, pues la verdadera creación supone la de la sustancia y ésta el hombre no la crea, el hombre transforma o, como dice Spinoza, genera.

 

Spinoza dice sobre el amor que “el amor no es más que gozar de una cosa y unirse a ella”[17] y un poco más adelante continúa: “el amor verdadero nace siempre del conocimiento de que la cosa es magnífica y buena”, para él esa cosa es Dios. Siendo difícil de aceptar para los no creyentes en Dios, se plasma en la forma de vivir. Spinoza entiende conocer a Dios de “algún modo”, su demostración de la existencia de Dios, además de las demostraciones a posteriori, la hace a priori.

El conocimiento de la cosa magnífica y buena produce amor, se refiere Spinoza a lo dicho antes en lo referente a la razón, al conocimiento claro y verdadero que es inmediato, así es conocido el objeto que sea, en su caso, al final es Dios por sí mismo y no mediante otra cosa.

El conocimiento de Dios, sigue Spinoza, surge por la unión que tenemos con Él por naturaleza y continúa: “de ahí que, tan pronto nuestro conocimiento y nuestro amor llegan a recaer sobre aquello sin lo cual no puede existir ni ser comprendido, y que no es en absoluto algo corpóreo, también los efectos surgidos de tal unión, deberán ser incomparablemente mayores y más excelentes. Pues éstos necesariamente tienen que conformarse a la cosa con la que (ellos) están unidos. A continuación explica que en este caso se trata de un verdadero renacimiento, dice: “estos efectos son tan diferentes entre sí como lo son lo corpóreo y lo incorpóreo, el espíritu y la carne. Por eso cabe llamarlo, con todo derecho y verdad renacimiento, puesto que de ese amor y unión se deriva, como demostraremos, una estabilidad eterna e inmutable”[18].

Lo fundamental del amor para Spinoza es la unión con lo amado que nace del conocimiento de la bondad y excelencia de lo amado. Lo supremo es Dios. En esa unión se da lo que él llama gozo, una alegría profunda.

Leibniz es más escueto, a partir de que “Dios obra siempre del modo más perfecto y deseable posible” entiende que “el que ama busca su satisfacción en la felicidad del objeto amado y de sus acciones”[19].

Estos dos filósofos del siglo XVII son representantes notables de lo que entonces era la metafísica para algunos filósofos: el problema de Dios. Insisten en la demostración de su existencia, pero nada tiene que ver con la teología, Spinoza, por ejemplo, se ocupa de Dios en el sentido del estudio metafísico de la sustancia y de la consideración racional de la naturaleza.

 

No es posible repasar ahora lo pensado por distintos filósofos sobre el amor, tan sólo se verán dos o tres ideas más.

Bergson dice que el amor romántico “ha surgido en la Edad Media, el día en que se nos ocurrió absorber el amor natural en un sentimiento de alguna forma sobrenatural, en la emoción religiosa tal como ha sido creada y lanzada al mundo por el cristianismo”[20], el amor había plagiado a la mística. En la mística el objeto de amor es Dios y se concreta en el mundo en el amor universal.

Lo que hace el llamado amor romántico es considerar como objeto de su amor exclusivo su deseo de gozar, de placer, de unirse tan sólo con la persona amada; en ese momento el resto del mundo, como objeto de amor, deja de existir para los amantes. Lo que hace es reducir, restringir la idea, el sentimiento y la vida de amor; suele haber cierta idea y sentimiento de posesión. La evolución de esa clase de amor es conocida.

Aunque el lenguaje empleado por los místicos, por ejemplo, en la poesía rezuma, en ocasiones, sensualidad y lo que hoy llamaríamos romanticismo, para ellos, con frecuencia, el lenguaje les es insuficiente, no tiene la capacidad para expresar su amor total. Es significativo este hecho, que el lenguaje como construcción social, no considera el amor en toda su grandeza e importancia, no ha sido capaz de eso porque en su significado profundo y vivo en la sociedad no existe el verdadero amor.

 

También hay una idea confusa y, a veces, se cree que el amor a Dios es exclusivo de las religiones o de los místicos y, por lo mismo, el amor universal.

Bergson también recalca que “no se consigue el amor al prójimo mediante la predicación”, pues aunque la inteligencia indique que así debe ser, el amor se vive de otra forma y llega a decir: “la verdad es que hay que pasar por el heroísmo para llegar al amor”, lo que entiende por esta clase de heroísmo “es un retorno al movimiento y arranca de una emoción – comunicativa como todas las emociones – emparentada con el acto creador”[21]. Más adelante dice que la fuerza que lleva al amor a la humanidad surge del contacto con el principio generador de la especia humana. El amor a la humanidad “se encuentra en la misma raíz de la sensibilidad y de la razón, así como del resto de las cosas”[22].

Una de las características del hombre es, sigue Bergson, ser “capaz de amar y de hacerse amar” y, el amor es “energía creadora”, de otra forma: “seres destinados a amar y ser amados han sido llamados a la existencia, y la energía creadora debe ser definida como amor”[23].

En Bergson destaca la idea de la emoción como algo comunicativo; vincula el amor con el principio generador del hombre y con su energía creadora, y, de otra forma, especifica que el amor a la humanidad se encuentra en la raíz de la sensibilidad y de la razón.

 

Hay pensadores que tienen ideas muy distintas dadas las diferentes concepciones que tienen del hombre, éstas, en algunos casos, son bastante conceptuales y poco vitales y, con frecuencia, se elude lo concerniente al amor o se trata marginalmente. Es innegable que las preocupaciones y las dinámicas sociales de cada momento han impuesto otros intereses en las sociedades y, por lo mismo, en parte de sus filósofos y pensadores ya que viven inmersos en su mundo. También sucede que algunos pensadores están alejados de su sociedad, o su sociedad de ellos, dados los intereses sociales y sus reflexiones, las de los pensadores, investigaciones, estudios, análisis, etc. no tienen un eco amplio. Tal vez sea cierto lo que en alguna ocasión dijo Bergson que, a veces, les falta lo que llama emoción a la que considera comunicativa. Quizá, en ocasiones los temas que se tratan no aportan la luz necesaria.

 

Otra forma de entender, de vivir el amor la muestra Platón, en el Banquete dice: “Pues esta es justamente la manera correcta de acercarse a las cosas del amor o de ser conducido por otro: empezando por las cosas bellas de aquí y sirviéndose de ellas como peldaños ir ascendiendo continuamente, en base a aquella belleza, de uno solo a dos y de dos a todos los cuerpos bellos y de los cuerpos bellos a las bellas normas de conducta, y de las normas de conducta a los bellos conocimientos, y partiendo de estos terminar en aquel conocimiento que es conocimiento no de otra cosa sino de aquella belleza absoluta, para que conozca al fin lo que es la belleza en sí”, un poco más adelante sigue: “¿Acaso crees – dijo – que es vana la vida de un hombre que mira en esa dirección, que contempla esa belleza con lo que es necesario contemplarla y vive en su compañía?. ¿O no crees – dijo – que sólo entonces, cuando vea la belleza con lo que es visible, le será posible engendrar, no ya imágenes de virtud, al no estar en contacto con una imagen, sino virtudes verdaderas, ya que está en contacto con la verdad?. Y al que ha engendrado y criado una virtud verdadera, ¿no crees que le es posible hacerse amigo de los dioses y llegar a ser, si algún otro hombre puede serlo, inmortal?”[24]

Platón relaciona el amor con la belleza y ésta con el conocimiento, más adelante se verá algo de esto. Es una constante de su filosofía la búsqueda de la verdad, lo bueno y lo bello. En lo que esta se está viendo, el amor y la virtud generada por el hombre desde el amor, desde la belleza  en lo que es en sí, en la belleza absoluta, la verdad también. El sentido de la virtud es amplio y no se ciñe a lo que nosotros solemos entender por tal, generar virtudes supone también que el amor es fuente de creación.

 

Los poetas con su verdad clara no han cesado de cantar al amor en todos los lugares y desde distintas formas de entenderlo y de vivirlo.

El ejemplo de San Juan de la Cruz puede ser significativo: “Este saber no sabiendo/es de tan alto poder, /que los sabios arguyendo/jamás le pueden vencer; /que no llega su saber/a no entender entendiendo, /toda sciencia trascendiendo.[25]

Como es natural se refiere al saber que se encuentra en el amor.

En las expresiones, el sentimiento de amor profundo se manifiesta, con frecuencia, a partir de lo más próximo en su exaltación hacia el amor más universal. Tomemos nuevamente una poesía de San Juan de la Cruz: “¡Oh noche, que guiaste, /oh noche amable más que el alborada: /oh noche, que juntaste/ amado con amada, amada/en el Amado transformada”[26]

La poesía expresa la pasión del amor de forma sensual, pero es sólo la forma al no encontrar las palabras adecuadas.

Los ejemplos son numerosos en los poetas, con frecuencia tienden a universalizar el amor. En el caso de San Juan de la Cruz, ya que cito ejemplos suyos, toma muchas veces el Cantar de los Cantares como fuente, en el mismo aparece con claridad esa forma de expresión sensual, romántica,...

La relación de la poesía con el amor es interminable y se da en todos los lugares, no es posible tratar este tema.

Para dar otra idea en esto merece la pena recordar a R. Tagore, desde la India, lo que cuenta sobre el amor es universal: “...permítasenos tener fe al mismo tiempo en el testimonio de otros individuos que han sentido un amor profundo, que es el intenso sentimiento de unión con un Ser que en sí abarca todas aquellas cosas que son humanas en conocimiento, voluntad y acción. Y ese ser es Dios, el cual no se reduce a un simple total de hecho, sino que es también la meta última, que radica mucho más allá de cuanto el pasado y el presente abarcan”[27]

 

En lo concerniente al amor no pueden olvidarse las religiones que han intentado apropiarse, con bastante éxito, de la idea de Dios, sólo de la idea, y, hasta del amor en sentido amplio, también sólo de la idea. En un caso y otro, de sus ideas, de las de cada religión.

Por lo que a Dios se refiere, los dioses ideados por cada religión suelen ser bastante contradictorios entre ellos, estos dioses son más o menos de amor, pero son todos ellos castigadores brutales, como los intérpretes de su voluntad que son bastante turbios, tanto como sus intereses particulares y corporativos. Imponen morales irracionales y creencias demenciales cuando no insanas para la mente y para el amor, inventan ritos o reinterpretan otros antiguos que se acaban convirtiendo en supersticiones.

Del amor han hecho algo extraño y sensiblero, banal y vacío en su divulgación, y el amor a sus dioses ha sido, junto con la arbitrariedad de sus intérpretes revestidos de autoridad, origen de salvajadas, torturas, asesinatos a los distintos, guerras y perpetuación y mantenimiento de la injusticia social, pues, incluso sus formas de caridad perpetúan la injusticia, jamás la combaten.

En gran parte de los libros y textos que han servido para inventar y estructurar religiones, los dioses y los mandatos que se les atribuyen son peculiares.

 

De entre los llamados libros sagrados o cosas parecidas, el único en que se ve con claridad la lógica del amor es el Evangelio, a pesar de las diatribas de algunos como Nietzsche que llega a llamar idiota a Jesucristo[28]. Sin embargo es el menos seguido, incluso por aquellos que lo han utilizado para inventar una religión que, en algunos aspectos, aprovecha y recoge formas del Imperio Romano, con un soporte teológico-filosófico que lleva con frecuencia a absurdos. Recuérdese a este respecto una crítica, de entre otras muchas, bastante mordaz y divertida, me refiero a la de Erasmo en su Elogio de la locura.

La perversión del planteamiento de amor vivo hecha para inventar una religión fue el origen de atrocidades y su influencia durante siglos ha sido importante para perpetuar la injusticia. No se trata aquí de explicar y desmitificar ideas, moral, ritos y supersticiones revestidos de autoridad divina, la de los intérpretes interesados y arbitrarios que casi siempre olvidan el amor vivo y, por lo mismo, son interpretaciones, normas, etc. encorsetadoras y, muchas veces, castradoras de los individuos con el fin de mantener alguna clase de poder.

Aunque el Evangelio, como todos los libros considerados por sus respectivas religiones sagrados y verdaderos, se presta a interpretaciones, del mismo no se deduce que deba ser interpretado, Jesús reitera que habla para todos, en especial para los sencillos y humildes, que todo está a la luz y que no oculta nada. En la insistencia en el amor está todo, en la fe en Dios también, pero es una fe normal, racional, no aparece el fanatismo o la superstición, es lo contrario, incluso Jesús es transgresor constantemente, lo que transgrede es la rigidez, la superstición, la arbitrariedad. No creo necesario citar pasajes del Evangelio, basta leerlo sin prejuicios. Únicamente hago mención a una de las muchas cosas dichas sobre el amor, a la idea del amor como unión, reiterada y que recuerda la idea de Spinoza sobre el amor: “Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí”[29]. El sentido de unión con lo amado es claro.

 

El amor, aparte del romántico que a veces es lo contrario, no es un asunto exclusivo de las religiones, siempre lo prostituyen, de los poetas, de algunos pensadores o de los místicos, el amor es una de las “potencialidades divinas”, de lo innato, lo mismo que la razón u otras, que está en todos los hombres y que es consustancial al ser pleno del hombre.

Con frecuencia la idea del amor y la forma de vivirlo se estrecha, es el caso del llamado amor romántico o la confusión con el placer sexual o la caridad-mercancía... La gente vive el amor, un amor determinado con alguien, pero no vive en el amor, con frecuencia es posesión. Los que tienen una idea y un sentimiento más universal suelen convertirlo en compasión caritativa, no en justicia, y, aunque, en muchos casos, su vida y esfuerzo son abnegados y de identificación con quienes sufren, es tan sólo parte del amor.

En algún momento hubo otros planteamientos como el movimiento humanista que se produjo en Inglaterra al final del siglo XV y principios del XVI con T. Moro y unos pocos más, esto maravillaba a Erasmo, mantienen el platonismo o el neoplatonismo y creían que la sabiduría estaba en el espíritu evangélico, en el amor sin calificativos.

Posteriormente algunos hombres de la Reforma lamentaban el olvido de Platón frente a la hegemonía aristotélica, su cristianismo era directo.

 

Para aproximarnos a qué es el amor debemos intentar eliminar influencias como la católica o de cualquier religión estructurada, las ideas del amor romántico o cualquier otro pre-juicio, es decir, eliminar lo que es extraño para tratar de comprenderlo en su esencia.

Tras cuanto puede pensarse y vivirse del amor o en el amor, si eso es posible, subyace una concepción, una idea del hombre y una forma, racional o irracional, de vivirse el hombre como tal y de buscar o de ignorar el total desarrollo de sus potencialidades.

Las potencialidades del hombre, las “potencialidades divinas”, todo lo que es la naturaleza del hombre, sus facultades, lo que el hombre es, lo que puede llegar a ser porque lo tiene en él.

Suele definirse al hombre como un ser racional, pero es innegable que posee otras facultades, para algunos son dones, naturales, innatas como la imaginación, la libertad, el amor, el sentimiento y otras. Estas potencialidades se encuentran en todos los hombres, los filósofos dicen que en el hombre la esencia es única, es la misma en todos y no es algo externo de lo que provea la sociedad, aunque es imprescindible para el mayor y más amplio desarrollo de todo cuanto el hombre lleva en sí. La libertad, por ejemplo, para su plenitud tiene que ver con la sociedad, el sentido de la justicia recta, lo mismo y así las demás potencialidades.

Otra de las características del hombre, que está en su naturaleza: necesariamente es un ser social, destinado a vivir en sociedad para adquirir su sentido de hombre, tanto si ha desarrollado sus potencialidades en un sentido acorde como si esas potencialidades están dormidas o las ha pervertido. El hombre por naturaleza, por esencia es un ser social tanto como racional, dotado de imaginación o con capacidad de amar.

Algunas facultades innatas, algunas potencialidades se da por supuesto que ya están desarrolladas en nosotros y otras se olvidan, entre las primeras están la razón o la imaginación o.. pues otras potencialidades como la libertad suelen considerarse debidas a la sociedad, deben proceder de ella, pero esto es sólo parte de la libertad, lo mismo sucede con otras o se olvidan  como sucede con el amor, el sentimiento, la fe y otras.

 

En esta primera aproximación a qué es el amor vamos a considerar, inicialmente, lo que dice Spinoza que es el amor: “El amor es nada más que gozar de una cosa y unirse a ella”.

 El gozo en este sentido es el sentimiento de alegría profunda cuando uno está unido al objeto amado, a la persona amada, a lo amado.

 La unión se produce cuando esas cosas se juntan y forman un todo.

Además de la unión, antes se ha recordado que el amor es sentimiento que impulsa a desear el bien de la persona amada y a gozar como bien propio el hecho de que así sea. En esto subyacen la idea y el sentimiento de unión explicitados por Spinoza, está el gozo, la alegría profunda. También se ha visto algo en lo que explica Platón que habla de la belleza, lo que él concreta como belleza en sí. La belleza en las cosas es aquello que nos hace amarlas, es decir, unirnos a ellas e infunde el “deleite espiritual”, como dice el diccionario, el deleite inmaterial y racional. También se ha recordado que en el amor radica el origen de acciones que son generadoras de algo, pero no de cualquier cosa. También se verá que el amor es expansivo.

El sentimiento es también emoción producida en el ánimo, un estado de ánimo, del alma y en el alma, en el espíritu. La emoción lleva a alguna clase de expresión, ya se ha  recordado antes que Bergson piensa, al hablar de lo que entiende por heroísmo para llegar al amor, en esa clase de heroísmo como un “retorno al movimiento y arranca de una emoción – comunicativa como todas las emociones – emparentada con el acto creador”. El amor, pues, también supone comunicación desde la emoción que tiene que ver con el acto creador o, más exacto, generador.

El amor a la humanidad “se encuentra en la misma raíz de la sensibilidad y de la razón, así como en el resto de las cosas”. La sensibilidad es la reacción ante estímulos, aun pequeños, es sentimiento.

“Seres destinados a amar y ser amados... la energía creadora debe ser definida como amor”.

 

En el poeta es, en San Juan de la Cruz, deseo, pasión, sentimiento de unión, de fusión con el amado que se transforma en el Amado.

Al final, Tagore, Spinoza, San Juan de la Cruz, incluso Platón y otros, en lo más alto el sentimiento de unión con Dios, pero no el dios estructurado por las religiones organizadas o por sus intérpretes de la clase que sean.

De todo esto podemos hacernos una idea, vaga todavía, de lo que aquí se entiende por amor y luego su total racionalidad. Más adelante, cuando se vuelva a ver qué es el amor, se precisará en lo posible.

 

 

 

Sobre el sentimiento.

En esta primera aproximación hecha para saber qué es el amor, el sentimiento está presente en todas esas ideas vitales del amor. Recuérdese brevemente: el diccionario lo define como sentimiento que... ; Spinoza como gozo, es decir, como sentimiento de alegría profunda; Platón habla de la belleza en sí que produce el gozo espiritual; Lebniz dice que quien ama busca su satisfacción...; en los poetas, con otros matices, siempre está el sentimiento. La gente, en general, cuando se refiere al amor loa asocia a alguna clase de sentimiento.

Pero el sentimiento no es algo exclusivo del amor o de algunas manifestaciones del vivir de los hombres, en nuestra realidad está presente, está en nuestra vida entera.

 

El sentimiento está en el hombre, es otra de sus potencialidades, aparenta ser de muchas clases, es algo tan consustancial al hombre como la razón, la imaginación, la libertad, el amor,... está en su naturaleza y, como se verá, es tan racional como cualquiera de sus facultades, de las del hombre, incluida la razón.

La gente habla de sentimientos, en plural, no está muy claro esto. La gente, sin embargo, cuando se refiere a lo que el hombre lleva en sí no habla de razones, de imaginaciones, de amores, de libertades,... Posiblemente hablar del sentimiento en plural sea debido a las características que revisten al sentimiento.

Nosotros vivimos con el sentimiento, nos mueve a actuar de diversas formas, está en todas las manifestaciones de la vida del hombre, impregna nuestra actuación. Por medio de él tenemos conciencia de vivir de una forma o de otra, de nuestro propio vivir.

 

Para intentar un acercamiento a qué es el amor, quizá sea interesante tratar de aclarar, si tal cosa es posible, qué es el sentimiento y qué naturaleza tiene.

En este intento, no sé si estéril, se va  a partir de lo que podría llamarse sentimiento puro, el sentimiento antes de que esté viciado, contaminado o condicionado, por lo tanto antes deberá tratar de averiguarse qué es el sentimiento puro. Nos é si seré capaz de acercarme a lo que es la esencia del sentimiento, el sentimiento en sí.

Algo parecido deberá hacerse luego con lo que es el amor en su idea viva.

 

Una cosa es pura cuando está “libre y exenta de toda mezcla de otra cosa”, otra acepción del diccionario dice de la cosa pura: “que no incluye ninguna condición, excepción o restricción ni plazo”.

El sentimiento es la impresión que algo produce en el alma, tal como se ha recordado al ver la definición del mismo; también es emoción entendida como un estado de ánimo, es decir, del alma debido a ideas, recuerdos, hechos y suele manifestarse por medio de alguna forma de expresar ese estado.

Antes ya se ha  visto que, según Bergson, la emoción es comunicativa y es así desde el momento en que se expresa de algún modo, es decir, sale de uno para hacer partícipe a otro u otros del estado de ánimo, del estado del alma que uno tiene.

No siempre que uno intenta comunicar, en el sentido que aquí se considera, lo logra, aunque muestre el estado de ánimo, el estado de su alma. Las razones para no conseguir hacer partícipe a otro u otros del estado de ánimo propio son diversas, al aclarar qué es el sentimiento se irán viendo.

El sentimiento es, pues, un movimiento en el alma y del alma, dicho de otra forma, se produce en ella como lugar y como modo y es propio, exclusivo de ella, pertenece a ella.

El movimiento es debido a algo que procede de fuera del alma pero no es ajeno a ella. También el algo que la mueve puede ser interno de la propia alma, pero en este caso las causas internas no son autónomas y producidas por la propia alma sin más puesto que no tiene ni ha tenido, que se sepa, la capacidad para autogenerarse, por lo que las causas internas proceden de la impresión que le produce el re-conocimiento de lo que sea por distintos medios. En esto último subyacen las ideas platónicas acerca del conocimiento.

Spinoza piensa que el hombre no crea ya que la sustancia no puede crearla, lo que hace es generar, así lo expresa, y esto en general. El hombre tiene su origen en algún momento pero no es infinito ni se crea a sí mismo.

Habría que saber, entonces, donde se sitúa el sentimiento y si el mismo ya está en el hombre en potencia, igual que las demás facultades que son innatas. Si el sentimiento está en el hombre, éste lo que hace cuando recibe impresiones es activarlo y, según las impresiones recibidas y el uso que hace de sus facultades naturales, las de su naturaleza, lo transforma de una u otra manera.

El sentimiento, lo mismo que otras facultades, potencialidades... forma parte de lo que todo hombre tiene en sí.

 

En este punto aparece un nuevo problema, el del alma, pues al hablar de ella pueden surgir dudas o rechazos categóricos sobre su propia existencia, en especial por parte de quienes son escépticos o subjetivos en el sentido dado antes a estos términos.

Entre los filósofos hay diversas explicaciones acerca del alma, de qué es, de su inmortalidad... no es  posible repasar esto ahora.

Entre nosotros y para evitar discusiones, que en este momento nos desviarían de nuestro tema de reflexión, podemos convenir en llamar alma a la parte del hombre donde realiza sus funciones no materiales o donde residen sus facultades no visibles directamente en sí, pero percibibles en sus manifestaciones, como la razón, la imaginación, el sentimiento,... que están en el hombre.

En nuestro andar, pensar, actuar,... consciente son las facultades, que también podrían llamarse espirituales, las que actúan y tienen consecuencias en nuestros hechos concretos y tangibles, están en el origen del impulso de la acción.

 

El sentimiento existe desde que el hombre es, o al revés, el hombre siente y se percibe vivo. Desde el momento en que el hombre es como tal, con todo lo que tiene en sí mismo, experimente sensaciones por causas externas a él o internas en lo inmediato, aunque no sepa de dónde proceden las impresiones que se producen en su alma. El hombre siente.

Algunos ejemplos pueden servir para ver, sobre todo, el hecho del origen interno del sentimiento.

Nietzsche explica el estado de su espíritu cuando escribía Así habló Zaratustra, lo califica de inspiración: “hablo de revelación que conmueve a uno en lo más hondo”, en otro momento dice: “como una tormenta de sentimiento de libertad”.

El principio de la obra citada recuerda lo mismo. Dice que cuando Zaratustra abandonó su patria y el lago de su patria, en la soledad gozó de su espíritu y su corazón se transformó; la sabiduría la alcanza por la iluminación: “¡Oh gran astro! ¡Qué sería de tu felicidad si no tuvieras a aquellos a quienes iluminas... Pero nosotros te aguardábamos cada mañana, te liberábamos de tu sobreabundancia y te bendecíamos por ello”[30]

Beethoven también explica algo: “Preguntarás de dónde surgen mis ideas. No puedo decirlo con seguridad. Vienen sin ser llamadas, a veces independientemente, a veces asociadas a otras cosas... fomentadas por estados de ánimo que el poeta traduciría en palabras, pero que yo traduzco en sonidos...”[31]

En los dos casos vistos, hay otros muchos, el sentimiento está asociado a la acción, a hacer algo y su origen, el del sentimiento, les trasciende, aunque sea producido por una causa interna que adquiere forma en el alma. Ese sentimiento es el que comunica.

 

El sentimiento también es uno de los medios que el hombre tiene para relacionarse, para comunicarse con el otro y con lo otro. Las cosa de fuera le llegan al hombre por medio de los sentidos y las entiende y vive en sí desde sus facultades espirituales. Y las cosas de dentro las expresa por medio de los sentidos para hacer partícipe al otro de lo que piensa, imagina, ama,. y siempre siente.

El sentimiento siempre está presente en el hombre, aunque intente ocultarlo o no comunicar. Como cualquier otra facultad puede educarse, manipularse,... si no está claro en el individuo. Puede intentar suprimirse, eso no es posible pero sí reprimir o constreñir o modificar el sentimiento natural que procede del alma, en este caso se trata de llegar a un movimiento que niega o que vicia lo natural.

Es lo mismo que la razón, puede uno llegar a ser dogmático y tergiversar el razonamiento como tal, pero la capacidad de razonar no se suprime, no se hace desaparecer.

 

El sentimiento, según se ha visto, está desde que el hombre tiene conciencia de sí y cubre, impregna la actuación humana. La acción la entiendo como un proceso del alma y la actuación visible, tangible no es más que la plasmación hacia el exterior de un movimiento previo del alma, este movimiento procede del sentimiento y se percibe por el mismo.

Puesto que el sentimiento es la sensación, la impresión que causas internas o externas producen en el alma, es un movimiento en el alma y del alma, o del espíritu. Todo proceso humano está, en mayor o menor grado, enraizado en el sentimiento.

El sentimiento no está en un compartimento independiente y aislado en el individuo, lo mismo que las demás potencialidades innatas. Si se considera lo que antes se ha  convenido en llamar alma o espíritu del individuo como un todo, sus atributos propios están interrelacionados por lo que es difícil deslindar unos atributos de otros al actuar, aunque sí lo hacemos de manera abstracta para aproximarnos a ellos y tratar de conocer mejor lo que el hombre lleva en sí y entender lo que somos y lo que podemos ser, así, consideramos aisladamente la razón, la imaginación, el amor, el sentimiento,... En el obrar nadie puede hacerlo de manera que se excluyan las demás potencialidades y sólo funcione una; no es concebible que la imaginación esté presente sin sentimiento y sin razón, No obstante, en ocasiones parece predominar más una cualidad que otra, eso no significa que no esté presente todo el individuo.

En ese entender el espíritu humano como único, con todos los atributos de que está dotado, el sentimiento, que es uno más, lo impregna.

El desarrollo de las potencialidades del hombre es su plenitud, nos lo indica nuestro ser y el sentimiento le da vida, percepción. Luego se verá que esto tiene bastante que ver con el amor.

 

Nosotros solemos hablar de muchas clases de sentimientos, diferentes y los explicamos de varias formas; hablamos de sentimientos de ira, de poder, de odio, de amor, de libertad,... incluso de sentimientos morales. En la realidad del sentimiento no es así.

El sentimiento puro no puede ser el no sentimiento o la ausencia de sentimiento, necesariamente es alguna clase de impresión producida en el alma, algún estado de ánimo producido por algo que nos hace tener conciencia de eso, de percibir sensiblemente lo que sea, no de cualquier forma sino directamente como una sensación, como algo que produce un efecto notado, percibido vitalmente a partir del movimiento que produce en el alma y de ella en el individuo.

Si el sentimiento es una impresión que se da en el alma debida a algo, el sentimiento puro, de acuerdo con lo que antes se ha dicho que debe ser puro, debe ser el sentimiento que no está mezclado con otras formas del mismo, el que es libre total y no puede estar condicionado por nada ajeno al sentimiento en sí.

Introducir lo de libre total es introducir alguna clase de sentimiento, pero el sentido que se le da es el de no estar condicionado por nada.

Dicho de otra forma, el sentimiento puro que, necesariamente es alguna clase de sentimiento, puede suponerse que es aquel que corresponde al hombre puro, lo llamo así inicialmente, es decir, total, completo en su esencia tal como se ha definido una cosa pura, por tanto, es el estado de ánimo, del alma que desde la conciencia clara, limpia y total de su ser, del ser del hombre, éste la vive en su plenitud y ésta se alcanza cuando el hombre desarrolla sus potencialidades y, de acuerdo con ellas, necesariamente unido a los otros y a lo otro, ya que en la naturaleza, en la esencia del hombre está el ser social como una facultad innata más para ser. Es unión porque lo único que hace la esencia del hombre, recuerdo una vez más que es  exactamente la misma en todos los hombres, es vivir en la esencia del mismo hombre, pero ahora como individuo, como hombre concreto por lo que se vive a sí mismo con todos dada su naturaleza.

Luego se verá que el sentimiento puro lleva al amor y está en el amor.

En la plenitud del hombre todas sus potencialidades en conjunto son las que le hacen lo que es, en cierta forma impregnan al ser en todo. Si no fuese así el hombre viviría disociado y dividido en sí mismo.

La disociación de sí mismo se produce cuando el sentimiento se pervierte, se vicia, en este caso es como si condicionara y contaminara al resto de las facultades porque el movimiento del alma y en ella, usando su libertad, es un movimiento que niega en algo la esencia pura del hombre.

 

Los sentimientos son, así suele hablarse, ambivalentes, pero el sentimiento es único y total.

El sentimiento es complejo, impregna el desenvolverse del hombre, es un poco similar al perfume del alma, pero también es como el calor del alma que genera la acción, también puede semejarse al ojo de un huracán, a la fuerza que impulsa desde el centro, en este sentido es motor de actuaciones del hombre.

En cierta manera también puede compararse a aspectos de la misma música. Beethoven dice hablando de la música: “...la música, verdaderamente, es la mediadora entre la vida intelectual y la sensual... la música es el único camino incorpóreo para entrar en el mundo más elevado del conocimiento comprensivo de la humanidad, pero que la humanidad no puede comprender... No sabemos qué es lo que nos aporta este conocimiento... Toda creación artística verdadera es independiente de su autor, incluso más poderosa que él, y vuelve a lo divino a través de su manifestación. Forma unidad con el hombre solamente en cuanto se convierte en testimonio de la mediación con lo que hay de divino en él”[32]

 

El hombre actúa por necesidad y también por deseo de algo, por sentimiento.

El sentimiento es lo que nos permite tener conciencia de estar vivos, por lo mismo impregna, empapa toda la vida humana y, al mismo tiempo, la perfuma y la impulsa conscientemente.

Nos permite saber que somos desde nosotros.

En otro sentido, el sentimiento es la entrada al alma desde lo sensible, es decir, desde lo que es perceptible, desde lo que se manifiesta al entendimiento.

El sentimiento impregna la actuación humana y da pautas de buen o mal funcionamiento en el sentido vital desde la conciencia viva del hombre y el sentimiento puro, no en el moral, pues los llamados sentimientos morales son, tal como suelen plantearse, un reduccionismo y una limitación a la actuación desde la entera libertad. Esto es así no porque no pueda haber una moral social o individual, sino porque la moral, que podría llamarse natural, procede de la raíz del sentimiento y en ella, en la raíz, están la bondad o la maldad, o, expresado de otra forma, lo natural desde el sentimiento o su perversión. La raíz del sentimiento está en la esencia del hombre.

En la raíz del sentimiento puro está el sentimiento moral, no como una serie de normas estructuradas sino desde la actuación libre. Ésta sólo puede ser tal en una sociedad libre o, desde la libertad individual, que es incompleta sin la social, cuando el hombre tiene plena conciencia y responsabilidad de sus propios actos desde sí mismo.

En tanto el hombre es vulnerable y frágil, parte de su vulnerabilidad primera está en el sentimiento y, por lo que es el sentimiento en sí, también está en el mismo la fortaleza del hombre.

La vulnerabilidad aparece cuando el sentimiento se pervierte y la fortaleza cuando el hombre tiende al sentimiento puro que abarca a todo el hombre desde sus potencialidades. La verdadera libertad está en todo esto.

 

Si se acepta lo recordado antes de Platón que “el razonamiento es el diálogo del alma consigo misma, que el pensamiento es el resultado del razonamiento”, el sentimiento acorde con la razón, pero también con las demás facultades del hombre, permite conocer lo referente al verdadero sentimiento y así el sentimiento da pautas vitales al hombre, no sólo el sentimiento y no sólo la razón, pautas vitales que lo son desde las facultades vivas del alma. Planteado así el sentimiento no deja de ser una forma de razón y de la razón.

El conocimiento, según Spinoza, conduce al amor. El conocimiento claro y distinto que se adquiere mediante un sentimiento de gozo de la cosa misma procede de la manifestación inmediata del objeto mismo al entendimiento y, si el objeto es bueno y excelente, el alma se unirá necesariamente con él, por esto el conocimiento produce amor.

 

Puesto que el sentimiento nos permite tener conciencia de estar vivos está en el origen de los impulsos vitales conscientes de todas las clases.

Si se acepta la idea de sentimiento puro esbozada antes, lo que tiende a alejarse de eso lleva a la perversión del sentimiento. El sentimiento se vicia cuando se aleja del hombre pleno. La dirección que toma el individuo procede de su capacidad para vivir en libertad y, en consecuencia, decide lo que hace o lo que no hace. Si vive en verdadera libertad sus actos estarán de acuerdo con su ser y, en ello, su sentimiento pleno.

El sentimiento está en todo hombre, forma parte de sus potencialidades. Cuando el hombre se aleja del desarrollo de las mismas pervierte el sentimiento, esto se manifiesta de diversas formas y a esas formas les damos distintos nombres.

Así, el deseo de poder y el sentimiento de poder son una perversión de la libertad y del sentimiento puro en el que la libertad está, pues no puede separarse del hombre completo.

Lo mismo sucede con otros deseos como el de dinero, placer, consumismo, sexo,. no porque en sí el sexo o el placer sean perversos, están allí y en la naturaleza pura del hombre nada hay viciado, se vicia cuando se retuerce y se trastoca su sentido y su significado limpio y claro.

Poseer una cosa es tenerla como propia, bajo nuestro dominio y eso nos hace creer que estamos unidos a ella y creemos gozar de su posesión, pero tan pronto esta desaparece surge el re-sentimiento, el sentimiento contrario, de decepción, cólera, tristeza, venganza, odio,...  que en realidad son lo mismo. A la posesión de alguien suele llamársela amor.

Siempre, tras ese sentimiento de posesión hay factores poco claros o turbios aunque no lo consideremos así por diversas razones tanto personales como sociales.

Uno puede desear vehementemente ser rico, pero tras la acumulación de riqueza siempre está la injusticia, aunque sea legal. Uno cree que así se siente más libre, eso dice la gente, pero lo único que tiene son más privilegios, lo que también es injusto. Uno se reviste del atributo externo que es la riqueza. Fijémonos en el lenguaje, la gente dice: soy rico, dice soy, lo que denota que uno no es sin la riqueza, se define a ese individuo por un atributo externo cuyo fundamento es la injusticia, y, es rico. No dice: soy hombre. No dice: soy, sin más.

El poder, dominio sobre otros. Uno es poderoso, pero no cree serlo por sí, es la sociedad quien valora al individuo por el poder, nada más. El sentimiento de poder, de dominio se opone al de libertad, el de poder hacer cada uno lo suyo. Surgen otros sentimientos confusos que pervierten el sentimiento como son la vanidad, soberbia, uno se cree dios, suplanta a Dios. El sentimiento está viciado en sí al pervertir las relaciones con los otros. Al pervertir lo que de social hay en nuestra esencia de hombres, se pervierte el sentimiento desde la comunicación, desde la unión.

Si analizamos lo que llamamos males del mundo, de la historia, de las sociedades, siempre surgen del sentimiento pervertido. Luego se aplica la lógica, la razón a partir de unas premisas, las que sean, que ellas mismas están en lo opuesto al hombre en sus potencialidades reales, libres. El ansia de poder, de más poder, de riqueza, de más riqueza, de algo que uno quiere poseer, no compartir, no integrar.

La perversión del sentimiento está en la autolimitación de algunos hombres y en las formas de andar las sociedades, es decir, hombres. Está en su vivirse a sí mismo el hombre con limitaciones desde la sociedad y desde el hombre que teme construirse a sí mismo como tal. Es una forma de irracionalidad.

La perversión del sentimiento está en no unirnos real, vitalmente a la misma vida, en no amar profundamente la vida, en no ser un todo con la vida. Nosotros somos vida pero nos alejamos de ella. No se trata de dominarla, eso no creo que podamos hacerlo ahora, se trata de entenderla, de conocerla y de caminar con ella, de permitir que entre en nosotros y la sintamos, que nos mueva el alma hacia ella y en ella.

La vida es la naturaleza, pero la vida también son los otros, también soy yo, todos, sin excepción y es la Vida y en ella hay sentimiento.

A veces, desde la ciencia por ejemplo, la vida se considera casi como algo mecánico, aunque nos trascienda y no la entendamos porque no nos sumergimos en ella. El sentimiento está en la vida, las funciones mecánicas que descubrimos son vehículos, formas, evolución hacia la libertad, pero cuando la vida se percibe nos arrastra, nos lanza, es sentimiento también, poderoso y no lo entendemos.

 

En la complejidad y sencillez del hombre y en sus limitaciones existen diversas facultades innatas que están en todo hombre como formas de razón, como formas de sentimiento, como formas de imaginación, como formas de todo cuanto llevamos.

En todo eso, en vivirlo, en esas “potencialidades divinas” está la grandeza del hombre. El sentimiento es lo que nos permite saberlo, vivirlo e impulsarlo.

No es la libertad lo que nos impulsa a hacer o no hacer, es el sentimiento el que nos impulsa a vivir en libertad. Allí está la moral que antes se ha recordado, la moral total, la que no tiene recetas pues surge de la propia vida desde el sentimiento vivo, vida poderosa, infinita que evoluciona hacia la libertad de manera ascendente.

Uno se sabe libre, se siente libre, es el sentimiento de hacer lo propio, de caminar hacia la grandeza de ser hombre. Sentirse libre, sentimiento de lo ilimitado y sentimiento de poder ser uno en sí. El estado del alma que se percibe sin limitaciones hacia la plenitud. También es sentimiento.

La libertad es facultad del alma y es una forma de razón. La libertad es sentimiento y es un movimiento del alma que impulsa al hombre. Es un sentimiento profundo cuando se adquiere plena conciencia. La necesidad de libertad es innata, aunque la atenuemos o la ignoremos.

 

Viciamos el sentimiento cuando su fin es el placer inmediato y tangible sin más, cuando nos mueve el alma únicamente hacia lo efímero sin futuro, pues el placer por el placer se agota en sí. Es lo único a lo que pretendemos unirnos, es lo que nosotros llamamos amor, una clase de amor.

Tal como lo impulsa la sociedad no hace del placer causa de alegría profunda ante la unión con otros, es exclusivamente el placer individual, la satisfacción individual y en ello no existe nadie más, aunque el placer sea con otros. Es una de las muchas formas que tenemos de huir.

 

Nuestra sociedad es peculiar con los sentimientos y con su manera de ignorar el sentimiento, desmesura los sentimientos de manera que predominan en las manifestaciones sociales de la clase que sean y, al  mismo tiempo, intenta encauzarlos, controlarlos e inducirlos. Suelen ser sentimientos irracionales, no porque el sentimiento sea irracional, que no lo es, sino porque parten de la perversión de la esencia del sentimiento, de mover el alma hacia el hombre.

Casi la mitad de la gente padece ansiedad, depresiones, insomnio, etc. eso procede de la perturbación del sentimiento.

El sentimiento confuso de insatisfacción profunda se encuentra en el origen de algunas de las llamadas enfermedades por la sociedad, para curar dichas enfermedades la sociedad utiliza drogas legales que adormecen, atontan, sedan desactivan a la gente, la sociedad utiliza el engaño, el ardid, la mentira que es uno de los significados de droga. Además están las drogas ilegales que hacen el mismo papel en nuestra huida.

 

El sentimiento de insatisfacción profunda procede, en parte, de haber logrado rebajar la percepción del hombre de sus “potencialidades divinas”, lo poco que se vislumbra se plantea como un derecho que ha de plasmar eso de forma inmediata o se ignora porque la seducción de lo efímero es tan fuerte que nos arrastra. La gente es capaz de dedicar mucho tiempo y dinero a cultivar su cuerpo o una serie de aficiones para huir, pero muy poco a desarrollar su espíritu.

Al escribir estas páginas tengo la sensación de emplear palabras arcaicas y sin sentido hoy, tales como espíritu, alma, fe, amor, imaginación, sentimiento, razón,... pues aunque algunas de esas palabras siguen estando en nuestro hablar, el significado que han ido adquiriendo es confuso. Son “cosas” que no vemos, ni tocamos, ni oímos,  ni podemos medir, ni podemos comprar,... con lo que apenas existen y su desarrollo se elimina. Un ejemplo, los planes de estudios de la enseñanza pública y oficial eliminan una serie de materias relacionadas algo con todo eso. Antes he recordado el dogmatismo, cada vez somos más dogmáticos, o, el pragmatismo. Lo que predomina es la “Razón de Ulises”.

 

Veamos más hechos sociales; la música que domina trata de transmitir unos sentimientos muy concretos, no es la música que habla al alma, dista mucho de entender algo de lo que antes, al citar a Beethoven se ha visto.

Ante ciertos hechos colectivos de nuestro sufrimiento, el de la periferia es espectáculo frío, que afecta a muchos o a pocos, eso da igual, inmediatamente aparecen los de las noticias para contar cosas extrañas y los funcionarios de los sentimientos, como son los psicólogos, que proporcionan consuelo en serie a la gente para que encauce sus sentimientos hacia lo que se ha decidido que es correcto socialmente.

El tratamiento que hacemos de la muerte, de nuestros muertos.

La aceptación alegre y sin discusión de la eutanasia, aunque aparezcan voces que, también sin discusión, se oponen.

Tras todo esto, y desde unos sentimientos no reconocidos, la corriente social, frecuentemente inducida, impone una concepción peculiar del hombre, extraña y confusa al no tener claro qué es el hombre.

En no tener claro qué es el hombre la sociedad parte con ventaja, en el sistema capitalista el individuo es una mercancía que se compra y se vende, mercancía en estado puro, un útil más para producir y, ahora, también para consumir; esto no es en sentido figurado, está en la base del modo de producción capitalista. Tras unos siglos de andar así esto ha calado tan hondo en la sociedad que no se ha querido enterar nunca y ha contribuido a rebajar la percepción y el conocimiento y desarrollo de las verdaderas “potencialidades divinas” del hombre.

Las consecuencias de este hecho que no queremos ver son de gran importancia pues distorsiona la vida social al convertir al hombre en una “cosa”. El mismo lenguaje ya revela algo, desde la “calidad de vida” hasta la idea de responsabilidad o culpabilidad desaparecidas, la técnica es convertida en ciencia y en ella creemos y se aplica al individuo compuesto por una serie de mecanismos.

Hay pensadores que empiezan a reflexionar acerca de la consideración del individuo como un ente cuasi-máquina. Así lo que puede suceder es lo que ya empieza a ocurrir, la ignorancia o el desprecio de las verdaderas “potencialidades divinas” del hombre.

Diversos  aspectos de la vida social son el resultado de la inteligencia humana y su aplicación técnica, tras esos avances parte de la sociedad considera maquinalmente algunos hechos que ya no pueden cuestionarse como son las formas y la estructuración de derechos al aborto, la eutanasia, etc.

El origen de esto sigue siendo el mismo, no tener claridad para saber qué somos o para tratar de saberlo.

La mercancía caridad ante algunos hechos puntuales, cuya difusión se convierte en mercancía ofrecida por los monopolios informativos, se compra y se vende en el mercado de la caridad. Las empresas de este mercado, que tienen otros nombres, publicitan su mercancía, mostrando una ínfima parte del sufrimiento humano, como un espectáculo, pero únicamente ante ciertas catástrofes naturales y rara vez ante el sufrimiento masivo provocado por nosotros diariamente para nuestro beneficio. De esta forma se proporciona un vehículo para dar salida a nuestros sentimientos de compasión o de solidaridad que satisfacemos con un acto que creemos generoso y caritativo, jamás se plantea la justicia. La caridad consiste en dar una parte insignificante de lo mucho que derrochamos.

Los fanatismos de todas las clases crecen desde la aceptación de sentimientos irracionales que se adjetivan para darles corrección social en sus manifestaciones ya sean políticas, deportivas, las llamadas artísticas o de vividores profesionales; los acabamos convirtiendo en ídolos. Lo que predomina es el sentimiento irracional.

El publicitado sentimiento de pertenencia a clases sociales llamadas superiores que conlleva el de la ostentación económica, sentimientos que se extienden para vivir por medio de las correspondientes marcas de mercancías a las que se adjudican una serie de, como dicen los especialistas en marketing, atributos, es decir, cualidades vivas para sus consumidores, sentimientos.

Servidumbre ante las modas, incluso las ideológicas como el antiamericanismo visceral. Eso oculta, como todo sentimiento irracional, problemas de otro tipo que no nos queremos confesar.

La tergiversación y el falseamiento de la historia guiándola para provocar sentimientos satisfactorios socialmente que ocultan la infamia histórica de nuestra propia sociedad porque, además, nos sentimos ellos cuando muchos de nosotros ni aun siquiera habíamos nacido, no tuvimos nada que ver con aquello, pero es el sentimiento correcto de patria. La tergiversación para producir una serie de sentimientos colectivos y evitar otros peligrosos procedentes de la verdad histórica.

La búsqueda del exclusivo e individual placer y de los exclusivos beneficio y satisfacción personal, sin más.

Es la huida del sentimiento por medio de los sentimientos.

Nuestra sociedad se mueve en gran medida por sentimientos y huye del sentimiento. Los individuos se alejan de lo que se ha  visto puede ser el sentimiento puro y racional, el sentimiento total, el del hombre, el del ser. La sociedad, una parte de ella, se mueve por sentimientos viciados en su desarrollo y en sus consecuencias.

Los impulsos que proceden de esos sentimientos son los que llevan a las actuaciones irracionales que no queremos ver, ya desde la injusticia real que es la base de nuestro sistema socio-económico. Esos sentimientos se agudizan en la masa y así resulta más manejable.

Lo que se produce son estados de ánimo, del alma, colectivos, generalizados en algunos casos y en distintas partes del todo social en otros, es decir, movimientos del alma colectiva dirigidos.

 

Hasta donde se ha  llegado, en este momento, en lo referente al sentimiento es que puede entenderse como un movimiento del alma y en el alma, producido por causas ajenas a ella, aunque a veces sean internas.

  El sentimiento puede entenderse como un estado de ánimo, es decir, del alma, que impregna la actuación humana, la impulsa y da sentido vivo a cuanto el hombre hace. En cierta forma es como el perfume del alma y también su calor que transforma.

Nos permite percibir la vida y, en ella, a nosotros, es comunicativo, está en la bese del ser social que el hombre también es en sí.

La perversión del sentimiento es determinante en nuestros dislates.

Más adelante volverá a verse algo más sobre el sentimiento.

 

 

 

Algo más sobre el amor

Una de las primeras ideas que se han visto antes es que el amor puede entenderse como el sentimiento de unión con el objeto amado, sentimiento de gozo, de alegría profunda al ser uno un todo con el amado. Es algo vital ya que, siendo el sentimiento consustancial al amor, se percibe en la propia vida y desde la vida en la que nosotros estamos inmersos.

Para que la unión sea total es necesaria la pureza, es decir, debe eliminarse lo que enturbia, lo que impide o pone barreras a la unión, lo que es ajeno y extraño en uno ante el otro, pues si no es así la unión tendrá fisuras producidas por lo extraño.

 

El conocimiento lleva al amor tal como nos enseñan Platón, Spinoza y otros, así, en el Banquete: “aquel conocimiento que es conocimiento no de otra cosa sino de aquella belleza absoluta, para que conozca al fin lo que es la belleza en sí... llegar a ser, si algún otro hombre puede serlo, inmortal”.

El amor es unión con lo que se considera perfecto.

La belleza es la: “propiedad de las cosas que nos hace amarlas, infundiendo en nosotros deleite espiritual”, nos impulsa a unirnos con lo que consideramos bello y mueve el alma, produce sentimiento. Pero la belleza en sí no son las cosas bellas sino su esencia, la belleza pura.

 

El hombre es un ser social en sí mismo, por su propia naturaleza, está en su esencia, el hombre es con los otros y en los otros. La esencia de los hombres es la misma en todos y cada uno. Las facultades innatas, las “potencialidades divinas”, en palabras de B. Russell, son las mismas en todos y cada uno. Sin embargo, nuestro vivir se aleja de eso, de nuestra propia esencia, de nuestra naturaleza. ¿Cómo es posible que, desde que tenemos noticia, el hombre haya vivido y hecho lo contrario a lo que es en sí, a su verdadera naturaleza?.

Vivimos en el mundo y la Vida lo ha organizado de tal forma que, ya desde nuestras funciones y necesidades vitales no racionales, todos vivimos de todos y de todo, desde nuestro respirar hasta nuestro alimento en el intercambio, unión y transformación que se produce; nos nutrimos, comemos unos de otros y unos a otros junto con el resto de la naturaleza, de la totalidad de la vida, de manera que por separado, aislados, sin unión vital, sin ser un todo aun inconsciente, no podríamos vivir. Además, todos tenemos una vida breve, todos morimos.

Cuando actuamos conscientemente y en nuestro actuar pensamos, al pensar no actuamos instintivamente, sin embargo nos separamos en lo posible, nos agredimos, nos hacemos sufrir y, en ello, nos privamos unos de otros y unos a otros de poder desarrollar y vivir en nuestras “potencialidades divinas”, nos privamos de la posibilidad colectiva de llegar a ser lo que somos en esencia, con nuestras limitaciones reales, las de nuestra naturaleza, nos privamos de alcanzar la grandeza que el hombre es en sí.

En todos los siglos de historia prevalece la depredación de unos hombres por otros hombres en todos los lugares y en todos los segmentos sociales que, ya en sí, proceden de la depredación, de la no consideración del hombre.

Unos pocos hombres han vivido de forma diferente y, seguramente, han sido, con su quehacer han impulsado el avance real y nos han permitido vislumbrar algo. Los muchos millones han sido lo contrario. Ahora somos sociedades enteras las que sometemos a otros y, al mismo tiempo, nosotros vivimos en la sumisión desde el engaño de nuestra verdadera libertad que realmente no es tal. Vivimos en el desamor.

La sociedad de la indiferencia ignora y rechaza en su confusión y en su tibieza la esencia del hombre, sus verdaderas “potencialidades divinas” y, cuando admite algo, todo se pervierte, se vicia, se trastoca nuestro andar, el estado de las cosas, el orden natural y son sustituidos por otro orden que perturba, que tergiversa la forma de entender y de actuar, y, eso va arraigando en la gente, en nuestras conductas y empieza a considerarse normal porque la sociedad lo asume así y nadie se pregunta nada, y, a lo sumo, se intenta que, dentro del estado viciado, las cosas se vean menos, así llegamos a la indiferencia vacía.

 

Volvamos a lo anterior, el hombre en su esencia es social, está destinado a vivir con los otros y no sabemos todavía si también en los otros.

El hombre también está dotado de la capacidad de razonar, de sentir, de imaginar,... de amar. La esencia de los hombres es la misma, no hay diferencias.

El amor es sentimiento de unión con el amado, es movimiento del alma y en ella, impresión producida por lo amado, por tanto debida a algo ajeno a ella, debida a lo amado por sí mismo; es gozo ante esa unión, alegría profunda en ella al ser un todo con lo que se ama.

Recuérdese que la unión consiste en llegar a formar, a ser un todo con otra cosa. Sentimiento, movimiento del alma y en el alma que nos permite sabernos vivo. Sentimiento puro, la plenitud del hombre en sus potencialidades y, en ella, con los otros.

El amor nos permite sabernos vivos con el amado y en el amado. Vivimos en nosotros totalmente y en el amado.

El amor real es ascendente. Lo mismo explica Platón en el Banquete: “empezando por las cosas bellas de aquí y sirviéndose de ellas como peldaños ir ascendiendo continuamente...”, que Spinoza en el Tratado breve: “El amor nace, pues, del concepto y del conocimiento que tenemos de una cosa. Y cuanto mayor y más excelente se demuestra que es la cosa, tanto mayor también es nuestro amor”[33]

El final es el mismo, Dios para Spinoza y hacerse amigo de los dioses y llegar a ser inmortal para Platón. Ese final que se vislumbra al ir ascendiendo en el amor no tiene límites y es expansivo.

El amor es la unión con lo amado y, en ella, el gozo, la felicidad.

El sentimiento nos permite sabernos vivos y en el sentimiento de plenitud, que necesariamente es con los otros, dada la naturaleza del hombre, está el amor real pues el hombre lleva en su esencia su necesidad de los otros. Un hombre aislado, único, solo es inconcebible, es ajeno a su naturaleza y al impulso desde la vida y en ella, por lo mismo, si el hombre quiere ser, únicamente puede realizar su ser total con el otro, con los otros, con lo otro y en lo Otro.

Ser un todo con lo amado es la integración real y vital del hombre en su medio, con la vida. La integración es cuando no le falta nada al todo, ninguna parte, ningún hombre. Cada uno siendo él mismo y siendo el otro.

 

La intensidad del sentimiento depende de la pureza del mismo, de lo limpio del mismo.

El amor a la vida es la alegría profunda de sabernos unidos a ella, el movimiento gozoso que la propia vida produce en el alma.

Nos sentimos vivos pero, por lo general, no experimentamos emoción por ello, lo sabemos y eso nos basta, nos percibimos vivos sin amor vital a la vida.

Estar unido al amado, ser uno con el amado no es posesión, ésta supone dominio, falta de libertad. Unirse al amado es unirse a lo que uno entiende es lo mejor, es lo que desea el amor, la unión con lo que es excelente, con quien uno entiende el mejor. Esto exige pureza en el sentido dicho antes, pues si no es así, al haber distorsiones la unión no es completa, lo mejor nos supera, no es que nos expulse, nos apartamos.

En la gradación hasta llegar a lo más alto vemos que el amor es exigente.

El amor es expansivo, de la alegría ante la unión, ante la integración surge la necesidad del amor universal porque necesariamente el amor también lo es a la vida que nos abarca a todos y que somos todos, es la unión real a la totalidad de la vida  y, en consecuencia, el sentimiento profundo de gozo. La vida evoluciona y crece sin cesar, evoluciona hacia la libertad, con ella el amor.

La unión no puede quedar en sí misma, al ensanchar el horizonte del que ama e integrarse en la vida entera, como ésta necesita generar, co-crear para crecer en su gozo, para evolucionar de manera ascendente en todo, el gozo de la unión carece de límites. Lo generado, lo co-creado procede de esa necesidad vital de ensanchar la alegría profunda ante la unión con la propia vida, con la esencia de la vida, y, sabemos que la vida en sí es expansiva y su evolución ascendente en todo.

El amor conlleva también la libertad total, ésta necesita la justicia real y el bien común, eso supone la igualdad real en la vida y la eliminación de barreras,  la actuación es, entonces, desde la unión profunda a la vida y el sentimiento de gozo desde la plena libertad, sin límites ya que es en la propia vida en la que estamos y somos todos.

En la unión, en la integración siempre está la igualdad, uno no puede unirse a algo para dominarlo, es posesión pero no unión, ni para ser dominado, es lo mismo, salvo lo superior que nos trasciende desde el amor, desde su necesidad de unión con todo, desde donde emana, por expresarlo de alguna manera, el amor. Si es lo superior no es en dominio o posesión sino en amor, no puede ser de otra forma, porque el amor es perfecto en sí y lo perfecto no necesita dominar sino unirse a lo perfecto. La vida es ascendente hacia la perfección.

 

Unirse, ser uno con, integrarse, ¿por qué?, ¿para qué?, porque está en la esencia del hombre para ser plenamente desde sus “potencialidades divinas”, para, al final ser “amigo de los dioses” y, en este sentido, llegar a ser “inmortal”.

¿Podemos vivir unidos?. Unir: ser un todo, ser uno con, ser uno en. Ser uno con quien se ama, ser uno con la vida y ser uno desde la unión, ser todo y ser uno en ello y con ello y para ello.

El hombre es un ser social en su esencia, desde lo que todo hombre lleva en sí. El sentimiento total es el de plenitud desde uno y uno sólo es con los otros y en los otros.

Unión, comunicación, lo que nos permite participar de lo del otro.

 

Todas las potencialidades del hombre son una forma de razón, es impensable que el desarrollo de lo que el hombre lleva contradiga al mismo hombre, ninguna facultad puede ser contraria a otras o de menor rango, con todas sus potencialidades es el hombre.

Desde la libertad pueden pervertirse las potencialidades o desde cualquier otra y es así porque podemos imaginar, razonar, creer, amar, sentir,... actuar de la forma que queramos, pero tenemos capacidad para saber la dirección de nuestros sentimientos, hechos, etc. y si están de acuerdo con nuestro propio ser.

Se vician las facultades del hombre cuando se encauzan hacia algo que les es ajeno, que se alejan de lo que son en sí y eso el hombre lo sabe.

El poder no le es ajeno al hombre, lo que hay tras su forma de entenderlo sí, por lo que el ejercicio del poder, tal como lo entendemos, va contra la esencia del hombre, pero el poder entendido como la facultad para hacer algo, para hacer lo de cada uno no es ajeno al hombre, está en la naturaleza de la libertad. En la libertad individual plena existe gran poder en el hombre que la alcanza.

En el desarrollo de sus facultades está el poder del  hombre.

La perversión del poder es pretender ser uno lo que no es, la soberbia está al final, es tratar de ser Dios. Uno está en la vida, es vida, pero no es la Vida. Uno es limitado y uno empieza en algún momento, no es eterno, al menos que se sepa, aunque sí hay ansias de infinitud.

 

El hombre es limitado, pero el hombre también lleva en él lo contrario.

La síntesis de la contradicción puede llevar al hombre a lo que él es.

La síntesis de la contradicción puede llevar al hombre a llegar hasta donde apenas somos capaces de imaginar.

No hay un único resultado de la síntesis de nuestra contradicción. Según nos entendamos y vivamos en nosotros, con la libertad en ese entendimiento y vivir, llegamos a una manera de ser o a otra.

Cuando viciamos nuestra contradicción llegamos a la soberbia, a partir de eso, en los siglos del hombre, éste también se transforma, arraiga en él su deseo de poder y, en el fondo y sin querer confesárselo, de ser dios. El origen de la soberbia y la necesidad procedente de ella adquieren formas turbias, apenas se perciben, pero nos conducen al caos encubierto por mil formas lógicas cuyo origen es irracional.

Cuando aceptamos nuestra contradicción, ésta desaparece y llegamos al hombre, aceptamos los límites y vamos libres hacia lo infinito. Empezamos a ser en nosotros. En el andar, entonces, el sentimiento como una forma más de razón y el amor que impulsa al hombre a unirse con y en él todo y todos y desde el amor el conocimiento.

El amor así es expansivo, se ha visto antes, en él el hombre necesita unirse a toda la vida, a todo lo visible y a lo no visible, a lo que hay y al futuro ascendente, como es la marcha de la vida. Necesita generar por lo que es en sí, por integrar, unir sin límites y unirse al infinito al adquirir otra conciencia del tiempo, la que surge del amor, de lo que es en sí.

El tiempo del amor es el tiempo de lo infinito; la necesidad del hombre desde el amor de unirse, de ser él y de ser uno con todos en el sentimiento pleno sin límites suspende el tiempo.

Puesto que el amor es también unión con, implica conocimiento claro y sin distorsiones, pues adquiere el conocimiento directo del objeto en sí, la razón no puede estar en el error dado su punto de partida y la consideración clara de la cosa en sí sin motivaciones extrañas. Lo mismo sucede con las demás facultades en su desarrollo y manifestación, no se muestran ellas sino el hombre desde ellas y el conocimiento. Y, dada la esencia del hombre, ser también social, la manifestación es viva en lo social.

Estar unido perfectamente a la vida, de la que nosotros somos parte y en la que nosotros somos, supone andar acorde con ella. La vida no es la naturaleza tal como solemos entenderla, nos abarca a nosotros, la vida, entonces, es todo, sentimiento también, el amor surge de ella, está en la vida, lo mismo que lo demás.

 La inteligencia de la vida, la que no está en el error, es la que desarrolla, pues la lleva en sí, quien está unido a la vida, quien la ama, la más alta razón está en eso, la más alta razón del hombre está en el amor que está en la raíz de la vida.

De la actuación desde el amor surgen consecuencias. Leibniz entiende que: “el que ama busca su satisfacción en la felicidad del objeto amado y sus acciones”. No puede ser de otra forma, la felicidad del amado es mi felicidad y mi felicidad es la del amado pues uno se une con el otro para ser en plenitud. La unión es sin condiciones pues nuestra naturaleza es la misma. El amor universal es la consecuencia lógica, la necesidad de ser con todos y en todos, lo contrario nos distorsiona.

El que ama busca su satisfacción en la felicidad... por lo mismo, en su total libertad  que es también la mía, en su imaginación plena, en su razón que siempre partirá de la universalidad libre, en su fe racional,... así, por ejemplo, la razón universal es clara y libre.

 

Sin embargo en la realidad social las cosas no son así.

Nuestra actual razón social es la sinrazón desde las “potencialidades divinas” del hombre, sabemos cual es el fundamento de nuestra razón social.

El sentimiento social es, en parte, el del placer individual por encima de todo, es una forma de huir, si no se alcanza el placer se produce la huida por los medios sociales que la impulsan, pero el placer que induce la sociedad es efímero dada su naturaleza, la insatisfacción se convierte en permanente, la necesidad de huir también.

El sentimiento, que está en la propia vida y en la razón vital, se convierte en irracional y aparecen los sentimientos de satisfacción propia que son insatisfacción.

La fe social es en la nada, en el azar difuso, en los eslóganes de las marcas de mercancías, de los políticos, de los derechos individuales y exclusivos frente al mundo. Las soluciones colectivas no existen y el hombre empieza a ser concebido, cada vez más, como una cosa, como una máquina tras su andar durante siglos siendo socialmente una simple mercancía real. Se impone la Razón de Ulises.

La proliferación de derechos individuales encubre el miedo a ser, el miedo a vivir en las “potencialidades divinas”, el miedo a amar. Lo que hacen es poner barreras, paralizan la unión, la niegan y nosotros fomentamos eso. Observemos el mundo y lo veremos con claridad total.

Tras los derechos individuales, tal como se estructuran, el miedo a amar.

El amor social, pues, no existe. Revestimos el amor, en un insulto al verdadero amor, de mercancías sobrantes cuando se pretende universal y de posesión exclusiva y placer cuando es individual. Es una de las muchas formas que muestra el desamor social.

 La cultura social la reducimos, en general, a mero aprendizaje de técnica para producir y consumir o a recuperar símbolos y cosas que decimos tienen valor por su tradición y pasado, pero son símbolos de la tiranía, era nuestro pasado, eso exaltamos o conservar para que la propia vida se detenga en su camino hacia la libertad.

Los dioses sociales son ídolos pasajeros y el dios duradero es el capital, dios cruel, en el que siempre confluye el poder social que adopta diversas formas, el dios es también la riqueza exclusiva, propia, individual. Los dioses que van llegando desde fuera, de otros lugares con formas etéreas no se generalizan, sólo tienen éxito entre sus fieles, son dioses que exigen el fanatismo y la irracionalidad para mantener su ferocidad cargada de misericordia. Todos esos dioses se alimentan de las disparatadas manifestaciones del desamor social.

 

El amor, pues, se explica, se vive realmente con los demás y en ellos. La unión, ser un todo con toda la vida supone conocerla de alguna forma viva y real, significa ser, y sólo es posible ser plenamente en la totalidad de la vida.

El conocimiento en este caso es directo al hombre entero debido al amor, a su unión gozosa, no sólo a la razón o a la imaginación o a la fe o.. es vivo, directo y sin contradicción, pues todo está completo, integrado. El verso de San Juan de la Cruz citado antes lo explica  de forma clara: “ Este saber no sabiendo... toda sciencia trascendiendo”, él lo arguye desde su sentimiento de unión con el Amado, le resulta tan claro que no necesita el proceso de la lógica, la verdad de su entendimiento es clara y directa, procede del amor que siendo racional supera a la lógica formal.

La sabiduría desde el amor prescinde de cualquier cosa que la distraiga o que la frene, no necesita de procesos pues la sabiduría real está en el amor.

Hay que entender por sabiduría el conocimiento vivo del hombre y el conocimiento de la vida real en lo que sea posible. Es innegable que la unión limpia, pura, en el sentido antes explicado de pureza, supone el conocimiento directo del hombre y de cuanto le concierne, conocimiento que es vivo, real y sin fisuras.

Debe entenderse el amor como un estado del hombre, un estado de su alma que le produce intenso gozo ante esa unión que es todo

 

 

Platón habla de que se llega a la belleza en sí, es decir, a la belleza pura que está por encima de las cosas que consideramos bellas, éstas son un reflejo únicamente de la belleza pura, de la belleza del alma de quienes son capaces de, en lo que sea, plasmar eso que mueve al amor, a unirse uno con aquello que manifiesta.

Tomemos el arte y recordemos las palabras de Beethoven: “Toda creación artística verdadera es independiente de su autor, incluso más poderosa que él, y vuelve a lo divino a través de su manifestación. Forma unidad con el hombre solamente en cuanto se convierte en testimonio de la mediación de lo que hay de divino en él”.

La belleza en este sentido no está en el arte únicamente, éste es un vehículo, es un reflejo de la belleza pura, lo mismo que hay otros vehículos.

Lo que muestra es la belleza de la vida total, la belleza del alma que lleva en sí la belleza de la vida, que lleva en sí toda la vida. Es la vida que como tal tiene sentimiento, inteligencia,... todo cuanto el hombre lleva en sí, sus “potencialidades divinas”. El hombre lleva vida pero no es superior a ella, no es posible que el hombre abarcado por la vida, que es parte de ella y está inmerso en ella, sea superior a la propia vida.

El arte no es toda la belleza, no es reflejo de toda la belleza pero es reflejo de belleza, de una forma de belleza.

Beethoven también dice de la música que “es el único camino incorpóreo para entrar en el mundo más elevado del conocimiento comprensivo de la humanidad, pero que la humanidad no puede comprender... No sabemos qué es lo que nos aporta ese conocimiento”.

Es cuando el arte es tal, el arte que habla al alma.

Es reflejo de belleza, de la vida desbordante, poderosa, infinita, perfecta en todo, llena de todos los sonidos, colores y formas, de la inteligencia y el conocimiento; en su sentimiento real nos abarca, movimiento del alma y en el alma, es conocimiento sensible. Una forma de conocimiento que, como otras, por lo que es en sí lleva al hombre a unirse consciente y sensiblemente a la vida, a la que siempre está unido, aunque no tenga plena conciencia de ello, a ser uno imbuido del amor de la propia vida, a ser en él y en ella.

El arte, pues, no es más que una manifestación del amor que todo lo llena y a todo da sentido. El arte, con lo que refleja, nos devuelve al mundo de las ideas platónico para entenderlo en su significado. Pero tras el mismo hay más, la belleza en sí, que no es exclusiva del arte.

 

La belleza en sí que impulsa al amor, que lleva al amor porque ella procede del propio amor y está en él. Amor como unión, amor como sentimiento, amor como movimiento del alma que impulsa a unirse con todo en la plenitud del gozo, como lo que de la vida asombrosa hay en la vida en la que somos y en la belleza pura infinita que es la vida.

La vida en su perfección, alegría, belleza,... La vida, el azar o Dios.

En el amor surge el hombre pleno; sentimiento de gozo en la unión y, en ella, el conocimiento claro y directo; impulso en lo más alto; comprende todo, abarca todo, entiende todo de acuerdo con el hombre en lo que es y es vida con todo lo que ésta es. Conocimiento que llega desde el propio ser. Hace siglos que nos han dicho eso, el socrático conócete a ti mismo. En ese conocer se vislumbran Dios y el Universo.

El dios que se manifiesta directo, no es necesario demostrar su existencia, en el centro del corazón abierto a la Vida. Hace tiempo Spinoza nos explicaba, demostraba a priori que Dios existe: “Todo lo que nosotros entendemos clara y distintamente que pertenece...”

 

La vida para unos, la Vida para otros es perfecta, abarca todo, trasciende al hombre, y, el hombre dotado de " potencialidades divinas” está inmerso en ella, todo cuanto el hombre tiene en sí está en la vida, no puede ser de otra forma.

La vida que tiene sentimiento, razón, amor,... que nos trasciende, nos une en todas nuestras cualidades y de ellas es el amor, tal como se ha intentado explicar, el que da sentido pleno al vivir del hombre. En el vivir pleno, en el desarrollo completo del hombre está su mayor posibilidad de razón y el sentido se lo da el amor. En el amor es necesariamente donde se encuentra la razón perfecta, pues abarca todo e impulsa la evolución ascendente.

El amor, gozo en la unión plena, está en el origen de la vida, expansivo por su misma naturaleza hace surgir las mil formas de la vida en la vida única, los millones de seres para el gozo de esa vida y en ella que nos resulta difícil imaginar, a veces puede vislumbrarse algo.

 

 

A modo de epílogo.

Hace cincuenta años B. Russell decía que “la verdadera felicidad de los seres humanos es posible sólo en aquellos que desarrollan al máximo sus potencialidades divinas. En el mundo actual, la felicidad debe estar mezclada con mucho dolor para tales hombres, ya que no pueden evitar un sufrimiento compasivo al contemplar los sufrimientos de otros” y acaba así: “El futuro del hombre está en juego, y si hay bastantes hombres que se den cuenta de esto su futuro está asegurado. Los que van a resolver los problemas del mundo necesitarán valor, esperanza y amor. No sé si lo lograrán pero, a pesar de todo, estoy absolutamente convencido de que lo intentarán”[34]

En estos pocos miles de años de los que tenemos noticia, ha habido algunos hombres que han levantado su voz, con su sola autoridad moral, la que da su vida, y con la lucidez que tienen aquellos cuya razón es el amor. Casi siempre su sociedad, con los más poderosos al frente, los despreció, condenó e incluso ejecutó; su voz libre y vigorosa sigue sonando con la fuerza que da el amor, que es el amor, pero nosotros, hoy y siempre, no les escuchamos y mucho menos comprometemos nuestras vidas, que son un regalo que hemos recibido, en las de todos los demás. A lo sumo su legado se intelectualiza, se convierte en un elemento más de erudición, de mercancía cultural, en una mercancía de consumo. Con eso solemos apagar el mensaje vivo y desvirtuarlo, posiblemente porque nos da pánico que pueda rozar nuestras conciencias, pues podría exigir un cambio en nuestras actitudes y en nuestro obrar.

No creo que a esos hombres les hubiese hecho mucha gracia esa utilización de su obra y de sus vidas.

 

Tal como funcionamos los hombres, hoy no se vislumbra solución a los gravísimos problemas de la inmensa mayoría de los hombres, mujeres, niños o ancianos que viven en nuestro mundo. Nuestro sistema económico y social, construido por nosotros durante siglos, conduce a esta situación.

Es cierto que hay unos pocos hombres que seguramente sienten y viven un profundo amor hacia todos esos hombres, empezando por los que llamamos desheredados pero que realmente hemos desheredado nosotros, y esos pocos hacen cuanto pueden, pero la inmensa mayoría no hacemos gran cosa.

Nuestra sociedad tiene todos los medios técnicos, económicos y humanos para evitar la descomunal injusticia que cada segundo va aumentando, pero no nos importa nada.

Tenemos la posibilidad de entendernos, de comunicarnos, de respetarnos, de ser verdaderamente libres y de convertir el amor en el verdadero origen de nuestra capacidad creadora.

No sé a qué es debida esta dureza de nuestros corazones; quizá las formas de soberbia, claras o sutiles, perceptibles o no, pero  arraigadas en nuestras sociedades, nos hacen creer inmunes a lo que nosotros generamos en forma de injusticia

 

Tal vez puede pensarse que no le es posible al hombre vivir en el amor. Ha habido hombres que han desbrozado el camino con su obra y, sobre todo, con su vida.

En estas páginas se ha hablado de amor, de razón, de sentimiento, de “potencialidades divinas” del hombre. Para vivir en el amor no sé si se necesita heroísmo, como dice Bergson, o simplemente se necesita entender lo que significa el amor vivo y real, desde ese sentimiento surge lo demás.

Al final todo se reduce a la única fe racional posible, la fe en el amor como la más alta razón alcanzable por el hombre.

En su corazón vivo en el amor, el hombre tiene la posibilidad de ser en su plenitud. R. Tagore dice, como se ha recordado antes, que: “...un amor profundo, que es el intenso sentimiento de unión con un Ser que en sí abarca todas aquellas cosas que son humanas en conocimiento, voluntad y acción”.

El hombre en su plenitud es en el amor y, desde ese sentimiento profundo y gozoso de unión, en el Amor.

Puede parecer que este es un asunto de místicos, pero es lo posible en el hombre capaz de desarrollar sus “potencialidades divinas”. Seguramente ese es, en nuestro mundo y en nuestro estado de desarrollo, el hombre auténtico, el Hombre.

 

Al escribir estas páginas llegan a mi mente y a mi corazón sentimiento e imágenes opuestas, por una parte la gran mayoría de ese mundo vejado, olvidado por la mayoría de los que podemos hacer algo, ese sufrimiento, carencia de esperanza, lucha por inercia, tal vez, porque la vida es tan poderosa que, incluso, en las peores condiciones es capaz de regenerarse, y, al mismo tiempo imagino un mundo que no se base en la injusticia, sin guerras, sin miserias, sin sufrimiento, en el que los hombres empiecen a sacar su inmenso potencial de imaginación, vida, justicia, amor,... un mundo lleno de luz. Dentro de lo muy improbable tal vez sea posible en el infinito, no sé ni dónde ni cuándo.

Quizá por eso, a veces, en mis ensoñaciones pienso que las estrellas son nuevos mundos que hombres llenos de amor, tras haber sabido transformar sus corazones aquí, empiezan a construir en ese universo infinito en el que sólo existe el tiempo de conciencia, el estado de conciencia permanente en que el espíritu humano vive en sus atributos esenciales, y al final tan sólo la vida integrada, el hombre integrado, la totalidad de cada hombre y la totalidad de todos los hombres. Pero quizá las estrellas son nuestra Tierra y acaso dentro de cien o de diez mil años, los hombres seamos capaces de construir otra humanidad, si antes no nos hemos destruido. Creo que como decían las palabras anteriores de B. Russell, los hombres que intenten construir ese mundo deben estar armados de “valor, esperanza y amor”.

Tal vez frente a la ciencia o, a veces, pretendida ciencia que se impone, el Universo es simplemente una grandiosa obra de amor y nosotros los hombres de la Tierra, aunque no lo sepamos, somos en ella.

                                                      Bibliografía

 

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[1] B. Russell. Sociedad humana: ética y política. Altaya. Barcelona. 1.999 (p. 250)

[2] A. N. Whitehead. La función de la razón. Altaya. Barcelona. 1.999 (p. 99).

[3] Platón. Sofista. Diálogos V. Gredos. Madrid. 2.000 (p. 462)

[4] J.J. Rousseau. El contrato social. Edaf. Madrid. 1.999 (pp. 74 y 82)

[5] H. Marcuse. Citado en Razón y revolución. Altaya. Madrid. 1.998. (p. 102)

[6] N. Chomsky. Citado en Reflexiones sobre el lenguaje. Planeta-Agostini. Barcelona. 1.985 (p. 14)

[7]A. N. Whitehead. La función... (pp. 46 y 48)

[8] A. N. Whitehead. La función... (pp. 49, 63 y 77)

[9] A. N. Whitehead... (pp. 98 y 99)

[10] A. N. Whitehead.   (p. 115)

[11] M. Kant. Crítica de la razón pura. Porrúa. México. 1.996 (pp. 28 y 37)

[12] R. Descartes. Discurso del método. Orbis. Barcelona. 1.983. (pp. 44 y 73)

[13] R. Descartes. Reglas para la dirección de la mente. Orbis. Barcelona. 1.983. (pp. 153 y 155)

[14] J. Hessen. Teoría del conocimiento. Espasa Calpe. Col. Austral. Madrid. 1.991 (pp. 18, 20 y 25)

[15] J. Hessen. Teoría... Las distintas referencias y citas de Hessen se han tomado de la obra citada, sobre todo, de las pp.: 46, 53, 55, 65, 68, 69, 70, 79, 148 y 159, además del resto de la obra.

[16] Sobre la libertad, en la web derivada de la revista: www.caminosdepakistan.com que elaboró la revista y es: www.santiagoubieto.com aparecen unas reflexiones mías bajo el título: Libertad y hombre de hoy

[17] B. Spinoza. Tratado breve. Alianza. Madrid. 1.990. (p. 109)

[18] B. Spinoza. Tratado breve.   (pp. 155 y 156)

[19] G. W. Leibniz. Discurso de metafísica. Alianza. Madrid. 2.002 (p. 56)

[20] H. Bergson. Las dos fuentes de la moral y de la religión. Altaya. Barcelona. 1.999. (pp. 47-48)

[21] H.Bergson. Las fuentes... (pp. 61-62)

[22] H. Bergson. Las fuentes... (p. 297)

[23] H. Bergson. Las fuentes... (pp. 325-327)

[24] Platón. Banquete. Planeta de Agostini. Madrid. 1.995. (pp. 180-1)

[25] San Juan de la Cruz. De “El cántico espiritual”, “Coplas hechas sobre un éxtasis de harta contemplación

[26] San Juan de la Cruz. De “Canciones del alma que se goza de haber llegado al alto estado de perfección, que es la unión con Dios, por el camino de la negación espiritual”

[27] R. Tagore. La religión del hombre. RBA. Barcelona. 2.002 (p. 138)

[28] F. Nietzsche. El Anticristo. Alianza. Madrid. 2.001 (p. 65).

[29] Jn. 17, 22-23

[30] F. Nietzsche. Así habló Zaratustra. Altaya. Barcelona. 2.000 (p. 31)

[31] M. M. Scott. Beethoven. Salvat. Barcelona 1.985. (p. 113)

[32] M. M. Scott. Beethoven. ... (p. 117)

[33] Spinoza. Tratado breve. ... (p.110)

[34] B. Russell. Sociedad humana... (p. 251)